14

Ron Weasley volvió a observar con profunda y rara atención la pieza de ajedrez que su mano derecha sostenía, estaba desgastada y vieja, pero había sido suya casi desde que podía recordar, un peón, no un rey o un caballo, un peón.

Y no precisamente porque así se sintiera, la lógica era más fácil, el peón tenía la habilidad de moverse por el tablero casi en cualquier dirección, podía morir antes, sí, pero también podía ser la clave…

Sonrió levemente antes de observar a la pelirroja sentada cómodamente sobre el piso frente a la chimenea, había cambiado mucho, o quizás no, pero Ron hacia tanto que no la veía que hasta la más pequeña cosa en su apariencia parecía tener un tono diferente. Estaba más alta, estaba más pecosa, estaba más pálida, aunque probablemente aquello se debiera a la estación.

Estaba diferente. Punto. Y no sólo en sus características físicas, no, también en su presencia, Ron que tanto tiempo había pasado a su lado había podido darse cuenta que Ginny vivía muchas veces bajo una cascara, que se escondía y mostraba una cara y muchas veces hasta creyó que esa era su única cara, se equivocó.

Ginny era tonalidades de rojo, de azul y también de rosa, ¿por qué no? Era muecas, comentarios mordaces, sonrisas ensayadas, momentos rotos. Ginny era un pasado, siempre un pasado, imposible de alcanzar, por más que corriera nunca era suficiente. Era como invierno, un invierno con tormenta, frio pero también extremadamente conflictivo.

Ron había podido ver partes de Ginny que ni siquiera acababa de comprender y ahora todas esas partes parecían incluso más incalmables… imposibles.

Ginny había llegado el día anterior sin nadie tras de sí y cargando una maleta que al principio no había tenido, decir que había sido una sorpresa era decir poco, no sólo porque nadie la había esperado, sino también porque había mantenido aquel silencio impenetrable.

Como invitada, porque quizás así se había sentido, había tocado la puerta, nunca tenían visitas y si las tenían siempre avisaban con anticipación, además, estaban en guerra, así que basto sólo eso para que todos tomaran su varita y preguntaran antes de abrir quién era. La respuesta fue concisa y corta "Soy Ginny" y se creó el pandemiun, su madre había corrido a la puerta y con un solo movimiento la había abierto, allí estaba ella, sin mueca alguna, con el cabello agarrado en una simple cola de caballo y ropa muggle que tampoco nadie conocía.

Las preguntas habían venido casi al instante y los brazos de su madre rápidamente la habían atrapado, no que ella regresara aquel gesto, porque casi al instante los gritos le habían seguido, venían a colores, a tonos y a sabores.

Su madre había gritado, su padre había gritado, Bill había gritado, él había gritado; pero su hermana se había mantenido impasible y fría, su boca bien cerrada, sus secretos bien guardados.

El dónde había estado y con quién había estado era sólo el inicio del iceberg, había pasado después de todo, seis meses fuera haciendo quién sabe qué con quién sabe quién y a todos los preocupaba.

Ella siguió sin decir nada y al final todo terminó en un encuentro agridulce, su madre se negaba ahora a siquiera observarla si ella no estaba dispuesta a decir nada y su padre mientras tanto estaba buscando la forma de que pudiese hacer los exámenes faltantes y continuar estudiando desde casa, porque al parecer, se le había negado la completa libertad desde ahora, algo que pareció no importarle.

El contenido de la maleta, en general, también era un misterio bien guardado, nadie la había visto sacar nada de allí pero hoy como ayer traía ropa muggle que nadie conocía y Ron seguía preocupado acerca del todo, de ella y de sus aparentes secretos, era su hermana pequeña, haberla perdido por segunda vez había sido un golpe muy fuerte, después de todo durante los últimos años había estado pegado a ella, en una burda idea por protegerla, pero también por protegerse, se había acostumbrado a su presencia y a sus silencios fríos que después iban acompañados por comentarios mordaces.

La vida escolar de Ron giraba en muchas partes en torno a su hermana y seis meses sin haberla visto habían sido también seis meses en los que había descubierto lo poco que tenía de sí mismo, el tiempo libre había sido tanto que más de una vez había tenido un libro en mano antes de caer profundamente dormido. Y Neville, el callado y torpe Neville se había vuelto un amigo más cercano, porque al fin de cuentas, ambos estaban solos.

Pero Ron, que había tomado como tarea particular velar por su hermana, sentía aquel silencio y aquel misterio mucho más personal, necesitaba saber porque necesitaba estar seguro que ella había estado a salvo, que había sido… que al menos…

La observó de nuevo, ladeó levemente la cabeza y soltó un suspiro cansado.

—¿Ginny?—ella no hizo ningún movimiento que indicara que había escuchado, pero Ron estaba seguro que así había sido, así que se aclaró la garganta antes de continuar—. Ginny… ¿dónde estabas?

