¡Hola! Espero que estén pasando unas buenas vacaciones de Navidad :) Yo por mi parte las estoy pasando entre apuntes(exámenesdefebrero7.7).

En cuanto al fic, ¡ya hemos llegado al último capítulo!

Tras siete capítulos más el prólogo doy fin a Deuxième chance. Me da pena acabarlo, pues ha sido una historia a la que le he tomado mucho cariño. No sé, llamadme ñoña pero es así jajajaja.

Muchísimas gracias a todos los que os habéis tomado el tiempo de leer esta historia y sobre todo a quienes habéis comentado, seguido y marcado como favorita la historia. Y finalmente, a quienes querían y esperaban desde un principio el Franada, gracias por haber esperado todo este tiempo(aunque en el capítulo anterior ya ha empezado en sí, pero en este digamos que se hace más intenso). No me demoro más y les dejo leer, espero que disfrutéis este capítulo final y os guste el desenlace de la historia :)

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DEUXIÈME CHANCE

Chapitre sept

Matthew abrió los ojos lentamente cuando los primeros rayos de sol entraron por las amplias ventanas del salón. Durante unos momentos se sintió deshubicado. ¿Por qué su cuerpo se sentía tan incómodo? ¿Y por qué llevaba las gafas aún puestas?

De golpe le vino el recuerdo del beso de la noche anterior y se estremeció, incorporándose.

Recordó ese momento en el que se había sentido querido completamente por la nación francesa y cómo, tan rápido como se le había echado encima, se había quitado para huir hacia su habitación, sin dignarse a dirigir una sola mirada al confuso canadiense. Y luego la sensación de vacío que había sentido al darse cuenta de que eso había sido un error. Que Francia no había tenido la intención de hacer eso. Que había sido el alcohol el que estaba actuando.

Canadá se levantó bostezando. Observó el sofá en el que había dormido sin evitar soltar un suspiro. Menos mal que estaban en verano y no en invierno u otoño, pues seguro se habría congelado ahí, sin nada con que cubrirse, a la interperie.

A pesar de que no tenía hambre, se dirigió a la cocina, a ver si encontraba algo para desayunar. Normalmente era Francia quien preparaba siempre el desayuno, pero era demasiado temprano como para que el francés estuviese despierto. Más aún después de la borrachera de anoche.

Matthew se preparó un simple bocadillo y lo acompañó de café, mientras pensaba en como actuar a partir de ese momento para con el francés. Suponía que sería tenso todo... que probablemente Francia le explicaría que todo había sido un error. ¿Y qué podría hacer él, más allá de asentir y, tal vez, mentir diciendo que no pasaba nada, que no estaba enamorado de él?

Canadá suspiró y apoyó la cabeza en la palma de su mano. ¿Por qué todo tenía que ser tan lioso?

-¡Buenos días!

Matthew pegó un bote y alzó la cabeza, encontrándose con un sonriente Antonio, quien parecía no tener resaca.

-Bu-buenos días.-respondió el canadiense.-¿Cómo es que ya estás despierto?

-Me levanté antes para ir al baño y no me he vuelto a dormir, así que he decidido bajar aquí.-explicó el de ojos verdes buscando algo en la despensa.

-Ah.-murmuró Canadá, llevándose la taza de café a los labios y dándole un buche.

-¿Y tú siempre eres tan madrugador?-preguntó Antonio, a quien le encantaba mantener conversaciones con la gente.

-No siempre... bueno, depende. Hoy sí por que me sentía incómodo y por eso me he despertado.

-Oh...es verdad, que Prusia y yo hemos dormido en el cuarto de invitados, donde tu te quedabas.-se percató España.-lo siento, pero anoche estábamos tan borrachos que apenas pensábamos lo que hacíamos.

-No pasa nada, de verdad. Está bien.-se apresuró a decir el americano.-Y por cierto, ¿tan borrachos estábais anoche?

-Bueno, yo no tanto... o eso creo. El caso es que no estoy resacoso.-rió sentándose junto a Matthew tras haber encontrado un paquete de cereales y haberlos echado en un bol con leche.-pero Francia y Prusia bebieron bastante. No sabría decirte quien más de los dos pero el caso es que ambos estaban como una cuba.

-Entonces no creo que se despierten hasta tarde.

-Estos no se despiertan hasta el mediodía como mínimo.-estimó España.-pero bueno, de mientras podemos hacer cosas como por ejemplo, conocernos mejor.-dijo con una amplia sonrisa que inspiró poca confianza al canadiense.

