Pues tal como ya dije por ahí, he estado preparando una segunda parte para A tres velocidades.
Aunque en principio este fanfic solo iba a ser un one-shot, las peticiones que recibí para que fuera algo más largo (y, para qué negarlo, también mis propias ganas a escribir más thorkiporno sin argumento), me indujeron a continuar escribiendo. Al final, la segunda parte me quedó más extensa de lo que pensaba, así que he decidido dividirla en dos o tres fragmentos para ir subiendo.
Nada más, espero que os guste y que comentéis cualquier opinión que tengáis al respecto. ¡Un abrazo y pasad un buen fin de semana!
Hacía ya unas horas que había amanecido el cuarto día del puente. Y aquello tenía un único y rotundo significado: los padres de Thor y Loki volverían a casa el día siguiente, cargados de recuerdos y anécdotas que contar. Y con el regreso de la presencia paterna, la intimidad y libertad de la que ambos habían disfrutado en aquellas jornadas de tregua se esfumarían por completo.
Thor estaba pensando en ello mientras le daba vueltas a su café con la cadera apoyada en la encimera de la cocina y la mirada perdida en algún punto de la pared de baldosas que tenía en frente. Ya habían pasado los cuatro días. Sus padres iban a volver y... aún no había pasado nada. Nada en el sentido de que él y Loki no habían vuelto a tener ningún tipo de encuentro como el que compartieron la primera noche del puente, aquella en la que Thor tuvo la fortuna de encontrarse a su hermano menor penetrándose con su vibrador a tres velocidades.
El mero hecho de recordar aquél momento liberaba un cosquilleo caliente en su vientre. Y, por desgracia o por fortuna, no había podido sacárselo de la cabeza desde que ocurrió. Los recuerdos lo asaltaban cada cinco minutos: la mirada lasciva de Loki, la forma necesitada en la que se restregaba contra su cuerpo, el zumbido del vibrador mientras él se lo hundía una y otra vez y los deliciosos gemidos que su hermano ahogaba contra su cuello. ¿Cómo iba a ser capaz de olvidar algo así?
Y como si aquello no fuera suficiente como para volverlo completamente loco, Loki parecía haber sufrido una repentina amnesia respecto a todo lo que pasó aquella noche. No había pronunciado ni una sola palabra al respecto, y su actitud con él era tan independiente como siempre. Aunque bueno, no es que esperara que le soltara un "eh, Thor, ¿te acuerdas cuando me penetraste con el vibrador hasta que me corrí gimiendo tu nombre?" cada vez que se cruzaban.
En realidad, el rubio ni siquiera sabía qué esperaba de todo aquello. Lo único que sabía era que no podía sacarse de la cabeza la forma en la que Loki le había pedido que él fuera el primero en hundirse en su cuerpo. Pero ahora parecía haberse olvidado completamente del asunto, y el tiempo se les estaba acabando. Y Thor mentiría si dijera que no estaba ansioso por volver a ver las piernas desnudas de su hermano, por sentirlas entrelazadas entorno a su cintura mientras él encajaba la cadera entre ellas y lo embestía una y otra vez hasta que...
–Buenos días.
Loki entró en la cocina con aire distraído y se dirigió directamente a la nevera para buscar algo de leche con la que hacerse el desayuno. Thor apartó la mirada de la pared y la fijó sobre él instantáneamente.
–Hola –respondió, y le dio el primer trago a su café. Había pasado tanto rato ensimismado en sus pensamientos que ya se le había enfriado, pero no le importó. De hecho casi no se dio cuenta, ya que estaba demasiado ocupado observando a Loki mientras este se movía por la cocina. Se fijó en la camiseta verde que vestía. Sabía que se la había visto puesta millones de veces, pero aquél día le pareció más ajustada que nunca. ¿Y desde cuándo le quedaban tan bien aquellos vaqueros negros? ¿Cómo es que nunca se había dado cuenta de lo tentador que era el culo de Loki al dibujarse de esa forma bajo la ropa?
La respuesta era tan simple que Thor se sintió estúpido por no haberla descubierto antes: era porque Loki era su hermano y, evidentemente, jamás se le había ocurrido mirarlo como algo más que eso. Ahora, sin embargo, y después de haber compartido con él la sesión de sexo más extraña y morbosa que había tenido en toda su vida, temía estar desarrollando algo parecido a una obsesión sexual hacia él.
–Loki –lo llamó casi sin darse cuenta, dejando su taza de café frío a un lado.
–¿Hm? –el aludido alzó la mirada hacia él mientras se ocupaba de masticar una galleta de chocolate.
–Mañana volverán –Thor apoyó las dos manos sobre la encimera, apoyándose en ella. Sentir el frío de la piedra en las palmas de las manos hizo que se diera cuenta de lo caliente que estaba. Se apresuró a carraspear antes de aclarar–: Papá y mamá.
El menor de los Odinson asintió sin demasiado interés, terminó de comerse la galleta y se relamió para eliminar los restos de chocolate de la comisura de sus labios. Thor tuvo que reprimir un gruñido al verlo.
–¿Y qué?
La indiferencia con la que Loki pronunció aquellas palabras molestó tanto a Thor que le faltó poco para recorrer el espacio que lo separaba de su hermano, acorralarlo contra la mesa y obligarle a dejar de fingir que no recordaba nada de lo ocurrido hacía dos noches. No obstante, se obligó a inspirar profundamente y a negar con la cabeza.
