8.

Ginny pronto descubrió que vivir con Sirius Black no era muy diferente a hacerlo con algún amigo insoportable, porque el Black tenía esa lengua mezquina y suelta que decía más verdades que las que se callaba y que hacia todo lo posible por incomodar a quien le rodeara, no que exactamente lo lograra con aquel par, porque tanto Ginny como Harry sabían el juego que jugaban y tenían reglas y no se escondían nada, por tanto, ponerlos en situaciones incomodas había resultado casi imposible.

La historia de Sirius Black era ante todo muy trágica, apenas había podido disfrutar la juventud, por eso era tan inmaduro, se le habían arrebatado más de diez años de su vida y vivía encerrado, escondido y camuflado porque su cara era bien conocida en el mundo muggle. Cuando salía solía ponerse siempre hechizos de apariencia y ropa vieja y raída junto a un sombrero de copa ancha que le daba toda una apariencia de alguien derrotado por la vida, esto último tal vez era un poco cierto.

Había encontrado a Harry por allí en su tercer año y le había contado toda la verdad antes del inicio de curso, pero como buen Slytherin el azabache había hecho muchas preguntas y a Sirius le había costado mucho tener su confianza, que al final había ganado con honores. Entonces ambos se habían puesto a trabajar en un plan de acción y después de conseguir una varita, Sirius se había perdido en el mundo muggle.

Ginny los había visto hablar suficientes veces para saber que cuál fuera ese plan, aún estaba llevándose a cabo. Y era tan obvio que ambos compartían secretos y se pasaban algunas noches en vela hablando de lo que fuese que planeaban, que Ginny muchas veces se había encontrado en la necesidad de preguntar de qué iba todo el misterio, aunque al final siempre se arrepentía porque algo intuía que se trataba de Harry Potter, no de Harry, si no del Harry Potter, y aquel ser era un tema que ya no le convenía a Ginny, porque para ellos dos todo era el ahora, y el ahora no incluía el futuro desolador que a ambos les esperaba.

—Yo no sé—aclaró Sirius una noche mientras el trio cenaba pizza—, yo no entiendo, mejor dicho, qué es lo que hay entre ustedes dos, pero dudo que sea nada.

—Es nada…—susurró Harry con una sonrisa—, y todo, no es difícil de entender.

—Como sumar uno más uno o multiplicar dos por dos—Sirius frunció el ceño al escuchar a la pelirroja.

—Ya… me duele pero tengo que admitir que ya no entiendo mucho de la jerga adolescente… y explíquenme por favor, ¿lo suyo es una relación? Porque más de una vez he visto que te escabulles a su cuarto, Harry. ¿Están al menos usando protección?

—¡Sólo dormimos juntos!—vociferó la única mujer, Sirius sonrió socarrón.

— Ajá, y yo les creo.

—Es verdad, Sirius. Dormimos juntos porque estamos acostumbrados a hacerlo y nos gusta, es bueno tener compañía las noches que los fantasmas no te dejan dormir—aclaró Harry.

—Y con respecto a la relación… es y no es una relación. Pero es algo, aunque no es todo. Es más un punto medio o un limbo… ¡Sí! Un limbo, estamos en medio del cielo y el infierno y no pertenecemos ni a uno ni al otro—el azabache asintió a las palabras de la pelirroja, Sirius se rascó la barbilla.

—Haber si me explico… ustedes dos se gustan, ¿vamos claros?

—Ella es hermosa, por supuesto que me gusta.

—Y Harry mata con esa actitud de chico malo y herido, opino lo mismo—Sirius asintió con una sonrisa, le gustaba mucho, aunque no lo admitiera, que tanto Harry como Ginny dijeran cómo se sentían el uno con el otro sin tapujos, sin miedos, sin mentiras a medias.

Era refrescante en muchas maneras y aunque no podía avergonzarlos casi nunca, se divertía mucho escuchándolos interactuar, era divertido porque ambos eran divertidos y se entendían, además, sin los silencios incomodos uno nunca se aburría.

—Vale, ese punto está ya resuelto. Ahora… y este el quid del asunto… ¿Se quieren? Porque parece, pero no sé qué tanto es sólo querer y que tanto es más amar.

—Es sólo querer—contestó Ginny—, y tal vez un poco amar… lo quiero más de lo que la palabra cubre, estoy segura. Lo quiero en muchas cosas, me encantan esas cosas. Pero me da un poco de miedo admitirlo, siéndote honesta. Estoy enamorada de sus pequeños gestos y siento querer por mucho de lo que piensa y por mucho de lo que se parece a mí… ese es el problema, se parece demasiado a mí.

—Ginny y yo estamos claros en que no estamos listos para amar y tener una relación seria con nadie, a mí ella me gusta mucho, la quiero, estoy quizá un poco enamorado también… vivo en mucho de lo que ella hace y es todo, pero es más… es más como un ahora.

—Sí, ninguno de los dos tiene esperanzas del futuro… después de todo el dolor es una mierda y siempre es proporcional a la esperanza.

—Ustedes dos son tan emocionalmente muertos… ¿están seguros que son humanos?—Harry sonrió.

—Hacemos nuestro mejor esfuerzo, pero no siempre lo logramos.

—Entonces, sí… simplificando: se gustan, se quieren… tal vez se aman un poquito, pero sólo un poquito porque aparentemente ninguno de los dos está hecho para tales sentimientos…—soltó un bufido—, así que no, no es una relación porque no tiene futuro, pero de todos modos es algo—Ginny y Harry se observaron.

—Sí, supongo que eso lo ejemplifica bien—aclaró este último.

—Ustedes dos son tal para cual… no creo que encuentren a nadie más con quien se lleven tan bien, ¿así que por qué no hay futuro? Es lo que no entiendo.

