Hola bellas!

Bueno, en el último capítulo de Summerhill hubo varias personas que me pidieron que le diera un punto y final a este fic (que en teoría iba a ser un one-shot pero se me fue de las manos), así que aquí os lo traigo. Espero que no os resulte decepcionante y satisfaga vuestras expectativas. Nos leemos más abajo!


El pecho de Loki subía y bajaba lentamente en un ritmo constante. Su respiración se había normalizado tras unos minutos de descanso sobre el colchón y ahora parecía totalmente tranquilo, relajado, como si en realidad estuviera durmiendo con los ojos abiertos y la mirada clavada en el techo. Thor, que no se había movido del lugar que ocupaba junto a su hermano en la cama, lo escrutaba sin pausa. Se preguntó en qué estaría pensando, y durante un instante se dedicó a intentar averiguarlo. No obstante, abandonó aquella empresa cuando se percató de que resultaría inútil; era imposible descifrar los pensamientos de Loki, sobre todo cuando estaba sumido en aquella especie de letargo en el que solía zambullirse después de leer un buen libro o, según parecía, también tras experimentar un orgasmo. Su expresión se volvía ilegible, y sus rasgos no adoptaban ningún gesto que pudiera interpretarse. Era como si fuera capaz de alzar una barrera invisible -pero muy sólida y efectiva- que conseguía aislarlo de la realidad, impedir que otros entraran en el que era su propio mundo. Y para qué negarlo, a veces Thor se sentía algo molesto cuando Loki se encerraba de aquella forma. Aunque adoraba su expresión pensativa y trascendental, la misma que le proporcionaba su aire de intelectual y pensador, detestaba quedarse fuera de su campo. De hecho, en aquél momento sentía la necesidad de estar cerca de él, lo más cerca que pudiera, en todos los aspectos posibles.

–Loki... –susurró esperando que aquello trajera a su hermano de vuelta y, sin poder evitarlo, despegó una mano de las sábanas para conducirla hasta su cuerpo desnudo. Deslizó la yema de los dedos por la línea que dibujaba su angulosa mandíbula y luego recorrió la curva de su cuello–. ¿En qué piensas?

Loki sonrió sin despegar la mirada del techo, como si estuviera contemplando un interesante espectáculo del que no quisiera perderse detalle en lugar de una capa de yeso sin ningún atractivo especial.

–Pienso en ti –respondió antes de inspirar lentamente, como de forma perezosa.

El rubio esperó a que sus propios dedos alcanzaran la clavícula de Loki antes de volver a hablar.

–¿Estás seguro...? –inquirió en tono dubitativo, aún susurrando.

Aquella vez, Loki sí despegó la mirada del techo. Giró un poco la cabeza para observar a su hermano y alzó una ceja de forma divertida.

–¿Y por qué iba a mentirte?

Thor apretó los labios un segundo y luego se encogió de hombros distraídamente, ya que su atención estaba centrada en la forma en la que se había tensado el cuello de Loki cuando este giró la cabeza.

–Siempre sabes qué decirle a la gente para quedar bien –respondió sin más, adoptando también el gesto divertido de Loki.

–Oh, ¿y consideras que eso es malo?

–Generalmente no –el rubio negó ligeramente con la cabeza, provocando que sus mechones rubios se restregaran un poco contra el colchón–. Pero tú eres un maldito manipulador.

La sonrisa de Loki se ensanchó ante aquellas palabras. El blanco marfil de sus dientes pareció lanzar un destello cargado de una malicia que no tenía tanto de cruel como de travieso.

–Pero solo manipulo para conseguir algo que quiero –respondió entornando los ojos, como si eso pudiera justificarlo.

–¿Y es que no quieres nada de mi?

Los ojos de Thor se encontraron con los de Loki. Una vez más, cobalto y esmeralda se enfrentaron con furiosa intensidad, como si aquella mirada fuera una batalla que alguien tuviera que vencer cuando en realidad ambos habían ganado ya. El rubio continuó acariciando la piel descubierta de su hermano, recorriendo su clavícula hacia ambos lados, incapaz de cansarse de aquél tacto moralmente prohibido pero increíblemente suave. Loki separó los labios y se relamió antes de ofrecerle, por fin, una respuesta.

–Lo quiero todo de ti –dijo en una mezcla de demanda y sutileza que solo su voz ronroneante era capaz de crear.

–Vaya... –esta vez fue Thor quien exhibió una sonrisa, más que satisfecho con aquella respuesta. Luego se removió sobre el colchón casi sin darse cuenta para aproximarse un poco más a Loki, aún sin dejar de mirarlo directamente a los ojos–. ¿Y no vas a intentar manipularme para conseguir todo eso que quieres...?

Su tono de voz arrastraba una sugerencia tan torpe que Loki tuvo que morderse el labio para no echarse a reír.

–Yo no intento, Thor –replicó al mismo tiempo que movía una mano para alcanzar los rubios mechones de su hermano, que se desparramaban sobre las sábanas. Tomó un par de ellos y comenzó a enrollarlos entre sus dedos en un gesto inequívocamente pícaro–. Cuando quiero manipularte, lo consigo directamente. ¿O es que alguna vez has sido capaz de negarle algo a tu querido y pequeño hermanito, hm...?

De pronto, Thor se sintió como si alguien le hubiera inyectado una ración de testosterona en vena. La ladina mirada de Loki, la jodida forma en la que bajaba aquél espeso abanico de pestañas oscuras que tenía, lo hacía caer en la misma locura una y otra vez. Su erección dio un tirón bajo los pantalones como si intentara recordarle que seguía ahí, que continuaba estando condenadamente excitado y que ardía de ganas de poner a su hermano en cuatro, separar sus preciosas nalgas y abrirle como nadie lo había hecho jamás.

–Pero ahora no necesito manipularte –prosiguió Loki, disfrutando del efecto que sus actos y palabras tenían sobre Thor–. Porque ya lo tengo todo de ti.

El rubio dejó escapar un pequeño y ronco gruñido.

–¿Y ahora quién es el jodido engreído? –murmuró, incapaz de encontrar una réplica decente y efectiva contra las palabras de Loki, que soltó una pequeña y vibrante carcajada.

–Sabes que tengo razón, rubia –dijo como toda respuesta sin caer en la pulla del insulto.

Thor guardó silencio y se centró en continuar acariciando el cuerpo de Loki. Bajó los dedos un poco más, totalmente hipnotizado por aquella piel tan blanca y lampiña, y recorrió parte de su pecho antes de alcanzar de nuevo uno de sus pezones. Lo acarició arrastrando el pulgar sobre la piel y Loki chasqueó la lengua.

–No hagas eso –le pidió Thor esbozando una sonrisa–. Deberías dejar de fingir que no te gusta que te toque aquí... ¿Es porque te da vergüenza?

–Claro que no, idiota –se defendió Loki, utilizando los codos para apoyarse en el colchón e incorporarse un poco–. Es que no me gusta...

Thor alzó la mirada, lo observó unos segundos y luego negó con la cabeza.

–Puede que me trague tus mentiras cuando las sueltas por la boca –murmuró, y volvió a toquetearle el pezón atrapándolo entre los dedos–. Pero tu cuerpo no puede mentirme.

–Oh, vaya... –Loki puso los ojos en blanco y dejó escapar un soplido para apartarse un mechón de pelo oscuro de la frente–. No sabía que eras un experto en mi cuerpo.

