Aquí vengo con un capítulo nuevo. Éste estará centrado en Francia sobre todo y en cómo se siente. Y bueno... también en este capítulo se llega al Franada en sí. Gracias por los favs, follows y reviews una vez más ^^
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DEUXIÈME CHANCE
Chapitre six
Cuando Canadá se despidió del francés para irse con Holanda, el de ojos azules sintió un pequeño nudo en el corazón. Odiaba ir perdiendo a su antigua colonia así, pero en parte se lo tenía merecido. Había sido un idiota que no había valorado lo suficientemente a Matthew hasta que éste sufrió el accidente. Siempre pensó que el pequeño canadiense estaría ahí para él siempre, sin ninguna duda. Después de todo, así era Canadá, ¿no? Una persona amable, en la que siempre se podía confiar que nunca te dejaría. Pero la vida da muchas vueltas, y Francis se vio sin su pequeña colonia de la noche a la mañana.
Francia se pasó toda la mañana y parte de la tarde en casa, sin querer salir, pensando en Canadá. Eran las seis más o menos de la tarde cuando decidió que no quería darle más vueltas al tema. Suspiró y se dirigió al cuarto de baño para darse una ducha, para así poderse despejar un poco. Estaba bastante cansado de toda esa situación. No culpaba a Matthew. De hecho, no podía culpar a nadie. Quizás al conductor del coche que se chocó con el taxi en el que iba el canadiense aquella noche... En fin, el caso era que estaba bastante embotado de toda esa situación y necesitaba desinhibirse, y qué mejor que yendo a dar un paseo por las calles más antiguas de la ciudad. Sí, eso haría, salir a dar un paseo. Eso siempre le había ayudado en momentos como esos, en los que sólo quería escapar del mundo que le rodeaba.
Sin embargo, cuando estaba decidiendo qué zapatos ponerse, el timbre de la casa sonó.
-Que extraño.-murmuró Francia, quien no esperaba visita. ¿Sería Canadá? Podría ser. Quizás se sentía mal y había decidido regresar, o por otra parte tal vez se había cansado del holandés. Grande fue la sorpresa del francés al ver que no era el canadiense quien estab esperando tras su puerta, sino...
-Tío, te has tardado la vida en abrir.-se quejó un sonriente España cuando finalmente Francia se dignó a abrir la puerta.
-P-Pero...qué...
-Deja de balbucear incoherencias y déjanos entrar, tío, que afuera hace un calor del copón.-dijo Prusia empujando al francés de la puerta y entrando junto a España a la casa del rubio.
-¿Qué hacéis vosotros aquí?-preguntño Francia a la vez que una inevitable sonrisa le asomaba por el rostro.-No esperaba a nadie hoy.
-¿Ves?-dijo España a Prusia, ignorando al de ojos azules.-te dije que era mejor venir sin avisar.
-Eso veo.-rió Prusia, quien había ido directo al salón a encender el aire acondicionado.
-¿Cómo es que habéis venido aquí?-preguntó Francia de nuevo, sorprendido pero a la vez contento con la visita de sus dos mejores amigos.
-Bueno, digamos que nos pillaba de paso.-respondió España con desinterés, siguiendo al de cabello blanco. Francia sonrió, acompañando a sus amigos al salón, sabiendo que a ninguno le pillaba de paso su casa.
-Pues vaya casualidad que hayáis terminado en mi casa.-comentó Francis siguiéndole el juego.
-Ya ves. De hecho, yo tenía que ir a casa de Romanito pero, por motivos del destino, me vi aquí, en tu casa.-rió Antonio.
-Con Prusia, ¿no?-añadió Francis.
-Exacto.-sonrió España.
-¿Cómo estás?-preguntó Prusia al rubio, uniéndose a la conversación.
-Bueno... no se puede decir que esté muy mal, pero...-empezó el francés, captando la atención de sus amigos.-tampoco es que me encuentre como para tirar cohetes. Canadá va poco a poco recordando cosas y es algo bueno, ¿sabéis? Pero... el lazo que teníamos antes, que era bastante fuerte, se ha debilitado bastante. Sigue siendo amable conmigo al igual que siempre. Pero le falta la confianza...
-Hombre, eso es algo normal, digo yo.-interrumpió Prusia.-No puedes esperar que al principio sea todo fantástico y maravilloso.
-Pero ya han pasado semanas desde el accidente. Debería recordar más cosas.-se quejó Francia, llevándose las manos a la cabeza.
-Y ha recordado bastantes cosas, según nos has dicho, ¿no?-intervino España-el problema... creo que no es exactamente si Canadá recuerda o no hechos.
-¿Qué?-preguntó Francia bajando las manos, sin entender a su amigo.
-A ver si me explico, Canadá ha ido recordando cosas. Hasta se ha hecho a la idea de que es inmortal, cosa que no es bastante fácil de asimilar.-explicó el hispano, dando vueltas por el salón.-sin embargo, tú quieres que recuerde cómo es que era su relación contigo, ¿o no?
