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Capitulo 4 o "EL FAMOSO BARTENDER DE "EL SANTUARIO" Y LA MALA SUERTE DE PRESENCIA EL ROMPIMIENTO DE MI HERMANO"

Era cerca de las tres de la mañana cuando Shun dormía pacíficamente en su departamento. Siempre tenía su teléfono a un lado porque, por alguna razón, de joven se había hecho su costumbre cada vez que su hermano salía, igualmente Ikki hacía lo mismo. De pronto escuchó que alguien llamaba así que contestó después de casi caer de la cama.

— ¿Bueno? —ni siquiera había visto el número.

— ¿Shun? Oh, qué bien. Tomé tu número del celular de tu hermano.

Shun inmediatamente despertó y vio quién era. "Afrodita" era el nombre en la pantalla.

— ¿Podrías venir al bar "El Santuario"? —se escuchaba que había alguien gritando y peleando. —Creo que tu hermano no podrá regresar a casa solo.

—Voy para allá. —Shun corrió como pudo a vestirse mientras preguntaba la dirección.

—Te esperaré afuera con los chicos. Por favor, no le digas nada a Shaka.

Ni siquiera había pensado en eso, decidió mejor tomar las llaves de su coche y conducir hasta el bar. Por alguna rara coincidencia, justo cuando cerraba la puerta de su coche, Shiryu le hablaba para decirle lo mismo, y agregó que su ex novio estaba ahí.

"El Santuario" era muy bien conocido entre los amigos de Ikki. Hyoga normalmente iba a tocar ahí cuando no tenía nada qué hacer e incluso Shiryu le agradaba ir a leer en las tardes antes de que mucha gente llegara. Ikki tenía un pasado ahí también, ahí había tenido sus peleas para conseguir un poco de dinero, algo que a Shun nunca le agradó pero ayudó a pagarle parte de su educación, aun así después le hizo prometerle no volver a hacerlo. Se preocupaba mientras manejaba ya que espera verlo de nuevo lleno de golpes y tendría que llamar a Shaka. Recordaba que así fue como se conocieron; Shaka era nuevo en la ciudad y llegó al bar sin ninguna preocupación. Ikki estaba tocando con su banda, pero después de unas cuantas copas retaba a cualquiera a ir al sótano, donde las peleas clandestinas se hacían, lamentablemente alguien aceptó, pero ese alguien era un tramposo que terminó casi matando a Ikki. Shun recordaba cómo llegó preocupado al hospital para encontrar a su futuro cuñado llenó de sangre. Al parecer, él había sido el único que sabía primeros auxilios esa noche. Esperaba que esa noche no terminara así, o que al menos no terminara con esa relación que el aceptaba tan bien.

Al llegar y dejar el carro casi enfrente del bar, vio cómo Shiryu salía con Hyoga a un lado. El pobre había tomado demasiado y ahora decía todo lo que se le ocurría.

—Me hubiera gustado vivir en la época medieval, ¿te imaginas? Yo sería un caballero. —sonreía orgulloso. —Y, al ser tan elegante, me llamarían el caballero de Cisne. Si, así es. Y a ti, Shiryu, a ti te gustan los reptiles… pero el caballero de la Lagartija no se oye bien. —pensó un momento mientras trataba de no caerse. —Ah, ya, ya, el Caballero Dragón.

Shun corrió al verlos y le dio la llave a Shiryu mientras preguntaba dónde estaba su hermano. Shiryu le dijo que debía salir en cualquier instante, y así fue. Afrodita ahora vestía como un chico con pantalones jeans y una camisa algo holgada, ayudaba al pobre de Ikki a pararse y salir del bar. Su camisa blanca tenía unas gotas de sangre e Ikki mostraba una terrible herida en el labio, de ahí habían venido.

—Shun, —dijo sonriente Hyoga al verlo pasar. —A él me lo imagino con una armadura rosada. No sé, quizá, es por ser tan gentil. Quizá… quizá daría su vida como Andrómeda la dio en la mitología.

