"Detesto tener que ir a estas cuevas, y lo sabés muy bien, pero no me quedaba otra opción."

"¿Qué es lo que quiere que hagamos por usted, ama?"

"Necesito que ustedes maten a una mujer. Ella viaja junto al Lord del Oeste; tiene pelo oscuro, y ojos marrones como la tierra. Además es una sacerdotisa, aunque no creo que les sea complicado vencerla, ya que ella es bastante débil e ingenua."

"Haremos lo que sea necesario, ama."

Yami sonreía al admirar al ejército arácnido que tenía enfrente, mientras que 800 ojos la miraban con lealtad.

"Muy bien, tomen el camino del Oeste, y luego crucen al bosque más cercano. Si siguen mis instrucciones, hoy tendrán una rica cena.", luego sonrió y se movió a un lado. Momentos después unas cien arañas se iban de su guarida, listas para cenar una sacerdotisa "débil e ingenua".

. . .

Un monje peculiar caminaba por el bosque de regreso a su hogar, luego de haber sido llamado para liberar a un espíritu maligno de una casa en una aldea cercana, cuando voltea y reconoce una figura a orillas de un río. Llamado por la curiosidad, se acerca, y descubre con asombro que su amiga, a la cual creían muerta, era la dueña de esa figura que se veía borrosa entre los frondosos árboles de aquel lugar. Con un poco de miedo, llama por su nombre a esa mujer en frente de él. Ésta se da vuelta, y lo mira asombrada. Ella pronuncia el nombre de éste monje, y él la mira atónito. 'Está viva.', piensa para sí. Se siente mareado, pero se mantiene firme, aunque aquella sorpresa lo deja sin habla.

"Kagome POV:"

"¿Te sentís bien? Estás muy pálido.", le pregunté, tratando de romper aquel silencio incómodo que se había formado.

"Eh… sí, sí… estoy bien.", me respondió, tratando de salir de su asombro. "Creo que a Sango le va a agradar saber que se encuentra con vida."

"Ah... con respecto a eso, por favor, no quiero que nadie más sepa que estoy viva… así que, por favor, no le digas a Sango. Si Inuyasha se entera, vendrá a buscarme, y… y quiero que las cosas se queden así."

"¿Está segura, señorita?"

"Segura." No podía permitir que nadie más se enterase, ya que si no, todo sería un caos inmenso, y además tendría que ver la cara de Inuyasha antes de tiempo, y no estaba lista aún, aunque yo lo extrañara.

"Bien. Y… ¿En dónde está viviendo ahora?"

"Ah... bueno yo..."

Sentimos unos pasos que se acercaban, y luego de unos instantes, apareció Sesshomaru.

"¡¿Sesshomaru?!", preguntó Miroku al verlo acercarse. El Youkai sólo se limitó a echarle su característica mirada fría.

"Humana, aseate de una vez, que no voy a esperarte todo el día.", me dijo Sesshomaru, yo asentí, y luego se alejó.

Miroku me miró de reojo, me deseó un buen día y luego se fue.

Me desvestí y me metí en el río. El agua estaba helada, pero no me importó; yo ya no veía la hora de de sacarme los restos de sangre del pelo. Cuando estuve lista y vestida, fui hasta el claro.

Me daba un poco de vergüenza que Sesshomaru me viera así, porque al estar todavía un poco mojada, se me pegaba la ropa al cuerpo.

"¡Ya era hora! Creí que tardarías toda la mañana. ¡Muchas gracias por hacernos perder el tiempo!", dijo Jaken ni bien me vio.

"¡Ay, ¿Acaso no sabés hacer otra cosa que reprocharme absolutamente todo?!", le dije, totalmente harta.

"¡Si te reprocho algo, es porque lo merecés!"

"¿¡Y quién dijo que lo merecía?!"

"Ya nos vamos.", anunció Sesshomaru con impaciencia.

Monté sobre Ah-Un, y emprendimos la marcha. Sesshomaru remontó vuelo, y el dragón lo imitó.