-Oui.-respondió el rubio con pesar. Sonaba egoísta, ¿no? Pero era cierto.-yo quiero que todo vuelva a ser como antes entre él y yo...
-¿Estás seguro?-inquirió España alzando una ceja.
-Creo... que sí.-dijo con poco confianza Francia, mirando a Prusia, quien estaba serio y parecía darle la razón al de ojos verdes.
-Pues yo no lo pienso así.-dijo España, cruzándose de brazos.-Dime, Francia, ¿le has contado ya a Canadá sobre tu vida amorosa?
-No, y ni falta que hace.-dijo Francia cortante, ensombreciéndosele la mirada.-no es algo muy relevante.
-¿Y tampoco vas a contarle que tú fuiste su primer gran amor?-preguntó Prusia esta vez, haciendo sobresaltar al francés.
-No quiero que recuerde cosas dolorosas. Aunque...
-¿Aunque qué, Fran?-dijo España, acercándose a su amigo.-eres el primero que quiere que recuerde cosas pero cuando se trata de ahondar en tu relación con él en cuanto al amor no quieres tocar el tema.
-Pero...
-¿Alguna vez has estado enamorado, Francia?-preguntó Prusia de repente, interrumpiendo a sus dos amigos.
-¿Perdona?-preguntó el rubio descolocado.-¿A qué viene eso ahora?
-Responde.-le instó el albino.
-Claro que sí, y fue gracias a ese enamoramiento que me di cuenta de que el amor no estaba hecho para mi.-dijo el de ojos azules sin querer recordar. No. En ese momento no.
-Que Inglaterra sea un hijo de puta que te rompió el corazón no debería condicionar tu vida amorosa, Fran.-dijo el de ojos rojos, frunciendo el ceño.
Francia se mordió el labio. Sí, había sido una vez Inglaterra su primer y gran amor. Pero por una serie de contratiempos el inglés acabó traicionándolo, por no decir que le rompió el corazón y para rematar se cargó a Jeanne en la Guerra de los cien años.
-Eso fue... hace mucho tiempo. No quiero hablar de eso ahora.-susurró Francia agachando la cabeza.
-Pues deberías.-dijo el español. Francia le dirigió una mirada cargada de tristeza, pero el de ojos verdes siguió hablando.-Un enamoramiento fallido... solo sirve para reforzarte. Para demostrarle a esa persona que te rompió el corazón que tú vales mucho más y puedes salir adelante y seguir tu vida sin ella. Que eres capaz de volver a enamorarte...
-No es... no es lo mismo.-interrumpió Francia, aunque poco le importó esto a su amigo para que continuara su discurso.
-Estás enamorado de Canadá, a pesar de que no te hayas dado cuenta o lo hayas querido negar. Pero es así.-remató Prusia.-No te preocupes, no es algo malo. El chaval no es problemático, es amable, buena persona, y te quiere mucho.
-Pero no puedo estar enamorado de mi colonia. ¡Le crié yo mismo!-exclamó escandalizado Francia.
-¿Y qué? Mira a Inglaterra y a América, o a mi con Romano.-dijo España con una sonrisa soñadora.-eso no es más que una excusa, Fran. Además, tú le criaste hasta que Inglaterra te lo arrebató.
Francia se mordió el labio. Sabía que los argumentos de su amigo eran ciertos, pero por alguna razón, no quería aceptar su enamoramiento. O no quería amar a Canadá.
-Tengo miedo de hacerle daño.-susurró Francia, bastante vulnerable.-no quiero que sufra si está conmigo. Yo... me cuesta demasiado ser fiel.
-Pero si amas a Canadá, ¿por qué habrías de serle infiel?-preguntó con voz suave España, acercándose a su amigo, poniéndole una mano en el hombro.
-Yo...
-Tú eres conocido por ser muy "liberal" e irte con muchos amantes... pero eso no significa que, con la persona correcta, no puedas ser fiel y sentar la cabeza durante el tiempo que dure tu enamoramiento.
Francia meditó lo que el de ojos verdes acababa de decirle.
-Tienes razón... en parte. Pero, yo creo que...
-Mira, Francia.-dijo Prusia de repente.-¿qué te parece si salimos un rato a beber? Tú, España y yo. Y olvídate de todo un rato.
Tras un momento de vacilación, Francia aceptó a salir de copas. Ya hacía bastante desde la última vez que salió con sus dos inseparables amigos por ahí de fiesta, y la verdad es que lo echaba de menos. También quería olvidarse, como Prusia decía, del mundo un rato.
Pues nada, unas cuantas horas más tarde los tres amigos estaban como una cuba. Tras ir a varias discotecas y beber como si fuese el fin del mundo, los tres amigos, con grandes dificultades llegaron a casa del francés.
