*-*-* Lemmonada_Express 2 *-*-*

Nombre del Fic: Caminos Cruzados

Autora: tany cullen

Link al perfil del Contest: www . fanfiction u / 3388367 / (sin espacios)

Pareja Elegida: Edward/Bella

Número de Palabras: 3,863

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo la trama me pertenece.

Advertencias y/o Notas de Autor: Hola! Acá estoy con una nueva idea, esta vez para participar en el Contest Lemmonada Express 2, ¡ay que nervios! Espero que les guste... Este One Shot contiene lemmon, así que sobre aviso no hay engaño... La canción a la que hago referencia es Sexy Chick de David Guetta feat. Akon...

***...***...***


Después de haber tenido tres relaciones, que resultaron ser todo un fracaso, decidí dejar de buscar a ése príncipe azul de cuentos de hadas y tener sólo relaciones de una noche. No involucraba mis sentimientos, por ahora no me interesaba encontrar el amor y tampoco lo estaba buscando, y cuando necesitaba de una noche de sexo, salía a buscar a algún tipo de buen ver, que estuviera dispuesto a satisfacer mis necesidades y sin ningún compromiso claro. Tal vez, habrá quiénes encuentren mi comportamiento poco o nada moral, pero aclaro que no era una puta, sólo me gustaba disfrutar los placeres de la vida.

Cerré el grifo de la ducha y tomé una toalla, sequé mi cuerpo y me puse un albornoz, salí del baño aún secando mi cabello y caminé hasta la cama, dónde reposaba la ropa que usaría y había elegido antes de tomar mi ducha: un vestido que llegaba a la mitad de mi muslo, color negro y que se adhería a mi cuerpo como un guante, así como un juego de sexy lencería de encaje en color rojo.

Después de vestirme me peiné y maquillé, me calcé unos zapatos color plata con tacón de doce centímetros, tomé mi bolso y mi saco, revisé que mis llaves y mi celular se encontraran dentro del bolso y salí de mi departamento. Tres cuartos de hora después estacioné mi adorado Audi fuera del club y salí del coche, al entrar al local, noté con satisfacción como más de un espécimen del género masculino se fijaba en mí y sonreí complacida.

Me acerqué a la barra y pedí un Mojito, el bar-man me entregó mi bebida y, accidentalmente, rozó mi mano con la suya regalándome una sonrisa sexy. El tipo era alto, cabello rubio oscuro y ojos negros, no estaba para nada mal pero no era precisamente lo que estaba buscando ésta noche, le devolví la sonrisa y tomé un trago de mi bebida, le guiñé un ojo y me alejé en busca de el que sería el afortunado de la noche.

Unos minutos después me mezclé entre las personas que bailaban en la pista de baile, y me comencé a mover al ritmo de Sexy Chick, no pasaron ni diez segundos cuando unas manos se posaron en mis caderas.

—¿Puedo bailar contigo, hermosa? —me susurró al oído sin dejar de movernos al ritmo de la música.

—Ya lo estás haciendo, ¿no? —contesté girándome para quedar frente a él.

Era uno centímetros más alto que yo, pero no era muy alto considerando que yo no mido más de uno setenta, tenía ojos azul claro y cabello negro, su cuerpo se notaba bien tonificado y por supuesto que era guapo; tenemos un ganador, pensé sonriendo. Seguimos moviéndonos sin perder el ritmo de la música, movimientos sexys que nos estaban prendiendo a ambos.

—Vamos a un lugar más privado —dijo con voz ronca, mordiendo suavemente el lóbulo de mi oreja. ¡Dios! Creí que no me lo iba a pedir nunca.

—Claro, sólo dame unos minutos. Necesito ir al tocador —no pude siquiera dar un paso, pues me tomó del brazo y estrelló sus labios sobre los míos besándome apasionadamente; me pegó más a su cuerpo, si fuera posible, y jadeé al sentir lo despierta que estaba cierta parte de su anatomía.

—No tardes cariño, te estaré esperando por allá —señaló con su cabeza la salida del club y se alejó.

No necesitaba precisamente ir al baño hace unos minutos, pero ahora sí que lo necesitaba.

