Continuando con esta historia, debo dar las gracias a todos los que nuevamente se decidieron por este fic. La publicación de este, tanto como la de "Échale la culpa a Sirius Black" será, más rápida que lo acostumbrado… quizás suba dos capítulos por semana. Todo es en agradecimiento a los que apoyaron estos fics desde el principio.
Este fic, así como todos los capítulos están dedicados a mi amiga española, Paloma; quien como yo adora el personaje de Harry Potter y mas la pareja Harry/Ginny, y quien se enamora platónicamente de cada uno de mis Harrys (Yo, como la mayoría que ha seguido mis fics en otra pagina, tengo mi propio Harry (Que es un hermoso perro beagle). Y a mi Platero, que es el amor de mi vida.
Capitulo 2
Vaya herencia!
La llamada y la cita aunque él no quisiera decirlo, lo intrigaba y bastante. Qué podría haberle dejado su primo? Si a duras penas tenía algo de cerebro para mover su gordo trasero desde el sofá de la sala de su tía Petunia al refrigerador. Y en otra ocasión, en un rapto de racionalidad, había exigido que le compraran un televisor para no tener que moverse de la cocina y sin esfuerzo alguno, devorarse todo y ver televisión a la vez. Toda una gran hazaña para el burro de su primo. Una herencia… de seguro su mujer debía tener dinero… era la única manera de que su primo le dejara algo…
Como no tenia nada que hacer, y Cho no llegaría temprano a casa, Harry decidió ir a visitar a Hermione. Para ganar tiempo, fue caminando. No vivía muy lejos de su casa, así que en el camino, luego de coquetear con la empleada de una florería, le compró un bonito ramo de rosas. Pensó que con ese gesto alegraría a su frustrada amiga. La casa de Ron y Hermione, era más grande que la de Harry, y muy bonita. Y no era por la arquitectura, era porque allí se respiraba amor y se sentía calor de hogar. La casa de Harry era sombría, muy bien amueblada, pero en ella parecía que vivieran dos entes. Tocó el timbre de la casa y esperó. Al rato le abrió la puerta un pequeño pelirrojo de cinco años. El le sonrió. El niño era la viva imagen de Ron. Alto, con su nariz, y los ojos azules. Miraba a Harry con admiración.
- Hola Brandon! – dijo Harry pasando. Al agacharse a darle un beso, el niño le apuntó con un revolver y disparó un dardo de juguete que fue a dar al lado de la cicatriz. Salió corriendo riendo a más no poder. – condenado crío! – dijo mordiendo las palabras. Se quitó el dardo y entró. Y lo que escuchó lo hizo arrepentirse de haber ido.
- BRIAN WEASLEY! – gritaba frenética Hermione - TE ASEGURO QUE TE MANDARE A AZKABAN! NIÑO DEL DEMONIO! COMO SE TE OCURRE TOCAR MI VARITA! CUANDO VENGA TU PADRE! OH MERLIN, Y AUN TENGO QUE AGUANTARTE TRES AÑOS MAS!
- Por Merlín mujer, eres mi madre! – decía el niño – cómo puedes decir eso? Acaso no me quieres?
- DEJATE DE SENTIMENTALISMOS CONMIGO! NO VUELVAS A TOCAR MI VARITA!Y TE JURO QUE NO VOLVERAS A ESTAR CON TUS TIOS FRED Y GEORGE! ESE VOCABULARIO SOLO PUEDES APRENDERLO DE ELLOS!
- Pará que la quieres, si eres una ama de casa? – Hermione cerró la boca y casi lloró. Harry se acercó al niño.
Acaso en esa escuela a la que vas no te enseñan modales, niño?
- Tío Harry! – gritó y lo abrazó. Harry era de esos hombres que odiaba las demostraciones de cariño –
- suelta niño!
- Pero…
- Pero nada, pídele disculpas a tu madre! Si ella es ama de casa, es porque le importas demasiado para dejarte solo. O quisieras que ella se vaya a trabajar y te dejara?
- No…
- Entonces, antes de hablar… usa esa cabeza dura que heredaste de tu padre!
- Hola Harry – dijo Hermione, dándole un beso en la mejilla.
