22

―Astoria se va a casar dentro de una semana—Harry asintió, más por la comodidad de darle la razón que por realmente haberla escuchado, Daphne frunció ligeramente el ceño, se había dado cuenta del nivel de atención que había recibido, no dijo nada, ambos se quedaron callados lo que pareció una eternidad.

Con reticencia y cierta pasión, la muchacha se estiró hasta quedar a pocos centímetros de él y con cuidado trazó la cicatriz en la barbilla, Harry cerró los ojos, relajándose al instante.

Las cicatrices contaban historias, aquella lo hacía. El azabache se la había hecho al caerse de una bicicleta muggle y después recibir atención médica muggle en vez de aparecer directamente en un hospital mágico, Daphne había tenido que ir a recogerlo, tamaña imagen, ella llevaba ropas oscuras y el cabello agarrado en una simple trenza, las personas allí, todas, la habían observado como si se tratara de una imagen salida de algún programa de televisión, Harry en cambio la había recibido con una sonrisa y un vendaje en la barbilla.

―No pasa nada, cariño—había dicho cuando ella se había acercado, la enfermera que la había acompañado en seguida había empezado a revisarlo, él se dejó con gusto, cuando ambos pudieron irse no hubo necesidad de disculparse, o explicar nada, Daphne lo conocía, Harry tenía maneras y formas, era medio muggle aunque jamás lo admitiría y también le gustaba mucho fingir que su vida era normal, que podía andar en bicicleta, caerse y tener heridas cicatrizadas que después adornaba en historias aún más extrañas.

Le gustaba, tenía que admitirlo, era una parte casi infantil en el azabache que a ella le sentaba bien, aunque no lo admitiría, y casi por inercia, porque no pudo evitar sonreír, observó el anillo brillante en su dedo.

Estaba aquí, estaba con él, estaban juntos, estarían por siempre, eso era lo único que Daphne de verdad quería, eso era lo que siempre había querido. Y había luchado mucho por tenerlo, no porque no se lo mereciera, sino más bien porque para Harry siempre había sido sólo Daphne, su mejor amiga.

― ¿Aún crees que me amas Daphne?—la pregunta la sorprendió, abrió ligeramente los ojos y se separó del él con una mueca.

― ¿Cómo me preguntas eso? Te quiero, voy a casarme contigo—Harry sonrió levemente, apenas un poco.

―No te has dado cuenta aún.

― ¿De qué?—él se alzó pesadamente de hombros.

―Vamos a ser felices.

―Por supuesto.

―Aunque no pienso tener comidas familiares con tu hermana y Malfoy, me niego rotundamente—ella frunció el ceño.

―Harry…

―No me gusta, Daphne.

―Pero… no importa—se acercó para volver a acariciarle la cicatriz, él sonrió levemente―, no importa, no importa.

Algo brilló en los ojos de él, algo que ella no pudo entender.

―La gente no está hecha para amarse toda la vida, Daph.

―¿Y por qué me dices eso a mí?

―Sólo digo… lo entendería, ¿bien? Si de repente decides…

―No voy a decidir nada, me quedo aquí, contigo, es lo que siempre he querido.

―La gente cambia.

―No yo, tampoco tú—Harry sonrió con cierto misterio.

―Ese es el problema, Daph—guardó silencio unos segundos―, que no hemos cambiado.

―No ahora Harry…

―¿Por qué no? Quiero que tengas claro que si cambias de opinión y…

―Voy a casarme contigo—él frunció el ceño.

―¿Crees en las almas gemelas?

―Sí… no, no—el azabache suspiró pesadamente antes de tomarle la mano y acariciarle pesadamente los nudillos.

―Te quiero mucho, Daph.

―Yo te amo—Harry no contestó, volvió a sonreír.

―Ya sé, Daph, ya sé.

23

Tomas era totalmente diferente a todo lo que ella había pensado, era torpe, nervioso y extremadamente inteligente, sonreía, brillaba, tenía sobrinos ruidosos que ella se negaba a conocer.

―¿Cuántos novios has tenido?—la pregunta la sorprendió, abrió ligeramente los ojos antes de observarle, aún seguía comiendo su helado, ni siquiera la estaba viendo, se aclaró la garganta pesadamente.

― ¿Importa?—él se alzó de hombros.

―Sólo me gustaría saber.

