Capítulo 3: Pasteles.
Ya había pasado 3 días de que la joven Daisy despertara en una casa del pueblo de Willwind, ella ya en esos días poco a poco iba recuperando sus fuerzas, por lo cual ya podía salir de casa y conocer más el pueblo donde estaba. En sus salidas por conocer el pueblo, tanto Wendy y su hermano Mike la acompañaban, siempre y cuando Mike no tuviera algún encargo que llevar.
- Realmente el pueblo es muy hermoso.
- Sí, y eso que no has visto los festivales. – dijo muy sonriente la pequeña castaña.
- Hablando de festivales, habrá uno en pocos meses. – comento el joven de ojos esmeraldas.
- ¿Ah sí? ¿De qué trata?
- Es el Festival de Baile de cambio de estación, allí todos se divierten y algunos chicos consiguen pareja en esas fechas.
- ¿Parejas? – pregunto la joven rubia ante la respuesta de Wendy.
- Sip ¿Y tú nunca has tenido un novio?
- Ah… Bueno, no lo sé…
- ¡WENDY! - su hermano reclamo el comentario que hizo la castaña.
- ¡Upss! Perdón Daisy, me olvide de tu problema…
- Descuida, pero a pesar de que no recuerde si tengo o no tengo un novio… En mi corazón me dice que no existe aún esa persona…
- Sería bonito, que tú y mi hermano estuvieran juntos. – sonriendo ante la sorpresa de la joven rubia y un colorado joven castaño.
- ¡W-Wendy! – tratando de coger a su hermana mientras su cara era totalmente de color rojo.
- Con Mike… - observándolo un momento mientras se ruborizaba – No es un mal chico… ¿Eh? ¡Qué estoy pensando! – en eso la joven rubia decidió olvidarse de lo último que pensó y seguir a sus amigos.
Ya en casa de los hermanos, la joven muchacha encuentra a la señora Hilda preparando pasteles, este hecho hizo que le diera curiosidad saber cómo lo elabora, mientras tanto, Wendy decidió ir a sacar leche en el pequeño establo que tenían y Mike alistaba la montura y una pequeña carreta donde pondría los pasteles.
- Huele muy bien – dijo Daisy mientras seguía observando la preparación de delicioso manjar.
- Veo que termino gustándote los pasteles. – sonrió la noble mujer lo cual hizo que se ruborice levemente - ¿Qué te parece si te enseño a preparar uno?
- ¿De verdad? – emocionada por la propuesta que le hizo Hilda.
- Claro, mis nietos me ayudan a prepararlos pero Mike a veces suele ser un desastre en la cocina, por no decir que las veces que intento cocinar solo obtuvo carbón, en cambio Wendy es diferente le gusta ayudarme y tiene un don también para prepararlos.
- No sabía que Mike no tuviera tanta suerte en la cocina – sonriendo.
- Pero no deja de ser un buen nieto.
- Valla, a que se debe tanto alboroto en la cocina – en ese momento apareció el joven muchacho del que minutos antes era tema de conversación.
- Nada Mike, simplemente le sugerí a Daisy si quería intentar preparar un pastel.
- ¿De verdad Daisy? – pregunto el joven asombrado.
- Sí, realmente me gustaría aprender a hacer uno.
- ¡Genial! ¡Me gustara probar ese pastel! – sonriendo muy animoso, lo cual produjo que la joven muchacha se sorprendiera y se ruborizara con tal comentario.
- ¿De verdad lo probarías?
- Sí.
- Entonces… me esforzare en hacerlo bien. – decidida la joven miro al muchacho que solo atino a sonreírle.
- Esperare ese momento – sonriéndole – por cierto abuela, ya aliste todo solo falta los pasteles y me dirijo al Pueblo Raven
- Ok hijo, Daisy ¿Me podrías ayudar a colocar estos pasteles en las cajas?
- ¡Claro!