-Ah, bueno... como quieras.-respondió el menor esquivando su mirada. ¿Por qué demonios España quería hablar con él? No parecía ser el tipo de persona que antes del accidente se preocupara mucho por él. Y a pesar de ser majo, no estaba seguro de querer contarle lo que había pasado anoche entre Francia y él.

-¿Cómo vas? ¿Has recordado más cosas en los últimos días?-preguntó el español llevándose la cuchara llena de cereales a la boca.

-S-Sí, unos cuantos, pero son irrelevantes.

-¿Cuáles?-insistió España, sin notar la visible incomodidad del norteamericano.

-R-Reuniones... y charlas sobre economía.-se inventó sobre la marcha el canadiense. No era del todo mentira, pero no era eso parte de sus últimos recuerdos.

-Puf, vaya rollo.-comentó España.-¿Y qué recuerdas sobre Francia?

-¿S-Sobre Francia? B-Bueno, no mucho más allá de temas relacionados con los G8 y cosas así.

-¿En serio?-preguntó el español frunciendo el ceño, sin creerse mucho esa declaración.-Francia es... bastante cercano a ti, así que me extraña que no recuerdes cosas más importantes.

-¿Más importantes? ¿Cómo cuáles? -preguntó inocentemente el canadiense, quien a pesar de tener recuerdos más importantes que los que había citado, no sabía a qué se refería el hispano exactamente.

-Como...-pensó España, sin atreverse a contar más de lo conveniente.-como cuando luchasteis juntos en las dos guerras mundiales. O cuando Francia te hace visitas sorpresa y salís por ahí.-dijo esperando a que el menor asintiese con la cabeza o algo, pero esto no pasó. Matthew no recordaba nada de eso.-no lo...recuerdas, ¿verdad?

-Aunque suena bastante bonito he de decir que no, no lo recuerdo.-admitió Canadá con tristeza.

-Bueno... es una pena, aunque todos, sobre todo Fran, guardamos la esperanza.

-Sí, yo también.-sonrió levemente Canadá, contagiándose de la alegría del europeo.

-Una cosa que sí es cierta y me veo en la obligación de decirte.-empezó España poniéndose serio.-es que en los últimos años Francia y tú os habéis distanciado un poco.

-¿Distanciado? ¿Por qué?

-Ya sabes como es Fran, desde hace bastante poco se ha volcado en cosas más...europeas, por decirlo de algún modo. Con eso me refiero a que apenas se ha puesto en contacto con países americanos y a ti ha sido al país al que más ha afectado esto.

-¿Por qué?-cuestionó Matthew sintiéndose algo mal. ¿Por qué Francia había pasado de él? Bueno, de él y el resto de países que formaban América, pero...

-¿Por que qué?

-¿Por qué hizo eso Francia?

-Por que se ha interesado más en los países cercanos a él... y también porque...-porque sus amantes acaparan todo su tiempo, pero no podía decirle eso a Canadá, a pesar de ser la verdad.

-Por que...-dijo el menor, incitándole al de ojos verdes a que siguiera.

-Por que... bueno, es básicamente eso, je je je.-rió España decidiéndose por no decirle toda la verdad al de ojos violetas.

Pasaron unas cuantas horas hasta que Francia y Prusia finalmente despertaron, ambos con un insoportable dolor de cabeza producto de la resaca. Hasta entonces, España se pasó el tiempo hablando con Canadá sin parar de cosas varias, y contándole alguna que otra anécdota acaecida durante las juntas mundiales.

-Hola-saludó Prusia entrando en el salón donde España y Canadá se encontraban conversando tranquilamente. El último se puso alerta al oír la voz del albino y se giró hacia él, viendo que era seguido por Francia. Canadá tragó saliva trabajosamente. ¿Le diría algo sobre la noche anterior? ¿Se dignaría a hablarle acaso?

-¡Buenos días!-saludó de vuelta España a su amigo, poniéndose en pie.-¿Cómo estáis?

-Mal.-se adelantó Francia a responder, con una mano en la cabeza.

-¿Te duele mucho la cabeza?-preguntó España.-¿y a ti?-preguntó de nuevo dirigiéndose esta vez a Prusia.

-Sí.-respondió escueto Francia.

-Bueno... estoy a nada de arrancarme la cabeza, así que se podría decir que sí.-dijo Prusia cruzándose de brazos y dejándose caer en el sofá junto a Matthew, quien se apartó un poco dejándole espacio al mayor.