Ginny tardó en contestar, tal vez porque no tenía ninguna respuesta qué dar, no lo supo, se removió ligeramente incomoda y soltó un suspiro, al final se decidió por una verdad a medias.

―Sólo uno—las cejas del muchacho se alzaron y antes de que se diera cuenta, la encaró con la mirada de incredulidad en el rostro.

―Eso no es cierto.

―¿Por qué no? Sólo hubo uno, y fue… fue…―no continuó, él aún la siguió observando.

―¿Te rompió el corazón?

―Yo no tengo corazón—Tomas sonrió pesadamente.

―Tienes, aunque me cuesta mucho conocerlo, lo tienes bien cubierto de barreras—se alzó pesadamente de hombros―¿Fue él, él te hizo daño?

―No—aclaró suavemente―, no fue él.

―¿Entonces?

―Tomás…―no continuó, él no pareció entenderlo, se mordió ligeramente el labio antes de continuar.

―Una vez tuve un pez, lo llamé Octavio, un nombre horrible para un pez, pero era un niño… de todos modos, cuando lo tuve las primeras semanas no hacia otra cosa más que observarlo, me gustaba mucho hacerlo, y después, conforme fue pasando el tiempo fui olvidándome de él y… bueno, murió, mi descuido llegó hasta el punto en el que completamente olvidé darle de comer.

―No entiendo el objetivo de la historia. ¿Soy el pez? Porque si ese es el caso sólo estás advirtiéndome que llegado el momento vas a aburrirte de mí—él abrió completamente los ojos.

―¡Claro que no! Ginny, tú me gustas mucho… yo sólo… mi punto es que todos nosotros hemos sido Octavio alguna vez—no continuó, se acercó a ella hasta poder besarle la boca, tenía los labios fríos y sabían a nieve de vainilla, Ginny se estremeció, él sonrió perezosamente antes de tomarle la nuca con una sonrisa.

―Me gustas mucho, Ginny.

―Tú también me gustas, Tomas.

―¿Crees que podrías amarme?—ella no contestó, él volvió a besarla—Porque yo sí, me veo a tu lado por muchos años más.

Ginny sonrió, una sonrisa falsa, él no se dio cuenta, ella no dijo nada cuando él volvió a besarla. El amor era un sentimiento contradictorio e imposible, y no, Ginny no se imaginaba una vida al lado de Tomas a pesar de lo mucho que ambos se estaban divirtiendo.

24

Febrero dio paso a marzo.

Bailaron con cierta tristeza en los ojos, alguien rió a sus espaldas, Astoria soltó una suave risa desde la mesa de principal, Draco tomó su mano, ambos los observaron. De un matrimonio arreglado rara vez se consigue felicidad, pero aquella pareja lo era, aquella pareja de verdad se quería, Harry acarició su cuello, ella no cerró los ojos, ya no los cerraba.

Había una música lenta y tranquila, parejas bailaban, ellos bailaban, sus dedos acariciaban la espalda, ella se mantenía rígida.

―¿Qué tienes?—cuestionó, ella se alzó de hombros.

―Recuerdos atrapados en la memoria―susurró―, y no quiero.

―¿Por qué?

―Porque estás tú aquí―se dejó dar una vuelta―, y la vida eres tú.

―No, quieres que sea tu vida, lo fui, ya no lo soy―ella se estremeció.

―Estoy cansada.

―¿De qué?

―No sé―Harry asintió ―. Todavía te amo.

No dijeron nada más, continuaron bailando, fingiendo. Hasta que llegó Zabinni, iba elegante, con una túnica negra y una sonrisa de dientes blancos, ambos se detuvieron.

―¿Puedo bailar con Daph?—Harry la soltó al instante, ella frunció levemente el ceño.

―Todavía voy a casarme contigo―susurró antes de ir a los brazos de su otro mejor amigo, Harry asintió, después los dejó solos. Bailaron, rieron, ella dejó de pensar en los recuerdos, él los observó con una sonrisa triste.

25

Marzo dio pasó a abril.

Los periódicos mágicos anunciaron la inminente boda de su salvador mágico con la hermosa primogénita Greangeas.

26

Un anillo. Un solo anillo, lleno de polvo, lleno de sueños en los que ninguno de los dos creía.

Su mirada azul, triste, abrumada. Su sonrisa, acusadora, olvidadiza.

