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5.
Era un carro hermoso, ahora era obvio porque Harry había gastado los últimos meses fuera con Dudley, había estado arreglando aquel auto con apenas nada más que sus sueños y sus metas. Brillaba con la pintura negra con el que había sido pintado, tenía el techo ligeramente bajo y llantas nuevas, además de una bonita cajuela.
—¿Y bien?—cuestionó Harry cuando acabo de poner las maletas en la parte trasera, Ginny creía que era hermoso pero tenía tan pocos conocimientos básicos sobre autos que en seguida se dio cuenta que no tenía caso fingir que sabía algo, así que sólo asintió.
—Mientras no nos deje a medio camino—susurró con una sonrisa, Dudley, que estaba hablando sobre el motor con Charlotte a unos pocos metros de ella levantó el mentón con orgullo.
—Eso no va a suceder, yo mismo le di una última revisada, tiene todo perfecto—Ginny asintió aún con la sonrisa, Lotte rodó los ojos antes de separarse de su novio y acercarse a la pelirroja para darle un fuerte abrazo que ella apenas fue capaz de corresponder.
—Te voy a extrañar mucho, Gin—susurró cuando se separaron, después encaró a Harry y lo abrazó con fuerza, él correspondió al abrazo con una suave sonrisa—, a ti también te voy a extrañar, inmaduro.
—Gracias, Lotte. Dudley se ha sacado la lotería contigo, eres sin duda alguna una de mis personas favoritas en el mundo—aclaró antes de darle una sonrisa coqueta y un guiño de ojos que sólo se ganó un golpe en la espalda por parte del novio—, ¡Oye!—vociferó—, tampoco sería muy loco que Lotte terminara conmigo, soy mucho mejor que tú en todos los aspectos.
—Lástima que no te quiera a ti—el azabache rodó los ojos.
—Dudley estaría loco si te pierde entonces—aclaró, después encaró a su primo para darle una fuerte palmada en la espalda, el aludido le regresó el golpe y pronto ambos empezaron a lanzarse golpes entre risas, cuando terminaron ambos lucían un poco magullados pero tenían sonrisas sinceras en el rostro.
Ginny no pudo evitar rodar los ojos cuando Harry se declaró ganador y volvieron a pelear, cuando la revancha terminó el azabache por fin la observó.
—¿Lista, Ginevra?—ella asintió antes de acercarse a Dudley y darle un pequeño abrazo.
—Gracias por todo—aclaró con una sonrisa, después volvió su atención a la muchacha. —Te voy a extrañar mucho.
—Pero si esto es sólo un hasta luego, nos vamos a volver a encontrarlo, seguro que así sucede y si no es pronto será tarde y si no es por ti yo te voy a buscar hasta debajo de las piedras—Ginny asintió con una sonrisa, Harry se encaminó hacia la puerta del copiloto y la abrió para ella, quien entró con la barbilla en alto y los ojos bien abiertos, cuando el azabache cerró la puerta y se sentó en su propio asiento, la realidad de la despedida por fin pareció golpearla y sintiendo como si se alejara de un amigo muy cercano y muy, muy querido asomó ligeramente la cabeza sobre el hombro del muchacho, quien había bajado la ventana para hablar con Dudley, Charlotte estaba detrás de su novio y sus miradas se encontraron justo en ese momento, la suya decía lo mismo que la de Ginny, ambas estaban perdiendo a una gran amiga, pero también había algo más, un secreto que ambas compartían, los ojos bien abiertos de Lotte no decían nada más que un "¡Ve a por ello!" y los ojos de Ginny no decían más que "Sí, quizá lo haga"
Cuando el azabache por fin arrancó la pelirroja se recostó sobre su asiento sin ser capaz de ver hacia atrás y abriendo la ventana se fue despidiendo de todo le gustaba, de las casas y las personas, cuando terminó ambos habían salido de la pequeña ciudad y manejaban con tranquilidad por la carretera.
—¿A dónde vamos?—cuestionó, el azabache sonrió.
—Es una sorpresa, y no quieres que la arruine ¿verdad?—la pelirroja suspiró al mismo tiempo que Harry se estiraba para prender la radio que pronto comenzó a llenar el lugar de una bonita melodía que transportó a Ginny a otro momento en la historia.
El viaje fue así de tranquilo, con música de los Beatles y viento entrando por la ventana, no pararon más que dos veces, una para poner gasolina y otra para comer unos sándwiches en carretera que tenían un sabor pastoso pero que estaban buenos, después simplemente mantuvieron el tenue silencio, no sentían la capacidad de llenarlo y se conocían tan a fondo que hubiese sido incomodo si alguno de los dos hubiese tenido la necesidad de romperlo.
Ginny iba pensando acerca de la plática que había tenido con Charlotte y balanceado tanto las cosas buenas como las malas, pero al final podía darse cuenta que le gustaba Harry, aunque fuese sólo una pequeña parte, que no era, le gustaba y le gustaba mucho.
Era guapo, sarcástico, estaba herido y no tenía miedo de mostrarlo. Dudaba también que en ese preciso momento tuviese la capacidad entera de amar a alguien completamente, porque ella misma dudaba que contase con esa capacidad, la razón era que ambos estaban un poco rotos.
Ambos tenían fantasmas y pasados y futuros que se reusaban a tocar, estaban huyendo como a la peste de todo aquello que los había roto, pero en algún momento no quedaría más que regresar y cuando eso pasase lo más probable es que tuviesen que decirse adiós, porque su historia, lo bueno que tuviera ésta, moriría en el momento en el que volvieran a ser los de antes.
