Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 4
Tomé mi bolso y respiré profundamente un par de veces antes de salir del coche, con pasos vacilantes caminé hasta la puerta de la casa frente a mí y quise abofetearme por estúpida, ¿por qué mierda no le dije a Edward que tenía planes y rechacé su invitación? ¡Ah si! No pude porque nada más escucharlo decir: "por favor Bella, acepta" mis neuronas dejaron de funcionar y lo único que pude hacer fue murmurar un: "voy para allá". Tantos días evitando a toda costa verlo para al último haber terminado aquí, en su casa.
Conté hasta tres antes de tocar el timbre, pasaron un par de minutos y nadie abrió, tal vez esa sea una señal de que debo irme, di media vuelta dispuesta a echarme a correr hasta mi coche y marcharme lo antes posible, pero no alcancé a dar ni un paso cuando la puerta fue abierta; suspiré frustrada y lentamente me giré, encontrándome frente a mí a la pequeña Jane.
—Hola, pasa te estábamos esperando —me sonrió dejando ver que le faltaba uno de sus dientes frontales y no pude evitar devolverle la sonrisa, pero de pronto caí en cuenta de algo.
—¿Tus papás no te han enseñado que no debes abrir la puerta sin saber quién es? —pregunté poniéndome a su altura. Ya hablaré de eso con Edward, es muy irresponsable de su parte haber dejado que la pequeña abriera la puerta; que tal si hubiese sido un ladrón, asesino o qué sé yo.
—Sí, pero sabíamos que eras tú, por eso mi papi Edward me dijo que abriera —bueno eso es un punto a su favor.
Me tendió su manita y la tomé incorporándome, me guió dentro de la casa y dejé mi bolso sobre uno de los sofás. Jane me llevó hasta el jardín donde estaban Edward y Alec, los cuales usaban unos impermeables de color azul, pero ¿para qué? Edward al notar mi presencia me sonrió y se acercó.
—Hola Bella —me saludó con un beso en la mejilla, gesto que mandó un cosquilleo por todo mi cuerpo—. Ellos son mis hijos, Jane y Alec, enanos saluden a mi amiga Bella.
—Hola Bella —murmuró Alec completamente sonrojado ofreciéndome su mano como saludo.
—Es un gusto conocerte Alec —respondí tomando su mano y el pequeño me sonrió con timidez.
—Yo ya la saludé, ¿a que sí Bella? —asentí con una sonrisa al ver como Jane batallaba queriendo abrochar su impermeable.
—¿Para qué son los impermeables? —pregunté con curiosidad arrodillándome frente a la pequeña, abroché correctamente los botones y Jane me sonrió en agradecimiento.
—Vamos a pintar aquella pared —respondió Edward señalando con su cabeza la pared, volteé y me confundió ver la pared tapizada con pequeños globos.
—Ten, usalo o mancharás tu ropa —Alec me entregó un impermeable, color rosa al igual que el de Jane, para después salir corriendo con su hermana hasta la pared y se arrodillaron junto a una caja mediana de cartón.
—No entiendo, ¿globos e impermeables para pintar una pared? ¿Y por qué de noche? —Edward se encogió de hombros y comenzó a caminar hacia donde estaban los niños.
Me puse el dichoso impermeable y me acerqué a ellos, mi ceño se frunció al ver que dentro de la caja había muchos dardos, le di una mirada de reproche a Edward y él me dijo que no pasaba nada, que estábamos nosotros para vigilar que los niños no se hicieran daño y que ellos sabían que no deben usarlos, si no son supervisados por un adulto.
Los niños, Edward y yo comenzamos a lanzar dardos a los globos, pasaron un par de minutos y ninguno atinaba, es más, yo ni siquiera podía hacer que los dardos llegaran a la pared. Jane se acercó a la pared y clavó un dardo haciendo estallar un globo que salpicó con pintura color rojo su rostro, pero eso no fue impedimento para que gritara con alegría por su hazaña.
—¡Eso es trampa Jane! No tienes que estar tan cerca de la pared —la pequeña le sacó la lengua a su hermano y volvió a situarse junto a Edward.
Por varios minutos seguimos lanzando dardos, tanto Edward como los niños habían logrado romper un par de globos, pero hasta el momento yo no había tenido la suerte de hacerlo; sin duda mi puntería realmente era un asco, no le atinaría a un globo ni aunque fuera del tamaño de una pelota de playa. Tiré varios dardos más, hasta que por obra divida...
—¡Le atine! ¡Oh por Dios le di a uno! —chillé como si me acabase de enterar que Robert Pattinson me estaba esperando en mi departamento, dispuesto a cumplir mis más bajas y oscuras fantasías.
