Una energía maligna brillaba sobre la sacerdotisa. Ella no podía controlar lo que hacía. Ponía una flecha tras otra y las disparaba. Se contuvo cuando la cuarta estuvo en su arco. Un segundo más, y ya la habría disparado. Inuyasha la miraba, atónito, sin poder creer nada. La sacerdotisa se desplomó en brazos del mitad bestia, y quedó inconsciente.
El pobre Inuyasha no sabía qué hacer. Si dejar ahí a Kikyo e ir en busca de Kagome, o si llevar a Kikyo con Kaede y luego ir en busca de Kagome.
Con el corazón partido en dos, el mitad bestia alzó a Kikyo en sus brazos, y se fue a la aldea. Kaede, al verlo llegar con el cuerpo de su hermana en brazos, lo hizo entrar de inmediato. Ella pidió explicaciones, pero Inuyasha no pensó dos veces antes de ir en busca de Kagome. Al llegar al bosque, siguió el olor de la joven hasta un claro. Allí había unas manchas de sangre pertenecientes a la joven, pero también había un olor en particular que no le agradó su presencia del todo. Sesshomaru había estado ahí. Su olor y el de Kagome se extendían hasta unos metros más allá, y desaparecían.
El pobre mitad bestia se sentó en el pasto. ¿Qué estaba pasando? Él no entendía nada. El cuerpo de Kagome no se encontraba por ningún lado. De la nada, recordó que una de las espadas de su medio hermano podía curar almas, y una luz de esperanza creció en su interior, pero se fue apagando poco a poco.
"Sesshomaru jamás reviviría a Kagome. Su corazón es demasiado frío como para hacer tal cosa." Dijo, desilusionado.
"No te preocupes, Kagome está en paz, eso es seguro.", dijo Kaede, sentándose a su lado.
Inuyasha miró a la anciana, y luego se ocultó bajo su flequillo. No podía evitarlo, tenía que dejar sus sentimientos salir de alguna forma. Recordó que Kagome le había enseñado a llorar por los seres que él ama, y dejando sus sentimientos salir, Inuyasha lloró. Lágrima a lágrima, él se fue hundiendo en los recuerdos. Los buenos momentos que había vivido junto a su amada Kagome. Aquellas tardes otoñales en las que miraban el atardecer, juntos, sentados en alguna colina. O aquellas tardes de verano, en las cuales Kagome le hablaba de su familia y le contaba acerca de las travesuras que hacía de niña. Inuyasha comenzó a recordar los momentos llenos de risas, y los momentos de angustia. La dulce risa de esa bella sacerdotisa que lo hacía feliz. Recordar todo eso le hizo sentir que la joven sacerdotisa estaba sentada a su lado, acariciando su mano, recostando su cabeza en su hombro, tarareando una canción.
Una última lágrima resbaló por su mejilla, y con un suspiro, Inuyasha se paró y se fue de vuelta a la aldea. Tenía que contarles a Sango y a Miroku la… "noticia", aunque le dolía tener que hacerlo.
Ni bien puso un pie en la aldea, sintió todas las miradas de la gente, todas fijas en él. Ninguna de ellas era amistosa, sino, acusadora. Escuchó que la gente lo señalaba y susurraba cosas como "irresponsable", o "insensato", o "sin corazón". 'Este día cada vez se pone peor.', pensó Inuyasha, mientras caminaba hacia la cabaña de Kaede. Al entrar, vio que Kikyo seguía inconsiente. Al mirar hacia un costado, vio que Miroku abrazaba a Sango, quien estaba llorando desesperadamente.
"Kaede ya se encargó de ponernos al día, Inuyasha.", dijo el monje, con obvia tristeza reflejada en sus ojos. Ese comentario hizo que Sango llorara con más fuerza, si es que eso era posible.
Inuyasha se sentó en un rincón, y apoyó su cabeza en sus manos. Kirara se acurrucó junto a él, y se quedó dormida, claramente triste también.
"Sesshomaru POV:"
Estaba caminando por el bosque, cuando volví a sentir el olor a sangre. Ésta vez era más potente. Me dirigí al lugar de donde provenía ese olor. Vi un cuerpo en el suelo, era el de una mujer, y se estaba muriendo. Al acercarme para ver quién era, vi que tenía tres flechas clavadas en el estómago. Al ver su rostro, y descubrí con asombro que era esa sacerdotisa.
