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3.

Despertó sofocando un suave grito, algo tibio se deslizó por sus hombros y tratando de enfocar su mirada en la oscuridad se dio cuenta que ese algo era una manta, una caliente y suave que frotó sobre sus dedos. Ni siquiera recordaba lo que había soñado, aunque no creía que hubiese sido un buen sueño, tampoco sabía qué horas eran pero a juzgar por la oscuridad atrapante que se veía por las ventanas era obvio que aún era de noche.

Entraba tan poca luz que Ginny no alcanzaba a distinguir nada, así que volvió a acostarse y tratando de regular su respiración, se concentró en las pesadas respiraciones que venían de su acompañante.

Ni siquiera recordaba haberse quedado dormida aunque era obvio que en algún momento después de su segunda ida al baño y durante la espera por una respuesta de su mudo compañero había caído en los brazos de Morfeo, y Harry Potter en algún momento la había cobijado con aquella manta.

No supo por qué, pero se sonrojó ligeramente, como hacía años no lo hacía, al imaginar que Potter la había visto dormida y aun así se había acercado a cobijarla… no supo si era tan extraño como se sentía, después de todo ambos estaban en alguna clase de tregua.

Al final se rindió y dejó que sus pensamientos volaran sintiéndose menos sola que muchas noches anteriores, quizá se debía al reducido espacio entre Potter y ella, quizá era porque se sentía confortada y caliente bajo la manta, no importaba, se sentía tan bien que tampoco lo pensó mucho, apretó con ligereza los parpados y trató de dejar su mente en blanco.

Despertó por segunda vez cuando alguien la sacudió un poco del hombro y abrió los ojos cansados para encontrarse en un luminoso vagón, frente a ella estaba Harry, quien mantenía los labios ligeramente apretados y se había cambiado ya de ropa.

No fue hasta ese momento que Ginny se dio cuenta que no tenía más ropa que la que traía encima y que probablemente también necesitaba un baño.

—Se trata de mi amiga. A ella fue a la que le dije adiós en la estación—soltó al final, claramente hastiado de dar una respuesta, Ginny abrió la boca para reclamar por la respuesta vaga pero Harry no la dejó—. Hablo de Daphne—soltó rígido, la pelirroja asintió curiosa.

Había visto muchas veces a aquel par, aunque casi siempre también estaba Zabini con ellos, Harry se dejó caer pesadamente frente a ella.

—Hemos llegado—Ginny alzó una ceja.

—¿De verdad?

—¿Esa es tu pregunta?—ella negó, el azabache sonrió.

—Es tu turno, si mal lo recuerdo.

—De todos modos es un sí. Es bastante fastidioso este juego cuando quieres decir algo y no puedes porque no está permitido hablar hasta que una respuesta salga de tus labios. De todos modos, los pasajeros empezaron a bajar hace casi nada y dan un margen de tiempo grande para que el equipaje de todos sea entregado, tenemos un poco de tiempo de sobra—aclaró antes de agacharse y jalar con una mano la maleta, que abrió frente a él.

Ginny lo observó buscar entre ropa muggle hasta que pudo sacar lo que pareció ser una camisa.

—Tenemos que resolver el problema de tu ropa pronto.

—Ya lo sé, pero no tengo nada de dinero—el azabache chasqueó la lengua.

—Sé eso. Tendré que hacerme cargo del gasto—Ginny frunció el ceño.

—No me vas a comprar ropa.

—¿Por qué? Creí que a las chicas les gustaba la ropa y más si es gratis… ¡Espera! ¿Estás sacando tu lado Ronald de nuevo?—Ginny no pudo evitarlo, soltó una suave risa.

—Tal vez—dijo al fin, Harry rodó los ojos antes de levantar la varita y apuntar a la camisa, que empequeñeció unas cuantas tallas.

—Esto es todo lo que tengo para ti. Creo que te va a quedar bien, aunque no sé cuánto dure el hechizo—le ofreció la camisa que era gris, Ginny la tomó agradecida. Harry salió del compartimiento para darle tiempo a cambiarse y la pelirroja cerrando las cortinas se quitó la camisa azul de manga larga que su madre le había dado dos veranos pasados, en su momento le había quedado floja, pero ahora le quedaba perfectamente bien, así que la dobló precariamente antes de colocarse la camisa de Harry.

Le quedaba un poco apretada del pecho pero tampoco se podía quejar de ello, así que se pasó una mano por el cabello pelirrojo y aliso la falda de mezclilla que le llegaba hasta la rodilla y no podía estar más arrugada. Por un momento lamentó no haber cargado con su baúl, pero pronto alejó toda preocupación cuando el azabache tocó la puerta.

Ginny se paró para abrirla y él le lanzó una mirada valorativa antes de asentir y caminar hasta donde había dejado la blusa que metió sin mucha diligencia dentro de la maleta aún abierta, después hizo lo mismo con la almohada y la manta que Ginny había utilizado, cuando tuvo todo seguro cerró la maleta, la empequeñeció y la metió dentro de su bolsillo, cuando salieron caminaron por un pasillo lleno de gente atareada y salieron del tren sin dar una segunda mirada.

Afuera hacia un poco de aire así que los cabellos de Ginny se arremolinaron con más fuerza, Harry apenas fue consiente de cuando estiró su mano y la pasó rápidamente por el cabello de la muchacha, quién se ruborizó apenas nada, aunque Harry apenas lo notó, dejó de aplacar el cabello para darle un suave empujoncito a la espalda y caminar hacia la masa de gente que llegaba y se iba, estaban en una apretada y colorida ciudad pequeña, que tenía establecimientos de colores vivos y niños chillando en la calle.

Caminaron por tiempo indefinido antes de que se detuvieran en un pequeño restaurante en donde comieron hot-cakes con mucha mermelada, estaban un poco secos, pero las malteadas de chocolate todo lo arreglaron. Con comida en el estómago y una camisa limpia Ginny se sintió mejor, aunque tampoco hablaron mucho. Harry no había hecho su pregunta y ella tampoco la estaba esperando, así que cuando él se acercó a uno de los meseros para hacerle pasar una suave nota tuvo la necesidad de saber de qué iba aquello, aunque lo descubrió casi al instante cuando el mesero empezó a dar instrucciones con fuerte acento, el azabache asintió a lo dicho, le dio las gracias y terminó de pagar antes de que Ginny fuese capaz de registrar todo aquello.

