¡Hola!
He fallado rotundamente con mi reto autoimpuesto de publicar a diario… No hay excusa que valga. Este es el último capítulo de este fic. Espero que les guste, así como también espero haber contribuido un poquito con esta hermosa pareja.
Hetalia (Himaruya Hidekaz) y Latin Hetalia (Comunidad y respectivos autores) no me pertencen.
Tengo algo muy importante que decirte. Sé que probablemente creerás que estoy loco. Es probable que lo esté, pero estoy loco de amor por ti. Manuel, hemos salido por casi cinco años, llevamos tres años de convivencia, y… creo estar listo para dar el siguiente paso. No, definitivamente estoy listo.
Te veo entrar con el ceño fruncido. Sé por qué estás enfadado, pero eres tan orgulloso que probablemente no me lo dirás. ¿Estás enfadado por haber despertado sin mí a tu lado, verdad? Lo siento, amor, pero debía preparar una gran sorpresa. Sabes que te amo y que me encanta dormir todas las noches a tu lado. Te sientas junto a mí y bebes de la taza de café que dejé para ti. Había más comida a tu lado, pero no querías ni siquiera mirarla. Realmente estabas enfadado, y yo sólo podía pensar que te veías muy adorable.
—¿En dónde estabas? —me preguntas, frunciendo más el entrecejo. Pude notar un leve sonrojo surcando tus mejillas.
—Por ahí… Tenía algo importante que hacer.
—¿Hoy?
—Sí, pero tengo el resto del día libre por si me necesitas.
—¿Y por qué te necesitaría justamente hoy?
—No lo sé —respondí entre risas.
Con esa respuesta logré que te enfadaras más. Realmente lo siento, pero todo era parte de tu sorpresa. Siendo sinceros, yo también hubiera estado enfadado si tú no hubieras despertado junto a mí el día de mi cumpleaños. Noto que dejas la taza de café a un lado y te levantas sin dedicarme si quiera una mirada de enojo. Al parecer te decepcioné, ¿no? Mis ojos te siguen hasta la puerta, y me sobresalto con el golpe seco de esta al cerrarse con furia. No hago más que suspirar y rogar para que accedas a salir conmigo en la noche. Y es que te conozco, amor. Sé que cuando estás demasiado molesto conmigo no me diriges ni una sola palabra. Espero que en esta noche todo sea diferente.
Ya han pasado cuatro horas y tú no vuelves. Me hubiera asustado de no ser por la llamada que recibí de Martín. Así que estabas con él. Sé que Tincho es mi mejor amigo, pero no puedes imaginar la gran oleada de celos que queman mi interior cuando te imagino riendo junto a él. Cuando te imagino mostrándole una sonrisa que no quisiste ofrecérmela a mí. Odio que me hagas desear gritarle a mi mejor amigo… odio que te vayas con él. Te amo tanto por hacerme sentir tan enamorado.
Me dedico a esperarte con el anillo en mi bolsillo, esperando que aquella preciada joya pueda vestir tu dedo esta noche. Ya son las diez de la noche… y no apareces. Decir que no estaba enfadado sería poco, estaba furioso, iracundo, herido… No me queda más que hacer que refugiarme en la comida. Corro a la cocina y preparo diversos platillos para distraerme. Nunca había considerado que cocinar fuera tan aburrido como aquella vez. Por tu culpa, hasta la comida me parecía aburrida. ¿Ves lo que puedes hacer en mí? ¿Ves por qué te necesito tanto?
Faltaba media hora para las doce. Llegas golpeando las paredes, pero no porque fueras violento, sino porque tu cuerpo confundido por el alcohol no podía soportar más tu peso. Te tumbas en el sofá y amenazas con dormirte. Desde la cocina observo todo con un plato de arroz con pollo en mis manos. "Por favor no te duermas" pedí. Gracias a Dios, te caíste del sofá, y despertaste por el golpe con la alfombra. Soltaste un par de maldiciones incoherentes y te quedaste sentado en el suelo. Yo seguía observando todo desde la cocina. ¿Sabes? Te veías realmente adorable. Tus mejillas sonrojadas y el puchero en tu boca por no poder dormir creaban en mí la necesidad de acercarme a ti y abrazarte toda la noche. ¿Pero qué se puede esperar de alguien enamorado?
—Manu, ¿estás bien? —Me acerco tímidamente—. ¿Quieres un poco de café para que se te pase la borrachera?