―No pasa nada.

Un anillo junto a una carta.

Adiós.

―Ella no va a volver—Sirius, triste, con una mueca de resignación en el rostro, Harry, con la cerveza en la mano.

―Ya sé.

―¿Entonces?

―No voy a llorar. Tampoco estoy triste, ya lo sabía.

―¿Ya lo sabías?—él asintió.

―Sólo estaba esperando a que se diera cuenta, tenía la esperanza de fuera antes de que nos casáramos, me hace feliz que haya sido así.

―¿Lo sabías y aun así ibas a casarte con ella? No lo entiendo, Harry… ¿Por qué?

―No tengo amor propio, si sirve de algo.

―Tienes de sobra y eres egoísta, siempre has sido egoísta con ella—hubo un tono grueso, un tono lleno de reproche olvidado, él azabache soltó lentamente el aire.

―Hubiera sido mucho más difícil por toda la cuestión del divorcio, pero sí, hubiera seguido con esto hasta donde ella quisiera llevarlo. Me dio mucho, no me importaba dar ahora a mí.

Era una explicación sencilla, Sirius no la creyó del todo.

Un anillo.

―Ella dio todo de sí para ti. Tú nunca te esforzaste.

―Lo hice, no pude amarla, nunca pude amarla.

―No, nunca te esforzaste. Tienes a una mujer diferente clavada en tus pupilas, ella siempre lo supo, yo siempre lo supe, tú aún sigues negándolo.

―No empieces otra vez…

―No empiezo, pero sabes que es cierto. Cuentas las horas como los escalones de la escalera y siempre estás en el comienzo, ella es tu comienzo.

―No creo en el amor.

―Ella tampoco.

―¿Podríamos dejar de hablar de ella?

―No, no podemos.

Comenzó mayo.

27

Llegó con una maleta llena de polvo y un regalo envuelto en ceda brillosa, el niño de dos años gritó lleno de alegría y corrió hacia la abuela que sólo había visto una vez, la mujer lo tomó con su sonrisa brillante.

―Que grande estás—susurró, el niño rió, ella le alborotó el cabello, después le dio el regalo ― ¡Duddy, mi amor!—su hijo sonrió cuando la mujer lo abrazó, Charlotte se quedó detrás de ellos con una mueca, no porque no estuviera feliz, lo era, la familia había pasado por momentos muy difíciles, pero Petunia, a pesar de querer al nieto y hablar con Dudley, seguía fingiendo que la rubia no existía, que era parte del decorativo.

Madre e hijo rieron. Petunia entró como la reina que no era, y movió todo, y de todo se adueñó, Dudley lloraba por un padre al que jamás pudo entender y que ahora ya jamás volvería a ver, Petunia fingió que la vida era suya.

La casa se llenó de antisépticos, Charlotte se volvió una percha.

―Los pisos están sucios, la bañera llena de mugre, y la comida… estás tan delgado, Duddy. ¡Has estado viviendo en la inmundicia!

Dicen que la gente a menudo vuelve a donde empezó, dicen que la gente nunca cambia, dicen que la gente nunca crece.

El ruido de la televisión inundó el lugar. Petunia lloró en el abrazo de su hijo, Petunia ahora era una viuda.

―Qué bueno que estés aquí conmigo, Duddy, me he sentido tan sola.

Charlotte tenía corazón, no era una frívola, no.

Su hijo rió con el nuevo juguete robot, su esposo tomó la mano de su madre, ella la observó con una sonrisa triunfadora por sobre su hombro.

Una percha, Charlotte era una percha.

28

George observó con ojos audaces a su hermana, tenía la piel más clara y la sonrisa más brillante, le gustó, tomó de su copa y se relamió suavemente los labios.

―Angi está embarazada.

―¡Eso es genial! Felicidades, nuestra madre debe estar en la luna—su hermano se alzó de hombros.

―Su principal motivación ahora es imaginar a todos sus nietos corriendo por su casa—sonrió levemente, después volvió a observarla―, te extraña.

―Siempre me extraña.

―Sí, y tú nunca vuelves.

―Este es mi lugar ahora, George.

―¿Conociste a alguien?—ella se alzó de hombros.

―No—él no le creyó.

―Estoy feliz por ti. ¿Es muggle?