Al entrar no había nadie, así que me acerqué al lavabo y mojé mis manos, las pasé por mi cuello y mis hombros con la esperanza de que se me bajara el subidón de temperatura que tenía, a causa del beso que ése desconocido me dio, o de lo contrario no podría ni llegar al coche.

—¿Conseguiste un buen prospecto para pasar ésta noche Isabella? —me giré bruscamente al escuchar esa voz, la cual provenía de la puerta.

Mis ojos se abrieron al ver a la mujer, o mejor dicho adolescente, pues no pasaba de los diecisiete años, que me veía seria y con los brazos cruzados a la altura de su pecho. Era un poco más bajita que yo, de cabello rojizo y rizado que caía hasta un poco más abajo de su cintura, su rostro era hermoso, muy parecido al de esas muñecas de porcelana, ojos color miel, vestía un vestido blanco como los que usaban las mujeres en la antigua Roma y en mi vida la había visto.

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Sé más de ti, que tú misma Bella —después de decir eso comenzó a decir no sé que cosa en no sé que idioma, creo era... ¿latín? ¡Bah! Qué mierda es esto.

De pronto, mientras ella seguía con su letanía, las luces comenzaron a fallar, se apagaban y se prendían por sí solas, y el piso se comenzó a mover. ¡Dios mío, está temblando! Me aferré al lavabo, como si mi vida pendiera de ello, y recé para que esto pasara pronto ya que estaba aterrada; cuando el temblor pasó, abrí los ojos pero todo estaba en penumbras.

—Esta noche se cumplirá tu destino Isabella, sus caminos se van a cruzar —me dijo y la luz volvió, pero la mujer no estaba por ningún lado.

Un escalofrió recorrió mi columna y los pelos se me pusieron de punta, ¿qué carajos había sido todo esto? Tomé mi bolso y me apresuré a salir, en la pista todos bailaban como si nada hubiera pasado, lo cual me confundió. ¿Será qué sólo yo sentí el maldito temblor? Sacudí mi cabeza para despejarme y caminé hasta dónde, mi cita, me estaba esperando.

—Ya podemos irnos —le dije con voz sugerente y él sonrió, sonrisa que esfumó de su rostro en un abrir y cerrar de ojos.

—¡¿Qué haces con esta maldita zorra?! —chilló una mujer acercándose a nosotros, sosteniendo su abultada panza.

—Amor, yo... sólo estaba charlando... eso, charlando con la señorita —¿amor? ¿éste imbécil tiene un compromiso y se pensaba acostar conmigo? Hijo de puta, por eso es que no me interesan las relaciones formales, siempre te terminan poniendo el cuerno.

—¡Ja! Pues déjeme decirle, señorita, que éste de aquí es mi marido y nosotros nos vamos —le dio una mirada de: te vas o te corto las pelotas, a lo que él la siguió como un manso cordero.

Vaya chasco, el idiota era casado, está por ser padre y por si fuera poco mandilón. Traté de encontrar a alguien más pero no tuve éxito, uno de los que traté de ligarme resulto ser un gay ¡un gay! Que se acercó a mí sólo para preguntarme por mi vestido y decirme: Maldita perra tienes un cuerpazo, te envidio. Me dio su número y me dijo que si necesitaba a alguien con buen sentido de la moda, que me asesorara al ir de compras, no dudara en llamarle.

Recordé al bar-man que cuando recién llegué había coqueteado conmigo, fui hasta la barra y pedí otro trago, le sonreí y mordí mi labio inferior de manera coqueta, eso era algo que los volvía locos, y funcionó, me dio mi trago y apoyó sus codos en la barra acercándose a mí.

—Mi turno está por terminar, te puedes unir a nosotros si quieres, claro —¿nosotros? Miré hacia dónde él veía y casi me caigo al ver a tres chicas y un chico, con cara de pervertidos, que lo estaban esperando. Acaso, ¿me estaba proponiéndome unirme en una orgía?

Me tomé mi trago de un tirón y me alejé de allí, maldito pervertido. Rendida salí del club, definitivamente esta noche no iba a tener sexo... Aún puedes reconsiderar lo de la orgía... Me digo sarcástica la voz de mi consciencia. ¡Ja! No es como si estuviera tan necesitada como para acceder a eso.

