—Ah… ¡Ja, ja, ja, ja, ja!— rió Yami maléficamente —Inuyasha, Inuyasha, pobre tontito. ¿Alguna vez dejarás de ser tan ingenuo?
La bruja cerró los ojos, tomó un trago de agua, y continuó con su hechizo. Un espeso humo negro se elevó hasta el techo de la cabaña, y poco a poco se comenzó a incrementar el gorgoteo de las burbujas que explotaban frenéticamente y volvían a formarse dentro del cuenco en el cual había un espeso líquido de color oliváceo.
—Ya está listo...— susurró la bruja con malicia.
Yami se tomó lo que quedaba de agua en el vaso y virtió en él un poco del brebaje que había en el cuenco, se lo llevó a los labios y tomó el contenido de un sólo trago. Acto seguido, su cuerpo dejó atrás sus rasgos ancianos y femeninos, adoptando una apariencia masculina. Ahora su rostro mostraba facciones elegantes y fuertes, músculos bien formados adornaban todo su cuerpo, el cual estaba vestido con un elegante traje de colores cálidos que asemejaban la salida del sol, y largos mechones de un color añil caían grácilmente por su espalda hasta llegar a la cintura.
La bruja se observó en un espejo y sonrió satisfecha al tiempo que una mirada sombría se asomaba en sus pupilas. Luego, salió de la cabaña y se adentró en la espesura del bosque.
[En algún bosquecito en los lindes de las Tierras del Oeste]
—Hay que apurar el paso o pronto anochecerá y perderemos tiempo.—comentaba un esperanzado hanyou mientras corría por el bosque.
—De acuerdo—decía una valiente exterminadora—¡Kirara!
La valiente gata demonio se transformó y sobre su lomo montaron el monje, un pequeño demonio zorro y la exterminadora. Kirara comenzó a volar más rápido a medida que Inuyasha apretaba el paso, y así viajaron durante varias horas hasta que de pronto la silueta de un imponente palacio fue posible de divisar en el horizonte.
— ¡Allá está!—exclamó Shippo señalando con el dedo la imponente estructura.
Todos sonrieron aliviados, pero un tanto nerviosos. Ya habían llegado a destino luego de casi un mes viajando por Japón, y ahora tendrían que pensar en qué hacer al llegar a las puertas del palacio.
—¡Vamos! ¡Ya casi llegamos!—exclamó Inuyasha, apresurándose aún más.
Inuyasha era uno de los que más nerviosos se encontraban, ya que sin Colmillo de Acero no sería capaz de luchar con comodidad si una pelea se presentaba. De algún modo se las ingeniaría para poder defender a sus amigos si lo necesitaba, ya que después de todo había sobrevivido durante mucho tiempo de su vida sin una espada... claro que en aquella época estaba más acostumbrado a usar sus garras en caso de necesitarlas.
Con el corazón lleno de sentimientos encontrados, allí marchaba este grupo de amigos, al rescate de su buena amiga, a punto de llegar a destino.
[En el Palacio del Oeste]
—Da-dame eso, ¡Jaken! ¡Por favor!
—No creas que te lo voy a dar, niña.
—¡Po-por favor! ¡Jaken! ¡Maldito sapo! ¡Dame eso!
La joven corría de un lado a otro persiguiendo al fiel subordinado del Lord de aquellas tierras, mientras que éste, aprovechando su tamaño, corría de aquí para allá esquivando con habilidad los manotazos de la humana. Jaken tenía entre sus manos un bolsito de terciopelo rojo en el cual se encontraba un perfume que Kagome mantenía cerca suyo de vez en cuando, haciendo de bolso de mano.
El subordinado, un tanto aburrido al ver que su amo no necesitaba de sus servicios, decidió ir a ver qué tanto hacía la humana en los jardines del palacio. Él la encontró sentada bajo un árbol disfrutando del aire fresco. Su amo, quien no era muy fanático del clima frío, había puesto un campo invisible alrededor del palacio para evitar que el viento frío llegara con tanta intensidad, así que allí esos días eran bastante cálidos en comparación con el resto del territorio.
De repente, el bolsito fue arrebatado de sus manos y calló al suelo, desprevenido. A su lado, la joven había comenzado a reirse con alegría. Una risa tan pura y alegre le hizo acordar a aquellos tiempos en los que aquella pequeña humana los acompañaba a su amo y a él en los largos viajes que realizaban. ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? ¿Cinco años? La pequeña niña ya debía estar en camino de convertirse en una señorita. ¡Qué rápido había pasado el tiempo! A Jaken le parecía que había sido ayer cuando habían dejado a Rin en la aldea.
Sonrió un tanto nostálgico y observó como la humana se relajaba y se recostaba contra el tronco del árbol. Él se acercó e imitó a la humana, y cerrando sus ojos, se dispuso a tomar un buena siestita.
'¿Hmm? S-Sé quedó dormido... ¡¿Eh?!' Kagome miraba con asombro a Jaken el cual parecía estar profundamente dormido a su lado. Sonrió y silenciosamente se levantó y se dirigió al interior del palacio.
—¿Caminando en círculos?
Kagome se dio vuelta brúscamente al escuchar una voz que hacía rato no escuchaba. Sesshomaru caminaba hacia ella con paso elegante, mientras la miraba con atención. No podía sacarse de la cabeza la idea de que Kagome iba a irse dentro de pocos días, y esperaba que esa extraña sensación no durara más tiempo, ya que no le agradaba mucho la idea de que luego de que la joven fuera llevada hacia el Este, algo en él la extrañara.