–Y no lo soy... aún –respondió el rubio, poniendo un énfasis especial en la última palabra. Si algo tenía claro es que nada podría impedir que terminara explorando cada rincón del cuerpo de Loki–. Pero tampoco necesito serlo para saber que te gusta. Solo hace falta ver lo duros que se te ponen los pezones cuando los toco un poco.

Loki separó los labios para replicar, pero terminó sin decir nada al darse cuenta de que su hermano tenía razón. No valía la pena continuar llevándole la contraria cuando los hechos eran tan evidentes; cada vez que Thor pasaba los dedos por aquella zona tan sensible, se le erizaba el vello de la nuca y sentía la imperiosa necesidad de pedirle que continuara.

El rubio se mordió el labio, tomándose el silencio de Loki como una victoria y una invitación a seguir con lo que hacía. Así pues, continuó acariciando el pecho de su hermano hasta que no pudo contenerse más y terminó inclinándose sobre él como atrapado por una fuerza gravitatoria. Aproximó la boca a la piel del otro y jadeó sobre uno de sus pezones antes de sacar la lengua y acariciarlo con ella. La reacción de Loki fue inmediata: se estremeció de pies a cabeza y dejó escapar una adorable exclamación de sorpresa.

–Thor...

–Eres tan dulce, Loki... Quiero comerte.

Thor utilizó la lengua para jugar con el pezón de Loki mientras se aseguraba de atender el otro con una de sus manos. Luego lo atrapó entre los labios, lo besó, succionó y volvió a lamer. Su hermano gimió y arqueó la espalda, así que el rubio aprovechó y coló un brazo entre su cuerpo y el colchón para abrazarlo antes de morder. Presionó el pezón con mucho cuidado, tomándolo entre los dientes, y Loki lloriqueó cerrando los ojos, con el rubor ya extendido por toda su cara. Thor volvió a darle un par de lametones como compensación y luego se separó para observarlo y deleitarse con su expresión.

–¿Vas a continuar diciendo que no te gusta...? –susurró con malicia, mirando a Loki tan de cerca que podría haberse ahogado en el océano esmeralda de sus ojos.

Loki jadeó de forma agitada, ya que el sentir la ardiente y húmeda lengua de su hermano sobre sus pezones le había robado el aliento. Negó con la cabeza y se arqueó de nuevo para pegarse totalmente a él, refregándose. Quiso sentir la piel de Thor, el calor de su cuerpo, pero la ropa que aún vestía se interponía entre ambos. Soltó un quejido de protesta y ladeó el rostro para pegar la boca a la áspera mejilla de Thor, donde dejó varios besos que podrían haber pasado por castos si sus ojos no chorrearan lujuria.

–Quítatela, Thor –pidió con una mezcla de capricho y ansia al mismo tiempo que conducía las manos a la camiseta del rubio y tiraba sutilmente de ella–. Quítatela...

Thor tragó saliva y dejó escapar un gruñido, claramente alterado por el comportamiento de Loki. Cerró los ojos para concentrarse en sus besos, disfrutando de la huella húmeda que sus suaves labios le dejaban en la mejilla, y luego sonrió.

–¿Estás seguro? –dijo solo para incordiar.

–No seas capullo, Thor. Tú aún estás vestido y yo llevo desnudo un rato –respondió Loki sin dejar de darle besos, acercando los labios a su oreja de forma peligrosa antes de susurrar–: Además, quiero que me acaricies con todo tu cuerpo...

El rubio gruñó una vez más y bajó la cabeza para darle un último mordisco a Loki antes de incorporarse. Llevó las manos a la parte más baja de su camiseta y tiró de ella hacia arriba para sacársela por la cabeza. El gesto hizo maravillas con su cuerpo: los perfectos músculos de su pecho y sus brazos se tensaron de forma casi pornográfica antes de que la prenda volara un par de metros y aterrizara sobre el escritorio. Loki se descubrió a si mismo con la mirada atrapada en la imagen que le regalaba el torso desnudo de su hermano. Durante un momento se sintió como una de aquellas pavas-mojabragas que babeaban cada vez que Thor se quitaba la camiseta en sus entrenamientos, pero luego descubrió que había mucha diferencia. Al fin y al cabo, él tenía al rubio encima de él, medio desnudo y con una colosal erección bajo los pantalones. Y sí, puede que Thor se hubiera acostado con muchas tías con más tetas que cabeza, pero a ellas nunca las querría tanto como lo quería a él. No importaba lo que hicieran aquellas zorras, podían desvivirse si querían, pero aún así nunca tendrían la auténtica atención de su hermano, porque era toda suya. Solo él podía hacerle perder la razón y conducir su parte más irracional.

–Hmm... –Loki alzó una mano y la condujo al pecho de Thor, colocándola sobre uno de sus duros pectorales. Luego sonrió y la deslizó sobre su piel, primero hacia arriba, por su cuello, y luego hacia abajo, para recorrer sus marcados abdominales. El rubio siguió sus movimientos con la mirada y se mordisqueó el labio al distinguir el deseo en los ojos ajenos.

–¿A mi pequeño hermanito le gusta lo que ve? –preguntó de forma orgullosa, susurrando.

Antes de responder, Loki apartó la mano de su cuerpo y se la llevó a la boca para lamerse los dedos, como si quisiera atrapar el sabor que la piel del otro había dejado impregnado en ellos. Thor lo devoró con la mirada mientras lo hacía, contemplando la forma en la que su lengua repasaba la longitud de sus dedos e imaginando lo bien que estaría verla lamer otro tipo de longitudes.

–Le gusta –admitió Loki y, sin ningún atisbo de vergüenza, añadió–: Pero le gustaría ver más...

Y no necesitó concretar lo que le gustaría ver, ya que su mirada bajó directamente hasta el bulto que se adivinaba entre las piernas de su hermano.

Se relamió al ver la tensa tela del pantalón. ¿Cuánto tiempo llevaba Thor así de duro? Debía reconocer que tenía mucho más aguante del que pensaba, que sabía controlarse bastante bien cuando quería.

–Estoy seguro de ello –dijo Thor, y su voz comenzó a sonar ronca de nuevo. Inspiró profundamente, provocando que su pecho volviera a tensarse y reclamara una vez más la atención de Loki–. Porque mi hermanito es una pequeña zorra.

Los labios de Loki se curvaron en una ladina sonrisa, pero antes de que pudiera replicar Thor rodeó su cuerpo con los brazos y lo obligó a incorporarse para que quedara arrodillado en el colchón, frente a él. Tiró de su cuerpo para hacer que ambos quedaran pegados, piel contra piel, y lo miró directamente a los ojos, aprovechando aquél par de centímetros que le sacaba para ganar en autoridad.

–Una pequeña zorra que se mete vibradores y se corre en los brazos de su hermano –gruñó, y luego ladeó la cabeza para hundirla en el cuello de Loki y comenzar a devorarlo. Atacó su piel sin miramientos, mordiendo, lamiendo y besando a placer. Saboreó la delicada piel del otro, que enrojecía bajo sus actos, mientras la polla continuaba palpitándole bajo los vaqueros.

El hecho de que Loki gimiera con cada una de sus atenciones no lo incitó a detenerse, así que terminó mordiéndole el lóbulo de la oreja, jadeando cálidamente contra su oído y abarcando toda su espalda con las manos para asegurarse de que no se alejara ni un centímetro. Lo tenía atrapado entre los brazos.

–¿Cuánto tiempo... vas a estar echándome en cara lo del vibrador...? –refunfuñó Loki en un quejido mientras se esforzaba para no retorcerse de placer al notar los pectorales de Thor contra su pecho.

