(Fin del viaje, por ahora)

— ¡No, Inuyasha!—Gritaba desesperadamente una dulce sacerdotisa, mientras las lágrimas rodaban en su rostro, asemejando un manantial.

— ¡Silencio Kagome!

—Inuyasha, ¡No me hagas esto! ¡Por favor!—Suplicaba y suplicaba. El hanyou no parecía escucharla.

—Kagome, no tengo opción. Adiós.

— ¡No! ¡AH!

Observó su ropa manchada en sangre; su respiración se agitó, sintió el dolor en su hombro provocado por las garras de aquel que alguna vez había creído amar. Colapsó en el suelo, llorando, y entre gemido y gemido, pronunciaba el nombre de aquel Youkai que la había estado protegiendo todo ese tiempo, aquel que le había devuelto la vida.

—Sesshomaru…—Pronunció con una débil sonrisa. — ¡AH!—Una garra volvió a atravesar su delicada piel, provocando su muerte instantánea.

— ¡Ah!—Kagome despertó, sudorosa y agitada.

'Una pesadilla.' Corrección, la pesadilla que la mantuvo despierta toda la noche anterior. Ella sabía bien que los sueños recurrentes no podían ser buenos augurios. Kagome cerró sus ojos, intentando relajarse un poco, y luego los volvió a abrir. A su alrededor, la débil luz del sol comenzaba a filtrarse a través de las hojas de los frondosos árboles que allí crecían. Algunos pájaros revoloteaban entre las ramas. Ciertas flores que se ocultaron de noche comenzaron a abrirse, mostrando cientos de colores hermosos. Una suave brisa acarició el rostro de la joven. 'Ahora sí voy a poder dormir en paz.' Pensó somnolienta. Cerró los ojos y respiró profundamente. Ya se estaba quedando dormida cuando…

— ¡Arriba, niña! ¡A mi amo no le va a agradar si te quedás dormida!—los gritos frenéticos de Jaken lograron despertarla totalmente.

— ¡Ya sé, ya sé!—dijo la joven mientras se refregaba los ojos. Luego se levantó y bostezó. Le dijo a Jaken que iría a darse un baño y caminó hasta el río.

Se metió poco a poco en el agua helada, pero ni bien tuvo el agua a la altura de los hombros, se dio cuenta de que se sentía realmente adolorida. Ya se había olvidado de lo que se sentía dormir todo el tiempo a la intemperie y su espalda se lo recriminaba cada mañana al darse un baño. 'Si tan sólo pudiese tomarme un pastilla para el dolor de espala…' Kagome extrañaba totalmente el dormir en una cama, cubierta con una frazada, apoyando su cabeza en una almohada.

Al terminar de asearse, se puso el kimono que Saki, la amable sacerdotisa que le curó el hombro, le había regalado. Desenredó su pelo y volvió a donde Jaken la esperaba sentado pacientemente sobre Ah-Un. Buscó con la vista a Sesshomaru, pero no lo encontró por ningún lado. ¡Ah! Ese Youkai. Hacía tres días que no podía cruzar ni media palabra Sesshomaru, pero de algún modo le sacaría una respuesta acerca del "incidente" sobre el puente.

—Jaken, ¿Dónde está Sesshomaru?

—Eso no es de tu incumbencia, niña. Mi amo va a donde mi amo quiera ir. —respondió Jaken con orgullo.

—Nos vamos. —Anunció repentinamente una voz fría.

Kagome se dio vuelta, y allí estaba el orgulloso Youkai peli plateado. La débil luz le daba un aspecto fantasmal pero amenazante. Su pelo brillaba de manera que parecían hilos de plata pura; su piel parecía hecha de porcelana; sus hipnotizantes ojos dorados tenían un aire de superioridad y frialdad particular en aquel día; las marcas en su rostro tenían un color más opaco y hacía que sus ojos resaltara más; su porte, imponente y elegante. Todos estos rasgos particularmente llamativos en ese día, hicieron que la joven quedara hipnotizada por unos segundos. Al darse cuenta de ello, ella se dio la vuelta y se colocó sobre el dragón. Jaken se agarró a la estola de Sesshomaru y emprendieron el vuelo.

Al cabo de unas cuantas horas, con el sol ya decayendo, a lo lejos se podía distinguir la imponente figura de un palacio. '¿Un…palacio? ¿Todo este tiempo nos estuvimos dirigiendo a un palacio? Un momento, Sesshomaru es el Lord del Oeste… ¡¿Eh?! ¡¿Este es su palacio?!' Kagome estaba totalmente desconcertada. ¿Sesshomaru la dejaría vivir en su palacio? ¿Acaso la dejaría afuera del palacio un par de kilómetros antes de llegar? Era lo más probable. ¡Pero qué suerte la suya! De ahí en más, estaría sola, sin flechas. Conclusión: Moriría antes de encontrar una aldea en la cual le dejaran quedarse. Quizá podría lograr pedir un poco de pan a cambio de purificar un poco el lugar. 'Mala idea.', pensó mientras una risita nerviosa se escapaba de entre sus labios. No confiaba en mantener la compostura si Sesshomaru la dejaba sola, en las puertas de su palacio. Sencillamente, no sería justo. 'Bueno, no me hará ningún bien pensar todo esto ahora. Será mejor para mí esperar y ver qué pasa.', pensó con cierta ansiedad.