–Nada –respondió de forma algo seca, y chasqueó la lengua antes de cruzarse de brazos.
Loki lo observó durante un par de segundos, pero luego se encogió de hombros y abandonó la cocina con el paquete de galletas bajo un brazo y su vaso de leche en la mano, dejando atrás a un muy irritado Thor. Una vez solo, el rubio apretó los labios hasta transformarlos en una línea tensa y frunció el ceño. ¿Es que Loki estaba jugando con él? Primero va y le pide que sea el primero en metérsela -después de regalarle la masturbación de su vida, por cierto-, y ahora hacía como si nada. Tal vez pretendía volverle loco.
Y tal vez era hora de enseñarle que no se podía jugar con la testosterona y el deseo de Thor Odinson.
• • •
Loki dejó de prestarle atención al libro que tenía entre las manos en cuanto sintió que su hermano entraba en su habitación. La puerta del cuarto quedaba justo a sus espaldas y no pudo ver como el rubio atravesaba el umbral, pero aún así fue capaz de percibir su presencia. Aquello no era nada inusual, al fin y al cabo había pasado toda su vida junto a Thor; estaba tan acostumbrado a él que podía saber cuando estaba cerca sin tener que verlo. Era como una habilidad instintiva, un sexto sentido.
El rubio no dijo nada, así que Loki ni siquiera se molestó en girarse para preguntarle si quería algo. No obstante, en cuanto escuchó los pasos de Thor aproximándose a él de forma lenta pero segura, no pudo evitar ponerse algo tenso en su asiento. Segundos después, una de las manos del rubio aparecía por la periferia izquierda de su campo visual para arrebatarle el libro que había estado leyendo y que aún sujetaba. Al principio Loki no pudo hacer más que parpadear extrañado, pero luego se levantó y se dio la vuelta dispuesto a preguntarle a su hermano qué mosca le había picado como para aparecer de pronto e interrumpir su apreciada lectura.
Sin embargo, las palabras se le congelaron en la garganta tras percatarse de que Thor estaba incluso más cerca de lo que había imaginado. De hecho, a penas tenía espacio entre su cuerpo y la madera del escritorio. Si no fuera porque era su hermano el que tenía delante se habría sentido acorralado e incluso intimidado.
Thor lo observó fijamente, de cerca. Sus ojos azules habían adquirido una profundidad inusual y cargada de determinación. Loki sabía que quería algo, y podía hacerse una idea de qué era. Ni siquiera tuvo que preguntar antes de que el rubio se le adelantara:
–Quiero hacerlo ahora –dijo, su voz suave pero autoritaria al mismo tiempo.
Loki tragó saliva casi sin darse cuenta. Desvió la mirada de los ojos de Thor durante un efímero segundo para volver a observarlo inmediatamente después, alzando una ceja.
–¿Hacer qué?
La pregunta era innecesaria, y él lo sabía. No obstante, disfrutaba molestando a Thor de aquella forma. Le encantaba hacerse el ignorante, jugar con su paciencia, poner a prueba su duro temperamento. Se había pasado los tres últimos días esquivando el tema expresamente, fingiendo que había olvidado lo ocurrido con el vibrador solo para incordiar a su querido hermano, preguntándose cuánto tardaría en dar el paso. Y, sinceramente, había tardado tanto que incluso llegó a pensar que se había echado atrás.
Por suerte para ambos no había sido así.
–Lo sabes muy bien –respondió Thor esbozando una pequeña sonrisa sin apartarse un solo centímetro de él, observándolo con la misma fijeza que antes–. Fuiste tú el que me lo pidió, ¿no?
Loki sonrió también y se echó un poco hacia atrás, apoyándose en el escritorio con una mano.
–Y a ti no te costó demasiado aceptar –replicó divertido.
–Eres mi hermano. Haría cualquier cosa por ti –respondió Thor con simplicidad, como si aquello sirviera para justificar cualquier asunto del mundo, por escabroso que fuera.
–¿Incluso esto?
–Especialmente esto.
Ambos se miraron durante un largo instante sin añadir nada más. Ahora que estaba todo dicho y decidido solo les quedaba tomarse un momento para asumir lo que estaba a punto de pasar. Un momento que fuera lo necesariamente largo como para disfrutar de los últimos segundos de expectación, pero lo suficientemente corto como para que no les diera tiempo a arrepentirse, aún cuando ambos estaban muy lejos de hacerlo. Sus pensamientos seguían una sola línea de lógica, como si sus mentes estuvieran conectadas: eran hermanos, sí, y se querían. Y si estaban dispuestos a dar la vida el uno por el otro, ¿por qué no iban a poder regalarse placer mutuamente? ¿Por qué no iban a poder aprender juntos, hacerse sentir bien? La sola idea de que algo así pudiera estar mal se les antojaba ridícula.
–Entonces... ¿quieres que me desnude? –preguntó Loki de pronto, procurando no cortar el contacto visual que habían estado manteniendo.
Thor separó los labios para tomar aire suavemente. La pregunta fue tan directa que lo tomó por sorpresa. En boca de Loki aquellas palabras sonaban incluso más atrevidas de lo que ya eran, pero eso le gustaba. Le encantaba.
–Sí –respondió en un susurro algo ronco, y dio un paso atrás para dejarle espacio a Loki. Sin embargo, en cuanto este llevó las manos a la parte baja de su camiseta y comenzó a tirar de ella hacia arriba dispuesto a quitársela, Thor se lo pensó mejor y lo sujetó por las muñecas para que se detuviera–. Espera.