—Es por la teoría—aclaró Ginny con una sonrisa—, hay dos tipos de… tipos, hombres, muchachos, chicos… en la vida de una mujer, en mi caso. Está el amor de mi vida, relación tormentosa e imposible y el hombre de mi vida, el perfecto caballero a quien presente a mis padres—Harry sonrió.

—Eso y que ambos nos utilizamos, somos un poco como el pañuelo de lágrimas del otro y sabemos bien que lo hacemos, por eso no estamos heridos o teniendo pensamientos idiotas. No digo que Ginny no sea todo lo que necesito, porque quizá si lo sea, pero en este momento sí que no lo es, no necesitamos esos dramas ni esos sentimientos.

—Yo tampoco digo que Harry sea imperfecto para mí, porque no lo es. Pero está tan roto como yo y justo ahora es todo lo que no quiero en una relación, porque es egocéntrico.

—Y ella es tozuda como nadie.

—Y él tiene una reputación simplemente horrible… no quiero ser una más de su lista de corazones rotos, ¿sabes?

—Y yo no destruiré la reputación intocable de Ginevra—ambos se observaron.

—Así que estamos felices con el acuerdo—dijeron al mismo tiempo, Sirius que había estado escuchando todo aquello con los ojos bien abiertos se masajeó la frente.

—Es que son imposibles… ¿no sienten ni un poco de vergüenza?

—¿Por qué? No es algo que vayamos gritando a los cuatro vientos, eres sólo tú, y ella y yo no nos sentimos incomodos diciéndolo—Ginny asintió mientras que Sirius murmuró algo entre dientes.

—Todo suena muy bien, pero no es así de fácil, ¿saben? Han sentido muchas cosas juntos, no creo que podrán decirse adiós y ya, fin.

—Es que no hay fin, sólo pausa. Haremos una pausa cuando llegue el momento y nos diremos hasta luego y tal vez busquemos a alguien más y si al final volvemos a encontrarnos… pues bueno—susurró Ginny, hablar del futuro era mucho más incómodo que hacerlo del presente, Sirius no pareció darse cuenta, sumido como estaba en sus pensamientos, después sonrió con gusto.

—Están jugando con fuego… y ambos van a salir muy, muy quemados. Y es tan idiota todo pero a la vez tiene tanto sentido que no voy a tratar de entenderlo, sólo tengo una pregunta… ¿Cuáles son, según ustedes, los perfectos moldes de seres humanos para el otro?

—El de Ginevra tendrá que ser un abogado.

—Y el de Harry una panadera—Harry soltó una carcajada.

—¿Y no puedes ser tú Harry un abogado y Ginny una panadera? Deberían intentarlo, quizá funcione—ambos se observaron con atención, después hicieron una profunda mueca.

—No—dijeron al unísono, si se imaginaban a su contraparte lo hacían pensando en alguien haciendo lo que se sea que más le gustara, Harry estaba totalmente alejado del papeleo y Ginny de madrugar.

—Vale, pero que les quede claro que van a haber chismes si llegan juntos… la gente te ha buscado mucho, Ginny—aquello llamó la atención de la pelirroja, no había escuchado a Sirius decir aquello con frecuencia.

—¿Qué dices, quién me busca?

—Toda tu familia, por lo que sé y no sé mucho. Desapareciste justo después de que el tren se fuera a Hogwarts, ¿verdad?—ella asintió ávida de información, Sirius volvió a rascarse la barbilla—, pues bueno, que según tengo entendido, tu hermano… ¿Ronald? Pues ese… se preocupó cuando no apareciste a los pocos minutos y se puso a buscarte por el tren, pero no te encontró… parece ser que movilizó a todos los prefectos, pero nadie sabía nada y cuando llegaron a Hogwarts al pobre casi le daba un ataque… después se empezó a preguntar y algunos niños de primero dijeron haberte visto abandonando el tren y se armó la grande.

—¿De verdad?

—Sí, Dumbledore llamó a tus padres casi al instante y Molly y Arthur junto a algunos aurores se movilizaron casi en seguida para barrer toda la estación, pero para ese entonces ya te habías evaporado como el aire… cuando comenzaron a preguntar en el lado muggle lo único que pudieron saber fue gracias a un hombre que te había visto de paso… suerte que nadie te reconoció Harry, él sólo dijo que había visto a una pelirroja caminando y ya… nunca supieron a dónde te fuiste o qué hiciste después de eso—Ginny alzó ambas cejas.

—¿Qué dijeron mis padres?

—Bueno… querían una movilización total, pero todo indicaba que tú solita te habías ido… aunque tengo entendido que tus hermanos aún siguen buscando en el mundo muggle… ¿no se encontraron a ninguno?

—Sería una terrible coincidencia si eso pasará—susurró Harry observando con una mueca a Ginny, quien parecía totalmente perdida en sus pensamientos, después de todo estaba seguro que durante todo el viaje poco había pensado en su numerosa y bulliciosa familia—¿Estás bien, Ginevra?—cuestionó dándole una palmadita a su mano, ella alzó levemente una ceja.

—Sí, es sólo que es alucinante—Sirius frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Es que no he pensado mucho en mi familia y saber que ellos… bueno, que ellos me están buscando me hacer sentir… ¿culpa, remordimiento? Quizá las dos cosas. ¿Qué más sabes?

—Poco y nada, ya te conté lo que sé—aclaró con una sonrisa—, ustedes carecen de sentimientos comunes, ¿verdad? Cualquier adolescente normal hubiera al menos hecho una carta—Ginny se mordió nerviosa el labio.

—Es que estaba pero no estaba. Durante todas las vacaciones me la pase allí sin estar, sonriendo a mi madre y diciendo "estoy bien" cuando alguien me preguntaba, ni siquiera salí mucho de mi cuarto y las pocas veces que lo hice fue sólo en las cenas, comidas y almuerzos… mamá me prestaba la misma atención que a un fantasma… fui un fantasma. Así que me cayó mal que apenas y subir al tren Ronald ya estuviera pisándome los talones…

—Así que sin más escapaste—Ella asintió a Sirius.