Jaken se sostenía como podía de la estola perteneciente al Youkai, y yo observaba con asombro y admiración la vista que había debajo de nosotros; había flores de distintos colores, separadas por una sutil franja de tierra; cada una tenía un color diferente: algunas eran violáceas, otras rosadas, otras amarillas, otras rojas y otras blancas. Desde esa altura, parecía que volábamos sobre una tela con estampado escocés. Dejé escapar una risita y sonreí al notar que los pájaros que volaban se me acercaban. Uno de ellos, que era de un color entre negro y violeta oscuro, se posó en mi hombro. Acerqué mi mano con timidez y le acaricié la cabeza. Luego, éste picó suavemente mi mano, como un saludo, y se fue volando.

Estaba cayendo la noche, y habíamos parado en el bosque. Unas nubes de color de rosa surcaban el cielo, mientras el gentil viento las movía de acá para allá. El canto de los pájaros estaba comenzando a apagarse, y las estrellas amenazaban en salir. El firmamento se tornaba de color naranja rojizo, y a lo lejos, en el horizonte, podía contemplarse esa bola brillante de fuego, llamada Sol, que se ocultaba lentamente detrás de unas montañas, marcando así el fin de aquel día. Un alegre riachuelo serpenteaba no muy lejos, así que decidí ir hasta allí para refrescarme un poco la cara. Esta vez, llevé mi arco y mis flechas.

Cuando me estaba yendo hacia ese riachuelo, sentí que una energía maligna se acercaba hacia nosotros rápidamente, pero luego se detuvo de repente.

"Nos vigilan.", escuché que Sesshomaru decía.

Coloqué una flecha en mi arco y esperé. Sesshomaru también estaba atento a cualquier movimiento. Jaken estaba parado a su lado con su extraño báculo listo. Sentí cómo se comenzaba a acercar aquella criatura, y a cada segundo se escuchaba más fuerte un extraño clic, clic, como el de unas mandíbulas de insecto abriéndose y cerrándose. De la nada, el ruido paró. Pude percibir la tensión en el ambiente.

Entre los árboles, un par de ojos me observaban. Yo me preparé, estaba totalmente lista a disparar en cualquier momento. Le apunté con mi flecha, caminé dos pasos, y cuando faltaba una milésima de segundo para que yo disparara, una criatura de apariencia arácnida se abalanzó sobre mí. Como pude, salté a un costado y le disparé. Al ver que se hacía polvo, me di la vuelta y vi que Sesshomaru estaba peleando contra otras dos arañas. Me volví, y vi que había otras tres enfrente mío. Les disparé unas cuantas veces, pero eran muy rápidas. Los monstruos que atacaban a Sesshomaru yacían en el suelo, muertos, pero otra tanda se le acercaba. Lo mismo me sucedía a mí; ya había otras dos arañas monstruosas acercándose. Las otras tres seguían vivas, así que ahora había cinco arañas tratando de matarme. 'Excelente, me reviven y luego de dos días voy a morir de nuevo. ¡Excelente!'

Aquellos monstruos me tenían prácticamente rodeada. Yo les lanzaba flechas, las mataba, y aparecía otra en su lugar automáticamente. Me sentí totalmente perdida, desesperada, sin ninguna oportunidad de salir de allí con vida. Volví mi vista rápidamente hacia Sesshomaru, y apenas podía verlo, ya que otro mar de arañas estaba rodeándolo. Eso me desanimó casi totalmente. Esto hizo desesperarme de tal forma, que se me ocurrió entregarme a las arañas, para que acaben con mi vida. 'No, no valdría la pena. Además, estaría menospreciando el hecho que Sesshomaru me devolvió a la vida, pero… En serio, ¿¡Porqué todo tiene que ver con esas estúpidas arañas!? ¡¿Porqué siempre arañas?!'