Los ojos de Loki se entornaron con extrañeza y Thor se mordisqueó el labio inferior mientras lo observaba, tanteando sus posibilidades. La idea de que su hermano se desnudara solo para él era extremadamente tentadora, pero aún había algo mejor.
–Quiero hacerlo yo –le explicó a Loki, acercándose a él de nuevo–. Quiero desnudarte.
Loki soltó su camiseta inmediatamente, haciendo que la prenda volviera a deslizarse por su vientre hasta alcanzar su posición original. Le devolvió la mirada a Thor con intensidad e intentó contener una sonrisa nerviosa.
–Bien –dijo, y dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo para permitir que el otro hiciera lo que quisiera–. Adelante.
Thor asintió para si mismo y alzó las manos para conducirlas al cuerpo ajeno. Acarició el pecho de Loki sobre su camiseta de forma sutil, con la yema de los dedos, y suspiró, preguntándose a si mismo cómo debía proceder. Ya había desnudado a otras personas antes, por supuesto, pero ninguna de ellas había sido su hermano, así que era imposible comparar la situación. Y además, en otras situaciones era algo pasional, algo que sucedía casi sin darse cuenta, como si sus manos se dedicaran a desabrochar sujetadores y a bajar bragas de forma casi automática. ¿Para qué perder tiempo desnudando a alguien con delicadeza si no era nadie especial?
Pero Loki lo era. No solo era alguien especial, sino que, joder, era Loki y punto. No había nadie más especial.
Thor decidió intensificar el contacto y comenzó a recorrer el pecho ajeno con las manos, repasando el contorno del cuerpo de Loki por encima de la camiseta mientras él seguía todos sus movimientos con la mirada, mordiéndose el labio.
Finalmente, Thor condujo las manos hacia abajo y las sumergió bajo camiseta verde, concediéndose acceso directo a la piel que había estado ocultando la prenda. Gruñó ligeramente al sentir la suavidad aterciopelada bajo la yema de sus dedos.
–Eres muy suave, Loki –susurró, y continuó subiendo las manos por el pecho de su hermano, arrastrando la camiseta con ellas.
Loki, como única respuesta, esbozó una sonrisa y alzó los brazos, permitiendo así que Thor terminara de subir la camiseta hasta quitársela del todo y hacerla caer al suelo, junto a ellos. En cuanto su níveo pecho quedó al descubierto, el rubio se relamió y volvió a llevar las manos a él para recorrerlo por completo, desde los hombros hasta la parte más baja del vientre, una y otra vez, sobando cada centímetro de piel que tenía al alcance. Sonrió al sentir que el pulso de Loki comenzaba a dispararse bajo sus manos, y luego alzó la mirada para encontrarse con sus ojos verdes.
–También eres muy sensible –le dijo mirándolo de cerca y sin dejar de sonreír.
–¿Y qué esperas si me tocas así, estúpido? –se defendió Loki, esforzándose para que su voz sonara mínimamente estable.
–Oh, ¿te gusta como te toco...? –Thor sonrió complacido e inclinó la cabeza para pegar la boca a una de las mejillas de Loki. Luego volvió a deslizar las manos por el contorno desnudo de su torso, siguiendo con los dedos las pequeñas hendiduras que dibujaban sus costillas, el espacio en el que se estrechaba su cintura y la ligera curva que trazaban sus caderas. No eran tan anchas como las de una mujer, evidentemente, pero aquello no le suponía ningún problema.
Loki liberó un pequeño jadeo cuando Thor intensificó el agarre en su cadera, hundiendo los dedos en su piel. Sintió como los pulgares de su hermano le acariciaban el vientre, presionando, trazando arcos cercanos a su ombligo y al borde de sus pantalones. Aquellos movimientos le provocaron un cosquilleo que se expandió por todo su cuerpo, erizándole la piel y arrancándole un pequeño estremecimiento.
–Me encanta como me tocas –admitió en un pesado susurro, ganándose un beso en la mejilla por parte de Thor.
Lo cierto era que las caricias de su hermano lo estaban desquiciando. Siempre había pensado que Thor era algo bruto y falto de delicadeza, pero la forma en la que recorría su piel resquebrajaba aquella idea. Lo tocaba de forma increíblemente suave, despertando su cuerpo poco a poco, sabiendo perfectamente dónde y cuándo debía presionar, como si conociera cada una de sus debilidades.
Thor entreabrió los labios para liberar un jadeo húmedo y excitado contra la mejilla de Loki. Volvió a presionar sus caderas, agarrándolas con firmeza un par de segundos para luego deslizar las manos hacia arriba una vez más. Recorrió la línea de su clavícula con los dedos y sonrió al sentir los pezones duros contra las palmas de sus manos. Sin titubear un segundo, Thor atrapó uno de los pezones de Loki entre sus dedos y lo presionó con cuidado, asegurándose de no hacerle daño. Su hermano reaccionó dando un pequeño respingo que se le antojó adorable, aunque luego frunció el ceño:
–¿Q-qué has hecho, idiota...? –preguntó fulminándolo con la mirada.
–Esto –respondió Thor divertido por su reacción, y repitió el pequeño pellizco en su pezón antes de alzar una ceja–. ¿No te gusta?