El aludido ahogó una pequeña carcajada atrapando la piel de Loki entre los dientes.

–El que haga falta –respondió, y repasó la curva del cuello ajeno con la lengua antes de volver a mirar a su hermano con la misma fijeza de antes–. Además, no creo que pueda olvidarlo nunca...

–Bueno, creo que eso es algo que tenemos en común... –ronroneó Loki al mismo tiempo que recorría el pecho de Thor con las manos, volviendo a repasar su exquisita anatomía. Luego se acercó un poco más a él y sacó la lengua para lamerle la barbilla con lascivia, ganándose un excitado gruñido a cambio.

–No –Thor llevó una mano a su melena y volvió a tirar de sus oscuros mechones, obligándolo a apartar la cabeza. Loki siseó, pero no acusó dolor alguno–. ¿Aún no sabes lo que has hecho, verdad? –murmuró, y su profundo tono de voz estuvo a punto de hacer que el otro se estremeciera de pura excitación–. Esta vez te has pasado con tus travesuras, Loki. La has liado buena –la mano de libre de Thor bajó por la espalda ajena, dibujando su curva con la yema de los dedos antes de alcanzar una de las nalgas de su hermano. La tomó con fuerza y la estrechó de forma posesiva–. Desde que te vi empalándote con ese jodido aparato no puedo pensar en otra cosa que no sea tenerte así. Cuando estoy despierto quiero tocarte por todas partes, y cuando duermo sueño que lo hago –Thor le tiró un poco más fuerte del pelo para poder besar su cuello de forma húmeda–. Estoy totalmente obsesionado contigo, y creo que ya no deseo a nadie que no seas tú.

Loki jadeó un par de veces, mirando a Thor de hito en hito tras escuchar su repentina confesión. La verdad es que no era nada que no supiera ya, pero el hecho de que su hermano se hubiera atrevido a darle voz a aquél sentimiento hizo que su cuerpo terminara de encenderse, haciendo hervir su lívido. Sus endofinas se liberaron casi en tropel, regalándole una familiar y agradable euforia sexual.

–¿"Creo"...? –repitió Loki– ¿Así que solo lo crees...? –susurró como decepcionado, y se aseguró de que Thor estuviera mirando antes de bajar las pestañas y relamerse de la forma más lasciva que pudo–. Entonces me aseguraré de que quedes totalmente convencido, ¿hm?

Loki hundió las uñas en el pecho del rubio, arañándole la piel para marcarla del mismo modo que el otro había hecho con su cuello. Thor frunció un poco el ceño, pero no se quejó. De algún modo que no comprendía, fue capaz de encontrar placer en el escozor de los arañazos.

–¿No querías metérmela, Thor? –continuó murmurando Loki sin apartar la mirada de los ojos ajenos, hundiéndose en ellos para encontrar y destruír el último atisbo de cordura que pudiera encontrar–. ¿A qué estás esperando...?

Thor lo apretó más contra si, como si estuviera esperando una última palabra que terminara por detonar el momento. Loki sabía cuál era, y buscó los labios de su hermano antes de decirla para que las bocas de ambos se rozaran con cada sílaba pronunciada:

–Fóllame...

El aliento de Loki actuó como un afrodisíaco veneno sobre los labios de Thor, quien liberó un ronco jadeo antes de tomar a su hermano por la cintura para darle la vuelta y arrojarlo sobre el colchón sin demasiada delicadeza.

–Será un placer –murmuró, y se inclinó para besar y lamer cada centímetro de la estrecha espalda de Loki, que sonrió complacido contra la mullida colcha de su cama.

Las manos de Thor volaron hasta el trasero de su hermano. Tomó sus nalgas mientras su boca continuaba perdida en la delicada depresión que había entre los omóplatos ajenos. Las masajeó de forma más delicada que antes, estrechando aquella carne suave y firme entre los dedos, e intentó imaginar como sería restregar su erección contra ellas. Ante aquél pensamiento, su cadera se movió involuntariamente para frotarse contra Loki, que alzó el culo pidiendo más de aquellas caricias.

–A-allí.. –dijo de pronto, agitado, y utilizó una mano para señalar los cajones de su escritorio.

Thor separó la cabeza de su espalda para dirigir una vaga mirada hacia el lugar que le indicaba y gruñó con fastidio antes de hundir el rostro en su melena, perdiéndose una vez más en el adictivo aroma que emanaba.

–No me jodas, Loki... –susurró sin dejar de sobar sus nalgas con deseo, hundiéndole los dedos en la piel–. ¿Vas a obligarme a usar un condón?

Loki rió entre dientes ante el tono incordiado del rubio y giró la cabeza para mirarlo de reojo. Se mordió el labio al descubrir sus pupilas completamente dilatadas, pero logró controlar su excitación para explicar:

–No, pero necesitarás lubricante si quieres meterme eso que guardas bajo la ropa... –respondió, y suspiró placenteramente al sentir el aliento de Thor contra su nuca.

–Lubricante –repitió Thor de forma queda, volviendo a mirar hacia el escritorio–. Vale.

El rubio consiguió despegarse de Loki el tiempo justo para levantarse y rebuscar en los cajones, siguiendo las indicaciones del otro. Encontró el pequeño tubo de lubricante bajo el montón de folios y sonrió al notar que estaba casi vacío. Luego regresó a la cama y se arrodilló justo detrás de su hermano, obteniendo una vista privilegiada de la exquisita panorámica que ofrecía tumbado sobre la colcha, con la mirada encendida por el deseo y las nalgas enrojecidas por las caricias que él mismo le había dedicado.

Loki suspiró de nuevo, sintiendo que su cuerpo era invadido por la deliciosa mezcla de aturdimiento y lucidez que precedía al sexo. Cada centímetro de su piel parecía vibrar por el agradable cosquilleo que la expectación traía consigo. El deseo sexual era increíble, pero el hecho de saber que estaba a punto de ser saciado era incluso mejor, sobre todo teniendo en cuenta que había pasado días anhelando que Thor se hundiera en su cuerpo.

En cuanto sintió que el rubio se removía tras él para abrir el tubo de lubricante, Loki utilizó los codos para apoyarse en la cama arqueando un poco la espalda. Giró la cabeza para observar a su hermano mientras este presionaba la parte inferior del tubo y recogía con los dedos el suave contenido que se derramaba por el extremo. Se relamió cuando Thor estudió la textura del líquido transparente, frotándolo entre el índice y el pulgar, y luego sonrió de forma divertida sin poder evitarlo.

–¿Qué, es que nunca has usado lubricante? –preguntó alzando una ceja.

Thor negó con la cabeza y los dorados mechones de su melena se le derramaron sobre los hombros desnudos. La verdad era esa, que nunca había utilizado lubricante porque en realidad jamás lo había necesitado. Sin embargo, si aquello era lo que hacía falta para que Loki no sintiera dolor, lo usaría con gusto. En cualquier caso tampoco parecía tan desagradable; era suave y no estaba frío.

–Sé como hacer que una chica se moje para mi –respondió, dedicándole una mirada arrogante a Loki.

–Ya –el moreno chasqueó la lengua y dibujó un gesto burlón en su rostro–. Pues eso no te va a servir de nada estando conmigo, así que espero que te esmeres.

Thor torció los labios y volvió a mirar el lubricante que se le escurría entre los dedos, dejando un rastro brillante a su paso.