Mientras caminaban Ginny observaba el lugar con suma atención, bebiendo todos los detalles, la música que salía del algún lugar, las mujeres comprando verduras en los puestos y el sabor dulce del caramelo que había venido junto al cambio del muchacho.

—Esto es agradable.—Soltó al fin, cuando ambos dieron la vuelta en una callecita empedrada, el azabache asintió.

—¿También lo has sentido?

—Sí. Creo que es un poco de todo. Se respira un ambiente agradable, hay sol y el caramelo está muy bueno—Harry asintió.

—¿De qué es tu dulce?

—De uva, ¿y el tuyo?

—De fresa, creo. Aunque no estoy muy seguro…—frunció ligeramente el ceño antes de detenerse y observar el gran numero dieseis pegado encima de una puerta gastada de madera. Estaban frente a un pequeño edificio agrietado pintado de un color verde desgastado, una hortaliza subía por la parte izquierda y se enroscaba en uno de los pocos balcones que había, a un lado había una gran vitrina que exhibía viejos trajes de fiesta, Ginny se maravilló por aquello y sin poderlo evitar acercó un poco la cara.

Parecía una tienda perdida en la época equivocada, había faldas anchas y largas de colores neutrales y vestidos de corte alto, con largo que comenzaba desde el pecho. También había vestidos vaporosos con corsé incluido y encaje de apariencia tal que por un momento Ginny imaginó que aquellos diseños tenían que haber costado una fortuna en su tiempo.

—Ya empezaba a preocuparme, ¿sabes?—susurró el azabache acomodándose a su lado y disfrutando aún de su caramelo—. Por un momento pensé que tú no tenías ni un poco de niña. Ahora que te veo embobada frente a una tienda de vestidos puedo rescatar al menos un poco de tu feminidad—Ginny bufó con fuerza.

—Es moda de hace un siglo, creo. Dudo mucho que a alguna de mis compañeras les guste—el azabache asintió.

—Es que tú eres diferente—aclaró y antes de decir nada más dio la espalda al aparador y caminó hasta la puerta, que abrió sin mucho cuidado, Ginny le lanzó una última mirada a los vestidos antes de caminar hacia él, adentro habían unas escaleras larga y viejas.

—Dudley me dijo que dejaría la puerta abierta para nosotros. Pero tenemos que cerrarla—aclaró antes de abrir completamente la puerta y hacerse a un lado para que la pelirroja pasara, quien lo hizo con una ligera mueca de concentración, habían un olor a humedad que se filtraba en las paredes y los escalones chirriaron con fuerza cuando dio el primer paso. Obviamente el primo de Harry apenas había tenido dinero suficiente para rentar algo apenas modesto, el azabache entró tras de ella y cerró la puerta moviéndole al pestillo, después ambos comenzaron a caminar por el estrecho pasillo.

Pronto llegaron a la primera planta, pero Harry negó y Ginny siguió subiendo hasta la última, que era la tercera. Parecía la más nueva de las tres plantas, estaba pintada de salmón en algunas partes y en otras solo era la pared de ladrillo con alguna planta viva a sus pies, olía menos a humedad y parecía ligeramente más luminosa.

Harry observó su entorno completo antes de caminar hasta una de las últimas puertas. Había un 32ª pintado encima, Harry tocó con fuerza.

—¿Hace cuánto vive aquí tu primo?

—Un mes, creo. Antes estaba en un lugar peor, según me dijo este es un palacio si se compara a su antiguo departamento—Ginny asintió aunque no dijo nada porque la puerta se abrió en ese momento.

Una joven de aspecto brusco les sonrió, algo que contrastó terriblemente con la imponencia de su figura. Era apenas un poco más alta que Harry, por lo tanto, Ginny con suerte le llagaría hasta el hombro, tenía brazos y piernas fuertes y carecía de cintura, pero tenía una cara hermosa con labios gruesos, nariz ligeramente respingona con pecas, cejas delgadas y perfectas y ojos azules que brillaban con amabilidad.

—Tú debes ser Harry—dijo aún con la sonrisa antes de enfocar su mirada en Ginny.

—Ella es Ginevra Weasley—la presentó el azabache, la muchacha asintió dándole también una sonrisa, después se hizo a un lado para dejarles pasar.

—Me llamo Charlotte—aclaró cuando cerró la puerta tras de sí, Ginny asintió aunque siguió observando al primo de Harry, quien parecía totalmente su opuesto, también era un poco más alto, pero carecía del aire elegante que el azabache cargaba tras de sí, además, no era precisamente guapo, era más bien poco agraciado y parecía un poco por encima de su peso, aunque tenía músculos que le daban un aspecto casi peligroso.

—Un gusto—susurró cuando la muchacha se paró a su lado, ella asintió.

—No sabíamos que Harry iba a traer a alguien, así que no tenemos más que un colchón de repuesto. ¿Crees que a Harry le importe dormir en el sillón? Lo digo porque lo conseguimos a muy buen precio y tiene un resorte que a ratos se vuelve molesto—la pelirroja negó suavemente.

—A mí no me importa dormir en el sillón—la muchacha asintió.

—No creo que él te deje—aclaró apuntando con la cabeza a Harry, quien había comenzado a hablar en susurros con su primo—, pero es bueno saber que no eres una princesa y todo eso—Ginny no pudo evitar reír.

— Tengo seis hermanos mayores, fui un poco princesa para mi padre pero en todo lo demás he sido casi criada como uno más de la camada—Charlotte abrió ligeramente los ojos.

—Yo sólo tengo dos, aunque esos me bastan—aclaró, pero no continuó porque ambos primos se dieron la vuelta para encararlas, Dudley dio un paso decisivo hacia la pelirroja y le ofreció la mano, que ella tomó con confianza.

—¿Ginevra?—ella hizo una mueca.

—Pueden llamarme Ginny, Ginevra no me gusta casi nada—los dos asintieron, Harry sonrió un poco socarrón—. Tú eres Dudley, ¿verdad?—cuestionó aunque era obvio, el muchacho asintió soltándole al fin la mano, después observó a su novia, quien seguía a su lado.

—Charlotte aquí había preparado la comida para todos—soltó con cierto tono juguetón, ella se quejó.