–Es raro –respondió Loki tras inspirar profundamente, y luego alzó la barbilla para observar a su hermano–: ¿Les gusta a todas esas zorras con las que te acuestas?
El rubio esbozó una nueva sonrisa contra la mejilla de Loki.
–¿Eso es lo que te preocupa...? ¿Que te haga lo mismo que a todas? –susurró, sorprendido y complacido al mismo tiempo. El hecho de que su hermano se hubiera referido a sus ligues como zorras era bastante esclarecedor–. Eres un celoso.
–Y tú un jodido engreído –respondió Loki con una sonrisa socarrona al mismo tiempo que se removía en su sitio para pisarse los talones de las zapatillas, sacándoselas para descalzarse. No es que estuviera realmente molesto; él y Thor se pasaban los días soltándose pullas con las que incordiarse mutuamente. Nunca lo habían hecho en aquél contexto, claro, pero aquello no quitaba que estuvieran acostumbrados a insultarse sin auténtica malicia. Al fin y al cabo eran hermanos.
–Tranquilo, Loki –Thor se relamió, humedeciendo un poco la mejilla ajena, y luego se separó un poco para poder mirarlo a la cara–. Ahora mismo, tú eres mi zorra preferida.
Loki entornó los ojos y observó al rubio durante unos segundos, intentando decidir si sentirse divertido u ofendido por aquél comentario. Sin llegar a decidirse, y en un rápido movimiento, inclinó la cabeza y se acercó a Thor para atrapar su labio inferior entre los dientes, dándole un fuerte mordisco que provocó que al otro se le escapara una exclamación ahogada. Como represalia, obtuvo un nuevo pellizco en el pezón.
–¡Que pares! –exclamó, separándose e intentando ocultar una sonrisa.
–Eres tú el que se ha puesto salvaje, hermanito –murmuró Thor, y se pasó la lengua por el labio mordido, sintiendo que le ardía por la forma en la que el otro le había hincado los dientes–. Y créeme, eso no te conviene.
–No me digas... –susurró Loki mientras seguía con la mirada el movimiento de la lengua ajena. Luego ladeó la cabeza y puso una de esas caras que tan practicadas tenía, aquella que le hacía parecer inocente aún cuando no tenía ni una pizca de eso–. ¿Y por qué no?
Thor sonrió al ver la expresión que le dedicó el otro, y luego negó suavemente con la cabeza. Loki siempre ponía aquella cara cuando quería conseguir algo, y la verdad es que a él siempre se le hacía muy difícil negarle las cosas si lo miraba de esa forma. No obstante, en aquél momento descubrió que el efecto ojos-de-cachorrito perdía toda su efectividad si lo tenía medio desnudo y acorralado contra el escritorio.
–Porque me pone –respondió de forma sincera y con la voz ronca, y luego volvió a conducir las manos hasta la cadera de Loki, sujetándolo con firmeza una vez más–. Y podría devorarte.
Loki se agradeció a si mismo el estar apoyado contra el mueble que tenía detrás, porque podría haber caído al suelo solo por escuchar a Thor diciendo aquello, con su voz grave y rasposa y sus ojos azules clavados sobre él.
–Vaya... ¿pero no has venido aquí para eso? –dijo en un ladino susurro que hizo que Thor se prendiera por dentro–. ¿No has venido a devorarme?
Como toda respuesta, el rubio dejó escapar un breve gruñido excitado. Luego aprovechó el agarre que ejercía sobre las caderas de Loki para darle la vuelta no sin cierta brusquedad, poniéndolo de cara al escritorio. Los labios del menor de los Odinson se separaron para dejar escapar un jadeo, pero no profirió ni una sola queja ante su nueva situación, sino que se limitó a girar la cabeza y a observar a Thor por encima del hombro, expectante a que continuara haciéndole lo que fuera que tenía pensado.
El rubio no le hizo esperar demasiado: sus manos volvieron a desplazarse sobre el cuerpo del menor, recorriendo esta vez su espalda desnuda, desde los hombros hasta el inicio de sus pantalones. Repasó el surco que dibujaba su comuna con los pulgares, fascinado por ella, y disfrutó del ligero estremecimiento que recorrió a Loki cuando aproximó los dedos a sus costados. Le costaba creer que cada maldito centímetro de aquella piel fuera tan suave, hasta el punto de que acariciarla se volvía algo adictivo.
Tras emitir un nuevo gruñido, Thor le dio un suave pero firme empujón a Loki, con las manos posicionadas en el centro de su espalda.
–Hacia delante –exigió sin más, y continuó empujando hasta que Loki volvió a apoyarse en el escritorio, inclinándose hacia la superficie de madera y apoyándose sobre ella con los antebrazos.
–Estás hecho un mandón, ¿hm? –murmuró Loki con una sonrisa, sintiendo que su pecho estaba prácticamente pegado al escritorio y que las manos ajenas continuaban haciendo presión en su espalda.
–Sí, pero tú nunca me haces caso –respondió Thor al mismo tiempo que volvía a acariciar la piel de su hermano en sentido descendente–. Siempre haces lo que te da la gana...
–No digas eso... –le pidió el otro, añadiéndole expresamente un tono lastimero a sus palabras–. Yo siempre hago lo que me dice mi hermano mayor...