-Esperad.-pidió el español antes de dirigirse a la cocina para volver a aparecer momentos después con un par de vasos de agua y dos pastillas que entregó a los dos resacosos. Canadá por su parte se sintió incómodo cuando España se sentó junto a Prusia y comenzaron a hablar sobre la noche anterior. Francia se sentó en un sillón cerca de Matthew en silencio. El canadiense se puso nervioso, sin saber cómo actuaría Francia.

El francés actuó de manera que sorprendió hasta a España, quien casi nunca se coscaba de este tipo de cosas, ya que casi nunca sabía leer el ambiente.

-Fran, ¿estás bien?-preguntó el ibérico a su amigo, quien apenas participaba en la conversación, por no decir que parecía estar ignorando olímpicamente a Canadá.

-Sí, aparte de que tengo un dolor de cabeza de mil pareces de narices.-casi le ladró el rubio. España se sorprendió con ese tono tan inesperado y se levantó.

-Vente conmigo. Tenemos que hablar.-dijo ofreciéndole una mano que el francés tomó con resignación.

Los dos europeos se dirigieron al cuarto del propietario de la casa para asegurarse de que los otros dos, sobre todo el americano, no oían nada.

-¿Qué demonios te pasa, eh?-preguntó con rudeza España cruzándose de brazos.

-¿Es que no puede a uno simplemente dolerle la cabeza?-preguntó borde de vuelta Francis.

-A Prusia también le duele y está la mitad de enfadado e irascible que tú.-respuso España. Francia no rebatió ese argumento y se limitó a sostenerle la mirada al español.-Además, estás ignorando a Canadá. No te creas que no he pasado eso por alto.

-No le he ignorado, simplemente no tenía ni tengo nada que hablar con él.-mintió el francés, quien internamentedeseaba que sus dos amigos se fueran cuanto antes para poder hablar con el canadiense sobre el beso de la noche anterior.

España alzó una ceja, no muy seguro de las palabras de su amigo. Le conocía desde hacíasiglos, literalmente, y sabía que algo no andaba bien con él.

-Ha pasado algo.-dijo finalmente España.-cuéntame de qué se trata.

-Non.-se negó Francia sentándose en el borde de su cama.

-¿Y eso? ¿Desde cuándo no le cuentas a tu mejor amigo tus preocupaciones?-preguntó España sentándose junto al francés.

-Es que...-empezó Francia.-es complicado.

-¿Es sobre lo que hablamos ayer?-pregunto dulcemente España.

-Sí. En parte lo es...

-¿Pasó algo ayer después de que Prusia y yo nos acostáramos?

-Mm... más o menos.-respondió Francia evitando responder directamente.

-No te hagas de rogar y dime de una vez que ocurrió, Fran.-pidió España firme.

-Canadá.-respondió solamente el francés.

-¿Qué con Canadá?-insistió España, cansándose de que el otro apenas coperase.

-Yo... le besé-admitió Francia clavando la vista en el suelo, esperando una escandalosa reacción por parte de su amigo. Sin embargo, ésta no llegó.

-¿Y qué hizo él?-preguntó España lentamente, levantando una ceja.

-Respondió al beso hasta que... hasta que me fui.

-¿Te fuiste a dónde?

-Le besé cuando le vi, sin pensar. Creo... creo que... me gusta.-admitió con mucha dificultad el francés, agachando la cabeza, sin querer mirar a su amigo.-me fui a mi habitación corriendo tras besarle.

-Y... ¿qué vas a hacer?

-No lo sé, Espagne, no lo sé. Cuando os vayáis Prusia y tú hablaré con él, aunque... no sé si él...si él me corresponderá. Además necesito pensar esto más seriamente. No quiero entregarle a nadie mi corazón para que me lo destroce. No quiero volver a sufrir más por amor.

-Francia, no debes vivir anclado en el pasado...

-¡No quiero que se repita la historia, ¿vale?!-gritó Francia.

-Canadá no es como Inglaterra. No es un capullo descorazonado que te ha declarado una y otra vez guerras y no te ha hecho tantas putadas cada vez que te ve. De hecho, Canadá no es así, es bastante distinto de Inglaterra.

-Eso pensaba yo al principio de Arthur, y mira como acabó la cosa. Pensaba que nuestro amor sería eterno y que jamás me haría sufrir.

-Eso pensabas cuando eras un adolescente, sin mucha experiencia en la vida. Ahora ya eres un adulto. Deberías darle una oportunidad a Canadá. Ábrele tu corazón y acepta el suyo, pues hace mucho que él te lo abrió a ti. Ese chaval te quiere muchísimo, Fran, solo que tú no eres capaz de verlo, o de verlo.-explicó con calma España.