Me subí a mi coche y me dispuse a regresar a mi departamento. Media hora después el camino se me comenzó a hacer desconocido, me orillé y detuve el coche, traté de reconocer algo pero nada, definitivamente estaba perdida. ¡Como sino hubiese tenido suficiente por una noche! ¡Maldición!

Quise arrancar el coche pero no pude, intenté un par de veces más y nada; frustrada y enojada golpeé el volante un par de veces, me puse mi saco, tomé mi bolso y salí del coche. Saqué mi celular para llamar un taxi pero estaba completamente muerto, comencé a caminar por la acera con la esperanza de encontrar un taxi, que me llevara a mi departamento, pero no habían pasado ni cinco minutos cuando comenzó a llover a cantaros.

¡Claro, ahora entiendo! Las palabras de, aquella mujer en el baño del club, eran una maldición que lanzó sobre mí... Ay Bella, te estás volviendo loca, ¿una maldición? ¿En serio?... Bueno, creo que mi conciencia tiene un poco de razón, tal vez no me esté volviendo loca, pero sí estoy demasiado paranoica... y empapada hasta los huesos, diablos.

El estruendoso ruido de un rayo me hizo pegar tremendo bote del susto, sólo falta que me caiga un rayo para cerrar con broche de oro la noche; algo me hizo fijar la mirada al otro lado de la calle, dónde estaba una mujer parada viéndome fijamente, esa era la misma mujer del club, me apresuré a cruzar para llegar hasta ella pero se rompió el tacón de uno de mis zapatos y estuve a punto de caerme. Me quedé parada a mitad de la calle y de pronto la mujer ya no estaba, se escuchó el rugido de una motocicleta y el rechinar de unos neumáticos. Estoy muerta, pensé cerrando los ojos y esperando con resignación a que mi final llegara.

—¡¿Estás loca?! —al escuchar esa voz enfadada y sexy, gritarme, abrí los ojos.

Parado frente a mí estaba un Dios caído del mismísimo Olimpo, estaba completamente empapado igual que yo, vestía unos vaqueros negros y una playera blanca que se adhería a su torso como una segunda piel a causa del agua. El estruendo de un rayo, que hizo cimbrar el pavimento de la calle, me hizo reaccionar y apartar la mirada del Adonis que me veía cabreado.

—¡Mi noche a sido todo un fiasco! Unos minutos después de que dejé el club, me di cuenta de que estaba perdida, mi coche se descompuso, después comenzó a llover y quise llamar un taxi pero mi celular está muerto, iba a cruzar la calle porque vi a alguien y el tacón de mi zapato se rompió, estuve apunto de caerme pero logré equilibrarme. Justo después de eso, fue que escuché el ruido de tu motocicleta —tenía ganas de soltarme a llorar en ese preciso momento... ¡Vaya Bella!, olvidaste decirle tu fecha de nacimiento, tu dirección, tu nombre, tu edad y tu número de seguro social... ¡Ja! Muy graciosa.

—Mi casa está cerca de aquí, si quieres, puedes acompañarme y de ahí llamas un taxi.

—¿Harías eso por mí? —él asintió con calma y estuve a punto de arrodillarme para dar gracias al cielo—. ¡Muchas gracias!

Se montó en su motocicleta y yo me monté tras de él, pero al hacerlo, mi vestido se rasgó del lado derecho hasta la altura de mi cadera, ¿sigues sin creer que todo esto es una maldición de la pelirroja del club?... Bien, creo que tienes razón y, sí, lanzó sobre ti una maldición.

El tipo arrancó la motocicleta haciéndola rugir y me aferré a su cintura con fuerza, mi cuerpo se estremeció, y no de frío precisamente, sino al sentir la dureza de los músculos de su espalda y de su abdomen, me pregunto si... No comiences a fantasear con él, ¿quieres?... Bueno, eso es completamente imposible, al menos mientras no alejé de mi cabeza las imágenes de éste Adonis tomándome sobre su motocicleta. Recosté mi cabeza en su espalda de manera que el agua no me golpeara en la cara y su olor me embriago por completo, ufff era mucho mejor que cualquier loción italiana.

—Llegamos, esto... ¿podrías soltarme? —¡ups! Ni cuenta me di de que aún lo sujetaba con fuerza. Lo solté y me bajé, me quité los zapatos ya que no podía caminar bien, y lo seguí hasta la casa.