–Embustero –Thor se relamió los labios y se inclinó ligeramente hacia Loki, acorralándolo con su propio cuerpo antes de terminar de bajar las manos hasta su trasero–. Hmm, Loki... estos pantalones te sientan tan bien... –susurró contra su nuca al mismo tiempo que estrechaba sus nalgas sobre la ropa–. Debería prohibirte que te los pusieras. No quiero que nadie se fije en el precioso culo que tienes...
Loki tragó saliva, comenzando a excitarse por las desvergonzadas caricias que estaba recibiendo, así como por la forma en la que Thor lo tenía atrapado, y luego sonrió con socarronería.
–¿Ahora te gusta mi culo?
–Sí –respondió el rubio sin rodeos, e inclinó la cabeza para alcanzar una de las orejas de Loki y poder susurrarle–: Y a partir de ahora será solo mío.
Tras contener a duras penas un estremecimiento, Loki jadeó contra la madera que había bajo su cuerpo.
–Pareces muy seguro de eso... –murmuró solo para fastidiar a Thor.
–Y para cuando haya terminado contigo, tú también lo estarás –respondió el rubio, haciendo uso de una arrogancia poco usual en él que sin embargo logró que a Loki se le erizara la piel.
Los dedos de Thor se hundieron con más intensidad en el pantalón de Loki, sobando sus nalgas con ansia, deseando poder tocarlas sin tela de por medio. Así pues, no tardó en rodear la cintura de su hermano con las manos para alcanzar el cierre de la prenda y desabrocharla con impaciencia. Luego tiró de los pantalones hacia abajo, bruscamente, para disfrutar de la visión que le ofrecía Loki en aquella postura, con el pecho inclinado sobre el escritorio, las manos tendidas sobre la madera y el trasero, a penas cubierto por los boxers, alzado hacia él. Sus ojos verdes lo observaban con expectación, sin reproches, invitándolo a continuar y a hacer con él todo lo que le viniera en gana. Y por supuesto que iba a hacerlo.
Tras volver a inclinarse sobre Loki, Thor condujo las manos a su trasero una vez más. Repasó la superficie redondeada con la palma de las manos y luego condujo un par de dedos a la hendidura que se abría ente ellas para frotarla insistentemente sobre la tela, ganándose un quejido ahogado de Loki.
–Estabas tan abierto el otro día... –gruñó contra su espalda, calentándose con solo pensarlo–. ¿Te abrirás así para mi hoy, Loki? ¿Te abrirás para tu hermano, hm?
Loki arañó la superficie del escritorio casi sin darse cuenta, agitado por las prohibidas palabras que Thor pronunciaba contra su piel, como si quisiera que su cuerpo las absorbiera y se fundiera de puro morbo.
–¿Y tú...? –murmuró como respuesta, echando la vista hacia atrás durante un par de segundos–. ¿Volverás a ponerte duro solo con mirarme?
Thor esbozó una sonrisa divertida y se apartó ligeramente de Loki para poder devolverle la mirada sin dejar de sobarlo ni un segundo.
–Sí –soltó sin más, y luego sacó la lengua y repasó con ella el surco que la columna vertebral de Loki trazaba en la piel de su blanca espalda.
–Joder... –siseó Loki sorprendido por el gesto, que consiguió enviar una corriente eléctrica por todo su cuerpo. Se arqueó bajo la lengua ajena y se echó hacia atrás, buscando la entrepierna de Thor con el culo de forma inconsciente.
Un nuevo gruñido, más ronco incluso que los anteriores, escapó de entre los labios de Thor en cuanto Loki reaccionó de aquella forma. Aún no podía creerse que su pequeño hermano pudiera ponerlo a cien con tanta facilidad, como si hubiera nacido para ser su tentación encarnada.
–¿Qué quieres, eh? –murmuró al sentir que el trasero de Loki se restregaba ansiosamente contra su entrepierna, que ya había comenzado a endurecer. El moreno volvió a incorporarse sobre los antebrazos y giró la cabeza para observarlo mientras se relamía de forma casi obscena. Aquello fue lo último que Thor pudo soportar y, casi sin darse cuenta, llevó una mano al cabello de Loki para enterrar los dedos entre sus oscuros mechones y tirar de él hacia atrás, obligándolo a alzar la barbilla de forma que su cuerpo quedara totalmente curvado sobre el escritorio–. ¿Quieres esto? –totalmente poseído por la lujuria que Loki hacía germinar en él, Thor echó la pelvis hacia delante y se frotó descaradamente contra las nalgas de su hermano, que gimió al notar el endurecido miembro ajeno a través de la ropa.
–¡T-Thor...! –gimoteó Loki, y cerró los ojos al sentir que el bulto que se restregaba contra él se volvía más y más grande, más y más duro.
Le gustaba que Thor se frotara así, que lo tentara, que forzara su cuerpo. Le gustaba que le tirara del pelo y le hablara de aquella forma, con la voz rota por el deseo. Adoraba que su hermano, tan noble y responsable, perdiera los papeles de ese modo solo por él, como tuviera la habilidad de hechizarlo. Le gustaba dejarse someter porque esa era la forma en la que podía demostrar el auténtico poder que tenía sobre Thor.
–Es lo que siempre has querido, ¿verdad? –continuó siseando Thor mientras seguía moviéndose, frotándose contra Loki, tirando de su pelo y haciendo que su cadera diera pequeños golpes contra el escritorio–. Por eso te metías el vibrador: querías saber cómo se sentía una de verdad. Y ahora vas a tener la oportunidad de descubrirlo. ¿Estás contento, Loki?