–Bueno, pero parece que tú sí lo has utilizado, ¿hm? –murmuró, mostrándole el tubo casi vacío para devolverle la provocación–. Y bastante... ¿Pasándotelo bien por las noches, hermanito?

Loki se encogió de hombros y sonrió con malicia, reacio a dejarse intimidar.

–Algo tenía que hacer para aprovechar el rato que estabas fuera de casa con alguna de tus putas –respondió sin más–. No ibas a ser el único que lo pasara bien.

El rubio esbozó una sonrisa, divertido por la respuesta, y condujo la mano a uno de los muslos de Loki. Acarició suavemente la piel que nacía justo bajo sus nalgas, manchándola de lubricante, y su hermano jadeó.

–¿Lo usas para meterte el vibrador? –quiso saber.

Loki se pasó la lengua por el filo de los dientes, tomándose unos segundos antes de responder.

–Y para meterme los dedos –dijo al fin, susurrando. No susurraba porque sintiera vergüenza, sino porque estaba contándole a Thor uno de sus secretos más sucios–. Tengo que abrirme con ellos antes de usar el vibrador.

–Abrirte... –la voz del rubio sonó más ronca que nunca. Los músculos de su vientre se tensaron, y el azul de sus ojos quedó empañado por un brillo oscuro. Su cerebro tuvo la amabilidad de dibujar la imagen de Loki penetrándose con los dedos, y aquello estuvo a punto de provocar que se corriera en los pantalones. De todas formas, sabía que ninguna creación de su mente podría acercarse ni remotamente a la realidad. Y no pensaba perderse algo así–. Loki, quiero que te abras.

La rotundidad de la petición hizo que Loki enrojeciera de nuevo. Entornó los ojos para decir algo, pero Thor se le adelantó: volvió a inclinarse hacia su cuerpo, cubriéndolo prácticamente por completo, y pegó la boca a uno de sus hombros.

–Enséñame como te abres –continuó pidiendo con el mismo tono de voz, hablando contra su piel–. Estira tu agujerito para mi polla, Loki.

Loki jadeó. Jadeó y tragó saliva, pero aquello no lo calmó en absoluto. Tuvo que cerrar los ojos un par de segundos e inspirar profundamente antes de terminar de asumir lo que Thor acababa de decirle. Parecía casi imposible que su hermano, siempre tan bueno y educado, fuera capaz de hablarle de aquél modo, sucio y vulgar. Era extraño, pero tremendamente excitante.

–Vamos... –insistió Thor, y alcanzó una de las manos de Loki para dejar en ella el tubo de lubricante al mismo tiempo que le marcaba el hombro con los dientes y empujaba su cuerpo contra el colchón usando la cadera–. Quiero verlo.

Luego se apartó, dejando a Loki ardiendo sobre la cama. Este observó el tuvo de lubricante que habían dejado en su mano y pensó que podría negarse a hacer lo que Thor le pedía... si quisiera. Pero el problema era que no quería. El problema era que estaba tan caliente que necesitaba tocarse, y la idea de hacerlo frente a su hermano solo le proporcionaba más ganas, más morbo. Joder, iría al maldito infierno de cabeza.

Loki jadeó una vez más antes de presionar el tubo y llenarse los dedos de lubricante. Luego clavó las rodillas en el colchón, alzó el trasero sin ningún tipo de pudor y condujo la mano directamente a sus nalgas. Acarició su propia entrada durante un par de segundos, humedeciéndola, pero no aguardó más de lo necesario antes de hundirse el dedo corazón hasta el fondo. Soltó un pequeño gemido, satisfecho al sentir algo dentro de él, y levantó un poco más el culo. Luego inspiró y comenzó a menear la muñeca en un pequeño y conocido vaivén, penetrándose con el dedo, sacándolo y metiéndolo lentamente mientras su respiración se volvía un poco más pesada.

Thor no se perdía detalle desde su estratégica posición. Había procurado mantenerse detrás de Loki, ya que así podía verlo todo con una claridad apabullante: la parte trasera de sus muslos, tensos por la posición; su espalda arqueada, su cabello revuelto, su rostro sonrojado y, por supuesto, su trasero. Se relamió mientras seguía el ritmo de las pequeñas penetraciones con la mirada, notando que todo el calor de su cuerpo se le concentraba entre las piernas. Ser testigo de aquella escena le proporcionaba un curioso placer, un tipo de excitación que nunca había experimentado antes. Era demasiado ver a Loki así, totalmente desnudo, exhibiéndose como si jamás hubiera conocido la vergüenza, metiéndose el dedo entre jadeos. Y cuando sus ojos verdes se alzaron para buscar su mirada, Thor fue plenamente consciente de ello: su hermano se estaba tocando para él. Se estaba exponiendo solo para que él lo viera, como si fuera un animal en celo que buscara llamar la atención. Y vaya si lo conseguía.

–Se nota que tienes práctica en esto, ¿hm? –murmuró Thor, solo porque adoraba aquella mezcla de pudor y lujuria que asomaba a los ojos de Loki cada vez que le hablaba de ese modo–. A saber la de veces que te has follado con los dedos mientras yo dormía al otro lado de la pared. ¿Es que no tienes vergüenza o qué...?

Loki lloriqueó y apartó la mirada de Thor para enterrar el rostro ente los pliegues de la colcha. Si no fuera porque estaba demasiado ocupado en otros asuntos, ya le habría dedicado algún insulto ingenioso.

–Mira cómo te abres... –continuó diciendo el rubio, inclinándose un poco más hacia delante. Acarició los muslos ajenos con las dos manos, notando que se estremecían bajo su tacto, y sonrió al percatarse de que Loki aceleraba el ritmo de la penetración–. Lo haces muy bien, Loki.

Thor sonrió con malicia y deslizó las manos hasta la cara interior de las piernas de su hermano. Luego las empujó hacia lados opuestos, provocando que Loki separara las rodillas y se abriera un poco de piernas.

–Así estás mucho mejor –dijo satisfecho, ganándose una afilada mirada del otro–. Y ahora métete otro.

Loki detuvo el vaivén de su mano durante un par de segundos. Pegó la mejilla a la superficie de la cama y miró fijamente a Thor.

–Pues quítate los pantalones –pidió a cambio.

–No –respondió Thor sin dejar de acariciarle la piel de las piernas–. Aún no. Paciencia, Loki.

Tras chasquear la lengua con evidente descontento, Loki soltó un nuevo lloriqueo.

–Pues no me tocaré más... –murmuró, aunque su tono de voz sonó ridículamente inseguro. Al fin y al cabo sabía perfectamente que no podía aguantar sin penetrarse. No a aquellas alturas. No con Thor tan cerca.

–Sí lo harás –contradijo Thor, usando una rotundidad tan firme que Loki lo habría echado de la cama si no fuera porque lo deseaba en ella con cada fibra de su ser.

El rubio subió la mano y alcanzó la entrada de Loki, en la que este aún tenía hundido su propio dedo. Sonrió al sentir el lubricante que chorreaba y acarició la zona con cuidado.

–Tu agujerito quiere más, ¿verdad? –susurró, y volvió a inclinarse sobre Loki antes de repetir con autoridad–: métete otro.

Loki dejó escapar un gruñido, pero obedeció sin más titubeos. Retiró el dedo que tenía dentro y volvió a hundirlo con cuidado, acompañándolo de un segundo. Gimió al sentir que su interior cedía un poco más, dilatándose alrededor de la intrusión. Cerró los ojos para disfrutar de aquella incomodidad que había aprendido a adorar, y luego comenzó a embestirse otra vez, metiendo y sacando los falanges de sus dedos cada vez más rápido. Jadeó entrecortadamente contra la colcha y la arrugó con su mano libre.