- Cómo estas? Aunque viendo a estos críos, se me ocurre preguntarte, cómo aguantas?
- Si, es duro, pero sabes… - sonrió – no podría vivir sin ellos…
- Y Ron? Me dijiste que se fue de gira?
- Si! – suspiró – lo extraño. Se fueron a Bulgaria… hace una semana, según creo regresarán pasado mañana - Harry sonrió malignamente – Si, se vera con Víctor…
- No temes…
- Qué Víctor haga algo? no creo, ya pasaron años…
- Si, pero estabas de novia con Víktor, cuando… - miró a Brian, que comía una rana de chocolate – tu sabes…
- Si – se ruborizó – pero… bueno viniste! – dijo cambiando de tema. Harry también prefirió dejarlo ahí.
- Si, Cho estará ocupada… y no quería comer solo. Aunque viendo este desastre… - la miro, ella le tiró con un pato de hule.
- Si tuvieras tus hijos – Harry hizo una cruz con los dedos y una cara de terror.
- Nunca, óyelo bien, nunca! – sonrió.
- Cómo va lo tuyo con Cho?
- Va, solo va – Hermione le alcanzó una cerveza – A veces ni nos hablamos…
- Y me imagino que continúas con tus aventuritas – él la miro. Lo conocía bastante bien.
- No puedo evitarlo.
- Harry perderás todo algún día, por esa manía tuya.
- El hecho de que te hayas puesto la soga al cuello a los 18, no implica que todo el mundo lo tenga que hacer…
- Si pero…
- Yo estoy bien así… y creo que Cho no se queja. Estamos abocados a nuestras carreras. –
- Está bien cambiemos de tema…
- Sabes que recibí una llamada algo peculiar hoy?
- Algún marido ofuscado y ofendido? – él le tiro con un almohadón. Apareció el niño menor, un pelirrojo de apenas dos años, con los ojos de Hermione. Su nombre Samuel, aunque todos le decían Sam. Ella lo alzó, le dio unos mimos y lo sentó en su falda. – Extraña horrores a Ron. – Harry torció los ojos.
- No era un marido celoso – Hermione lo miró prestándole atención. – Era un abogado. Me llamaba desde Francia. Mi primo Dudley murió en un accidente… él y su esposa.
- Oh Harry, cuanto lo siento… – dijo Hermione.
- No lo lamentes – dijo, sin darle importancia – a pesar de ser el último vestigio de familia que tenía, no lo consideraba como tal
- Pensé que tu relación con él había cambiado…
- Que lo haya perdonado, no significa que haya olvidado – sonrió – que paradoja, sabías que su mujer era bruja? – Hermione abrió los ojos sorprendida. – Así es, Los años que me dijo anormal, fenómeno! Y mira! Si mis tíos vivieran!
- Y qué quería el abogado?
- Quiere verme. Dudley me dejó la casa de mis tíos… por supuesto no la quiero. Y luego me citó para mañana en el aeropuerto. Dice que va entregarme personalmente lo que Dudley quería que tuviera.
- Qué será?
- Dijo que era su mayor tesoro… conociéndolo, debe ser la llave de alguna caja fuerte de banco…
- Quizás… quizás... – La velada transcurrió mas tranquila, porque los niños se fueron a dormir temprano. Hermione estaba más que feliz de tener alguien mayor de 21 años con quien hablar. Harry entendía su frustración y se dedicaba a darle un pormenorizado relato sobre sus trabajos. Y alguna que otra vez dejaba deslizar alguna duda para que Hermione dejara salir la sabelotodo que tenía en su interior y le diera una opinión.
Al día siguiente, bien temprano a la mañana se despertó algo sobresaltado. Miró hacia el lado de la cama y vio a Cho durmiendo. No sabia a qué hora había llegado su mujer. Pero tampoco le importó. Se levantó rápidamente y se dio una ducha. Después de sesenta minutos, ya vestido, tomaba un café en la cocina, chequeando su agenda. Tenía que hacer algunos trabajos de investigación, y luego la tan recordada reunión con ese señor Francis Brown.