Entramos y cerró la puerta, la casa era linda y acogedora, aunque los pisos de madera inmediatamente quedaron mojados con el agua que escurría de nuestros cuerpos, él desapareció y yo aproveché para dejar mis zapatos y mi bolso junto a la entrada, me quité mi saco que goteaba y también lo dejé en el piso. Revisé mi vestido y solté un suspiro al ver la rasgadura, Alice me va a matar cuando se entere.

—Ten, para que te seques un poco —tomé la toalla que me ofrecía y comencé a secar mi cabello—. Iré por el teléfono.

—Gracias.

Unos segundo después me entregó el teléfono y me dispuse a llamar el taxi, pero no había linea. Él también trató pero nada.

—Mi celular no tiene batería —susurró con el entrecejo fruncido—. No puedes irte así, no deja de llover. ¿Por qué no te quedas aquí?

—¿Eh?... yo... no... no creo...

—Tranquila, que no te voy a hacer nada —me dijo con una sexy sonrisa torcida que hizo palpitar mi entre pierna.

Fue hasta ese momento que pude darme cuenta de algunos detalles, como que sus ojos eran de un hermoso y brillante verde esmeralda, su cabello de un raro color cobrizo pero lindo, y había algo en él, algo que no sé descifrar pero me llama como la luz a una polilla. Acepté quedarme, me dijo que lo siguiera y lo hice, o al meno lo traté pues me tropecé con el bode de la alfombra y, de no ser que me sujetó, me hubiera dado de bruces contra el suelo.

Sus labios estaban a escasos centímetros de los míos, su aliento chocaba sobre mis labios y no pude resistirme a la tentación de besarlo. Para mi sorpresa no rechazó mi beso y su agarre en mi cintura se hizo más firme, su lengua se abrió paso entre mis labios y solté un gemido cuando la sentí dentro de mi boca, explorando hasta el lugar más recóndito de esta; por desgracia mi cuerpo comenzó a protestar por la falta de oxigeno, y tuve que separarme de él. Levé mis labios a su cuello y dejé besos húmedos en el, con mis dientes acaricié la sensible piel tras de su oreja y soltó un gruñido, tomándome por sorpresa me alzó unos centímetros del suelo, obligándome a rodear sus caderas con mis piernas, y nuestros labios se volvieron a encontrar en un beso apasionado y lleno de necesidad.

Mi espalda chocó contra una pared y fue cuando me di cuenta de que ahora nos encontrábamos en una habitación, sus labios devoraban con vehemencia mi cuello, mientras yo no podía más que dejarme hacer completamente abandonada al placer.

Caminó hasta la cama y mis pies tocaron el piso, me giró dejándome de espaldas a él y echó mi cabello a un lado, con las yemas de sus dedos acarició con suavidad mi cuello, mi clavícula y la piel expuesta de mi espalda, para después bajar la cremallera de mi vestido y lentamente despojarme de el, dejándome sólo con mi ropa interior. Una de sus manos acarició mis pechos por sobre mi sostén, mientras la otra descendía hacia el sur colándose dentro de mis bragas y tocar mi intimidad, a lo que yo solté un sonoro gemido cuando comenzó a acariciar mi clítoris en círculos.

Recargué mi espalda sobre su pecho y eché mi cabeza hacia atrás, perdida en el placer que este hombre me estaba proporcionando con sus caricias. Di un respingo cuando sus manos abandonaron mi cuerpo, iba a protestar pero no me dio tiempo a hacerlo ya que me levantó en volandas y me recostó sobre la cama, se despojó de sus ropas dejando sólo sus bóxer y se posicionó sobre mí, sin dejarme sentir ni una pizca de su peso.

—No sé qué me has hecho, pero te deseó como nunca he deseado a ninguna mujer —me dijo soltando con maestría el broche de mi sujetador.

—Entonces... tómame... ahhh —gemí vergonzosamente cuando sus labios atraparon uno de mis pezones y comenzó a jugar con el.

