6. La promesa
Ella escucha algunas historias, oye los rumores, pero sabe que no pueden ser verdad. Dani apura su paso por las calles de tierra negra del distrito, su mochila pesada repiqueteando en su espalda y no espera a su hermano, quien pierde el tiempo charlando con sus amigos de la escuela. Ella está mal. Siente un algo extraño en la panza y su pelo oscuro no la oculta de las miradas curiosas. Odia ser el centro de atención y esa tarde, todos en el salón de clases parecían señalarla. Ella esquiva por poco a una señora regordeta que le corta el paso frente a la panadería, saluda con la mano a la vieja Susan y a su nieto Sam, que salen con grandes paquetes en sus brazos, y entra sin levantar la vista de los escalones de madera.
"Más despacio, nena ¿Dónde está el fuego?", su padre la mira mientras termina de acomodar las galletas en la vitrina y Paul, el chico que lo ayuda, la saluda desde la caja con su sonrisa de lado favorita.
Dani intenta ignorarlo, pero una sonrisa de vuelta se le escapa y en consecuencia se pone colorada. Odia sentir sus mejillas calientes y la vergüenza que la persigue. Ella acomoda su mochila al hombro y comprueba con suerte que no hay nadie más que ellos tres en el lugar.
"Estoy muerta de hambre", dice intentando disimular en su voz el nudo que tiene en la garganta. El señor Mellark le sonríe y señala la puerta que da a las cocinas.
"¿Tu hermano tardará una o dos horas en llegar?", comenta su padre asomándose por la ventana, sin conseguir distinguir la cabellera rubia de su hermano menor.
"Estaba con Lester... yo creo que si llega para la cena es un milagro", responde Dani restándole importancia.
"Por su bien le conviene estar en casa antes de que tu madre se entere". Ellos sueltan una pequeña carcajada, seguro al recordar lo que sucedió la última vez que Aaran llegó tarde a casa. A Dani le gusta notar que sus risas son muy parecidas, nacen en el estómago y se trasladan lentamente hasta sus hombros, haciéndolos vibrar todo el cuerpo. Se escuchan un poco graves y muy diferentes a la voz cantarina de su madre. Pero igual de bellas.
Dani piensa en su madre y la sensación de paz que vino con la presencia de su padre se esfuma. Ella camina rápido hasta la cocina, se desprende del peso de la consciencia (su mochila) y se sienta con satisfacción frente a la abundante taza de té caliente y la porción de torta que ya la esperan en la mesa. Su padre entra poco después que ella y se saca el delantal. Dani observa la espalda ancha de su padre, sus brazos fuertes y sus manos tan hábiles, con vestigios de harina blanca y una que otra cicatriz. Ella se concentra en sus dedos, porque no puede mirar a su padre a los ojos, y recuerda cuantas veces le brindó paz y seguridad. Peeta Mellark se sienta frente a ella, su cabello rubio surcado de canas brillosas cerca de la sien, y la acompaña en la merienda. El sonido de su voz de fondo tarareando una canción. Él sumerge una galleta glaseada en su taza de té negro y se lo lleva a la boca antes de que su hija consiga hacer un movimiento o siquiera diera un mordisco a su torta de fresa.
"Pensé que tenías hambre", le recuerda levantando las cejas. Dani abre la boca para responderle, pero justo entra Paul anunciando su partida. Peeta asiente, le desea buenas tardes y debe repetir las palabras con más fuerza para que el chico, luego de un notable respingo, deje de mirar tan escandalosamente a su hija.
"No te gusta, ¿no Dani?", pregunta con la mirada suave y un sermón listo en la mente. Ella da un salto en su asiento y tiene que suprimir la risa ante la cara de su padre.
"¡Claro que no! Paul gusta de todas", responde acomodándose el pelo tras las orejas y concentrándose en la torta.
"Entonces ¿Qué es?", Peeta termina su té de un sorbo y escucha la respuesta que menos espera.
"¿Prometes no decirle a mama?"
"Eso depende. La última vez que te prometí eso dormí una semana con el viejo Haymitch", Dani se ríe a carcajadas recordando y la risa cálida de su padre la acompaña. Al final, cuando el eco desaparece y el té de Dani se enfría ella le pregunta, pero no puede mirarlo a los ojos al hacerlo.
Es una sensación rara, la misma que tuvo en clases mientras la maestra contaba sobre los Juegos del Hambre, la rebelión de los distritos y la Sinsajo.
Dani solo quiere saber si es verdad. A ella no le importa que sus padres hayan participado o que no le hubieran contado nada hasta ahora.
"¿Es verdad?", dice ella y si hubiera estado mirando a los ojos de su padre no le hubiera quedado atisbo de duda. Peeta está tranquilo. Sus manos se cierran en torno a las de su hija y luego de un largo suspiro mueve su cabeza afirmativamente. Dani tiene que mirarlo porque el silencio la aturde, y se encuentra con los ojos azules de su padre, sus mismos ojos.
"Pero nunca volverá a pasar", Dani confía en su padre más que en cualquier persona.
Él siempre cumple sus promesas.
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NdA: Ésta es la historia que más me ha gustado. Es sencilla y cortita, pero de alguna forma siempre me hace llorar. Peeta es el mejor padre lejos. No me gusta representar a Katniss como la mamá mala, pero si que es sobreprotectora. Y Aaran tiene tantos amigos que siempre llega tarde para la cena. Katniss está cansada de repetirle que es peligroso. jaja... En fin, las historias esta tooodas escritas.. creo que quedan dos o tres despues de esta.
Recuerden que no cuentan una historia lineal... pueden leerlas como quieran!
