¡Holaaa! Aquí estoy de nuevo y os traigo el segundo capítulo. Espero que os guste, si le veis algún fallo dicídmelo por review.
El carruaje salió de la mansión y recorrió las calles de Port Royal hasta llegar a la fortaleza. Cuando llegamos salimos del carruaje y caminamos hacia la puerta, allí había bastantes personas más, entre ellas mujeres con vestidos parecidos al mío, me consolaba que por lo menos yo no era la única que luchaba por respirar dentro del vestido. Hacía más calor de lo esperado, por lo menos el sombrero y el abanico que portaba mitigaban un poco mi asfixia y el calor.
Padre se puso al lado del capitán James Norrington que estaba entre las dos filas de marines que llevaban sus casacas rojas. Yo me situé a dos filas atrás de los invitados, mientras me abanicaba con ímpetu intentando lograr que el aire entrase en mis pulmones. No recuerdo mucho de la ceremonia, tan solo recuerdo el calor y las órdenes que dio el capitán, ahora, comodoro Norrington.
Una voz me despertó de mi ensoñación, miré hacia arriba y me encontré con la mirada del recién nombrado comodoro. Me llevó a una zona en la que no había ninguna persona, pero, sin sombra; parecía que quería privacidad y que me iba a decir algo importante. Comenzó a balbucear, dijo algo como un halago hacia mí, le di una sonrisa forzada. No me interesaban lo halagos justamente en este momento, tan solo quería respirar libremente y huir de este terrible sol abrasador.
Empezó a hablar, no le podía hacer mucho caso, ya que estaba intentado respirar pero me fue imposible cuando mencionó la palabra matrimonio. Me giré hacia él y me encontré con unos ojos de color avellana.
—"No puedo respirar"—Suspiré mirando hacia el mar mientras cada vez oía menos y mi vista se iba tornando de color blanco.
Lo primero que noté al abrir los ojos era que no podía respirar y notaba como algo, similar al agua, estaba en mis pulmones. Comencé a toser y me giré hacia un lado, hacia el suelo, entonces así, el agua salió de mis pulmones. Respiraba agitadamente. A mi alrededor había varias personas, hombres. Sin embargo, sus voces no me sonaban en absoluto. Entonces uno de ellos cogió el medallón. Sus manos eran morenas y estaban sucias. Era un hombre moreno de piel y ojos oscuros, tenía el pelo con rastas y un pañuelo granate cubría su cabeza. Parecía ser un pirata. ¡¿Y si pensaba que yo era un pirata al ver el medallón?!
—"¿De dónde habéis sacado esto?"—preguntó como si hubiese encontrado la peor pesadilla del mundo.
De repente se empezaron a oír muchos pasos y a continuación unos marines apuntaban a mi salvador con sus espadas. Una voz conocida le ordenó que se levantase, el hombre desconocido obedeció. Padre llegó corriendo y llamándome, me ayudó a levantarme. Me preguntó si estaba bien y le contesté que perfectamente. No podía dejar de mirar al hombre que me había salvado. ¿Sería un pirata de verdad? De todas formas estaba agradecida por haberme salvado. Padre echó su abrigo por encima de mis hombros para que no pasase frío ni para que viesen mi ropa interior. Padre miró al hombre de piel trigueña con desprecio y asco.
— "¡Dispararle!"—ordenó padre, colocando mejor el abrigo sobre mis hombros.
—"¡No, padre!"—Intervine—"Comodoro… ¿No iréis a asesinar a mi salvador?"
Norrington me miró dubitativo, después miró a los marines ordenando que bajaran las armas. Y eso mismo hicieron. Mi salvador hizo un gesto, dando las gracias, aunque de una forma algo exagerada. El comodoro tendió la mano a mi salvador, dándole las gracias a regañadientes. El hombre de las rastras dudó en darle la mano, pero se la dio. De repente el comodoro se abalanzó levemente sobre él, y subió la manga hacia la mitad del ante brazo. Antes de su muñeca había marcada un P. Padre mandó colgarlo. El comodoro mandó que le apuntasen y que trajeran unos grilletes. El señor Norrington subió más la manga del pirata, donde había un tatuaje de un gorrión con una puesta de sol.
—"Vaya, vaya. Jack Sparrow, ¿No es así?"—preguntó el marine recién nombrado.
—"Capitán Jack Sparrow"—rectificó el pirata haciendo hincapié en la primera palabra.