"Kagome…", susurré, mientras me arrodillaba, y la cargaba en brazos. Sin duda, para cuando me acerqué lo suficiente, ya había muerto. Por algún motivo que no entendí, me dolió verla sin vida y tan malherida. "No merecías morir en manos de esa otra sacerdotisa.", dije, al reconocer esas flechas. '¿Acaso no estaba muerta?', me pregunté extrañado, pero algo me decía que ella era la culpable.
"¡Amo bonito!", escuché que Jaken se acercaba, llamándome. "¡Amo Sesshomaru!"
Al ver quién era la persona que yo estaba cargando en brazos, el demonio se empalideció un poco y luego dijo:
"Amo… ¿No es esa la mujer que se enamoró del odioso de Inuyasha?"
"Sí, es ella.", por algún motivo, decir esas tres palabras, hizo que extrañara la dulce sonrisa de la sacerdotisa, como esa que puso al verme con Rin abrazada a mí; una sonrisa dulce y cálida.
Entonces, sentí unas palpitaciones provenientes de Colmillo Sagrado.
"¿Piensa revivirla, amo?", preguntó Jaken, al notar él también las palpitaciones de la espada.
Dejé en el suelo el cuerpo de la chica, le saqué las flechas, y alcé a Colmillo Sagrado. Pude ver a los mensajeros del otro mundo, y ni bien los destruí, sentí el ruido de alguien que tosía. Era la sacerdotisa. Guardé a mi espada, y esperé. Cuando la sacerdotisa paró de toser, miró desorientada al frente mientras su respiración se normalizaba. Luego, me miró sorprendida, como si recién se diera cuenta de que yo estaba ahí. Intentó parase, pero se tambaleó un poco y la sostuve. Ella seguía mirándome atónita.
"Vos… ¿Vos… me…?", dijo, mientras señalaba a Colmillo Sagrado.
Asentí con la cabeza. Ella trastabilló, y me apuré a agarrarla de nuevo.
"Gracias, Sesshomaru.", murmuró, al tiempo en que se sonrojaba un poco.
"Estás débil. Deberías ir tu aldea.", le aconsejé, mientras me daba vuelta.
"Sí… claro.", me contestó. Detecté cierta duda en su voz, y me di la vuelta.
"¿No querés regresar?", le pregunté.
"Es que… bueno, me siento tonta al admitirlo, pero… ahí va a estar Kikyo, y no quiero volver a morir."
"¿Qué harás?"
"Yo…", ella se veía avergonzada y dudosa, como si lo que estuviera a punto de decir pudiera dejarla muy mal parada. "Sesshomaru… ¿Puedo viajar con ustedes?"
"¿Te atrevés a dejar a tus amigos y conocidos para escapar a la muerte?", preguntó Jaken. "¡Qué niña tan débil! ¡Alguien así no puede viajar al lado del Gran Sesshomaru, Lord de las Tierras del Oeste! ¡Qué vergüenza!..."
"¡Ni que un demonio de menos de un metro de altura, con un báculo horrible que lanza fuego fuese muy útil!", le oí murmurar a la sacerdotisa, con su vista fija en la tierra.
"… Además de débil, una niña cobarde, ¡Alguien así no es digno de viajar junto al Gran Sesshomaru!", continuaba Jaken. "¡Y cómo si fuera poco-!"
"¡Jaken, ya basta!" Le ordené. Él demonio se calló, pero miraba con desdén a la sacerdotisa. "Te doy permiso de acompañarnos."
A la joven se la iluminó el rostro y me miró con gratitud, luego, dijo que iba a buscar algo en el bosque y se alejó con un simple "¡ya vuelvo!".
Jaken aprovechó que la sacerdotisa se había ido, y me hizo una pregunta.
"Amo, ¿Porqué dejó que esa humana nos acompañe?"
"Jaken, un favor sólo se paga con otro favor." Le contesté, riéndome por dentro al ver su rostro atónito.
Al cabo de unos minutos la joven humana había regresado, cargando un carcaj lleno de flechas, y con un arco en una mano.
"Los guardo en el bosque… por si acaso.", me explicó. Luego, le dije que subiera sobre Ah-Un, y emprendimos la marcha.