¿Y dolía pensarlo? No más que el miedo a hacerlo. Harry no sería alguien que podría olvidar fácilmente, que podría enterrar en lo profundo de su alma y que podría superar con unos cuantos días, pero tampoco era la persona con la que Ginny se veía pasando el resto de su vida, quizá porque el mismo Harry había admitido que no buscaba nada serio, ¿pero qué buscaba ella? Era una buena pregunta.
—Quiero hacerte una pregunta—dijo al fin Harry rompiendo el silencio.
—Bien—susurró la aludida, el azabache frunció el ceño aún con la mirada en la carretera.
—¿No extrañas nada en el mundo mágico?
—Yo… quizá a mi familia, pero sólo una pequeña parte. No extraño su sobreprotección ni los sermones sin sentido ni el miedo que hay en sus ojos cuando yo actúo más fría de lo normal. Extraño a los gemelos más de lo que extraño a Ron, aunque estoy desesperada por saber si alguno de sus brillantes planes funcionó con Hermione Granger.
—¿Él quiere algo con ella?—Ginny asintió con una sonrisa.
—Hace dos veranos descubrió que Granger era una chica y desde ese momento ha tratado de que le perdone por todo su comportamiento anterior y tenga una cita con él, no que realmente lo diga mucho, no lo dice, pero la cela como el infierno y siempre la anda buscando y tratando de tener gestos amables y hablar con ella, aunque ella apenas se da por aludida.
—¿Y por qué lo haría? No me malentiendas, respeto hasta cierto punto a tu hermano. Pero ella es muy inteligente y está tan centrada en su propio mundo que dudo que siquiera tenga manera de ver a alguien más—Ginny soltó un bufido.
—Tampoco que Ron haya sido la mejor de las personas con ella, fue un culo total. Si Hermione Granger lo manda tanto a parir es porque se lo tiene bien merecido.
—Dudo que por más que nos manden, los hombres vayamos a parir.
—¡Si serás idiota!—susurró antes de soltar una carcajada, Harry rió junto a ella, comenzaba a hacerse de noche, el Sol estaba ocultándose frente a ellos y el aire empezaba a ser más frio, así que Ginny cerró la ventana —, ¿Tú extrañas algo del mundo mágico?
—Quizá a Hogwarts y a todo lo que representa para mí, pero estoy bien aquí, no tengo prisas por volver, tuve seis años fantásticos para disfrutar, aunque sí que extraño algo a mis amigos.
—¿Daphne y Zabini?
—¿Cómo sabes qué Zabini?
—Lo he visto a los tres juntos, aunque jamás hubiera dicho que se veían especialmente unidos, es decir, se les veía mucho a los tres, pero parecía que cada uno andaba en su propio mundo.
—Daphne amaría escuchar eso—aclaró con una sonrisa. Ginny no pudo evitar sonreír también, después ninguno de los dos habló y el silencio se convirtió en una oscuridad, una tal que tragó el brillo en los ojos y los sumió en un estado de trance hasta que entraron a la siguiente ciudad, era más grande y más ruidosa, Ginny pudo darse cuenta de eso casi al instante, la gente aún caminaba por las calles y había establecimientos varios abiertos.
Se detuvieron frente a un bar, era pequeño y ruidoso, tenía algunos afiches pegados en las ventanas y por dentro podía verse un ambiente totalmente relajado, una televisión desde la distancia parecía emitir un juego y varias personas levantaban su cerveza cada cierto tiempo.
—Tengo ganas de algo bien frio, ¿no te importa?—ella negó tomando el suéter que al principio del viaje se había quitado, era grande, le llegaba hasta las rodillas y las mangas había tenido que doblárselas, por supuesto, había sido de Charlotte, pero como Ginny al principio había tenido tan poca ropa la muchacha le había tenido que pasar algunas prendas que al final le había regalado, porque de todos modos a Ginny no le importaba lucir un poco perdida en la ropa.
Harry la observó con una sonrisa y sin más abrió su puerta, esperó a Ginny frente al carro y cuando está lo alcanzó ambos caminaron hacia el bar.
—¿Tampoco te gusta mi ropa?—cuestionó cuando ambos entraron al bar y pronto se encontraron en una pequeña mesa alta en una de las esquina, Harry negó.
—No sé nada sobre ropa. Pero me gusta, te ves…No importa—Ginny frunció el ceño pero antes de decir nada Harry se levantó y se encaminó hacia la barra, habló un poco con el hombre y al fin la regresó con unas seis botellas de vidrio en sus manos, cuando las puso sobre la mesa observó con desafío a la muchacha.
—¿Cuánto crees que pueda soportar ese pequeño cuerpo tuyo?—Ginny ni siquiera se cuestionó cómo era posible que Harry hubiese conseguido bebidas, los ojos lo hacían ver un poco más viejo y contaba con la magia.
—Más de lo que te imaginas—aclaró desafiante, la sonrisa de Harry se hizo aún más profunda antes de tomar una botella y levantarla, Ginny hizo lo mismo, ambos chocaron el material vidrioso y sin cerrar los ojos le dieron una profunda tomada.
La botella de Ginny terminó a la mitad pero Harry no se apartó de la botella hasta que terminó su contenido, la pelirroja apenas le dio una segunda mirada antes de volver a llevarse el cuello de la botella a la boca, pasaron unos minutos antes de que se separara con los ojos levemente cerrados pero con la botella totalmente vacía.
