Capítulo 2: La chica sin recuerdos.

Habían pasado dos días de aquel incidente, la joven de cabellos dorados de repente despertó de un sueño oscuro, miro a su alrededor extrañada, y también sintió una fuerte punzada en la cabeza. De repente entro a la habitación una señora de aproximadamente 50 años, la cual era acompañada por una pequeña niña de 10 que tenía el cabello castaño, a diferencia de la señora que ya se podía distinguir parte de algunas canas.

- Veo que ya te levantaste, sino fuese por mi nieto que regreso de unos pedidos algo tarde, que hubiera sido de ti… - miro aliviada la señora a la joven de ojos azules.

- Mi cabeza me duele…

- Es normal, te diste un fuerte golpe en la cabeza después de huir de unas bestias que los atacaron.

- ¿Unas bestias?

- Sí, mi nieto nos conto todo eso cuando llego contigo.

La pequeña niña observo a la joven, noto que se veía confundida… y algo perdida, sin perder tiempo y también por curiosidad decidió preguntar por su nombre.

- ¡Abuelita! ¡No nos hemos presentado!

- ¡Ah! ¡Es verdad! Que descortesía la nuestra… me llamo Hilda, soy la abuelita de Wendy y Mike.

- Mucho gusto – dijo la joven a las amigables personas que estaban acompañándola.

- ¿Y tú cómo te llamas? – interrogo la pequeña castaña.

- Soy… - en ese momento la joven hizo una pausa larga, ¿será posible?, no sé acordaba de su nombre, en eso la joven miro a su costado, en la mesa de noche estaba un collar dorado con un nombre, "Daisy" – Daisy – en voz baja menciono su nombre, la amable mujer se percato del problema de la joven al no a ver respondido con facilidad aquella pregunta… aquella joven había perdido la memoria.

- Abuelita… ¿Pasa algo?

- Después conversaremos sobre eso Wendy, ahora es mejor que comas un poco Daisy, necesitas recuperarte.

- Está bien… gracias señora.

- Descuida pequeña, bueno Wendy, vamos a la cocina, que aún hay cosas que preparar.

- ¡Si! – la pequeña niña con mucho entusiasmo salió del cuarto acompañada de su abuela, mientras la joven solo observaba la comida que le trajeron, un plato de avena con un bizcocho, sin pensarlo más decidió empezar a comer, aunque seguía confundida y a la vez sentía una frustración al tratar de recordar lo que paso, pero no podía, solo su nombre y la sensación de calidez al ver el medallón era lo único que por el momento la confortaba.

La mañana fue pasando, y ya se podía ver el brillo de la tarde correr por la habitación de la joven chica, de repente se oye una voz anunciar su llegada.

- ¡Abuela, ya llegue! – dijo un joven de cabellos castaños de aproximadamente 20 años de edad.

- Qué bien hijo, ¿cómo te fue con los pedidos?

- Todo bien, como siempre la gente adora tus pasteles.

- Me alegra saber que no pierdo el toque.

En ese momento la pequeña Wendy aparece con un par de baldes de leche, y al ver a su hermano, la alegría la embarga a tal punto de que por poco tira la leche que llevaba, pero su hermano hábilmente evita tal catástrofe.

- Upps, lo siento – muy apenada dirigió sus palabras a su hermano.

- Descuida, aunque sabes, a mí también me alegra verte. – Acariciando en la cabeza de su pequeña hermana – Por cierto abuela, ¿Cómo está ella?

- Ya despertó, ahorita seguro debe estar descansando.

- Entonces iré a verla.

- Un momento Mike – dijo su abuela con un todo severo.

- ¿Qué pasa? ¡No hare nada raro abuela, tú me conoces! Además ando preocupado por ella desde ese día que la encontré en el bosque…

- Es mejor decirles a los dos… aquella jovencita ha perdido la memoria…

- ¿Es por lo que no puede responder su nombre, abuela?

- Bueno el doctor que la reviso dijo que el golpe era fuerte pero que se podría recuperar en un par de días, pero si menciono que corría el riesgo que haya perdido la memoria.

- Entiendo… pero tal vez con el tiempo la pueda ir recuperando, solo es cuestión de ayudarla. – dijo el joven castaño.

- Mi hermano tiene razón abuelita, Daisy necesita nuestra ayuda – dijo la pequeña Wendy apoyando la idea de su hermano.

- Es bueno saber que tienen esa voluntad de ayudar, y no se preocupen, no me opongo a la idea de ayudarla, más bien les ayudare, también me gustaría que la muchacha pueda salir de ese vacío.

- Muy bien, no sé diga más, iré a verla. – dijo el joven antes de salir de la cocina.

- Mi hermano parece muy entusiasmado con la idea ¿No abuelita? – observando cómo se va el hermano.

- Jejeje, no me extrañaría, la joven es muy bonita, solo esperemos que pueda recuperarse pronto.