–Vaya... –Thor esbozó una ladina sonrisa, comiéndose a Loki con los ojos–. Parece que te encanta.

El moreno frunció el ceño, aunque Thor no supo decir si lo hizo por lo que había dicho o por el placer que le proporcionaba la penetración. En cualquier caso tampoco le importaba demasiado, ya que estaba demasiado atrapado en los movimientos que realizaba su hermano: Loki había comenzado a mover ligeramente la cadera. Era un balanceo casi imperceptible, pero que acompañaba de forma sincronizada la exploración que se realizaba con los dedos. Thor se percató de que su entrada parecía estrecharse alrededor de ellos, como si quisiera sentirlos aún más. Además, las penetraciones habían comenzado a emitir un sonido húmedo y obsceno que se entrelazaba con los suspiros de Loki e inundaba sus oídos.

–Otro –gruñó casi sin darse cuenta, deseando ver a Loki tan abierto, estirado y desesperado como el día del vibrador–. Quiero ver como te metes otro.

Loki gimió, parpadeó y negó con la cabeza.

–A-aún no... –susurró antes de arquear ligeramente la espalda, totalmente concentrado en el placer que él mismo se regalaba.

Las cejas de Thor se arquearon en un gesto de desagrado. Su hermano había estado tan obediente hasta el momento que la repentina negativa rompió sus esquemas.

–¿Cómo que no? –inquirió con voz profunda, perdiéndose en la expresión de Loki–. He dicho que te metas otro.

–Y yo he dicho... que no... –Loki tuvo que volver más lentas las penetraciones para poder hablar sin gemir entre las palabras. Luego torció los labios en una mueca maliciosa y, con un rencor envenenado, añadió–: Paciencia, Thor –si su hermano podía negarle algo tan simple como quitarse los pantalones, él podía pasar un rato más tocándose mientras Thor sufría con la polla atrapada bajo los vaqueros.

Los ojos del rubio, no obstante, se entornaron hasta transformarse en un par de rendijas azules. Observó fijamente a Loki, que gozaba y se removía a su lado, satisfecho de su propia maldad, y frunció el ceño.

–Ya he tenido bastante paciencia –gruñó, e hizo un rápido movimiento para ponerse sobre Loki, tomarle las manos y sujetárselas por encima de la cabeza, contra el colchón.

–¡T-Thor! –exclamó el menor, sorprendido. Intentó recuperar la movilidad en las manos, pero el agarre de su hermano era demasiado firme–. ¿Qué haces, idiota?

Lloriqueó casi sin darse cuenta. Thor le había obligado a sacarse los dedos, y ahora se sentía demasiado vacío. Giró la cabeza para dedicarle una mirada irritada, pero el rubio no pareció inmutarse.

–Hago lo que quiero –dijo sin más, como si fuera una respuesta evidente. Miró hacia abajo para observar a Loki y los costados de su rostro se cubrieron de mechones dorados–. Has dicho que eras mío, así que puedo hacer contigo lo que me venga en gana.

Loki se relamió para humedecerse los labios secos de tanto jadear. El pecho de Thor estaba prácticamente pegado a su espalda, podía sentir sus duros pectorales haciendo presión contra él. Además lo estaba obligando a mantener aquella postura, con los brazos forzadamente estirados sobre la cabeza y el trasero alzado sobre sus rodillas. Tenía la espalda tan arqueada que los músculos le daban pequeños tirones, aunque incluso eso le resultaba preocupantemente placentero.

–Yo... no... –gimoteó removiéndose de nuevo, rogando no por ser liberado, sino por ser atendido.

–¿Qué pasa, hm? –preguntó Thor de forma despreocupada antes de pasar la lengua por la nunca de Loki–. ¿Qué quieres...?

–Thor... –Loki pegó la mejilla a la colcha de la cama y cerró los ojos–. Por favor, Thor, por favor... –rogó. En otra situación jamás habría rogado de ese modo, pero había perdido el control de su cuerpo. Ahora, Thor era el que tenía ese control–. Ábreme más...

–Si me lo pides así...

Por suerte, Thor no continuó haciéndose de rogar. Al fin y al cabo él también sentía la fuerte necesidad de cumplir los deseos de Loki y saciar así el ansia de su propio cuerpo.

Tras asegurarse de que podría continuar sujetando las muñecas de su hermano con solo una mano, Thor condujo la otra hasta el delicioso trasero que tenía debajo de su cuerpo. Recorrió la hendidura de las nalgas con los dedos y esbozó una sonrisa al alcanzar la entrada de Loki, que estaba mucho más húmeda y abierta que antes. El moreno soltó un gemido de anticipación e intentó relajarse. Pese a que él se había tocado docenas de veces, sentir que era otro el que lo hacía sería una experiencia totalmente nueva. Por primera vez, no sería él quien controlara los dedos que lo penetrarían. No podría marcar el ritmo, no podría hacerlo de forma suave si lo necesitaba, no podría detenerlo. Pero lejos de disgustarle, aquella pérdida de control embriagaba sus sentidos.

–Hm, tienes un agujerito muy codicioso... –susurró Thor pasando la yema de los dedos alrededor de su entrada–. Aunque conociéndote, eso no es de extrañar...

–P-por favor... –volvió a rogar Loki, forzando su espalda para levantar un poco más el culo.

Thor le metió tres dedos a la vez, sin progresión. Loki dejó escapar un grito ahogado y se retorció bajo el cuerpo ajeno, sintiendo como su entrada se dilataba con brusquedad, intentando adaptarse a la nueva intrusión. Los dedos de su hermano eran más gruesos, menos considerados, más exigentes. Y, sin embargo, sentirse lleno de nuevo le proporcionó un placer incalculable que abrasó su cuerpo.

Su reacción pareció complacer al rubio, quien se mordió el labio antes de incorporarse ligeramente. Al principio no movió los dedos para concederle un pequeño margen a Loki, pero aquella pausa no se prolongó demasiado: al cabo de un instante ya estaba empujando un poco más, buscando explorar el interior de su hermano. Siseó excitado al notar la forma en la que Loki apretaba sus dedos mientras dejaba escapar pequeños jadeos.

–Eres tan estrecho, Loki... –murmuró Thor, sacando un poco los dedos para volver a enterrarlos después, metiéndoselos un poco más que antes–. Mucho más estrecho que una chica.

Loki gruñó y retorció las muñecas bajo el agarre de Thor, pero el rubio no cedió. Prefería mantenerlo en esa posición un poco más.

–Y tan suave...

La espalda de Loki se arqueó incluso más cuando los dedos de su hermano lo acariciaron desde dentro. Dejó escapar un gemido que terminó convirtiéndose en un quejido de placer. Estaba tan doblegado y expuesto que lo único que podía hacer era limitarse a sentir lo que le hacía el rubio e intentar no volverse loco en el proceso.

Thor comenzó a realizar un lento vaivén con los dedos, sacándolos y metiéndolos en Loki de forma coordinada pero cada vez más profunda. Conforme pasaban los segundos, el cuerpo de su hermano oponía menos resistencia, como si deseara ser tomado de aquella forma, como si se rindiera para él. Y los gemidos que comenzaron a aflorar entre los labios de Loki, cada vez con más frecuencia, delataban lo mucho que le gustaba.