-¿Y si...?

-Déjate de "y si". No sabrás como saldrán las cosas hasta que las pruebes.

-¿Y si lo estamos malinterpretando todo y Canadá en realidad no está enamorado de mi, sino de... otra persona?

-¿De otra persona?-preguntó España frunciendo el ceño.-que yo sepa ese chaval está completamente colado por ti.

-Holanda.

-¿Holanda? ¿Te refieres a que Canadá puede estar enamorado de él?

-Ya han salido varias veces y la noche de la cena con Inglaterra y América les pillé justo antes de que se besaran.

-¡No jodas!-gritó el español, alarmando a Francia.-¡No lo sabía! Me parece increíble que Holanda no me haya dicho sobre esto, luego le llamará a ver qué me cuenta.

-Lo que a mi me parece increíble es que después de tanto tiempo sigas esperando que Holanda te considere y te trate como a un amigo.-dijo el francés con una maligna sonrisa.

-No digas eso. Holanda me cuenta todo, después de todo soy su jefe y me respeta más que a nadie más en el mundo-aseguró España sin un resquicio de duda.-además, Bélgica y yo estamos intentando juntarle con Liechtenstein.

-¿La hermana de Suiza? Estáis locos.-rió Francia.-Como Suiza se entere os mata.

-No, si Liechtenstein admite que está enamorado de él y le pide a su querido hermanito que no nos haga nada a ninguno.

-¿Esa chica... enamorada de Holanda?

-Como lo oyes. Así que sólo hay que hacer que se vuelvan cercanos... y listo. Además, no sé qué esperanzas puede tener Holanda de acabar con Canadá. Es tu niño, y siempre ha estado enamorado de ti. Solo tiene ojos para ti, y eso es algo que ni este accidente puede cambiar.

Francia se sintió mal al oír eso. Mal y culpable, pues nunca había tenido muy en cuenta los sentimientos del canadiense desde que éste había crecido.

-Pero bueno, vamos ya abajo que estos dos deben de estar aburriéndose.-dijo España, tomando al de ojos azules del brazo.

Los dos amigos siguieron hablando de temas no tan importantes y bajaron al poco tiempo, encontrándose con que las otras dos naciones estaban hablando tranquilamente(cosa exraña teniendo en cuenta la personalidad de Prusia).

-Mirad vuestros móviles.-dijo el albino cuando los dos amigos entraron al salón.

-¿Qué?

-¿Y eso a qué viene?-preguntaron a la vez.

-Hacedme caso. Mi hermano me acaba de enviar un mensaje pidiendo que os diga esto.

Francia y España se miraron y decidiendo hacerle caso al prusiano se encontraron con un mensaje en el correo electrónico que no era ni más ni menos sobre la siguiente junta mundial.

-Así que es pasado mañana en París-anunció España.-¿Por qué no habías dicho nada, Fran?

-Es...-susrró Francia, con los ojos abiertos como platos.-la primera noticia que tengo.

-¿Qué ocurre?-preguntó Canadá levantándose.

-El día de tu accidente hubo una junta mundial que tuvo ser aplazada al día siguiente, pero como tuviste lo de la pérdida de memoria y tal se retrasó aún más esta junta. Alemania quería que vinieras y ha esperado a que estuvieses más o menos bien.-explicó España al menor.

-Y el muy idiota avisa ahora.-se quejó Francia.-bueno, tendré que salir a preparar todo.

-¿Dónde va a ser?-preguntó el español con curiosidad.

-En el mismo sitio de la otra vez, en ese edificio de reuniones que quedaba por el segundo distrito.-respondió el de ojos azules subiendo hacia su cuarto para minutos más tarde salir por la puerta vestido con ropa elegante.

El tiempo hasta el día de la reunión pasó bastante rápido para Canadá, quien ayudado por el trío de amigos se enteró de cómo era todo en esas reuniones, y que debía hacer o decir.

Por otra parte, el asunto de el beso con Francia... fue un tema que el europeo quiso tratar una vez la junta fuese llevada a cabo y España y Prusia se hubiesen ido a sus respectivas casas.

Llegó al fin el día de la reunión, y Canadá estaba temblando de nervios. ¡Vería al resto de naciones! ¿Y si olvidaba todo lo que tenía que decir que había estado ensayando con el trío de amigos los días anteriores?

