Capítulo 3: Quien despierte encontrará el sentido de la realidad - (Chi si sveglierà troverà il senso de la realtà)

Ivan la tomó en brazos para llevarla con su hermano, con el que ahora sí tenía ganas de hablar. Rusia se encontró con Antonio en la enorme sala de fiestas de la mansión, justo al lado de Hungría, con quien estaba conversando tranquilamente. Al ver la joven en los brazos del eslavo, notó una mala sensación en su interior. Sus ojos se entrecerraron de desconfianza e incluso odio incomprensible, ya que aún no sabía nada de su historia de amor de la lusa con su marido.

-Hermano... -Musitó Deolinda, cuando Ivan la dejó en el suelo de nuevo. -Obrigada [1], senhor Rusia. -Hizo ahora dirigiéndose al ex país soviético. Se giró hacia el castellano y le pidió: -Quiero hablar contigo.

-¿Ahora mismo? ¿Qué sucede? Ya sabía yo que algo no iba del todo bien...

-¿Se encuentra usted bien, señorita Portugal? -Se metió la húngara.

-No demasiado. -Deolinda pudo percebir aquel tono de desprecio con el que le hablaba. Se creó una atmósfera tensa entre ambas dos que hasta España pudo notar.

-No debería ser así; hoy, 8 de junio de 1867 es día de celebración. Han quedado unidos para siempre dos de los mayores imperios europeos modernos. [2] -Elizaveta levantó una ceja y esbozó una ligera sonrisa desafiante.

-Lo tengo presente, y me alegro muchísimo. Espero de todo corazón que sean muy felices el senhor Austria y usted juntos. -Dijo hipócritamente. La magiar notó ese tono casi irónico y cada segundo que pasaba más aumentaba la tensión entre ambas y el odio de la una a la otra.

"¿Quién se ha creído que es? Solamente es otra aristócrata idiota que se piensa que está enamorada de verdad de su marido... Solo hay una nación que de verdad ama a Austria por encima de todo, ¡y esa soy yo!" Se dijo a sí misma, convencida. Había pasado de la depresión y de creerse inferior a la magiar a pensar que su amor por el vienés era notablemente mayor al que sentía la simple huna y que lucharía contra corriente de todo para lograrlo.

"¿Y esta... quién narices es? ¿Se cree más importante que una representante del gran imperio austrohúngaro? ¿Qué relación tiene con Austria? No sé de dónde ha salido, pero debo eliminarla lo antes posible, solo me traerá problemas..." Pensaba, mientras tanto, Hungria.

-Y... eso, ¿qué necesitabas, Deolinda? -Rompió el incómodo silencio que se había creado, España. La mirada de desconfianza que se dirigían ambas mujeres, no obstante, no se rompió. Entonces, la lusitana tomó valor para hacer algo que podía resultar muy inapropiado pero necesitaba hacer para conservar la poca salud mental que le quedaba. "Si voy a terminar con mi vida, que sea con una sonrisa en el rostro." Se dijo para sus adentros.

-No, nada. Perdona por haber interrumpido; mejor yo ya me voy. -Y dicho eso, salió corriendo de la sala, cogiéndose la punta del hermoso vestido azul zafiro para no tropezar, buscando desesperada con la mirada por encima de todas las sombras de la gente, la silueta de una persona especial. Recorrió un largo pasillo, y en el fondo lo vio: era su amado Austria, el cual charlaba con Alemania e Italia delante de los ventanales enormes que conducían a los jardines del palacio. Se dirigió corriendo todo lo deprisa que pudo, y cuando lo alcanzó, detuvieron instantáneamente la conversación que estaban mantiniendo. Los brillantes ojos llenos de ternura que tanto seducían al austríaco miraban ardientemente a los suyos.

-No me importa que no sea la única. -Alemania observó extrañado la escena. -Mientras tengas un pequeño trozo de mi corazón seré feliz. Só preciso isso. [3] ¡Y aunque lo niegues, sé que lo tienes! -Y dicho eso, se lanzó a los labios del aristócrata germánico, el cual se sonrojó como un tomate; intentó apartarse de la portuguesa rápidamente para que no lo malinterpretaran e intentar hacer creer que aquello se trataba de un error. Y es que la mitad de los asistentes a la boda se quedaron boquiabiertos contemplando aquello tan surrealista que estaba sucediendo allí: el novio recién casado besándose con otra mujer que no era su esposa en plena celebración de boda. Pero Austria no se pudo mover, otra vez la intensa electricidad de su amor que les unía les hizo inseparables. La única reacción inconsciente del vienés fue acercarse aún más a la portuguesa, abrazarla con todas sus fuerzas y sentir todo su cuerpo sobre el suyo. Después de unos quince segundos, el austríaco rompió el contacto entre sus labios para tomar aire, en los cuales Deolinda aprovechó para añadir:

-No vuelvas a mentirme jamás: Sé que me amas, sino nada de esto habría ocurrido. -Y dicho eso, retrocedió un par de pasos de él y marchó corriendo. -Espero encontrar un sentido a todo esto cuando alguien me despierte de este precioso sueño. Mientras tanto... seguiré viviendo jubilosamente en este dulce universo paralelo... -Fueron los últimos gritos que lanzó. Roderich la siguió unos pocos metros, aullando su nombre pidiéndole que volviera, hasta que se detuvo, exhausto, para contemplar cómo se alejaba de su vida para siempre.

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Hoy estoy de buen humor (no sé si es el factor hetalia the world twinkle :3 o qué...) así que ¡hoy hay ración doble de Há Dias Assim! ;) Me encanta especialmente este fragmento de la historia... es tan romántico y pasional... tan... ¡agh, no se puede describir con palabras! ;)

Apuntes (lo único mínimamente interesante del fic):

1- Obrigada (Traducción del portugués): Gracias.

2- 8 de junio de 1867: El imperio húngaro y el imperio austríaco se unen en el llamado imperio austrohúngaro, que durará hasta el final de la Gran Guerra.

3- Só preciso isso (Traducción del portugués): Solo necesito eso.

Otras cosas inútiles (?): El título de este capítulo es un fragmento de la versión italiana de la canción de Eurovision (¡Soy una Eurofan viciada!) de San Marino de este año: Forse/Maybe de la cantante Valentina Monetta. Maravillosa canción, al final estaba al borde de las lágrimas de la emoción que te produce... ;(

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Gracias por leer hasta aquí y hasta pronto :)

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