¡Hola! ¿Qué tal están? Hoy os traigo un nuevo capítulo, es uno de los más largos del fic. Espero que os guste.
De repente sentí como una mano húmeda y fría me tapaba la boca. Abrí los ojos asustada y me encontré con unos ojos marrones que me eran sumamente familiares. ¡Will! Hizo un gesto para que le siguiera, miré a la derecha. A mi lado estaba el medallón de oro. Lo cogí y seguí a Will. Nadamos hacia un lado de la cueva y sigilosamente salimos de la cámara donde se hallaban los piratas. Todos ellos estaban concentrados en el capitán y no nos vieron. Salimos de la cueva y nos encontramos con los botes. Él se montó en un bote, pero le dije que se esperase, si dejábamos aquí todos los botes nos podrían seguir. Tuve una brillante idea. Cogimos los remos e hicimos un sendero en forma de fila, un remo delante de otro para llegar en el barco donde había venido el herrero y así los piratas no nos podían seguir y no podrían salir de la isla. Así lo hicimos. Era muy complicado nadar con el vestido puesto, la tela se me enredaba en las piernas, pero gracias a la ayuda de Will pudimos llegar al barco.
Cuando llegamos nos echaron una escalerilla por donde subir. Al entrar me encontré con un grupo de hombres no muy limpios y una mujer. La verdad es que me esperaba que Will hubiese venido con la marina. Me sentí un poco decepcionada, no por estos hombres, sino por la marina. Porque si estos marineros me habían logrado encontrar, ¿por qué la marina no? Sé que padre estará como un loco haciendo todo lo posible por hallarme, pero de Norrington, pensé que el recién nombrado comodoro sería un poco más eficiente. Entre las caras de los marineros vi una conocida. Espera… ¡También eran piratas!
—"Bienvenida a bordo señorita Elizabeth"—Saludó un hombre rechoncho y con barba canosa.
¿Joshamee Gibbs? Su aspecto no había mejorado para nada, sino que había empeorado. ¡Y se había hecho pirata!
—"¿Señor Gibbs?"
El señor Gibbs le preguntó a Will donde estaba un tal Jack. ¿Jack? Ese no era el pirata que me salvó la vida hace un par de días. La verdad es que no estaba segura cuantos días habían pasado desde ese incidente. ¿ Jack Sparrow venía con ellos? ¿Will ha viajado con piratas para buscarme con lo que él odia a los piratas? Al final ese Sparrow puede que sea un buen hombre… si es el mismo hombre que estoy pensando. Se lo pregunté a mi mejor amigo para verificarlo.
—"Se ha quedado atrás"—Respondió Will andando hacia delante.
Me llevó a la bodega, donde había una mesa y un par de sillas. Cuando vio el corte que tenía en la mano me trajo una venda, para que pudiera curar el corte. Will me contó todo su viaje y además que ese pirata, Jack Sparrow, había intentado venderlo a Barbossa. Al final no era tan buen hombre como podía haber pensado. Estaba vendándome la mano, pero me resultaba una tarea un poco complicada.
—"¿Quién comercia con la vida de un pirata por un barco?"—Me pregunté a mí misma enfadada.
—"Un pirata"—Respondió él con un susurro mirando cómo me vendaba la mano—."Espera"—dijo cogiéndome de las manos—."Permitidme."
Quitó la venda que yo había colocado y comenzó a vendarme él. A decir verdad lo hacía muy bien. Seguro que como practicaba tanto con la espada más de alguna vez se había cortado y ha tenido vendar las heridas. Le di las gracias, ligeramente obnubilada por sus movimientos.
—"A sí que le dijisteis a Barbossa que mi apellido era el vuestro… ¿Por qué?"—Me preguntó mirándome a los ojos.
No podía mentirle y menos a él. Sin embargo; no estaba segura por qué lo había hecho. Una parte de mí quiso protegerlo, otra parte fue un impulso por conocer piratas y vivir aventuras, otra porque simplemente fue el primer apellido que me salió por pensar en él o porque al fin y al cabo tenía una supuesta relación con los piratas, que ahora. el mismo Barbossa, me lo había confirmado. No obstante, mi corazón en parte estaba emocionado porque la persona a quien amaba era un pirata, pero por otro lado, quería que no lo fuera. Porque si no jamás podría estar junto a él.
—"No lo sé."
Él apretó la lazada y a consecuencia me apretó la herida y me hizo daño. Atraje a mí mi propia mano y él se asustó. Se disculpó y dijo que tenía las manos ásperas a causa de ser un herrero.
—"No… Bueno, sí, lo son. Pero…"
En ese momento me di cuenta que había hecho lo que hacía de pequeña, decir las cosas tal y como son. Sin darme cuenta la consecuencia que tuvieran en las personas. Padre me regañaba muchas veces por hacer aquello. Mordí los carrillos de mi boca. Serás tonta Elizabeth. Él hizo un nudo y acarició mi mano. Padre jamás nos dejaría estar tan juntos, uno del otro y hablar de esta manera tan amistosa. Cuando llegue a Port Royal todo se habrá acabado y con esto también las conversaciones que podré tener con Will durante el viaje en barco.