—No tengo nada en Hogwarts, no pensé en mi familia tampoco… soy una ruin egoísta.

—No, cada quien debe luchar sus propias batallas… si la gente no comprende eso, bueno… pues que se vayan a la mierda—aclaró Harry, ella abrió levemente los ojos.

—¿A la mierda? Pensé que nosotros éramos los que estábamos allí.

—¿Te sientes allí ahora?—ella observó la pizza a medio comer, después a Sirius quien tenía los ojos atormentados y la sonrisa sincera, al final observó también a Harry y no pudo hacer más que negar.

—No, esto es el oasis.

9.

Fue un mes después, ni más ni menos cuando Harry se acercó a ella, quien se había sentado en uno de los sillones de la sala, al principio no dijo nada, se sentó a su lado y jugó a hacer patrones en su rodilla.

—¿Quieres un beso?—Harry sonrió, asintió y después se acercó hasta su mejilla en donde deposito un simple beso.

—Lo que quiero es hablar contigo.

—¿De algo importante?—el aludido asintió.

—Algo muy importante. Es hora de volver a casa—por un momento nadie habló, Ginny había empalidecido en el acto, parecía realmente enferma cuando lo observó con grandes ojos feroces.

—Pero… ¿Por qué?

—¿No quieres ver a tu familia?—ella se mordió el labio.

—Quiero, pero…

—Pero…

—Pero no quiero… es… estos últimos meses han sido como… como un sueño—Harry sonrió.

—Como un oasis.

—O estar en el limbo—sonrió levemente, después acarició la cara masculina—, ¿tienes que volver a ser el héroe que todos quieren?—Harry asintió con una mueca, ella suspiró.

—Te voy a extrañar… y no me refiero al Harry Potter, voy a extrañar a Harry a secas…

—Gracias—susurró—, conoces partes de mí que nadie más ha visto.

—Tú también conmigo. Entonces… ¿el juego se ha acabado?—respiró con fuerza, no quería escuchar aquella respuesta porque casi, casi la imaginaba, pero también temía al silencio, que se había vuelto pesado en cuestión de segundos.

Ambos se observaron… que guapo que era Harry, lo extrañaría, lo extrañaría tanto que se sentiría un poco a medias, ¿Cómo fingir que nada había sucedido? Eran las reglas, por supuesto, y se apegaría a ellas, pero eso no evitaba que le doliera cerrar la brecha.

Jugaron con fuego… ¿se quemaron? No lo supieron, no mucho, casi nada…

Harry no contestó, volvió a jugar con su rodilla, después acercó su rostro hacia el cuello y lo besó, lento, parsimonioso… se sentía tan bien que Ginny sin ser consiente llevo ambas manos al cabello, salvaje, indómito.

Cuando Harry se separó buscó su mirada, ella no separó las manos del cabello, se reconocieron, se sonrieron.

—¿Le damos un final espectacular?—Ginny se remojó los labios, vio a Harry estremecerse, después acercarse y besar la comisura de sus labios, ella buscó su barbilla cuando se separaron, la acarició con ternura. —¿Por qué nunca intestaste nada más, Harry?

—¿De qué hablas?

—Estuvimos solos tanto tiempo, tuviste miles de oportunidades para tener sexo conmigo, estuve borracha, inconsciente y salvaje, sé que más de una vez sin estar completamente en mis cabales busqué desnudarte y que de paso tú me desnudaras a mí, ¿Por qué no lo hiciste?

Él se separó, sonrió levemente antes de volver a acariciar su rodilla, ella esperó una respuesta sin sentirse ansiosa, eran esos momentos en los que amaba la honestidad que había entre ellos.

—Porque soy muy idiota, o quizá tengo algo de Gryffindor, no lo sé todavía.

—¿Entonces sí querías?—él asintió.

—Quise todo el tiempo, eres como una diosa, Ginevra. Y si todavía eso no fuera cierto, si no fueras tan bonita y sensual, aun así quisiera. Porque me vuelve loco tú lengua viperina y me erotiza esa manera que tienes para ganar siempre, para tener la última palabra.

—¿Entonces?—cuestionó pegándose de nuevo a él, quien la abrazó con fuerza mientras ella escondía de forma casi infantil la cara en el pecho.

— Que el problema era que siempre que querías eras menos tú y menos de lo que me gustaba de ti, siempre un poco borracha o un poco molesta… te parecerá estúpido, pero carecía de sentido estar contigo si no eras tú al cien por ciento.

Ella se mordió con fuerza el labio, Harry era un poco caballero, podía darle eso, pero también se daba cuenta que había algo de egoísmo por su parte, el no quererla porque no estaba completa y si no estaba completa mejor nada, porque a lo mejor estaba más que acostumbrado a tenerlo todo.

¿Y que era Ginny? Ginny la que no temía a nada, la que había aceptado aquel juego, la que aún estaba segura que estaba muy rota para amar a alguien. La que en ese momento no estaba ni un poco borracha, ni tampoco salvaje, la que estaba casi entera, aunque sintiera un profundo sentimiento de pérdida.

Harry había sido el experto, ella la que había aprendido. ¿Estaba lista? Porque Ginny podía darse el lujo de carecer de los pensamientos imbéciles que tenían la mayoría de sus compañeras, pero sin algo tenía en común era aquel miedo, porque hacerlo, tener sexo, era dar un paso inevitable hacia delante, adiós todo lo que antaño significaba ser niña.

¿Y estaba lista?

