"Sesshomaru POV":

Caminé hacia un prado, guiado por un olor peculiar. Luego, sentí el olor de la sangre, y quise saber qué era lo que estaba pasando. Cuando estuve lo suficientemente cerca, vi a una sacerdotisa llorando. Era esa humana, la que se había enamorado de mi medio hermano. El olor a sangre provenía del charco dejado en el suelo al morir esa mujer, Kagura, luego de haber "obtenido su libertad".

Me mantuve firme al hablar con la humana, y cuando ya me estaba cansando de sus tonterías, me sorprendí de las palabras que habían salido de mi boca. Quedé perplejo al notar que habían causado efecto sobre la sacerdotisa. Luego, me fui de ese lugar lo más rápido que pude, para que no me preguntara nada.

Al llegar al lugar en dónde estaba antes, encontré a Jaken dormido sobre Ah-Un. No tenía hambre, así que fui directamente hacia un árbol, y traté de dormir. El sueño me vino poco a poco, y mientras esperaba a dormirme, pensé acerca de esa sacerdotisa. Parecía muy herida. 'Tonto Inuyasha, se atreve a hacer llorar a una mujer', pensé, y luego me dormí.

"Inuyasha POV":

Cuando me desquité ante Kagome y vi su rostro sin ninguna emoción reflejada, me asusté, y creí que diría "abajo", en cualquier momento. No me atreví a hablar, pero traté de acercarme… Y ni bien moví un pie, me encontré al instante siguiente con la cara estampada en la tierra. Al levantar la vista, vi que ella se alejaba mientras gritaba:

"¡Inuyasha, sos el tonto más grande que existe! ¡Sos un completo TONTO!"

Verla así me dolió, pero ya había aprendido que era mejor dejarla sola, cuando se enojaba de ese modo.

¿Un estúpido? Sí, me comporté como un completo estúpido. Pero bueno, lo hecho, hecho está. Lo que más me preocupaba en ese momento era el serio reproche que me iban a dar Sango y Miroku, ya que de seguro Kagome ya les habría contado todo.

Al llegar a la aldea vi que Shippo estaba despidiéndose de esa niña, Rin, y de los hijos de Sango y el monje. Al verme llegar, lo primero que hizo ese enano fue darme una patada en la pierna.

"¡Ay! ¡ ¿Pero qué hice ahora, enano?!"

"¿¡Qué le hiciste a Kagome?!", me preguntó furioso. Al parecer, esa chica se había encargado de decirle a todo el mundo que habíamos peleado.

Dejé a Shippo en el suelo y caminé hacia la cabaña de Kaede, quién supuse que no había regresado todavía porque su olor casi ni se percibía. Al entrar en la cabaña, y ver la cara de Sango, tuve la sensación de que quería matarme con su hiraikotsu. Kirara estaba sentada enfrente de mí y gruñía.

"Inuyasha…", comenzó el monje. No quise ni escuchar una palabra, ya que la exterminadora estaba caminando lentamente hacia mí, con su hiraikotsu agarrado firmemente en sus manos.

De repente, sentí el olor de Sesshomaru muy cerca. '¿Qué está haciendo por acá?, me pregunté. Usé eso como excusa y me fui de un salto, dejando a Sango parada enfrente de la puerta.

"Y ahora… ¿Qué le pasa?", escuché que decía ella.

"Sesshomaru POV:"

Me desperté luego de unos minutos. Decidí que tenía que hablar con Inuyasha. Ese tonto había dejado muy herida, sentimentalmente, a una mujer. 'Pero, ¿Qué estoy pensando?', me dije. Tarde, no me había dado cuenta y ya estaba a tres pasos de la aldea. Por algún motivo, el haber visto llorar de tal forma a esa sacerdotisa, me había dejado con un sentimiento extraño.

Al llegar a la aldea, una aldeana me miró de una manera extraña, y luego se fue apresurada. La ignoré, y luego seguí mi camino. A los pocos segundos, vi a Inuyasha salir despedido de una cabaña, para luego seguir caminando hasta pararse a unos dos metros de distancia de donde yo me encontraba.

"Sesshomaru, es extraño verte aquí a estas horas. Lo más raro es verte caminando tranquilamente por una aldea llena de humanos, a los cuales vos odiás.", dijo Inuyasha.

"No seas tonto, Inuyasha. No creas que estoy encantado de estar en este lugar. Sólo vine porque tengo que preguntarte una cosa.", le dije.

"A ver, ¿Qué es eso que me querés preguntar?"

"¿Qué fue lo que le hiciste a esa humana como para dejarla tan herida?"

"¿Humana? ¿Herida?", preguntó extrañado. "Un segundo, ¿Me estás preguntando por Kagome?"

"Inuyasha, ¿Desde cuándo vas por ahí lastimando a las mujeres? Ese no es un hábito tuyo, que yo sepa."