—¡Cielos, Dud! No es mi culpa que apenas sea capaz de freír dos huevos, no nací para la cocina—aclaró antes de observar a Ginny—. En realidad compramos comida china, ¿les gusta?

—Tuvimos un almuerzo bastante atrasado—aclaró el azabache—¿Tú tienes hambre, Ginevra?—ella frunció ligeramente el ceño.

—No, pero si ustedes ya la compraron no voy a decir que no a comerla—Charlotte sonrió antes de tomarle la mano.

—¡Genial! ¿Por qué no van ustedes dos al sillón, Dud? El partido está casi a punto de comenzar y está vez estoy apostando por mis amarillos—el aludido sonrió socarrón.

—No han ganado en todo lo que va de la temporada, Lotte. ¿Qué te hace pensar que está vez van a tener suerte?

—¡Instinto de maldita mejor jugadora de la historia!—vociferó para alcanzarse a oír, la risa de Dudley llegó junto a la de Harry antes de que Charlotte la soltara para tomar una bolsa grande de plástico.

—¿Puedes ayudarme con el refresco? Aún tengo que tomar los vasos—Ginny asintió.

—Puedo ayudarte con eso también, la bolsa no parece nada liviana—Charlotte, que hacia malabares para sacar los vasos de plástico y cargar aun la bolsa le dio una sonrisa de agradecimiento cuando Ginny tomó los dos faltantes por ella antes de agarrar con la mano libre el refresco.

—Gracias—la pelirroja se alzó de hombros.

—No importa—aclaró antes de que ambas caminaran hacia fuera de la cocina, el apartamento era pequeño, así que apenas les tomó unos cuantos pasos antes de llegar hacia el sillón. Sólo había uno, era alargado, a poca distancia había una mesita ratona y sobre una mesa más larga había una televisión vieja. Ginny las conocía por su padre, así que tampoco lució muy asombrada cuando observó que desde allí podían verse pequeñas personas que corrían sobre una planicie de pasto pateando un balón, Charlotte soltó un resoplido.

—¿Hace cuánto empezó?—cuestionó dejando caer la bolsa sobre la mesa, Ginny le dio el refresco a Harry, quien lo abrió con una sonrisa.

—No lo sabemos. Pero tus amarillos van perdiendo y apenas acaba de empezar—aclaró el Potter, la muchacha soltó un quejido.

—¡Eso es porque quieres hacer una recuperación triunfal!—vociferó antes de pasarle a cada uno una respectiva charola de plástico, Ginny no pregunto cómo era que habían comprado cuatro cuando habían pensado que Harry vendría solo, quizá sólo se habían preparado a que el azabache tuviese mucha hambre, pero cuando Charlotte se sentó en el piso frente a la mesa, Ginny hizo lo mismo, excepto que ella no se recargó en Harry, como ella lo había hecho con Dudley.

—¿Harry?—susurró después de unos minutos, el azabache dejó de ver la pantalla para observarla—¿cómo se llama ese juego?

—Es el futbol, se supone que quien logre anotar más goles gana—Ginny asintió.

—¿Y no puede tocarse la pelota con las manos, verdad?—el azabache asintió.

—¡GOOLL!—vociferó Charlotte cuando al fin su equipo metió el gol del empate, y feliz se levantó para besar a Dudley, quién la aceptó con los brazos abiertos, cuando se separaron ambos estaban riéndose.

—Él se ve más feliz—susurró el azabache sin poder evitar la sonrisa de sus labios, Ginny asintió

—Es que no creo que alguien pueda amargarse con Charlotte a un lado, es elocuente.

—Era por eso que no le gustaba a mi tía—susurró bajando aún más la voz, aunque era inútil porque con los chirridos de la muchacha y los ruidos del partido era casi imposible que los escucharan—. Cuando se enteró que su hermoso niño salía con Charlotte hizo el peor berrinche de la historia e intentó de todas las maneras que pudo para separarlos, hizo de la madre enojada, de la madre complaciente y hasta de la madre con el corazón roto, pero nada sirvió.

—Es que la quiere, eso se nota a leguas—murmuró cuando Dudley comenzó a acariciarle el cabello a una muy excitada Charlotte, Harry asintió.

—Y Petunia es muy acaparadora de su atención… ¿quieres sentarte?—cuestionó cuando Ginny se removió un poco, ella frunció el ceño.

—No.

—Sí, si quieres. Había olvidado lo agotador que fue el viaje—aclaró antes de levantarse, Ginny no se movió, el esperó un poco más antes de rodar los ojos y acomodarse a su lado.

—¿Qué pasa?—cuestionó Dudley desde su lugar.

—No quiere sentarse pero está cansada. Así que yo tampoco pienso hacerlo.

—¡No estoy cansada!

—¡Me gusta está chica, Harry! es un poco como yo, aunque parece una princesita quebradiza—aclaró Charlotte levantando ambos pulgares, Harry sonrió.

—¿Crees que parezco una princesa quebradiza?—ella asintió antes de palmearle la pierna a la pelirroja.

—No te ofendo, ¿verdad?

—Ni un poco—aclaró la muchacha con una simple sonrisa—. Me han dicho cosas peores—Charlotte asintió.

—Es que eres bonita y para nada fastidiosa, es común que al final alguien termine envidiándote y… ¡Oh, eso es falta!—vociferó enfocando de nuevo su mirada en la televisión, Dudley rodó los ojos pero siguió acariciando su cabello, Harry soltó un suspiro.

Ambos vieron el juego por lo que parecieron horas o al menos así fue para Ginny que no entendía la mitad y prácticamente le hallaba poco chiste, tal vez con un poco de practica hasta le gustará pero el caso era que se estaba aburriendo y Harry pareció notarlo porque se acercó hasta pegar su boca a la oreja de la pelirroja.

—Tengo mi pregunta—susurró, ella alzó una ceja, su mirada en la televisión pero su concentración estaba en tratar de evitar el estremecimiento que la cercanía le había causado. —¿Cómo es que te interesa tan poco tu estudio como para abandonarlo así como así?—ella sonrió levemente, después se separó un poco para darle una mirada rápida.

