(Inuyasha recibe un vistazo al infierno.)
Luego de estar todo el día yendo de aldea en aldea, Inuyasha y los demás decidieron descansar un poco. Inuyasha no les dijo nada a los demás, pero el claro en el que descansaron había un fuerte olor a Kagome y a Sesshomaru. El medio demonio estaba al tanto de ello, y tenía la falsa esperanza de que si descansaban allí, quizás al día siguiente tendrían más posibilidades de encontrar a Kagome.
—Inuyasha, ¿no te parece que acá huele a Kagome?—preguntó Shippo inocentemente a la vista de todos.
Todos los presentes miraron a Inuyasha con interés. Él tan sólo los ignoró y subió a la rama de un árbol.
—Al parecer no, Shippo. Debe de ser tu imaginación. —dijo Miroku.
—Yo estoy seguro de que acá huele a Kagome. ¿No es así, Kirara?—contestó el zorrito.
Kirara sólo maulló inocentemente y se subió al hombro de Sango. Desde ese momento nadie volvió a tocar el tema. Inuyasha, por otro lado, allí, en la rama de ese raquítico árbol que había elegido para descansar, pensaba en Kagome. No podía sacársela de la cabeza desde que se había enterado de que seguía viva. 'No te preocupes, Kagome. Ya vamos para allá. No dejaré que sigas sufriendo al lado de ese idiota.', se repetía mentalmente cada dos por tres.
Los días siguientes no hubieron muchas más novedades. Habían dejado de preguntar en las aldeas, así que sólo se ocupaban en seguir el rastro dejado por el olor de Kagome. Con la lluvia se les había complicado mucho más encontrar el rastro, pero de todos modos confiaban en que el olfato de Inuyasha no fallara, ya que si se desviaban tan solo 100 m., no podrían encontrar el camino correcto de nuevo.
Una tarde, Inuyasha se separó del grupo. Los demás ya se habían dado cuenta de ello, pero decidieron no detenerlo. Al estar Kikyo con ellos, sabían que no habría peligro. Algunos de ellos se pusieron a buscar pescados para cenar, y otros se pusieron a preparar la fogata. Eran momentos como este en los que Miroku, Sango, Shippo e incluso Kirara, extrañaban las sopas instantáneas de Kagome.
Inuyasha corrió y corrió hasta que sintió una presencia detrás. Esa presencia ya la había sentido antes. Se dio vuelta, y se encontró con esa anciana que había estado hablando con Kikyo.
—Vaya, vaya, Inuyasha. Imagino que tu querida Kagome ha de estar dando vueltas en tu mente desde hace unos días, ¿No es así? Lamentablemente, debo decirte que ya se te escapó de las manos, tonto.
— ¡Dejame en paz, bruja!—Contestó Inuyasha.
Luego, se subió a un árbol, y observó el cielo. Ya había anochecido, aunque todavía había un poco de luz en el horizonte.
—Al parecer no sos, tan tonto como yo pensaba. Al parecer las obviedades no se te escapan, ¿No? O… tal vez sí. Inuyasha, te repito que tu Kagome no te ama. Ya la perdiste, tonto. —dijo Yami con malicia.
— ¡Ya basta! Vieja bruja, ¿Qué te hace pensar que ella ya no me ama? No la conocés de la forma en que yo la conozco. —contestó Inuyasha; su rabia comenzando a brotar.
—Ay, ay, ay. Me pregunto si algún día dejarás de ser tan necio, tonto. Por tercera vez, Kagome no te ama.
—Entonces, ¿De quién puede haberse enamorado, eh? ¡¿De quién?! ¡ ¿Del idiota de mi hermano, maldita bruja?!—gritó Inuyasha, bajando del árbol de un salto y desenvainando su espada.
— ¡Ah! Inuyasha, de nuevo me sorprenden tu "inteligencia" y "astucia"—dijo Yami sarcásticamente. —. Efectivamente. Kagome se enamoró de Sesshomaru.
— ¡Maldita bruja, no creas que sos capaz de hacerme creer semejante idiotez!—dijo Inuyasha, con el Viento Cortante formándose en su espada.
—Bueno, al parecer, será mejor de traer la artillería pesada. —dijo Yami, y rió maliciosamente.
Al instante siguiente, una nube de color violeta oscuro se formó alrededor de Inuyasha. Éste, alarmado, guardó su espada, para luego cubrirse la boca y nariz con su brazo.
—No es veneno, no valdría la pena matarte tan rápidamente, tonto. —dijo la voz de Yami en algún lugar.
Aunque Inuyasha no podía saber de dónde exactamente, ya que la niebla se volvía cada vez más espesa. Luego de unos momentos, la niebla desapareció, e Inuyasha miró sorprendido a su alrededor. Estaba en un lugar muy diferente al bosque en que estaba antes. Yami estaba a su lado, sonriendo.
— ¿No creías que Kagome se hubiese enamorado de tu hermano? Bueno, ahí está la prueba de que lo que yo dijo es verdad.