Para Shiryu, quien odiaba emborracharse, era un placer tener que lidiar con un borracho que sólo decía cosas interesantes, incluso contaba historias de su mente o de mitologías antiguas. Lo único que le molestaba era cuando empezaba a hablar su lengua natal, ruso, o el de su segundo país, francés. Mientras tanto, Shun ayudaba a Afrodita para sostener a Ikki.

Shiryu conducía mientras Hyoga empezaba a hacer algo molesto, hablar de lo hermosa que era Rusia pero… en ruso. Mientras, Ikki estaba serió y con los ojos cerrados entre Shun y Afrodita en el asiento trasero. No estaba dormido, pero era así como él mostraba su embriaguez. Si Hyoga era un hiperactivo, Ikki era la persona más calmada del mundo.

—Hacía tiempo que no tomaba así. —comentó Shiryu para ignorar a su amigo Hyoga.

—Pero, ¿por qué razón? —preguntó Shun mientras tomaba su teléfono para mandarle un mensaje a Shaka.

—Creo que fue mi culpa. —dijo Afrodita pero con una voz un poco varonil, mostrando la diferencia de edad entre ellos. —Le pregunté cómo había sido la India y cómo era el hombre con el que está ahora. Solo era curiosidad, tú sabes que yo dejé a tu hermano hace tiempo.

— ¿Dejaste a mi hermano? —se mostró curioso. —Pensé que…

—Pensaste que yo deje a Afrodita… —dijo Ikki sin siquiera abrir los ojos. Otro defecto del alcohol en él era ser honesto a no más poder. —Pero no, quería ser duro, escondí mi tristeza por días hasta que una noche decidí pelear y… —suspiró. —Muchas gracias, Afrodita, por ti conocí a Shaka.

—De nada, cariño. —respondió él para después seguir hablando con Shun. —Él no paraba de hablar de lo bueno que es su pareja pero… no sé si debería hablar de lo que me dijo. Después de eso no dejó de tomar.

—Odio a Shaka en este mismo instante. —se volvía a oír la voz de Ikki.

En esta ocasión incluso Shiryu y Hyoga estaban escuchando. Hyoga parecía un poco mejor, pero sin ni siquiera un minuto más, volvió a empezar a hablar en ruso.

—Si por alguna razón lo veo ahora mismo, lo golpearé y lo haré pedirme disculpas. —Ikki no abría los ojos pero pronto empezó a llorar un poco. —Lo odio y no lo perdonaré, pero lo amo tanto que no sé cómo decirle que no si es que me pide disculpas.

—Creo que será mejor que me dejes en casa, Shiryu. —dijo Afrodita pero repentinamente Ikki lo abrazó.

—Tú si me dejabas seguir mis sueños, tú nunca me pediste que me fuera a otro país y dejará de ver a mi familia y amigos. —Ikki lloraba en sus brazos. —Pero Shaka es mucho mejor que tú, pensaba que yo quería eso, y él me ama sin problemas.

—Pero incluso tú dijiste que estabas deprimido. —ahora se metía Hyoga. —Él te hizo deprimirte, eso es malo, pregúntale a tu hermano, él estudia medicina.

El pobre de Shun no sabía cómo reaccionar. Por un lado su hermano lloraba sobre Afrodita, quien solo lo consolaba acariciando su espalda, Hyoga decía lo malo que era estar deprimido y que eso sería malo para su alma, que en alguna historia que escribió incluso le llamaba cosmos. Shiryu entonces paró el automóvil y salió para abrir la puerta a Afrodita.

—No te vayas. —le insistía Ikki.

—Ikki, —él lo abrazó antes de irse y le sonrió. — ¿Me amas a mí o a Shaka?

Vaya pregunta, Shun por un momento quería incluso empujarlo por haber preguntado eso a su hermano y Hyoga ahora platicaba de los amores imposibles en la mitología griega y cómo Afrodita en ocasiones parecía un buen Narciso.

—Amo a Shaka con toda mi alma y corazón. Lo siento, no lo dejaría por ti. —Ikki lloró un poco más. —Pero soy un tonto al no hablar de lo mucho que me lastimó por este estúpido viaje, y quiero que tú le digas. Tú siempre has sabido cómo hablar con la gente. Por favor.