Olió casi por inercia el aroma que desprendía la piel de Harry, después acarició su pecho, desabrochó los tres primeros botones de la camisa, sintió su corazón latir. Era sólo un juego, pero significaba un mundo, una eternidad, una vida.

La Ginny que llegará a Hogwarts no sería la misma que se había escapado, había madurado, había curado viejas y punzantes heridas y lo que quedaba era alguien que por dentro se sentí apenas cambiada pero que por fuera seguiría siendo la misma.

Buscaría a alguien con el que se sintiera cómoda, cómoda y ya. Y recordaría, tal vez después de muchos años, aquellos momentos como un oasis, como una pausa, como un mejor… se removió un poco, Harry la apretó con más fuerza, ella levantó la cabeza para besar la parte del pecho que se había quedado libre, él se estremeció.

—Vamos a hacerlo—susurró con los labios aún pegados al pecho, él suspiró.

—¿Hacer qué?

—Tener sexo. Estoy entera ahora, no he tomado nada, podrás tenerme entera si es lo que quieres, aunque no te aseguro que será bueno, porque jamás lo he hecho. No sé cómo actuar.

Él la separó para observarla, sonrió cuando la vio sonriendo, despeinada y ligeramente ruborizada, le gustó mucho.

—¿Y si te arrepientes?—ella negó.

—No me arrepentiré, te lo prometo. Está brecha, este momento en el tiempo será todo lo que yo no seré, quiero serlo completa—él la observó una profunda vez, buscó algo y ella se aseguró de que lo encontrara y lo encontró, porque soltó una carcajada antes de levantarse con ella aún en brazos, se tambalearon un poco, sus risas se mesclaron, ella enredo sus pies en el torso, él besó su cabello.

—Te va a gustar, te lo prometo—susurró Harry antes de llevarla hacia su habitación.

Había poca luz, pero estaba limpia. La cama hecha, el piso brillante, las miradas buscándose.

Hubo besos, muchos, se besaron en todos los lugares que pudieron descubrir, Harry contó sus pecas, las del pecho y las de la espalda, las comparó con las contestaciones, tuvo que trazar figuras, las nombró a todas.

Dejarse, perderse, encontrarse… apretar los ojos con fuerza porque era demasiado, todo era demasiado y después buscarse, buscar su mirada, besar sus labios, sus parpados, sus pechos. Gritar, gemir, gruñir… morder… sí dolió, dolió la primera vez, dolió un poco menos la segunda, fue más sentir, más vivir.

Sentían en los poros de la piel, en los cabellos, en los dedos, en el alma. Se miraban, se sonreían, se tocaban… se tocaban todo lo que podrían tocar, y no había límites. Era conquistar, era descubrir un nuevo mundo, uno propio, uno privado y ganarlo, luchar en las batallas, derrotar al enemigo y colgar la bandera ganadora en el más alto mástil.

Cual animales… cual humanos.

10

Sirius se burló sin cesar, habían olvidado poner hechizos de insonorización y cuando los primeros ruidos comenzaron a escucharse el hombre había salido corriendo, no regresó hasta el siguiente día y cuándo lo hizo, no paró de burlarse.

Está vez ninguno de los dos supo cómo defenderse o qué decir, había sido un día bastante… productivo y extraño, apenas habían salido para comer algo, mucho menos para acordarse de que Sirius era el dueño de aquella casa, y había sido privado, intimo… eran incapaces de burlarse de ello.

—Fue sólo sexo—susurró Harry cuando ambos se quedaron solos, Sirius lo observó con una ceja alzada, había tristeza en sus ojos, había añoranza, había desesperanza.

—Hay mujeres con las que jamás será sólo sexo, nunca. Ginny… Ginny no será sólo sexo para ti.

—Pues lo tiene que ser—rebatió con convicción, como quien decía que el cielo era azul, Sirius sonrió apenas un poco.

—Pues no lo es. La tienes grabada en tus pupilas, puedo verlo. ¿Por qué aceptaste ese trato horroroso que tienen entre ustedes? Hubieras podido conquistarla de la buena manera, llevarle flores, invitarla a salir, hacerle unos cumplidos. Ser un buen prospecto, ser un mejor novio. ¿Quizá? No lo sé, ¿lo sabes tú?

—No lo entenderías ni aunque te lo explicara, y deberías hacerlo porque tú más que nadie conoces lo que tengo que hacer. Ginevra es… es fantástica. No la voy a olvidar, pero tampoco quiero formar una familia con ella. ¿Entiendes eso? somos demasiado honestos, conocemos las heridas del otro, hemos convivido con los demonios ajenos, no quiero que se vuelva mi talón de Aquiles. He pasado toda una vida planeada por una profecía, quiero libertad.

—¿Y Ginny no te la dio?

—Me la dio, pero fue bajo las reglas, bajo el juego. No creo que éste enamorada de mí, no… no es así, ella no es así.

—¿Y tú?

—Tampoco.

—Pero son el uno para el otro—hablo bajito, casi como si estuviera haciendo un berrinche por el hecho de que su ahijado no pudiese ver lo feliz que sería con Ginny—. Ella te hace feliz, tú la haces feliz. Se complementan, se gustan, se conocen, ¿Qué más necesitan? Si hay amor…

—A veces el amor no es suficiente. No sé si saldré vivo de todo esto, no lo sé. Pero si pasa, si salgo vivo, voy a ser otro, habré matado a un hombre, aunque sea el hombre más inhumado que existe, seré un asesino, habrán nuevos demonios. No estoy muy seguro que aquella nueva versión de mí se ajuste a la Ginevra maltratada y dolida, pero inocente por dentro, muy dentro—Sirius se estremeció.

—Yo tampoco estoy entero, tampoco soy el viejo Sirius, tampoco soy lo que había imaginado. Pero aquí estoy, soy está versión más oscura. Ginny tampoco será la que es ahora, sufrirá una guerra, todos lo harán, tal vez pierda a alguien, tal vez pierda algo de ella en el camino. Pero seguimos siendo nosotros, una parte pequeña o una más bien grande. Y estamos aquí y a veces eso es lo único que se necesita.

