¡Buenas tardes! (al menos en España XD)
Perdón por la tardanza, pero es que la uni últimamente me tiene muy liada y tal. Tenía pensado hacer de este capítulo el penúltimo(con una longitud mayor de lo usual) y el siguiente el epílogo. Sin embargo, me estoy tardando mucho y he decidido publicarlo por partes en capítulos cortos(más o menos como los otros).
Aprovecho para agradecer una vez más todos esos favs, follow y reviews que esta historia tiene. ¡Muchísimas gracias, de verdad!
Mika-Mika: Ese es el espíritu, ¡el Franada rules! Aunque el NedCan(HolandaxCanadá) también es demasiado amor...El casi beso que se dan estos dos fue algo muy cute de escribir. De hecho, sufrí internamente al hacer la parte de Francia*cof celoso cof* interrumpiéndoles, pero es que era necesario xD ¡Gracias! Me alegra mucho que te guste mi redacción y lo que transmite la historia en sí ^^ Las visitas son reveladas, obviamente, en este capítulo. Besos, y por cierto, ahora te toca a ti. ¿De dónde eres? Y sí, te debo un pay ^.^U
*.*.*
DEUXIÈME CHANCE
Chapitre quatre
Matthew siguió a Francis por el pasillo camino al salón, inquieto, sin saber a quién se iba a encontrar.
-France...¿quién es?-prguntó inseguro, antes de abrir la puerta del salón.
-Quiénes son, más bien.-corrigió el de ojos azules.-son dos personas que se alegrarán de verte.
Y sin decir nada más, el galo entró al salón. Matthew tragó saliva aún en el pasillo con temor de entrar, con dificultad, notablemente nervioso. ¿Cómo debía reaccionar ante esas dos personas? Además, ¿eran familia, amigos, o compañeros de trabajo? ¿Se llevaban bien o su relación solía ser tensa?
-Canadá, mon petit, entra que te estamos esperando.-oyó como Francia le llamaba desde la sala.
Sin pensárselo más, Canadá tomó aire con determinación y entró a la sala, dispuesto a presentarse de la manera más formal posible.
-Bonjour, soy Canadá, aunque podéis llamarme Matt...-antes de seguir hablando algo, o más bien alguien, se abalanzó sobre él en un abrazo. Pillado totalmente por sorpresa, Matthew cerró los ojos, intentado quitarse de encima a esa persona que no paraba de gritar y zarandearle.
-¡Te he echado de menos, bro!-chillaba como un energúmeno el chico que le había saltado encima-.¿Cómo estás? ¿Me recuerdas?-preguntó separándose.
Al verle la cara, Matthew se soprendió al ver que eran bastantes parecidos, por lo que dedujo que debía ser su hermano.
-Por tu cara debes de ser mi hermano.-dijo en voz apenas audible Matthew.-¿Ame...rica, puede ser?
-¡Yep! ¡Te acuerdas de mi!-exclamó volviendo a abrazar al canadiense.-¡Iggy!, ¿Has oído? ¡Se acuerda de mi!
-Sí, America, no estoy sordo.-respondió un chico rubio que se acercaba de brazos cruzados a ellos.-¿Cómo estás, Canada?-preguntó con una leve sonrisa.-Yo soy England, aunque puedes llamerme Arthur. France ya me ha contado que te ha explicado como va eso de...nuestros nombres.
Canadá quiso responderle, pero al mirar a Inglaterra a los ojos sintió como de repente le dolía muy intensamente la cabeza. Tanto, que le entró un súbito mareo y se agarró a lo más cercano que tenía, en su caso su hermano, y comenzó a respirar con dificultad. Esa mirada esmeralda se sentía como si le hubiesen clavado mil cuchillos en el corazón, aparte del dolor de cabeza. Era tan dolorosa, tan falta de cariño, tan fría...
-Are you okay, Matt?-preguntó Alfred sujetando a su hermano, quien había cerrado los ojos y había enterrado la cara en su hombro.
-No.-respondió simplemente Matthew con la voz ronca.
-Ven, tráele al sofá.-intervino Francis tomando a Matthew de un brazo y llevándole, con la ayuda de América, al sofá que afortunadamente estaba cerca.
-¿Qué te pasa, mon amour?-preguntó Francia ayudándole a sentarse. Canadá se cubrió la cara con las manos y agachó la cabeza.
-Me he mareado y siento la cabeza como si me fuese a explotar.-respondió el menor con dificultad, omitiendo la punzada que había sentido en el corazón.
