Capítulo 2: Aún recuerdo como olvidar - (Ya pómniu kak savuyt')

Un mes más tarde de aquello, se anunció la boda entre Austria y Hungría por toda Europa. Todas las naciones del continente fueron invitadas. Finalmente la ceremonia tuvo lugar una de las capitales austrohúngaras, Budapest, el día 8 de junio de 1867. Deolinda fue invitada, pero en un principio se negó a asistir a la ceremonia. Sin embargo, fue obligada de nuevo a ir por sus dirigentes.

Cuando llegó a la inmensa catedral donde tendría lugar la importante celebración, se sentó en el banco que tenía asignado sin dirigir la palabra a nadie; a pesar de que conocía muchos países por su gran importancia durante los siglos XV y XVI. No quería hablar, ni sentirse feliz en un día en el cual se suponía que todo el mundo debía estarlo. Sencillamente no le era posible.

-Hermana, ¿qué haces aquí sola mirando el suelo? -Reconoció la voz y las palabras de Antonio al instante. Ella levantó rápidamente la mirada, mientras se frotaba los ojos con el brazo para ocultar las lágrimas. - ¿Te encuentras bien, Deolinda?

"¡Por supuesto que no!" Se chilló de rabia a ella misma. "¿Cómo puedo estar tan orgullosa y jubilosa en un día como este, en un sitio en el cual no quiero estar? ¡Se me parte el alma solamente de pensar en ello...!"

Pero, no obstante, murmuró:

-Estoy bien, gracias. -El castellano arqueó una ceja, y se sentó a su lado. -Ya sabes que siempre contarás con tu hermano. ¡Si hay algun problema, no dudes en decirlo! -La portuguesa le agradeció el apoyo, pero no se vio lo fuerte suficiente como para confesarle su angustia.

-Gracias de corazón, pero ahora mismo preferiría estar a solas un rato. -Y dicho eso, el español se levantó para encontrarse con sus amigos inseparables Prusia y Francia. Deolinda suspiró de dolor, mientras escondía la cara en sus manos, hundida. Entonces, todos los asistentes se empezaron a colocaren sus asientos asignados y la ceremonia empezó. La hermosa marcha nupcial empezó a sonar desde el enorme órgano de la catedral de Budapest, y por la entrada accedieron los dos novios. El corazón de la lusitana se rompió aún más al ver a su amado Austria agarrado fuertemente al brazo de su futura esposa, la cual estaba radiante, embutida en un precioso vestido blanco de cola y un velo como la nieve sobre su pelo color castaño claro.

"Ella es mucho mejor que yo..." Pensó, aún amargándose más. "Su hermosa belleza no es comparable con la mía, y su sonrisa... es mucho más dulce y sincera que la mía. Yo solamente me he enamorado de Austria; ella lo hizo y luchó con su propio cuerpo, sacrificando su vida por él, hecho que yo nunca podré igualar..."

Los dos avanzaron por el largo pasillo entre los bancos mientras todas las miradas se posaron sobre ellos, los cuales miraban a su alrededor con sonrisas en sus rostros. Finalmente llegaron al altar y el evento empezó. La pobre lusa se pasó toda la celebración sollozando de escondidas; no debía molestar a nadie ni interrumpir ese acontecimiento tan especial para la historia de Europa. Entonces llegó el típico momento de: "quien quiera decir algo, que lo diga ahora o calle para siempre". A la portuguesa le dieron ganas de intervenir, de gritar que estaba enamorada de él, y él también de ella.

-Fräulein... [1] Puede que me enamore de usted ahora mismo... -Cuando recordó aquellas palabras que le dijo el austríaco después de besarla, no pudo contener más lágrimas de dolor e impotencia. Roderich pensaba que podría quererla, ya que había dejado de esperar a Hungría.

Pero no fue así, Elizaveta regresó y Deolinda perdió para siempre el amor de su vida.