Siguió el silencio áspero que habían tenido como respuesta, la vio negar levemente antes de respirar profundamente.

—No te voy a decir.

—¿Por qué?

—Hay cosas que es mejor no contar, a nadie… —se alzó ligeramente de hombros.

—Pero…—no pudo continuar por un momento—… fuiste… ¿fuiste feliz?

La pregunta flotó sobre ellos por unos segundos, vio a Ginny tensarse antes de relajarse ligeramente.

—Sí, sí… sí, Ron, fui muy feliz.

Y de repente todo lo demás, el cómo, el dónde y el por qué dejaron de tener sentido, Ron asintió pesadamente, ella volvió a prestar toda su atención al fuego.

A veces lo bueno y lo malo se desdibujaban, Ron no tenía aún idea de dónde había estado su hermana, si había seguido a algún tipo y si éste al final la había dejado, y era malo, en muchas maneras, pero si el silencio le había dado a Ginny una temporada de felicidad, bien había valido la pena.

15

Luna observó con atención insólita a su amiga pelirroja, ella fingió no darse cuenta, la rubia parpadeó dos veces antes de chasquear los dedos sobre la mesa, abajo Molly gritó algo a Ron que ninguna de las dos entendió.

—Te extrañé—dijo al fin la rubia—¿Cuándo vas a volver a la escuela?

—Nunca—aclaró la muchacha con una suave mueca—. No me dejaron volver, no cuando llegué y no ahora. No confían en mí.

—¿Por qué?—ella se alzó de hombros.

—Porque están enojados y yo no digo nada. ¿No vas a preguntarme tú también dónde es que estaba?—cuestionó con una mueca, la rubia se alzó suavemente de hombros.

—No, puedo verlo—una sonrisa melancólica cruzó sus labios y sus ojos se desenfocaron un segundo, parecía un poco loca, un poco perdida, y Ginny no pudo evitar hacer una pequeña sonrisa. Allí estaba la única amiga que había tenido en Hogwarts tal y como era, única. Y así le gustaba.

—¿Qué ves?—cuestionó siguiéndole la línea de pensamientos, ella se alzó de hombros.

—Que fuiste feliz, que eras plena—sonrió aún sin observarla—. Aunque me hubiera gustado una carta, me sentí muy sola.

—Lo siento. ¿Te molestaron mucho?

—¿Quiénes?—sonrió, diciendo en aquel gesto lo que no había dicho de palabras y levantó suavemente sus pies, traía pares diferentes de zapatos, Ginny frunció el ceño.

—¿Volvieron a robar tus zapatos?—la muchacha negó.

—No, aunque sí, pero los regresaron. Es sólo que me gusta, se ven bien. ¿No?—no esperó que contestara, dio un paso al frente y volvió a observarla—¿Qué se siente?

—¿Ser feliz?

—No, querer a alguien de esa forma, de la forma en la que tú lo quieres—ambas guardaron silencio unos momentos.

—¿Cómo te diste cuenta?—Luna frunció levemente el ceño.

—¿De qué?

—De que hubo un alguien—la rubia volvió a observarla, había una mueca de estupefacción total en su rostro.

—¿Por qué no debería haberme dado cuenta? Se nota a leguas.

Luna era diferente en muchos aspectos, tan diferentes que la mayoría de las personas se sentían incomodas con ella, no Ginny, que a su propia manera también era diferente. Pero incluso ella no podía negar lo inteligente que era Luna, tenía una manera única de ver las cosas, veía lo que nadie veía.

—No puedes decirle a nadie.

—¿Dónde está él?—Ginny se alzó de hombros.

—Perdido.

—Pero… ¿Qué se siente?

—Duele—la rubia asintió.

—Siempre duele. ¿Qué más?

—No sé—no continuó, no fue necesario, los pasos de Molly se escucharon mucho antes de que siquiera ella se diera cuenta, Luna observó una última vez a Ginny.

—Es bueno entonces que no lo sepas, eso significa que fue mejor de lo que incluso se puede poner en palabras.

16

Ginny y Harry no volvieron a encontrarse hasta mucho tiempo después, cuando la batalla contra Voldemort había acabado y él había ganado, estaba sonriendo, sosteniendo en sus manos la varita y teniendo a su padrino a un lado suyo con los ojos bien abiertos, a su alrededor una conglomeración importante de gente se mantenía callada, la verdad universal sobre ellos dejándolos aturdidos.

Y Ginny estaba allí, entre esa gente, observando a Harry y a sus ojos brillantes y su cabello todo revuelto y sintiendo un atisbo de felicidad que creía ya extinto, también estaba sonriendo. Habían ganado.

Habían ganado.