-Tranquilízate.-pidió Francia al menor. Iba conduciendo , escuchando a España y Prusia quienes iban en los asientos traseros, pero se había percatado que el chico que iba en el asiento del copiloto estaba cada vez más sudoroso, por no hablar del temblor de manos.-ya verás como va a ir bien.

-S-Sí.-respondió Canadá, quien se sentía igual de nervioso.

Finalmente llegaron. Canadá sintió familiar ese edificio, y un recuerdo le vino a la mente. Él entrando corriendo por esas puertas para irse corriendo al ascensor.

-Acabo de recordar algo.-dijo Canadá a Francia, quien se giró a mirarle con las cejas levantadas.

-¿Qué?

-Yo corriendo hacia este lugar y entrado rápidamente hasta llegar al ascensor... y ahí acaba el recuerdo.

-Eso ocurrió el día del accidente.

Los francoparlantes entraron en el ascensor con Rumanía y Bulgaria, quien Francia presentó al canadiense aunque éste no les hizo mucho caso, pues otro recuerdo le estaba pasando por la cabeza: él hablando con Holanda en ese mismo ascensor, aunque rodeados de más personas a quienes no lograba reconocer bien.

-¿No te han caído bien?-preguntó Francia cuando salieron del ascensor y la pareja de europeos del este se dirigió hacia la sala de juntas casi corriendo.

-No es eso...-respondió Matthew apretando los ojos, sintiéndose con dolor de cabeza y náuseas.-es que este lugar me está trayendo a la memoria muchos recuerdos.

-Eso es bueno, ¿no?-preguntó Francia sonriéndole. Canadá le sonrió de vuelta levemente, antes de seguirle hacia la sala de juntas.

Ya había varias naciones en el lugar y se acercaron al par de francoparlantes al verlos llegar para preguntarles sobre Canadá. Éste no tenía ánimos de hablar con el malestar que le estaba entrando, por lo que el francés era quien respondía a todas las preguntas.

Matthew se sentó entre su hermano y un hombre moreno que el estadounidense le indicó que era Cuba. Le advirtió que no era conveniente que se hiciera muy amigo suyo, ya que era una persona de poca confianza.

Canadá hizo caso omiso a las palabras de su consanguíneo y buscó a Francia con la mirada hasta que dio con él. El rubio estaba hablando con Inglaterra, quien estaba sentado a su lado, y sintió un nudo en la garganta al ver a esos dos tan... cercanos. A pesar de pelearse tanto, había un lazo que les unía. Un lazo que Canadá conocía pero no lograba recordar. Probablemente era una de las razones por las cuales le dolía tanto ver e interactuar con el británico.

La junta dio comienzo con la pequeña introducción de Francia quien dio la bienvenida y expuso las razones por las que esa reunión llevaba casi un mes aplazada. Tras ello, varios países comenzaron a hablar sobre economía y problemas mundiales que afectaban a todos. A pesar de ello, casi nadie parecía prestar atención.

Canadá buscó con la mirada a Holanda y lo encontró junto a una chica morena tirando a rubia quien estaba tomando notas escuchando con atención lo que Alemania(según lo que le habían dicho Francia y sus amigos) estaba hablando. El americano sonrió levemente. A pesar de haber resultado que no era de Holanda de quien estaba enamorado el flamenco había resultado ser un gran apoyo. Quería hablar con él cuando terminase la junta y contarle sobre sus nuevos recuerdos.

Pero... a pesar de todo, quería preguntarle sobre Francia. Sobre su vida amorosa, cosa que le daba miedo preguntar al francés, seguro al cien por cien que evadiría el tema.

Canadá suspiro cuando Japón tomó la palabra, sintiendo que el dolor de cabeza iba a más al igual que las ganas de vomitar.

Miró de reojo a Francia, quien estaba peleando con Inglaterra a base de golpes en el brazo. Esto le hizo sentirse extraño, no sabía como describirlo... Y entonces, lo recordó todo de golpe.

Imágenes, voces, escenas, todo era un remolino en su cabeza, la cual le dolía tanto que sentía que le iba a estallar.

Apretó los ojos y se llevó las manos a la cabeza, dejando escapar un grito de desesperación.

Por favor, que eso se acabase pronto. Se agobiaba, se inundaba en todos esos recuerdos desordenados´.

Y entonces, todo se volvió de golpe negro.


Cuando despertó, sintió que alguien tenía tomada su mano y la apretaba con fuerza, la suficiente para no hacer daño.