-Y yo os declaro marido y mujer. -Terminó el cura. Entonces todo el mundo se levantó de sus asientos para lanzar arroz y pétalos de rosas a los novios. La portuguesa, sin embargo, no lo hizo, se quedó sentada mientras la tristeza le consumía el alma. Mientras Elizaveta y Roderich ya desfilaban los primeros hacia la puerta del templo, el noble austríaco vio una figura desplomada en su silla entre las sombras alegres que cantaban a gritos de euforia. Reconoció aquella silueta inconfundible al instante. Los ojos del vienés se empequeñecieron del profundo pesar que le provocaba haber hecho tanto daño a una chica como Portugal.

La fiesta continuó más tardes por las calles de Budapest. Hungría, todavía agarrada con fuerza al brazo de su marido, lo condujo por el centro de su ciudad para llegar al palacio donde las celebraciones continuarían prácticamente hasta la madrugada. Cuando llegaron. Se hizo un extraordinario banquete donde todo el mundo comió y sobretodo bebió incluso demasiado. Todo el mundo estaba alegre y reía. Todos menos Portugal.

Austria no podía apartar la mirada de la joven chica; y aunque le doliera hacerlo, no podía evitarlo y sentirse culpable del sufrimiento de la muchacha. Cuando acabó el gran almuerzo, se levantó de su silla y se dirigió a la mesa donde estaba sentada todavía mirando el suelo, sus músculos de las manos estaban tensos, y los puños, cerrados de rabia.

-Portugal... -Murmuró el aristócrata. La lusa levantó la mirada al cielo. -Vámonos de aquí un momento, necesito hablar contigo. -Le pidió. Ella asintió y el austríaco la ayudó a levantarse. Ambos se dirigieron a un sitio algo más tranquilo donde poder conversar sin ser interrumpidos por los gritos y por el ruido constante de las charlas ajenas. Llegaron a la entrada del enorme palacio húngaro; un lugar que parecía algo más calmado y discreto.

-¿Por qué me has hecho esto? -La voz de la lusa empezó. Estaba completamente rota por los interminables sollozos.

-Yo... Lo siento...

-¿¡Acaso piensas que con una simple disculpa lo solucionarás todo!? -Empezó a alterarse ella. Se giró llena de ira; él la intentó relajar un poco, mas era imposible. Su corazón partido sería casi imposible de curar.

-Deolinda, no sé qué decir, yo...

-¡No digas nada! ¡Cala duma vez [2], no quiero oírte! ¡No quiero estar aquí ni seguir sufriendo más! ¿Que no lo entiendes?

-Por supuesto que lo entiendo.

-No tienes ni idea. -Deolinda hizo, frunciendo aún más el seño y dirigiéndole una mirada de profundo desprecio. -No tienes ni idea de lo que siento, ni de todo lo que se formó dentro de mí con aquel beso... Y mi universo terminó apenas dos minutos después de haberse formado. -Entonces rompió a llorar de nuevo sobre el hombro del austríaco.

-Huiría bien lejos, aún podría recordar como olvidar... Si no te amara tanto. -El corazón de Austria dio casi un bote de la alegría y la tristeza mezcladas que le producieron esas palabras. -¡Me prometiste que te enamorarías de mí! ¡Me confesaste que yo te gustaba, y...! ¡Y mira ahora! No entiendo nada, Roderich... ¡No entiendo nada ni sé si quiero entenderlo, es todo tan complicado!

-Solamente te dije que era posible que sucediera. No sabes cuánto me duele tener que decirte esto, pero... eso no ha ocurrido. Ich liebe meine Frau. [3] -Deolinda abrió más los llorosos ojos, antes de soltar un berrido de desesperación. Se lanzó al suelo, mientras se cubría con las manos el rostro. El aristócrata estaba dolido, pero intentó olvidarlo, y olvidar a la portuguesa también; decidió marchar descaradamente para ahorrarse problemas.