Su boca devoró con avidez mis pechos hasta saciarse, sus labios descendieron por mi abdomen dejando besos húmedos a su paso mientras sus manos con premura me despojaban de mis bragas, dejándome completamente desnuda ante él. Sus labios siguieron con su recorrido hasta llegar a mi entre pierna y... ¡santísima madre! Cuando su lengua entró en contacto con mi clítoris me sentí desfallecer, sin parar con su labor, dos de sus dedos se adentraron en mi interior y comenzó a moverlos y retorcerlos en busca de ese punto que me haría ver las estrellas.

—¡Dios... sí... sí... allí... no te... detengas! —chillé cuando tocó mi punto sensible.

Mis manos se cerraron en puños en torno al edredón de la cama y de mis labios salían incontrolables gemidos, él comenzó a mover sus dedos más rápido al notar que estaba muy, pero muy cerca de correrme. Tan sólo unos segundos después, mis paredes se contrajeron, llevándome a alcanzar un orgasmo intenso, que azotó sin piedad mi cuerpo a la par que un grito de placer salía desde lo más profundo de mi pecho. Mi cuerpo yacía sin fuerzas sobre la cama, ¡Dios mío! Sin duda este ha sido el mejor orgasmo de mi vida, el muy engreído me mirada con una sonrisa de satisfacción, pero esto aún no termina.

Me las ingenié para tumbarlo en la cama, me senté a horcajadas sobre él y con desesperación me apoderé de sus labios, que no sé qué tenían, pero me tentaban a pasar horas y horas besándolos. Mis manos recorrían ávidas su cuerpo, maravillandome con la suavidad de su piel, con lo bien tonificados que estaban los músculos de su abdomen y de todo su cuerpo en general. ¿Será que este Adonis no sale del gimnasio? Comencé a deslizar sus bóxer y él me ayudó levantando sus caderas para que los pudiera sacar, mi sexo palpito ansioso al ver su miembro, erecto y listo para mí; lo acaricié con mis manos lentamente y él soltó un fuerte gemido, lo cual me incitó a aumentar el ritmo de mis caricias.

—No puedo más, necesito sentirme dentro de ti —gruñó con la mandíbula apretada, y nos giró cambiando nuestras posiciones.

De una sola y fuerte embestida entró en mí, haciéndome gritar y no de dolor precisamente, sino de puro placer. Sus embestidas no eran para nada delicadas o tiernas, sino todo lo contrario y... ¡Dios! Éste hombre me estaba volviendo loca con cada uno de sus movimiento. Enredé mis piernas en torno a su cintura, la nueva posición permitía un ángulo de penetración más profundo y placentero, nuestros gemidos y jadeos inundaban la habitación, dándole ese toque de erotismo al ambiente que nos rodeaba. Mi cuerpo se tensó, y me bastaron un par de embestidas más, para caer en un abismo de placer que me nubló la vista, unas cuantas embestidas más él también alcanzó su liberación desplomándose a mi lado.

¡Por. Todo. Lo. Sagrado! Sin dudas este a sido el orgasmo más intenso y placentero que he experimentado en toda mi vida. Nos tomó varios minutos recuperarnos después de eso, me sentía agotada y mi cuerpo parecía hecho de gelatina; lo último que sentí antes de caer en la inconsciencia, fue como las mantas cubrían mi cuerpo.

Me desperté y estiré como gato sobre la cama, abrí los ojos con pereza y al ver al tipo que estaba dormido a mi lado, salí de la cama de manera torpe llevándome la sábana conmigo. ¿Qué hice? Y no es que me arrepienta de la noche que pasé con semejante hombre, pero yo nunca antes había dormido con un alguien después de tener sexo, no desde que comencé a tener encuentros de una sola noche; para mí eso significaba algo más, así que siempre volvía a mi departamento... A ver Bella, no es como si hubiese tenido otra opción, ¿verdad?... Si la tenía, pude haber dormido en el sofá, en el suelo o en cualquier parte.

—Buenos días —su voz me sobresalto y me giré bruscamente hacia él.

—¿Eh?... Ah, buenos días —respondí y me sonrojé, ¡me sonrojé! ¿Desde cuándo yo me sonrojo frente a un hombre?

Comencé a buscar mi ropa, que estaba esparcida por la habitación, sin dejar de darle la espalda para que no notara mi sonrojo, que parecía aumentar con forme pasaban los segundos. Escuché como salió de la habitación, suspiré sonoramente y me vestí a prisa, tenía que salir de aquí cuanto antes. Salí de la habitación y me topé con él en el pasillo, me sonrió y me entregó una taza de café.

