"Sesshomaru POV:"

'¡¿Porqué la traje al palacio?!', me preguntaba a cada rato mientras daba vueltas en mi habitación. Tranquilamente podría haberla dejado sola en el bosque, sin embargo algo me dijo que tenía que traerla. ¡Qué porquería de presentimiento! ¿Traer a alguien, y nada menos que una humana, a vivir al palacio del Oeste, sólo por el hecho de tener la sensación de que así debía ser, por un desconocido motivo? ¡¿En qué estaba pensando?! Presentimiento… presentimiento… sentimiento… ¿Sentimiento? No, no y no.

'Será mejor pensar en otra cosa, o me dará dolor de cabeza. O mejor, no pensar en nada en absoluto.' Me senté al borde de la cama y cerré los ojos, tratando de relajarme. Lamentablemente, ella entró en mis pensamientos ni bien cerré los ojos. Esa humana me estaba complicando la vida. 'Para empezar, ¿Por qué le devolví la vida? Ella es más frágil que una pluma, pero sin embargo es valiente y fuerte como ella sola. Pero además tiene una personalidad cálida y amable; es alegre y generosa, aunque pierde la paciencia rápido cuando las cosas no le gustan. Además se deprime fácilmente; es sentimental, por lo tanto es débil… débil pero fuerte. Tiene una sonrisa amable, y una risa cálida y alegre… ¿Eh? ¡¿En qué estoy pensando?!'. Me levanté bruscamente y fui a lavarme la cara. ¡Esa maldita humana y su maldita forma de ser! Me sequé el rostro y respiré hondo. Poco tiempo después, vino uno de los sirvientes a decirme que la cena ya estaba lista. Respiré hondo y me dirigí al comedor, donde me esperaba esa humana, sonriendo ligeramente. Le eché una de mis miradas frías, lo que causó que se sonrojara un poco y dejara de mirarme. Por fin.

"Kagome POV:"

Desperté con una frazada sobre los hombros. Miré a mi alrededor, primero preguntándome en dónde estaba, pero finalmente recordando cómo había llegado allí, bostecé.

— ¡Ah, Señorita Kagome! Creí que estaba dormida, por ello le coloqué aquella frazada. Disculpe las molestias. —Se disculpó Kokomi, quien me observaba desde la puerta.

Luego, se acercó y me sacó la frazada de los hombros.

—No te preocupes, no hay problema. Ah, y sí estaba dormida. —le dije para que no se preocupara.

—Bueno, en fin. La cena está lista, y será mejor que se apure si no quiere llegar tarde —me dijo mientras me cepillaba un poco el pelo. —. Así se ve mejor. —agregó con una sonrisa.

Luego caminó hacia la puerta y me indicó que la siguiera. Yo asentí, y guiada por ella, entré a un comedor inmenso. Estaba ambientado al estilo europeo, con detalles en oro en la mesa y en las sillas. A los pocos segundos de sentarme en una silla, entró Sesshomaru en el salón. Involuntariamente, sonreí al verlo entrar con su porte elegante y presumido, como de costumbre. Él me lanzó una de sus típicas miradas frías, y yo, dándome cuenta de que todavía lo estaba mirando, me sonrojé y oculté mi mí rostro tras mi flequillo. '¿Por qué? ¿Porqué me quedo mirándolo?'

La cena transcurrió silenciosa. De vez en cuando, intentaba entablar una conversación para volver el ambiente un poco ameno, pero como mi única compañía era un Youkai más frío que el mismísimo hielo, no fue muy fácil, por lo tanto me di por vencida. '¡No es posible que no pueda lograr que diga algo! ¡Su silencio es eterno! ¡Es tan…! ¡Tan molesto! ¡Ya estoy cansada!' Un suspiro escapó de mi control y sentí los ojos de Sesshomaru clavarse en mí.

— ¿Puedo levantarme de la mesa?—pregunté, intentando librarme de la horrenda sensación.

Miré a Sesshomaru y este hizo un gesto afirmativo. Me levanté y salí del salón.

. . .

Una semana después de aquel día, no pude sacarle ni una palabra en el desayuno ni en el almuerzo. 'En serio, ¡¿Qué le pasa?! ¡¿Acaso de verdad me echa la culpa?!' pensaba un día, mientras paseaba por el jardín. A pesar de estar acercándose el invierno, ese día era bastante cálido, así que no había nada mejor que salir al jardín a caminar un poco. Me senté en el pasto, y cerré los ojos, disfrutando de la brisa en mi rostro. Era muy placentero, y no pude evitar que una risita se me escapara acompañada de una sonrisa.