Afrodita rio y le dio un beso en la frente para dejarlo a su hermano. Shiryu regresó al volante y esperó a que Afrodita llegará bien a la puerta de su casa. Todo el viaje Ikki se mostró serio pero con lágrimas en los ojos, mientras que Hyoga empezaba a cantar en tres idiomas distintos. Shun y Shiryu no decían ni una palabra ya que igualmente no sabían bien qué decir.

Al llegar al edificios de departamentos donde Hyoga y Shiryu vivían, Shun cambió lugares con el último para manejar él, pero ahora no podía ni siquiera mencionar su nombre sin que Hyoga dijera que en realidad era el Caballero de Dragón que había entrenado en China con su maestro Dohko, que no era más que un maestro que le daba clases de cello a Shiryu los fines de semana. Shun le pareció gracioso e incluso le agradó ver la historia que él mismo se hacía mientras caminaban hacía el edificio, incluso el detalle de que Camus igualmente era un caballero de algún símbolo Zodiacal y lo había entrenado en Siberia, la ciudad natal de Hyoga. Pero su sonrisa se borró al ver que su hermano aún estaba en la misma posición que antes; sentado, brazos cruzados, ojos cerrados y sollozando un poco.

Shun ayudó a su hermano a subir por el elevador y a limpiar su herida para que al menos Shaka no se preocupara tanto. Estaba a punto de acercarse a la puerta del departamento cuando Ikki lo detuvo.

—Tú ya vete, Shun. —le dijo y lo abrazó. —Ya me ayudaste lo suficiente, así que no necesito más que me escoltes.

— ¿Estás seguro? —preguntó un poco preocupado.

—Sí, totalmente. Además de que la verdad no quiero que veas cómo le gritaré a Shaka sin parar, o me caiga de lo mal que estoy. —honestidad ante todo, gracias al alcohol. —Te hablaré si necesito alguna otra cosa.

Su hermano asintió y se fue rumbo al elevador lentamente, algo le decía que no tenía que apurar su paso. Incluso esperó en el lobby unos minutos, aun preocupado de que le pasara algo a su hermano. Después de todo nada había pasado así que decidió marcharse de una vez a su hogar.

Mientras él había decidido esperar, Mu veía como Ikki entraba sin sonreír ni nada, ni siquiera se inmutó cuando Shaka le regañaba, aunque eso no era un regaño ya que lo hacía con una tranquilidad que Mu en ocasiones envidiaba. Él decidió irse al cuarto de invitados mientras Shaka le curaba la herida a Ikki en el baño, pero pronto escucharía llorar al novio de su primo. Vaya día para decidir quedarse en ese departamento.

Ikki estaba sentado en la orilla de la tina cuando Shaka limpiaba su labio y le decía lo malo que fue tener que pelear.

—Era para proteger a Afrodita. —le dijo por fin, la primera frase de la noche.

— ¿Afrodita? —preguntó Shaka.

—Él era mi novio antes que tú, le debes el hecho de conocernos y además… —sus ojos empezaron nuevamente a lagrimear. —Él nunca rechazó a mis amigos, él nunca me hizo irme de aquí para un país que apenas conocía. Yo… —empezó a tatar de no llorar pero no podía. —Te odio tanto, Shaka, odio que me hayas echo esto y me odio porque nunca te dije nada. Ahora incluso estoy deprimido y, aunque sea mi culpa, también te culpo a ti.

Ikki jamás se emborrachaba tan seguido, pero siempre que lo hacía era honesto, eso Shaka ya lo sabía, pero la última vez que él hizo eso fue antes de irse a la India. Ahora se sentía terrible de tener que saber los sentimientos de Ikki de esa manera. Solo sonrió y le besó las manos para pedirle disculpas.

—Te odio. —dijo una última vez Ikki. —Pero sabes que te disculparé. Ahora… —suspiró un poco más tranquilo. — ¿Puedo dormir?

—Claro, cariño.