Yo disparaba a más no poder, pero se me estaba acortando mi suministro de flechas. Esto me hizo reconsiderar mi idea de entregar mi vida a esos monstruos. En un momento dado, alcé mi mano para tomar otra flecha, pero me di cuenta de que se me habían acabado. 'Genial. Ahora sí estoy muerta.', pensé con amargura y desilusión. De la nada, una luz verde, algo blanquecina, se elevó por los aires y destruyó a todas las arañas, convirtiéndolas polvo y huesos al instante. No me había dado cuenta hasta entonces, pero esos instantes había estado conteniendo la respiración. Solté el aire que tenía retenido en mis pulmones, y respiré aliviada, sabiendo que el problema se había solucionado finalmente.

Caminé hacia donde estaban Jaken y Sesshomaru. Éste estaba guardando su espada, y repentinamente, todo ese alivio que sentía, se transformó en furia e indignación.

"¡¿Porqué no usaste tu espada antes?!", le pregunté furiosa.

Lo único que dijo fue:

"¡Vamos!", y me dio la espalda.

Yo los seguí, no podía quedarme ahí parada entre los cadáveres de arañas en medio de la noche. Si hubiese tenido la fuerza de voluntad y el descaro necesario, ya le habría arrojado una roca en medio de su cara… pero claramente después me habría dejado ahí y me habría prohibido acompañarlos, como mínimo. Me resigné, sabía que no se podía hacer nada para cambiar su actitud. Además, sólo los acompañaba para que Sesshomaru no me debiera ningún favor, según lo que yo creía.

"Bien, al parecer mi vida se va a tornar aún más miserable…", dije en un susurro pensando en el hecho de que ya no tenía con qué defenderme, pero me había olvidado de que, por más que Jaken estuviera más adelante, él era un Youkai, así que escuchó lo que dije.

"¡Al menos, deberías estar agradecida de que mi amo te devolvió la vida! ¡No seas ingrata!", dijo con su característica voz.

Yo lo ignoré, ya me estaba acostumbrando a que me dijera cosas así. Me mantuve en silencio el resto del trayecto.

Cuando nos detuvimos, me recosté contra el tronco de un árbol, y me relajé. Ya no habría problemas. Las arañas estaban muertas, y por suerte, yo estaba viva. Por más que en el momento en que Sesshomaru usó su espada me sentía veía enojada, en realidad estaba más que agradecida. 'Hay veces en que ni yo misma me entiendo.', pensé, riéndome en vos baja. Miré alrededor, buscando a aquel orgulloso Youkai. No lo encontré, y por algún motivo me preocupé. ¿Por qué no estaba ahí cerca, sentado en una rama, o sentado cerca del fuego, o recostado en un árbol? 'Pero, ¿de qué me preocupo? Si él quiere, él va a desaparecer durante la noche y va aparecer durante el día, como solía contarme Rin. No tengo que preocuparme por él… aunque no puedo evitarlo.' Llevada por un impulso que no reconocí, me paré y comencé a adentrarme en el bosque. Jaken me dijo que me quedara ahí, pero sólo le contesté que iba a pasear por ahí.

"Al amo bonito no le va a gustar nada si regresa y ella no está. Encima, no tiene con qué defenderse. ¡Qué tonta!", le escuché decir, mientras me seguía.

"Jaken, por favor, no me sigas. Yo sé adónde voy, y asumo el riesgo de adentrarme en al bosque sin protección alguna.", le dije, pero como no me hizo caso, lo que hice fue levantarlo del cuello de su ropa, caminar hacia la fogata, dejarlo ahí sentado e irme corriendo.

Cuando estaba lo suficientemente lejos, caminé durante unos minutos, y comencé a sentir una presencia poderosa. No era maligna, y ya la conocía bastante bien. Esperanzada de repente y sin saber porqué, caminé rápido hasta esa presencia, y tal y como esperaba, me encontré con Sesshomaru.

"¿Qué?", me preguntó. Sonaba malhumorado. Me dieron ganas de regresar por dónde había venido.

"Yo... yo sólo había salido a caminar un poco, y de repente sentí tu presencia y… eh…", me puse nerviosa y bajé la mirada, pero al hacerlo, vi el estado en que se encontraban sus manos. "¡Estás herido!" Tenía grandes cortes en sus nudillos, y en el resto de sus manos, casi llegando a sus muñecas. Me acerqué y sin pensarlo, tomé una de sus manos para examinar la gravedad de esa herida. Ésta estaba infectándose, y al parecer llevaba abierta unas cuantas horas. Eso fue todo lo que descifré en pocos segundos, ya que Sesshomaru retiró su mano de entre las mías.