–Pues tú... eres un poco lento, ¿no? –murmuró no obstante para fastidiar a Thor. Giró un poco la cabeza para mirarle y esbozó una sonrisa cargada de malicia–. Lo lamento por todas las chicas con las que te has acostado. Seguro que se quedaban dormidas antes de que-¡ah!

Loki sintió una pequeña punzada de dolor que nació en la parte baja de su espalda y se ramificó por su columna arqueada. Al principio no sabía lo que acababa de pasar, pero luego sintió aquél escozor hormigueante en una de sus nalgas y lo comprendió.

Thor acababa de azotarle. Le había dado un jodido azote.

No supo que llegó antes: la vergüenza, la ira o la excitación. Tal vez fuera todo a la vez, tal vez se hubieran mezclado para formar una especie de cóctel que le erizó la piel y le hizo jadear ruidosamente.

–T-Thor... –murmuró con morbosa consternación, aún sin creer lo que su hermano acababa de hacerle–. Qué demonios crees que estás haciendo, idio-¡hnn!

La respuesta a su insolencia fue un segundo azote, esta vez en la otra nalga. Thor aún tenía los tres dedos metidos dentro de él, así que tuvo que soltarle las muñecas para poder palmear su trasero.

–Pórtate bien, Loki –le advirtió en un susurro, dedicándole una intensa y estricta mirada.

El moreno hizo una rápida anotación mental: si quería fastidiar a Thor, tenía que atacar su orgullo sexual. Tal vez usara esa información más adelante, cuando le apeteciera pasárselo bien a costa de su hermano pero este no lo tuviera sometido. Por ahora, no obstante, se portaría bien y haría todo lo que se le pidiera, lo cual tampoco se le antojaba demasiado desagradable.

Aprovechando que ya no tenía las manos inmovilizadas, Loki se apoyó con ellas en el colchón, terminando así con la forzada posición de su espalda. Se quedó a cuatro en la cama y, a juzgar por la ladina sonrisa que cruzó el rostro de Thor, también estaba bastante deseable en aquella postura.

–Me portaré bien –prometió en un susurro, y se lamió los labios antes de echarse hacia delante y luego hacia atrás, penetrándose en los dedos de Thor con un ronroneo–. Me portaré muy bien...

Thor asintió y reanudó el movimiento de sus dedos en el interior de Loki mientras usaba la otra mano para acariciar sus nalgas, aquellas que él mismo había enrojecido con sus azotes. Le gustaba verlas de aquél color que tanto contrastaba con su habitual tono perlado.

–¿Ves? Cuando quieres puedes ser encantador.

Loki cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, concentrándose en las pequeñas corrientes eléctricas que lo atravesaban cuando el rubio le metía los dedos, golpeando, acariciando y frotando su interior. Él ya conocía dónde tenía que darse para provocarse placer, pero Thor no estaba familiarizado con su cuerpo y tenía que ir averiguándolo sobre la marcha. Cada vez que lograba encontrar uno de aquellos puntos tan sensibles, Loki tenía ganas de gritar de pura satisfacción. Al final, y sin poder contenerse, comenzó a mover la cadera para acompañar los movimientos de la mano de su hermano. Thor le acarició la espalda, encantado con su sumiso comportamiento, y decidió aumentar la intensidad de sus atenciones como premio.

Los dedos del rubio comenzaron a retorcerse, a flexionarse y a girar dentro de Loki, que tuvo que separar los labios para continuar respirando. Estrechó la colcha con las manos y continuó inclinándose hacia delante y hacia atrás, moviéndose sobre sus rodillas bajo la insaciable mirada de Thor, cuya respiración se había acelerado hacía ya un rato. Adoraba ver la forma en la que Loki se contoneaba y mecía para buscar sus dedos, para follarse con ellos sin pudor alguno. Le encantaba lo estirado que estaba quedando su agujero y la forma en la que el lubricante se deslizaba por sus muslos en forma de pequeñas gotas que centelleaban con la misma fuerza que su deseo.

Los gemidos volvieron a apoderarse de los labios de Loki, que los dejaba escapar libremente. Su voz sonaba aguda, entrecortada, y se quebraba cada vez que Thor separaba los dedos para abrirlo un poco más.

–Así, Loki... –susurró el rubio tras inclinarse sobre su espalda para hablarle cerca del oído–. Gime para mí. Gime como una gatita en celo.

Loki gimió más alto y miró a Thor con sus maravillosos y empañados ojos verdes.

–Dame... –lloriqueó de forma caprichosa–. D-dame... Dámela ya, Thor...

El rubio alzó una ceja y sonrió divertido. Tuvo que echar mano de todo su auto control para no arrancarse los pantalones y montar a Loki al instante. No obstante, se limitó a detener el movimiento de sus dedos.

–¿Estás seguro? –preguntó haciéndose el preocupado–. No sé si tu pequeño y estrecho agujerito está preparado.

Loki apretó los labios y asintió insistentemente.

–Sí lo está. Estoy preparado, Thor –le aseguró en un ronroneo, y levantó una mano del colchón para conducirla a los pantalones de su hermano y acariciar el bulto que se evidenciaba a través de la tela–. La quiero ya... por favor...

En cuanto la mano de Loki presionó su erección sobre la ropa, Thor dejó escapar un involuntario gemido. Él también lo quería ya. Lo necesitaba ya o estallaría.

Loki lloriqueó cuando Thor le sacó los dedos y volvió a quedarse vacío, pero esbozó una sonrisa de triunfo al ver que su hermano se apresuraba a desabrocharse el pantalón de forma nerviosa, como si fuera un adolescente primerizo. Observó atentamente como se bajaba la prenda en un par de tirones impacientes, arrastrando también aquellos apretados boxers que habían estado conteniendo su miembro. En un par de segundos el rubio estuvo totalmente desnudo detrás de él, mostrando cada centímetro de su exquisita anatomía, y Loki se relamió mientras disfrutaba de la imagen.

Hacía mucho tiempo que no lo veía así, sin una sola prenda. Ni siquiera se había desnudado del todo la noche del vibrador. Cuando eran niños no tenían ningún prejuicio con ese tipo de cosas -de hecho, Loki siempre recordaría a aquél Thor de nueve años que corría desnudo por la casa mientras Frigga iba detrás, suplicándole que se pusiera algo encima antes de que pillara un resfriado-, pero conforme pasó el tiempo fueron ganando algo de intimidad en ese aspecto. Y aquello era lo normal, ¿no? Aunque ahora mismo, para ellos lo normal era estar desnudos en la misma cama.

Era cierto que hubo veces en las que Loki no pudo contener las ganas de asomarse a través de la rendija de la puerta del baño cuando Thor estaba en la ducha. Ni siquiera sabía por qué lo hacía, pero al final terminó convirtiéndose en una secreta costumbre. En cualquier caso, espiar a Thor a través de la empañada mampara de la ducha no era algo comparable a tenerlo desnudo allí, frente a él, para él. Y, por supuesto, aprovechó la oportunidad realizando un detallado escrutinio de su cuerpo.

Tras deslizar la mirada por su vientre duro, su cadera estrecha y sus musculados muslos, cubiertos de una fina capa de bello rubio, la atención de Loki se vio irremediablemente atraída por aquél miembro duro y grueso que se alzaba reclamando atención. El extremo se adivinaba húmedo, listo para la acción, y el menor de los Odinson tragó saliva al pensar que tendría que acogerlo en su interior. La noche del vibrador ya había comprobado lo grande que era su hermano, pero masturbarlo no era lo mismo que empalarse con él. En cualquier caso, su tamaño no lo inquietó, sino más bien al contrario: despertó su deseo, el hambre de sentirlo dentro, las ganas de que lo partiera en dos.