—Fácil, no hay nada que realmente quiera hacer en el futuro. Y no me refiero a que me sienta una masa idiota y fracasada. Sé que tengo potencial, y mucho. Y buenas calificaciones, pero es más gracias a que tengo mucho tiempo libre. El problema está en que por ahora nada del mundo mágico me apetece o me gusta, no quiero trabajar en el idiota Ministerio, no quiero formar parte de esa bola de fracasados, no hay nada que me guste realmente. No quiero simplemente tener que relacionarme con gente que en algún momento tuvo una mirada cargada de desprecio para mí.

—Eso es un oscuro… ¿cómo es qué no te solucionaste para Slytherin?—ella sonrió.

—Se acabó tu turno.

—¿Qué están susurrando ustedes dos? ¡El partido está en la mejor parte!—vociferó Charlotte, Harry y Ginny se separaron en el acto, ella les lanzó una mirada cargada de reproche y murmuró algo acerca de la gente que no sabía ver las cosas buenas de la vida.

El partido se prolongó media hora más, entre abucheos y gritos de emoción el equipo de la muchacha perdió, por lo que hastiada comenzó a criticar el juego antes de levantarse y pisotear un poco una vieja maceta, Harry lució divertido, Dudley se alzó de hombros.

—Ella es demasiado apasionada con el juego—aclaró antes de levantarse pesadamente de su lugar—¿Por qué no salimos? Cerca hay un cine, podemos ver una buena película.

Al final todos estuvieron de acuerdo con la idea de Dudley que terminó también por convencerlos de ver una película llena de sangre y explosiones que a todas luces parecía carecer de cualquier buen argumento, pero que fue lo suficientemente ruidosa como para que más de una vez Ginny se encontrara saltando sobre su asiento.

Estaba en medio de Harry y Charlotte, está ultima parecía completamente embobada con la película, desde la distancia podía escuchar a Dudley dar gritos de sorpresa y a su lado Harry se reía sobre los pésimos efectos especiales, fue una experiencia tan tenue y extraña que Ginny terminó por aceptar que había sido muy divertida.

El cine era divertido, probablemente su padre y sus hermanos lo amarían, pero dudaba seriamente llegar y llevarlos, en primer lugar porque probablemente cuando los volviera a encontrar ellos la castigarían hasta que fuera una vieja gritona y en segundo lugar porque quería guardar todas las nuevas experiencias para sí misma al menos por un tiempo.

Era una vida diferente, eran personas que no la veían como un terrible error, eran personas divertidas y todo era muggle y extraño, pero fantástico y por primera vez en años había dejado de sentir aquella opresión dolorosa en el pecho que le impedía respirar con libertad. Había estado tanto tiempo encerrada dentro de sí misma que había llegado al punto en donde había dejado de notarlo, pero sin la presión de las pocas expectativas sobre ella casi se sentía como un ser humano de nuevo, y era bueno.

No que estuviera regresando la vieja Ginny, aquella niña probablemente estaba bien muerta, hecha ya cenizas, sino más bien que estaba descubriendo que su mundo no sólo se centraba en los últimos años, que había otro mundo fuera y que era bueno. ¿Qué importaba que fuera con Harry Potter? Ella no tenía aquel estigma sobre los Slytherin, estaba enojada con todo el mundo, el sentimiento le pertenecía a todos y por eso también podía verlos como sus propias personas.

Ser menospreciada por los de tu propia casa sólo había logrado que pudiera ver que al final todos eran iguales, que si los Gryffindor se jactaban de ser una casa abierta de ideas que no tenían prejuicios sobre los hijos muggles estaban muy equivocados, porque sí que tenía prejuicios. Prácticamente catalogaban a cualquier Slytherin como el mal, fuese quién fuese, y eso era igual de malo que lo que los Slytherin hacían a los nacidos de muggles.

Así que sí, ella despreciaba a las personas por sus acciones, no porque pertenecieran a cual o tal casa, por ese motivo había podido darse cuenta rápidamente que Harry no era de cerca lo que aparentaba, que tenía un lado diferente, que estaba dolido y herido, que era tan ser humano como ella y que por eso le había salvado la vida años atrás.

Cuando la película terminó pasaron por una tienda pequeña, Dudley compró un paquete de cigarros y Harry algunas bebidas, entonces se fueron a un pequeño parque que carecía de niños porque los juegos estaban viejos y parecían peligrosos, después se acomodaron sobre el pasto y hablaron de la película hasta que Charlotte preguntó la temida pregunta.

—¿Cómo es que ustedes dos terminaron juntos?

—No estamos juntos juntos de esa manera—aclaró el azabache—es más cosa de estar juntos porque tenemos, porque no hay de otra—Ginny asintió.

—Pero entonces, ¿Cómo es que se conocen?—preguntó en seguida, ambos se observaron, Ginny no sabía hasta donde la muchacha conocía de la magia así que esperó a que Harry volviera a contestar.

—Vamos al mismo colegio, sólo es que por años nos hemos ignorado mutuamente, después yo me escapé y ella me vio y me siguió y… sí, eso lo resume bien, estamos un poco atascados con el otro, aunque tampoco es como si fuera una tortura, ella es una buena compañía casi todo el tiempo.

—¿Casi?—cuestionó la aludida alzando una ceja, él asintió.

—Es un problema cuando viejos tratan de seducirla con palabrería barata, entonces yo tengo que salir a su rescate.

—¡Eso sólo ha sido una vez! Además no es necesario que me rescates tampoco, me las puedo arreglar muy bien yo solita.

—Ginevra… eres la mujer más obstinada que conozco en la vida y…—se detuvo cuando pareció acordarse de algo—. No, olvídalo. Tienes competencia en ese rublo, tendría que pasar más tiempo contigo antes de admitir que eres el ser humano más obstinado.

—Tu tampoco te quedas tan atrás en la carrera, Harry—soltó Dudley con una sonrisa—, eras el niño más malditamente independiente que existía, antes te ahogabas si pedías ayuda—el azabache alzó una ceja.

—Bueno, sólo así pude sobrevivir en el zoológico que es tu familia, Dursey—Ginny abrió ligeramente los ojos, Charlotte frunció el ceño y Dudley se estremeció un poco.

—Supongo que lo merezco. ¿Qué animal era yo?

—Un gorila con peluca.

—Ugh—susurró cuando Ginny soltó una risa entrecortada.

