Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 5

—Bien, hemos llegado chicos —anunció Edward y salió del coche, sinceramente espero que Tanya no vaya a molestarse porque los niños llegan media hora más tarde de la hora convenida a casa.

—Adiós Bella, me lo pase increíble hoy —desabroché mi cinturón de seguridad y me giré para despedirme de la pequeña Jane.

Alec me dio un beso en la mejilla y salió del coche junto con su hermana, Edward los acompañó hasta la puerta de la casa, la cual fue abierta por Tanya que tenía una sonrisa en su rostro, sonrisa que se borró en cuanto me vio dentro del coche de su ex marido. Apresuró a los niños a que se despidieran y prácticamente le cerró la puerta en las narices a Edward, que volvió al coche con una sonrisa divertida en su rostro y lo puso en marcha.

Nos sumergimos en un silencio agradable, yo veía distraídamente por la ventana recordando lo genial que había sido el día de hoy. Después de desayunar había vuelto a mi departamento para ducharme y cambiarme, al cabo de una hora Edward y los niños llegaron por mí, fuimos a un parque de diversiones donde pasamos varias horas recorriendo todas y cada una de las atracciones, después fuimos a comer hamburguesas y terminamos nuestro recorrido en el cine. Sí, sin duda había sido un día perfecto.

Edward tomó mi mano, le dio un ligero apretón sacándome de mis pensamientos y durante el resto del camino a mi edificio no la soltó; llegamos y él se apresuró a bajar del coche para abrirme la puerta, como el perfecto caballero que es, me ayudó a salir y me acompañó hasta la entrada.

—Bien, ha llegado sana y salva mi bella dama, así que este caballero se despide pues tiene que marcharse —soltó un sonoro suspiro, lo cual interpreté como una señal de que realmente no quería irse.

—¿Quieres subir a tomar algo? —me aventuré a preguntar con una sonrisa que él me devolvió.

—No quiero causar molestias.

—No es molestia, además aún no es tan tarde —asintió y entramos al edificio tomados de la mano, lo cual se estaba haciendo una costumbre en las últimas horas que hemos pasado juntos.

Subimos hasta mi departamento, fui directo a la cocina a preparar café y Edward se quedó esperando en la sala.

—Jane me dijo que habló contigo, ¿puedo saber sobre qué? —me preguntó una vez me senté a su lado.

—Solamente me contó lo mucho que te quiere, y que le gustaría vivir contigo.

—¿Eso fue todo? —asentí en respuesta, estaba casi segura de que él sabía todo acerca de mi pequeña charla con la niña.

Estuvimos hablando y riendo de muchas cosas durante un par de horas, hasta que Edward se levantó para irse, lo acompañé hasta la puerta y se despidió de mí con un beso en los labios, un beso que comenzó suave y pausado pero después de unos segundos todo cambió. Su lengua acarició mi labio inferior pidiendo permiso para entrar y yo no se lo negué, nuestras lenguas se encontraron en una dulce y sensual danza, batallando por conseguir el dominio.

Su agarre en mi cintura se hizo firme pegándome más a su cuerpo si era posible, mis manos se enredaron en sus cabellos de los cuales tiré suavemente arrancándole un gemido que me excitó sobre manera. Nos separamos cuando la falta de aire se hizo presente, nuestras respiraciones eran agitadas y dentro de mis venas el deseo y la lujuria corría como lava ardiente.

—Quédate —susurré y como respuesta sus labios atraparon los míos de nuevo.

Nuestros labios se movían de forma desesperada, queriendo calmar la necesidad que crecía a cada segundo entre nosotros, de pronto mi espalda chocó contra la pared y me vi acorralada entre ésta y su cuerpo, sus manos bagaron dejando suaves caricias por mi espalda, bajando por mis costados hasta mis caderas y por último a mis glúteos; me impulsó un poco hacia arriba, por reflejo enredé mis piernas en torno a sus caderas y, un gemido que murió en sus labios, salió desde lo más profundo de mi pecho al sentir su erección.

Nos separamos por falta de oxigeno, jadeante me preguntó dónde estaba mi habitación y, entre besos y caricias furtivas, llegamos hasta mi cama; me hinqué en medio de ésta y él me imitó quedando frente a mí.

Solté uno a uno los botones de su camisa, con movimientos lentos y rozando con la punta de mis dedos la piel que iba quedando expuesta, cuando el último botón cedió, acaricié su abdomen desde su cintura subiendo hasta sus hombros, para terminar sacando su camisa y la lancé a algún lugar de la habitación. Mi blusa no tardó en hacerle compañía a su camisa, Edward soltó mi cabello que cayó libre por mi espalda y con las yemas de sus dedos acarició mi cuello, mi clavícula y mi brazo para después acariciar tortuosamente lento mi espalda hasta llegar al broche de mi sujetador, el cual con maestría desabrochó y se deshizo de el dejando mis pechos expuestos ante él.