—No.

—Pero la quieres.

—Por supuesto—sonrió levemente—, creo, no. Estoy seguro que es el amor de mi vida. Pero dudo mucho que vaya a ser la mujer de mi vida. ¿Entiendes eso? no sé si ambos podamos soportarlo, somos demasiado.

—Pues son mejores juntos que separados—susurró, entonces observó hacia la habitación de la pelirroja y se acercó hasta quedar a poca distancia de su oído—¿Cuándo vendrás?—Harry frunció el ceño, también bajó el tono de voz cuando contestó.

—Apenas y la dejé en su casa. Ni siquiera me dejaré ver.

—¿Y si ella dice algo?—el azabache se alzó de hombros.

—No sabe que yo volveré, puede decir lo que quiera. Pero no lo va a decir, estoy seguro—Sirius asintió.

—Si así lo dices, yo ya voy a tener todo listo cuando vuelvas—se separó aclarándose la garganta—espero que volvamos a vernos pronto—soltó un poco más fuerte justo en el momento en el que la pelirroja salió, ella frunció el ceño, buscó a azabache, pero él se había alejado hacia la puerta, que abrió dejando entrever el pasillo mugriento.

—¿Lista?—ella asintió y con maleta en mano se acercó a Sirius, quien la abrazo con una sonrisa.

—Fue un gusto, Ginny—ella sonrió.

—Prométeme que te cuidaras ¿me lo prometes?—él alzó una ceja antes de asentir.

—Promesa de merodeador.

11

Fue extraño que no tomaran el coche, fue aún más extraño que Harry siguiera caminando sin apenas decir nada, con dos intentos infructuosos por tomar la maleta y dos muecas frustradas después de la negación, Ginny no se sentía cansaba, su maleta no pesaba nada, gracias a los hechizos que antaño Harry había colocado en ella.

Pero se sentía curiosa y preocupada, había imaginado un viaje de regreso igual de largo y bonito, con las carreteras infinitas y el cambio de las estaciones, aún hacia mucho frio así que los suéteres y la ropa caliente los cubrían con fuerza casi extinta, como si aquello no fuera suficiente.

Ginny sin darse cuenta castañeó los dientes, después se estremeció, traía un viejo suéter que había pertenecido a Charlotte, le quedaba un poco por los muslos y tenía las mangas largas, era muy bonito, le gustaba mucho, pero aun así era muy delgado, Harry pareció notarlo porque negando levemente le quito la maleta.

—Harry…

—Nada—la cortó en seco antes de abrazarla con el brazo libre, Ginny no pudo discutir nada más, se sentía caliente, a gusto, melancólica, triste… eran miles de emociones que confabulaban para volverla loca.

Salieron de los barrios bajos con suma facilidad, pero no se detuvieron, caminaron y caminaron hasta que Ginny de verdad pensó que Harry no tenía idea de lo que estaba buscando, se arrepintió en seguida cuando el azabache se detuvo y la guío hacia un pequeño parque, no había ni un alma, estaba vacío, abandonado.

Caminaron por los árboles, altos y viejos, probablemente aquel lugar había sido salvado gracias a la buena disposición de unos pocos, porque todo lo demás en la ciudad parecía inhóspito y árido, apenas unos pocos arboles pequeñitos y raquíticos, nada como los que en ese momento estaban viendo.

No se detuvieron, caminaron adentrándose más a lo que supuso que era el centro del parque, y sólo cuando llegaron allí Harry volvió a soltarla, ambos se observaron sin decir nada, hubo un momento incomodo, casi como si se esforzaran por llenar un silencio que antaño jamás habían necesitado llenar, estaban cambiado.

El juego al fin se sentía a punto de terminar.

Harry pareció dudar un segundo, lo vio en sus ojos verdes repletos de vida, pero al final soltó la maleta en la tierra y con la mano derecha acarició con ternura la barbilla, casi como si Ginny fuera una pequeña muñeca de porcelana.

—Fue un gusto, Ginevra.

A Ginny jamás le había gustado su nombre, era arcaico, viejo… olía a polvo, o al menos de esa manera le había parecido. Como si fuera nada de lo que era ella, como si fuera un nombre cargado de otros ayeres, de otras vidas.

Pero extrañamente jamás le había molestado escucharlo de los labios de Harry, era así. Le gustaba, y tenía que admitirlo: nadie nunca la llamaba Ginevra, ni siquiera su madre cuando de verdad perdía los estribos con ella y su actitud fría, era un nombre que por sí mismo había perdido notoriedad en su vida, o eso creyó hasta que salió de los labios de Harry por primera vez.

No era lo que decía, no era el nombre lleno de polvo, no era el nombre extraño y ajeno… era la manera en la que lo decía, apenas abriendo un poco los labios, casi como si saboreara cada letra y se empapara en ella.

Y era… le gustaba. Givrera era la persona que había vivido los últimos seis meses, era la que había estado con Harry, la que lo había besado, la que lo había entendido.

Gievra era ella, una parte de ella que no quería perder.

—¿Es esa tú despedida?—susurró cuando por fin pudo encontrar su voz, se relajó cuando el tono no fue débil, fue suyo, fue lo que había sido, ella también se estaba despidiendo.

—¿Es mala?

—No es la mejor—Harry suspiró, entonces se separó de ella y volvió a acariciarle el mentón, sus ojos eran como dos esmeraldas profundas y agobiantes, entonces pegó su frente con la de ella, su aliento caliento hizo cosquillas en su nariz, pero le gustó, le gustó mucho.

