Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 3

Mi día en la oficina fue un total caos, Emmett vino a "ayudarme" tal y como me lo había dicho, pero su ayuda nos costó un par de bajas; la primera fue la copiadora, le pedí a mi hermano que me sacara una copias y no sé cómo diablos lo hizo, pero el caso es que la copiadora acabó en llamas, literalmente, y él enredado en un montón de cables. La segunda baja fue la cafetera, el "experto del café" como se hizo llamar Emmett, tomó el pequeño aparato con exceso de fuerza, no sé qué diablos pensó que era, mandándola al suelo y obvio terminó echa pedazos.

—Te invito a comer jefa —la voz de Emmett me sacó de mis pensamientos.

—Lo siento, pero quedé con... un amigo —vi la hora y tenía justo media hora para llegar al restaurante.

—¿Quién es tu amigo? ¿Lo conozco? —preguntó frunciendo el ceño

—Mmmm, creo que no lo conoces —no quería decirle a mi hermano que iba a salir a comer con Edward, no me gustaría que sacara conclusiones erradas.

Me levanté y me puse mi saco, Emmett no dijo más y tras tomar mi bolso salimos los dos de la oficina. En el aparcamiento nos despedimos y cada quien subió a su coche, conduje por las calles de la cuidad sin prisa, La Bella Italia no estaba muy lejos de la oficina así que no me retrasaría. Bajé del coche y el valet parking se lo llevó, antes de entrar recordé que ni siquiera me había visto en el espejo antes de salir de la oficina, así que saqué un pequeño espejo que traía en mi bolso y suspiré aliviada al ver que, tanto mi cabello como mi maquillaje, se encontraban en perfectas condiciones.

Entré al restaurante y no me fue difícil encontrarlo, su cabello cobrizo y rebelde era inconfundible. Estaba a unos pasos de llegar a la mesa cuando Edward levantó la mirada y sus ojos verdes se toparon con los míos, atrapándome bajo el hechizo de su mirada, me sonrió de forma torcida y mis piernas temblaron. ¡Oh Dios, cómo es que logra que eso me pase con tan sólo una maldita sonrisa!

—Hola Bella —se levantó y se acercó a mí para besar mi mejilla.

—Hola, ¿me estás esperando hace mucho? —pregunté y él corrió la silla para que me sentara, sin duda era todo un caballero.

—No, llegué hace unos minutos —Edward se sentó frente a mí e hizo una señal llamando a un mesero.

El mesero no tardo mucho en acercarse y me sonrió de forma coqueta, en otro momento hubiese coqueteado con él, pero ahora me sentía realmente incomoda, sobre todo por la forma en que Edward me veía. Mi acompañante se aclaró la garganta y el mesero a regañadientes le presto atención, nos tomó nuestra orden y antes de retirarse me guiñó un ojo.

—Definitivamente se acaba de quedar sin propina —masculló Edward por lo bajo, pero aún así lo escuché claramente y no pude evitar soltar una disimulada risita.

Nos sumergimos en una agradable charla, hablamos sobre nuestros gustos y nuestros trabajos, para mi sorpresa Edward era pediatra, no lo hubiese imaginado trabajando con niños pero eso me pareció algo muy dulce. El mesero volvió con nuestra orden, pero al ver como Edward lo taladraba con la mirada se limitó a realizar su trabajo y marcharse, mientras comíamos seguimos con nuestra charla, la cual tomó un rumbo demasiado diferente al inicial.

—Hace un año me divorcié —casi me ahogo con el vino al escuchar esas palabras—. Me casé con Tanya, mi ahora ex esposa, hace cinco años cuando me dijo que estaba embarazada.

—¿Tienes un hijo? —pregunté sin poder ocultar mi asombro.

—De hecho dos, son mellizos: Alec y Jane. En realidad ellos no son mis hijos, ese fue el motivo por el que nos divorciamos Tanya y yo —¿osea que ella le hizo creer que sí eran sus hijos, pero él descubrió la verdad y le pidió el divorcio? Esto es muy confuso—. Creo que necesitas saber toda la historia ¿no?

—No tienes que contarme —respondí encogiéndome de hombros, aunque la verdad sea dicha, curiosidad me estaba consumiendo.

—Tanya y yo nos conocemos desde que estábamos en el instituto, poco después nos hicimos novios y desde entonces estábamos juntos. Estaba por terminar mi carrera cuando un día llegó a mi departamento y me dijo que estaba embarazada, le pedí que se casara conmigo y un mes después ya eramos marido y mujer —Edward hizo una pausa y le dio un sorbo a su copa, para después continuar con su relato—. Hace un año apareció Demetri, el padre biológico de los mellizos, Tanya me confesó la verdad y después me pidió el divorcio. Ahora ella está casada con Demetri y los niños pasan algún fin de semana conmigo, después de todo, para ellos yo soy su padre y para mí son mis hijos.

—No lo puedo creer, ¿le guardas algún tipo de rencor a Tanya por eso? —él sonrió y negó un par de veces.