Sus labios devoraron con avidez mis pechos, mordisqueando y succionando mis duros pezones haciéndome suspirar y gemir en repetidas ocasiones. Con delicadeza me recostó sobre la cama, sus labios dejaron un reguero de besos por mi cuello, mis pechos, dónde se demoró unos minutos más, después bajó por mi abdomen hasta toparse con el botón de mis jeans, el cual desabrochó y con un fluido movimiento se deshizo de la molesta prenda; acarició mi intimidad por sobre el fino encaje de mis pequeñas bragas, y mi cuerpo se arqueó a la par que mis caderas se movían buscando un poco más de fricción. Sentía una bola de fuego en mi bajo vientre que mandaba olas de calor por todo mi cuerpo, era como si estuviera en medio de una hoguera a punto de calcinarme y el único que podía apagar ése fuego era Edward, pero Edward estaba de lo más divertido torturándome jugando con el elástico de mis bragas.

—Edward... no me... tortures más —le pedí entre jadeos.

—No seas impaciente, cariño —susurró con voz ronca y mordió suavemente el lóbulo de mi oreja.

Bien, así que quieres jugar Edward Cullen, pues en este juego ambos podemos participar. Cuando trató de quitarme las bragas no se lo permití, me vio confundido y aprovechando esa confusión me las arreglé para invertir posiciones; me acomodé a horcajadas sobre él, mis labios atacaron su cuello de forma sensual y lenta a lo que él gruñó en protesta, mis manos acariciaban su abdomen mientras dejaba un camino de besos húmedos sobre el sin prisas, torturándolo como lo había hecho conmigo. Me tomé un minuto para jugar con su cinturón antes de poder sacárselo, solté el botón de sus jeans y al bajar la cremallera "accidentalmente" rocé su erección provocando que gimiera sonoramente, lentamente comencé a bajar sus pantalones y él alzó sus caderas para facilitarme la tarea de sacarlos.

Volví a acomodarme a horcajadas sobre él, nuestros sexos se rozaron y ambos gemimos ante el contacto, después de eso estuve a punto de mandar el dichoso juego al diablo, pero logré centrar mi concentración en seguir torturándolo. Alargó su mano para acariciar mi pecho pero chasqueé la lengua y negué un par de veces, sujeté sus manos por sobre su cabeza y, aunque fácilmente podía zafarse de mi agarre, no lo hizo; busqué sus labios que gustosos me recibieron y comencé a moverme restregándome sobre él, a cada roce de nuestros sexos un latigazo de placer azotaba mi cuerpo, pero yo necesitaba más, mucho más que eso. Justo cuando estaba por mandar todo al diablo Edward se soltó de mi agarre y nos giró, con premura se deshizo de sus bóxer y rasgó mis bragas lanzando los trozos de encaje al suelo, ya después le reclamaría por ello

—Creí que la impaciente era yo. ¿Qué pasó con tu juego cariño? —me sonrió de forma ladeada y se acomodó entre mis piernas, rozando mi entrada con la punta de su miembro.

—Al diablo la paciencia y el juego —respondió y me penetró de una sola y fuerte estocada.

Sus embestidas eran rudas y la vez suaves, es difícil de explicar pero sólo él podía ser salvaje y apasionado, a la vez que tierno y dulce; la habitación fue inundada por nuestros jadeos y gemidos que no eran para nada discretos, estoy segura que nos escuchaban hasta el primer piso del edificio y estábamos en un séptimo. Estaba cerca, muy cerca de alcanzar mi liberación y enredé mis piernas en su cintura para que las embestidas fueran más profundas, Edward aumentó el ritmo de sus movimientos, llevándome al borde del orgasmo y cuando estaba a nada de alcanzarlo... se detuvo.

—Edward... ¿por qué... diablos te...? —no terminé mi pregunta, pues tuve una respuesta al ver como sonreía: Edward quería seguir torturándome.

Después de lo que me pareció una eternidad, comenzó a moverse de nuevo con lentitud, demasiada lentitud para mi gusto. Lo atraje hacia mí y lo besé apasionadamente, sin deshacer nuestra unión reuní todas mis fuerzas y nos hice girar quedando yo sobre él.

—Yo también puedo jugar —susurré en su oído.

—Bella —mi nombre salió de sus labios a modo de advertencia pero lo ignoré.

Comencé a moverme de arriba a abajo, lento y con movimientos en círculo, Edward gruñía y maldecía a cada uno de mis movimientos. Trató de ayudarme tomándome por las caderas para acelerar el ritmo de mis movimientos pero se lo impedí; por un par de minutos, ya que no sólo lo estaba torturando a él sino también a mí, continué con mis lentos movimientos antes de aumentar el ritmo. Tan sólo unos cuantos minutos más, bastaron para que ambos alcanzáramos la cima al mismo tiempo con un orgasmo tan intenso, que me desplomé sobre él rendida y sin fuerzas.