Y el caos estalló, hubo gritos de alegría, sollozos de tristeza y abrazos pegajosos, sintió a Ron pasarle un brazo por los hombros y abrazarle con fuerza gritando en su oído no sé qué cosa que probablemente él tampoco estaba entendiendo, a lo lejos sus padres se abrazaron con fuerza y más allá George probablemente estaba velando el cuerpo de su hermano…

Una pesada carga cayó sobre ella, había querido a Fred como había querido a todos sus hermanos, diferente y extraño, con un dejo de indiferencia por cómo había sido tratada, pero también con cierta melancolía por todo lo que habían sido antes de empezar Hogwarts… y Fred, él ya estaba muerto y nada de lo que Ginny dejará de hacer bastaría para arreglar una relación que por ambas partes había estado un poco rota.

Así que cuando su hermano la soltó y corrió hacia sus amigos, ella se quedó allí, en medio del caos como un tempano de hielo, observando todo casi como si fuera nada, viendo a Harry, viendo a Sirius, viéndolos a los dos.

Si había un momento, incluso tiempo después, en donde había sido verdaderamente feliz había sido cuando había estado con Harry y posteriormente había estado con Sirius, y Harry había sido… inolvidable en toda la extensión de la palabra, Ginny lo recordaba con melancolía, sus manos, su aliento, sus suspiros. No que se arrepintiera, porque sabía que aquello iba a suceder, sino más bien porque hacía tanto que no lo veía que ella misma había empezado a pensar que todo había sido un sueño, que no era real.

Y sí lo era, todo lo que había vivido realmente había sucedido.

Lo vio abrazar a Sirius, ambos murmurándose cosas casi agritos, lo vio soltarse de quién fuera que se acercara a felicitarlo, sintió la urgencia de ir, pero no lo hizo, vio también a la distancia el momento en el que Daphne corrió hacia él con el cabello despeinado y la ropa manchada de sangre, era la primera vez que la veía tan desastrosa, algo que había creído imposible.

Y vio, para su absoluta aceptación, cuando ambos se fundieron en un solo abrazo y ella buscó, casi con desesperación, la boca de él, un beso de victoria, algo tan increíblemente novelesco. No se movió, allí estaba la Daphne que había dicho que de tener una oportunidad jamás la desperdiciaría y también estaba el Harry que parecía haberse dado cuenta al fin que a sus espaldas tenía una completamente enamorada mujer bonita.

Todo tan perfecto… al menos Harry había podido tener su final feliz, al menos era feliz, aunque Ginny, pese al ruido y ahora los llantos de su madre, se sentía increíblemente sola.

Y se dio la vuelta, dejando tras de sí el pandemiun de victoria.

La batalla había sido en el castillo, y sus pasillos y salones estaban completamente solos, todos estaba aglomerados en un mismo lugar, lo demás había quedado en segundo plano, Ginny caminó con cierta lentitud, midiendo sus pasos y también observando la destrucción, era parte de la que guerra, sí, pero hasta ella, que había sentido un odio personal hacia el castillo y lo que figurativamente representaba, se sentía también perdida, como si su niñez, la poca que había tenido, se hubiese venido abajo y hecho escombros.

Encontró un lugar cómodo, era una aula en el piso más alto, tenía una ventana grande y polvo por todas partes, entró casi sin hacer ruido, cerrando la puerta tras de sí y apartándose el cabello sucio de la cara, la luz del amanecer entraba dándole una claridad envidiable y el piso se le antojó tan de en sueño que caminó hasta quedar en medio antes de pesadamente acostarse, no estaba frio, soltó un suave suspiro y después se llevó ambas manos a la cabeza, entonces cerró los ojos.

No supo cuánto tiempo paso, si fue poco o si en cambio, fueron horas, pero en algún momento sintió la puerta abrirse y siendo consciente de que acababa de salir de una guerra, se levantó pesadamente con la varita bien sostenida en su mano sólo para darse cuenta que se trataba de Harry, aún despeinado y todo rebelde, alzó una ceja, sonrió hacia un lado y Ginny volvió a dejar la varita a un lado para después volver a utilizar sus manos de almohada.

Él la observó desde aquella distancia sin decir nada antes de que lentamente caminara a su lado, pronto se acomodó de la misma forma que ella.

—Podría haber sido un mortifago disfrazado, hazme la pregunta clave—susurró al fin, ella rodó los ojos.

—¿Cuál fue la primera comida que compartimos con Dudley y Lotte?

—Es fácil, China.

—Bueno, felicidades, eres Harry Potter—él rió levemente, ella también sonrió. —¿Cómo me encontraste?

—Tengo mis maneras—ella asintió sin cuestionar más sobre el tema.

—Deberías estar festejando, ganaste.

—Todos ganamos, y para el caso, creo que tú también deberías estar festejando y no estar escondida aquí, alejada de todos y todas.

—Fred murió, lo menos que quiero hacer ahora es festejar—hubo un silencio respetuoso que ambos compartieron.