"Sesshomaru, ¡Callate!", me dijo irritado.

"Inuyasha, vos no me das órdenes, y además, no tengo porqué cumplirlas."

"Sesshomaru, Yo no le hice nada a Kagome."

"Ah, ¿no? Entonces, ¿porqué estaba llorando? O, ¿por qué me dijo que sos un idiota, eh?"

"¿Llo-llorando?", me preguntó confundido.

"Sí, Inuyasha. Ella estaba llorando"

"Pero… si cuando la vi, ella no lloraba."

"Esperá, ¿Estás diciendo que ella se comportó fuerte mientras que de seguro quería llorar?", pregunté, fingiendo estar sorprendido.

Inuyasha desenvainó a Colmillo de Acero, y me apuntó.

"No voy a permitir que sigas diciendo mentiras, Sesshomaru.", dijo Inuyasha, mientras el Viento Cortante se iba formando en la punta de su espada.

"Inuyasha, ¡ABAJO!", se escuchó desde atrás nuestro.

Vi cómo el tonto de mi hermano caía al suelo sin poder hacer nada. Luego, me di vuelta, y ahí estaba esa aldeana que me había visto, junto con esa humana, Kagome. Ella tenía sus brazos cruzados, y tenía el semblante cansado. La humana parecía estar harta de tener que hacer eso todo el tiempo.

"Sesshomaru, ¿Qué estaba pasando?", preguntó la sacerdotisa mientras se acercaba. La aldeana ya se había ido, y estaba regresando a su cabaña.

"Nada que te incumba.", le respondí, mientras daba media vuelta y me iba.

"Ah, bueno. Entonces, ¿Por qué me nombraban?", preguntó mientras se acercaba y se me ponía enfrente.

"Dejame pasar, humana."

"No, hasta que no me digas porqué Inuyasha te apuntaba con su espada, y por qué me estaban nombrando."

De la nada, sentí que algo me tocaba, y al bajar la vista, lo primero que vi fueron un par de alegres ojos marrones, que hacían juego con la gran sonrisa de la niña que allí estaba.

"¡Sr. Sesshomaru! ¡Vino a visitarnos! ¡Qué alegría!", decía Rin mientras daba saltitos alrededor mío. Ella estaba un poco más alta que la última vez que la vi. Tenía puesto un kimono rosado, y su pelo oscuro estaba más largo que antes.

Sentí los murmullos apagados de una risa. Miré al frente, y vi que la humana se tapaba la boca con una mano y reía, mientras observaba esa escena.

"Al parecer, Rin está muy feliz de verte.", dijo, mientras observaba a la pequeña, la cual seguía saltando muy alegre a mi alrededor.

"¿Va a quedarse unos días, Sr. Sesshomaru?", preguntó Rin, con una gran sonrisa.

"No creo que me quede, Rin. Vendré en otro momento." Le dije, dejándola un poco desilusionada.

"Pero…", dijo, mientras me miraba y dejaba de saltar, ahora con un poco de tristeza.

Me agaché, para estar más o menos a su altura. Al momento siguiente, ella estaba abrazándome.

"Quédese unos días, Sr. Sesshomaru, por favor.", rogaba la niña.

"Parecen padre e hija.", murmuró la humana. La miré, y ella sonreía.

Solté los brazos de Rin de alrededor de mi cuello, y caminé hacia la salida de la aldea sin decir una sola palabra. Luego, me di vuelta y vi que Rin estaba caminando muy desanimada hacia una cabaña. La sacerdotisa me echó una mirada de reproche, y se fue tras de Rin. Inuyasha me miraba extrañado, pero no le presté atención. Seguí caminando hasta llegar al lugar en el cual estaba antes. Jaken ya se había despertado y me llamaba a gritos… como de costumbre.

"¡AMO SESSHOMARU! ¡AMO SESSHOMARU!"

"Jaken, ya, callate.", le dije, harto ya de escuchar esos gritos.

Caminé hacia un manzano, y agarré un fruto. Luego, volteé y miré a Jaken, quien se había sentado en una roca, mientras miraba hacia el cielo. Ya estaba amaneciendo.

"A veces me pregunto por qué no te maté hace tiempo." Le dije como si tal cosa.

"Amo…", decía aquel demonio, mientras movía sus manos desesperadamente, y me miraba con terror.

"Pero no, a veces me sos útil.", le dije, mientras me sentaba en una rama del árbol, y comía mi manzana.

[3ª persona]

Oculta en el bosque, luego de haber disfrazado su olor con algunas hierbas, una anciana de cabellos largos y blancos, los observaba desde atrás de un arbusto.

"Tarde o temprano te desharás de ese renacuajo, Sesshomaru. Tarde o temprano.", murmuraba esa anciana. "Este día estará lleno de sorpresas, y lo mejor es que me apure y traiga a la vida a esa sacerdotisa.", decía mientras se iba.