—"No… no pares…"—Aunque en ocasiones viene bien.
Le miré a la cara y el levantó el rostro y así le pude mirar a los ojos. Se acercó a mí y yo a él. Mi corazón latía muy rápido y tenía unas hormiguitas en la boca del estómago. Alzó la mano para acariciarme la mejilla y cuando estábamos a unos centímetros pronunció mi nombre en un susurro. Me eché levemente hacia atrás. Tomé su mano y la pasé desde mi cuello a mi pecho, justamente donde se encontraba el medallón. Su medallón. Lo tomé y se lo enseñé.
—"Es tuyo"— Le dije en un susurro. Will lo tomó con una mano. Y de un tirón me lo quité.
—"Creía que lo perdí el día que me rescataron. Era un regalo de mi padre. Él me lo envió."—Vi como en sus ojos marrones había una luz cálida de añoranza. En ese momento me sentí culpable, él sabía la existencia de dicho medallón y yo se lo robé—." ¿Por qué lo cogisteis?"
En ese momento, el nudo de mi garganta volvió a formarse, sentí una punzada en mi pecho, en mi corazón y como inevitablemente las lágrimas inundaban mis ojos.
—"Porque temí que fueras un pirata"—Contesté con la voz quebrada y temblorosa—."Habría sido horrible."
—"No necesitaban vuestra sangre...Si no la de mi padre… Mi sangre—Susurró al darse cuenta de la verdad, apretó el medallón en su mano—. "La sangre de un pirata."
—"Cuanto lo siento. Por favor, perdóname."—Le supliqué de nuevo con la voz trémula.
Dio un puñetazo contra el suelo, no sabía si estaba decepcionado, enfadado, triste. Pero yo me sentía muy mal, mi corazón estaba encogido sobre sí mismo. Me levanté y subí las escaleras, no podía verle así. Cuando salí el cielo estaba cubierto por algunas nubes, pero se podía ver un cielo azul. Miré como los hombres trabajaban y como la mujer de piel oscura daba órdenes a los piratas. Me acerqué a Gibbs para preguntarle cómo había pasado estos ocho años o si necesitaban alguna ayuda que yo pudiese realizar. Pero vi que había mucho más movimiento de lo que yo había imaginado. Le pregunté a la mujer que estaba ocurriendo y respondió que La Perla Negra nos estaba siguiendo y que en breves nos alcanzaría. Me asomé por estribor agarrándome a una de las cuerdas.
En efecto un barco de velas negras nos seguía de cerca, detrás de él había una nube de niebla. Me pregunté si eso sería a causa de la maldición. Subí las escaleras hasta llegar donde estaba el señor Gibbs.
—"Pero si esta es la nave más rápida del Caribe"—expuse sorprendida.
—"Explícaselo cuando nos hayan cogido"—Respondió la mujer que estaba al timón.
Miré hacia el barco, y de pronto se me ocurrió una idea.
—"Nuestro calado es menos profundo, ¿verdad?—Pregunté. De algo tienen que haberme servido todos los libros que me leí sobre piratas y barcos. La mujer asintió sin saber en lo que estaba pensando —. "Podríamos intentar perderlos en aquellos bancos de arena"—sugerí señalando hacia adelante.
—"No necesitamos mucha ventaja. Solo la necesaria"—dijo el señor Gibbs esperanzado.
La mujer ordenó que nos deshiciésemos de todo lo prescindible para poder ser más veloces. Los hombres cogían cajas y toneles y los tiraban por la borda. Miré hacia atrás. La Perla estaba más cerca.
—"Ha sido una buena idea, hasta ahora."—dijo la mujer.
—"¡Gibbs!"—Llamó una voz conocida, era Will—. "Hay que oponer resistencia. ¡Debemos pelear! ¡Cargar la artillería!"
La mujer preguntó que con qué podían cargar los cañones, pues muchas cosas de las que habían arrojado al mar eran las bolas de cañón. El herrero sugirió que con cualquier cosa, con todo lo que quedase. El señor Gibbs ordenó eso mismo que cargasen la artillería con todo lo que quedase. Miré a Will, vi un rayo de esperanza y sonreí. Había que reconocer que a pesar de que se negaba a ser un pirata, se le daba bien andar y manejarse en el barco. Ayudé a varios hombres dándoles parte de la vajilla. Oí como Gibbs decía que La Perla Negra se disponía a orzar por babor. Había que ponerse cara contra cara.
—"¡Echad el ancla por estribor!"—De nuevo sugerí. Me miraron como si estuviera loca. ¿Había algún problema porque supiese de barcos? ¿O era una obra demasiado descabellada para unos piratas como ellos? Volví a repetirlo.
—"Sabe utilizar el elemento sorpresa"—contestó Will asombrado.
—"Estáis majara"—replicó la mujer.