—Eso fue lo que me enamoró de él—aclaró su novia, después negó—, mentira, ¿han escuchado eso de que el amor llega de sopetón y a primera vista? Pues a mí me pasó todo lo contario. Odié a Dudley la primera vez que lo conocí, y lo seguí odiando casi por todo un año. Luego algo cambió en él, algo pequeño que al final se hizo tan grande que se volvió mi debilidad, y aquí estamos.

—Y eres lo mejor que le ha pasado a mi vida—susurró el aludido con una sonrisa, ella correspondió al gesto.

Al final volvieron al departamento cuando ya había oscurecido, después de que Harry y Dudley tuvieran otra platica privada y antes de que Ginny se diera cuenta que de nuevo no tenía ni un cambio de ropa, y cuando eso pasó Harry también parecía haberse acordado porque se adelantó hasta que alcanzó a Charlotte y ambos hablaron en susurros.

Después volvió con Dudley y Charlotte se atrasó hasta alcanzarla, entonces sin decir nada ambas muchachas se desviaron hasta llegar a una gran tienda de ropa, Ginny se sintió muy avergonzada, pero la muchacha no la dejó pensar en ello, rápidamente la arrastró hacia el área de ropa interior y la dejó escoger algo de ropa limpia, que era también preocupante, después ambas caminaron por los demás departamentos y Ginny terminó por comprarse dos pares de pantalones, dos de faldas y cinco blusas casi iguales pero de colores diferentes junto a unos sencillos zapatos de agujetas.

Ni siquiera se fijó en cuanto pagó la muchacha, estaba aún avergonzada. Así que cuando regresaron se dio cuenta que ambas habían olvidado comprar una bata para dormir y Charlotte terminó por prestarle una blusa vieja color rosa que le llegó hasta la mitad del muslo y unos pantalones de elástico que lucían tan grandes que Ginny parecía que nadaba en ellos, pero tampoco se quejó.

Se bañó y cuando se sintió limpia y relajada luchó un poco más con Harry sobre el arreglo para dormir, pero el muchacho fue implacable, no dejaría que ella durmiera en el sillón, así que después de una buena pelea, ambos terminaron por acordar que se turnarían el colchón en los días que duraran allí.

La pequeña estadía se alargó más de lo que Ginny hubiera pensado, Dudley y Harry parecían tener una relación extraña que apenas estaba puliéndose, el azabache de vez en cuando lanzaba comentarios hirientes que el Dursey aceptaba sin hacer nada, porque creía merecérselos.

Dudley trabajaba en un taller mecánico haciéndola de aprendiz y Charlotte era camarera en una concurrido restaurante en donde pudo conseguir un pequeño empleo a Ginny, quien se sintió agradecida porque tampoco quería depender totalmente de Harry y necesitaba tener algo de patrimonio ganado por su propia cuenta.

Así que entró a trabajar por el tercer día y pronto se vio lo eficaz que era mientras que Harry no hacia otra cosa más que salir con Dudley y perderse gran parte de la tarde haciendo quien sabe qué después de que su primo regresara.

Al final se hizo obvio que Charlotte no sabía cocinar, solía llevar comida del restaurante, pero de vez en cuando Ginny cocinaba algo que todos alababan porque tenía muy buen sazón.

—Y está es comida de dioses Ginny—solía decir Dudley después del segundo plato.

Todo era tan nuevo y luminoso que Ginny pocas veces se sintió sola, Charlotte al descubrir que la pelirroja no sabía casi nada del Futbol se tomó casi como una misión personal enseñarle todo lo que pudiera y a veces por las tardes se perdía con ella para ir a ver partidos locales, que descubrió que le gustaban. El ambiente era muy bueno y las reacciones de la muchacha aún mejores.

Además, seguía teniendo ese extraño juego con Harry Potter que no sólo la había hecho conocerlo mejor, sino que también era buena forma de contar secretos y estar segura que nadie más los sabría. Pronto las preguntas se volvieron impersonales y hasta algo tontas.

—¿Cuál es el sabor más extraño que te ha salido en las grangeas de todos los sabores?

—¿Cuál es la anécdota más estupenda que tienes de tu niñez?

—¿Cuál era tu miedo en la infancia?

—¿Cuál es tu color favorito?

Duraron casi tres meses, aunque a Ginny se le fueron como agua, no pudo sentirlos porque no quiso y casi no se acordó de sus padres mucho, eran como otra vida, su familia y sus compañeros se habían vuelto una mancha borrosa que pertenecía a una Ginny que sólo volvería cuando fuese completamente necesario.

Por ahora se quedaría con su versión muggle, la relajada sin preocupaciones, la adolescente que carecía de presiones en el futuro, porque vivía en el ahora. De hecho, hubo una tarde durante la última semana que duraron allí en la que Harry y ella se encontraron caminando solos por un parque cuidado y relajado que tenía niños ruidos y padres cansados.

—¿Por qué Charlotte no sabe de la magia?—cuestionó, el azabache se alzó de hombros.

—Es más cosa de Dudley, sabe que ella no se volvería loca con la magia, que le parecería una cosa genial. ¿Pero qué gana con decirle? Están bien como están, no hay necesidad de arruinar eso cuando la magia no es realmente su problema—ella asintió.

—¿Crees que algún día vuelva con sus padres?

—No creo que sea pronto, sus padres jamás le van a perdonar lo que han hecho y yo creo que está eternamente atascado con Charlotte, no dudo que terminé por formar una familia con ella y sus padres la odian.

—¡Lo que es una tremenda tontería! Lotte es genial.

—¿Así que ya te has encariñado con ella?—Ginny asintió.

—No tengo muchas amigas en esta vida, puedo contarlas con una mano y aun así me sobrarían dedos, es bueno decir que ahora también está incluida Charlotte—Harry frunció el ceño, pero no dijo nada, ella tampoco quiso llenar el silencio, así que por minutos ninguno de los dos habló, compartieron la inmensidad que les llenaba y se hartaron de la felicidad, la ciudad pequeña carecía de problemas serios como se habían dado cuenta la primera vez y todo mundo aún se conocía, los chismes y las insinuaciones se tomaban con ironía, era un buen lugar para vivir.

—¿Por qué confiaste en mí aquella primera vez que me seguiste? Me refiero… ¿Por qué te subiste conmigo al tren sin saber hacia dónde íbamos y aun así lo hiciste sin nada más que un con una extraña confianza?—Ginny se alzó distraídamente de hombros.