Ya en el segundo piso de aquel modesto pero afectuoso hogar, el joven toco la puerta de la habitación donde se encontraba la chica, debía comprobar que no estaba interrumpiendo sea lo que esté haciendo.

*KNOCK-KNOCK*

- Adelante.

- Disculpa por interrumpir tu descanso, solo pase a ver cómo te encontrabas…

- Ojos esmeraldas… - la joven miro a los ojos del joven que acababa de entrar, ella sintió por alguna razón la impresión de ya conocerlo.

- ¿Eh? ¡¿Me recuerdas?! – dijo el joven sorprendido, al ver que la joven menciono "ojos esmeraldas".

- Por alguna extraña razón… siento que ya te vi antes…

- Oh ya veo… bueno tal vez sea el reflejo de lo último que viste…

- ¿Tú eres quien me salvo?

- Sí… seguro mi abuela te lo comento – sobándose la cabeza – pero aún no sé como entraste al bosque sola, es una fortuna que hubiera pasado por ese atajo para poder llegar al pueblo, justo en el camino te vi corriendo y unas bestias te seguían…

- Por lo que me dices, veo que he estado en un lugar muy peligroso. – sorprendida por lo que le contaba aquel sincero joven.

- Bueno, lo importante es que estas a salvo… aunque me siento un poco mal porque no puedas recordar lo que has vivido…

- De todas maneras, muchas gracias por ayudarme – sonrió Daisy al joven que tenía en frente.

- De nada, por cierto, oí que tu nombre es Daisy, mucho gusto me llamo Mike, trabajo llevando los pedidos que recibe mi abuela, ella hace tortas de diferentes clases, sería bueno que pruebes un poco de lo que prepara, seguro te encantara.

- ¿Prepara tortas?

- Si, y todos coinciden en que son unos manjares.

- Me gustaría mucho probarlos.

- ¡Claro que sí lo harás! Pero antes ¿Cómo vas de energías?

- Creo que puedo levantarme…

- ¡Genial! Entonces no se diga más, ven conmigo a la cocina, si te sientes mareada no dudes en tomar mi brazo para poder apoyarte.

- Está bien… Mike.

El joven castaño acompaño a la joven para bajar a la cocina, con mucho cuidado la ayudo en las escaleras, y ya en la cocina, trajo la sorpresa de su abuela y su hermana.

- ¡Daisy, ya te sientes mejor! – dijo la pequeña Wendy.

- Si… aunque Mike me ayudo a bajar.

- Este nieto mío – mirando seriamente a Mike - disculpa si te interrumpió tu descanso.

- No se preocupe, creo que me haría bien pasear un poco dentro de la casa.

- A pesar de todo eres muy educada, de seguro debes provenir de una familia de nobles.

- Mi abuela tiene razón, cuando te encontré llevabas unas ropas que cualquier diría que es de una princesa, sencillas pero elegante a la vez – recordando cuando la encontró en aquel incidente.

- ¿Princesa…?

- Mi hermano ya anda de adulador – dijo Wendy con una sonrisa picara.

- ¡Hey! – sonrojado el joven castaño.

- Ya, cálmense los dos, mejor ayúdenme a arreglar la mesa para poder comer.

Daisy se sentía aún extraña por las cosas que comento el joven, pero poco a poco fue olvidándose de ello al observar a tan cálida familia, que por alguna extraña razón se sentía feliz estar ahí, se sentía como pertenecer a una familia.

La hora del almuerzo paso entre conversaciones de las cosas que habían pasado en el día, mientras Daisy solo escuchaba y de vez en cuando reía de las ocurrencias que hablaban tanto Wendy como su hermano Mike, en eso la señora Hilda, se levanto para traer un pequeño pastel que hizo en honor de la invitada que tenían.

- Mira Daisy, hice este pastel para ti.

- ¿Un pastel para mí?

- Sí, espero que te guste. – sonrió la amable mujer.

- ¡Vamos pruébalo! ¡Te va a gustar! – dijo una animada niña.

- Bueno, muchas gracias – en ese momento la chica de cabellos dorados probó un trozo de aquel pastel, lo cual produjo que la joven se quedara maravillada por tal delicia - ¡Qué delicioso!

- Jeje, me alegro que te gustara mi pequeña.

- De verdad… muchas gracias por su hospitalidad.

- No lo agradezcas, es lo menos que podemos hacer por ti. – dijo el joven castaño a la joven dorada.

- ¡Sí, mi hermano tiene razón! ¡Además si te quedas a vivir aquí, tendría una hermana mayor con quien jugar! – comento muy alegre Wendy.

- ¿No seré una carga?

- Claro que no mi niña… realmente esta casa es un recuerdo de mi difunto esposo, y el deseo de él era que siempre podamos ayudar a quien lo necesita, ahora tú mi niña eres una persona que necesita nuestro apoyo, y espero de todo corazón que poco a poco puedas ir recuperando esas piezas de tu memoria.