Loki asintió casi al instante, justo antes de cerrar los ojos y arquearse un poco más. Estaba duro, muy duro por culpa de lo que Thor le hacía y decía. Sentía su erección atrapada en el interior de sus boxers y contra el escritorio.
–Yo también tenía ganas de saber qué se sentiría al estar dentro de ti –de pronto, los roces de Thor cesaron, y Loki emitió un quejido de descontento que sonó entrecortado cuando el otro volvió a tirarle del pelo–. He pensado en eso cada segundo desde la otra noche... y mientras, tú te dedicabas a ignorarme. Me estabas volviendo loco, pero esa es siempre tu intención. Disfrutas volviéndome loco...
–Adoro volverte loco –confesó Loki entre jadeos, sonriendo de forma maliciosa–. Como ahora.
Thor frunció el ceño y tiró un poco más de Loki, haciendo que se incorporara y volviera a quedarse en pie frente al escritorio. Rodeó su torso con la mano que no utilizaba para tirarle del pelo y lo atrajo hacia si, pegando la espalda ajena a su propio pecho.
–Cállate –le mandó en un gruñido antes de acercar la boca a su cuello e inspirar una profunda bocanada del dulce aroma que emanaba su piel.
–Pero es verdad –replicó Loki sin dejar de sonreír con la misma suficiencia, y llevó las manos al antebrazo que rodeaba su pecho para acariciarlo con sutileza–. Me encanta que pierdas la cabeza por mi... –dijo en un ladino ronroneo, y giró la cabeza una vez más para mirar al rubio con la malicia refulgiendo en los ojos–. He escuchado como te tocabas estos días, ¿sabes? Te oía susurrar mi nombre mientras te masturbabas. Seguro que se te ponía dura solo con pensar que podrías terminar entre mis piernas...
–Cállate –repitió Thor con más brusquedad, y luego apretó los labios. Sabía que no debía sentirse avergonzado o intimidado por las palabras de Loki, no después de que él lo hubiera pillado metiéndose un vibrador–. Eres malo –susurró, y luego repartió varios besos por el cuello del otro, subrayándolos con la lengua. Loki suspiró de forma placentera y soltó un suave gemido cuando su hermano le hincó los dientes en la nuca–. Eres muy malo...
–¿Y vas a hacer algo al respecto...? –susurró Loki, dejando caer la cabeza a un lado para recibir con más facilidad los besos y mordiscos ajenos.
–¿Qué clase de hermano sería si no te castigara cuando te portas mal...? –Thor le apartó el pelo del cuello y le lamió la piel un par de veces, saboreándola como si fuera el más exquisito de los manjares. Disfrutaba viendo como la piel de Loki enrojecía bajo sus atenciones, como si pintara en un blanco lienzo con los labios.
–¿Y qué es lo que vas a-hnnn...
Las palabras de Loki se perdieron en un gemido cuando Thor deslizó el brazo por su pecho y alcanzó su entrepierna con la mano. Sus dedos se acoplaron a la forma de la erección que sobresalía bajo la tela y comenzaron a presionarla de forma tan lenta como deliciosa.
–Thor... –Loki bajó la mirada hacia la mano que lo tocaba y luego echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en uno de los hombros ajenos.
–El otro día no pude prestarte mucha atención aquí –le explicó Thor, sonriendo al notar el miembro de Loki tan tenso bajo sus dedos y su ropa interior–. Tal vez debería compensártelo...
–P-pero... –Loki entornó los ojos y jadeó una vez más– pensaba que... querías...
–También voy a metértela –aclaró el rubio antes de que Loki dijera nada más–. Pero primero pienso explotar todo tu cuerpo. Probarlo. Marcarlo.
Loki agarró la muñeca de Thor con fuerza al sentir que volvía a presionar su miembro, recorriéndolo de arriba a abajo y deteniéndose unos segundos en la base. Se mordió el labio y lloriqueó de puro placer después de que el rubio jadeara contra su oído.
–Haré que grites entre mis brazos –le prometió su hermano en un susurro, y luego tiró bruscamente de los boxers ajenos, haciéndolos descender hasta la mitad de los muslos de Loki.
El moreno se removió entre el escritorio y el pecho de Thor, excitado e inquieto por la expectación. Su cuerpo temblaba con solo imaginar todo lo que el otro podría hacerle. Y la verdad es que había imaginado aquél momento muchas veces, en multitud de situaciones, especialmente desde la noche del vibrador. No iba a negar que había deseado con todas sus ganas que Thor poseyera por fin su cuerpo, aunque por otra había tenido miedo. No miedo a que su hermano le hiciera daño, por supuesto, pues sabía que aquello sería lo último que le haría el rubio, sino porque temía que todo fuera demasiado... frío. Al fin y al cabo, lo que había ocurrido la otra noche había sido algo espontáneo, algo que sucedió cuando tanto él como Thor estaban al límite de la excitación. Lo único que hicieron fue dejarse llevar. En aquella ocasión, sin embargo, debían comenzar desde cero, y Loki había tenido miedo de que la llama no prendiera con tanta facilidad, de que todo fuera forzado, mecánico.
