¡Hola! Aquí estoy con este nuevo (aunque corto -.-U) capítulo, perdón por la tardanza pero estas últimas semanas han sido mortales para mi en la universidad. En fin. Espero que os guste el capítulo, y de nuevo agradezco los favs, follows y reviews :)

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DEUXIÈME CHANCE

Chapitre cinq

La mañana se presentó soleada y sin nubes, perfecta para la cita de Matthew. Una vez más, éste se sentía nervioso ante la idea de tener una...ejem, cita, con Holanda.

¿Se suponía que eran amigos, no? ¡Los amigos no tenían citas, solo los amantes!

Sin embargo...la noche anterior no se habían comportado como amigos, sino como algo más.

Matthew se sonrojó, recordando el casi beso. Si Francis no hubiese aparecido...¿qué habría pasado? Más allá de que se besasen, claro está. ¿Se habría dado cuenta de que posiblemente estaba realmente enamorado del holandés, o por el contrario habría sentido ese beso como algo incorrecto, algo que había sobrepasado la barrera de la amistad para tener que volver nuevamente a ella de manera incómoda?

-¿En qué piensas, mon petit?-preguntó Francis sacando al menor de sus cavilaciones.

Estaban desayunando en el salón, sin decir ninguno ni una palabra hasta ese momento.

-Estoy...no sé como estoy, la verdad.-respondió sinceramente Canadá.

-¿Te sientes...enfermo o algo? ¿Te sigue doliendo la cabeza?-preguntó el francés sin ocultar la preocupación en su voz.

-No, no es eso. Es...sobre Holanda.-al mencionar el nombre de la otra nación Francia rodó los ojos.-no sé si me gusta o no...

-Mira, Canada...-dijo Francis.-si de verdad dudas sobre si estás enamorado o no, es que no lo estás.

-Pero...

-El amor es una cosa de lo que se está seguro. El amor es eso bonito que sientes aquí, en el pecho, cuando piensas en esa persona especial.-siguió el galo.-Ahora...respondete sinceramente, Matthieu. No tienes por qué decírmelo, pero...¿En quién piensas cuando sientes ese calor agradable en el pecho, que consigue sacarte una sonrisa?

Matthew no contestó, pero la imagen que le vino a la cabeza terminó de rizar el rizo. Se sonrojó y clavó la mirada en el suelo.

-No me digas a mí la respuesta. Trata de responderte a tí mismo, y cuando sepas la respuesta, haz lo que te diga el corazón.

Matthew asintió, tragando saliva. No sabía como, la imagen del francés era lo primero que se le había venido a la mente. ¿Cómo era eso posible? Hombre, había que admitir que el de ojos azules era considerablemente atractivo, pero de ahí a quererle de "esa" manera... Bueno, lo mejor sería no darle muchas vueltas a eso.

El tiempo se le pasó volando y en nada se vio ya arreglado y listo para su "cita".

-Pásalo bien, ¿sí? Yo estaré en casa todo el día, pero si tienes algún problema llámame al móvil e iré a por ti.-dijo Francia, poniendo bien el cuello de la camisa a su antigua colonia. Se encontraban ante el espejo de la entrada, esperando que el holandés llegase de un momento a otro.

-De acuerdo.

-Y recuerda, si ves que no te lo estás pasando bien siempre puedes decirle a Holanda que no te encuentras bien, y que mejor lo dejáis para otro día.

-V-Vale.-respondió el menor, barajando la idea.

Y así fue como en menos de una hora Matthew se encontró caminando junto a Holanda por los Campos Elíseos, sin prestar atención a nada de lo que el flamenco le decía.

-...eron eso. Canada, ¿me estás escuchando?

El canadiense se disculpó en voz baja, saliendo de sus enrevesados pensamientos.

-Estás muy distraído hoy.-comentó el holandés llevándose una mano a la barbilla.-Dime, ¿pasó algo anoche?

-B-Bueno, ya te he dicho que vinieron Inglaterra y mi hermano.-al mencionar al británico Matthew frunció el ceño, involuntariamente.-y... bueno, por un momento me dolió la cabeza pero luego ya me sentí bien.