—Voy a intentarlo de nuevo… Ginevra, te voy a extrañar, mucho. Eres… fuiste una muy buena compañera—lo sintió sonreír—, una mejor amante. Tienes que prometerme que vas a ser feliz, muy feliz.

Ella resistió la tentación de rodar los ojos, estaba sintiéndose vacía, muy vacía.

—Sólo si tú me prometes que no harás esto, lo que hicimos nosotros, con nadie más. Es nuestro juego, son nuestras reglas. Enróllate con la que quieras, ama a la que quieras, quiere a la quieras, cásate con la que quieras. Pero jamás de la forma en la que lo hicimos los dos juntos.

—Eso sería imposible—susurró, lo sintió titubear, al final volvió a ganar su impulso y separando ligeramente la cabeza, besó apenas un poco sus labios. Fue como una caricia fantasma de tiempos mejores.

—Fue bueno, no hubiera funcionado con nadie más, contigo fue fácil… es fácil y divertido—se apresuró a hablar, aniquilando la imposible urgencia de besarlo de nuevo, él sonrió levemente.

—Es porque estamos rotos los dos, ¿o ya lo has olvidado?

—Por supuesto que no. Yo todavía creo que el amor es de estúpidos, yo todavía desconfió de casi todos y todavía odio a casi todos. Y sé con seguridad que tú tampoco quieres saber nada de nadie, que eres sólo tú y que quieres libre y no enamorarte. El juego estaba claro, se acabó como lo planéanos, no nos quemamos.

Harry la observó con atención después de aquello, estaba midiéndola, retándola, ella mantuvo su mirada en él. Al final sonrió y apartándose de ella, volvió a tomar la maleta.

Se había acabado.

Entonces, cuando Ginny por alguna extraña razón sintió el picor en su garganta, él la tomó de la mano y ambos desaparecieron.

12

Aparecieron dentro de un callejón, olía un poco a rancio y Ginny estaba segura que había escuchado chillar a una rata, pero tampoco lo pensó mucho, Harry ya había comenzado a caminar. Fue extraño que no la jalara de la mano, fue extraño que no la apretara, fue extraño que no la cubriera del frio.

Un vacío volvió a inundarla, pero se obligó mentalmente a permanecer fría, se había acabado. Ya no había que darle más vueltas, así que lo siguió relajando su postura, Harry se había detenido al borde del callejón, aún tapado por la oscuridad, ni siquiera pareció preocupado cuando dejó la maleta a un lado y abriéndola empezó a buscar entre sus ropas, Ginny podría haberse enojado, podría, pero no lo hizo.

Esperó hasta que el azabache sacó una chamarra, era larga y mucho más femenina de lo que se pensaría, quizá de la ropa más femenina que Ginny tenía, y eso era decir mucho, porque normalmente en su vestuario escaseaba esa ropa.

Cuando Harry se lo tendió, ella lo tomó, y haciendo un pequeño nudo a su suéter, se puso encima la chamarra, las agujetas del cuello tintinearon suavemente, el azabache asintió antes de agacharse y volver a cerrar su maleta, después se levantó y acercándose hacia ella, tomó su largo cabello con una sola mano, había una liga negra en su muñeca.

Fue extraño cuando le hizo la trenza, no era la primera vez, la primera había sido tiempo atrás, cuando Ginny había tenido las manos ocupadas y el viento era demasiado fuerte, había sido extraño. Siguieron otras veces, pocas, pero sí, de hecho, lo había hecho justo ayer cuando Ginny se lo había pedido, había sido un pedido infantil pero Harry lo había cumplido, había acariciado la nuca, masajeado el cráneo, repartido besos, pasando los dedos por el cabello, había sido bonito. Esa última vez se sintió seco.

Fue un simple acto y ya, Ginny tampoco dijo nada cuando Harry se alejó ya cumplida aquella tarea.

—Te ves bien—soltó de repente, una sonrisa jugó en sus labios.

—Por favor Potter, carezco de alma, al menos algo tenía que tener a mi favor.

Irreal. Se observaron con un extraño brillo antes de que Harry diera un paso atrás.

—No hay que hacer esto incomodo, Ginny. Ahora somos casi amigos, podemos tratarnos así, no tenemos porqué volver a ser fríos—ella se alzó de hombros, el nombre abreviado no pasó desapercibido, fue como si lo volviera una connotación del cambio, como si el hecho de que Ginny ya no fuera Ginevra había sido dar un paso atrás, aun así se obligó a no demostrar nada.

—Me parece bien—puso una sonrisa en sus labios, había olvidado lo bien ensayadas que las tenía, pero allí estaba, falsa—. Pero dudo mucho que vayamos a vernos más veces en un futuro.

—Bueno, ¿Quién sabe? Al menos si eso pasa ninguno de los dos va a actuar como si viera a un fantasma.

—Somos un fantasma, Harry.

—Eso nadie lo tiene que saber—sonrió antes de levantar la capucha de su suéter, Ginny hizo lo mismo y Harry volvió a tomar la maleta, entonces ambos salieron a la calle. Al fin pudo entenderlo, era una calle obviamente mágica, aunque estaba segura de no conocerla.

Había puestos de elementos varios, unos cafés bonitos y algunos hoteles claramente mágicos. Harry la guío hasta uno de ellos. Era azul, un azul pálido y reseco, tenía ladrillos cubriendo la entrada y largas plantas mágicas que pese al frio estaban verdes y llenas de flores. Ambos entraron a la primera puerta que alcanzaron, era de vidrio, Ginny pudo notar desde su lugar que adentro se acumulaban viejos muebles y cómodo calor, era una pequeña cafetería ruidosa que les abrió sus puertas con una amable mujer llena de sonrisas.

Harry apenas la observó, entró dirigiéndole un rápido asentimiento y se trasladó aún con maleta en mano a la mesa más alejada del bullicio, la mesera los siguió, la mesa era redonda, con tres sillas acomodas por sus lados, ambos se sentaron casi al instante.