—Me gusta—aclaró el azabache con una sonrisa—. Esa es mi chica.
—No soy un perro, o una niña para el caso.
—Mi error. No tienes nada de niña—Ginny alzó levemente las cejas, pero Harry ya había tomado una segunda botella, así que ella hizo lo mismo, está se la llevaron lentamente aunque ninguno de los dos lo dijo.
—¿Te refieres a que soy guapa?
—Pensé que no te gustaban las mujeres que se creían hermosas.
—Y no lo hago, pero si tú piensas que soy guapa está bien.
—¿Me das tu bendición?—ella asintió con una sonrisa antes de saltar sobre su asiento con una gran grito que se vio acompañado por todo el personal y clientela del bar, parecía que el equipo local había anotado, así que todos estaban celebrando con una buena sonrisa.
Y así como la primera botella la segunda se acabó sin que ninguno de los dos se diera por aludidos con los gritos y los abucheos de la gente en el bar, así que rápidamente comenzaron con la tercera, ya sintiéndose mareados y perezosos.
—¿Cómo vas manejar así?—Harry se alzó ligeramente de hombros, después golpeó con sus dedos la mesa.
—Hablé con el barman, hay un hotel a unas dos cuadras de aquí, creo que ambos seremos capaces de llegar—Ginny soltó una risita.
—Yo creo que no.
—Pues yo creo que sí—aclaró antes de darle un último trago a su cerveza, después se levantó algo tambaleante—, voy a por más.
—Estás loco.
—Y soy un borracho, pero así me quieres pelirroja, ¿verdad?—ella no pudo hacer otra cosa más que rodar los ojos, Harry caminó hasta la barra y pronto regresó con otras cinco botellas, Ginny lo ayudó a acomodarlas aunque se sentía igual de mareada.
—Estoy viendo dos mesas—Harry soltó una carcajada antes de sentarse frente a ella.
—Di la verdad, ¿nunca te ha gustado nadie?
—¿Por qué lo dices?
—Sé de buena fuente que no te costaría nada tener a quien quieras, eres demasiado bonita, más de uno te diría que sí.
—Lo dices como si fuera un ser inalcanzable, soy humana.
—Eres inalcanzable, quizá por eso eres tan bonita. Si cualquier pelele pudiera tenerte, la mitad de tu encanto se evaporaría, ¿sabes que hay una apuestas pululando en Hogwarts acerca de ti?—Ginny no lo sabía, así que abrió ligeramente los ojos.
—¿Qué dicen?
—Se tratan del primero que logre tentarte al menos un poco, quien lo haga va a ganar una gran suma de dinero—Ginny abrió ligeramente los ojos.
—Me estás bromeando.
—¡Joder, no! Es en serio…—soltó una risa lenta—serio… serio… seriecísimo…—Ginny chasqueó los dedos frente e a él.
—¡Concéntrate! ¿Quién está en la lista?
—¿Por qué, piensas alejarte de todos ellos?
—Sólo quiero saber quién es tan idiota como para creer que yo le daría una segunda mirada.
—Tenemos el ego un poco alto, ¿verdad?
—Lo que tengo alto es el odio, créeme, jamás le haría caso a ninguno de los inútiles que conozco—el azabache alzó una ceja.
—¿Por qué?—cuestionó antes de tomar de su botella, Ginny alzó una ceja.
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué les odias?
— Es un poco de todo, si te soy honesta. Pero no se me olvida que cuando se filtró lo de la cámara de los secretos y mi posible participación en todo el lío, más de uno tuvo pocas palabras amables qué darme. Pocas veces me bajaron a algo más que una bruja oscura que sólo había llegado a Hogwarts a causar daño.
—Y tú sólo tenías once años…—Ginny asintió.
—Era una niñita inocente y sin rencores, Tom me arrancó lo primero y después ellos, todos ellos, me regalaron lo segundo. Más de uno me culpó… Merlín, si hasta el idiota de Percy me dijo algunas buenas palabras porque su novia Penélope había casi muerto.
—Pero tú no tuviste la culpa.
—En parte sí, y lo acepto, fui muy idiota al confiar tanto en un diario que parecía tener mente propia… pero ni siquiera era consciente de mis actos cuando él me poseía y casi morí… ese parecía ser suficiente castigo, pero luego… como a veces sucede en Hogwarts, de alguna manera todos supieron que yo era la culpable y los chismes comenzaron a pulular.
—Me gustaba mucho el que decía que eras la reina de las serpientes y que hablaban sirenio y tenías una corona de ojos rojos, muy bonito todo—Ginny sonrió un poco.
—Pues me dolía. Rogué a mis padres por trasladarme a otra escuela pero ellos jamás quisieron, creo que querían tenerme vigilada porque temían por la oscuridad que se hubiera quedado dentro de mí, y por eso… por todo eso me vi condenada al olvido.
—Que al final dio paso al mito que ahora eres. Dime Ginevra, ¿Hay alguna parte oscura en ti?—Sonrió esperando una respuesta, era obvio que no creía nada de los sus padres habían creído, así que Ginny se relajó notablemente.
—Hay muchas partes, pero todas posteriores a lo de Tom, estoy llena de heridas que aún no sanan. ¿Qué hay de ti, hay oscuridad dentro de ti?—los ojos de Harry se oscurecieron levemente.
—Mucha—guardó silencio unos momentos, pero Ginny no contestó, esperó un poco más y cuando se hizo obvio que no iba a obtener respuesta se inclinó sobre la mesa—, ¿Te he espantado, Ginevra?
