Hola. De nuevo vengo por estos lares y además con un nuevo capítulo. Y aparece Barbossa ¡Yay! Este me salió mucho más corto en comparación que los demás :( Y estoy planteándome seriamente poner faltas de ortografía aposta para tener algún review, pero mi conciencia me lo impide. Espero que os guste.


Era un hombre de pelo y barba castaña, de ojos azules oscuros y su córnea también estaba amarillenta como el pirata gordo. Tenía un sombrero grande con plumas de avestruz de color azul. Vestía con ropa refinada y un mono pequeño, vestido con camisa y chaleco, reposaba en su hombro izquierdo.

El hombre que anteriormente me había pegado, afirmó y bajó la mano.

—"Aceptad mis disculpas"—se excusó el hombre, mirándome de arriba abajo, sonriente.

—"Capitán Barbossa, he venido a negociar el cese de las hostilidades contra Port Royal"—expliqué dando un paso y con la voz firme y segura.

—"Cuanta palabrería, señorita. Solo somos unos honrados piratas"—Contestó con sorna, el capitán—".Decidme, ¿qué deseáis?"

—"Quiero que os vayáis y no volváis nunca"—Contesté con la voz más segura y firme que pude aparentar. Pues, en verdad estaba temblando de miedo. Ya que me habían traído a un navío, todo lleno de hombres, no precisamente gentiles, y la gran mayoría de ellos me miraban con lasciva. Los piratas rieron.

—"No me encuentro en disposición de contentaros"—Miré al capitán confundida—."O sea no"—aclaró él.

Si él no estaba dispuesto a cooperar, yo no iba dar a mi brazo a torcer. Pues, yo tenía lo que más ansiaban en mis manos, el medallón pirata. Me lo quité y me acerqué a estribor, a la barandilla y sostuve el medallón en el aire. Ellos me miraron nerviosos, acercándose a mí.

—"Lo tiraré"—Amenacé, mirándoles con coraje y expectantes a su reacción.

—"Las bodegas están a reventar de botines, ¿por qué nos iba a importar un poco… de oro?"—preguntó el capitán mirándoles, sonriente. Se giró y me miró con ojos desafiantes e intentando engañarme. Les miré confundida, ¿a caso eso no es lo que estaban buscando?

—"Es lo que andabais buscando. Reconozco este navío, yo lo vi hace ocho años cuando vine de Inglaterra."

El capitán me preguntó si estaba segura. Si ellos querían jugar, yo no me iba a quedar atrás. No podía permitirme que estos rufianes destruyesen mi hogar y que se fueran de rositas. Sonreí, ya veo cuanto le importan estos piratas el medallón.

—"Entonces, si carece de valor, no tiene sentido que lo guarde"—Pregunté con altanería, soltando un poco el medallón hasta agarrarlo por la cadena. Mientras, la joya hacía movimientos pendulantes, a metros del agua marina. Los piratas se abalanzaron hacia mí. Y volví a sonreír.

—"¡No!"—Gritó el capitán. Se acercó y se rió entre dientes. Tomé entre mis manos al medallón, pues era el objeto clave de mi ruta de escape, algo recelosa, no fuera que el capitán me lo quitase —. "Vuestro nombre, señorita"—Ordenó con una sonrisa.

—Elisabeth…Turner—No entendí por qué de mis labios se escaparon ese apellido. Tal vez porque en mi fuero interno, no quería que Will fuese un pirata o tal vez recordé lo que me dijo Anna, que querían secuestrar a la hija del gobernador. —"Soy doncella en la casa del gobernador"—Mentí de nueva, para que esta fuera más verídica.

El capitán se giró hacia sus camaradas, y pronunció "mi" apellido, entre asombrado y divertido, no supe realmente por qué reaccionó así. Los demás piratas asintieron sonrientes y se miraron entre ellos alegres, aunque como si ocultasen algún secreto El capitán se giró y me preguntó cómo había obtenido se medallón, le contesté azorada que por supuesto que no lo había robado. Le miré desconfiada.

—"Muy bien. Si nos lo entregáis daremos vuelta al timón… para no volver"—explicó tendiendo su mano derecha. Aunque en sus palabras me pareció que había gato encerrado, le di el medallón. El capitán Barbossa se lo entregó al mono que llevaba en su hombro y este desapareció entre el velamen.

—"Ahora vos"—Le exigí.

Se dio media vuelta y alzó la cabeza hacia el hombre negro, como dando la orden. Este mandó a los demás rufianes que pararan el fuego. En ese momento caí. No me iban a dejar en tierra. Mi corazón de nuevo comenzó a palpitar desbocadamente, me iban a dejar aquí. Con estos rufianes. Una parte de mí, en mi cabeza, se oyó una vocecita que dijo algo sobre aventuras piratas, pero me obligué a mí misma callarla. No era momento para eso. Me acerqué al capitán con grandes zancadas ya que este seguía andando hacia el timón.

—"¡Esperad! ¡Tenéis que llevarme a tierra! Según el código de la Orden de los hermanos…"

—"¡Primero!"—El capitán se dio bruscamente la vuelta para encararme—"Vuestro regreso a tierra no constaba en nuestro acuerdo, a si que, no debo hacer nada al respecto. ¡Segundo! Para aplicar el código de los piratas hay que ser un pirata y no lo sois. ¡Y tercero! El código consiste en unas directrices, muy autenticas reglas—Enumeró el pirata. De repente sentí como mi alma se me cayó a los pies, no podía ser. Había hecho un trato con un pirata y confié en que no me engañaría. —Bienvenida a bordo de La Perla Negra, señorita Turner. —Me miró y alzó las cejas.

De repente sentí como me agarraban de los brazos. Miré a ambos lado. Eran los piratas que me habían traído aquí: el flacucho del ojo de madera y el gordo calvo. Me llevaron y me metieron en una habitación a oscuras y cerraron las puertas. Me quedé debajo de una mesa, sentada, rodeando mis rodillas con mis brazos. Hundí mi cabeza en mis rodillas y en ese momento numerosas lágrimas comenzaron a desbordarse de mis ojos.