Aquellos días había estado meditando acerca de lo que en verdad significaba esa humana para él. No sabía ni entendía bien el por qué, pero tenía muy en claro que le agradaba tenerla allí. "Nada" fue la primera respuesta que se le ocurrió, pero se había equivocado bastante. Tampoco creía que una respuesta tan poco consistente generaría un gran cambio de humor para la joven humana, sin embargo se había equivocado. Había escuchado como unos días atrás la humana se alejaba corriendo de la puerta de su estudio mientras sollozaba.
—Se-Sesshomaru...—pronunció Kagome un tanto sorprendida.
El imponente Lord del Oeste le indicó que lo siguiera, y ella así hizo. Sesshomaru se detuvo en la puerta de su estudio y la abrió. Entró y se acercó a la ventana; el viento jugaba con sus cabellos y refrescaba su rostro. Desde la puerta, Kagome observaba tranquila los rasgos del youkai y cómo el viento jugaba son su suave pelo. Él le indicó mediante un gesto que se acercara, y ella caminó lentamente hasta estar a pocos pasos del youkai.
Mientras miraba por la ventana, comenzó a hablarle con voz tranquila.
—Espero que te encuentres a gusto aquí, en mi palacio.
—Sí. Aquí está todo tan calmado... tan pacífico... es tan relajante.
Sesshomaru volteó ligeramente y ojeó de arriba abajo a Kagome, la cual al sentirse tan observada comenzó a ponerse nerviosa. Ese día, ella vestía un kimono blanco con un hermoso y delicado estampado de pájaros color negro, un obi azul marino y tenía un broche rojo con forma de mariposa en el pelo. Las bellas facciones de la joven resaltaban al no estar usando maquillaje alguno y todos estos factores en conjunto hacían que ella se viese hermosa a ojos de Sesshomaru. Ante este pensamiento, el Lord del Oeste se odió a sí mismo durante unos instantes. Aunque, claro que no comentó nada acerca de ello y mantuvo intacta su pulcra máscara de indiferencia.
El youkai notó que Kagome comenzaba a sonrojarse, él desvió la mirada hacia la ventana y continuó.
—He de informarte, humana, que dentro de pocos días deberás dejar este palacio. —dijo sin siquiera un dejo de culpa.
—¿De-dejar este palacio?—preguntó la joven con algo de preocupación— ¡¿A dónde se supone que valla?! ¡No tengo dinero, no tengo armas, no tengo-!
— ¡Silencio!—la interrumpió irritado Sesshomaru.—Lord Waizu del Este pasará por aquí dentro de cuatro días, y deberás irte con él. Ni siquiera intentes hacerme cambiar de opinión.—Estableció con firmeza.
Sintiéndose herida y sorprendida, Kagome respiró hondo y formando un puño en cada mano, apretó con fuerza para tratar de desahogarse y calmarse a medida que sentía la rabia crecer en su interior. Agachó la cabeza y desvió la mirada; sus ojos estaban a punto de derramar una lágrima cuando sintió que una mano se apoyaba en su hombro. Levantó el rostro lentamente y se topó con un par de orbes doradas que la observaban sin expresión alguna en ellos.
—Se-Sesshomaru... ¿Por qué...?—fue todo lo que logró decir antes de comenzar a sollozar.
Con un grácil movimiento, el youkai limpió las lágrimas del rostro de la joven y dio media vuelta. Kagome lo miraba con sentimientos encontrados en su corazón. ¿Qué era lo que sentía ella hacia el youkai? Demasiados sentimientos luchando entre sí, en una batalla interminable para determinar cuál de ellos reinaría las próximas horas en el corazón de a joven. Tanto su mente como sus sentimientos se debatían qué era lo correcto; ¿aceptar aquellos sentimientos que nacían? ¿ignorarlos y hacer de cuenta que aquello que sentía hacia el youkai era agradecimiento y ya?
—Retirate.—dijo Sesshomaru. Luego, devolvió su vista hacia la ventana.
Kagome asintió levemente y salió del estudio.
—Pronto llegarán. Será mejor recibirlos como merecen. —comentó mientras miraba con atención hacia el horizonte.—¡Jaken!
—¿S-sí, amo?
—Hazles saber a mis sirvientes que pronto vendrá de "visita" el Príncipe del Oeste. —dijo Sesshomaru con sarcasmo.
—Ahora mismo lo hago... Amo, ¿Me permite saber quién es este Príncipe? Nunca he oído hablar sobre tal persona.
Sesshomaru miró a Jaken con dureza, provocando que el pobre se asustara un poco, temiendo un golpe certero en su cabeza. Para su sorpresa, no recibió golpe alguno y un nombre brotó de la boca de su amo.
—Inuyasha.
Bueno, por dónde empiezo... ¡Ah, ya sé!
¡Perdón! No necesito darles excusas para justificar mi ausencia, ya que me cansé de poner pretextos para todo. De repente, anoche (¿o debería decir "hoy a la madrugada...?") me vi inspirada gracias a la idea de ponerme a escuchar el OST de este maravilloso anime, así que me puse a escribir enseguida.
Estaba pensando en hacer un fanart y ponerlo de portada...