-¿Tienes corazón, Austria? -Le preguntó Portugal con voz ronca. La interrogación llamó la atención del austríaco, que se paró delante del portal para mirarla.

-¿Qué?

-Eso mismo te quería preguntar yo... -La muchacha suspiró y cerró los ojos, sintiendo como su cuerpo se llenaba de rabia y profunda tristeza. -¿Qué? ¿Ahora qué? Me cautivaste y tratas de ignorarlo. -El país germánico frunció el ceño, aquello le incomodaba. -¿Tienes sentimientos, maldito aristócrata? ¿No te importa cómo me estás lastimando? -Él solo pudo apartar la mirada, cada vez más rojo e irritado. -¡Tengo el corazón roto solamente por tu culpa y parece que te da lo mismo!

-Me importa, Deolinda. Pero hoy se supone que tiene que ser el día más feliz de mi vida juntamente a la persona con la que pasaré el resto de mi vida.

-Aunque intentes ocultarlo, sé que no eres así. -La portuguesa se levantó rápidamente para acercarse al vienés y agarrarlo por la chaqueta fuertemente con ambas manos. -No intentes aparentar que entre nosotros no sucedió nada, y tampoco intentes creer que todavía no hay nada maravilloso entre nosotros; ¡porque lo hay y lo habrá siempre! -Sus ojos verdes centelleantes se mezclaron con los suyos violetas como dos amatistas. Él le pidió que le soltara, y ella obedeció. No importaba lo que le dijera o hiciera, Roderich no reaccionaría como ella esperaba.

-Yo aún recuerdo como olvidar. Y lo haré con todo lo que pasó; hoy empieza una nueva vida, y nuestros caminos deben ser separados, Portugal. -Y sin más, se dirigió de nuevo hacia la entrada de la mansión. Con aquellas palabras, la lusitana se quedó de piedra y se desplomó cubierta por el horror y el daño más doloroso que puede provocar un corazón tan roto y destruido.

-¡Te quiero, Roderich! ¡Si no estás conmigo voy a morir, será la única forma de librarme de este terrible castigo que no puedo soportar! ¡Voy a morir de amor! ¡De amor por ti! -Bramó mientras el austríaco desaparecía por la puerta principal. Este hizo una mueca de amargura, agitó la cabeza para quitarse el pensamiento por la cabeza y marchó sin más. La lusa prosiguió gritando sola mientras casi se arrancaba los cabellos para desfogar su terrible sufrimiento. A Rusia, que pasaba por allí en aquel preciso instante, le impactaron los chillidos penetrantes de la portuguesa y se acercó a ver qué sucedía. La escena lo impactó por completo: la silueta de la bella Deolinda tendida en el suelo, con los puños de sus manos tirando fuertemente de su bonito pelo color cobrizo; el rostro, lleno de lágrimas, e incluso pudo sentir por sus gritos la intensidad de su pesar. Se acercó a su lado de inmediato, y le preguntó qué sucedía, pero ella, como era de esperar, no le confesó nada.

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Servus! (Practicando alemán dialecto austríaco :P )

He aquí el segundo capítulo. Bastante triste, lo sé, pero es lo que tiene (pobre Deolinda D:). ¿No dicen que las mejores historias de amor tienen algo de drama? (Se lo acaba de inventar)

Traducciones y otras cosas raras (?):

1- Fräulein: (Diría que ya lo puse en el capítulo anterior): Señorita.

2- Cala duma vez!: (Si mis conocimientos de portugués no me fallan): Calla de una vez

3- Ich liebe meine Frau: (Alemán): Yo amo mi esposa.

El título de este capítulo es de la misma canción que la anterior (¡te repites!) Lo sé. Es que sta canción es demasiado chula :D Es uno de los versos de la versión en ruso.

Gracias a los poquitos pero fieles que leéis mis fanfics AusPort (pareja totalmente desconocida :s). Gracias de verdad, ¡os quiero! :)

¡Hasta el capítulo 3!

mozartfangirl