―No hay nadie, soy sólo yo. Y si hubiera alguien tampoco diría nada ni tú tampoco dirías nada.

―¿Por qué?

―Sigo siendo una ramera—George frunció el ceño, no lo refutó.

―Después de… ya sabes… yo tuve a muchas… se sentía bien, pero sólo duraba lo que duraban los besos… después, después… volvía estar solo—se estremeció—, siempre estaba solo.

Ninguno habló, aquella etapa en la vida de George era la más oscura, había caído en lo más bajo y había estado genéticamente contaminado, encerrado, perdido, extrañando aquello que había sido y que jamás ya sería, porque sin Fred no quedaba nada.

Ahora fue Ginny quien lo observó, estaba más saludable, mucho, y sonreía melancólicamente, perdido en sus recuerdos.

―Te mereces toda la felicidad del mundo—susurró, él la observó.

―Tú también.

―La vida no es un cuento de hadas, algunos no nacimos con la estrella en la frente—él frunció el ceño.

―Eres una estrella, Ginny.

―De otra galaxia, nunca he podido ver mi luz—sonrió levemente. ―¿Qué es la vida sino esto? Espero que seas muy feliz, George—él asintió, un poco.

―No me di cuenta al principio—susurró― tampoco después, pero ahora lo veo tan obvio—se alzó levemente de hombros—, sí alguien conoce de perdidas ese soy yo, y tú perdiste a alguien, ¿verdad? No eres una ramera, Ginny, pero hubo un alguien, no puedes negarme eso.

La muchacha se estremeció, George sonrió levemente, astuto, no pudo mentirle, sí, quiso decirle, pero no lo hizo, en aquel momento se sintió más sola que nunca, había un asiento libre al lado de George, quería el dolor a toneladas, aun lo quería.

―No importa ahora.

―Pero, ¿Por qué?

―Porque la vida es jodida—el aludido frunció levemente el ceño.

―Perdón.

―No tienes la culpa—él negó.

―No, perdón por todo.

Perdón por no ser el hermano que hubieras querido, Ginny, perdón por no estar allí, perdón por no entenderlo, perdón porque la vida ya nos pasó de largo y dudo mucho que podamos recuperar el tiempo perdido.

29

Terminó mayo.

Nadie escoge a su familia, ni tampoco está obligada a quererla.

30

―Estoy muy feliz de que exista junio.

―¿Por qué?

A lo lejos una niña jugaba con su pelota.

―No sé.

31

Charlotte llegó durante el verano con el cabello corto hasta los hombros y un pequeño niño en sus brazos, tenía la mirada cansada y los ojos tristes, Ginny la hizo pasar con un suave suspiro, ella entró observando con atención el lugar, no hizo comentario alguno por los libros, una suave sonrisa ocupó sus labios antes de dejar al niño en el piso, quien con ojos curiosos observó también el lugar.

Tenía cuatro años, ojos grandes y cabello rubio como su padre, Ginny se hincó para presentarse, el niño rió con gusto cuando ella le regaló una bolsa de galletas y le prendió la televisión, pronto los ruidos de las caricaturas inundaron el lugar y Charlotte fue capaz de sentarse sobre una de las sillas de la cocina y soltar un suave sollozo, Ginny se acercó para acariciarle el hombro, la fuerte mujer lloró durante unos segundos, apenas estremeciéndose o haciendo cualquier ruido, el niño rió desde la sala.

Cuando todo terminó y Ginny pudo sacar el café, Charlotte por fin habló.

—Hemos terminado, ahora si definitivamente—Ginny asintió pesadamente.

—Lo siento—la mujer negó.

—No, yo lo siento más, lo siento todo el tiempo y me duele mucho, una eternidad completa. Le quería, lo amaba… lo amo—volvió a estremecerse—. Pero estoy harta de pelear.

—Es sólo una pelea, todas las parejas las tienen—la muchacha negó.

—No, cuando Petunia llegó llevaba muchas maletas, regalos caros y una sonrisa sobre su rostro. Esta amargada, completamente, me gritó cosas muy… cosas, y Dudley no dijo nada, ni una sola palabra, me llamó… me llamó ramera y él sólo se quedó allí, haciéndose el sordo.

—Su padre murió.

—Lo sé y lo entiendo, pero eso no significa que su madre deba faltarme al respeto, a estas alturas debería aceptar que Dudley y yo… que fuimos…

—No—negó Ginny—. Son, aún son—Charlotte se alzó de hombros.