La noble mujer junto a la muchacha empezaron a guardar todos los pasteles, mientras Mike llevaba los que ya estaban sellados para ponerlos en la carreta. Después de un rato, su hermana, que había vuelto del establo y dejado la leche en la cocina donde se encontraba su abuela, como Daisy, fueron a ver al joven.
- Bueno, paso a marcharme. – subiendo al caballo de color marrón y pelo blanco.
- ¡Hermano! ¡Me prometiste que iba a ir esta vez contigo!
- Tranquila Wendy… - suspirando – Bueno, está bien, promesa es promesa ¿no?
- ¡Sí! – en eso la jovencita muy alegre sube a la parte de atrás de la carrera.
- Daisy, cuida de la abuela en nuestra ausencia, te la encargo mucho.
- Claro. Y… - en ese momento la joven hizo una pausa – Cuídense mucho.
- Gracias… muy bien Boot, en marcha – el jinete hizo un leve golpe en su corcel para que marchara a paso lento, mientras la joven solo quedo observando cómo partían, y así estuvo hasta verlos desaparecer del horizonte, luego de ello, volvió a la cocina con la señora Hilda.
- Haz tardado en volver – sonriéndole.
- Sí, disculpe.
- No te preocupes.
- Mike y su hermana son muy unidos.
- Sí, siempre lo han sido, aunque los dos con inquietos a su modo, y eso que mi nieto ya es mayor de edad, pero nunca deja de lado esa inocencia de niño.
- Jejeje, eso lo hace encantador.
- Aunque cuando se trata de proteger a alguien, siempre pone en riesgo su vida, no digo que este mal ayudar a otros, pero a veces sería bueno que se preocupara por él mismo.
- Me imagino cuantas veces la habrá preocupado.
- Bastante hija, bastante… Bueno… dejando eso de lado ¿Quieres intentar preparar el pastel?
- Sí, por favor – inclinándose levemente – Me gustaría mucho aprender su técnica.
- Tranquila hija, no es necesario tanto formalismo, solo debes ponerte este mandil y empezamos.
La joven muchacha se encontraba muy alegre de saber que iba poder preparar algo, así que con mucha dedicación puso atención a todas las indicaciones que le dio Hilda, y a pesar de los nervios, logro meter en el horno el pastel que había preparado.
- Lo logre… - cansada pero feliz comento la joven rubia.
- Aún no Daisy, más bien esta es la mayor prueba, y no lo sabremos hasta que salga del horno.
- Ya veo... Nunca pensé que sería difícil hacer un pastel.
- Tiempo al tiempo, al comienzo será trabajoso, pero cuando te acostumbras ya se te hace más sencillo. ¡Ah! Por cierto hija, quería pedirte un favor.
- Dígame.
- Podrías ir a la plaza donde venden frutas y traer un poco de fresas, pensé que tenía, pero se agotaron... – observando un pote vacío.
- Claro, de paso que ejercito un poco mi memoria, ya siento que he aprendido a ubicar las tiendas en el pueblo – sonriendo.
- Que bueno Daisy – en eso la señora tan amable observa su ventana y se da con la sorpresa que el clima estaba cambiando a uno de nubes grises – Hija, antes que salgas ponte esa capa que está colgada en el perchero, me temo que va a llover, y no desearía que te cogiera la lluvia desprevenida.
- Esta bien… - observando hacia el cielo desde la ventana más próxima – Que triste clima… - en eso la muchacha coge la capa y se la pone, también decide llevar una canasta pequeña donde pueda llevar las fresas – Me marcho Señora Hilda.
- Ok hija, ve con mucho cuidado.
La joven rubia camina con tranquilidad el trayecto que da la plaza del pueblo, en el camino y tal como lo habían previsto, una fuerte lluvia cogió a todos los que aún estaban afuera, refugiándose inmediatamente en sus casas, mientras tanto Daisy solo se puso la capucha de la capa que llevaba. Ya en la plaza del pueblo, la joven fue directo con a la tienda ambulante donde venden frutas, justo el vendedor estaba a punto de cerrar su negocio, ya que la torrencial lluvia no le permitía vender con comodidad.