La mañana resultó ser fructífera para Harry, pues a pesar de tener que renegar con el dichoso informe escrito, tuvo la feliz compañía de una muchacha de cabello castaño y ojos azules que además de alimentarle el "espíritu" le ayudó con la redacción. Así era, se aprovechaba de lo que podía para zafar de una situación, y si además podía disfrutar de la compañía de una hermosa mujer, que mejor manera de trabajar. El odiaba el papeleo posterior a una investigación. Le encantaba el trabajo de campo. Las redadas, los enfrentamientos. No había nacido para tomar notas y redactar informes. Eso debería ser delegado a las mujeres aurors, pensaba. Si, era machista algunas veces.
La hora del almuerzo lo encontró en el Caldero Chorreante acompañado de su novia. Cho estaba demasiado enfrascada leyendo un artículo cuando él llego y la sorprendió. Le dio un cálido beso en el cuello, a lo que la muchacha ni siquiera sonrió. El se sentó en el lado opuesto y la miró. No tenían nada en común. "Ni siquiera a la hora del sexo, me satisface". Ella dejó la carpeta y le sonrió. El le devolvió la misma sonrisa falsa.
- Cómo ha estado tu día? – Solo eso, una pregunta efímera.
- Bien – respondió él – y el tuyo?
- Normal – suspiró – tu sabes… - llamó al mozo – Qué vas a comer?
- El menú del día – el mozo se acercó y ella ordenó, dos platos de estofado de ciervo, y dos cervezas de mantequilla. Una vez que el mozo volviera con el pedido, se dispusieron a continuar la "conversación"
- Qué tal te fue en la misión de ayer? - Harry se atragantó. Y recordó a la despampanante rubia de la cafetería.
- Normal, nada del otro mundo. Y a ti cómo te fue en la reunión?
- Bien, creo…
- Bueno a decir por el mensaje en el contestador… te fue bien.
- Si – suspiró – Pero estaba esa bruja de Susan Bones, la recuerdas? – "como no recordarla, pensó Harry, tuve sexo con ella en el baño, cuando me llevaste a la fiesta de navidad de tu oficina, el año pasado" .
- Estuvo en Hufflepuff, en la escuela, pero la recuerdo vagamente…
- Bueno, es una zorra! – se atragantó con el estofado – fíjate que se acostó con un alto ejecutivo para lograr la cuenta.
- Hay algunas que hacen cualquier cosa…
- Si! Eso dije yo! – Sonrió – pero le salió el tiro por la culata. La cuenta me la dieron a mi!
- Felicitaciones! – sonrió.
- Si, pero escucha… debo tener… un tiempo para mi – él la miró sin entender – Verás, necesito la mayor tranquilidad y tiempo para dedicarle a esta campaña, Harry – él asintió – sé que es mucho pedir, pero después los frutos serán inmensos.
- Qué es lo que quieres realmente? Que no te moleste? – ella asintió – Sabes que nunca interfiero en tu trabajo, respeto tus tiempos. Nunca me he quejado de tu profesión.
- Pero esta vez es una súper cuenta, Harry. Se me va la vida con esto! – A él le pareció demasiado drástica la frase.- Necesito la mayor tranquilidad para poder concentrarme en una idea para la publicidad de las escobas "Saeta de fuego".
- Vaya! te dieron esa cuenta?
- Claro! Qué esperabas? – bufé – la cuenta Weasley?- a él no le gustó el comentario.
- Pues da muchos dividendos esa empresa!
- Si tienes razón…- le tomó la mano. El se sorprendió- Harry, podremos pasar la tarde juntos?
- No- ella lo miró seria – Lo siento. Mi primo Dudley murió y hoy debo reunirme en el aeropuerto con su abogado.
- Qué quiere? Tu no quieres saber nada de él o si?
- Dice que tiene que entregarme algo que dejó Dudley para mi…
- En ese caso – volvió a acariciarle la mano – podemos encontrarnos en la casa… después? – el sonrió y se acercó a darle un beso.
- Te veré después, cariño. Puedes apostarlo.
