Dieron las dos de la mañana cuando Shinnosuke empezó a aburrirse. Hasta ahora, se habia entretenido hablando con Bocchan por el móvil. Pero el chico se fue a dormir, al igual que el resto de sus amigos.
Suspiró, y echó un vistazo a Kazama, que leía un libro que ya de antemano supuso que sería un muermo.
- Toooru~ -Susurró el moreno, acercándose perezosamente. -Me aburrooooo.
- Shinnosuke no. -Fue su única respuesta, sin levantar la vista del libro.
- ¿Eeeh? ¡Pero si no he dicho nada!
- Por favor. Te conozco de sobra, y la última vez que querías que te entretuviese en un trabajo, nos echaron del restaurante, ¿recuerdas?
- Pero no fue mi culpa... -Murmuró poniendo morritos. -Tu también colaboraste.
- ¡Pero porque me provocaste tú, merluzo! -Esta vez si que lo miró, con la cara como un tomate, y gritando de forma que resonaba por toda la pizzeria.
- Vale, vale. Pero escucha esto. -Comenzó, arrastrando su silla de ruedas hasta el lado del más bajito. Luego levantó un dedo índice. -Sólo un besito.
- ... ¿Sólo uno...? -Shin Chan asintió con una sonrisa que no tramaba nada bueno. Kazamano hizo más que suspirar y rodar los ojos, dejando su libro a un lado. -Eres insufrible.
De una forma u otra, otra vez se veía siendo preso de los besos en el cuello por parte de Shinnosuke, apoyado en la mesa donde estaba la pantalla de las cámaras. A pesar de haberse negado un par de veces, de nuevo había caido en los encantos del estúpido moreno.
- P-pero déjate de tonterías y ve rápido. No quiero que nos echen. -Susurró en su oído, mientras le metía las manos por dentro de la camisa de guarda.
- Pero si no va a venir nadie hasta las seis. -El más alto sonrió un poco. -Sólo relajate.
- Pft. -Soltó Kazama, cerrando los ojos. Pero justo cuando iba a quitarle la corbata a su novio, oyó algo como un golpe retumbar en toda la pizzeria. Rápidamente se incorporó, apartando a Shin-Chan, y aguzó el oído.
- Uh... ¿Qu-
- ¡Shh! -Hubo un largo silencio, en el que los dos chicos despeinados estuvieron atentos a cualquier cosa. -¿Has oído eso?
- ¿Ih? ¿De qué estás hablando?
Toru ignoró las quejas de Shinnosuke, y se arrodilló cambiando las cámaras. Pero para su sorpresa no había nadie en ningún sitio, y todo seguía en su lugar. Excepto...
- Oye. ¿Ese conejo no estaba en el escenario? ¿Cómo se ha movido?
Shinnosuke miró a la pantalla con una ceja levantada, pero luego entrecerró los ojos con molestia.
- Iiiih... Kazama si no quieres hacer nada sólo tienes que decirlo. -Soltó ofendido. -Sabes perfectamente que ese bicho estaba ahí, no intentes asustarme. -Esta vez hubo algo de inseguridad en su voz.
- ¡No intento asustarte, imbécil!
- Bien. ¿Sabes qué? Voy a dormirme un rato.
- Pues vale.
- Pues perfecto.
Acababan de dar las cuatro y media, cuando Kazama bajó su libro para mirar el rostro durmiente del moreno de su derecha. Tal vez si que se había puesto algo paranoico y el conejo había estado ahí todo el rato.
Soltó un pequeño suspiro, y se acercó a la mejilla del chico plantandole un beso. Si estuviese asi de tranquilo también despierto...
Se estiró un poco, y fue a seguir con su lectura, cuando un ruido extraño volvió a alterarlo repentinamente.
Levantó la vista de forma lenta y tortuosa. En efecto. El conejo violeta ya no estaba ahí.
- ¡Shinnosu-!
No. Se cubrió los labios con ambas manos, y miró de reojo al moreno, que seguía roncando. No quería hacer que se pusiese histérico ni nada de eso. Simplemente se encargaria él mismo de esto. Si seguro que era un malentendido...
Buscó entre la pizzeria al animatron, y lo encontró a un par de habitaciones de la suya, en un armario. La cámara enfocaba directamente al rostro espeluznante y deformado del animal robotico, y Kazama tuvo que ahogar un grito. Intentó alejar la cámara con el zoom, pero estaba al mínimo.
El bicho lo miraba directamente, como si su propósito fuese justamente asustarlo.
El chico tragó algo de saliva, y se crujió los dedos. Iban a ser un par de horas muy largas...
Dieron las seis menos cuarto, cuando Kazama estaba que perdía los nervios. El estupido bicho violeta no dejaba de menearse por todo el ala izquierda, de forma impredecible. Pero esta vez era extraño.
No lo encontraba en ninguna parte, y tampoco le quedaba mucha batería.
Fue en ese momento justo, en el que oyó una especie de movimiento robotico en la puerta de su lado.
- No puede ser... -Susurró girandose lentamente.
Y ahí estaba. Entre las sombras se hallaba el puto robot morado de dos metros con una robótica sonrisa terrorifica. El más bajito tardó solo unos segundos en actuar, saltando encima de Shinnosuke y cerrando la puerta metálica de un puñetazo.
- Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. -Soltó el chico, mordiendose el labio con tanta fuerza que casi podía hacerse sangre, mientras algunas lágrimas comenzaban a acumularsele en los ojos.
- Ihhh... ¿Qué pasa? ¿Por qué me despiertas? -Soltó el moreno rascándose la nuca. -¿Y por qué cierras la puerta?
- ¡Shinnosuke! -Kazama se le lanzó encima, lloriqueando. -Ni se te ocurra abrirla. -Soltó con voz pastosa.
- ¿Ih? Oye tranquilo... Cuéntame que ha pasado. No llores.
Pero el chico negó con la cabeza, realmente asustado.
- No lo hagas...
- Vale, vale.
Se quedaron así un rato hasta que unas campanas resonaron por todo el local, seguido de una especie de "Yaaaay" gritado por voces infantiles.
- ¿Y ahora qué? -Se quejó Kazama frotandose un ojo.
- Pues ya son las seis... -Sonrió Shinnosuke, y se levantó para abrir la puerta.
- ¡ESPERA, N-
- ¿Mmm?
Pero cuando el moreno pulsó el botón, no había absolutamente nada detrás del marco de metal.
- ... ¿Eh...?