Edward me felicitó y yo me lancé a sus brazos sin pensarlo, me alzó un par de centímetros del suelo y dio un par de vueltas, cuando me di cuenta de lo que había echo me removí incomoda, él al darse cuenta me soltó y se alejó de mí.
Seguimos lanzando dardos por más de media hora, entre risas y chillidos de emoción habíamos logrado reventar la mayoría de los globos y la pared quedó pintada como si un arco iris hubiera hecho explosión sobre ella. Los niños se quitaron los impermeables y corrieron dentro de la casa riendo, mientras Edward y yo nos quedamos recogiendo el desastre ocasionado en el jardín.
Cuando terminamos de recoger entramos a la casa, los chicos discutían por la película que querían ver, Jane quería ver una película de princesas: La Bella durmiente, y Alec quería ver la de Toy Story 3. Edward me pidió que lo acompañara a preparar las palomitas de maíz mientras los niños se ponían de acuerdo, serví jugo en dos vasos para los niños y sodas para mí y Edward, mientras él sacaba las palomitas del microondas.
Regresamos a la sala pero los niños ya no estaban, seguí a Edward hasta la que reconocí como su habitación y, nada más entrar, los recuerdos de la primera y única vez que estuve aquí me invadieron, haciéndome estremecer a tal grado que los vasos que llevaba en la charola se tambalearon un poco.
—Vamos a ver El Rey León —anunció Alec con una enorme sonrisa, al final no eligieron ninguna de las dos primeras opciones.
—Ven Bella, vamos a ponernos nuestras pijamas. Si trajiste la tuya ¿cierto?
—Claro que sí Jane —dejé la charola sobre una mesita de noche y tomé la mano de Jane.
Salimos de la habitación y fuimos a buscar mi bolso, que había dejado en la sala, y después fuimos a la habitación que era de los niños. Ayudé a Jane a ponerse su pijama y a quitar los restos de pintura de su rostro, mientras ella se calzaba sus pantuflas yo me puse el pijama, que consistía en un pantalón holgado de franela a cuadros color café claro y fucsia con una blusa de tirantes negra.
—¿Te gustan mis pantuflas? —preguntó Jane alzando uno de sus pies para que las pudiera ver, eran color rosa y tenían forma de conejo.
—Claro, son muy lindas.
—Verdad que sí, me las compró papi Edward —se sentó en el borde de la cama, bajó la mirada y suspiró con tristeza.
—Tú quieres mucho a tu papi Edward ¿verdad? —pregunté sentándome a su lado.
—Sí, Alec y yo lo queremos mucho, y nos gusta vivir con él. Bella, ¿a ti te gusta mi papi?
—Bueno... él es... yo supongo que... sí —de un salto se puso en pie y comenzó a chillar emocionada, acción que me recordó mucho a Alice.
—¡Entonces cásate con él! —casi me caigo de la cama al escuchar sus palabras.
—Jane, eso no puede ser porque...
—Mi mamá dice que nosotros vivimos con ella y con papá —me interrumpió—, porque necesitamos una mamá. Así que si te casa con papi, tú serías nuestra mamá y Alec y yo podríamos venir a vivir aquí, con ustedes.
—Cielo, tu papi y yo somos solamente amigos, y los amigos no se casan —sus ojos se volvieron cristalinos y eso me apretujo el corazón—. ¿Qué te parece si volvemos? Nos están esperando para ver la película.
Suspiró con desgana y asintió, volvimos a la habitación y Edward puso la película; los cuatro nos acomodamos en la cama, los niños en medio y Edward y yo a las orillas.
No presté mucha atención a la película, estaba distraída pensando en lo ocurrido en las últimas horas. Aún no podía creer que hubiese cambiado mis planes para estar aquí, pero siendo sincera no me arrepentía; me divertí de lo lindo pintando la pared en el jardín y estar aquí, los cuatro viendo una película como si fuéramos una familia... no lo cambiaría por nada. Lo que me lleva a la charla que tuve con Jane, si me casara con Edward esto sería algo cotidiano, sé que los niños no podrían vivir de forma permanente con nosotros pero seguirían pasando algunos días aquí, y quién sabe, tal vez en un par de años ya no seriamos sólo cuatro y un pequeño o pequeña de ojos verdes... ¡Oh mi Dios! ¿Qué estás pensando Isabella? Deja de pensar tonterías y pon atención a la jodida película.
La película terminó y los chicos se habían quedado dormidos, Edward apagó el televisor y el equipo de video.