Llegó temprano al aeropuerto. No podía negar que estaba algo ansioso por saber que le había dejado su primo. Además de la odiosa casa, no pensaba que podía tener algo más valioso. Estaba sentado esperando que el avión procedente de Paris, llegara. Compró algunas revistas, y se dispuso a leerlas. Al cabo de una hora, aproximadamente, el altavoz del aeropuerto, le anunció la llegada del vuelo de una aerolínea francesa. Rápidamente se levantó y fue a arribos. Decenas de personas salían con rostros cansados algunos, otros felices, y otros, algo enfermos; Harry supuso que el vuelo debía haber sido movido. Al rato pasó a su lado una azafata, morena que lo miró y le guiño el ojo. El le sonrió seductoramente, y ya se disponía a seguirla, cuando una voz algo chillona, lo llamó.
- Señor Harry Potter! – todo el mundo se dio vuelta a verlo, por la forma en que el hombre gritó – Soy Francis Brown.- él se dio vuelta y le dio ganas de reírse. Frente a él, estaba la persona más caricaturesca que haya conocido. Bajo, rechoncho y de ojos verdes saltones, con una nariz algo chata y un poblado bigote a lo Sigmund Freud. Parecía sacado de un libro viejo de historia de la magia. Llevaba en brazos una rara valija.
- Buenas tardes señor Brown – dijo y se acercó a darle la mano. Este lo recibió efusivamente.
- Lamento su pérdida señor Potter – dijo solemne – Su primo debe haber sido muy apegado a usted.
- Ni crea – dijo parco – sólo he venido por lo que me dijo. – El hombre lo miró – usted… dijo que Dudley me había dejado algo valioso? – El señor Brown se rió aparatosamente, llamando la atención de cuanto pasajero perdido se hallaba por el lugar.
- Algo de valor? – rió – usted pensó que su primo le dejó algo de dinero? – este asintió, algo rojo – No mi amigo. A pesar de que su primo y su esposa, no tenían necesidades, tampoco eran Rockeffeller! – y lanzó una estridente carcajada – Aquí está lo que le dejó- y le pasó la extraña valija, que a no ser por la impresión y el fastidio que tenía, hubiera jurado que algo adentro se movió.- y también le dejó esta carta. – Luego le dio un pequeño bolso floreado, con figuras de animalitos. Harry lo tomó con aprehensión, metiendo la carta dentro del bolso. - Aquí tiene todo lo necesario, señor Potter, al menos para varios días. Luego tendrá que ingeniárselas… - Se iba – Ah, y esta es el poder que le dejo su primo.
- Espere! – dijo tomándolo del saco – Usted me dice que nos veamos aquí para darme algo valioso, y me entrega una valija ridícula, con un bolso femenino, y una carta de mi primo? No entiendo – de pronto, la sensación de que algo se movía en la valija, fue una realidad. El apoyó la valija en una silla y abrió lentamente el cierre. Y fue entonces que todo el color de su cara desapareció. No era una valija lo que tenían sus temblorosas manos. Era un moisés de tela, y dentro de él… - Usted me esta jugando una broma! – dijo sin aliento – No… pero si es….
- Es la hija de su primo, señor Potter – Harry se sentó y contempló el bebe – Su nombre es Carrie Dursley, tiene seis meses, y usted es el único familiar que tiene. Dudley lo nombró a usted su tutor.
- Está completamente desquiciado! – bramó – qué voy a hacer yo con una niña? Soy soltero! Digo, mi vida es perfecta tal como está! No quiero responsabilidades! Por favor llévesela! – y se iba.
- Señor Potter! – dijo sorprendido el abogado – su primo me dijo que usted era una gran persona, que aceptaría…
- Déjeme decirle algo señor Brown – lo tomó de la solapa, perdiendo la paciencia. – mi primo era un maldito desgraciado! Me hizo la vida miserable! No hubo un maldito día en que no me diera una paliza, porque era un bravucón! Y ahora pretende dejarme el clavo de su hija?
- Señor Potter, es una bebé! – suplicó – no tiene a nadie! – Harry miró a la niña. A simple vista era un encanto. Tenía el cabello rojo y los ojos castaños. Ella lo miraba, mientras succionaba un chupete rosa. Era muy bonita – Mírela! Qué haré con ella?
- Usted es el abogado de Dudley, sabrá que hacer…
- No! sólo estoy cumpliendo con la última voluntad de su primo. –Tomó su saco y se marchaba, dejando a la niña en la silla.