—¿Es esa tu pregunta?—el aludido asintió, Ginny observó un momento su alrededor antes de encontrar una banca de madera que pareció lo suficientemente cómoda, así que se acercó hasta que se sentó haciendo de paso espacio para Harry, quien la siguió extrañado, principalmente porque Ginny no era de aquellas personas que se tomaban pausas en su vida—. Ya te dije que en parte fue porque tú me habías salvado la vida y eso yo jamás podría olvidarlo—, sonrió levemente—. Y también te dije que existía otra cosa más, y es sencilla… lo hice porque te pareces demasiado a mí, Harry. En las cosas malas que tengo eres mi espejo, y es un poco feo porque yo tengo muchas cosas malas, pero luego están las cosas buenas y tú tienes muchas de esas…

—No, yo no soy bueno—aclaró más fuerte de lo que le hubiera gustado, ella le sonrió como si compartiese un enorme secreto que pronto rebelaría.

—Eres bueno, muy bueno. No eres blanco, eso lo tenemos claro, eres más bien un gris que me gusta, que se escuda y sale en los momentos precisos. Y que tiene esperanza en los bolsillos y en la sonrisa. Y es algo que yo no tengo, por eso confié en ti, por tu esperanza.

—El tamaño del dolor es proporcional a la esperanza.

—Eso jamás te ha detenido.

—Pero si me ha tumbado. ¿Por qué crees que empecé todo este gran escape?—Ginny frunció ligeramente el ceño.

—¿Fue el dolor?

—Sí. El mundo mágico y mi vida en general siempre ha sido una gran mierda, pero realmente… realmente jamás lo vi, habían cosas buenas y aún las hay pero luego… Ginevra, hay cosas de mí que no te gustarían, cosas que yo detesto y que estoy seguro que tú también lo harías.

—Eres humano. No hay cosas de ti que no vea en mí y que deteste. Pero en ti me gustan más. ¿Tienes eso sentido? Eres diferente Harry, es como si tus cosas malas no fueran necesariamente malas porque son parte de ti y cada parte de ti te hace especial, así que al final está bien.

—Eso no tiene mucha lógica—susurró con una sonrisa, ella correspondió al gesto—. Tú tampoco tienes cosas malas Ginevra, no realmente.

—Eso lo dices sólo porque es lo correcto, pero en Hogwarts soy una perra fría con todos, una perra fría nunca tiene cosas buenas.

—Creí que los chismes no te afectaban—ella se alzó de hombros antes de levantarse, Harry la siguió.

—No me interesan ahora, pero hubo un tiempo en que sí, en que dolían y dolían mucho. Creo que por eso soy tan perra y tan fría con todos, porque ya no me duele—Harry no pudo evitarlo, se acercó hasta pasarle el brazo por los hombros, Ginny inconscientemente se apretó a él.

Eran esos pequeños gestos que ninguno de los dos hacía en muchas ocasiones, que eran porque sí, porque no pasaba nada y había confianza entre los dos, una confianza que se había reforzado gracias a las horas que habían pasado juntos en aquel viaje y en las noches cuando compartían sueños y hablaban hasta la madrugada.

No que se llevaran mejor, pero quizá sí, aunque ninguno de los dos lo admitiría, era natural, como respirar y ambos les gustaba así, con el secretismo que ninguno de los dos se atrevía a tocar, porque hacerlo, porque hablar del tema como si fuese algo serio le quitaría toda la naturalidad que poseía.

—Si te sirve de consuelo todos ellos se lo merecen, nadie debería juzgar a nadie, yo incluyéndome, mucho menos cuando tampoco soy un pan de Dios—Ginny se rió entre dientes.

—¿Eso lo dices por todos los corazones rotos que has dejado en el camino?

—No te creas todo lo que dice el Profeta de mí.

—No sólo hablo del Profeta, hay chismes y a dos de mis compañeras las escuché una vez hablar sobre ti y sobre lo buen besador que eras—Harry sonrió un poco, apretando su agarre sobre la pelirroja.

—¿Eso te molesta?

—Sé que debería, muchas chicas están enojadas contigo por eso, porque rompes ilusiones y no te importa, muy típico Slytherin. Pero cada cual tiene sus formas de escapar y yo creo que las únicas idiotas son ellas, después de todo dudo que las engañes con frases bonitas, ¿o lo haces?

—No realmente. La mayoría sabe que no va a llegar a más que alguna cita con final feliz.

—Eso mismo, y todas ellas lo saben pero a ninguna le importa mucho llegado el momento, porque a todas les gusta presumir que han tenido un pequeño papel en la vida de Harry Potter, por más efímero que este sea. Aunque la vida pasa Harry y al final nada de eso va a terminar por llenarte.

—Eso ya lo sé, tengo diecisiete años, ya tendré tiempo para buscar algo más, ahora mismo lo último que necesito es algo serio—Ginny guardó silencio unos segundos.

—¿Qué es lo que necesitas ahora?—Harry suspiró.

—Vivir.

4

Cuando Harry por fin le dijo a Ginny que era hora de irse, faltaban dos días para que aquellos sucediese y a Ginny aquello le tomó totalmente por sorpresa, en parte porque había amado su vida en aquel lugar y en parte también porque pasado el primer mes la idea de irse se había difuminado en su cabeza, aunque aún seguía presente el hecho de que ambos no se quedarían por siempre en aquel paraíso.

La vida de Dudley y Charlotte iba encaminada hacia un punto en común en donde obviamente no eran parte ni Harry ni Ginny, por más que estos se empecinaran en decir que sí, que su compañía era tan necesaria como respirar y que decirles adiós así sin más sería doloroso. Charlotte fue la más afectada, jamás había tenido una hermana y había sido tan poco femenina durante el instituto que había carecido de amigas con las que hablar sobre cosas de mujeres, Ginny había llegado como un soplo de viento y de la misma manera estaba a punto de irse.

—¿Tiene que ser así?—susurró una vez cuando ambas se sentaron en la sala, Harry había salido durante todo el día junto a Dudley y las dos mujeres habían decidido pasar un tiempo de descanso.

—Yo creo que sí. Harry así lo ha dispuesto.

—Pero, ¿por qué tienes que irte con él?

—Bueno, he venido con él.

—Y te llama Ginevra.