Shaka ayudó a cambiarse a Ikki y lo dejó dormir mientras él iba a la sala de meditación. Pasó unos minutos antes de pensar en tocar la puerta de Mu, quería platicar con él, pero pensó que quizá estaría dormido, así que prefirió saber si Shun estaría despierto.

Shun apenas llegaba a recostarse nuevamente para recibir la llamada de Shaka. Le contó lo sucedido, cómo Ikki había reaccionado y tolo lo que dijo.

—Quizá debas de hablar con él mañana en la mañana, Shaka. —le aconsejó. —Cuando este en sus cinco sentidos pero… ten mucho cuidado. Lo más seguro es que se haga una piedra, no querrá expresar bien sus sentimientos y quizá, lo que sé que pasará por seguro, es que exploté de una manera al día siguiente.

—Pero no, Shun. —sentía que Shaka sonreía del otro lado del teléfono. —Él jamás fue así conmigo. Siempre me hablaba de sus problemas y, si yo me daba cuenta de ellos, como esta noche, él terminaba siendo honesto.

—Entonces eso hará, eso hace con la gente que él quiere.

— ¿Así actuaba contigo?

—Sí, conmigo, Hyoga y Shiryu. Somos los únicos cercanos a él.

— ¿Y con Afrodita?

Shun repentinamente sintió los celos y un poco de tristeza del lado de Shaka así que decidió igualmente contarle de lo que había pasado en el automóvil. Ni siquiera se había dado cuenta que las horas habían pasado, ahora las ocho de la mañana habían hecho sonar su despertador, aunque hablaba con Shaka sobre lo sucedido.

—Ya veo. —ahora se escuchaba mucho mejor. —Tu hermano me ama, ¿cierto?

—Lo haces muy feliz, así es.

—Eso era lo que necesita. —se escuchó bostezar. —Ahora no te quito más tiempo, creo que deberías de descansar. Te invito a que vengas a comer, ¿te parece? Quizá comamos algo de anoche, no creo que Ikki quiera cocinar.

—Está bien, así podré ver a mi hermano. Descansa.

Ambos decidieron terminar la llamada y dormir todo lo que no pudieron dormir la noche que había terminado.

Más tarde ese día, al llegar al edificio de departamentos, Shun pudo ver una motocicleta que al parecer era conocida. Era Hyoga y Shiryu que habían llevado café y unas cuantas donas para pasar la resaca de la noche anterior. Shun se sentó con ellos y Mu decidió hacer lo mismo. Ikki ahora estaba sonriente y hablaba de lo hermoso que había sido India con Mu, mientras que Hyoga si apenas podía quitarse sus lentes de sol, ni una sola palabra decía y los ruidos le parecían golpear sin cesar.

—Así que el caballero de Cisne no pudo con la batalla de anoche. —comentó Shiryu.

— ¿Caballero de Cisne? —preguntó Shaka. — ¿Qué significa?

—Hyoga normalmente cuenta historias fantásticas cuando toma, luego las escribe para después sacar una idea de ahí. —sonrió Shun al tomar una dona.

—Pero nunca sabe qué escribió porque borracho no puede hacer nada. —añadió Shiryu.

—Esta vez sí lo logré. —dijo un poco serio ya que trataba de no alzar la voz.

— ¿Y qué haces tú cuando tomas de más, Ikki? —preguntó un poco curioso Mu por lo que había pasado la noche anterior.

—Nada, solo no recuerdo bien todo. ¿Ayer me puse mal?

Mientras él le preguntaba eso a Shun, Shaka le preguntaba a Hyoga sobre su ideas. Incluso terminó llamándolo caballero de Virgo, ya que ese era su signo zodiacal, y de cómo incluso su primo podía ser el de su propio signo. Entonces señaló a su amigo Ikki para decirle que él sería el del fénix. Shaka rio pero ni Mu ni Shun entendían el chiste.

—Así le llaman en "El Santuario" —mencionó Shiryu mientras se remangaba la camisa. —El muy idiota no dejaba que nadie le ganara en las peleas que había ahí. Si lo golpeabas, él se seguía levantando, incluso hubo una ocasión que cayó y todos pensamos que estaba desmayado, pero se levantó y ganó.