—Tal vez si la hubiera amado como creía... sí, le guardaría rencor. ¿Y qué hay de ti? ¿Cuál ha sido tu experiencia en le terreno amoroso? —su pregunta me tomó por sorpresa y me tensé.

—No quisiera hablar de eso —gruñí de manera no muy amable y él frunció el ceño.

—Yo te conté mi historia y...

—¡Pero yo no te pedí que lo hicieras! —lo interrumpí casi gritando y no insistió más.

Después de eso el silencio reinó a nuestro alrededor, un silencio demasiado tenso e incomodo que llegaba a ser un tanto asfixiante, el cual era roto ocasionalmente por los cubiertos al chocar sobre los platos y los murmullos de los comensales del restaurante; esto terminó por ponerme los los nervios de punta y terminé por hablar.

—¡Oh está bien, te lo diré! —exclamé exasperada soltando los cubiertos sobre mi plato—. Mi experiencia en el ámbito amoroso no ha sido la mejor, a lo largo de mi vida sólo he tenido tres "relaciones", pero que marcaron un antes y un después en mi vida.

Suspiré y le di un buen trago a mi copa de vino, no puedo creer que vaya a hacer esto, que vaya a contarle precisamente a Edward algo que sólo algunas personas saben, personas que obviamente eran mi familia y un par de amigas.

—Mi primer novio lo tuve a los dieciséis años, se llamaba Mike Newton, me insistió un par de veces para que me acostara con él pero yo no estaba preparada para dar ése paso. Él me dijo que lo entendía y me esperaría el tiempo que fuera necesario, lo que no me dijo fue que buscaría alguien que le diera lo que necesitaba.

—¿Él te engañaba? —asentí a su pregunta y rellené mi copa y tomé un sorbo.

—Lo descubrí por casualidad, estaba en clase de deportes y tuve un accidente, golpeé en la cabeza con un balón a una compañera y el entrenador me mandó a los vestidores, ahí me encontré a mi novio teniendo sexo con otra chica. Aquel día la enfermería tuvo la visita de dos alumnos más, a cortesía de Isabella Swan —terminé con una sonrisa y Edward rió abiertamente.

—Así que eres de armas tomar ¿eh? —comentó divertido y me encogí de hombros mientras delineaba distraídamente el borde de mi copa—. ¿Qué te perecé si vamos a por un helado aquí cerca? Son los mejores de la ciudad.

Acepté y me disculpé para hacer una llamada, tenía que avisarle a Ángela que me iba a tardar un poco más en volver a la oficina, así que fui hasta el tocador e hice mi llamada, ya que estaba allí aproveché para retocar un poco mi maquillaje y salí.

Al volver a la mesa, Edward ya me estaba esperando y en cuanto me vio se puso en pie, salimos del restaurante y pedimos nuestros coches.

—Dijiste que habías tenido tres relaciones y sólo me hablaste de una, ¿qué hay de las otras dos? —tenía la esperanza de que hubiese pasado del tema, pero ya veo que no.

—El segundo fue Jacob Black, eramos amigos desde niños y cuando pasó lo de Mike, él me apoyó en todo momento ayudándome a salir del bache emocional que estaba atravesando. El día que cumplí dieciocho años, Jacob me confesó que estaba enamorado de mí y me pidió que fuera su novia, acepté y estuvimos juntos por año y medio —los recuerdos se agolparon en mi cabeza como una tormenta, los momentos felices que pasé con él, con Jacob fue mi primera vez y como la tonta enamorada que era, creí que nuestro amor sería para toda la vida.

—Bella, ¡Bella! —Edward me sacudió un poco por el hombro sacándome de mis recuerdos, parpadeé un par de veces y enfoqué la mirada en él—. ¿Estás bien?

—Sí, yo sólo... me perdí en mis recuerdos —respiré profundo y seguí con mi relato—. Jacob se fue a la universidad a Chicago y yo me quedé aquí, nos veíamos poco, él venía algún fin de semana y en vacaciones aunque siempre me llamaba por teléfono. Pasaron cuatro meses en los que no nos vimos, me decía que estaba muy ocupado con la universidad y que no podía venir, así que decidí darle una sorpresa e ir yo a verlo, pero la sorpresa me la llevé yo —hice una pausa, buscando las palabras adecuadas para continuar—. Al llegar a su departamento no tuve que llamar, pues yo tenía una copia de la llave, entré y lo encontré en la cama con... con... otro.

—¿Otro? ¿Él es...? —dejó la pregunta incompleta y yo asentí.

—Sí, Jacob es gay.

Nuestros coches llegaron y Edward me dijo que lo siguiera, me monté en mi coche y espere a que él arrancara para después hacerlo yo. Nunca le había hablado sobre mi vida personal a nadie, las personas que sabían sobre mis anteriores "relaciones" anteriores eran desde luego mi familia, Kate y Ángela que eran mis mejores amigas, no sé qué me pasó con Edward, sólo sé que sentí la confianza para decirle.