"Kagome POV:"

A los pocos minutos, el castillo se pudo ver con más claridad. Estaba rodeado de árboles de cerezo, y su estructura era inmensa. Desde esa altura se podían ver los sirvientes del lugar a través de las ventanas. Al frente, había dos guardias observándonos y… ¿Señalándome? Sesshomaru comenzó a descender y al poco tiempo estuvimos a unos escasos metros de la entrada. El Youkai dio un par de pasos, y luego volteó y me miró a los ojos. Luego, volteó y se dirigió a la entrada.

'¿Qué quiso decirme con esa mirada? ¿Se supone que tengo que seguirlo?', me pregunté.

— ¡Niña! ¿Acaso vas a quedarte ahí parada todo el día? ¡Vamos!—Me apresuró Jaken, sorpresivamente.

'Respuesta confirmada.' Los seguí hacia el interior del palacio, y antes de pasar por la puerta, uno de los guardias me dio una agradable sonrisa, mientras el otro me saludó amablemente con discreción. 'Qué extraño.', pensé.

Caminamos por un largo pasillo el cual terminaba en una puerta en la que había pintados muchos soles en diferentes tonos que variaban del rojo más intenso al amarillo más pálido, la cual, al abrirse, daba a un pasillo con unas cuantas puertas, el cual se dividía en otras tres direcciones. Sesshomaru llamó a una Youkai de nombre Kokomi, a la cual le dijo que… bueno, no supe qué le dijo ya que lo dijo en voz muy baja. Esta asintió. Luego el Youkai se alejó caminando por el pasillo de la derecha.

Kokomi me miró alegremente, se acercó y me dijo que la siguiera. Asentí y la seguí por el pasillo de la izquierda. Me guió hasta una puerta adornada con el dibujo de un árbol de cerezo. Al abrirla, pude ver una hermosa habitación. Muebles con detalles en oro y plata; un hermoso cuadro, el cual tenía pintadas flores de cerezo flotando sobre un lago, colgado de la pared de la derecha; una ventana que daba a un jardín, ubicada en la pared izquierda.

—Es precioso. —dije volteando.

—Me alegra que le guste su nueva habitación, señorita…

—Kagome, mi nombre es Kagome—le dije con una sonrisa—. Un momento, ¿Dijiste "nueva habitación"?—pregunté sorprendida.

—Sí, señorita Kagome. El amo me dijo que la llevara a una habitación en la cual se quedaría un tiempo. ¿Es que acaso no sabía de los planes del amo?

—N-no. Para ser sincera, no sabía. Ni siquiera sé porqué me trajo a su palacio. A decir verdad, últimamente no he podido cruzar ni tres palabras con él en los últimos días.

—Bueno, el amo nunca ha sido alguien de muchas palabras, pero no veo porqué no se permitiría hablar con usted, señorita.

Me quedé pensativa. Era cierto que Sesshomaru jamás hablaba mucho, pero no querer hablar conmigo por nada, no era algo coherente. ¿Qué le habría hecho yo? '¡Ah! Ese orgullo suyo debe de tener la culpa. De seguro me está echando toda la culpa de aquel "incidente", culpándome de "profanar" sus labios.', pensé, sin darme cuenta de que me estaba sonrojando.

—Señorita Kagome, ¿se encuentra bien? Tiene sus cachetes color rojo. —Preguntó Kokomi, preocupada.

— ¿Eh? ¡Ah! Eh… está todo bien, creo. Sólo estaba, eh, pensando en algo. No es nada. —le contesté, mientras involuntariamente me sonrojaba un poco más.

— ¿No cree que debería tomarse un baño para relajarse, señorita? Después de todo, usted y el amo han hecho un muy largo viaje.

Suspiré. —Creo que sí, gracias por sugerirlo. Es esa puerta, ¿No?—Dije mientras señalaba una puerta dentro de la habitación en la pared de la derecha.

—Precisamente, señorita. Está todo listo. A un costado encontrará un armario con kimonos limpios. Espero que sean de su talle y de su agrado.

—Muchas gracias, Kokomi.

—De nada. Volveré dentro de unas horas para avisarle de la cena. —dijo sonriente, y luego se fue.

Entré a la habitación y fui directo hacia el baño. Al sentir el agua caliente acariciar mi piel, cerré los ojos y me relajé. 'Ah… Esto me hacía mucha falta.' Cuando ya estuve limpia, salí y abrí el armario. Me puse el kimono más cómodo que pude encontrar. Luego me senté en una silla la cual estaba junto a la ventana, al lado de una mesa, muebles los cuales parecían estar fuera de lugar por su sencillez. Afuera, la luna llena, en conjunto con las estrellas, iluminaban el cielo. Una suave ventisca entraba por la ventana y me revolvía el pelo todavía un poco mojado.

—Inuyasha… me pregunto si pensarás en mí alguna vez—le dije al viento. —. Inuyasha…

Poco a poco, sin siquiera darme cuenta, me quedé totalmente dormida mientras contemplaba el paisaje.