—¿Qué quieres Ginny?—ella se mordió ligeramente el labio.

—¿Tienes chocolate?—cuestionó a la mesera, quien asintió sin perder la sonrisa, tenías las mejillas ligeramente ruborizadas y un gorro de punto rojo sobre la cabeza, Ginny no pudo hacer otra cosa más que aligerar ligeramente los hombros, la pluma mágica escribió la orden y después de que Harry pidiera otras dos tazas de chocolate, se quedaron solos.

Una ligera melodía casi melancólica salía de algún lugar, un lugar intangible, como otro mundo, ambos se quedaron callados, empapándose del bullicio y las risas ajenas, Ginny se tragó la pregunta, la identidad de la tercera taza de chocolate, Harry no dijo nade.

Su orden llegó casi al instante y también al instante ambos empezaron a beber, no pasó mucho tiempo antes de que el tercer invitado llegara. Ginny, de no haberla esperado, tampoco lo hubiera creído, o quizá sí, pero no quiso. La observó incluso antes de que ella la viera, estaba hermosa, se dio cuenta, siempre lo había sido, se recordó. Era casi de la realeza, una sangre pura con perfectos modales y ademanes, hermosa por sí sola y lo suficientemente fría como para verse inalcanzable.

Llevaba el cabello rubio trenzado a la derecha, no traía ningún suéter, una blusa de un ligero material pavoroso y una falda larga y acentuada era lo único que llevaba, como si el frio no le afectase nada, y casi fue así.

La vio buscar a Harry, lo encontró al mismo tiempo que el azabache tomaba un sorbo, sus ojos brillaron, incluso a la distancia las pupilas azules adquirieron un tono diferente, se acercó, Ginny permaneció invisible, cuando llegó tras su espalda una sonrisa vibrante alumbraba sus facciones generalmente frías y cuando sus delgados brazos tomaron con fuerza la espalda masculina, una risa ligera salió de sus labios.

La reacción de Harry después de aquello no se hizo esperar, se dio la vuelta, sonrió teatralmente y le regresó el sencillo abrazó sin casi ninguna emoción, a ella poco pareció importarle, abrió ligeramente los ojos y después de palmear su hombro con cierta diversión volvió a buscarle los ojos.

—Te extrañé—susurró soltando un suave suspiro, Harry rió antes de indicarle el único asiento libre, Daphne asintió antes de acercarse al lugar, cuando al fin se sentó pareció darse cuenta que no estaban solos. Sus ojos se encontraron con Ginny, la observó de arriba a abajo haciendo una mueca por, Ginny supuso, la ropa que llevaba puesta y que estaba al extremo más alejado que la femenina y elegante ropa de la rubia.

Así que no se dejó intimidar, alzó con altura la barbilla y la fulminó con la mirada.

—Daphne—saludo irónicamente, la aludida apenas la observó, su mirada volvió a caer el Harry.

—Así que estaba contigo—hubo un borde peligroso en su voz, casi como si estuviera reclamando algo pasado, algo doloroso—. Pensé… creí que habías dicho que no llevarías a nadie.

—Yo dije No a llevarte a ti, Daph, Ginny fue diferente—la rubia empalideció en el acto, la pelirroja frunció ligeramente el ceño.

—¿Diferente porque?—cuestionó ahora buscando la mirada de la susodicha—¿diferente por qué?—volvió a repetir, ahora solo a ella.

—Tú eres mi amiga—aclaró el azabache—. Y eres tan refinada y culta que jamás hubieses podido sobrevivir, Ginny se escapó de su familia, estaba sola, creció con seis hermanos…

—Es que no me diste la oportunidad. Nunca me la diste Harry. ¿De verdad crees que yo me hubiese puesto a exigiste? Si quería ir contigo era para estar contigo, lo demás, lo de afuera, no me importaba nada.

—No digas eso. Ambos sabemos, mejor que nadie, que no es así. Eres tú Daph, eres como eres. Te gusta el lujo, te gusta vivir cómodamente. Eventualmente te hubieses amargado y yo… a mí me gusta verte feliz.

Hubo un silencio profundo después de aquello, Harry mantuvo la impenetrable mueca en su rostro, la rubia se mordió con fuerza el labio, Ginny mantuvo su distancia. Entendía tan poco y a la vez tanto que por un momento se sintió mareada, y fue un sentimiento tan repentino y fuerte que casi por inercia se levantó de su lugar.

El primero en reaccionar fue Harry, la observó ligeramente exaltado, tal vez notando en rostro algo que ni ella misma sabía que podía sentir, pero negó con fuerza.

—Necesito aire—susurró antes de darse la vuelta y caminar hacia la salida.

El aire frio fue una bienvenida clara y real, se estremeció casi al instante y la blanca nieve la dejó por un momento confusa después de los colores vivos que había estado viendo.

Había poca gente fuera, casi todos habían buscado ya un refugió para el frio, ella no lo hizo, respiró con fuerza y suavemente se restregó la mano sobre la mejilla, pudieron pasar horas, no lo supo ni quiso saberlo, mejor estar fuera que adentro.

Mejor estar aquí que con ellos, mejor dejarlos hablar y aclarar, mejor no ser nada, o sí…

—Vas a irte conmigo—la voz no la sorprendió, la había visto salir hacia poco, llevaba ahora sobre su blusa una elegante capa.

—¿Por qué?

—Voy a llevarte a casa, es bueno que veas a tu familia, has estado mucho tiempo fuera—aclaró alzándose ligeramente de hombros, Ginny la observó con atención, había perdido su sonrisa y sus ojos brillantes, ahora eran fríos y ensayados, quizá Harry era para ella ese farol de claridad pero también de perdición.

