"Kagome POV:"

Luego de haberme comido unas cerezas, me sentí mejor. Me senté junto al fuego, el cual me reconfortó. Ya estaba comenzando a refrescar, y me era importante conservar el calor, ya que en esa época no había estufas ni nada por el estilo. Vi que Sesshomaru se acercaba, y me sentí protegida. Me pregunté si el Youkai me habría dejado acompañarlos sólo por el hecho de que no podía regresar a la aldea ya que era probable que Kikyo me matara, o por el simple hecho de que tener una sacerdotisa en su "grupo" le sería útil. Me sentí usada; sentí que Sesshomaru me dejó acompañarlos por conveniencia. 'Es muy probable. Si no, ¿Con qué otro fin podría haberme dejado acompañarlos?'. Pensar eso me hacía sentir deprimida.

Me alejé un poco del fuego y me acurruqué contra un árbol. Cerré los ojos y traté de dormir, pero no tenía sueño. De todos modos, traté de descansar un poco. Dejé mis ojos cerrados y me quedé así un buen rato. De repente, sentí que alguien ponía algo cálido y suave sobre mí, como una manta que me cubría y me resguardaba del frío. Abrí apenas los ojos y vi que lo que pensé que era una manta, era en realidad esa cosa peluda que Sesshomaru lleva siempre consigo. Lo busqué con la mirada, y lo vi sentado a orillas del río que serpenteaba alrededor de dónde habíamos parado a descansar. En ese momento me replanteé mi teoría acerca de por qué Sesshomaru me había dejado acompañarlos, aunque me seguía sintiendo un poco desilusionada. Volví a cerrar los ojos, y esperé a que me llegara el sueño…el cual nunca llegó.

Luego de un par de horas, al ver que Jaken y, al parecer, Sesshomaru, estaban dormidos, decidí ir a caminar por los alrededores.

Era una noche magnífica. El cielo, sin una nube, me dejaba sin habla por la cantidad de estrellas que se podían apreciar. En las lejanías se podía observar un grupo de luces, y daban la impresión de que había una aldea no muy lejos. Luego de caminar un poco por la orilla del río, vi que un puente llevaba de una orilla a la otra. Caminé, queriendo llegar a la otra orilla, pero me detuve a mitad del puente.

De la nada sentí que una gran tristeza me envolvía. No entendía por qué, pero empecé a llorar mientras contemplaba al agua. Me sentía perdida, como si no perteneciera a ese lugar. Comencé a extrañar mi casa, a mi hermano, a mi mamá, a mi abuelo. Jamás los había extrañado tanto, ni siquiera cuando estábamos peleando contra Naraku. Inuyasha y los demás siempre estaban ahí, y me hacían sentir en familia. Ahí estaba el problema. No tenía a nadie que me hiciera sentir acompañada, no como lo hacía Inuyasha. Inuyasha hacía que me sintiera querida y valorada. Él me hacía sentir que yo era importante. Lamentablemente, él ahora creía que yo estaba muerta. 'Ahora de seguro él cuida de Kikyo', pensé, desilusionada.

Recordé la escena que había visto en el bosque: Inuyasha abrazando a Kikyo. Me pareció ver esa imagen en el agua, y pateé una roca que estaba en el puente. Al caer al agua, ésta destruyó la escena. Alejé la vista del agua y apoye mis codos sobre la baranda del puente. Luego me limpié una lágrima que tenía en la cara, y apoyé mi cabeza sobre mi mano.

"¿Porqué…?"Pregunté en voz alta a nadie en particular y desvié mi vista hacia el agua, mientras las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos otra vez.

Luego de unos minutos, vi el reflejo de alguien que se acercaba, y me di cuenta de que tenía largos cabellos plateados. Por un momento creí que era Inuyasha, pero al acercarse me di cuenta de que no era él.

"¿Qué no estabas dormida?", preguntó Sesshomaru, parándose a unos pasos de mí.

Me di la vuelta y le contesté:

"Sí, pero me desperté y no me pude volver a dormir. Así que decidí salir a dar una vuelta por el lugar."

"¿Sin tu arco y tus flechas?", Preguntó con tono burlón, pero con la mirada más fría que de costumbre.