—Como un ave fénix. —Hyoga empezó a hacer lo mismo con su camisa. —Y luego, éramos jóvenes y estábamos en una banda.

Incluso Ikki decidió mostrar su brazo con sus compañeros. Cada uno tenía un tatuaje en su antebrazo, Shiryu mostraba orgulloso un dragón, explicando que su familia venía de China, Hyoga mostraba un hermoso cisne al saber que su madre fue alguna vez una bailarina de ballet y su primer show famoso fue "El lago de los Cisnes", mientras que Ikki mostraba un fénix saliendo de las cenizas.

—Verdaderamente debería estar muerto por las decisiones que había tomado de joven… —se mostraba serio pero después se acercó a Shaka para recargarse en su hombro. —Lo bueno es que Shaka trató de cambiarme.

—Son demasiado tiernos. —dijo Shun con una voz un poco extraña. —Y Shaka salvó a mi hermano y ahora vivirán felices para siempre.

Hyoga y Shiryu no paraban de reír de cómo reaccionaba Shun ante esa pareja, Mu solo sonreía y seguía comiendo para disimular su risa, ya que veía que Ikki no le agradaba que se burlaran de su hermano ni de su historia de amor. Pero las risas pararon al ver cómo Hyoga se quejaba de su cabeza, y le fue aun peor cuando Shun abrió la puerta que sonaba sin parar. Era Seiya quien entraba gritando y preguntando de la noche anterior. Se hubiera ganado un buen golpe si no fuera porque Mu le dio un remedio casero a Hyoga para la resaca.

Shun decidió irse de ahí para dejar descansar a su hermano, mientras que Hyoga y Shiryu se ofrecieron a salir con Mu para que no tuviera que estar tan aburrido en la casa. Seiya tenía una cita así que solo fue para molestar un poco. Shun agradecía que nada malo hubiera pasado por lo de la noche anterior, pero quizá sus pensamientos se adelantaban un poco.

Estando en casas, no podía encontrar su teléfono, ni en su recamara, ni en la sala, ni siquiera en el cuarto de Seiya, pero ahí ni siquiera él podía encontrar sus propias cosas. Entonces recordó que lo más seguro es que estaba en el departamento de su hermano, así que decidió ir por él. Aunque no fuera un vicio de la tecnología, sabía que el teléfono le ayudaba con emergencias, como la noche anterior.

Subió el elevador y se acercó al departamento 506 cuando de pronto escuchó que alguien lanzaba objetos metálicos en alguno de los departamentos. Sacó las llaves que su hermano le había dado para que tuviera una copia, se acercó a la puerta y se estremeció al saber que esos sonidos venían del departamento de su hermano. Se podían oír gritos que no eran más que de Ikki. Abrió la puerta sin pensarlo dos veces creyendo que quizá Shaka no era quién parecía ser. Pero fue todo lo contrario.

— ¡Te odio, Shaka! —gritaba Ikki tomando sartenes de la cocina. — ¡Te odio a ti y lo injusto que eres! —de pronto lanzó un sartén que el pobre de Shaka tuvo que esquivar.

—Ikki, cálmate, por favor. —decía él un poco asustado pero sin dejar de verse tranquilo.

— ¿Qué me calme? —respondía el hermano de Shun, a quien aún no veían. —Me llevaste a un país donde no hablaba el idioma, no podía hablar con mis amigos, a los que rechazaste alguna vez, deje mi banda por ti, ¿y así me lo pagas? —el sartén de su otra mano voló nuevamente golpeando el marco de la puerta. —Ni siquiera permitiste a Afrodita entrar, ni siquiera me estabas escuchando. —de pronto tomaba otros objetos para lanzarlos. —Tú vuelve a la India si quieres, yo me quedaré aquí.