–Ven aquí... –murmuró Thor, su voz ronca como un trueno. Llevó las manos a la cintura de Loki y tiró cuidadosa pero firmemente de él, acercando su trasero a su propia entrepierna.

Loki gimió cuando la erección de su hermano se encontró con sus nalgas. Thor se las separó con un jadeo y restregó su polla contra ellas de forma necesitada, sintiéndolas tersas e increíblemente suaves. El moreno volvió a gemir y curvó un poco la espalda, alzando el culo e invitando al otro a follárselo de una vez.

Captando la indirecta, Thor tomó la base de su erección con una mano y buscó la entrada de Loki con la punta. Luego echó la cadera hacia delante, despacio, y gruñó de placer al sentir que los apretados músculos de su hermano cedían para él.

–J-joder... –gimoteó Loki, dejando caer la cabeza hacia delante y esforzándose por mantenerse a cuatro sobe el colchón. La polla de Thor era más grande que su vibrador, y también estaba mucho más caliente y mojada. Pese a que ya estaba dilatado, la gruesa cabeza lo estiraba aún más, abriéndose paso hacia su interior, llenándolo por completo, regalándole un placentero ardor que se extendía por todas sus piernas.

–¿Te duele? –preguntó Thor entre un par de jadeos antes de inclinarse y dale un par de besos en la espalda–. Puedo ir más despacio...

–No –el moreno negó con la cabeza y respiró profundamente, intentando acostumbrarse al duro intruso que le obligaba a abrirse–. Me gusta-ah- así... continúa.

Thor sonrió y continuó hundiéndose en Loki, manteniendo una mano en su cadera para asegurarse de que no se moviera y utilizando la otra para apoyarse en el colchón y permanecer inclinado. Apoyó la frente entre los omóplatos de su hermano y dejó escapar un ronco gemido de placer. Loki era incluso más estrecho de lo que había imaginado al meterle los dedos; sus ardientes paredes lo apretaban como si quisieran volverle loco, pero él estaba lo suficientemente duro como para hacerlas ceder con su insistente empuje.

Y entonces llegó al final. Se había metido por completo, Loki lo había tomado hasta la base. Estaba completamente rodeado de aquél estrecho calor que comenzaba a adorar.

–Mierda, Loki... eres perfecto –susurró contra la piel ajena, regando su cálido aliento sobre ella–. La tienes toda dentro, es... joder.

Sí, joder. Loki se sentía tan relleno de polla que no podía ni articular una sola palabra, solo jadear incoherencias. Notaba cada maldito centímetro de Thor dentro de él, palpitando, goteando, duro y blando a la vez.

–¿Estás... estás bien? –quiso saber Thor. Por muchas ganas que tuviera de comenzar a embestir aquél delicioso agujero, no lo haría hasta asegurarse de que su hermano estaba preparado.

Loki se mordió el labio y asintió antes de abrir los ojos.

–Sí, estoy bien –susurró despacio–. M-me encanta, Thor, estoy tan... lleno...

Thor volvió a besar su espalda, regalándole también varios lametones que ascendieron hasta su hombro.

–Eres un buen chico –elogió antes de darle un suave mordisco. Luego hundió la nariz en su cuello y acarició el lóbulo de su oreja con los labios–. Pero ahora te voy a follar muy fuerte, ¿vale? Y te dejaré tan abierto que ningún vibrador podrá satisfacerte jamás. Solo yo.

Aquellas palabras hicieron que Loki se estremeciera de pies a cabeza. Gimió por pura excitación y estrechó la colcha entre los dedos hasta que los nudillos se le volvieron blancos.

–Solo tú, Thor, solo tú –siseó atropelladamente, deseando que el otro cumpliera sus palabras.

Y por supuesto que lo hizo. Se aferró su cintura, esta vez con las dos manos, y retiró su miembro para volverlo a meter de una sola y rápida estocada, provocando que Loki gritara su nombre. Luego lo hizo otra vez, y otra, y otra, dejando que su hermano gimiera y gritara descontrolado bajo su cuerpo. Comenzó a follárselo rápido, duro, sin consideración, tal como le había prometido. Su polla era un ariete que arremetía con fuerza, marcando como suyo todo lo que alcanzaba. Estaba totalmente entregado al placer que le nublaba la mente y que le era regalado por el delicado y suave cuerpo de Loki.

Pero su hermano menor no estaba en mejores condiciones.

Loki había vuelto a cerrar los ojos con fuerza. Las pocas veces que los abría conseguía una visión nublada y, pese a que tenía la garganta seca, no podía dejar de gemir. Aquello era incluso mejor de lo que había imaginado. Thor era incluso más intenso de lo que cabía esperar; lo arrasaba por dentro, le prendía llamas a su cuerpo. Le proporcionaba tanto placer que Loki pensó que no podría soportarlo. Los brazos habían comenzado a temblarle, y si sus rodillas no habían cedido aún era porque su hermano continuaba sujetándolo por la cadera, hundiéndole los dedos en la piel. Estaba seguro de que le dejaría marcas, pero no le importaba. De hecho lo prefería así. Prefería que todo su cuerpo quedara marcado, que los actos de Thor quedaran tatuados en su piel como un recuerdo de aquél perfecto y extasiante momento.

–¡T-thor! N-¡ah!... –incapaz de aguantar más, Loki se derrumbó sobre sus brazos, pegando el pecho a la cama y hundiendo el rostro enrojecido entre los pliegues de la colcha. Allí lloriqueó de placer porque Thor parecía llegar incluso más adentro en esa postura.

El rubio dejó de sujetarlo por la cintura, ya que prefirió llevar las manos al colchón y agarrarse a él para seguir embistiendo contra el culo de Loki, que continuaba antojándosele tan estrecho y caliente como al principio. Comenzó a tomarlo de forma salvaje, haciendo que la cama emitiera chirridos que se mezclaron con sus gruñidos y jadeos. Luego se inclinó sobre su hermano, lo agarró del pelo con una mano y le obligó a girar la cabeza, porque no estaba dispuesto a perderse aquella exquisita expresión de placer que tenía el el rostro.

–Mi pequeña zorrita... –murmuró agitado sin dejar de hundirse en él–. Estás preciosa así... estás preciosa mientras te follo.

Loki gritó y arañó la colcha, totalmente sometido por las obscenas palabras de su hermano. Y entonces, Thor decidió cambiar de postura para poder devorar cada una de sus reacciones: salió de Loki a penas un momento lo suficientemente largo como para sentarse en la cama de rodillas e indicarle al otro que se dejara car sobre su regazo.

El moreno obedeció al instante, desesperado por alcanzar el éxtasis con Thor en su interior. Puso las manos sobre los hombros de su hermano y se dejó caer sobre su erección, acogiéndola de nuevo con un gemido. El rubio sonrió, satisfecho, y tomó a Loki por la cadera para hacer que subiera y bajara sobre su polla, que palpitaba cercana al orgasmo.

En aquella ocasión, y al tener el rostro de Loki justo frente al suyo, Thor tuvo el privilegio de contemplar cada gesto de sus facciones. Se fijó en la forma en la que curvaba las cejas, en sus ojos vidriosos y en el modo en el que se mordía el labio. Todo en él denotaba que estaba sintiendo un placer extraordinario, y el rubio se sintió orgulloso por ello. Mientras permitía que Loki continuara empalándose una y otra vez, bajando y subiendo la cadera en un maravilloso contoneo, inclinó la cabeza para besarle el cuello con devoción, probando su sabor una vez más. Aquello pareció ser el punto culminante para su hermano menor, ya que arqueó la espalda, echó la cabeza hacia atrás y se corrió con un grito en el que le pareció distinguir su nombre.