Porque riendo era bonita, pero como estaba ahora era hermosa. Letal… improbable e inalcanzable.

—No es mío—susurró sin saber por qué, Daphne alzó una ligera ceja.

—¿Por qué lo dices? Ya lo sé.

—Porque lo quieres—aclaró con lentitud, aceptando también aquella verdad universal, Daphne no pareció sorprendida o avergonzada.

—Tú también.

—No, yo no—susurró negando levemente, la rubia sonrió imperceptible.

—Sí lo quieres, aunque sea poco y probablemente sea poco, porque te estas quedando y él se está yendo.

—Es más por su decisión que por la mía.

—¿Entonces? Él me contó allá adentro que lo seguiste, que lo atrapaste. Eres inteligente Weasley, o al menos eso creía, tienes un futuro brillante, debiste haber sabido desde el inicio que con Harry… que él.

—Ya lo sé—aclaró la pelirroja—. No estoy llorando Daphne, estoy entera. Fue… fue bueno, nos divertimos, jugamos, ganamos. Pero no somos…—se mordió ligeramente el labios—. No estamos destinados a terminar juntos.

—Quizá tampoco él y yo—susurró después de un leve silencio—. Siempre voy a ser su amiga, nunca nada más.

—Al menos eres algo.

—Sí, lo soy. Soy algo, soy un aquí, un ahora, un momento. Pero… quiero serlo todo—ambas guardaron silencio—. No sé qué pasó entre ustedes o hasta dónde llegaron, tampoco quiero saberlo siéndote honesta, eres una rata, Weasley. Eres una rata.

—¿Estás celosa?—la rubia soltó una profunda carcajada hueca.

—¿De ti?

—¿De quién más? Estuve con Harry por meses—saboreó aquella oración con una leve sonrisa—. Puedo ser lo que tú quieras que sea para ti, una usurpadora, una trepadora, una enemiga. Me da igual, no me afecta. Pero tienes que admitir porqué vas a concederme tal o cual título.

—No soy…

—Eres su mejor amiga—aclaró la pelirroja—. Lo has dicho mucho, estás aquí porque él te llamó, viniste sin mirar atrás y tu cara cambió por completo al verlo. La suya no.

Dapnhe apenas hizo movimiento alguno, la vio tensarse, después relajarse, removerse, sacar su varita para contemplarla y volverla a guardar.

—Harry es único. ¿Sabes eso, verdad?—dijo al fin—. Es todo lo que yo nunca busqué en alguien y por eso creo que… que lo amo. Y siempre voy a estar aquí. Tú no.

—No, yo me voy en un rato y no voy a volver. ¿Ganaste entonces?—la rubia se alzó ligeramente de hombros, había perdida en sus ojos.

—No, perdí desde el momento en el que lo vi realmente y…

Se detuvo en seco cuando Harry salió del café, llevaba la maleta en mano y una sonrisa en la boca, ambas lo observaron, él no se detuvo hasta quedar frente a ambas. El trio se observó, Ginny casi olvido que aún estaba Daphne cuando se alzó ligeramente de hombros.

—¿Entonces?—se escuchó decir, lo vio sonreír, una sonrisa profunda.

—Fin—ella asintió dando un paso hacia adelante, sin tocarlo, sin invadir su espacio.

—Fue divertido, me divertí, gracias.

—No. Nada de gracias, ambos sacamos provecho de esto—Ginny asintió, ambos volvieron a observarse.

—Quizá te vea después.

—En otra vida, a lo mejor.

—En otra vida hasta podríamos tener más suerte—ella asintió, él rió antes de pasarle la maleta, que la pelirroja tomó asintiendo levemente, volvieron a observarse, lo vio dudar un momento antes de dar un paso adelante y acariciarle apenas imperceptible la mejilla.

—Cuídate mucho.

—Tú también.

Adiós. Hasta luego. Se acabó el invierno.

*"""""*

¡Sí! He vuelto a actualizar pronto, espero seguir así. Quizá se dieron cuenta, pero quité el summary porque llegado a este punto de la historia creo no explicaba completamente la historia, porque no es sólo el viaje, es más, así que por ahora, y hasta que pueda ocurrírseme algo más o menos decente, va a estar vacío. Gracias por sus comentarios, favoritos y alertas, contestó reviews:

Daniela Letelier: ¡Hola! Muchas gracia por comentar, espero que este capítulo también haya sido de tu agrado :D

Celtapotter: ¡Gracias! el viaje en realidad se acaba aquí… pero la historia sigue y sigue… que bueno que te este gustando.

Hanna27: ¡Hola! Y a mí me encanta que te encante la historia. Qué bueno que te guste el cambio en la personalidad de Harry y Ginny y que ya la hayas puesto en tus favoritos. Espero y este capítulo también te haya gustado, nos vemos en el siguiente capítulo.

Florfleur: ¡Gracias! pues nada… que felicidades muy atrasadas, ¿Cuántos años cumpliste? ¡Felicidades otra vez! ¡Y otra vez! Y sí… está historia la voy actualizando muy rápido mientras me decido por un final apropiado, porque existe, sí, pero no sé… en fin, que bueno, Harry y Ginny para mí es que son la pareja perfecta y a Sirius yo no podía matarlo, estoy platónicamente enamorada de ese hombre. ¡Felicidades de nuevo!

Aldana-N-A: ¡Sí! Estoy tratando de actualizar más o menos cada semana, así que vamos bien hasta ahora. En fanfiction hay miles de versiones en donde Harry es malo y está herido y… en fin, que a mí me encantan esos Harrys, quizá por eso yo no lo veo mucho parecido con Draco, aunque sí, puede que sí. En fin, que para lo del final feliz aún no estoy segura… pero tampoc es que vaya terminar trágica, don´t worry :D ¡Muchas gracias por comentar y cuídate mucho!