- Mi memoria… es verdad… todo está nublado en mi cabeza, a lo mucho puedo recordar a Mike borrosamente… y el collar que tengo… me lo dieron mis padres.

- ¿Pudiste recordar a tu familia? – pregunto sorprendido Mike.

- Borrosamente…

- Entonces podría ser una señal para que podamos empezar a buscarlos, tal vez están preocupados por ti tus padres – agrego el joven.

- No creo que podamos encontrarlos… ellos… están muertos…. – levemente bajo la mirada con una tristeza que fue percibida por los que la acompañaban.

- Perdón Daisy…

- Descuida Mike… lamentablemente es lo único que recuerdo de ellos.

- Mi niña, si al paso del tiempo encuentras más piezas de tu memoria, no dudes en decirnos, así trataremos de ayudarte como sea.

- Mi abuela tiene razón, yo puedo ayudarte a buscar pistas de tu pasado, tal vez al viajar a otros pueblos o tal vez a la ciudadela de Midbrowl pueda averiguar si alguien te busca.

- ¡Qué buena idea hermano! Yo por mi parte te puedo ayudar a que conozcas más el pueblo de Willwind, seguro te va a gustar, es un lugar tranquilo, tiene una plaza donde celebramos varios festivales y también hay una iglesia, y, y…

- Ya Wendy cálmate – sosteniendo a su hermana con la mano sobre su cabeza.

- Agradezco tanto la ayuda que me están brindando.

- No te preocupes mi niña, es lo menos que podemos hacer por ti, pero eso sí… sería prudente que hasta que te recuperes totalmente de tus heridas, no salgas más allá del pueblo, en los bosques hay bestias acechando, por no decir también los bandidos.

- Mi abuela tiene razón.

- Realmente eres un joven muy preocupado – sonrió en forma de gratitud a Mike.

- Así es mi hermano – sonriendo pícaramente Wendy viendo la cara de su hermano la cual estaba roja frente a tal comentario.

En la casa, se escucho el eco de las risas de aquella familia con la invitada, parecía que pasaban un grato momento. Por otro lado, en el castillo de Midbrowl se sentía un profundo pesar, a pesar que los guardias pudieron capturar a los bandidos mientras estaban dormidos, no pudieron encontrar a la princesa.

- ¡¿Qué han hecho con la princesa?! – grito el capitán del ejército mientras con un látigo torturaba al líder de los ladrones.

- No lo sé… ya les dije que se escapo o tal vez una de las bestias del bosque se la comió.

- ¡NO MIENTAS! – Con furia volvió a tirar su látigo en la espalda de aquel hombre ya que de por sí esparcía sangre.

- ¡Capitán! ¡Capitán! – interrumpió en ese momento un joven soldado.

- ¡¿Qué sucede?!

- Los guardias que regresaron de la última expedición del bosque han traído noticias al primer ministro, es sobre la princesa…

- Parece que dejaremos esta charla para luego – observando con desprecio al líder de los bandidos que solo se limito a sonreírle al capitán.

Ya al llegar al gran salón, encontró al primer ministro junto a la nana de Daisy con un gran pesar.

- Primer ministro – inclinándose levemente – vine lo más pronto que pude.

- Gracias capitán… me temo que los soldados que han ido al bosque junto con el príncipe acaban de traer malas noticias – en ese momento el primer ministro mostro al capitán un listón rosado que llevaba por última vez la joven princesa, el cual estaba cubierto de sangre.

- Mi señor, no me diga que… - muy sorprendido se dirigió al viejo hombre.

- ¡Oh Princesa Daisy! – en ese momento Fiorel empezó a llorar a mares.

- Disculpen que les interrumpa… pero me temo que estamos prejuzgando antes de tiempo lo que ha pasado a la princesa…

- Pero príncipe Guillermo, no es obvio que esta sangre es de la princesa. – comento el primer ministro.

- Tal vez este en lo cierto, pero no hemos encontrado un cuerpo, solo el de una bestia muerta, y aún abriendo en sus entrañas no encontramos a la princesa.

- ¿Entonces ella puede estar viva?

- Es una probabilidad…

- Señor, si es así habría que hacer una búsqueda de la princesa. – agrego el capitán al escuchar la noticia de esperanza en que la princesa este viva.

- Creo que es lo mejor que podríamos hacer, tal vez recurrió a alguna magia de teletrasportación la princesa en tal apuro.

- Pero esa magia aún no ha podido dominar totalmente. – comento su nana.

- A veces en un momento de apuro, las cosas llegan a funcionar, de todas maneras empecemos por los pueblos más cercanos del bosque, si no la encontramos, la buscaremos ya en los pueblos más alejados – agrego muy seguro de sí el príncipe.

- ¡A sus ordenes! – dijo el capitán haciendo un saludo militar antes de partir.

- Esperemos que la princesa este bien – comento esperanzada la preocupada nana de la princesa Daisy.