—Estás roto—susurró en cambio, el azabache alzó una ceja.
—Un poco, sí. ¿Qué hay de ti?
—Muy rota, partida a la mitad, creo. Por eso no quieres amar a nadie serio, ¿verdad?—Harry asintió levemente.
—Sólo quiero vivir—Ginny se quedó callado unos segundos, después se aclaró ligeramente la garganta y lo observó con profunda atención—¿Qué quieres tú, pelirroja?
Parecía que todo ruido fuera de ambos se había insonorizado, sólo estaban los dos, sólo estaban sus sentimientos y el dolor, y había tanto que casi se podía tocar.
—Quiero olvidar—susurró levemente, las palabras de Lotte rondando en su mente.
Se había cuestionado mucho si hacerlo o no hacerlo, si atreverse o no atreverse. Pero si algo tenía seguro en ese momento era que si alguien aceptaría lo poco que estaba dispuesta a ofrecer ese sería Harry, que sería el único que curaría un poco sus heridas porque las entendía, que sería el único que no le cuestionaría ni esperaría mucho más.
—Tengo un nuevo juego—ante aquella declaración el azabache se alejó un poco, su mirada lucia curiosa pero también preocupada, los juegos de Ginny siempre eran peligrosos y tenían dos caras, una buena y otra no tanto, él se había encontrado en el extremo receptor de las mismas.
La nieve había comenzado a caer levemente, hacía pocos días que había comenzado a nevar pero era aún tan poca y tan perdida que a ninguno de los dos les había importado, sin embargo, aquella vez fue diferente, cuando ambos salieron tambaleantes y somnolientos y las motas blancas y pequeñas se pegaron en sus cabellos.
—¿Quieres saber las reglas?—Harry aún no había dicho que sí, pero a ella poco le importó, cuando el azabache asintió se acercó hasta pegarse a su costado, él le pasó un brazo por los hombros.
—Son fáciles. La primera es vivir cada día al día, sin pensar en el futuro; la segunda es dejar los malos sentimientos a un lado y dedicarse sólo a sentir; la tercera es no sentir culpa, jamás; la cuarta es no esperar nada, nunca; la quinta es no guardar nada, los secretos aquí van a sobrar; la sexta es sólo estar, por estar; la séptima es saber que habrá un adiós, que tarde o temprano tendrá que acabarse; y la octava y última es estar consciente en todo momento que ambos nos estamos utilizando—Harry se detuvo en ese momento, apretando del hombro para poder encararla, ella mantuvo la mirada fija en los ojos verdes.
—¿De qué estás hablando?—la pelirroja respiró con fuerza.
—Creo que empiezo a quererte, pero sé también que tú no quieres nada de nadie, que sólo quieres vivir, que no te interesa nada serio. Y sé también que yo no estoy lista para amar, que el sentimiento está oxidado y que sólo quiero olvidar, así que, ¿Por qué no? no nos haremos más daño que a nosotros mismos.
—Pero, Ginevra…
—No, detente. Lo pensé mucho, ¿está bien? Tuve miedo de lucir como una fácil, pero sé que tú jamás me verías así y yo no le propondría esto a nadie además de ti, tú eres diferente en todos los aspectos y me gusta. Pero ahora… en este momento, no eres el hombre al que veo presentado a mis padres, tampoco sé si eres el indicado para pasar toda una vida, porque estoy segura que lo que vaya a sentir por ti será fuerte y doloroso y a lo mejor desde ya está condenado al olvido, pero… ¿a quién le importa? A ti no y a mí tampoco—Harry la observó con atención, ella negó levemente.
—Sólo…
—Sólo no sabes qué decir, yo tampoco. Ya conoces las reglas, tú me utilizas porque me necesitas, aunque no lo admitas. Ambos somos un poco como el diario del otro, por más perversa que sea esa metáfora para mí, tú quieres vivir, vive conmigo entonces… y yo quiero olvidar y por eso voy a utilizarte, voy a olvidar contigo. Y si al final de todo si simplemente esto no da para más, bien podremos hacer uso de las reglas y decirnos adiós así sin más.
Cuando terminó no dejó que Harry dijera nada, se separó un poco con rudeza de él y levantando ambas manos lo abrazo por los hombros hasta ponerse de puntitas, después lo observó con suma atención y antes de que ninguno de los dos pudiese darse cuenta, juntó los labios con los suyos.
Fue una fricción pequeña, casi imposible antes de que volvieran a separarse. Podrían haber negado una vida entre ellos, pero era imposible negar que ambos se sintieran atraídos por el otro. ¿Y a quién le importaba? Ginny tenía razón… heridos al final sólo serían ellos, nadie más.
Así que Harry hizo lo impensable, llevó sus manos a su cara, acarició las mejillas y la nariz pecosa y después la atrajo hacia sí, besándola con fuerza e ímpetu. Jugando con su lengua, acariciando sus labios con los suyos, sintiendo el aliento a alcohol confundirse con el olor a flores en su cabello, sintiendo las lágrimas no derramadas y los malos tratos.
Sintiendo el dolor, un dolor profundo que era tan confuso que lo único que pudo hacer fue seguir besándola, como si con aquello pudiese vaciar todas sus tristezas y de paso alejar también sus fantasmas.
6.
La navidad fue una situación extraña para ambos, no porque precisamente se sintieran nostálgicos de lo que no tenían o de las personas que no estaban a su lado, sino más bien porque ninguno de los dos se llenó demasiado de la celebración. Fue como un punto muerto para ambos, como si tuvieran demasiado qué vivir como para detenerse a celebrar las típicas celebraciones de los demás mortales.