—Necesito llamar un taxi, ¿puedo usar tu teléfono? —le pregunté con nerviosismo, definitivamente, algo no está bien conmigo.

—Descuida, yo llamaré el taxi —asentí y le di un sorbo a mi café.

El taxi no tardó más de quince minutos en llegar, tomé mis cosas y me acompañó hasta la puerta, pero antes de abrirla me aprisionó entre esta y su cuerpo, sus labios buscaron los míos de manera desenfrenada y para nada delicada; y yo, pues yo no pude hacer más que devolverle el beso de la misma manera.

—¿Cómo te llamas? —me preguntó jadeante cuando nos separamos.

—No te lo diré... no puedo, adiós —como pude me zafé de él y salí de la casa.

—¡¿Nos volveremos a ver?! —gritó, yo sólo negué y me monté en el taxi.

Definitivamente no podía decirle mi nombre, y mucho menos lo volvería a ver, ya había rotó una de mis reglas al dormir en la misma cama que él, no iba a romper estas dos también. Aunque por dentro, me moría de ganas de verlo otra vez.

Una semana después.

Llegué a casa de mis padres y toqué el timbre un par de veces, unos minutos después la puerta fue abierta por mi mamá, la cual me sonrió al verme.

—Hola cariño —me saludó con un beso en la mejilla y se hizo a un lado para que entrara.

—Traje la torta de chocolate que tanto le gusta a Emmett, ayer hablé con él y no me hizo otro encargo —mi mamá tomó la torta y riendo la llevó a la cocina.

—Hola hija, es bueno verte —saludé a mi papá con un beso y un abrazo.

—Lamento no venir más seguido, pero ya sabes, el trabajo me absorbe.

—Bueno, los chicos no tardan en llegar. ¿Me ayudas a poner la mesa? —asentí y seguí a mi madre hasta el comedor.

Mientras acomodaba los cubiertos, no pude evitar recordar un par de ojos color esmeralda que no había podido sacar de mi cabeza desde hace una semana... Tal vez puedas volver a verlo, las reglas se hicieron para romperse ¿no?... El timbre sonó y Renée salió corriendo a abrir, yo terminé de poner la mesa y salí del comedor hacia la sala.

—¡Bellita! —gritó Emmett y me abrazó alzándome del suelo—. Me preparaste esa deliciosa torta de chocolate, ¿verdad?

—¡Bájame Emmett! Yo estoy muy bien, gracias por preguntar hermanito —le dije con sarcasmo.

—¡Bella, hermanita te extrañé! —me dijo Alice envolviendo de forma efusiva entre sus delgados brazos.

—Yo también Allie —respondí emocionada, de verdad había echado de menos a mis hermanos.

—¡Oh! Él es Jasper Cullen, mi novio —un chico alto, guapo, de cabellos rubios y ojos azules, me sonrió ofreciéndome su mano.

—Mucho gusto Jasper, yo soy Isabella, pero llamame Bella —me presenté y estreché la mano de mi cuñado.

—¡Al fin te conozco Bella! —chilló una rubia despampanante abrasándome—. Soy Rosalie Cullen, la novia de Emmett.

La chica era muy guapa, su cabello rubio caía liso por su espalda hasta un poco más arriba de la cintura, ojos azules y fácilmente podría ser modelo.

—Esta es la última maleta —esa voz, yo he escuchado esa voz.

Me giré lentamente y mis ojos casi se salen de sus cuencas al verlo, sus ojos me recorrieron de pies a cabeza y una sonrisa torcida se formó en sus labios.

—Él es mi hermano, Ed...

—Edward Cullen, mucho gusto —se presentó interrumpiendo a Rosalie.

—Isabella Swan —murmuré, estreché su mano y una suave descarga eléctrica recorrió mi cuerpo.

Y así se fueron por la borda mis reglas de no nombres y no volvernos a ver.

Continuará...


Mojito: Es un cóctel originario de Cuba, compuesto de ron, azúcar (o jarabe de azúcar) lima, menta o hierbabuena y agua mineralizada.