—Debería saber que yo soy su esposa y que él es mi esposo y que Demian es el hijo de ambos—volvió a estremecerse—. Le dije a Dudley… nos gritamos cosas antes de que me fuera, le dije que abriera los ojos, que reaccionara, Y Petunia estaba allí, diciendo que si me iba no me permitiría llevarme a mi hijo y entonces yo…—la vio levemente avergonzada—le di un golpe, tomé a Demian y me fui.

Ginny ladeó levemente la cabeza, soltó un suave suspiro y después acarició la mano de su amiga. Era la fuerte, la valiente, la sabia, quedaba poco de todas esas cosas, Dudley se había quedado con ellas y había dejado una sombra, pero una sombra aún fuerte, aún madre.

El niño volvió a reír, ambas escucharon el sonido.

—Va a salir bien todo, Lotte—la mujer asintió.

—Y si no, voy a hacer que todo salga bien. No lo necesito, puedo yo sola hacerme cargo de mi hijo—Ginny asintió pesadamente.

32

Charlotte se instaló rápidamente, llenó el ambiente de calor, de risas y de gritos, su afición al deporte seguía intacta y su adicción a la comida china inamovible, Demian era un pequeño ruidoso y divertido, Ginny se deleitaba leyéndole cuentos mientras su madre trabajaba.

Le gustaba, y se sentía culpable por ello. Charlotte tenía una casa, un marido y una vida medio rota. Pronto, tarde o más tarde aún, volvería, mal o bien. Dudley, que intuitivamente había pensado en que su mujer estaría con ella había hablado sola una vez, ambos se habían gritado, después había pedido hablar con el niño y mientras el pequeño le contaba sobre la tía Ginny, Charlotte se había ido a encerrar a su cuarto, Ginny no necesito acercarse para saber que estaba llorando.

Finales tristes, finales rotos. Se habían comunicado por carta durante todo aquel tiempo, así que tenían mucho de qué hablar, pero había tanto que Charlotte tenía que decir que Ginny apenas podía hablar de su vida, o su no vida.

Y su no vida llegó durante una tarde calurosa, tocó la puerta, movió al aire y sonrió con encanto.

Ginny fue la que abrió, Harry no había envejecido mucho, tenía barba, una cicatriz en la barbilla y un regalo envuelto en las manos, ambos se observaron.

—¿Vive aquí Charlotte?—preguntó, aunque ya sabía la respuesta, ella abrió toda la puerta y asintió, haciéndose a un lado, él entró observando el lugar con suma atención. —Me gusta—aclaró con una sonrisa más ancha—, parece tú—continuó tomando un libro, lo hojeó, después llegó el grito emocionado de Demian y el regalo paró en sus pequeñas manos, Charlotte salió de la cocina con un delantal y una suave mirada.

—¿Vienes por tu cuenta?—el azabache se alzó de hombros.

—Vi a Dudley antes—frunció el ceño—, lo golpeé, si te hace sentir mejor—una sonrisa sádica inundó el rostro cansado de la rubia.

—Te voy a dar una gran rebanada de pastel solo por eso, pasa—y como si fuera su casa, lo invitó a la cocina, Harry la siguió sonriendo, Ginny se quedó en la puerta, sintiéndose un poco rara, Demian hizo rodar el nuevo carro, chocó con sus piernas, se inclinó y haciendo un suave ruido regresó el vehículo a su dueño, jugó junto al niño como si fuera también una niña.

Y así la encontró Harry, con el pantalón llenó de polvo y el cabello rojo sobre la cara, sonrió, Charlotte negó pesadamente detrás de él.

—A veces siento que tengo a dos criaturas en vez de a una—susurró divertida—¡Hora del baño, Demian!—vociferó, el niño se quejó, la pelirroja se quejó, Harry rió.

Un rato después la extraña no pareja se quedó sola, Ginny se levantó, él se sentó en el sillón, ella lo siguió, una suave música sonaba, ambos se observaron.

—Estás más bonita.

—¿Sí?

—Ajá—aclaró—antes eras hermosa, ahora eres bonita.

—¿Y qué te gusta más?—él frunció el ceño.

—Todas, pero está versión tuya me parece mucho más encantadora—ella sonrió, él volvió a observar su lugar. —No sabía que te gustara tanto leer.

