EPILOGO.
Habían pasado unos años ya desde que llego a la casa Everdeen la preciada carta que contenía su futuro. A pesar de que la carta les sirvió muchísimo, hubo cosas que no se pudieron evitar.
Ahora, unos años más tarde, una chica castaña miraba su reflejo en el espejo. No tenía por qué negarlo, se veía hermosa en ese vestido blanco.
Si, así es, estaba a solo unos minutos de convertirse en Katniss Mellark.
El vestido que llevaba era de seda, llegaba hasta sus pies, tapándole todo el cuerpo. (1) Su pelo lo llevaba recogido en dos trenzas, unidas al medio, mientras el resto de su cabello caía en suaves tirabuzones.
Unos golpes resonaron en la puerta, y Prim, hizo acto de presencia, Prim llevaba un vestido calipso que resaltaba el color de su piel. Su cabello lo llevaba suelto, cayendo en suaves ondas naturales sobre su espalda.
-Está todo listo, Katniss- Le decía a su hermana mayor.
-Gracias, Patito- Le dijo su hermana.
-¿Quieres que haga algo más?- Pregunto gentilmente Prim.
-Oh… Podrías decirle a Haymitch que venga- Prim no necesito otra explicación y salió en busca del ex mentor de su hermana.
Después de unos minutos, tocaron nuevamente la puerta, dejando entrar a un hombre alto, de cabello rubio y sonrisa coqueta. Haymitch.
-¿Qué deseas, preciosa?- Le preguntaba socarrón.
-Te quiero pedir un favor- Al ver que Haymitch estaba esperando que hablara, continuo –Quisiera que me llevaras al altar- Comento en voz baja.
El hombre se vio descolocado por unos minutos, pero luego le sonrió cariñosamente.
-Acepto, preciosa- Ambos se abrazaron por unos minutos.
-Lamento interrumpir- Dijo una voz desde la puerta, era la Sra. Everdeen –Pero ya está todo listo-
Y sin más necesidad, Katniss bajo las escaleras hacia el patio de su casa. Allí estaban todos sus amigos, Finnick con Annie y su pequeño hijo, Finnick Jr.
A pesar de que su mejor amigo, Gale se había ido del Distrito 12, él había vuelto solamente por la boda de su mejor amiga, y valla sorpresa se llevaron todos al darse cuenta de que venía de la mano de Liv, una chica de cabello rubio y ojos azules.
Camino, siempre tomada del brazo del que alguna vez fue su mentor, firme y sin titubear, y finalmente, llego a los brazos del amor de su vida, Peeta Mellark.
A su lado, estaba su testigo, su hermano Alex, sonriéndole.
Por el contrario, la testigo de Katniss era Madge Undersee.
Miro los azulados ojos de su novio-prometido-esposo y se perdió en ellos. Solamente cuando este le sonrió con un poco de burla se dio cuenta de que le tocaba decir la línea más importante de su vida.
-Sí, acepto-
-Sí, acepto-
Y así, después de años de guerra, peleas, y reconciliaciones, Peeta y Katniss Mellark pudieron encontrar la plenitud.
Porque gracias a esa milagrosa carta, se habían evitado muertes, sufrimiento, desgracias que de una u otra forma recayeron en Peeta y Kat.
Ahora, ambos dejarían todas esas cosas atrás y comenzarían una nueva familia.
Porque la familia del rubio y la castaña habían salido completamente ilesas, al igual que sus más cercanos amigos.
FIN
¡Hola! Muchos de ustedes me pidieron una especie de Epilogo para la historia "Leyendo el Epilogo" y aquí está, más vale tarde que nunca.