Durante el último mes y medio habían estado viajando por carretera, deteniéndose en algunos poblados y algunas ciudades, a veces una semana a veces apenas unas horas, comiendo de todo un poco, durmiendo noches que parecían un soplo de viento y besándose casi todo el tiempo.
Lo hacían sin darse cuenta, cuando alguno de los dos sentía que la tristeza comenzaba a engullirlo, los fantasmas a perseguirlos y el dolor a atormentarlos; aunque esos no eran todos los casos, a veces lo hacían porque sí, porque estaban felices o porque los labios del otro parecían apetitosos a aquellas horas de la mañana.
—¿Soy irresistible para ti, Ginevra?
—Tanto como lo soy yo para ti.
Y ninguno de los dos hablaba mucho más de unas simples bromas, como si el hecho de quererse, acariciarse y compartir más de una noche durmiendo juntos no fuese necesario, como si lo que valiera fuera el hoy y lo que sentían en ese momento, y todo lo demás saliera sobrando, porque cuando el mundo real los llamase ninguno de los dos tendrían muchas ganas de hacerle frente sin haber disfrutado plenamente de lo que estaban viviendo.
Así que la noche de navidad ambos se encontraron en la parte delantera del automóvil, con una botella en medio y unas manzanas rojas sobre una servilleta, observando el cielo lleno de estrellas a salvo bajo el encanto que Harry había puesto sobre ellos para que la nieve se desviara, Ginny traía puesto el viejo suéter de Charlotte bajo un vestido que le llegaba hasta la rodillas y hacia vuelo cuando daba algunas vueltas, Harry traía unos sencillos pantalones y un suéter de punto.
—¿Crees que haya algo más después de la muerte?
—No, creo que todo es vacío. ¿Por qué, Harry?
—No lo sé, supongo que sólo quisiera pensar que no todo es está existencia vacía.
—Estás un poco melancólico hoy, ¿verdad? ¿Quieres un beso?—no esperó a que contestará, se levantó hasta quedar a horcadas sobre él y lo besó con fuerza, Harry apenas tuvo tiempo de poner sus manos en la diminuta cintura antes de regresar el gesto, cuando ambos se pararon el azabache tenía una pequeña sonrisa en los labios. —¿Estás mejor?—cuestionó la pelirroja antes de bajar su cabeza y comenzar a besarle el cuello, el azabache cerró los ojos y soltó un suave suspiro, su mano derecha se perdió hasta dar con el dobladillo del suéter, que pasó sin ningún problema para poder tocar la espalda de la pelirroja, quien soltó un suave suspiró por sobre la piel sensible de cuello, Harry abrió los ojos para observar el cielo.
—Ha empezado a nevar—susurró levemente.
—¿De… verdad…?—cuestionó besando su cuello, el azabache asintió.
—¿Quieres verlo?—Ginny soltó un suave suspiró y Harry no lo pensó dos veces, la apretó con fuerza y sin mucho esfuerzo cambió de lugares, ella se apretó debajo de él con una sonrisa traviesa, el azabache soltó un suave suspiró antes de acariciarle la cara con la mano que minutos antes había estado en su espalda.
—Yo he sido tu primer beso, ¿verdad?—ella sonrió misteriosamente.
—Si quieres, puedes ser todo lo que quieras conmigo, ya lo sabes.
—Pero lo fui, ¿no?—Ginny sonrió.
—Serás mi primero en muchas cosas Harry Potter, y está bien porque al final del día también serás el ultimo—el aludido sonrió levemente.
—¿Las reglas?—ella asintió.
—Las reglas—Harry le besó la mejilla, ella soltó un suave suspiro—. Lotte compartió una teoría muy interesante conmigo, ¿quieres escucharla?
—Charlotte dice las cosas más interesantes y también estúpidas que alguien es capaz de decir. ¿En qué categoría está esa teoría?
—Un poco en ambas, creo. Va de los seres humanos y de los sentimientos.
— Ambas cosas en las que los dos hemos fallado magistralmente—Ginny le dio un suave golpe en el hombro.
—¡Oye! Que yo trató de ser buena humana.
—Por supuesto—susurró después de soltar una suave risa—. ¿Qué dice entonces mi querida primita?—Ginny tomó aire con fuerza.
—Que hay dos clases de amores en una mujer, aunque supongo que también es aplicable para algunos hombres. En fin, el primero es algo así como el amor de tu vida, valga la redundancia, aquel con el que tendremos grandes aventuras, grandes desventuras y todo este condenado al olvido, alguien a quien podremos odiar con la vida y con quien no nos veremos ni casados ni con hijos porque lo que sientes… lo que ambos tienen es demasiado profundo y tormentoso para terminar bien. Después está el segundo tipo que sería el hombre de tu vida, y no porque sea al primero que ames, eso es obvio, sino más bien porque será la persona con la que te sientas a gusto de amar, aquella que estarás orgullosa de decir lo que sientes, que presentaras a tus padres, con el que nada será demasiado, ni las peleas ni los besos ni los sentimientos, serán suficientes para convivir, al que ves siendo un bueno esposo, al que sabes que podrías dejar de amar pero nunca de querer.
Harry guardó silencio unos segundos, parecía sopesar aquello que Ginny le había dicho, después buscó su mirada y le dedicó una sonrisa profunda.
—Me gusta—susurró—, es cierto supongo, o al menos lo es para nosotros dos.
—¿Te diste cuenta?