Shaka ya había visto a Shun, así que corrió para entrecerrar la puerta y protegerlo, aun así él asomaba el rostro para pedirle a Ikki que se calmara. Shun nuevamente no sabía qué hacer, no reconocía a su hermano gritándole a Shaka. Sabía que tenía que hacer algo así que sin preguntar, cerró la puerta de golpe. La tuvo que sostener unos instantes mientras su hermano la trataba de abrir, Shaka por el momento se recargaba en la pared para descansar, el pobre de Shun ya no podía contra su hermano pero, cuando creyó que la puerta se abriría, esta se cerró y escuchó como Ikki empezaba a maldecir a Shaka al encerrarse en alguna habitación. Shun suspiró aliviado y se sentó a un lado de Shaka.

— ¿Estas bien? —preguntó al ver que Shaka no subía su rostro.

—Soy un estúpido y esto es mi culpa. —de pronto se mostró llorando. —Te juro que no fueron celos, Afrodita decidió no entrar por él mismo. Lo que debo de admitir es que yo le insistí a Ikki a hablar de lo que pasó en la India. No quería decirme todo lo que te dijo anoche, ni recordaba todo lo que me dijo a mí. —cubrió su rostro para después sonreír. — ¿Sabías que fue a ver a un doctor para tratarse la depresión? —por un momento parecía que quería la respuesta de Shun, pero no era así. —Yo me enoje y le dije que era injusto que me ocultara cosas tan importantes como eso y que había visto a ese hombre, su ex novio.

—Él trabaja en el bar, Shaka.

—Ahora lo sé. —se levantó y limpió sus lágrimas. —Pero creo que él tiene razón, yo soy más injusto. No me di cuenta de lo que necesitaba… y es mi pareja.

—Pero, Shaka, —se levantó Shun para seguirlo hacía el pasillo que daba al elevador. —no es toda tu culpa. Ni siquiera yo sabía, ni siquiera sabía que él se sentía así. Soy su hermano, puedo incluso decir que soy más cercano a él que tú.

—Eso es verdad. —sonrió y esperó el elevador. —Dile que lo amo y que me disculpe, que lo siento tanto. —al entrar volvió su vista a Shun. —Mañana vendré por mis cosas. Nos vemos—justo cuando las puertas se cerraron, Shun lo vio llorar una última vez.

Shun se sentía terrible. Había escuchado que Shaka aun amaba a su hermano y que incluso quería pedir disculpas así que corrió rápidamente al departamento de su hermano para abrir la puerta. Espera no ver a nadie, pero ahí estaba su hermano recogiendo las cosas del suelo tranquilamente.

— ¿Estás bien? —repitió la pregunta para la otra pareja.

—Oh, Shun, hola. Disculpa por el desorden. —sonreía pero sus ojos decían lo contrario. —Pasa, por favor. Solo permíteme limpiar esto.

Para el joven hermano esto no era nuevo. Sabía que Ikki no mostraría ningún sentimiento como Shaka lo había hecho, incluso sus maneras de solucionar los problemas era dejándolos pasar para que se desvanecieran. Pero también sabía que Shaka no era solo otra pareja y, si había sufrido por Afrodita, esto sería peor.

Se acercó a su hermano que lavaba los trastes y esperó a qué él solo decidiera hablar. Empezó a buscar la tetera, incluso secó dos tazas que su hermano había lavado, pero Ikki aún seguía serio con el rostro de siempre, como si fuera un día más. Tomó un poco de agua para prender la estufa y calentarla, buscó entre las alacenas un té verde y uno rojo, el favorito de cada uno. Por un momento recordaba cierta ocasión de niños; la mascota de la familia había muerto e Ikki no lloraba por él, incluso seguía jugando con sus juguetes la misma tarde que lo enterraron. Shun, de apenas unos cinco años de edad, empezó a traer dulces, más juguetes y una frazada. Para cuando el pequeño Ikki había terminado de armar una torre, Shun se sentó a su lado y vio por primera vez a su hermano llorar amargamente. Eso estaba pasando nuevamente.