Al tener la sensación de que alguien me observaba, volteé un poco la cabeza, mirando en dirección al palacio, y vi una figura masculina en una de las ventanas, la cual me estaba observando. De la nada, la ventana se cerró.

"Sesshomaru POV:"

Esa humana y su personalidad me tenían con dolor de cabeza casi a toda hora. Siempre que tenía la oportunidad, intentaba iniciar una charla, cosa a la cual yo me negaba rotundamente al permanecer en silencio, como de costumbre. Y como se fuese poco, su imagen se atrevía a filtrarse en mis sueños como si tal cosa. Mejor dicho, se filtraba en mis pensamientos; su sonrisa aparecía en mi mente cada dos por tres, y sentía que sus profundos ojos marrones me observaban cada vez que su presencia estaba cerca. ¿Por qué siempre me pasaba esto? No estar seguro de algo no es lo que más me guste. Odio la incertidumbre.

'Ya basta, tengo cosas más importantes en las que pensar.'

Al día siguiente de haber llegado, me di cuenta de que había algo raro acerca de todo esto, ignorando mi comportamiento al traer a la humana a vivir conmigo, claro. 'Yami.' Esa bruja se traía algo entre manos, y hasta el idiota de Inuyasha podría haberse dado cuenta de ello. Decidí enviarle un mensaje al Lord de las tierras del Este, Waizu, pidiéndole que me diese información acerca de esa bruja, ya que no hacía mucho, esta vivía allí. Definitivamente, no era coincidencia que esas arañas que nos atacaron vinieran del Este.

Al día siguiente, recibí una carta escrita por Lord Waizu del Este, mediante la cual expresaba que él me daría lo que yo pedía, pero que no sería gratis. "(…) Dentro de seis días estaré en el Gran Palacio del Oeste, ya que sería de mi agrado el poder negociar en persona lo que deseo a cambio de lo que Ud. me pide." Decía Waizu en la carta. '¡Qué insolencia! ¡Venir a mi palacio por voluntad propia, sin pedirme siquiera permiso! ' Me dije, pero como la información acerca de Yami me era necesaria, sólo por esta vez, pasaría por alto aquel insolente acto.

Los días pasaron y dentro de lo que para mí habían sido un par de minutos, ya me encontraba hablando con Lord Waizu acerca de la información que yo le había pedido.

— ¿Y bien?—pregunté. — ¿Qué es lo que va a pedir a cambio?

No respondió inmediatamente. Tan sólo miraba por la ventana, atento a algo, siguiendo sus movimientos minuciosamente. Volteé ligeramente, y busqué, disimuladamente, aquello que lo tenía tan interesado.

— A ella. —le escuché susurrar.

— ¿Y bien? —repetí, perdiendo un poco la paciencia.

— A cambio de la información, exijo tener a esa humana. —me contestó, muy seguro de sus palabras.

Volteé de nuevo, y esta vez, sí pude ver lo que observaba el Lord del Este con tanta atención. 'Kagome.' Allí estaba ella, sentada sobre el pasto, con los ojos cerrados y una sonrisa adornando sus labios. Una ligera brisa jugaba con su pelo, moviéndolo con gracia y elegancia. Luego de unos segundos, volteó, y a continuación, cerré la ventana, sin darle oportunidad de saber quién la observaba.

— ¿Una simple y patética humana a cambio de una información tan importante?—le pregunté, arqueando una ceja.

—Sí, Lord Sesshomaru. Además, no creo que sea tan "simple y patética" como usted dice, si vive aquí, en el Palacio del Oeste —afirmó—. ¿Qué sucede? ¿Acaso no está de acuerdo con que le quite a su humana? —agregó con una estúpida sonrisa.

Lo observé durante unos segundos antes de contestar.

— No tengo ningún inconveniente. —contesté fríamente.

— Le daré un tiempo para que lo piense tranquilamente.

Inmediatamente, se transformó en una masa de humo y desapareció por la puerta entreabierta, sin dejar rastro alguno.

—Maldito. Se atreve a insinuar que ella es mi humana. Qué idea tan ridícula. Ella tan sólo es…

— ¿Sesshomaru?—'Kagome.' Ella se encontraba allí, parada detrás de la puerta, con los brazos cruzados. — Eso es algo que me gustaría saber. ¿Qué represento para vos, eh? Me encantaría que me aclares eso de una vez por todas, ya que de seguro tuviste un motivo para besarme aquella vez, ¿No? ¿Qué soy para vos?