—Es imposible no hacerlo, tú serás imposible de olvidar Ginevra—susurró acariciándole el cabello, ella sonrió.
—¿Cómo imaginas a la mujer de tu vida?
—Será alguien tranquila…—susurró—, alguien que no me agobie con preguntas y no trate de buscar a mis fantasmas, que me escuché con una sonrisa y siempre me espere aunque dure siglos en llegar.
—Lo que quieres es entonces a alguien con poco carácter.
—Yo tengo para los dos. No necesito de alguien que sea igual o más impulsivo que yo, no quiero a alguien que me plante cara, quiero alguien con quien pueda tener sólo buenos momentos, quiero alguien con quien pueda sentir algo, pero no todo, sólo algo. ¿Qué hay de ti, tengo algo que me ponga en tu segunda categoría?—ella negó.
—Eres todo lo que yo no busco, creo. Eres impulsivo…
—Tú también.
—Ya. Pero aparte de todo tienes historia inventada, hay muchos corazones rotos detrás de ti y todo eso ha salido en el profeta, ¿con qué cara te presentaría a mis padres? No que me importara mucho, siéndote honesta, pero justo en mi futuro voy a buscar a alguien anónimo—Harry besó su cuello, ella cerró levemente los ojos.
—Te quedaría muy corto Ginevra, jamás podría llenarte…
—Ya lo sé. No quiero que me llene, puedo fingir lo que él quiera que sea, pero quiero tener la libertad de ser quien quiera ser fuera de casa.
—¿Y quién quieres ser?
—No lo que todos esperan, No quiero trabajar en el ministerio…
—Tal vez podrías trabajar en el profeta haciendo columnas acerca de mí y mi perfecta esposa—ella sonrió levemente antes de acariciarle el cabello.
—Me queda. ¿No te importaría?
—No sí eres tú.
7.
El mes de enero llego y se fue como lluvia en la noche para ambos, tan rápido y a la vez tormentoso que apenas lo sintieron. Siguieron manejando sin saber muy bien a dónde se dirigían, o al menos así lo sentía Ginny.
Siguieron parándose en pueblos perdidos y ciudades ruidosas, su relación tampoco cambió mucho. Se contentaban jugando a buscar la pareja perfecta del otro y a inventar formas y colores, se reían hasta cansarse y bebían cuando se sentían lo suficientemente contentos.
Fue como un sueño para Ginny, había tenido razón… estaba utilizando a Harry y él la utilizaba a ella pero se sentía tan bien que ninguno de los dos reclamaba al otro. Las reglas eran la corona que teñía su relación, o su no relación, y era bueno, porque no existía el miedo al futuro, el miedo a perder o el miedo a ganar, porque sabían, tenían claro cuál sería el final de todo aquello y a ambos les iba bien.
—Tal vez te cases con un abogado, Ginevra. Alguien con una maleta bajo el brazo y una sonrisa postiza en la boca que se contente con llamarte su esposa trofeo y te deje ser todo lo que quieras mientras sus compañeros no se den cuenta.
—Y tal vez tú termines con una panadera. Eso sería fantástico, ¿verdad? Que fuera como la de los cuentos, que tuviera sonrisas y pan caliente en la mañana, que te recibiera con una sonrisa y nunca tuviera ninguna queja aunque doliera, y siempre dolería, porque amaría por los dos y a veces resultaría muy cansado.
—En cambio tu esposo abogado no te querría tanto ni tú tampoco, ¡Bonito matrimonio!
—Le daría hijos presuntuosos y un poco infelices… sería una madre un poco mierda, ¿verdad? Y luego les pediría perdón cuando crecieran y les hablaría de la teoría y lo entenderían, quizá.
—No serías una madre mierda.
—Lo sería para los hijos de mí no futuro esposo abogado, te lo aseguro.
Eran sus pláticas cargadas de ironías y verdades a medias y tonterías, que venían a montones y jamás se acaban lo que hacía que todo fuese mejor, como las sonrisas que de repente quedaban mejor en su rostro, pero que no ocurrían siempre, porque aún había momentos amargados y fantasmas y dudas y besos que cansaban.
Febrero dio paso a días con lluvia que hizo que el cabello pelirrojo luciera siempre encrespado y Harry se dedicara a burlarse por ello, pero fue durante aquel mes que por fin el azabache se detuvo en una pequeña ciudad. Y fue diferente porque está vez lucia nervioso, comprobó dos veces el cartel de la entrada con el nombre de la ciudad y cuando pareció seguro, ambos se adentraron manejando por calles oscuras y edificios grises hasta que se detuvieron en una calle que no parecía tener nada de especial, entonces el azabache se bajó y Ginny le siguió doblándose levemente el pantalón de mezclilla para que no se mojara en los charcos que había en todo el lugar. Harry caminó hasta la parte trasera y la abrió sacando ambas maletas, la pelirroja se acercó a tomar la suya y después de una pequeña disputa él la dejó llevarla.
Caminaron las primeras calles sin decir nada, ella observando con atención a los pocos transeúntes con sombrillas y tratando de apartarse el cabello mojado de la cara, aunque sin quejarse, porque Harry parecía más concentrando en otras cosas que no eran ella, así que se quedó a su lado sin apenas decir gran cosa. Pasaron calles sin ver ningún cambio y caminaron cada vez adentrándose más a los barrios más pobres, que parecían más oscuros y más sucios, Ginny inconscientemente se pegó a su lado, él apenas le dio una suave mirada.