Ahora se daba cuenta de que todos aquellos temores habían sido una enorme tontería. ¿Frío? Bueno, era evidente que ninguno de los dos podía estar más caliente. ¿Y mecánico? Maldita sea, si la lujuria corría ente ellos como ríos de lava incandescente. Todo estaba siendo tal como debía ser: lento y natural. Nadie fingía, el deseo era real. Lo notaba por la forma en la que le latía el corazón. Lo notaba por el modo en el que Thor le besaba el cuello y jadeaba contra su piel. Lo notaba en el ambiente, que había comenzado a impregnarse del ansia de sexo que destilaban los hermanos Odinson.
Thor gimió de forma suave, casi sin darse cuenta, al percatarse de que tenía el cuerpo desnudo de Loki a su entera disposición. Volvió a subir la mano hasta alcanzar el vientre ajeno y usó el dedo índice para repasar el perfecto círculo que dibujaba su ombligo. Su hermano se estremeció bajo el contacto.
–¿Cómo demonios esperabas que no me masturbara pensando en esto...? –susurró Thor, y luego bajó la mano hasta alcanzar la erección de Loki, de nuevo. La tomó entre los dedos con premeditado cuidado y la acarició ligeramente–. Eres suave en todas partes –dijo después de arrancarle un gemido a Loki–. Seguro que eres incluso más suave por dentro...
–Thor... –apremió Loki, y condujo una mano hasta la de su hermano–. Tócame más...
Thor esbozó una sonrisa maliciosa y chasqueó la lengua.
–¿No eres precisamente tú el que siempre me llama impaciente a mi? –dijo antes de dejar un pequeño mordisco sobre uno de los hombros ajenos–. Te tocaré más si apartas las manos y te portas bien.
Loki lloriqueó por la respuesta, pero apartó la mano tentado por la oferta y dejó que Thor hiciera lo que quisiera. Como premio, el rubio cumplió su palabra y acarició su erección con más intensidad, recorriéndola con los dedos e insistiendo en su extremo con el pulgar. Su hermano menor se retorció de placer entre sus brazos y se mordisqueó el labio para intentar contener el par de gemidos que aún así flotaron por la habitación. Thor observó con atención cada una de sus reacciones, grabándolas a fuego en su memoria. Le gustaba de un modo particular la forma en la que las mejillas de Loki se incendiaban poco a poco, cubriéndose con un rojo que incluso competía con el de sus labios. También le gustaba el rumbo perdido que adoptaba su mirada, como si el hecho de ver o no perdiera importancia mientras él se ocupaba de su cuerpo; sus ojos verdes se inundaban de placer, brillando con una fuerza especial.
–Joder, deberías verte... –le dijo, y enterró el rostro en su cabello para inhalar entre sus hebras azabache. Acarició su nuca con la boca y se la lamió sin dejar de mover la mano sobre la erección que tenía entre los dedos–. Estás para comerte, Loki.
Thor bajó la mano hasta la base del miembro de su hermano y lo presionó con cuidado. Loki siseó y arqueó la espalda contra su pecho.
–Deberías verte... –repitió Thor, sintiéndose invadido por el calor más sofocante y placentero que había sentido en su vida. Apartó la cara de la melena de Loki y ladeó la cabeza para poder besarle la mejilla–. Vas a verte.
Antes de que Loki pudiera preguntar siquiera por aquella extraña afirmación -aunque en realidad no estaba seguro de poder haber formado una oración con un mínimo de coherencia-, Thor se dio la vuelta, arrastrándolo con él sin dejar de tocarlo con una mano y de rodear su pecho con la otra. El moreno parpadeó, aturdido por las atenciones y por el repentino cambio de posición, y fue entonces cuando se vio a si mismo.
–¿Q-qué haces...? –mustió entre jadeos, y enfocó la mirada para darse cuenta de lo que tenía delante era un espejo. El espejo que había en la puerta de su armario.
–Mírate, Loki... –la voz de Thor sonaba ronca mientras sus ojos azules se clavaban en la superficie del cristal y devoraban la imagen que Loki le ofrecía–. Tendrías que estar prohibido... pero aún así te querría.
Los húmedos labios de Loki se separaron para liberar un nuevo quejido. Cerró los ojos, avergonzado y excitado a partes iguales tras verse en el espejo, y negó con la cabeza.
–¿Eres... incapaz de cerrar la boca, joder...? –le dijo a Thor, y se agarró con fuerza al brazo que sujetaba su pecho al sentirse sacudido por el placer.
El rubio sonrió sin apartar la mirada del cristal. Gracias a él podía apreciar detalles que no atisbaba desde su posición, como la forma en la que temblaban los muslos de Loki o en modo en el que contraía el vientre cada vez que paseaba la mano por su polla.
–No finjas que no te gusta que te hable mientras te toco –le pidió, y rodeó el extremo del miembro de Loki con los dedos para centrar sus atenciones en él, volviéndolas más suaves. Repasó la hendidura de la punta con la yema del pulgar y aproximó la boca a una de las orejas de su hermano–. Puedo sentir como chorreas cada vez que te digo algo.