Yami señaló al frente. Inuyasha obedeció y vio una escena que lo dejó pasmado. Sesshomaru y Kagome se encontraban en un puente, en medio de un río. El odioso de su hermano tenía una mano en la cintura de Kagome, y con su otra mano acariciaba el lado izquierdo del rostro de la chica. Estaban muy cerca. Este simple hecho hizo que a Inuyasha le hirviera la sangre.
—No hablés cuando no sabés de lo que estás hablando. —le decía Sesshomaru.
—Se-Sesshomaru…—escuchó Inuyasha que Kagome decía, mientras la joven se sonrojaba notoriamente.
—Shh… no digas nada. —contestaba el Youkai.
Inuyasha vio cómo su hermano se acercaba a los labios de Kagome, rezando internamente para que ella se resistiera. Cosa que para su desesperación, no sucedió en absoluto. De lo contrario; al ver lo que iba a pasar, la joven había cerrado los ojos y ni se había movido. Su boca había permanecido inmóvil por unos pocos segundos, hasta que la abrió y respondió al beso de Sesshomaru. No sólo a ese, si no que a los que siguieron a continuación. Mientras, Sesshomaru acariciaba la espalda de Kagome con su mano derecha, y con la izquierda, acariciaba con su pulgar el cachete de la chica. Lentamente, las manos de la joven se colocaron alrededor del cuello del Youkai, haciendo presión entre ambos.
Inuyasha, rojo de la ira, se puso a gritar como un loco, insultando a su hermano, la mayor parte del tiempo.
— ¡Bastardo, no la toques!—repetía y repetía, causando a Yami dolor de cabeza.
—Inuyasha, no te esfuerces en gritar, ya que ellos no pueden oírnos. —dijo Yami por enésima vez.
Luego de unos segundos más, Yami decidió que era hora de volver. Niebla violeta se volvió a formar alrededor de ellos, y a los pocos segundos, ya estaban de vuelta en el bosque.
—Bueno, Inuyasha, creo que eso fue suficiente para convencerte. Dicen que la curiosidad mató al gato, pero en este caso, mató al perro. —dijo la bruja para luego lanzar una carcajada.
— ¡MALDITA!—Gritó Inuyasha mientras desenvainaba a Colmillo de Acero.
[En algún lugar, sobre un pintoresco puente]
—Sesshomaru…—Decía una sacerdotisa de largo pelo oscuro y ojos color chocolate, al mismo tiempo que se alejaba un par de pasos de aquel Youkai de ojos color miel, que la miraba atentamente.
Kagome se apoyó en la baranda del puente, y dio un tembloroso suspiro. Decididamente no iba a llorar de nuevo. Le dio la espalda al Youkai, y se abrazó a sí misma. Estaba confundida. Sesshomaru la había besado, pero ella había correspondido, y no sólo una vez, si no que… bueno, a la quinta dejó de contar. ¿Qué sentía en ese momento hacia Inuyasha? ¿Qué sentía en ese momento hacia Sesshomaru? Realmente estaba confundida. Cerró los ojos, y al abrirlos de nuevo, notó que había una mano en su hombro. Se dio vuelta, y allí estaba Sesshomaru, mirándola.
—Vamos. —le dijo a la joven mientras gruñía ligeramente.
Ella lo miró, sorprendida, pero de todos modos lo siguió. Kagome seguía realmente confundida. Necesitaba una explicación, aunque ni ella misma podía entender el porqué ella había actuado así también. 'Primero necesito dormir. Mañana, cuando esté más descansada, voy a meditar sobre esto.', pensó mientras bostezaba. 'Y con un poco de suerte, voy a lograr sacarle una respuesta consistente a este orgulloso Youkai.'
¡¿Por qué demonios él había actuado así?! Él era Sesshomaru; el Gran Lord Sesshomaru del Oeste; el Gran Lord Sesshomaru del Oeste, el hijo del Gran Lord Inu no Taisho, antiguo Lord del Oeste. ¡¿Dónde demonios había quedado ese gran orgullo, propio de un gran Youkai?! ¡¿Qué demonios le pasaba?! ¡¿Por qué había besado a una miserable humana?! Se había rebajado lo suficiente como para cometer el acto de unir sus labios con los de un ser infinitamente inferior a él. Su mente iba de un lado a otro, buscando una solución, intentando no desconcentrarse ya que… ¡Ah! No podía evitar sentirse furioso consigo mismo por cometer tan humillante acto… pero por otra parte, su mente se negaba a olvidar el dulce sabor que había sentido al besar a aquella humana. 'Malditos sentimientos humanos. Maldita debilidad; debilidades son algo que yo, el Gran Sesshomaru, no poseo ni necesito. ¡Yo no…!'. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el bostezo de la humana que lo seguía en silencio. Volteó ligeramente, y vio cómo ella tenía un gran asombro en su mirada, el cual seguía allí desde hacía un buen rato. La joven, al notar que el Youkai la observaba cerró los ojos con fuerza. Ante este acto, Sesshomaru no pudo hacer más que sorprenderse, aunque su rostro no se humillaría más al mostrar lo que pensaba. Trató de olvidar el hecho de que esa humana había sido la causa de su humillación, y continuó caminando, con la vista al frente. Jamás volvería a dirigirle la palabra a esa humana.
