Dedicado a Lyrae Dust.


Debidas explicaciones


Capítulo 7: El último beso de Konoha


—¡Así que le mentiste para que te hiciera favores sexuales! ¡Eres un pervertido! Si no fuéramos familia, te juro, Kano…

Kido se descargó con él como si hubiera sido el que le puso las manos encima a Momo. Y quien le quitara la inocencia a Konoha.

—¡Comandante! Nadie está herido…¿No recuerda ese video con trama policial y niñas mágicas que hice hace unos meses? Lo que me acaba de pasar no es muy distinto de lo que sale al aire…Está bien. Mientras no se repita.

Kido se pone a llorar y abraza a su novia. Kano se siente más que nunca atrapado en una serie de lesbianas donde cumple un papel menor.

Es obvio que nadie le cree lo de que él no le enseñó a Konoha a hacer eso. Mierda, ni Kano mismo se creería, de escucharse decirlo. Pero es así. Cuando mientes tanto, la verdad acaba pareciendo una mentira también.

—¿Puedo irme? Porque si parte de tu castigo es que las vea tocándose, Kido, me está gustando.

—¡Cállate! A la cama sin cenar. Por idiota y sátiro.

Igual era tarde para comer. Kano bostezó, se encogió de hombros y obedeció a Kido. En la oscuridad de su cuarto, sentado sobre las sábanas desordenadas, lo esperaba Konoha con el semblante empapado de preocupación.

—Kano está sangrando.

Verdad. Kido se había pues efusiva en sus golpes. Kano sonrió.

—Sólo es el costado de la boca. Se golpeó contra mi diente. Estaré bien mañana, sólo necesito dormir.

Konoha se puso de pie y Kano ordenó la cama, escabulléndose dentro. El gigante ya había aprendido que en esas circunstancias, se metía en el mismo lecho con su pareja y que estaban juntos hasta la mañana. Intercambiaran fluidos o no.

—Kano está diferente.

—Bueno…

—¿Dónde están los bebés?

Una punción de culpa aguijoneó a Kano. Se enfadó consigo mismo siquiera por sentirla.

—Somos adolescentes, literalmente raritos, Konoha. ¿No crees que tenemos suficientes problemas?

En la media oscuridad, Konoha lo observó, como si no llegara a comprender a Kano, que además había perdido toda la paciencia de la que nunca hizo mucha gala.

—¡Me los saqué! Fui a ver un médico o lo que sea. Y me los saqué, ¿de acuerdo?

Konoha lo miró como si se hubiera vuelto loco y fuera peligroso. Pero teniendo en cuenta su personalidad, sólo dejó escapar un:

—Oh.

Kano se sentó en la cama. Había escuchado a Kido y Momo tener estos debates antes. Trató de recordar las palabras de su hermana.

—Mi cuerpo, mi vida, mi elección. No pedí que metieras unas víboras raras dentro de mí.

Konoha lo escuchó quedamente, en lugar de replicar.

—Bueno. —contestó cuando Kano lo miró con ira contenida, esperando recriminaciones… impropias, ciertamente.

—¿Podemos irnos a dormir?

—Si.

Inquietud. Kano suavizó su voz.

—¿Me das un beso antes?

Konoha parpadeó, arrugando la frente y se inclinó sobre Kano. El beso fue frío y rápido, se apoyó brevemente cerca del ojo de Kano. Y cuando terminó, Konoha se dio vuelta en la cama, dándole la espalda. No llegaban a tocarse.

Mierda.