Gibbs me dio la razón, en poco tiempo estuvimos babor contra estribor. Los piratas del barco enemigo estaban en frente nuestra con sus armas en mano para poder abordar el barco en cuanto fuese posible. Will gritó fuego y yo también. Los dos barcos se dispararon el uno al otro. Una bola de cañón pasó cerca de nosotros y un montón de madera y astillas salieron disparadas. Me agaché para que ninguna de estas me diese. Nos disparaban tanto como con los cañones, como con las pistolas. Will tomó una escopeta y yo también. No es que tuviese muy buena puntería pero a algún pirata podría dar. Y si no podía asestar golpes con la parte de atrás. En ese momento me di cuenta que no llevaba el medallón y avisé al herrero. Él se fue corriendo a la bodega a buscarlo. Debieron lanzar una bola de cañón al palo mayor porque este se cayó encima de nuestro barco y del barco enemigo. Los piratas comenzaron a abordar nuestro barco. A uno de ellos que estaba colgado de una cuerda y que acababa de aparecer volando sobre nuestras cabezas y le disparé y este se cayó. Pero no podíamos hacer mucho contra ellos, aunque les disparásemos no iban a morir porque estaban malditos. Era imposible vencerlos, pero el mayor problema es que eso solo lo sabía yo. Disparé a un par más y también derribé a otros dos asestándole con la escopeta en el estómago. Di un puñetazo a uno y oí a otro por detrás, cuando me di la vuelta el pirata había sido detenido por otro. No era nada más ni nada menos que Jack Sparrow.
—"Eso no está bien"—Le reprendió haciendo un gesto exagerado con la mano.
En ese momento, le di con la parte de atrás de la escopeta al pirata que había sido inmovilizado y cayó hacia atrás al mar. Jack me cogió de los hombros y me agachó, ya que estaban disparando contra nosotros y me preguntó dónde estaba el medallón. Le intenté dar una bofetada pero él me detuvo cogiéndome de la muñeca y me preguntó por Will. En ese instante me di cuenta, Will no había salido de la bodega, mis ojos fueron a parar al palo mayor que estaba encima de la trampilla de la bodega impidiendo el paso hacia ella. Y el herrero estaba atrapado. Fui corriendo hasta allí. Pude ver como estaba atrapado y además había una fuga y el agua estaba subiendo. Intenté apartar el palo de madera, pero, pesaba demasiado.
—"¡No puedo moverla!"—grité desesperada.
De repente sentí unas manos que me agarraban de los brazos y de los hombros y me apartaban de la bodega. Intenté zafarme de su agarre pero era imposible, a los demás tripulantes del barco también les capturaron. Barbossa había recuperado el medallón. Nos llevaron a La Perla Negra y allí nos ataron al mástil. Quitaron el palo mayor de nuestro barco y se alejaron de él. Pintel, el calvo, nos amenazó que si alguno decía parlamento nos disparaba. Vi como Barbossa miraba ensimismado al barco que habían abordado, mientras jugaba con el medallón. Cuando Pintel y Raguetti se alejaron de mí, me quité la cuerda y avancé. Pero de repente el barco que estaba en frente nuestra salió volando en mil pedazos con un gran estallido y una bola de fuego. Me paré en seco. Will estaría muerto, si no lo había matado el agua por la falta de aire, lo había hecho esa explosión. Me abalancé sobre el capitán del sombrero negro, intenté tirarlo al agua, pero él me paró.
—"Bienvenida de nuevo a bordo, la última vez disfrutasteis de nuestra hospitalidad, lo justo es que ahora vos nos devolváis el favor"—Dijo dándose la vuelta para mirarme y con una sonrisa en la cara.
Me tiró a los piratas como si fuera un trozo de carne. Ellos me agarraron del pelo, de los brazos, de todos lados. Intenté zafarme de ellos, pero era imposible.
—"¡Barbossa!"—Gritó una voz conocida. Era Will. ¡Estaba vivo! Bajó de la barandilla del barco, cogió una pistola y apuntó al capitán de los ojos azules—. ¡Liberadla!
—"¿En qué estáis pensando, muchacho?"—Preguntó Barbossa acercándose a él. Will repitió la orden—."Solo disponéis de un tiro y nosotros no podemos morir"—Siguió el capitán con un tono divertido.
Oí a Jack pidiéndole a Will que no hiciera nada absurdo. Will se subió a la barandilla del barco y se apuntó con la pistola en su barbilla, diciendo que él sería quien muriese. Me revolví para salir corriendo y pararle los pies. Barbossa le preguntó quién era, pero Sparrow se le adelantó intentando que el capitán del barco no descubriese que de quien necesitaba la sangre era la de Will y no la mía. Pero Will le interrumpió diciendo su nombre y apellido y quien era su padre. De nuevo el herrero amenazó con suicidarse.
—"Decid vuestras condiciones, señor Turner" —pidió Barbossa.
Tenía que advertirle a Will de que no hiciese tratos con ese maldito pirata, hacía trampa, iba a engañar a Will. Pero esos rufianes me lo permitieron.
—"Liberad a Elizabeth"—Ordenó el herrero.
—"Sí, eso ya la conocemos"—Contestó Barbossa.
Sparrow le hizo una seña a Will para que le liberase. Mi amigo pidió que la tripulación no sufriera ningún daño.
—"Trato hecho"—Respondió el capitán de La Perla negra con una sonrisa maliciosa y a la vez divertida.