Espera ¿dónde estaba? ¿Y por qué se sentía tan extraño?

Abrió los ojos y se topó con los ojos azules de la nación francesa, que le miraba con notable preocupación.

-¿France? ¿Qué ha pasado?-preguntó el canadiense incorporándose poco a poco, pero Francia se le echó encima aprisionándole en un fuerte abrazo.

-O-Oye, me asfixias.-se quejó el menor. Francia aflojó el agarre pero no se apartó.

-Lo siento.-dijo el europeo cuando se apartó.

-¿Qué?-preguntó Canadá confuso, sin saber a qué se refería el mayor.

-¿Cómo estás, cómo te encuentras? ¿te sigue doliendo la cabeza?

-Yo... estoy...-comenzó el americano antes de recordar cómo había llegado allí. Recordó el boom de recuerdos que había sufrido en la reunión y como se había sentido más y más mareado, abrumado con tanta información tan de golpe. Los ojos se le llenaron de lágrimas inevitablemente.

-Te desmayaste en medio de la reunión y te trajimos al hospital. Debí haberte hecho más caso cuando dijiste que te dolía la cabeza, pero no pensé que sería tan grave. Lo siento mucho, perdóname.

El francés hablaba pero Matthew no le estaba escuchando. De hecho, estaba recordando aquella noche en la que Francia pasó de él cuando le quiso invitar a cenar pero éste le ignoró. Y luego cómo se había portado el francés por él. Y el beso...

-Canadá, ¿estás mareado aún?, ¿me escuchas?-preguntó Francia tomando la llorosa cara del menor con sus manos. Pero lo que no se esperaba Francia era que el menor le clavara sus cristalinas orbes moradas en los ojos y juntara sus labios con los suyos.

Canadá hizo lo que llevaba tanto tiempo esperando por parte del mayor, ya sin importarle nada. Y al sentir cómo el mayor no se apartaba sino que le correspondía el beso, el canadiense sintió que se podría morir de felicidad.

-Lo recordé todo.-admitió el menor sonrojado por lo que había hecho al separarse.

-¿Qué?-preguntó el francés descolocado, sin poderlo creer.-todo...¿todo?

-Todo. Me vinieron todos los recuerdos de golpe en la junta...-explicó Canadá. El mayor sonrió ampliamente y abrazó al menor riéndose, sin podérselo creer.

-Perdóname, Canadá.-dijo Francia separándose del menor, quien lloraba de felicidad.-perdóname por haber sido tan estúpido. Perdóname por no haberme dado cuenta antes de tus sentimientos. Tienes el derecho de odiarme pero por favor, perdóname... Je t'aime, estoy enamorado de ti, pero he sido lo suficientemente idiota como para no darme cuenta hasta hace poco, pero...-

-Te perdono.-le cortó Canadá, sonriendo.-te perdono siempre y cuando me permitas invitarte a cenar. Y yo... Je t'aime aussi.

-¿A cenar?-preguntó con sorpresa el mayor antes de sonreír con ternura al oír la declaración del menor.

-A eso era a lo que te quería invitar aquella noche, ¿recuerdas? Cuando me acerqué a ti tras la junta diciéndote si podíamos hablar...

-Lo recuerdo.-respondió el mayor, sintiéndose una persona horrible. ¿Cómo podía haber tratado tan mal al pobre americano?-de verdad que lo siento mucho. Ya te he dicho que soy un estúpido y no te merezco... pero si la oferta sigue en pie después de tanto tiempo, acepto gustoso, mon petit.

-Te perdono, France. Al menos estás arrepentido de como te comportaste, ¿no?

-No sabes cuánto.-admitió el francés con seriedad, y no era mentira en absoluto. Se sentía un idiota integral que no se merecía la compañía del pequeño y dulce canadiense.

-Pues eso es lo que cuenta.-dijo el canadiense rozándole la mejilla con la mano. Francia le tomó la mano mirándole a los ojos y la besó, sintiéndose la persona más feliz y agradecida del mundo. Agradecida porque no sólo había conseguido el perdón de Canadá, sino que éste también había aceptado su amor que resultaba ser correspondido, y feliz porque, por fin, su corazón volvía a estar completo.

Y así fue como la nación del amor consiguió volver a amar de nuevo gracias a su antigua colonia la que, para bien o para mal, siempre había estado ahí con él, incluso cuando todo se hubo vuelto adverso. El pequeño canadiense había conseguido algo que nadie había logrado en siglos: conquistar el corazón de Francia.

-FIN-