[3ª persona]
El resto del día en la aldea se pasó lento. Todo estuvo muy lúgubre, ya que todos creían que habían perdido a su querida amiga. Lo más difícil fue darles la noticia a los hijos de Sango y Miroku, a Rin, y a Shippo. Ellos fueron lo que peor se lo tomaron.
Mientras tanto, una sacerdotisa sentada sobre un dragón de dos cabezas, recién se daba cuenta de que todos la tomaban por muerta. Se sintió mal al dejarlos a todos tan tristes, pero sabía que había hecho bien. Luego de meditar un poco, se dio cuenta de que kikyo jamás haría algo así. Recordó que por un instante sintió que un aura maligna se acumulaba alrededor de ellos, y se juntaba en Kikyo. Kagome se dijo que esperaría el tiempo necesario, y luego regresaría cuando Sesshomaru fuese a visitar a Rin. Para ese momento, supuso que ella ya sabría qué era lo que estaba pasando. Luego de eso, ella le pediría unas ciertas explicaciones a Inuyasha.
Kagome miraba el cielo que poco a poco se iba poblando de estrellas. Por algún motivo, luego de haber revivido, no tuvo más hambre… hasta ese momento. Supo que no sería buena idea pedir al demonio peli plateado que le dejara ir a buscar comida hasta que aterrizaran para descansar.
Luego de unas horas, sintió cómo Ah-Un descendía, y luego de un par de minutos, ella ya se había bajado del dragón y estaba caminando hacia el demonio quien la había dejado acompañarlos.
"Sesshomaru, voy a ir a buscarme algo de comer… ¿Querés una fruta, o algo?", le preguntó la joven al Youkai.
"No… no gracias. Más te vale que vallas con cuidado, no pienso ir a rescatarte esta vez.", respondió el Youkai.
Kagome caminó un poco por los alrededores hasta encontrar un árbol de cerezo que no estaba en flor, y recolectó unas cerezas bien grandes de color rojo bien oscuro. Se veían deliciosas. Las lavó en un río de por ahí cerca, y luego volvió al lugar en donde estaban descansando.
Ella se iba a comer una cereza, cuando vio a Jaken tratando de romper la cáscara de una nuez. 'Se ve tan ridículo.', pensó la joven.
"¡Jaken!", dijo, lanzándole al demonio una cereza. "Espero que te gusten las frutas.", le dijo, mientras se sentaba en una raíz de una árbol que estaba bastante levantada del piso, y comía tranquilamente sus cerezas.
El demonio miró con desconfianza a la cereza que tenía en sus manos, y luego vio que la sacerdotisa se las comía tranquilamente. Olió el fruto, y luego se lo metió en la boca. Al morderlo, sintió el dulce gusto del jugo de ese delicioso fruto, y siguió comiendo su cereza.
Sesshomaru estaba mirando esa escena. La sacerdotisa comía feliz sus cerezas mientras sonreía y miraba al cielo encapotado de estrellas. Jaken se estaba relamiendo, al parecer ese demonio también había comino un par de cerezas. Entonces, se dio cuenta de que la humana lo miraba, y éste desvió la mirada.
"¿De verdad no querés cerezas, Sesshomaru?", preguntó Kagome, observando al demonio. Éste desvió la mirada y se sentó en el suelo, a contemplar el cielo. "Bueno, se lo pierde", dijo Kagome, mientras se reía un poco y disfrutaba sus cerezas.
El Youkai escuchó la risita de la joven y sonrió. Ella estaba feliz, y eso le hizo sentir… '¿Feliz? ¿Por qué estoy feliz por ella? Es tan solo una humana a la que le devolví la vida, al igual que Rin. Entonces, ¿Por qué estoy feliz?', se preguntaba el Youkai mientras desviaba la vista del cielo y observaba a la joven. Jaken ya había armado un fuego, y se calentaba las manos. El verano ya se estaba yendo, y las noches frías ya habían llegado. Vio que la joven se sentaba junto al fuego y también se calentaba las manos. El Youkai se acercó, y dejó que el calor proveniente del fuego le reconfortara un poco.
Kagome sonreía, feliz de estar junto al fuego. A pesar de que ella tenía consigo una arco y una gran cantidad de flechas, y a pesar de que el youkai dijo que no la rescataría si se metía en problemas, supo que Sesshomaru iría a salvarla si ella estaba en problemas.