—Buenas noches Bella.
—Buenas noches Edward —murmuré y apagó la lámpara.
Busqué una posición cómoda para poder dormir, cerré los ojos y me dejé llevar al mundo de los sueños.
Sentía una presión en el abdomen y en mis piernas, no era muy incomoda pero ahí estaba, abrí los ojos y una sonrisa se formó en mis rostro al ver la escena en la cama, Jane tenía su cabeza apoyada en la espalda de Edward, el cual dormía plácidamente boca abajo, y la presión que sentía en mi abdomen era uno de los pies de la pequeña. Alec dormía en una extraña posición en diagonal, su cabeza estaba apoyada en mis piernas y sus pies estaban muy cerca de la cabeza de su hermana.
—Son muy inquietos a la hora de dormir —dijo un adormilado Edward.
—Vaya que sí lo son, buenos días —me sonrió, con esa sonrisa de lado que me hace olvidar hasta cómo respirar.
—Buen día —se levantó con cuidado de no despertar a los niños, se estiró para desperezarse y su playera se subió un poco dejando a mi vista una parte de su perfecto abdomen—. Voy a preparar el desayuno.
—Ayúdame a salir de este enredo y entre los dos podemos hacerlo —asintió y me ayudó a levantarme sin despertarlos.
Recogí mi cabello en un flojo moño y lo seguí hasta la cocina, Edward sacó todo lo necesario para preparar hot-cakes, se puso un delantal y comenzó a hacer la mezcla mientras yo cortaba fruta. Estaba demasiado concentrada en mi tarea, tanto, que no me di cuenta de en que momento Edward se acercó a mí y me lanzó un puñado de harina a la cara.
—¿Por qué hiciste eso? —pregunté sacudiendo los restos de harina, me dio una mirada de no rompo ni un plato y se encogió de hombros—. Ya veras Edward Cullen.
Tomé un puñado de harina y se lo lancé, él me miro sorprendido por unos segundos y, cuando reaccionó, volvió a lanzarme más harina. De pronto, nos vimos ambos corriendo por toda la cocina, riendo y lanzándonos harina mutuamente como si fuéramos dos pequeños niños; le lancé un puñado de harina, que fue directo a su cara y casi lo ahogo.
—¿Estás bien? —pregunté asustada acercándome a él, pues tosía escandalosamente y boqueaba en busca de aire.
—Sí... sólo tenía la boca entreabierta y... me entró un poco de harina —respondió con dificultad.
Estábamos muy cerca el uno del otro, su cercanía me aturdía así que hice el amago de alejarme pero no me lo permitió; al contrario, me tomó por la cintura y me pegó a su cuerpo. Besó suavemente mis labios, apenas un simple rocé pero que mandó una serie de escalofríos por todo mi cuerpo, su dedo indice se deslizó por mi hombro en una suave y sensual caricia, bajando por mi brazo y mi respiración se torno errática, mandé todo al diablo y estampé mis labios sobre los suyos besándolo con desesperación.
Su agarré en mi cintura se hizo más firme, delineó mi labio inferior con su lengua y no dudé en concederle el permiso para entrar. No pude evitar gemir, cuando nuestras lenguas se encontraron y... el timbre comenzó a sonar de forma insistente, pero él no tenía la más mínima intensión de apartarse de mí.
—Ed-Edward... el... timbre —logré murmurar sobre sus labios y, tras suspirar, se apartó de mí pero no aflojó su agarre en mi cintura.
—¿Quién diablos será el inoportuno? —gruñó y no pude evitar reír.
—No seas gruñón, yo voy a abrir. Pero necesito que me sueltes —antes de soltarme me volvió a besar.
El sonido insistente del timbre nos hizo separarnos, Edward suspiró frustrado y me soltó, salí de la cocina con una sonrisa en mis labios y de camino a la puerta me sacudí la harina un poco; al abrir la puerta la persona al otro lado me miró de arriba a abajo de forma despectiva, y esa persona era nada más y nada menos que Tanya, la ex mujer de Edward.
—¿Quién diablos eres tú? —preguntó, o mejor dicho, escupió las palabras.
—Isabella Swan, soy... amiga de Edward —sus ojos llamearon furiosos y estaba tan tensa como un palo de escoba.
—¿Tanya, qué haces aquí? —ambas centramos nuestra atención en Edward, que se acercaba a donde estábamos sacudiendo su cabello para quitar los restos de harina, cosa que me pareció extremadamente sexy.
—Vengo por mis hijos.
