"Kagome POV:"

Ya había pasado el medio día, y seguíamos volando. Para ser sincera, ya me había dado hambre, pero no quería saber qué me podría pasar si molestaba a Sesshomaru. Se lo veía molesto, o nervioso, o… bueno, estaba claro que no estaba de buen humor. Lo mismo parecía haber sido notado por Jaken, el cual no había hecho ni un sonido hasta el momento.

En un momento me sentí tentada de preguntarle a Sesshomaru qué le pasaba, pero no me había dado cuenta de que me había quedado mirándolo fijamente un buen rato. "¿Perdiste algo?", me había preguntado fríamente, aunque me pareció detectar irritación en su voz. De repente, se escuchó un rugido proveniente de mí estómago. Avergonzada, me sonrojé y bajé la mirada. Después de eso, no me atreví a mirarlo de nuevo ni por un segundo. Por suerte, mi estómago no había vuelto a dar señales de vida, así que me relajé un poco.

—Inuyasha… me pregunto qué estarás haciendo en este momento… ah…— susurré mirando hacia atrás, encontrándome con un hermoso paisaje verde, lleno de árboles y vegetación.

Sin poder evitarlo, una nostálgica lágrima rodó por mi cachete, y sonreí. Realmente lo extrañaba, pero por algún motivo no podía dejar de pensar en la escena que había visto aquella vez: Kikyo abrazando a Inuyasha, e Inuyasha diciéndole a kikyo que le alegraba verla. Eso no era tan grave, pero igual me hacía sentir de nuevo como plato de segunda mesa.

— ¡Qué tonta fuiste, Kagome! ¡Tonta!—murmuré con amargura.

Una lágrima rodó por mi cachete, esta vez llena de amargura, mientras que mi sonrisa temporaria desaparecía de mi rostro sin dejar rastro. Bajé la mirada, y mientras contemplaba el suelo, me di cuenta de que éste se acercaba y se volvía más grande y más nítido. No, nosotros estábamos acercándonos.

Al llegar al suelo, bajé de Ah-Un, y una lágrima volvió a rodar por mi cachete. Miré al frente, y me apresuré a limpiar la lágrima de mi cara, al ver que Sesshomaru me miraba con una ceja levantada.

— ¿Qué?—pregunté secamente.

Digamos que mi voz sonó un poquito (mucho) más fuerte y fría de lo que a mí me hubiese gustado. No estaría de más decir que hasta sonó un poco desafiante. Pero… como de costumbre, Jaken ya estaba ahí, defendiendo a su amo.

—Niña, ¡más respeto hacia mi amo! ¿Qué te hace pensar que podés hablarle de ese modo, eh?

— ¿Tanto te cuesta decir "por favor"?—Le dije con irritación, ya que más lágrimas amenazaban en salir, y no me podía permitir el perder mi orgullo dejando que me viesen llorar.

— ¡¿Y tanto te cuesta dejar de decir insolencias, niña?! ¡Me vas a volver loco!

— ¡Por favor! ¡Ya basta! ¡DEJAME EN PAZ!—Le grité, dejando salir mis lágrimas finalmente.

Me alejé corriendo y me senté entre las raíces de un roble y me eché a llorar. Mientras corría, sentí a Jaken gritándome que me comportara y que no lo dejara hablando sólo, y bla, bla, bla. Lo sé, mi comportamiento había sido demasiado infantil, pero bueno, necesitaba desahogarme de algún modo.

—D-de t-todos m-modos, S-S-Sesshomaru ya me vio llo- llorando, as-s-sí que ya pe-perdí mi org -orgullo hace u-unos di-días. — me dije entre sollozos.

Cubrí mi rostro con mis manos y seguí llorando durante un rato, hasta que sentí la presencia de alguien acercándose y, al sacarme las manos de la cara, me encontré con un par de intensas orbes doradas que me miraban fijamente.

"Sesshomaru POV:"

Luego de un tiempo de discutir idiotamente con mi conciencia, decidí olvidarme de aquello. De repente, sentí que alguien me miraba fijamente. Miré hacia atrás, y vi que esa humana me estaba observando.

— ¿Perdiste algo?—le pregunté tratando de mantener la usual frialdad en mi voz.