- Disculpe señor ¿Podría venderme un kilo de fresas?
- Señorita, creo que vino tarde porque ya estoy cerrando – acomodando la carreta.
- Por favor señor. – suplicándole mientras el señor sola la observo un rato y resignado suspira.
- Esta bien… ¿Me dijo un kilo no?
- Sí.
Con mucho cuidado el señor pesa las fresas en una balanza para luego ponerlas en la canasta que llevaba Daisy.
- Listo, son 5 monedas de plata – entregándole la canasta a la joven.
- Aquí tiene – dándole las monedas correspondientes al precio.
- Todo conforme – contando las monedas – tenga mucho cuidado al regresar.
- Lo tomare en cuenta, muchas gracias.
Efectivamente el clima cada vez se ponía peor, pero antes de llegar a casa de quienes la cuidaban, vio a lo lejos que venían unos elegantes caballeros sobre sus corceles, al parecer ellos no se inmutaban por la lluvia que había. La joven miro extrañada a aquellos sujetos, pero por otra parte sentía que conocía a parte de quienes llegaban al pueblo.
- Disculpe señorita, por ordenes del reino hemos venido a buscar a la princesa del reino de Midbrowl, Daisy Midbrowl Lightwaltz – el joven caballero se acerco a la joven rubia que ocultaba su rostro.
- La princesa Daisy Midbrowl Lightwaltz…
- Sí, nos ordenaron buscar aquí, ya que es el pueblo más cercano.
- Me temo que no la he visto… yo soy una visitante de este lugar, creo que tendría que preguntar a la gente de aquí.
- Bueno, con su permiso – en eso aquel caballero continuo su camino junto a quienes la acompañaban, mientras la joven decidió regresar rápido a casa.
Ya estando ahí, le entro un fuerte dolor de cabeza, el cual Hilda noto de inmediato.
- ¡¿Daisy?! – acercándose alarmada a ella.
- Disculpe señora Hilda, pero aquí le traje las fresas.
- ¿Pequeña que paso? Te noto pálida – tocándole la frente para comprobar si tenía fiebre.
- Me tope con unos hombres con armadura… estaban buscando a la princesa del reino, por un momento me dio escalofríos cuando me mencionaron el nombre de la princesa…
- Te refieres a la princesa Daisy Lightwaltz…
- Sí…
- Me pregunto que le habrá pasado si los soldados están buscándola… - en ese momento la mujer que cuidaba a la joven rubia le dio un escalofrío y miro por un rato a la joven… ¿Será posible que fuera la princesa? ¿Pero cómo llego sola al bosque? Es verdad que se parecía físicamente… pero el hecho de que estuviera cerca a conocidos, si en caso era la princesa, ella pudo a verlos recordado instintivamente, pero no fue así, más bien fue un rechazo… ¿Inconsciente? Realmente se hacía muchas preguntas, hasta que de pronto se olvido de todo ese mar de dudas cuando olio el pastel – ¡El pastel!
- ¿Ya está listo? – tratando de reponerse mientras se sentaba en la silla de madera de la cocina.
- Parece que sí – sacándolo del horno – Parece que pasaste la prueba.
- Pero tendríamos que probarlo.
- Antes lo decoraremos con las frases y esta crema batida.
La joven poco a poco fue olvidando su malestar, mientras avanzaba con cuidado el decorado del pastel que hizo; ya al finalizar decidió probarlo junto a Hilda.
- Bueno hija, provecho.
- Gracias – probando el pastel que hizo – Mmmm, sabe rico – emocionada.
- Tienes razón Daisy, te salió excelente – sonriéndole a la joven.
- Les guardare un pedazo a Mike y Wendy – muy alegre mientras la señora la observaba con una sonrisa aunque en sus adentros sentía una inquietud después de aquella accidentada venida que tuvo la joven ese día… sabia que debía conversarlo con su nieto a su regreso.