—Lo siento—ella negó.

—No, no lo sientas hasta que yo pueda hacer cara a mis sentimientos. Fred era mi hermano, sí, pero hacia tanto tiempo que no era mi hermano que hasta se me olvidó cómo se siente.

—Me gustaría ayudarte con eso, ya lo sabes, pero nunca he tenido un hermano—sonrió con melancolía.

—Pero has tenido muchas muertes.

—Sí. Sí. —Soltó un suave suspiro—. El dolor no se va, nunca.

No eran palabras llenas de promesas y esperanza, eran reales, secas y reales. Ella lo observó, tenía los ojos cerrados aunque probablemente tenía la mirada perdida. Si él tenía razón y el dolor nunca la dejaría, quería ese dolor, lo quería a toneladas y a todo momento, quería volverlo su amigo, quería que fuera la connotación real de que había existido, alguna vez, alguien llamado Fred Weasley.

—Te va a doler siempre, Ginny. Aunque de la misma manera, al menos, se desdibuja, se enferma, se atraganta, pero siempre sobrevive.

—¿El dolor?—él asintió.

—Sí.

Ambos guardaron silencio después de aquello, era diferente estar acostada junto a Harry, casi como si ambos estuvieran suspendidos, pero no, porque él seguía llamándola Ginny.

—Te vi hace rato con Daphne—Harry asintió.

—Sí, estamos en alguna especie de saliendo.

—¿Alguna especie? O estás o no estás—aclaró, él suspiró.

—Estoy… estamos. Y la quiero, siempre la he querido, pero… —tal vez fue el tono de su voz, no supo, pero Ginny tuvo la entera certeza de que era la primera vez que Harry era sincero con el tema.

—No de la manera en la que ella te quiere—completó, él asintió.

—A veces siento que ella iría al infierno y regresaría sólo por mí y yo… lo que ella siente por mí es un bosque en comparación al desierto que yo siento.

—Eso es un poco rudo—él asintió.

—Jamás se lo diría, pero ella… ella ya lo sabe, siempre lo ha sabido.

—¿Entonces por qué?

—Porque quería probar, porque allí estaba y no me estaba pidiendo nada, porque es hermosa, porque me quiere, porque… porque por un momento ya no quise más libertad.

Ginny pudo haber dicho muchas cosas, pero no dijo nada, porque después del viaje muchos de sus pensamientos también habían cambiado. La soledad de repente se sonaba amarga y una vida sin ninguna emoción hacia que el estómago se le revolviera.

Estaban aquí, sí, pero al mismo tiempo no estaban y era una cosa extraña e intermedia, como estar atrapados en un mundo que les sonaba extraño e impasible y también inalcanzable, ella lo observó viendo de repente a aquel Harry atrapado en su propia vida, siempre atrapado, como un pájaro en una jaula.

Hasta ahora, o no, porque sí que había matado a Voldemort, y sí que era por fin libre, pero ahora era un héroe en toda la extensión de la palabra, la gente lo buscaría y lo solicitaría, porque aunque él los había alejado del temible mal, estaba segura, muchos sentirían que ahora lo que seguía era quedarse para ser su figura, su símbolo.

Sintió tristeza, profunda y propia, él era como ella. Quien no había alcanzado la libertad desde el momento en el que había llegado a casa, quien vivía bajo el escrutinio de su padre y las malas miradas de su madre que parecía haber llegado a la conclusión de que ya que no había querido decir nada sobre el tema, seguramente había estado con alguien y éste al final la había dejado sola y abandonada.

A sus ojos había pasado de ser una insuperable mujer fría a ser una insuperable mujer fría con la moral baja. Punto. Harry tampoco parecía muy feliz consigo mismo, tenía los ojos cansados y el alma un poco rota, ella le sonrió aunque él probablemente no la vio.

—Ganamos—susurró, el azabache abrió los ojos para observarla, eran de un verde profundo que tanto y tan bien conocía.

—Sí, ganamos—susurró, después frunció el ceño—. ¿Puedo sentirme arrepentido en vez de estar feliz?—ella asintió.

—Lo siento—él negó.

—Ya sabía que pasaría y aun así lo hice, aun así me quedé y aquí estoy. Lo único que lamento es… es…

—Ajá—asintió, entendiéndolo aunque él no se había explicado ni un poco, ambos volvieron a quedarse callados, imposibles.

—Supe que tus padres estaban realmente enojados contigo.

—¿Quién te lo dijo?—él se alzó de hombros.

—El viento—una risa furiosa abandonó a Ginny.

—No, en serio, quién te dijo.

—En Hogwarts todo y nada se sabe, que tú no volvieras a pesar de haber ya sido encontrada sólo trajo más preguntas…—no continuó, ella tampoco se lo pidió.