—¿Sabes qué quiero? —Me replicas enojado, levantándote del suelo con dificultad—. ¡Quiero un novio que realmente me ame!¡Eso quiero!
—Manu, yo te amo.
—¡No es cierto! —Te quedaste callado un segundo porque las lágrimas salían ferozmente de tus ojos. Volviste a hablar cuando yo puse mi mano sobre tu cabello—. ¿Sabes que hoy es mi cumpleaños? ¡Hasta el rucio se acordó! ¡Me saludó apenas me vio! ¡Y tú…, tú te olvidaste!
No soporto más tus palabras, pero no por estar enfadado, sino por el dolor que trasmites con ellas. No aguanto verte sufrir, Manu. Te atraigo hacia mi pecho y acaricio tu mejilla que se teñía aún más de rojo al sentir mi roce. Me encanta que te sonrojes al contacto con mi piel. Acerco mis labios a los tuyos y te beso con ternura, tratando de demostrarte lo mucho que te necesito, lo mucho que necesito tu amor.
Al principio te mostrabas reticente a corresponderme en el beso, pero a poco te dejaste llevar, entregándome todo tu ser en aquel contacto. Tus manos alrededor de mi cuello me hacen sentir que tú también me necesitas. Tu respiración agitada me hace pensar que tú también deseas fervientemente besarme. Tu mirada llena de deseo me hace saber que tú también me amas.
Al separarnos, logró ver la hora en el reloj que estaba colgado en la pared. Faltaban dos minutos para las doce. Era ahora o nunca. Ya no importaba aquella reservación perdida en el restaurante elegante al que siempre quisiste ir o la otra reservación en un hermoso hotel frente al mar. Yo sólo quiero que me des el "sí" el día de tu cumpleaños.
—Manu… —Trato de decir, con la voz agitada por el beso recién dado.
Tú levantas tu mirada, pues tenías tus labios pegados a mi cuello. Lucías algo enfadado por haber sido interrumpido, y cuando notaste que yo me quedé unos segundos observándote, volviste a lamerme el cuello. Sabes que ese es mi punto sensible… Luché con todas mis fuerzas contra el deseo de hacerte mío y te agarré firmemente de los hombros. Pude ver algo de sorpresa y fastidio en tu rostro.
—¿En serio no quieres, Miguel? —Me preguntaste, luciendo molesto. Bueno, lo comprendo, estabas caliente.
—Manu, amor,…
Sin hacer mucho esfuerzo te llevo hasta la cama. Me fue muy fácil cargarte por tu estado de ebriedad y por tu peso. Eres tan delgado… Al caer en el colchón te recuestas, esperando a que yo vaya por ti y que te haga mío, pero te reincorporas cuando me ves arrodillado. Podría escribir un poema sobre la hermosa confusión de tu rostro…, bueno, si me gustara escribir ese tipo de cosas. Creo que eso se te da muy bien a ti. Soy como un niño en navidad cuando leo cada poema que me escribes.
—¿Qué haces, weón?
—Manu, feliz cumpleaños, amor —Saco el anillo de mi bolsillo. Lo había sacado de la caja cuando te desapareciste. Necesitaba tocarlo para darme fuerzas—, ¿te casarías conmigo?
Sé que no debería preguntarte algo tan importante cuando estás ebrio, pero queda un minuto antes de las doce. La pedida de mano no salió cómo lo planeé, pero al menos quería pedirte matrimonio el día de tu cumpleaños. Al menos eso no podía fallar.
Tus ojos se abrieron con sorpresa. Al parecer no te lo esperabas. Yo permanezco arrodillado delante de ti. Manu, realmente te amo, pero si pudieras responderme antes de las doce sería muy feliz. Lentamente, una sonrisa empieza a dibujarse en tu hermoso rostro. Siento tu peso sobre mí. Depositas cortos besos en mis labios. ¿Eso era un sí?
—Manu, ¿Eso es un…?
—¡Sí, Migue! ¡Sí me quiero casar contigo! —Me respondiste, sentándote sobre mí y extendiendo tu mano para que te pusiera la sortija.
La deslicé lentamente por tu dedo, y la admiré cuando su belleza era opacada por la belleza misma de tu dedo usándola. Fui yo esta vez quien se tumbó sobre ti. Tanta felicidad no cabía en mí. Tú me haces feliz, Manu.
Gracias por estar a mi lado. Gracias por ser siempre tú. Gracias… por amarme tanto como yo te amo.