—¿Qué tiene que ver eso con todo?—cuestionó Ginny, la aludida se alzó de hombros.

—Que no sé cómo, pero los dos hacen ver que no tienen nada en común, nadita, ni un poquito. Que son dos desconocidos condenados a lidiar con el otro. Pero luego, si alguien es especialmente observador puede darse cuenta que a ustedes dos les unen más cosas invisibles que cosas visibles que los separen—Ginny negó levemente.

—Hablas como si entre Harry y yo hubiera un mundo en medio, y no lo hay. Ni siquiera nos hicimos mucho caso durante estos últimos años, nos contentábamos con obsérvanos de vez en cuando y escuchar chismes del otro—Charlotte se quedó callada unos segundos conteniendo el aliento y luchando por decir algo que obviamente no quería decir, al final tomó una respiración profunda.

—Tú estás empezando a quererle—Ginny abrió totalmente los ojos.

—Pero, ¿de qué hablas? Harry y yo no somos pareja.

—Ya lo sé, no he dicho que lo sean. Sólo estoy diciendo que lo ves diferente a la primera vez que entraron a esta casa y que tal vez él hace lo mismo—soltó un suave bufido—. Yo no soy ningún gurú en el amor, amo a Dudley, es tan claro para mí como respirar, y quererlo me costó más que amarlo. Lo quise por las cosas que él no fue al principio, porque me di cuenta que podía ser más que un brabucón, que tenía miedos y que estaba asustado por las mismas cosas que a mí me daban miedo. Lo quise así, de a poco y después muy rápido. No lo medí ni tampoco hice nada para detenerlo, porque me gustaba. Me gustaba ver como cambiaba, como dejaba la estupidez y el egocentrismo tras de sí, me gustaba lo que estaba quedando y pensaba que con suerte Dudley acabaría siendo un perfecto amigo. Y lo fue, amaba los deportes que yo amaba, podíamos pasar horas hablando de cosas que a ambos nos interesaban y teníamos sueños que no llegaban muy alto, pero que eran nuestros. Y luego así, sin esfuerzo, me di cuenta que ya lo amaba.

—Eso es muy bonito, Lotte—susurró Ginny con una sonrisa tenue en los labios—, pero no tienes qué ver nada conmigo. Harry no es… no es el tipo de chicos con el que alguien pensaría algo serio jamás, porque él no quiere nada serio con nadie—la muchacha guardó silencio unos segundos.

—Quizá tú tampoco quieras nada serio—Ginny pudo sentirse ofendida por aquello, pero no lo hizo, en cambió pareció curiosa.

—¿Por qué lo dices?

—Porque escondes más de lo que dejas ver, Ginny. Me gusta tu parte divertida, la parte que se ríe y tiene historias y habla mal y tiene un carácter lleno de orgullo y de fuerza. Me gusta todo eso, pero no parece ser toda tú. Tienes un lado que yo no conozco, pero que conoce Harry, ¿verdad? Y el lado… el lado de Harry que tampoco puedo ver tú has podido verlo. Y ambos están heridos, muy heridos y lo saben. No sé qué tanto, quizá jamás puedan curarse. Quizá sólo deberías estar con él y ya, sólo porque sí, para lamer sus heridas juntos y ayudarse y dejarse cuando llegue el momento.

—¿Así sin más?—la muchacha asintió.

—Así sin más. No sé si sean los indicados para pasar una vida juntos, yo tampoco estaba segura de que Dudley fuera el indicado al principio. Luego recordé las palabras de mi madre, ella fue una mujer hermosa que seguramente habrías amado porque no se mordía la lengua ni guardaba nada, cuando tuve la edad suficiente me hablo del amor de su vida y no era mi padre. Y luego me dio este consejo… me dijo: Lotte, en la vida de las mujeres existen dos tipos de hombres. Los que llegan así sin más, sólo porque quieren y tienen tiempo en su agenda y con una palabra y una sonrisa destruyen todo en tu mundo y te enamoras así, de golpe. Tan fuerte que cuando te das cuenta ya eres otra y estás tan enamorada que no te importa. Pero la mayoría de las veces no termina bien, ellos son impetuosos, son libres… no son tuyos. Son los hombres con los que tendrás grandes aventuras y grandes lágrimas y noches sin sueño y odios que no sabías que podías sentir...—guardó silencio un momento, la pelirroja le apretó el brazo.

—¿Pensaste que se trataba de Dudley?—preguntó, ella asintió.

—Sí, efectivamente. Dudley me volvía loca a ratos y me hacía reír a carcajadas en otros tantos. Pero aún no he terminado. Esos son los primeros tipos de hombres. Los segundos son los que estás segura que podrás presentar a tus padres, que tendrán sonrisas y te perdonaran por casi todo. Que te harán enojar, pero que estará bien, porque no será un drama. Son hombres con los puedes imaginar tener hijos, una casa y una vida adulta. Ginny… yo jamás pensé que Dudley fuese este último, y aún hay momentos en que lo dudo, pero le amo. Y quiero que sea el padre de mis hijos muy futuros y sé que a mis hermanos les gusta y también sé que así como lo amo podría odiarlo.

—Entonces… ¿en qué categoría lo pondrías?—la muchacha se alzó de hombros.

—Tal vez en medio. Tal vez sea ambos, en mi pasado e incluso ahora será el amor de mi vida, pero cuando ambos seamos más adultos y hayamos pasado más tiempo juntos pueda ser el hombre de mi vida. O tal vez no, pero no me voy a quedar pensando en lo que podría o no haber sucedido—guardó silencio unos segundos—¿En qué categorías pondrías a Harry?

—¿Tú en que lo pondrías?—la aludida negó.

—No soy yo la que necesita buscar una respuesta—Ginny se removió incomoda.

—Él en este momento no es nada como el hombre de mi vida. Es… tampoco… no estoy segura de que sea el primer tipo, aunque quizá sí y sólo me cuesta aceptarlo porque a todas luces tiene un poco para ser el segundo—Charlotte la apretó levemente por el hombros.

—Sólo vive, Ginny. Si las cosas se dan, bueno y si no también. Si al final hay lagrimas que sean a seguridad de que ha valido la pena. Diviértete, acepta que comienzas a quererlo, bésale sólo para ver qué pasa y espera lo mejor también.