Había una cantina de mala muerte con una mujer terriblemente mal pintada y cansada parada cerca, como si esperara que alguien la salvara, aunque ambos supieron que no hacía más que esperar un posible cliente, Harry caminó hasta el edificio que se encontraba a dos puestos de aquel lugar.
Era un gran cuadrado de ladrillos pintarrajeados, con una puerta de madera despintada y vidrios rotos que parecían haber sido tapizado con tablones, un primer plano horrible.
—¿Quién vive aquí?—susurró cuando Harry forzó la puerta, que se abrió después de unos cuantos empujones, el aludido no contestó al instante, ambos entraron y en seguida comenzaron a subir las escaleras, eran sucias y viejas, todo en aquel lugar era viejo y anticuado, comparado el edificio de Dudley y Charlotte casi parecía un paraíso.
Llegaron hasta el último piso aún sin emitir ruido alguno, era igual que todos los anteriores, se escuchaban ruidos desde las puertas y un ligero olor a mugre estaba impregnado en todo el lugar. Caminaron hasta la última puerta que de especial no tenía nada, ni siquiera había un número pintado en ella, era sólo una puerta vieja de madera llena de grietas, Harry tocó la puerta aún con la maleta en mano antes de observarla, había un brillo especial en sus ojos cuando habló.
—Aquí vive mi padrino—susurró antes de que la puerta se abriera, Ginny no pudo hacer otra cosa más que abrir totalmente los ojos cuando observó al hombre que les sonreía desde el otro lado, lo reconoció casi al instante, era el prófugo más famoso de Azkaban, quien había escapado hacia cosa de tres años y jamás había sido encontrado, aunque lucia mucho mejor ahora, tenía el cabello corto hasta la barbilla y parecía estar en un peso mucho más saludable.
El miedo se cernió sobre ella casi sin darse cuenta, después de todo había escuchado cosas horribles acerca de él, pero antes siquiera de poder reaccionar Harry dejó caer la maleta a un lado y abrazó con fuerza al hombre, quien con una sonrisa en la boca lo apretó con fuerza sobre su pecho.
Aquel era el hombre que había escapado para matar a Potter… o no. Después de todo Ginny era la prueba viviente que los chismes poco tenían de cierto, que lo que se decía de una persona raramente era lo que sucedía, que la verdad a veces era cien veces menos atroz.
Sirius Black parecía haber sido sólo otra víctima más de la mente escandalizada y asustadiza de la comunidad mágica, y decidió justo ahí, darle el derecho a la duda.
Harry mientras tanto ya se había separado por fin del hombre, quien había ya entrado a la casa, el azabache en seguida agarró la maleta y con la mano libre la agarró a ella del brazo, pronto ambos estuvieron adentro, y dentro no era nada de lo que Ginny hubiese imaginado al ver el afuera. Obviamente había sido modificado con magia, parecía más grande y también mucho mejor equipado, los ruidos de los departamentos vecinos no llegaban y el empapelado junto a todo el mobiliario daba cierta connotación de riqueza.
—Así que Ginny Weasley está contigo Harry. Sí que te lo tenías bien guardado—aclaró el hombre quien se había encaminado hacia la sala y se había sentado así sin más en uno de los sillones, Harry dejó la maleta a un lado pero no soltó a Ginny, quien hizo lo mismo con su maleta antes de que ambos se encaminaran hacia el hombre.
—Ginevra, este es Sirius Black, mi padrino asesino de masas—una sonrisa irónica se posó en sus labios—. Sirius, está es Ginevra, mi compañera de viaje.
—¿Sólo de viaje?—cuestionó con una mirada traviesa, Harry la observó a ella, quien sonrió.
—Tal vez un poco más, pero nada serio. Para el resto del mundo sólo seremos de viaje—Sirius pareció momentáneamente aturdido por la respuesta, Harry sonrió.
—Pues un gusto—susurró cuando al fin pudo reponerse de la sorpresa—, me gustaría tomar el crédito por lo que se me acusó y por lo que estuve encerrado durante doce años en Azcaban, pero yo no fui el asesino.
—¿Entonces quién?—cuestionó sentándose en el sillón frente al hombre, quien le dirigió una rápida mirada a Harry.
—¿No le contaste nada?
—No hemos tenido mucho tiempo.
—Han estado poco menos de medio año juntos, han vuelto a medio mundo loco, parecen estar cerca… ¿Y no le contaste?
—Nunca se dio el momento—aclaró alzándose de hombros, Ginny alzó una ceja cuando él comenzó a secarla con su varita, el departamento estaba tan caliente que realmente no había tenido frio, Sirius observó aquello con una leve sonrisa.
—Ya veo, tenían cosas más cosas más interesantes qué hacer que hablar sobre el pobre Sirius, lo entiendo.
—No te lo tomes tan personal—aclaró Harry aun secando a la muchacha—. Ahora mismo se lo digo, ella lo va a entender a la primera porque sabe lo que es tener miles de chismes sobre ti que no son ciertos… bien Ginevra, la historia comienza hace muchos años, con mi padre y sus tres mejores amigos, conoces a uno, fue nuestro maestro, el profesor Lupin.
—Gran hombre—interrumpió Sirius, Harry asintió.
—Después está Peter Pettigrew que fue… es una…
—Rata de mierda asquerosa con una vida jodida que busco joder la vida de todos a su alrededor.