Antes de que ella pudiera decir algo, escuché un sonido similar al rugido de un estómago cuando un humano tiene hambre. Ese sonido no lo escuchaba desde que decidí dejar a Rin en esa aldea. La humana se sonrojó y bajó la mirada. Volví mi vista hacia el frente, y luego de eso, no me volví a sentir observado de nuevo. Habiendo escuchado ese sonido, una gran cantidad de recuerdos afloró en mi mente. Traté de ignorarlos, pero mi mente se desviaba hacia ellos. Mientras observaba el claro que había por debajo de nosotros, me pareció ver a Rin correteando feliz por ahí, o jugando entre las mariposas, o cosas así.

En un momento dado, me pareció sentir el olor salino de las lágrimas, y supuse que esa humana estaba llorando. Entonces, se me ocurrió que a la humana le agradaría bajar y tomar un descanso y comer algo, ya que de seguro tenía hambre. 'De nuevo ese pensamiento. ¿Por qué me preocupo por ella? No debería hacer caso a sus necesidades. ¡Puede aguantar unas cuantas horas más, o lo que a mí me plazca!', pensé molesto. De nuevo, tarde. Ya había tocado el suelo.

—Espero que esto no se vuelva costumbre. —dije en un susurro, inaudible al oído humano.

Volví a sentir el olor de las lágrimas, y vi que la humana tenía una lágrima rodando por su rostro. Arqueé una ceja, extrañado, ya que no era normal que ella llorara. Generalmente tenía un humor radiante, y tan alegre, que a veces me era insoportable. Al darse cuenta de que la estaba observando, limpió la lágrima de su rostro.

— ¿Qué?—preguntó.

Como era de esperarse, Jaken ya estaba allí, quejándose. La humana le hablaba con irritación, y se notaba que trataba que la voz no le temblara. 'Trata de hacerse la fuerte, aunque es claro que no soportará más.' Ni bien terminó de surgir esa idea en mi cabeza, la humana rompió en llanto. Se alejó corriendo y se echó a llorar entre las raíces de un gran roble. Jaken le gritaba que se comportara y que no lo dejara hablando sólo. La verdad, eso se había vuelto demasiado molesto.

—Jaken, ¡Ya basta!—le ordené.

—S-sí, amo. Como usted diga.

Me senté en una rama de un árbol, y cerré los ojos, tratando de meditar. Me dije a mi mismo que no lo lograría a menos que callara el llanto de esa humana. Bajé de la rama, y me dirigí hacia ese roble. Mientras me acercaba, la observé, allí sentada, con las piernas cerca del cuerpo, sus brazos sobre sus piernas, y su cabeza sobre sus manos, cubriéndose el rostro, llorando como si no hubiese un mañana. Realmente se veía miserable. Al estar enfrente de ella, me agaché, para quedar a su altura. En ese instante, ella se destapó su rostro, y me miró con ojos llenos de sorpresa.

— ¿Se-Sesshomaru? ¿Qué pasa?

Por unos instantes me limité a observar sus ojos. Sin duda no había visto ojos tan expresivos en ningún otro lugar. En ellos pude notar la evidente sorpresa, la tristeza, la nostalgia y… ¿Celos? ¿Rabia? No estaba seguro. Ella me observaba, aparentemente buscando en mi rostro el motivo por el cual había ido hasta allí. Al no encontrar un motivo, suspiró resignada y se limpió las lágrimas restantes.

— ¿Hice algo malo?— me preguntó, y al mirarme a los ojos vi algo de temor en ellos.

'¿Me teme?', me pregunté. Eso era algo que no me había planteado. Ni siquiera se me había ocurrido. Al ver que no daba respuesta alguna, cerró los ojos y ocultó su cara detrás de su flequillo. Al ver que no lloraba, me paré y me alejé.

—Esperá… ¡Sesshomaru!—le escuché decir mientras se acercaba corriendo.

Me di vuelta y la miré.

— ¿Qué?—le pregunté.

—Es que… me preguntaba… ¿Porqué me aceptaste? Es decir, ¿Por qué aceptaste que viajara con ustedes?

— ¿Porqué? No te importa. Eso no es asunto tuyo.