Edward aparcó su coche y yo lo hice un par de lugares adelante, se acercó a mí y tomó mi mano, antes de que pudiera protestar tiró de mí obligándome a caminar y cruzamos la calle llegando a una pequeña heladería. Todos los helados se veían deliciosos y escoger uno fue una tarea difícil, pero al final uno de chocolate con menta fue el que más se me antojó y Edward pidió el suyo de fresa; saqué mi billetera para pagar mi helado pero, mi caballero acompañante, se me adelantó diciendo que él me había invitado y que él tenía que pagar.

Salimos de la heladería y fuimos hasta un pequeño parque que estaba cerca, caminamos en silencio por un momento disfrutando nuestros helados, y he de decir que Edward tenía razón, éste helado era el mejor que había comido en mucho tiempo, pero aún tengo algo más que contarle, y como sé que no dejará el tema de lado...

—El tercero fue James Witherdale. Fuimos novios por un año y, cuando terminé mi carrera, me propuso matrimonio y fijamos la fecha para tres meses después. Todo estaba listo, el salón, las flores, la iglesia, el banquete, las invitaciones habían sido enviadas... en fin, todo —mis ojos se llenaron de lágrimas ante esos recuerdos y tuve que hacer mi mayor esfuerzo para no soltarme a llorar, me aclaré la garganta para deshacer el nudo que se había formado y continué—. La noche de la cena de ensayo todo se vino abajo, noté que James no estaba por ningún lado y fui a buscarlo... —no pude seguir hablando, pues el maldito nudo en mi garganta volvió a formarse.

—No tienes que continuar —murmuró bajito apretando ligeramente mi mano, la cual no sentí en qué momento tomó, pero ya había removido los recuerdos y era mejor terminar.

—Lo encontré con Victoria, mi mejor amiga y la que sería mi dama de honor, en una situación demasiado comprometedora. James me dijo que él no había planeado eso, que sólo se había dado y que estaba enamorado de Victoria... no tienes una maldita idea de lo que fue para mí, espero justo hasta un día antes de la boda para decírmelo. ¡Un día antes! —un solitaria lágrima rodó por mi mejilla y Edward se apresuró a secarla.

—Ninguno de esos idiotas te merecía Bella, eso está más que claro, pero no por eso debes cerrarte a la posibilidad de volver a amar —dijo acuñando mi rostro entre sus manos.

—No podría soportar otra decepción —murmuré, la distancia entre nuestros labios se volvió cada vez más y más escasa y...

—¡Papi Edward! —chillaron dos voces al unisono, haciéndonos separar rápidamente.

—¡Hola enanos! —Edward se acuclilló frente a los dos niños y los abrazó; ambos tenían los ojos azules, pero la niña tenía el cabello rubio y el niños negro.

Después se incorporó y saludó a una mujer rubia, de ojos azul claro y muy guapa, la cual supuse era Tanya.

—Yo me tengo que ir, gracias por todo y... ya nos veremos después —me despedí con un movimiento de mi mano y me alejé antes de que Edward pudiera decir algo.

Prácticamente corrí hasta donde estaba aparcado mi coche, me subí y con premura me puse en marcha hacia la oficina. Definitivamente tenía que alejarme de Edward, estaba comenzando a sentir algo por él y no podía permitir que ése sentimiento creciera, era lo mejor para ambos.

La semana se me pasó como agua entre los dedos, tuve mucho trabajo en la empresa y mi tiempo se vio seriamente reducido, tanto, que llegaba literalmente muerta a mi departamento y no salía de la cama hasta el día siguiente. Durante estos días Edward me había llamado un par de veces para que saliéramos de nuevo, pero siempre tenía un pretexto para negarme.

Salí de la ducha y fui directo a mi habitación para buscar en mi guardarropa que ponerme, había decidido salir hoy para distraerme y sacar de mi cabeza a Edward, y nada mejor para eso que salir de casería. Saqué un vestido corto y ajustado de color rojo, iba a comenzar a cambiarme cuando mi móvil comenzó a sonar y sin ver quién era contesté.

—¿Diga? —mascullé haciendo malabares para que no se me cayera el móvil, mientras abrochaba mi sostén.

—Hola Bella. Te llamo para invitarte a mi casa, los enanos están aquí y tendremos una noche de películas, ¿qué dices? ¿Te apuntas? —me quedé petrificada cuando escuché su voz.

¡Jodida santa mierda! Debí ver quién llamaba antes de contestar, ahora, qué pretexto le invento a Edward. Porque de una cosa estoy segura, no voy a aceptar ir a su casa con sus hijos a una noche de películas, ah no señor.

Continuará...


Hola! Acá les traigo un nuevo capi, ahora ya sabemos qué fue lo que pasó para que Bella sea tan desconfiada en cuanto a amor se refiere, ¿y quién en su lugar no lo sería?... ahora ¿qué hará Bella? ¿Le dirá que no a Edward y se irá de casería?

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

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