—Yo tampoco, lo descubrí hace poco—se alzó de hombros—, no soy nada especial, o nada como lo que tú eres, quizá por eso me ves bonita, soy bibliotecaria.

—Pues te sienta bien—sonrió pesadamente—, y yo tampoco soy nada especial, soy un hombre dejado ahora—Ginny abrió ligeramente los ojos.

—¿De verdad? Charlotte me dijo que estabas a punto de casarte, pensé que con Daphne, que ya eras feliz, aunque Daphne no sea una panadera, para nada—sonrió levemente, él asintió.

—Fue con ella. Es un poco raro, ¿sabes? Como funciona esta cosa del amor, Daphne me amaba mucho y yo casi nada y Zabini, ¿recuerdas a Zabini? Pues él la quería a ella como ella se merecía—Ginny abrió ligeramente los ojos.

—Vaya triángulo amoroso, ¿Qué pasó con su amistad?

—Sigue intacta, creo. Dañé tanto a Daphne que sólo estoy feliz de que no me odie, probablemente ahora ambos estén en algún lugar declarándose mutuo amor.

—No.

—Sí, me ha dejado.

—¿Y cómo se lo tomó tu ego?—él sonrió.

—Está bien, jamás hubiera funcionado—se estiró pesadamente—probablemente nos hubiéramos separado antes de siquiera vivir juntos y entonces sí, Zabini me hubiera odiado.

Se acercó más, ella sonrió.

—Tengo novio—sintió a Harry tensarse.

—¿Cómo?

—Tengo novio, se llama Tomas.

—Que nombre tan más común, Ginevra—se pegó un poco más, ella le palmeó ligeramente la pierna.

—No, Ginny, soy Ginny. No tengo ganas de ser Ginevra.

—¿Cuándo entonces?

—No sé, no me atrevería a engañar a Tomas, ni siquiera contigo—lo vio fruncir el ceño.

—Estás tan atrapada como yo. Tenemos historia y mucha, nos vamos a encontrar y vamos a volver a caer, ya lo sabes.

—Sí, no lo estoy negando.

—¿Entonces?—ella se alzó de hombros.

—Te toca esperar, cuando me sienta sola voy a acudir a ti.

Y Harry asintió.

33

Las hojas caen, verdes, amarillas, naranjas.

Juega juegos de niña, juega a que es una niña. Juega a que hay futuros, juega a que tiene la capacidad de elegirlos, juega a que la vida se compone de momentos y que Harry es un caso cerrado y que Tomas es el futuro.

Juega a que lo ama con toda su vida y está más que feliz a su lado.

Juega a que algunas veces no se decepciona cuando observa a Tomas hacer algo completamente incorrecto, porque… no, cariño, que deberías sonreír así, así, lado derecho y una cicatriz en la barbilla e historias y lunar en la cadera.

Juega a que la vida es más fácil, juega a que su café no está amargo, juega a que no envejecerá, a que hay muchas Ginny en el universo y alguna debe estar con Harry, una al menos.

Juega a que lo ha olvidado.

32

Un paso, dos pasos, tres pasos.

Risas… agudas, un golpe.

Abrió la puerta, era Tomas, desnudo, había una mujer a su lado.

33

Hacia frio, había nieve cayendo, Harry se había mudado a una pequeña casa a las afueras de todo, era año nuevo. Sirius estaba cantando sus propios y muy borrachos canticos, Teddy estaba combinando sus tonos de cabello con las esferas puestas en el árbol, Remus estaba sonriendo junto a Nimphadora quien susurraba a su oído, Daphne, con el cabello suelto y el vestido elegante estaba un poco más alejada, sonriendo nostálgicamente mientras veía un viejo álbum de fotos, Zabini era el único en la cocina, haciendo el gran festín para todos.

Pronto los llamó, su mujer fue la primera en levantarse, el brillante añillo brillo en su dedo mientras caminó hacia la mesa, Harry se sentó a su lado izquierdo, Sirius le guiñó el ojo frene a él, Zabini chasqueó los dedos, la comida apareció, Teddy aplaudió y su madre tiró un vaso.

La risa inundo el lugar.

—Por la felicidad—aclaró Sirius levantando su copa, un murmullo aprobatorio se escuchó.