"No te atrevas a tocarme de nuevo.", me dijo con su voz más fría que de costumbre, con una mirada gélida.

"¡No, yo voy a curarte! Las heridas se están infectando rápidamente y se pondrán peor. A menos que quieras perder ambas manos.", le dije, mirándolo a los ojos, sosteniéndole la mirada.

Él cerró los ojos, y emitió un leve gruñido.

Yo me fui, fingiendo volver a la fogata, pero en realidad, me dirigí hacia allí para buscar alguna que otra planta medicinal. Encontré una planta de lavanda, pero no reconocí alguna otra. No tenía un recipiente de barro o metal en el cual preparar una infusión, pero se me ocurrió machacarlas un poco con una roca. Kaede me había enseñado a preparar una pasta en base a las hojas de lavanda y sus pétalos.

Fui hasta un río que al parecer recorría toda la región, y sumergí una roca plana en el agua para limpiarla un poco, y luego encima de ésta machaqué la lavanda, tal y como me habían enseñado. De a poco se fue formando una pasta entre verde y violeta, que realmente se veía asquerosa, pero ayudaría a sanar las heridas que tenía Sesshomaru en sus manos. Luego, volví a la fogata y me coloqué cerca del fuego, sosteniendo la roca con la pasta de lavanda en una mano. Esperé hasta que se calentó lo suficiente y liberó un olor a lavanda que se esparcía por todo e l lugar.

Ya me estaba parando para ir a donde estaba el Youkai, cuando recordé que no tenía ni vendas ni nada con qué esparcirle la medicina… ¿O sí? Antes de ir hasta allí, fui directo al río. Me arrodillé frente al agua, y usándola como un espejo, observé mí reflejo mientras me sacaba las cintas blancas de tela que mantenían mi pelo en su lugar. Tenía dos trenzas, una a cada lado, sujetas por una cinta cada una, y tenía el resto del cabello atado con una cinta. Cuando me las saqué, las sumergí en el agua para limpiarlas, y luego me paré, y fui corriendo de regreso al lugar en donde se sentía la presencia de Sesshomaru, con la pasta medicinal en una mano, y las cintas en otra.

Al llegar, lo encontré en el mismo lugar. Estaba dormido. Se veía adorable, con su pelo platinado brillando a la luz de la luna. Sus marcas violáceas a cada lado de su rostro se veían más oscuras, al igual que la luna en su frente. Me acerqué, y rezando para que no se despertara, tomé una de sus manos y comencé a limpiarle la sangre seca con la cinta mojada. Hice lo mismo con su otra mano. Luego, unté un poco de la pasta de lavanda sobre una de las lastimaduras con la misma cinta. No habían pasado ni diez segundos, cuando sentí que Sesshomaru comenzaba a despertarse. Mientras tanto, yo seguía con mi labor, y noté cómo la pasta lanzaba un agradable olor a lavanda.

"¡Acaso no te dije que no te atrevieras a tocarme de nuevo!", dijo Sesshomaru, mirándome fríamente.

"No podía dejarte en este estado; no podía y no quería.", le contesté.

Ignorando la forma en que me miraba, yo seguí poniéndole esa pasta en sus cortes. De la nada, intentó mover su mano, pero su rostro se crispó unos instantes, para volver a relajarse de nuevo. Eso me hizo pensar que a él realmente le dolían sus manos, pero gracias a su orgullo, no se atrevía a decirlo. Lo miré como diciendo '¿Ves?', y tomé su otra mano, para ponerle esa pasta allí.

Cuando terminé, lo vendé con las cintas restantes.

"Listo, luego de unos días será buena idea revisar cómo va todo.", luego regresé a la fogata. Noté que Sesshomaru me seguía mirando fríamente, aunque ya no tanto como antes. Sentí un fuerte olor a pescado asado, y vi que Jaken había estado cocinando unos pescados. Yo agarré uno de los que estaban clavados en el suelo, y me lo empecé e comer. Me dio un poco de frío, así que me acerqué más a la fogata.