—Mamá piensa que soy una trepadora, o algo así, creo, no que éste muy equivocada, soy medio fácil.

—Eras virgen cuando te conocí, no eres fácil, para nada—ella se alzó de hombros.

—Lo soy a sus ojos y en general también lo soy, nadie con un poco de decencia hubiera hecho contigo lo que yo hice—él negó pesadamente.

—Ya lo dijiste. Fue sólo conmigo. ¿Verdad, entonces? ¿A quién le importa?

—A todos. Y sí, fue sólo contigo, al menos, ya lo sabes. Con nadie haría lo que hice a tu lado, nadie—suspiró pesadamente—. A veces siento que fue un sueño, ¿fue un sueño, Harry?

—No sé—susurró después de un rato—. Creo… a veces… quizás sí.

—O quizás no—aclaró, levantando la cabeza para observarlo, él hizo lo mismo, la vio a los ojos, sonrió levemente antes de también levantarse, casi con ligereza, con cariño, acarició su mejilla suave y pálida, ella cerró los ojos.

Les sobrevinieron muchos recuerdos, todos ellos profundos y únicos, suyos, más que suyos, imposibles. Cuando ella volvió a abrir los ojos vio al Harry que recordaba, vio sus ojos salvajes, su cabello revuelto y sus labios oscuros, suyos.

—Ginevra…

Una súplica, un recuerdo atrapado en los labios. Ella soltó un suave gemido, ronco, imposible, él le acarició el cuello, no Ginny, Ginny se había quedado acostada, lamentando su vida y la muerte que aún no entendía, Ginny era polvo, era nada.

Ginevra… ambos se observaron. Fue lento, cuidadoso. Él se acercó, cinco centímetros, dos centímetros… sus alientos se entremezclaron, sus miradas se confundieron. Fue eso, fue la nada. Fue la promesa de tener todo lo que habían tenido y lo que ya no tenían, fue su oasis.

Se besaron.

Se quisieron.

Recordaron.

18

—¡No puedes irte!—esa era Molly Weasley, aunque no parecía mucho como ella, tenía el cabello hecho un desastre y la mirada desesperada en la cara, ni siquiera parecía tan amenazante como antes, aunque quizá era porque también Ginny había dejado de tenerle miedo hacía ya mucho tiempo, no fue la única que corrió tras de ella, pudo observar a Bill fuertemente agarrado del brazo por su esposa y a George con la mirada triste y perdida de fantasmas unos pasos más atrás, no sonreía, tampoco sentía, se iba Ginny y él se quedaba…

—¿Por qué no?—se detuvo—. Soy mayor de edad.

—¡Eres una niña!

—No, mamá. Hace mucho que dejé de ser una niña, más tiempo de lo estrictamente necesario, de hecho, y ya no quiero fingir que todos ustedes me gustan, porque no es así.

Hubo un profundo momento de silencio, fue doloroso, Molly contrajo la cara en una mueca triste y Bill dejo de intentar zafarse del agarre de su esposa, todos la observaron.

—No es cierto…

—Sí—la interrumpió, sin atreverse a notar la nota de dolor en la frase sin acabar—, es cierto. No me gustan, yo no les gusto, no es un secreto.

—¡Eres mi hija! Me gustas, por supuesto que me gustas… ¡Te amo!—Ginny negó con fuerza, mucho tiempo atrás hubiese dado lo que fuera por escuchar esas palabras, no ahora, que había pasado por tanto y también había vivido ya tanto, era otra, era una Ginny que ya no necesitaba la aprobación, ni el encierro, la guerra había acabado, ellos habían ganado, pero parecía que no, George era aún un fantasma y Molly aún la miraba decepcionada.

No había nada para ella, nada.

—Eso no evita que pienses en mí como una ramera—escuchó a Fleur soltar un resoplido, en la familia no era un secreto que Ginny se había ido y había regresado cambiada y con secretos, tampoco que la mayoría de ellos pensara que había pasado aquellos meses de clandestinidad al lado de un alguien, Molly dio un paso atrás, se vio de repente enojada.

—¡No te atrevas a culparme por eso, Ginny! ¡Te fuiste y volviste sin decir nada a nadie!—adquirió, un poco, aquella sombra de madre enojada y dueña, pero a Ginny ya no le alcanzó para arrepentirse, negó pesadamente.

—No. No te culpo, pero no lo niegues. Soy una especie de ramera a los ojos de todos y estoy cansada. Ya no puedo.

—No tienes nada—está vez fue Bill el que habló, ella lo observó con una suave sonrisa—¿a dónde piensas irte?

—No sé, eso es lo importante.

—Estás loca.

—¡Bill!—vociferó su esposa.

—No Fleur. No lo entiendes, está loca, completamente loca. No tiene nada a su nombre y se está yendo fingiendo que la culpa es toda nuestra.