- Espere! Llévesela! – gritó Harry desesperado. El señor Brown se marchaba presuroso – no puede dejarla aquí! – sin pensarlo, tomó el moisés, el bolso floreado y siguió al abogado – Señor Brown, no puede dejarla conmigo. Soy un completo desastre! Yo no tengo a nadie, nunca he tenido responsabilidades! Soy soltero y quiero una vida tranquila! – el hombre frenó bruscamente. Ya estaban fuera del aeropuerto y llamaba a un taxi –
- Si no quiere a la bebé –lo miró duramente – puede dejarla en un orfanato! allí podrán darle lo que usted se niega – él lo miro – un hogar y amor! Dudley me dijo que sus padres le dieron a usted un hogar, cuando sus padres murieron.
- Oh, no me venga con sentimentalismos! – rió falsamente – mis tíos me obligaban a dormir en una alacena, debajo de las escaleras. Pase ahí diez años! Debo agradecer ese tipo de bondad? Debo agradecer que cada dos por tres me dijeran fenómeno, y me relegaran a un puesto peor que al de un perro callejero? Y ahora pretende con esa frase ablandarme el corazón para que yo me quede con… con esto? – la bebe hizo un gracioso sonido – y a esto qué le pasa?
- Creo que esto, necesita un cambio de pañal… – y sin saludarlo, subió a un taxi y desapareció, dejándolo con aquella desagradable tarea.
Harry no lo podía creer. Hasta hace media hora, estaba contemplando la posibilidad de acostarse con una exuberante azafata, y ahora, estaba de pie frente a la parada de taxis con una bebé, que necesitaba limpieza!. Se preguntó qué hacer. No se podía aparecer. Ella era bebé, y él tenía algo de temor. Podría desmembrarla, si lo hacía. Decidió tomar un taxi para ir a su casa. Se subió a uno. El hombre lo miró con asco, la bebe necesitaba el cambio de pañal urgente o mataría a media población. Le dio la dirección y partió. La miraba de a ratos. Ella se entretenía con el chupete. Abrió el bolso de mano floreado, y comenzó a ver que había. Un talco, pañales desechables, toallas húmedas y un biberón, con leche. También había ropa de bebe y un tarro de leche en polvo. Pegado a este las indicaciones para prepararla. Y al fondo encontró la carta. Mientras el taxi tomaba la carretera, la leyó.
"Por medio de la presente, nombro a Harry James Potter guardián legal y responsable de mi hija, Carrie Dursley." Y mas abajo la firma simplona y desprolija de su primo, y a su lado una muy fina, que debió ser de su esposa. Pero había otra carta, y se dispuso a leerla.
"Querido Harry: sé que te parecerá absurdo, pero mi esposa Dorotea y yo te hemos nombrado el tutor de Carrie. Si recibes esta carta de seguro nosotros no estaremos físicamente a su lado, por eso te pido que la hagas feliz. Y aunque me duela, me gustaría que lleve tu apellido. Tendría una buena reputación en el mundo mágico. Por favor Harry, sé que te he tratado mal, y lo lamento. Te pedí perdón y me lo has concedido, pero aún siento que no olvidas. Sólo te pido que no la desampares, que no te tomes revancha con ella. No tiene la culpa de lo ruin que he sido. Cuídala, por favor… y si algún día te pregunta, como era su padre, miéntele, no quiero que tenga esa imagen de maldito desgraciado que soy. Mi esposa te agradece que la hayas aceptado. Gracias Dudley Dursley."
Arrugó la carta con rabia y miró a la niña. Era verdad, ella no tenía la culpa del rencor que le cargaba a su primo, pero aun así, no podía tenerla con él. El era un completo irresponsable. Cómo cuidaría a una bebé? Ella necesitaba una mujer experimentada. Alguien que pudiera atenderla como se mereciera. Decidió cambiar de rumbo. Sólo había un lugar donde podrían ayudarlo. O más bien ella podría ayudarlo. Si al fin y al cabo, tenía tres. Quién mejor que ella?
Nota de la autora: Eso es todo amigos… el próximo capitulo lo verán pronto… por ahora, dejen reviews.
Saludos Silvia