—Y por Harry, que esperemos y éste nuevo trabajo sea el adecuado—dijo Daphne, todos volvieron a reír mientras levantaban las copas, era de uso común hablar de Harry y sus múltiples trabajos como si fuera un chiste.

Bromeaban sobre su nueva excentricidad y luego, cuando la abandonaba, inventaban nuevos trabajos, cada uno más raro que el anterior, Harry había trabajado en el mundo muggle y en el mágico con muchos y muy variados trabajos, pero hasta ahora nada parecía atraparlo porque todo abandonaba.

Quizá lo único para lo que eres bueno sea para luchar, para la guerra—había dicho la rubia una vez, cuando había abandonado su tercer trabajo y aún estaban juntos, él no pudo negarlo.

Si tenía tan buena vida era por el dinero que había heredado y que había recibido de sus mejores trabajos, todos lo sabían.

—Yo brindo por los futuros esposos—aclaró sonriendo a sus amigos, los tres se sonrieron, el tema sobre Daphne y su relación era un poco tabú, como si hubiera existido en otra vida, como si ella jamás hubiese llegado a ser su mujer. Pero no por ellos, más bien por Zabini, a quien todavía le dolía mucho, y un poco por ella, que no se arrepentía, pero que tampoco quería recordar.

Tonks sonrió con ganas.

—Se verá hermosa con su vestido, Zabini, te lo aseguro—le sonrió brillante, el muchacho se aclaró la garganta, sonrió pesadamente, había felicidad en sus ojos, mucha.

—Pues yo creo que aunque se pusiera una bolsa de basura se vería hermosa—aclaró Sirius, después rió cuando Daphne le guiñó el ojo y el prometido lo fulminó con la mirada, la plática de allí se desvió a otros temas, las estadísticas de Quidditch, el nuevo amorío de Sirius con una funcionaria del ministerio, el trabajo de Remus, la escuela de Teddy.

La comida estuvo deliciosa, todos elogiaron al Chef, después se apresuraron a disfrutar el postre, Harry cerró levemente los ojos, fue el primero en escuchar la puerta, pero el sonido le sonó tan imposible que no se movió, cuando volvo a sonar pidió silencio, se hizo el silencio, los ruidos volvieron a escucharse y se estiró para poder fijarse por la ventana.

La imagen lo dejó sorprendido, era Ginny, traía un pesado suéter, un gorro sobre el pelo pelirrojo y nieve en los hombros, no aclaró nada, se levantó con rapidez y se apresuró a la puerta, cuando la abrió ambos se observaron, adentro el silencio era total, palpable, ella se alzó pesadamente de hombros.

—¿Interrumpo?

—Un poco, pero no me importa—Ginny sonrió, las mejillas ruborizadas por el frio.

—Lo siento por llegar a esta hora y en este día, pero justo ahora tengo ganas de ser Ginevra—hubo silencio, Harry sonrió pensadamente cuando entendió.

—Hola entonces, Ginevra—y sin decir más, tomó su mano, ambos desaparecieron, la escena fue tan irreal y extraña que los que quedaron se observaron sorprendidos.

—¿Qué pasó?—cuestionó Tonks, Daphne empalideció antes de negar con fuerza.

—Era Ginny, Ginny Weasley. No sabía que seguían viéndose.

—Yo tampoco—susurró Sirius—. Pero hacen una bonita pareja, ¿verdad?—sonrió pesadamente.

—¿A qué te refieres? ¿Ginny y Harry ya se conocían?—cuestionó la bruja, aún estupefacta, su primo asintió.

—No creo que se hayan olvidado nunca—le lanzó una rápida mirada a la rubia, ella alargó su mano para tomar la de su futuro esposo, después se alzó de hombros.

—Tú y yo lo supimos, me lo dijiste muchas veces, yo sólo no quería hacer caso.

—¿Qué crees que pase ahora?—se observaron, conocían la historia completa, o al menos una gran parte de ella, habían formado a su propia manera parte de.

—No sé.

34

Charlotte se fue a principios de marzo, con los ojos aún oscurecidos por la tristeza y los sueños rotos, las cosas con Dudley aún no iban hacia ningún lado, Petunia seguía viviendo en la que antes era su casa y ella seguía sintiéndose siempre como la segunda en su vida, pero la cuestión era, Y Lotte lo tenía muy claro, que Dudley podría ser un muy mal esposo, pero no era un mal padre y Demian necesitaba una figura paterna, ambos se extrañaban y si algo había entendido la rubia siempre era que los niños jamás debían verse envueltos en los conflictos de los adultos.