"Sesshomaru POV:"

No entendía del todo el porqué me había curado. Me sentí confundido; por un lado quería darle las gracias, pero por el otro no quería admitir que en el fondo me sentía agradecido. La seguí hasta la fogata, y me senté en la rama de un árbol un poco más alejado de ella y de Jaken, y la observé. Su olor me repugnaba, y la idea de que se hubiera atrevido a curarme me parecía una locura. Está bien, le había devuelto la vida, pero sólo porque Colmillo Sagrado quería eso. Entonces a ella se le ocurre curarme las heridas en mis manos. Mientras hacía eso, me sentí extraño. Fue la misma sensación que tuve cuando Rin me intentaba ayudar cuando me vio por primera vez.

Observé la escena que sucedía junto a la fogata. Allí estaba ella, sentada junto al fuego. Noté cómo le daba un escalofrío, y se acercó más al fuego. Ella comía su pescado, y a pesar que no fuese una gran cena, ella comía apreciando cada bocado. De vez en cuando, ella le dedicaba una sonrisa a Jaken. De la nada se dio vuelta, me miró sorprendida al darse cuenta de que los estaba observando, y sonrió ligeramente. Enarqué una ceja y se dio vuelta rápidamente, avergonzada. Por más que hubiese ocurrido en unos pocos segundos, me di cuenta de que se había sonrojado. Recordando aquella sonrisa, sentí un cálido sentimiento que me recorría, y me calentaba por dentro, por más que esa noche hiciera frío. Cerré los ojos, y no pude evitar disfrutar de aquella sensación, ya que era muy placentera.

Luego de un rato, sentí que alguien se acercaba. Abrí los ojos y allí estaba ella. Había clavado uno de los pescados junto a mí. Al levantar la mirada, se sonrojó al notar que yo estaba mirándola.

"Comelo si querés.", dijo con un toque de nerviosismo en su voz. Luego, dio media vuelta y se fue.

Yo observé el pescado. No era una gran cena, pero tenía un poco de hambre. Lo agarré y lo mordí. Hacía mucho tiempo que no comía un pescado que supiera bien. Olía muy bien, y reconocí un par de especias. Una media sonrisa se formó en mis labios.

[3ª persona]

Kagome observaba complacida la reacción de Sesshomaru al probar ese pescado. Ella le había puesto un par de especias, para darle más sabor, y luego lo había tostado un poco más. Jaken la observaba asombrado. Él no creía que eso le fuera a gustar a su amo. Kagome sonreía, observando al Youkai comerse el pescado.

"Te dije que condimentado sabría mejor, Jaken.", le dijo al Youkai que la miraba atónito.

Sonrió para sí misma y se alejó un poco. Se recostó entre las raíces de un árbol, y usando sus manos como almohada, recostó allí su cabeza, cerrando sus ojos, hasta que se quedó profundamente dormida.

Sesshomaru la observaba. Ya había terminado de comer, y le había gustado el sabor del pescado, aunque no quería admitirlo. Pensó que también sería buena idea el irse a dormir. Estaba cansado, y no quería pensar nada más hasta que fuera de día. Se acomodó un poco, miró por última vez la luna, y cerró los ojos. Lugo de unos minutos, calló en un sueño profundo y tranquilo.

Jaken fue el último en dormirse. Él había estado observando a su amo al notar que se había quedado dormido. Algo en su amo no estaba bien. Había notado que la humana ya no tenía su pelo recogido, y que su amo tenía las cintas que la humana tenía en su pelo, envolviéndole sus manos. Además, éstas también despedían un olor a lavanda que cualquier Youkai o monstruo podría llegar a oler. ¿Acaso la humana quería que algo o alguien atacara a su amo atrayéndolos con ese olor? Antes de quedarse dormido con ese pensamiento, él se prometió que averiguaría qué era lo que esa humana tenía en mente.