—No quiero nada de ustedes—aclaró con voz dura—. Nada.

—Ginny…—fue su madre otra vez, ella negó.

—No mamá, ya me cansé de fingir que no me importa, que soy feliz aquí.

—Pero…

—Que tengas un buen viaje—aclaró George, había llegado sigilosamente, sin que nadie se diera cuenta, todos lo observaron, él se alzó de hombros, sin sonreír—. Si ella no quiere estar aquí que se joda.

Se escuchó un suave murmullo de su madre, Ginny no le hizo caso, observó aquella pobre versión de su hermano con una pequeña sonrisa.

—Tal vez simplemente no estemos destinados a ser la familia feliz que nuestros padres soñaron—George asintió.

—Tal vez naciste en la familia equivocada.

—Tal vez…—asintió levemente.

George se dio la vuelta, dándole la espalda, la espalda a todos y fingiendo, de nuevo, que vivía en un mundo aparte.

19

Daphne observó a Sirius con atención, ambos se quedaron callados, el reloj dio las doces, se removió incomoda.

—Tal vez deberíamos irlo a buscar—el padrino de su novio negó.

—No, nos detestaría si lo hiciéramos, dejémoslo solo, ya vendrá.

—¿Pero dónde está?

—No sé, Daphne, no sé.

—La práctica acabo hace tres horas…

—Él es Harry—eso pareció explicarlo todo, aunque no lo hizo, la rubia se mordió con fuerza el labio y dejó que la desesperación la inundara.

—No lo entiendo…

—¿Qué no entiendes?—se alzó suavemente de hombros.

—Harry… él es todo, ¿bien? Y yo… me jode que no le importe que se supone que hoy es nuestro aniversario, que vamos a salir.

Sirius sonrió levemente, una sonrisa rota, después negó con fuerza.

—Eres inteligente, pensé que ya lo sabías—Daphne no dijo nada, porque sí, lo sabía. Sabía que Harry iba y venía y que ella no, que él no pensaba en ella tanto como ella pensaba en él, que quería por los dos, que amaba por los dos.

—Yo sólo quisiera…

—Mi ahijado es una persona tremendamente complicada, no es tu culpa.

—¿Entonces?

—Llegaste tarde—Daphne lo entendió, habían hablado mucho de eso después de todo, sin embargo, no pudo más que negar con fuerza.

—Llegué antes.

—Entonces no eres la indicada.

—Él está conmigo.

—Y tú amas por los dos—ella pudo haber levantado la cabeza y orgullosa darse la vuelta, porque nadie con dos neuronas en la cabeza le diría algo así a una mujer enamorada, pero no lo hizo, porque era Sirius y era cierto.

—No me importa—en cambio dijo, Sirius sonrió.

—Ya lo sé, aunque debería, te mereces algo mejor que mi estúpido ahijado.

—¿Tú?

—Soy demasiado viejo para ti, además, las brujas sangre pura me dan escalofríos—aclaró juguetonamente, ella medio sonrió.

Ambos se quedaron callados hasta que se escuchó ruido en la entrada, pronto les llegó la voz de Harry, ambos se observaron.

—Yo puedo amar por los dos, no me importa.

—Bueno, debería. En algún momento el amor te va a faltar y él no va a tener nada para llenar ese vacío.

20

Ginny apretó con fuerza la bolsa de papel sobre sus brazos, alguien soltó una carcajada detrás de ella, vivía en un pequeño barrio de clase media, con algunos trabajadores mal pagados y pocas madres solteras que todo el tiempo estaban cansadas y abrumadas.

No era el mejor barrio, pero era todo lo que podía permitirse el apretado salario como bibliotecaria que Ginny tenía, casi quiso reírse de sí misma y de la ironía. Hubo un tiempo en el que todos habían vaticinado un futuro brillante en algún buen empleo del ministerio, ella también lo había creído, y pudo haberlo tenido, pero al final no quiso.

Fue mucho todo, dejó y ya no pudo soportar las reprimendas de su madre y las miradas tenues de decepción de su padre, llegó a odiar tanto el encierro que cuando verdaderamente decidió irse no se llevó nada más que la triste maleta con la que tiempo atrás había empezado un viaje que ahora le soñaba a más sueño que otra cosa.

Parecía haber sucedido muchas vidas atrás, pero seguía siendo un faro en su propio mundo y la luz aún era tan cegadora que muchas de sus decisiones habían estado influenciadas por aquel momento, venir al mundo muggle había sido una de ellas. Había aprendido a vivir y a entender lo que a su padre le costaba tanto trabajo y su, aunque mal pagado trabajo, le daba lo suficiente y la hacía feliz, al menos un poco.