Dentro de mí hervía una rabia incontenible, por muy pirata que fuese este hombre era mi salvador. El comodoro se mofó de él, ya que ni tenía barco, la pistola estaba sin pólvora y su brújula no señalaba al norte. Norrington le cogió del antebrazo y se lo llevó. Yo salí detrás de ellos, exigiendo que lo liberasen. Pirata o no, era mi salvador, no merecía la horca.
—"Una única proeza no redime a un hombre de toda una vida de fechorías"—excusó Norrington.
—"Pero basta para condenarle"—replicó Jack mientras le ponían los grilletes.
—"Así es"—afirmó el comodoro.
—"Que remedio"—Oí al pirata detrás de mí.
De repente sentí como las cadenas de los grilletes me echaban hacia atrás y se me clavaban en el cuello. En ese momento se me cayó el alma a los pies. ¿Cómo podía haber confiado en ese pirata? El comodoro tenía razón, era un sucio y vil pirata, como otro cualquiera. Sparrow pidió sus objetos y su sombrero.
—"Elizabeth, ¿Es Elizabeth, no?"—preguntó el muy desgraciado.
—"Es señorita Sawnn"—repliqué hablando entre dientes, intentando mirarle.
El comodoro Norrington me dio las pertenencias de Jack Sparrow, el pirata aflojó levemente la cadena para que me pudiera dar la vuelta. Le coloqué sus efectos personales y después el sombrero. El pirata sonrió enseñanando varios dientes de plata.
—"Sois despreciable"—Le escupí con el veneno más ponzoñoso y mortal que guardaba dentro de mí.
Me dio la vuelta y apuntó con su pistola mi sien derecha y comenzó a andar hacia atrás llevándome con él.
—"¡Caballeros! My Lady, siempre recordarán el día en el que casi capturáis al Capitán Jack"—En es justo momento apartó los grilletes de mi cuello y me empujó hacia los marines—"¡Sparrow!"
De repente le vi volar sobre nuestras cabezas agarrado a una cuerda, y por pura casualidad apoyó los pies en un poste, mientras los marines les disparaban. No sé como lo hizo pero se deslizó por una de las cuerdas que había en el poste. El comodoro Norrington ordenó a los marines perseguir al pirata. Y ya no supe más de él.
Padre me llevó hasta uno de los carruajes que nos esperaban en el puerto, y desde ahí nos fuimos a casa. Cuando llegamos, padre mandó a mi criada que preparase un baño caliente para que no enfermase. Y así lo hizo. Me metí en la tina llena de agua tibia, me sumergí en mis pensamientos mientras Anna me cepillaba el pelo y desenredaba los nudos de mi cabello.
Después empezó a oscurecer y me metí en la cama. El libro que estaba ayer todavía se la mesilla de noche. Inconscientemente agarré el medallón que todavía llevaba colgado al cuello. De repente llamaron a la puerta, era Anna, guardé rápidamente el medallón debajo de mi camisón y tomé el libro. Traía un calentador, cogió la leña que había en la chimenea introduciéndola en este y lo puso al extremo de mi cama debajo de las sábanas.
—"Aquí tenéis, señorita. Hoy ha sido un día difícil para vos."
En ese momento se me vino a la mente la proposición de matrimonio del comodoro, sí, difícil, sin duda. Hasta ahora mismo no me había parado a pensarlo. Pero la idea me tenía algo atemorizada. Pues James y yo, a pesar que de que nos conocíamos hace mucho tiempo, él tenía una forma diferente a pensar de la mía, por ejemplo, esta mañana quería mandar al pirata a la ahorca, pero yo solo veía que me había salvado la vida, fuese un pirata o no.
—"Sospechaba que el comodoro me propondría matrimonio, pero, admito que no estaba preparada para ello"
—"Me refería a lo sucedido con ese pirata. Tiene que a ver sido horrible"—Contestó echándome la manta.
No me sorprendió que ella, ya supiera lo sucedido con el pirata. Le encantaban los rumores, sobre todos los chismes tan jugosos como estos. Un pirata en Port Royal y encima que la hija del gobernador ha estado relacionada con el incidente. Se ha debido extender como la pólvora.
—"Oh. Sí, ha sido horrible"
La criada habló de la propuesta de compromiso de Norrington, y de lo buen partido que era. Sin embargo, sí que me sorprendió que nombrase a Will. La respondí que eso era atrevido, y ella se disculpó y se fue. Suspiré agotada, y tomé el medallón entre mis dedos jugando con él, mientras pensaba lo que acababa de decir sobre Will. La llama de la vela comenzó a bailar, parecía ser que se había levantado aire y entonces se apagó.