Me di cuenta de que a Sesshomaru no le había causado mucha gracia que yo saliera a dar una vuelta sin algo con lo que defenderme. '¡Qué raro!', pensé extrañada. Él se acercó un poco, y yo me apoyé en la baranda del puente, tratando de no sonrojarme, aunque no supe bien por qué me sonrojaba.

"Gracias por cubrirme con tu estola… o lo que sea eso.", le dije, señalando esa cosa peluda que siempre lleva en un hombro, mientras trataba, sin éxito, de no sonrojarme.

Sesshomaru hizo un gesto de indiferencia y miró para otro lado.

Lo miré y sonreí. Aún sentía mis cachetes ardiendo, pero dejó de importarme en el momento en que me miró con un brillo especial en sus ojos, generalmente fríos e inexpresivos.

"¿Porqué llorabas?", me preguntó.

"Yo… yo lloraba porque… porque extraño a mi vida de antes, junto a mi familia, en mi época. También lloraba porque extraño aquellos lindos momentos que pasé con Inuyasha y los demás, pero ahora piensan que estoy muerta. También… también lloraba porque me siento sola, sin nadie que me quiera o me aprecie.", contesté al tiempo que se me quebraba la voz y algunas lágrimas comenzaban a salir de mis ojos nuevamente.

"¿Ahora por qué?", me preguntó mientras se acercaba unos pasos más.

"No lo sé… Creo que por todo eso que acabo de mencionar. Me hace sentir una gran tristeza.", le respondí mientras más lágrimas caían de mis ojos. Desvié mi mirada al piso, me daba vergüenza que me viera llorar de esa manera. Pero Sesshomaru levantó mi mentón, y me miró a los ojos. Yo seguía llorando, no podía evitarlo. Cerré los ojos, y para mi sorpresa, al abrirlos de nuevo, vi que Sesshomaru estaba un poco más cerca que antes, pero su mirada volvía a ser la misma, fría y casi inexpresiva.

"No arruines tu rostro con el llanto.", dijo fríamente.

Luego, dio media vuelta, y se alejó. Yo me senté en el puente, y a los pocos minutos, me quedé dormida.

"Inuyasha POV"

Al día siguiente, desperté con una manta sobre mí. Miré alrededor, y vi que Kikyo ya no estaba ahí recostada. Me paré, y salí de la cabaña. La encontré afuera, junto a Kaede, recolectando vegetales en la huerta.

"¡Kikyo!", la llamé mientras me acercaba.

"¿Inuyasha? ¡Inuyasha!", dijo ella, parándose y yendo hacia donde yo estaba.

"Me alegra verte de buen humor.", le dije.

Ella me miró con una repentina tristeza en sus ojos, lo que me sorprendió, porque minutos atrás ella estaba con un humor radiante.

"Perdón Inuyasha.", me dijo.

"No fue tu culpa…", le dije, al darme cuenta de por qué se disculpaba. "Me di cuenta de que una energía extraña recaía sobre vos."

"De todos modos, lamento haber matado a… Kagome.", dijo Kikyo, con la vista fija en el suelo.

Kagome… yo la extrañaba mucho. Generalmente, el sólo hecho de saber que no podría verla por cualquier motivo, me molestaba, y mucho. Ahora, el saber que jamás la volvería a ver, me hacía sentir mucho peor. Miré a Kikyo mientras se alejaba y seguía a Kaede.

Me fui hasta el bosque, y caminé hasta un árbol. Lo miré, buscando algo en particular. Busqué y busqué hasta que la encontré. Aquella marca, hecha por una flecha sagrada, exactamente 55 años atrás. Me apoyé contra el tronco del árbol, y me recosté, mirando hacia el frente. Allá a lo lejos, había un poso, el Devora Huesos. Aquellos dos lugares, el poso y el árbol, eran los dos lugares en dónde Kagome y yo habíamos vivido algo que nos marcó de por vida. En ese momento… bueno, sentí que mi mundo finalmente se estaba cayendo a pedazos. Miré al cielo, y deseé que Kagome descansara en paz durante toda la eternidad. No me moví de ese lugar hasta que se hizo de noche.