De sus padres hacia un mes que no los veía, a sus hermanos igual, iba cada mes, muy poco en comparación a otras personas, pero lo suficiente para hacer a ambas partes felices, sus padres podían verla viva y ella al menos recordaba que tenía una familia. Que la esposa de Bill estaba embarazada, que George y Angelina planeaban tener bebés pronto y que Ron por fin, después de tanto esfuerzo, había logrado una cita con el amor platónico de su vida.

Casi sonrió, un poco, su hermano sobreprotector e imposible se había vuelto mucho más fácil de tratar desde que había llegado del viaje, no que fuera simple, aunque sí, no la cuestionaba ni tampoco le lanzaba miradas llenas de reproche, había respetado su espacio y eso era suficiente para que a sus ojos hubiera cambiado, un poco.

Cuando llegó a su edificio se apresuró a subir las escaleras y después se dirigió a la última puerta, entró sin levantar la mirada, adentró la recibió una penumbra fría, apresurada dejó la bolsa sobre la mesa más cercana y se dirigió a prender el foco, la luz la dejó levemente encandilada. Le faltaban muebles, pero tenía tantos libros que casi parecía el lugar de una extraña, tenía libros apilados, en las repisas, en el baño, en la encimera, en su cama. Tenía libros como nada en su casa, tenía polvo y un ligero olor peculiar que le gustaba mucho, tenía separadores, boletos, hojas sueltas, tiempos olvidados, utilizaba todo lo que encontraba y leía todo lo que podía comprar a bajo precio o le interesara.

Los libros se habían vuelto una parte real, tangible. Caminó sonriendo con cariño a la pila morada de libros que había sobre la televisión, había estado buscando aquel extraño color, oscuro y viejo y hasta el momento tenía cinco tomos de los cuales sólo había leído uno, no que le importara, casi podía hacer su propia biblioteca si quisiera, aunque no, no quería.

El silencio le pesó de repente y no se resistió a prender la radio muggle, un viejo sonido electrizado empezó a inundar el lugar, era alguna música de jazz que jamás había escuchado antes, se soltó el cabello con un suspiró, se quitó los zapatos y caminó hacia su sillón favorito, cayó pesadamente, entonces casi con gusto tomó el libro que tenía allí, era una novela muy famosa y clásica, se deleitó acariciando la cubierta antes de abrirla, la persona en el separador le sonrió antes de salir volando.

Era un recorte viejo de hacía un año y medio, tal vez dos, no recordaba, allí salía Harry, el cabello revuelto y los ojos verdes, en sus manos sostenía la pequeña snitch antes de volar victorioso por el campo.

Había seguido la vida de Harry casi sin darse cuenta, como si la mala fortuna callera sobre ella en ciertos momentos y de alguna forma un nuevo cachito de información sobre la vida de Harry Potter llegara a sus manos.

Había probado, si no se equivocada, el quidditch profesional sólo una temporada, y eso le había bastado para hacer aún más grande su historia, sólo una vez había perdido la snitch, había llevado a su equipo a la victoria y posteriormente había sido nombrado el jugador del año.

Todo muy bonito, Ron, que era un sabiondo sobre el tema, había dicho en el momento con una suave mueca, que Potter era un excelente jugador, un elemento, uno con su escoba, fácilmente llevaría al equipo de Inglaterra a los más alto.

Y casi, pero no. Harry entonces lo había abandonado, dejando a un lado contratos muy jugosos y desapareciendo del mapa por un tiempo, todo un desastre. Casi sonrió, podría decirse que había sido una de las pocas que había sabido ver más allá y se había dado cuenta, antes que nadie, que si Harry había entrado a jugar quiddicth profesional era más por la necesidad de ser conocido por otra cosa aparte de derrotar a Voldemort que porque de verdad quisiera el dinero, y que si al final lo había abandonado había sido por la misma razón, porque la fama había sido mucha e incesante y él añoraba su libertad.

Negó pesadamente antes de hacer a un lado el separador y centra su atención en la novela, la vida seguía, la suya no muy brillantemente, pero allí estaba.

Y ella seguía viva. Entera.

21

Conoció a Tomas un viernes por la tarde, cuando el trabajo en la librería era lento y hacia un inusual frio, entró apenas haciendo ruido, se quitó el gorro y con una sonrisa comenzó a buscar libros en la estantería infantil, Ginny lo observó desde lejos, curiosa por aquel hombre.

Era guapo, casi en todos los sentidos, alto y fibroso, con el cabello negro y rizado y una barbilla cuadrada, joven, muy joven, quizá sólo un par de años mayor que ella, quien no pudo hacer otra cosa más que sonreírle cuando lo vio acercarse, tenía un libro bajo el brazo.

—Hola—aclaró dándole el libro, ella asintió—¿Cuánto es?—Ginny observó el libro, tenía un perro en la portada, le dijo el precio, el muchacho sonrió. —Lo quiero para mi sobrino, tiene cinco, ¿es bueno?—Ginny asintió.