Matthew estuvo un rato más así, con la cabeza agachada, hasta que poco a poco se le fue pasando el dolor, aunque no del todo. Francis por su parte se limitó a acariciarle la espalda hasta que el menor se sintió mejor. Matthew pensó con detenimiento en lo ocurrido una vez se le hubo pasado el mareo, y a lo largo de la noche, cada vez que miraba a Inglaterra a los ojos le producía dolor. ¿Qué le habría hecho Inglaterra en el pasado para que su cuerpo reaccionase así al verle?
-¿Estás ya mejor?-preguntó Francis al canadiense cuando vio que este ya había alzado la cabeza y se refregaba un ojo con la mano.
-Mejor que antes sí que lo estoy, gracias. Pero me sigue molestando la cabeza.
-Bueno, si te sientes otra vez mal avísame y te llevo al hospital, ¿sí?-se ofreció el francés sonriéndole amablemente al menor.
-Merci, aunque no creo que sea necesario.-declinó la oferta, no queriendo ser una carga para el de ojos azules. Tras un momento en silencio, preguntó a su hermano, evitando hacer contacto visual con Inglaterra.-¿Y os quedáis a dormir?
-No, son unos sosos-se adelantó Francis levantándose para ir hacia la cocina, de la que salió pocos segundos después con una copa de vino en la mano.-¿Queréis beber algo?
-Cerveza.-respondieron America y el inglés, mientras que Canadá se decantó por el agua. Francia volvió a la cocina con lo que le habían pedido y dejó las latas de cerveza y el vaso de agua en la mesilla auxiliar que había delante del sofá.
-Es que estamos en París y...ya know-rió Alfred mientras tomaba su lata y la abría-Iggy y yo queremos tener nuestra intimidad en la ciudad del amor.
-¡Nada de intimidad en ningún sitio!-chilló el inglés sonrojado hasta las orejas, imitando a su ex colonia-no nos quedamos para no molestar.
-Ya, para no molestar-repitió Francis con escepticismo llevándose su copa de vino a los labios.
-Of course-dijo muy digno Arthur imitando al francés, aunque en su caso, la lata de cerveza.
-No bebas mucho Iggy, que luego soy yo el que te tiene que llevar a rastras hasta el hotel.-rió América. Inglaterra por su parte maldijo en voz baja al menor.
Matthew observaba las conversaciones entre los tres hombres que eran su...¿Familia? Supuestamente sí. Le habían explicado que Alfred y él fueron criados por Francia e Inglaterra, más o menos. Y que eran una especie de familia.
-¿Cómo estás, Canada? Apenas has cruzado más de tres palabras conmigo-dijo de repente Inglaterra, captando la atención del de ojos violetas.
-What? I'm fine, thank you. Simplemente me sigo encontrando algo indispuesto-se excusó Matthew sin mirar al británico, con la mirada clavada en su vaso.
El resto de la velada Matthew se la pasó callado, mirando de reojo a Inglaterra sin poder evitar pensar mal de él. ¿Qué otra explicación posible le podía dar al hecho de que solo mirarle le ponía enfermo, literalmente?
Cuando la velada acabó(cuando America se puso a insinuar cosas al británico sobre todo lo que pensaba hacerle esa noche), Francia se levantó primero y comenzó a llevar los vasos y las copas vacías a la cocina, siendo ayudado por el resto en seguida.
-Bueno, nosotros nos vamos.-anunció America una vez estuvo todo recogido.
-¿Ya? Apenas os ha dado tiempo para estar con Canada.-respuso Francia, mirando al canadiense, quien en realidad no parecía muy contrariado por el que se fueran los otros dos.-¡solo lleváis aquí una hora y media!
-Por mi no os cortéis.-dijo el de ojos violetas.-Estoy cansado y me voy a ir ya a la cama a dormir.
-A mi me da igual.-dijo Inglaterra, mirando con indiferencia a America, fingiendo no haber oído ninguna de las cosas que el menor le había susurrado antes que le llevaría a hacer en la noche.-¿Tú por qué tienes tantas ganas de irte?
-¿No te acuerdas? Te dije que tras la cena de esta noche te llevaría a dar un paseo romántico en barco por el Sena.-respondió America sonriendo idiotamente.
-Oh là là, paseo romántico a la luz de la luna en un bateau-mouche.-dijo Francia con una sonrisa de lado.
-Shut up, idiot!-chilló el británico para el americano. Al oír el comentario de Francia se giró hacia éste y le hizo un corte de manga.-Vámonos, America, no quiero seguir soportando a este bastard. Buenas noches, Canada.-dijo despidiéndose del menor, quien hizo un movimiento de mano como despedida.
Inglaterra azotó la puerta al salir de la casa, arrastrando prácticamente al norteamericano del brazo.