Loki volvió a abrir los ojos con la intención de dedicarle una iracunda mirada a Thor, pero fue incapaz de hacer otra cosa que no fuera observarlo sin más. Se descubrió a si mismo hipnotizado por el reflejo que plasmaban en el cristal, no por él, no por su propio cuerpo tembloroso y ardiente, sino por la escena general. Estaba desnudo en brazos de Thor, que lo mantenía literalmente sujeto para que el placer -aquél que había vuelto sus extremidades pura gelatina- no provocara que le fallaran las piernas y cayera de bruces al suelo. Y lo mejor no era aquello, lo mejor no era ser testigo de la cercanía que había entre ambos, y ni siquiera era el poder ver la forma en la que su hermano lo masturbaba. No; lo mejor era, sin duda alguna, la mirada que había en sus ojos azules. Era una mirada ansiosa y profunda, muy Thor, pero parecía que había multiplicado por cien su intensidad. Como resultado, sus ojos se habían convertido en infinitos pozos de lujuria, agujeros negros por los que Loki se dejaba absorber gustosamente. Su hermano se había apoderado de él con aquellos ojos, había devorado su alma. La prueba más destacable de ello era que le encantaba lo que veía. Le encantaba verse a si mismo con los boxers por las rodillas, gritando por el gusto, totalmente sometido por Thor. Era tan obsceno; era tan incorrecto y estaba tan mal que al mismo tiempo se volvía perfecto.
–Loki –Thor gruñó su nombre, y Loki se obligó a mantener los ojos abiertos aún cuando deseaba poder cerrarlos y rendirse por completo–. Loki, separa las piernas...
Loki obedeció sin cuestionar la petición. Separó las piernas y observó como su reflejo hacía exactamente lo mismo, adoptando una postura provocadora e indecente.
–¿Ves ese espacio...? –dijo Thor, y Loki sintió su aliento como fuego contra su cuello. Respondió a la pregunta con un largo e intenso gemido, y entonces su hermano prosiguió–: El espacio que hay entre tus rodillas, entre tus muslos... –indicó, y se relamió los labios de forma casi inconsciente antes de afirmar con rotundidad–: Ese espacio es para mi. Solo para mi, Loki.
Sus palabras contenían un tono oscuro, como de advertencia. Como si Loki fuera capaz de hacer aquello con alguien que no fuera él.
–Tú eres para mi, Loki.
–S-sí Thor... –acertó a murmurar el aludido–. Solo para -ahhhh- para ti...
El mayor de los Odinson asintió satisfecho e incrementó por última vez la intensidad de la masturbación. Loki dejó caer los párpados, incapaz de aguantar más, y continuó retorciéndose, gritando y gimiendo, restregándose contra el pecho de Thor mientras pronunciaba su nombre una y otra vez. Las piernas le fallaron, sus muslos habían sido invadidos por el mismo cosquilleo que reinaba en su pelvis. Todo dentro de él se contraía, se compactaba preparándose para explotar. Y al final, Loki se corrió arqueándose por completo, tocando el cielo gracias a las maravillosas manos de su hermano.
Thor, por supuesto, no se perdió detalle. Se mordió el labio cuando los delicados rasgos de Loki se contrajeron de placer y apartó los dedos de su extremo para permitir que fluyera con libertad, salpicando el suelo y el espejo que tenían delante. Cuando su hermano descendió de la nube del éxtasis con los labios rebosantes de jadeos y la mente aturdida por el orgasmo, Thor sonrió e hizo que se diera la vuelta. Rodeó su cuerpo -esbelto, húmedo y caliente- con los brazos y lo estrechó con cuidado, procurando no impedir que recuperara el aliento.
–Muy bien, hermanito –le susurró, y buscó su cabello enredado para dejar un par de besos en él–. Lo has hecho muy bien... aunque lo has ensuciado todo.
Loki alzó la cabeza y buscó a Thor con la mirada antes de fruncir el ceño ligeramente. Aún se sentía tembloroso y agitado, pero ello no le impidió hablar:
–Cállate –le gruñó, y luego apoyó la cabeza en su amplio pecho–. O te ahogaré mientras duermes.
El rubio sonrió y alzó una ceja.
–¿Significa eso que dormiremos juntos esta noche?
Loki imitó su sonrisa y alzó los brazos para rodear el cuello ajeno con ellos.
–Sí quieres... –susurró, no de forma dubitativa, sino sugerente. Con aquél tono de voz que combinaba inocencia y lascivia en una mezcla imposible.
Las manos de Thor descendieron por la espalda desnuda de su hermano. Repasó una vez más aquella curva que tanto adoraba y alcanzó la parte más baja de su trasero, justo donde comenzaban sus deliciosos muslos.
–Quiero –respondió sin más, y luego tiró de Loki para levantarlo delicadamente entre sus brazos. Su hermano no emitió ni una sola queja, sino que se dejó llevar con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios entreabiertos.
Thor se inclinó y dejó a Loki tendido sobre la cama. El blanco de su piel parecía confundirse con los pliegues de las sábanas, entre los que destacaban el negro de su melena, el verde de sus ojos y el rojo de sus labios. Era como si alguien hubiera arrojado un puñado de piedras preciosas sobre un montón de nieve inmaculada.
–Eres sexo encarnado –le dijo sin poder evitarlo, incapaz de apartar la mirada de su cuerpo desnudo.
Loki sonrió, notablemente complacido por el comentario, y dejó caer los brazos a ambos lados de su cabeza en actitud relajada. Se sentía agotado y somnoliento por el maravilloso orgasmo al que había sido inducido, pero sabría que aquello pasaría pronto. Al fin y al cabo tenía un estímulo muy especial -y grande- para recuperarse cuanto antes.
–Túmbate conmigo, Thor –le susurró al rubio, que se mordió el labio antes de complacer la petición y acostarse también sobre las sábanas, junto a su hermano–. Aún queda un buen rato hasta la noche...