Se fue porque quería lo mejor para su hijo y dejó a Ginny sin más que una suave sonrisa y promesas que no supo donde acomodar.

—Voy a conseguir un departamento modesto, Dudley lo va a pagar—había aclarado—, y vamos a hablar sobre Demian largo y tendido y si las cosas siguen así, voy a pedirle el divorcio. Yo lo amo mucho, es el hombre de mi vida y el amor de mi vida, pero no… quizás sea mejor así. Sólo quiero que me prometas una cosa—Ginny había asentido, ella había visto hacia un punto inexistente—. Sé de tu magia… Harry me lo dijo poco después de que Demian naciera, porque cabía la posibilidad de fuese mágico, ¿sabes?

—¿Y lo es?

—No… no. Será un gran hombre, hará grandes cosas, tiene la estrella en su frente, el mundo mágico perdió un gran miembro—Ginny había asentido pesadamente, ella había tomado aire—. Aún no sé qué haces aquí Ginny, y no me malentiendas, es fantástico tenerte, pero no perteneces aquí. Harry me dijo de tu futuro brillante, de tus calificaciones, de todos los caminos de pudiste haber seguido y que no seguiste.

—No creo que sea algo que a los dos les importe.

—No, pero eres mi amiga y él te quiere, tienen historia. Punto. El hombre ha tenido tantos trabajos que me sorprende que en el camino no se haya perdido, pero tú no hiciste más que encerrarte aquí.

—¿Y qué tiene eso de malo?

—Que lo que pasó ya pasó—había sonreído levemente antes de pasarle el brazo por los hombros—. Cariño, yo te entiendo, fui yo la que te ayude a entenderlo también hace muchos años, ¿lo recuerdas? Me di cuenta de Harry y de ti y te mal aconseje. No tengo que preguntar sí lo hiciste, porque ya lo sé, lo hiciste. Y sucedió, pero sucedió hace mucho tiempo. A veces tengo la sensación de que a su propia manera tratan de alcanzar lo que tuvieron y no tuvieron, porque terminó. Pero mientras Harry ha hecho de todo tú has estado invernando, ya es hora de que saludes a la primavera, cariño.

Y se había ido. Ginny no tuvo mucho tiempo para extrañarlos, casi nada, a la semana, mientras se llenaba de nuevo del silencio y sus libros volvían a llenarse de polvo, alguien tocó a la puerta, fue Harry. Tenía su barba, su cicatriz en la barbilla y los ojos brillantes y había entrado, sin dar explicaciones ni necesitarlas.

Había dormido esa noche en su casa y la siguiente también. Ninguno le puso algún nombre a lo que sea que estaba sucediendo, pero fue casi como si ambos aceptaran, por un momento, que podían darse un respiro y disfrutar de lo que habían sido, ahora que ninguno de los dos tenía problemas tras su espalda.

Tomas era un extraño que ahora no saludaba en la calle y Daphne a estas alturas estaba en su luna de miel, ambos estaban solos, habían terminado solos y estaban tan cansados de ello, que a ninguno de los dos les importó volver a empezar, y ni tanto, porque ya se conocían.

Harry se mudó casi sin darse cuenta, llevando de a poco sus cosas y comprando comida para la cena y ella se dedicó a pasarles las cuentas y a gastar su dinero extra en libros, a ambos les gustó ese trato.

No hablaron de lo que fueron, porque era casi como una herida abierta y punzante, pero bien escondida. Habían hecho muchas promesas y muchos finales, uno de ellos había sido asegurarse de no volver, de conocerse tanto que mejor no intentarlo, porque probablemente acabarían matándose mutuamente.

Ella conocía sus fantasmas, sus pesadillas, sus memorias, él hacía lo mismo.

*""""*

¡Hola! Este no es el final de la historia, aún falta algo, poquito, pero algo, y es un poco diferente porque se ven distintas perspectivas de otros personajes. En fin, muchas gracias a CeltaPotter, Hanna27, Palitha y FlorFleur, contesté sus reviews por correo, para que den una vuelta por allá.

Nos vemos en la siguiente actualización!