Thor sintió la humedad del orgasmo de Loki derramándose contra su vientre, pero no le importó. El interior de su hermano se contrajo varias veces a su alrededor, estrechando su miembro como si le rogara que alcanzara el éxtasis con él. Y entonces Thor explotó, se dejó arrastrar por el placer que sacudía su cuerpo vertiéndose a borbotones en lo más profundo de Loki mientras su garganta se desgarraba con un pequeño rugido.

Y luego llegó la calma, la sensación de una felicidad confusa pero totalmente plena.

Loki apoyó su cuerpo contra Thor, hundiendo la cabeza en su cuello mientras jadeaba intentando recuperar el aliento que le había robado el orgasmo. Se sentía entumecido y relajado, aunque también ardiente. Notaba que su hermano aún estaba dentro de él, y que la esencia con la que lo había llenado comenzaba a derramarse por sus muslos. Había sido marcado de la forma más deliciosa posible.

Thor continuó de rodillas sobre el colchón, permitiendo que el otro se apoyara y descansara en su pecho. Recorrió la espalda de Loki con las manos, acariciándola con cariño, y apoyó una mejilla en su cabeza para cerrar los ojos y respirar profundamente, tanto para relajarse como para embriagarse del olor a sexo que reinaba en la habitación.

Permanecieron así, abrazados y jadeantes, durante un tiempo que ninguno de los dos habría sabido concretar. Y al final, cuando el pulso de ambos hubo alcanzado un ritmo relativamente normal, Thor curvó los labios en una pequeñas sonrisa y dejó un beso sobre el cabello oscuro y revuelto de su hermano.

–La tengo –susurró sin dejar de sonreír. Sentía la garganta algo resentida después del sexo, pero aquello no le impidió aportarle un tinte malicioso a su voz.

Loki se removió como adormilado y apartó la cabeza del hombro del rubio para poder mirarlo de reojo, con curiosidad.

–¿El qué? –preguntó arrastrando las palabras.

Thor le acarició el pelo y se relamió antes de responder:

–Tu virginidad.

Las pestañas de Loki se agitaron en un confuso parpadeo que pasó a transformarse en un ceño fruncido tras el que se ocultaba una sonrisa.

–Eres idiota, rubia –murmuró vagamente antes de volver a apoyar la cabeza en el pecho ajeno. Pensó que más tarde podría vengarse de Thor, pero no en aquél momento. En aquél momento solo quería sentirlo cerca, continuar disfrutando de su presencia.

Volvieron a pasar unos minutos de silencio que Loki pasó abrazado a Thor mientras este le acariciaba la espalda con la yema de los dedos, regalándole una relajante satisfacción que consiguió adormecerlo un poco más. Sin embargo, esta vez fue él quien terminó rompiendo el tranquilo momento.

–Thor... –susurró con los ojos cerrados.

–¿Hm?

–¿Por qué no nos hemos besado?

El rubio alzó una ceja, sorprendido por la pregunta. Separó los labios para dar una respuesta, pero se percató de que no tenía ninguna. ¿Por qué no había besado a Loki? Desde luego no había sido porque no le apeteciera... tal vez era porque se había centrado demasiado en el hecho de tirárselo, como si una parte de él continuara pensando que lo hizo como una especie de favor para Loki. Los besos eran algo íntimo, más sentimental, un acto entre parejas. Aunque viéndolo de aquél modo aún le parecía más ridículo no haber tomado ya los labios de su hermano.

Thor tomó a Loki por los hombros y lo apartó suavemente de su cuerpo, lo suficiente como para poder contemplarlo de cerca. Quiso mirarlo directamente a los ojos, pero antes de eso se fijó en las marcas rojizas que él mismo le había hecho en el cuello, así como en los mordiscos que marcaban el contorno de sus pezones. Su mente dibujó una horrible realidad alternativa en la que Loki llegaba así una noche, pero marcado por otro. ¿Qué habría hecho Thor entonces? ¿Qué habría hecho si su hermanito se hubiera entregado a otra persona y no a él?

–¿Thor...? –la voz de Loki, que aún esperaba una respuesta, interrumpió aquellos nefastos pensamientos y lo trajo de vuelta a la realidad, donde él era el único responsable de las ronchas que se extendían por su piel de nácar.

–No me has dado permiso para besarte –respondió el rubio sacando la respuesta de la nada–. Me dijiste que podía hacerte el amor, pero no mencionaste nada más.

Esta vez fue Loki quien alzó una ceja, aunque lo que le extrañó no fue la respuesta en si, sino el hecho de que Thor hubiera dejado de usar la palabra "follar" para reemplazarla por algo tan suave y cursi como "hacer el amor". En cualquier caso no le sonó desagradable, incluso se sintió satisfecho de aquél cambio.

–Tampoco te di permiso para azotarme –replicó divertido al recordar el momento–. Pero lo has hecho igual, ¿no?

–Pero te lo merecías –Thor sonrió de forma cómplice y deslizó la mano por los lados de Loki, acariciando su contorno.

–Oh –Loki se relamió y subió las manos para ponerlas sobre los pectorales de su hermano antes de torcer los labios en una mueca inocente–. ¿Y no me merezco un beso?

A penas le dio tiempo de terminar la pregunta antes de que Thor atrapara sus labios con los propios. El contacto comenzó de forma suave, como si fuera una sucesión de caricias más que un beso propiamente dicho, pero luego el rubio hizo una pequeña presión con la lengua y le obligó a abrir la boca para invadirla de forma lenta pero segura, como si ya le perteneciera.

A diferencia de en las penetraciones, Loki sí tenía mucha experiencia con los besos. De hecho era lo suficientemente arrogante como para considerarse casi un experto en la materia, y no titubeó antes de demostrárselo a Thor. Se encargó de volver el beso más profundo, de tentar la lengua de su hermano antes de castigarla con pequeños mordiscos y unirse a ella en un húmedo baile que le aceleró el pulso de nuevo.

Cuando se separaron ya estaban jadeando otra vez.

–La próxima vez que te haga el amor pienso estar besándote durante cada segundo –susurró Thor más que encantado con la experiencia.

Los enrojecidos labios de Loki trazaron una curva, formando así una sonrisa ladina.

–¿Así que crees que habrá una próxima vez, hermanito?

Como toda respuesta, Thor lo empujó para que cayera sobre la colcha y buscó sus labios de nuevo.


Y fin. He querido que terminara así, como abierto -igual que Loki (?)-, porque pensé que era lo mejor. Tampoco he podido evitar añadirle ese toque gayer-cursi al final, las que me conozcáis sabéis que me va mucho ese rollo.

Bueno, antes de despedirme quiero dar las gracias a la gente que se molestó en seguir la mini-historia, añadirla a sus favoritos y dejar comentarios. Este ha sido el último capítulo, así que espero las opiniones y veredictos finales, tanto si son para bien como para mal, ya lo sabéis. Para mi ha sido el primer texto con tan alto grado pornográfico, y aunque me lo he pasado muy bien escribiéndolo también he tenido dudas y complicaciones al escribir según que partes. En cualquier caso repito lo que dije arriba: espero que no os haya decepcionado.

¡Un abrazo enorme y nos leemos en la próxima!