-Vaya.-murmuró Francia cuando ambos anglo-parlantes hubieron salido.-No esperaba que fuese a estar tan susceptible esta noche.-se giró hacia Canadá, quien había llegado hasta el pie de las escaleras.-¿Ya vas a acostarte, mon petit?
-Sí, tengo sueño y me duele la cabeza.-dijo antes de bostezar cansado.
-¿Que tal tu cabeza? Estás ya mucho mejor que antes, ¿no?
-Sí, ya me siento mejor, merci.-agradeció el menor con una leve sonrisa.
-Oye...has estado toda la noche muy callado y cuando se te hablaba respondías con monosílabos y daba la impresión de que apenas querías hablar.-comentó de repente Francia, clavando sus ojos en los del menor.-¿es que acaso ha pasado algo?
-N-No, de verdad.-mintió el menor, sin querer contarle la mala experiencia que había sentido al mirar a Inglaterra a los ojos.
-No me mientas, Canada.-dijo el mayor con tono autoritario, frunciendo el ceño. Conocía bastante bien a su colonia como para saber cuando mentía y cuando no.
-Yo...
-Venga, dime que pasa. Te conozco demasiado bien como para saber que hay algo que no me estas diciendo.
-Pues...-vaciló el canadiense.-es Inglaterra.
-¿Qué?
-Él...no me gusta.
-¿Cómo dices? Ven, vamos aquí al salón a sentarnos y me lo cuentas, ¿sí?-Propuso el galo.
Canadá asintió y junto al mayor fue al salón. Se sentaron en el sofá en el que antes habían estado con America e Inglaterra, y Canada comenzó a relatarle su experiencia para con el británico antes.
-Antes, cuando me marée, fue porque le miré a los ojos. Me vino a la cabeza una dolor y unas punzadas que me hicieron sentir fatal, y siento y sé que mi relación con él no debe de ser muy buena.
Francis le pidió más explicaciones pero el menor no supo dárselas.
-Tu relación con él es compleja...no que os llevéis mal ni nada por el estilo. Solo que... espero no sonar muy borde, pero se podría decir que...bueno...no eres su prioridad, sino tu hermano. De los dos, él eligió a Amérique.
-Entiendo.-murmuró el canadiense a la vez que se le formaba un nudo en el estómago, sintiéndose fatal con esa declaración. Era el segundo plato de Inglaterra, y no le extrañaba. Comparado con Alfred, no era más que una persona monótona y aburrida a la que poca gente, por no decir nadie, encontraba interesante.
-Pero, por otra parte...yo te elegí a ti.-susurró con un tono dulce Francia, tomando las manos del menor entre las suyas.-La razón por la cual no soportas a Angleterre es porque él te separó de mi.
-¿Cómo? ¿Y por qué?-preguntó el canadiense inocentemente, sonriendo un poco con eso de que el galo le había elegido.
-Es...difícil y largo de explicar. Pero... se podría resumir en ganas de fastidiarme. No soportaba verme feliz contigo por lo que acabó separándonos y él se quedó contigo.
-Creo que no lo entiendo ahora...pero quizás dentro de poco sí. Hay muchas cosas que tengo que asimilar aún.-admitió Canadá sincerándose.
-Lo sé.-dijo Francis haciéndole un cariño en la mejilla.-¿Qué te parece si te acuestas ya y mañana te explico las cosas de forma más pausada y relajada?
-Mañana... es que he quedado todo el día.-admitió Matthew, ruborizándose levemente.
-¿Quedado? ¿Con quién?-inquirió Francis, abandonando el tono de voz suave a uno más serio.
-Con Holanda. Me ha propuesto de ir a conocer París.-explicó el menor bostezando.
-¿Qué? ¡Por encima de mi cadáver! ¡Soy el país del amor, solo yo puedo enseñarte París!.-exclamó de repente y sin venir a cuento el francés celoso, con la mirada encendida.
-L-Lo siento, pero es que ya le he dicho que sí y no puedo negarme ya...-se excusó Canadá, pensando que la culpa era suya.
-No, no, está bien.-dijo Francis cerrando los ojos antes de soltar un suspiro.-Simplemente estoy últimamente bastante irascible y nervioso por todo esto, ¿sí? No es culpa tuya, mon petit.-abrió los ojos y llevó una mano a la mejilla del menor, acariciándosela suavemente mientras su expresión se suavizaba.-¿Qué te parece si nos olvidamos de todo lo relacionado con Holanda por ahora? Mañana será otro día... y... si quieres podemos dar un paseo por París pasado mañana, o mañana en la noche, ¿qué te parece?
-Muy bien.-sonrió Canada sinceramente.-Pues me voy a la cama ya, estoy cansado.
Francia sonrió, contagiado por el menor y asintió. Quizás el mañana depararía cosas mejores...