—Deberías convertirte en una consejera—la muchacha sonrió.

—No creo que las personas busquen consejeras que les digan que sólo se avienten al vacío y esperen no romperse todos los huesos en la caída—Ginny sonrió.

—Serías un fracaso.

—Eso mismo digo yo—susurró antes de apretarle por última vez el brazo y levantarse del lugar.

—Tendrás que pasar a vernos cuando vuelvan y mandarme cartas también si puedes, aunque si no lo haces no voy a odiarte. ¿Qué dices si vamos a la tienda de abajo? He visto cómo miras los vestidos, sé que te gustan—Ginny se levantó aunque la conversación anterior aún rondaba por su cabeza.

—¿Crees que ya quiero a Harry? quiero decir, es mi amigo, estoy segura de ello ahora, pero dudo seriamente que le quiera, estoy muy rota para poder admitir un sentimiento de tal categoría—la muchacha frunció el ceño un segundo.

—Él tampoco lo admitiría nunca, creo. También carga con sus propios fantasmas, lo he visto. Quizá a ustedes les toquen sólo las migajas de lo que el otro pueda ofrecer, y si decides hacerlo o no, debes ser consciente de lo único que vas a tener.

—¿Un todo a medias?

—O un todo que sólo dure unos segundos y que se vaya así sin más, cerrando las puertas con candado y dejando el café frio en la mesa de entrada—Ginny negó levemente.

—Pero…—se mordió ligeramente el labio—, ¿Eso no me va a… eso no me a convertir en una puta?—Charlotte abrió ligeramente los ojos, pareció algo avergonzada cuando negó.

—No soy una buena amiga, alguien con un poco más de moral o ética te diría que no, que Harry no vale la pena, que vas a terminar herida. Pero quizá por eso ambas nos llevamos tan bien, porque vemos diferente a la vida. No te digo que te acuestes con él, simplemente estoy diciendo que te quedes con él y a esperar, y a besarlo si se puede también, él es muy guapo, cualquier mujer con dos dedos en la cara podría darse cuenta. Harry… se ve a leguas, no es alguien que este momento éste dispuesto a tener una relación seria.

—Tampoco yo, no quiero—la muchacha asintió.

—A eso me refiero, empiezas a quererlo aunque lo niegues y él también te quiere aunque lo niegue. Y la vida es una mierda casi todo el tiempo, pero luego estás los buenos momentos que son pocos y efímeros. Y Harry y tú podrían ser el amor de su vida del otro y divertirse hasta el amanecer y beber hasta caer muertos; curarse, pues, sus propias heridas y al final tomar lo que quede y llevarse los buenos recuerdos y casarse con alguien más y tener una familia con hijos a quienes pongan nombres significativos, pero seguir teniendo los recuerdos de este ahora.

—Parece tan fácil cuando lo dices así. Pero… ¿También te diste cuenta, Lotte? Harry no es el tipo de personas a quien sólo quieres porque sí por un momento y un lugar, Harry es el tipo de persona que te marca y que duele y que deja vacíos que nadie va a ser capaz de llenar.

—Tú también eres de ese tipo de personas. Tampoco estoy diciendo que no vaya a doler o que tenga ser así, que su final este destinado al fracaso. Podría ser diferente, podrían tener un final feliz pero no ceo que este sea el momento para ese final.

—¿Cuándo entonces?

—No lo sé, esa es la cosa con las relaciones, no sabes nunca si el ahora es en este momento o dentro de unos años, cuando ambos hayan madurado lo suficiente. Pero si te puedo asegurar que justo ahora el uno necesita del otro—Ginny se mordió ligeramente el labio, Lotte le sonrió antes de darle un suave empujoncito hacia la puerta—No vas a ser una puta, Gin. Vas a ser la dueña de tu propio destino porque siquiera antes de que comience el juego, vas a ser consiente del final y de las reglas.

—Las reglas nunca funcionan en estos casos—la muchacha negó.

—Pues funcionaran para ti, tiene que ser así. Eres diferente, no te vas a hacer ilusiones idiotas y vas a ser consciente que puede doler y que si eso pasa dolerá como el infierno, pero que también es algo que necesitas.

—¿Y qué pasa con Harry?

—Tendrás que decir de qué va la cosa, por supuesto. Mientras ambos sepan lo que quieren y lo que esperan tendrán menos posibilidades de herirse. Ahora vamos ya, quiero jugar un poco a ser una frívola consumista adicta a las compras.

*"""""*

Bien… probablemente será importante decir que no va a ser una historia demasiado larga, aunque tampoco tengo idea de cuántos capítulos van a quedar al final, porque no sé de qué extensión voy a hacerlos. ¡Tampoco empiecen a hacerse sus ideas respecto a los caminos que va a tomar la trama del fic! Porque pasa en tiempos, en meses y en años, no es un "creo que te amo" "Yo también" "¿ha sí?" "Sí, casémonos y vivamos felices.". Nop, porque este Harry y esta Ginny no necesitan nada como el amor en sus vidas y aún están muy heridos, vienen muchas más sorpresas y estoy deseando ya continuarlo.

Nos vemos en la siguiente actualización.

Contesto reviews:

Celtapotter: Bueno, espero que tu atención siga por aquí… que bueno que te haya gustado! Gracias por comentar.

Core Nakisawa: ¡Hola! Bienvenida… muchas gracias por comentar y ojalá y este capítulo también te haya gustado. Cuídate.

Litte-Secret.M.G: ¡Gracias por comentar! Me alegra mucho que te haya gustado tanrto… y sí! De seguirla voy a seguirla y espero que te siga gustando igual.

Florfleur: me encanta tu foto de las flores, me parece muy bonito y colorido :D pues nada, que un nuevo gracias por leer este nuevo fic y también porque te haya sorprendido y te haya gustado. ¡Gracias por comentar! Cuídate mucho.

Arya: ¡Hola! Sí, definitivamente es una versión oscuro, aunque no sé si realista, quizá, porque como dije, a pesar de que vaya rápido, no se van a amar de la noche a la mañana, hay una diferencia entre amar y querer y ellos están completamente rotos. ¡Gracias por comentar!

GLLNMR: ¡Hola! Gracias por comentar, voy a actualizar esta mientras me inspiro para mi historia principal, por ahora los planes son que sí, que sí la voy a terminar. Cuídate mucho.