-Pero...¿no has vuelto a recordar nada? ¿O no te sucedió nada importante que te haga estar pensando en otras cosas?-preguntó Holanda con un tono de reproche.

-Yo...estoy muy confuso ya sabes.-admitió el menor, suspirando.-y... hay cosas que por más que lo intentéis, ninguno puede decirme.

-Cosas...¿como cuáles?-inquirió el mayor alzando una ceja.

-El amor.-dijo Canadá, apartando la mirada avergonzado, recordando quien era la persona en que había pensado cuando sentía ese calor en su pecho.-nadie puede decirme si yo estaba enamorado de alguien. ¿O sí?

Holanda se sintió entre la espada y la pared. Esa, por fin, era su oportunidad para conseguir a la persona a la que tanto había estado queriendo desde no sabía cuando. Podía mentirle, podía decir cualquier cosa con la suficiente convicción para que Canada dejase atrás a Francia de una vez por todas y se fijara en el más allá de como lo hacía, que era verle como un amigo. Era una oportunidad que no se volvería a repetir.

-Tú...-dijo Holanda, debatiéndose internamente entre la verdad o la mentira.-...yo creo que si has perdido la memoria es por algo.

Canadá levantó las cejas, descolocado.

-¿Perdona?

-Quiero decir...puede que sí, que estuvieras enamorado antes del... um, accidente. Pero en mi opinión debe haber sido por algo el accidente, ¿no crees? Quizás la persona de la que estabas enamorada... no era para ti, por no decir mejor que tú no eras para ella. Creo que el destino se las ingenió para que acabaras con la persona que realmente te merece.

Canada se quedó pensativo unos momentos, digiriendo lo que el mayor acababa de decir. Tenía sentido. Las cosas pasaban por algo, ¿no? Y por lo que el europeo decía, antes había estado enamorado de una persona que no le apreciaba, que no le merecía.

-Y...¿podrías decirme, por favor, quien era esa persona que me gustaba antes?-preguntó el menor, dispuesto a afrontar la verdad, por muy dura que fuese.

-De verdad pienso que eres masoquista.-suspiró Holanda, derrotado.-si te lo dijera...creo que te haría mucho daño.-al ver que el americano hacía un mohín, dijo.-tranquilo, sólo te digo que es una persona con la que frecuentemente te ves, bien sea por reuniones o para cuestiones no tan de negocios.

-Entiendo...-murmuró el menor, pensando en quien podría ser esa persona. ¿Y si era Francia? No podía ser...¿verdad? Y en el caso de ser así, ¿lo sabría el francés?-Y...¿esa persona sabía que yo le quería?

Holanda se quedó pensativo, mirando hacia el horizonte, donde estaba el Arco del Triunfo, al que poco a poco se iban acercando.

-No estoy seguro... pero si lo sabía, nunca se dio por aludido. Es decir, actuaba como si no supiese nada.

Matthew apartó la vista de las verdes orbes del holandés, sintiéndose triste. De repente, una idea cruzó su mente.

-¡Espera!-exclamó-¿Y cómo sabías tú esto?

-Es fácil, siempre estabas mirando a esa persona de esa manera tan especial que... simplemente, saltaba a la vista. Por eso te he dicho ya que si esa persona sabía de tu enamoramiento, lo ocultaba.

El americano suspiró resignado. Eso tenía bastante sentido.

-¿Te encuentras bien?-preguntó el mayor, sintiéndose mal por el menor. Odiaba que el francés, incluso después de la pérdida de memoria del canadiense, provocase ese efecto en el de ojos violetas.

-No mucho... es una sensación no muy bonita, ¿sabes? Esa de amar y no ser correspondido.

-No me digas.-repuso Govert con ironía. Al ver que el menor le miraba interrogante, hizo un gesto con la mano.-no importa, olvida eso.

El resto de la cita la pasó intentando prestarle atención al holandés. Había que admitir que fue una agradable mañana (y tarde) junto al europeo por las calles y lugares más románticos de la ciudad, pero la verdad es que la mente de Matthew estaba más allá. Estaba pensando en cierto francés que, por confuso y extraño que le sonase, le estaba empezando a gustar... ¿O, más que empezando, volviendo a gustar?