Se recargó a un lado de la estufa y de pronto vio que su hermano enjuagaba sus manos y, sin previo aviso, Shun decidió abrazarlo por la espalda y sentir como se rompía. Uno de los hombres más duros y fuertes que jamás había conocido, lloraba sin parar tomando sus manos. No podía ni siquiera con él así que se sentó en el suelo de la cocina, parecía que Shun lo dejaba caer suavemente ya que sus brazos lo seguían. Shun lo miró por unos cuantos minutos para después ir a la recamara principal y regresar con una frazada. Sirvió el agua que ya estaba lista y preparó los tés, todo esto con el sonido de su hermano sollozando.

Al sentarse en el piso con él, le ofreció el té rojo y los arropo a ambos con la frazada. No se necesitaba decir nada, él sabía que su hermano era así, pocas palabras para los sentimientos. Sabía que aún tenía que esperar algo, y más cuando Ikki se recargó su cabeza sobre uno de sus hombros.

—Es mi culpa. —dijo entre lágrimas. —Yo fui el que no dijo nada, yo fui el que trató de ser fuerte. Ni siquiera le mencione lo del doctor, no quería preocuparlo. Pero Shaka tiene razón, era algo importante como para ocultarlo.

— ¿Aún sigues medicándote? —Ikki asintió con la cabeza. —Me lo podías decir a mí.

—No, tú sabes que yo soy así, jamás mostraría ser débil.

—Eso es verdad. —suspiró Shun. —Shaka me lo mencionó antes de irse.

—Exploté y le dije todo, incluso de lo mucho que lo odie por un tiempo. Pero, Shun, tu sabes que lo amo y que jamás he amado a nadie como a él. —Shun sonrió y asintió con la cabeza. —Afrodita vino más temprano, dijo que tenía que hablar con él.

—Ayer en la noche le pediste que le dijera a Shaka sobre todo. Creo que no funcionó.

—Si funciono, tú sabes que él tiene un don para hablar. El que arruinó todo fui yo, me cerré y decidí no decir nada, decidí incluso ver celos que no existían. Yo… soy terrible. —lloró y abrazó a su hermano. —Le dije que no lo quería ver de nuevo y que termináramos.

Ikki al parecer había dicho todo lo necesario, ya que después de eso solo lloró hasta calmarse lo suficiente para tomar su té. Shun ya había tomado lo suficiente así que sólo estaba ahí para darle compañía a su hermano. Ikki se levantó y pidió disculpas a Shun, ya que él se quedó para limpiar todo mientras Ikki se iba a dormir. No tardó mucho antes de que Mu llegara y tomara sus cosas, pidió a Shun que no le dijera nada ya que Shaka había hablado con él y que, de todos modos, el plan era solo quedarse una noche.

—Igualmente quería preguntarte algo, Shun. —prosiguió Mu al salir del departamento. Al parecer Shiryu lo llevaría ya que saludo a Shun de lejos. —Shaka no tiene dónde quedarse, no sé si para ti sea malo o qué, pero…

Shun sonrió e hizo una señal para que no hablara más. Tomó su teléfono y mandó un mensaje no sin antes enseñárselo a Mu. Era para Seiya, indicándole que Shaka llegaría a pasar la noche y que podría usar su recamara.

—Muchas gracias. —sonrió Mu. —En verdad que mi primo tenía razón. Eres una persona amable e Ikki tiene suerte de tenerte. Cuídalo, por favor.

—Ahora duerme, pero trataré de hacer lo mejor.

—No solo me refería a él. —respondió Mu y esperó a que Shun entendiera. —Ahora me tengo que ir a descansar, mañana habrá una junta así que no puedo fallar.

—Buena suerte, yo te mantendré informado.

Shun se despidió de ambos y volvió a entrar al departamento para limpiar el vidrio y sartenes que Ikki había dejado. Incluso fue a revisar a su hermano, quien al parecer había caído en un cansancio terrible, aun peor que el de una noche de pelea, no se despertaba ni aun cuando Shun entró para cobijarlo mejor. Sentía que ahora más que nunca no podría separarse de su hermano, y por un momento sonrió positivamente al prometerse a sí mismos que haría que ellos volvieran a estar juntos como debían de estarlo.