—De hecho, Sesshomaru, sí lo es. Me salvaste, pero también aceptaste mi compañía. Así que, yo estoy tan involucrada como vos lo estás. Por lo tanto, ¿Me podrías decir por qué me aceptaste?

—Si tanto te interesa saber, acepté tu compañía porque un favor sólo se paga con otro. Listo, ahí está tu respuesta. —le contesté, tratando que me dejara en paz.

—Un segundo, ¿Me aceptaste sólo porque te sería útil que una sacerdotisa te acompañara en tu viaje? ¿Por eso te dejaste curar por mí?—me dijo, enojada.

Pude detectar cierto dolor en su voz, y sus me lo ojos confirmaban. Ignoré ese hecho e hice algo de lo que jamás creí que me arrepentiría en un futuro cercano, ni nunca.

—Eso me recuerda—dije mientras me sacaba esas cintas que ella me había puesto en las manos a falta de vendas. —. Esto ya no me sirve.

Luego me alejé, dejando esas cintas en el suelo.

—Lo vas a lamentar, Sesshomaru. Cuando necesites mi ayuda, no voy a hacerte caso, ¿Entendiste? No me importa si te estás desangrando. No me importa si tu vida pende de un hilo. Así vas a aprender a no tratarme como un objeto.

Me di vuelta bruscamente. ¿Cómo se atrevía a tratarme de ese modo? Esas palabras estaban impregnadas de odio. Observé a la humana, la cual me miraba con desprecio. Detrás de ese odio, se encontraba un profundo dolor y una fuerte frustración, aunque yo no estaba totalmente seguro. No estar seguro de algo siempre me molestaba. Odiaba la incertidumbre.

— ¿Es eso una amenaza, humana?—le pregunté, mientras en una de mis garras comenzaba a formar mi látigo.

—No me gusta que me traten como a un objeto. Ah, y mi nombre es Kagome. Ka-go-me.

Luego, se fue furiosa de vuelta hacia ese roble, y se sentó en una de sus raíces. Yo me dirigí hacia el árbol en donde estaba antes. Mientras iba hacia allí, sentí su mirada llena de odio, clavada en mí.

. . .

Después de ese día, su humor cambió considerablemente. No hablaba, no sonreía, y rara vez estaba alegre. Era casi como si no estuviese allí, si no fuese porque se sentía su aroma y podía escuchar sus pasos. Esos días caminábamos, ya que estábamos cerca de nuestro destino, y yo no tenía ningún apuro.

Un día, luego de haber parado por la noche, Jaken se acercó y me hiso una pregunta.

—Amo, ¿Usted sabe qué le pasa a esa humana? Hace como una semana que no habla.

Una mirada bastó para que Jaken callara. Yo sabía la respuesta, claro, pero no se la diría. Ni yo mismo podía terminar de convencerme de que una humana pudiese ser tan… rencorosa. Mucho menos una humana que se pasaba prácticamente todo el día feliz y tarareando una canción, o sentada entre las flores mirando el cielo.

La observé. Cualquiera diría que estaba durmiendo, si no fuese por una lágrima que caía de uno de sus ojos. A la luz de la luna se veía como un cristal resbalando sobre porcelana. '¿Pero qué clase de pensamientos son esos?', me pregunté, disgustado por aquello que pensaba al verla. Ella abrió los ojos lentamente y miró la luna llena. Una lágrima más rodó por su rostro antes de darse cuenta de que la estaba observando. Luego, se paró, y se acercó a la fogata que Jaken acababa de preparar, dándome la espalda.

Éste se acercó a mí, sosteniendo un pescado asado clavado en una rama con una mano.

—A-amo, ¿No quiere comer?

—No como comida de humanos. Creí que ya lo sabías, Jaken.

—No fue lo que vi aquella vez que te ofrecí ese pescado condimentado. —dijo la humana, luego de ocho días sin decir nada.

Jaken se sobresaltó al escuchar su voz, y la miró con asombro.

— ¿Qué? ¿Ya se te olvidó que estaba viva, Jaken?—preguntó la humana, al parecer, divertida.

Jaken no habló ni se movió de donde estaba.

—No tengo hambre. —comentó la humana.

Luego, se recostó contra un árbol cercano a la fogata, y al poco tiempo se quedó dormida.