—Sí, supongo que eso lo define bien. En fin, el ultimo es Sirius Black, quien…
—Espera. Se han referido a Peter Pettigrew como es, como ahora. Pensé que estaba muerto, que tú lo habías…
—¿Matado? Hubieran valido la pena los años en la cárcel si eso hubiera sucedido. Pero no, el muy hijo de puta me ganó, por primera vez en años fue más listo que yo.
—Yo diría que el miedo lo hizo actuar y a ti el dolor te paralizó.
—El dolor es una mierda—susurró Sirius tomándose dramáticamente el corazón con una mano, Harry sonrió.
—Yo pienso lo mismo, ¿Qué hay de ti, pelirroja?—Ginny asintió mientras Sirius silbó.
—¡La llamas pelirroja! James llamaba a Lily así todo el tiempo cuando estábamos en Hogwarts…
—Sí, yo creo que mi madre lo detestaba.
—¡Por supuesto! no le gustaba nada, nadita. Pero qué me dices tú, Ginny. ¿Te gusta?—la aludida se alzó de hombros.
—No me molesta—aclaró con una sonrisa —. Me han dicho cosas peores y sé que para Harry eso es casi como un cariño—el aludido levantó una mano.
—Me declaro culpable. Pero volviendo a la historia, porque Sirius, eres demasiado distraído y nos distraes a todos. Sucede que mi padre tenía estos buenos tres amigos, aunque mi padrino aquí siempre fue más como su hermano, como su mitad perdida, hijo de otra madre.
—Una cosa muy bonita, vamos. Una vez hubo rumores en Hogwarts de que nosotros dos manteníamos una relación romántica secreta y tormentosa—el azabache hizo una mueca.
—Eso nunca me lo habías dicho.
—Nunca había salido al caso. Al tema, que todo mundo pensaba que porque James y yo siempre estábamos juntos y teníamos muchos secretos quizá también compartíamos cama…—Ginny soltó una suave carcajada, Sirius la observó con atención y ella se alzó de hombros.
—Pues que tonto. Una de mis compañeras, chismosa hasta las cejas, dijo que su madre había estado un año por encima de todos ustedes y que le había contado que Sirius Black era uno con todas las mujeres, sus relaciones apenas duraban nada y tenía corazones rotos a por doquier… ¡Anda Harry, igual que tú!—los aludidos se observaron con atención.
—¿Eres un fácil, Harry?
—¡Pero qué bonito vocabulario!—vociferó su ahijado—¿A quién le importa?
—A mí, ¿qué le voy a decir a Lily cuándo vuelva a encontrármela y me reclame por eso? ¡Me va a cortar las pelotas espirituales!—Ginny soltó una carcajada, Harry hizo una mueca.
—Puedes echarle la culpa a mí lado Slytherin.
—¡Eso voy a hacer! Tu lado Slytherin es el centro de todos tus problemas—aclaró con voz juguetona, Sirius pocas veces imaginaba la reacción de James si estuviese vivo y se hubiese enterado que su hijo era una Slytherin, pero no tenía la menor duda que al final lo hubiera querido igual, porque así era James, amaba sin más y no tenía miedo de decirlo, Harry sonrió antes de volver a observar a Ginny.
—¿En qué iba? Ya… cuando mi padre y mi madre se dieron cuenta que yo estaba en peligro decidieron, aunque supongo que esta parte ya la sabes, hacer el encanto Fidelius para esconderse, pero a diferencia de lo que todo el mundo pensó, el guardián secreto jamás fue Sirius…
—Era demasiado obvio—aclaró el hombre con una mueca—, todos sabían lo unidos que éramos James y yo, y temía que al final si me atrapaban, las torturas me hicieran flaquear, así que le dije a James que lo mejor era escoger a alguien más en secreto y fingir al mundo que yo era el guardián del secreto, era un fantástico plan.
—Que terminó completamente mal—susurró negando levemente Harry, Ginny frunció el ceño cuando el azabache continuó con la historia.
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¡Hola! Tercer capítulo listo. En este punto ha empezado una nueva parte del fic, que sigue siendo rápido y que va a continuar así de rápido y de extraño, porque siento que es un poco extraño. En fin… muchas gracias por sus favoritos y alertas y sus comentarios. Espero saber qué opinan de este nuevo capítulo. ¡Nos vemos pronto!
Contestó reviews:
Celtapotter: ¡Hola! El viaje… bueno, es corto, pero la historia en sí tampoco es larga, no mucho al menos, así que va a suceder rápido y la historia después del mismo continua, de todos modos espero que te siga sorprendiendo. Cuídate mucho.
Florfleur: ¡Gracias! me alegra mucho que los cambios en las personalidades de los personajes no resulten chocantes… y bueno, tienes razón, el título dice mucho de lo que va a suceder en la historia y no esperanzador, pero en una vida hay días, meses, años…. Y no hay final, y está es así, un poco transcurriendo en etapas, aunque ahorita no se vea mucho. ¿Un final feliz o un final justo? Ya me diras tú lo que opinas cuando termine. Jaja… y mi me encantan tus comentarios, así que estamos a mano. Mucho éxito para ti también, cuídate mucho.
Core Nakisawa: antes que nada… ¡Lamento mucho la equivocación! Es que sí, en realidad fue la ambigüedad de tu nip y el caso general de que en este fandom hay muchas más mujeres que hombres, pero bueno, me alegra mucho no haberte ofendido y que también te haya gustado el capítulo… y sí, Ginny y Harry son diferentes, muy diferentes, y están heridos y lo saben y no les importa, porque les gusta de una forma retorcida… es extraño, pero bueno, espero que este capitulo también te haya gustado. ¡Nos vemos en la próxima actualización!