Por su parte, Canadá, quien llevaba bastante tiempo intentando conciliar el sueño, se sobresaltó cuando oyó ruido proveniente del piso de abajo. Se incorporó y, procurando no hacer ruido, se acercó a las escaleras a ver qué ocurría. Al ver que se trataba de Francia con su amigo moreno...¿Antonio, podía ser? y otra persona más, se relajó un poco. Al menos no eran ladrones. Pero no le hacía gracia que, por lo que podía oír y ver, estuviesen los tres borrachos.
-Hola.-saludó bajando lentamente las escaleras, sin llamar la atención de nadie. Suspirando, lo intentó de nuevo.
-¡Hola!.-esta vez, el de cabello blanco se dignó a mirar al canadiense, sonriendo peligrosamente al verle.
-Hey Fran, ahí está Canadá.-dijo antes de estallar en carcajadas. España no tardó en unírsele. Por su parte, Francia parecía no haberse percatado de la presencia del americano y estaba intentando no caerse al suelo, apoyándose en la pared.
-¿Os quedáis a dormir?-preguntó Matthew antes de darse cuenta de que había formulado una pregunta idiota. ¿Qué otra opción iba a haber? ¿Dejarles afuera en el estado en el que estaban?-iré a preparar un cuarto. Aunque, bueno, el cuarto en el que me quedo es el de invitados... podéis quedaros ahí.-dijo dirigiéndose a España y Prusia, éste último ya no se reía.-dormid en mi cama y yo dormiré en el sofá.
Prusia intercambió unas ininteligibles palabras con el hispano que Canadá no llegó a oír. Tras unos momentos en silencio, Prusia finalmente accedió a ir al cuarto de invitados con España, siendo guiados por Canadá.
Cuando por fin éstos se quedaron quietos(Matthew se aseguró de que se tumbaban en la cama y, en el caso de España, se dormía), bajó al salón donde Francia estaba aún en la misma posición.
-¿Estás bien?-preguntó suavemente, aunque con preocupación, Canadá. Al no obtener respuesta del francés, formuló la pregunta de nuevo, en voz más alta.
Esta vez, Francia si pareció oírle.
El europeo alzó la cabeza y clavó sus brillantes ojos azules en los amatistas de Canadá, con un destello nada tranquilizador.
-¿France?-preguntó en voz baja Canadá, quien súbitamente se había dado cuenta de que algo no andaba muy bien.
Sin mediar palabra, Francia se tiró encima suya en un abrazo posesivo, antes de juntar sus labios con los del menor.
Canadá ahogó un grito de sorpresa, dándose cuenta de que Francia no era tan débil como parecía. El de ojos azules le tenía fuertemente apretado, sin dejarle separarse, intentando intensificar el beso.
Matthew se sentía completamente... extraño. Si tenía que elegir alguna palabra para describir su estado era esa, extraño. La verdad es que había recordado hacía muy poco, esa misma tarde, que estaba enamorado de Francia, y no de Holanda. Era algo que se había guardado y que no había dicho al holandés, para no estropearle la cita. No era un recuerdo como los anteriores, que habían sido imágenes, o incluso escenas. El recuerdo de su amor por Francia eran sentimientos.
Holanda le caía muy bien, incluso le parecía bastante atractivo...Pero, por mucho que le doliese, era Francia el que estaba en su corazón. No sabía si era un sentimiento correspondido o no, pero así era. Aunque, a juzgar por el beso salvaje que éste le estaba dando, se podría decir que sí... ¿verdad?
Tan rápido como se había abalanzado, Francia se apartó del menor, horrorizado. Canadá tardó unos segundos en procesar que el mayor se había quitado, relamiéndose los labios.
-France, ¿qué...?
Pero antes de seguir hablando, Francia se alejó de él y subió a toda prisa las escaleras para meterse en su habitación dando un portazo.
Canadá suspiró al ver la reacción del mayor, sin poder evitar que su corazón se rompiese bastante. Así que, después de todo, sus sentimientos no eran correspondidos... Ese beso había sido fruto del alcohol, ¿verdad?
Sintiéndose no muy bien, por no decir que hecho una mierda, Canadá se tumbó en el sofá y esperó a que le llegase el sueño, cosa que no ocurrió hasta altas horas de la madrugada.
Deseaba que todo eso hubiese sido un sueño y nunca hubiese ocurrido, pero no era así. Francia se había arrepentido de besarle, lo había visto en su mirada. ¿Habría sido su vida antes del accidente así, siendo evitado por el mayor en cuanto al tema del amor? ¿Habría estado en la permanente friendzone con el francés? Pero, si así era... ¿por qué éste se había mostrado tan celoso cuando Holanda casi le besó? ¿O cuando hablaban en general del holandés? No tenía ni idea, y la verdad es que no quería seguir pensando en eso, así que, alejando su mente de tan rayantes pensamientos se sumergió poco a poco en el sueño.