—Habíamos quedado en que yo los llevaría por la tarde a tu casa —Tanya bufó y me miró de forma nada agradable, ¿qué mierda le pasa a ésta?—. Entiendo, voy a avisarles que estás aquí.
—Espera Eddie, yo voy a avisarles —di media vuelta y me alejé rumbo a la habitación, no sin antes sonreír, al escuchar como Tanya le reclamaba a Edward el hecho de que ahora le gustaba que lo llamaran Eddie.
Entré a la habitación y los niños aún estaban profundamente dormidos, se veían tan tranquilos, parecían dos pequeños angelitos y me daba pena despertarlos, pero tenía que hacerlo; me acerqué a ellos y los moví un poco pero no se despertaron. Decidí dejarlos dormir y, decirle a Edward, que tratara de convencer a Tanya para que los dejara hasta más tarde, volví pero ellos ya no estaban en la puerta, sus voces provenían de la sala.
—Me voy a divorciar de Demetri —esas palabras me frenaron en seco, cuando estaba a punto de entrar a la sala, y me escondí para poder escuchar—. Casarme con él a sido la peor decisión que he tomado en mi vida.
—Tanya, lo lamento mucho de verdad.
—Edward, ahora que me divorcie, nosotros podríamos volver a intentarlo. Los niños te aman como si fueras su padre, eres su padre, y yo aún siento algo muy fuerte por ti —¿ésta qué se cree? ¿Qué puede venir y decirle a Edward que lo vuelvan a intentar, después que ella le vio la cara por tantos años y él va a aceptar así como así? Porque no va a aceptar ¿cierto?
—Te quiero mucho Tanya —ella se abalanzó sobre él y trató de besarlo, pero Edward la apartó delicadamente—. Te quiero, pero no de esa forma.
—¿Es por esa zorra, Isabella? —¿zorra yo? Pero mira quién vino a hablar—. ¡Con un demonio contéstame! ¿Es por ella? —no esperé a escuchar una respuesta por parte de Edward, entré a la sala y ambos se giraron en mi dirección.
—Los niños aún están dormidos, traté de despertarlos pero no pude —sin más di media vuelta y salí rumbo a la cocina.
Me serví un poco de café y continué con el desayuno, Edward no venía y las ansias por saber si seguía hablando con ella me mataban, porque sí, ya no lo puedo negar, Edward me gusta, y aunque me niego a aceptarlo creo que hay algo más que eso, algo que no debía haber nacido y mucho menos crecer.
Un fuerte olor a quemado me sacó de mis pensamientos, ¡mierda los hot-cakes! Me giré bruscamente hacia la estufa y efectivamente, los dos hot-cakes que tenía al fuego estaban prácticamente carbonizados, los boté a la basura y seguí con mi tarea, pero esta vez sin perder la concentración en lo que hacía.
—Tanya se fue, yo llevaré a los niños más tarde a su casa —apagué el fuego y puse el último par de hot-cakes en el plato.
—El desayuno está listo, ve a ver si puedes despertar a los niños —en ningún momento me giré a verlo, escuché sus pasos pero no para salir precisamente.
—Escuchaste lo que dijo Tanya, ¿cierto? —no respondí nada, como dicen por ahí el que calla otorga. Suspiró, me giró para que quedara frente a él y acuñó mi rostro entre sus manos—. No voy a volver con ella porque yo...
—No lo digas —lo interrumpí poniendo mi dedo indice sobre sus labios—. No quiero escucharlo, no estoy preparada para escucharlo.
—Bella, ¿tú sientes algo por mí?
—No debería, no debería hacerlo pero sí. Edward, yo... tengo miedo, miedo a entregar mi corazón y volver a salir lastimada —murmuré y me besó, un beso dulce, tierno y muy diferente al de hace un rato.
—Dame la oportunidad de borrar esos miedos, de demostrarte que no todos los hombres somos iguales —respiré profundamente y asentí, ya no tenía la fuerza suficiente para mantenerme alejada de él.
Sus labios buscaron los míos y me besó hasta dejarme sin aliento, nos separamos cuando la falta de oxigeno se hizo presente y dos vocesillas se escucharon cerca de la cocina.
Llevamos el desayuno al comedor, desayunamos los cuatro entre risas y planes para pasar el día; y yo me sentía feliz, realmente feliz por primera vez desde hace varios años.
Continuará...
Hola!, acá les dejo un nuevo capi espero que les gustara. Las actualizaciones serán semanales, al igual que con mis otros Fic's (solamente con "Utopía" no podré publicar cada semana, pero haré lo posible para subir capítulo cada 15 días)
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's
¿Algún review? =)