—Le va a gustar, estoy segura—ambos guardaron silencio un momento, él parecía querer decir algo, ella sólo esperó.

—Te he visto aquí mucho… yo ¡No quiero que pienses que te he estado asechando o algo así! trabajo cerca, pero… yo sólo—balbuceó, ella frunció levemente el ceño. Sabía a donde iba con todo aquello, no se movió, él tragó en seco—. Yo… yo me llamo Tomas.

¿Por qué no? sonó en su cabeza, no esperaba a nadie ni tenía nadie, sólo recuerdos que no hacían nada, la vida no era un sueño, la vida era esto, era aquel muchacho nervioso y guapo, era ella que no tenía nada que perder, se alzó de hombros.

—Soy Ginny—Tomas sonrió.

—Espero que no te moleste, pero creo que eres hermosa—Ginny se abstuvo de rodar los ojos.

—No quiero ser hermosa—no continuó, él frunció el ceño.

—Pues lo eres—se rascó ligeramente la cabeza—. Quieres… ¿te gustaría salir a cenar alguna vez?

—Depende de lo que tú quieras. No soy una arrastrada, no tendrás sexo conmigo, no tendrás nada por ahora—lo vio abrir ligeramente los ojos antes de aclararse la garganta.

—No quiero sexo con… ¡quiero decir! me gustaría, pero… ¡diablos! Sólo quiero salir contigo, me gustas para algo más que el sexo.

—¿Por qué?—él se alzó de hombros.

—Porque no quieres ser hermosa—sonrió con gusto, ella le regresó ligeramente aquella sonrisa.

—Bien—dijo al final.

—¿Bien qué?

—Pues que saldré contigo.

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Sí… puede que éste capítulo no haya sido precisamente feliz o esperanzador… ni un poco, pero les adelanto que el siguiente Harry y Ginny se vuelven a encontrar y bueno… que la historia continua. ¡Gracias por los favoritos y alertas y los reviews! Yo es que tengo un cariño especial por esta historia porque es muy diferente a las tramas que suelo hacer, de todos modos, no sé si ya les había comentado, pero es mini-fic con probablemente poquísimos capítulos. :D Nos vemos en la siguiente actualización.

Celtapotter: Jajaja. Y aquí tampoco están juntos, pero bueno, qué le vamos a hacer, ambos son cabezas duras, pero sí, es apenas el inicio. Gracias por comentar.

Regina Barboza: ¡Hola! Un gusto volver a leerte en los comentarios, me hace feliz saber que habías ya estado siguiendo la historia y que te hayas tomado el tiempo de comentar… gracias! jaja… y no, la mayoría de las cosas que escribo vienen de allá adentro de mi cabeza y… y… muchas gracias por los elogios! Me alegra mucho saber que puedes captar lo que tarto de transmitir, que es más metafórico que físico, porque el dolor es muy difícil de escribir y creo que es importante que cada personaje tenga su propia voz. ¡Y sí! Pudiste darte cuenta que Harry y Ginny están rotos a una manera más personal, pero sí, yo opino como tú, que cada uno de nosotros alguna vez nos hemos sentido así. ¡De nuevo gracias por tan bonito review! Cuídate mucho.

Ginnyandharry´s love: ¡Hola! Qué bueno que la historia te guste tanto, y sí, tienes toda la razón del mundo, es súper difícil encontrar cosas diferentes entre Harry y Ginny, me alegra mucho que consideres a este fic dentro de esa categoría. Gracias por comentar!

Hanna27: ¡Hola! Sip, en el siguiente capítulo volverán a verse, aunque creo, personalmente que por muy coherente que haya sido la despedida no fue una despedida, porque no pueden deshacerse el uno del otro. Espero que este capítulo te haya gustado igual. Cuídate mucho y gracias por comentar

Florfleur: ¡Lo siento! :D pero no, jeje, por eso le quité el summary, porque sentía que era una parte de la historia, porque la historia sigue más allá del viaje, y continua. En fin, que a mí es que no me falta nada para cumplir 20, ósea que te entiendo, pero es que… quizá tengamos 50 y aún sigamos por acá, no sé, pero lo que sí sé es que HP es parte ya inherente en la vida y sí, si nos gusta pues hay que seguir aquí y cuando no, pues está bien… sí, no sé si me expliqué, de todos modos ¡muchas felicidades de nuevo! Al capítulo: que puse realmente una reacción de los Weasleys, pero sienttto que la parte en la que George la despide habla mucho acerca de lo rota que esá en ese momento la familia, en cuanto a la amistad de Harry y Ginny… bueno, que ya se verá más en el siguiente capítulo. Cuiidate mucho! y gracias por comentar.

Anónimo: ¡Hola! Muchas gracias por encantar, a mí me encanta que la historia te encante :D y nada, que nos vemos en la siguiente actualización. Cuídate mucho.