—Me debes unas bragas —le dije cuando recuperé el aliento y él se rió.

—Descuida, te las repondré —respondió y besó el tope de mi cabeza.

La luz del sol que se colaba por las ventanas, cuyas cortinas anoche no corrí, me despertó. No pude evitar sonreír al ver a Edward profundamente dormido a mi lado, con su brazo enrollado de forma posesiva en mi cintura manteniendome cerca de él; con cuidado de no despertarlo me levanté para ir a preparar el desayuno, saqué del cajón de mi ropa interior unas bragas y me las puse, me topé con la camisa de Edward tirada en el suelo y la levanté para ponérmela.

Encendí la cafetera para preparar un poco de café, saqué todo lo necesario para preparar pan francés y me puse manos a la obra. Estaba por quitar el último trozo de pan del fuego, cuando unos brazos se enredaron en torno a mi cintura, Edward besó mi mejilla y apoyó su barbilla sobre mi hombro.

—Eso huele delicioso.

—Corrección, está delicioso —dije y ambos reímos.

Me ayudó a llevar todo a la mesa, se sentó atrayéndome consigo para que me sentara en sus piernas y no opuse resistencia. Desayunamos entre besos y risas, nunca había estado así con nadie, ni siquiera con James que estuvimos a punto de casarnos, y aunque me asustaba demasiado volver a salir lastimada, dejaría que las cosas siguieran su curso.

El teléfono comenzó a sonar y aunque Edward no quería soltarme, logré zafarme de su agarre y fui a contestar.

—¿Diga?

—Bella, ¿dónde estás? —al escuchar la voz de Ángela quise darme de topes contra la pared—. Hace diez minutos que tenías que haber llegado a la oficina, no sé sí recuerdas que tienes una junta con los del área de finanzas y... ¿qué crees? ¡Es en menos de cinco minutos!

—Angie, lo olvidé por completo. Aún estoy en mi departamento pero por favor pospón la reunión, te juro que estoy allí en media hora —no esperé una respuesta de su parte, corté la comunicación y corrí a mi habitación.

—¿Qué pasa Bella? —Edward estaba apoyado en el marco de la puerta, y digamos que verlo así, sin camisa y con esa sonrisa ladeada era la perdición de cualquier mujer.

—Eh... tengo que ir a la oficina, tengo una reunión y... ya estoy retrasada —las últimas palabras salieron apenas en un susurro, pues Edward estaba tras de mí y sus labios recorrían mi cuello de una forma que debería ser ilegal, al menos en éste momento.

—Entonces... podemos compartir la ducha —murmuró desabotonando la camisa y asentí incapaz de formular una frase coherente, es increíble lo que éste hombre me provoca.

Bajé del auto y corrí adentrándome al edifico, entré al ascensor y el tiempo que tardé en llegar a mi oficina se me hizo eterno; Ángela al verme me dio una mirada reprobatoria, al final no llegué en media hora como le había dicho todo gracias a Edward y la ducha, donde habíamos terminado haciendo el amor.

Los días comenzaron a pasar volando, dando lugar a las semanas y los meses. Así llegamos a diciembre y ya hoy era la cena de navidad; entre Edward y yo las cosas iban de maravilla aunque no eramos novios formalmente, yo no quería poner un titulo a nuestra relación por miedo a que esto que tenemos se estropee y termine, y aunque él se quedaba en mi departamento o yo en su casa, nuestras familias no sabían nada. Alice y Rosalie sospechaban algo y en más de una ocasión trataron de sacarme información, sin éxito claro, y al final terminaron por convencerse de que nada pasaba entre Edward y yo.

Estaba terminando de acomodar los regalos bajo el gran árbol navideño de mi madre, como es costumbre Alice, Emmett y yo pasaríamos navidad en casa de nuestros padres, teníamos que quedarnos a dormir allí para por la mañana abrir todos juntos los regalos, pero en ésta ocasión Jasper, Rosalie y Edward se nos unirían, ya que sus padres no habían podido viajar. Cuando terminé subí a arreglarme, me duché y me vestí con lo que Alice eligió para mí, un vestido color rosa coral tipo halter con un escoté en "V" profundo pero si llegar a ser vulgar, ajustado hasta las caderas y después caía suelto hasta mis rodillas; mi cabello lo dejé suelto y sólo ondulé un poco las puntas, maquillaje ligero y como accesorios un brazalete con pequeñas piedrecillas blancas y unos pendientes a juego, unas zapatillas de tacón color negros y estaba lista.

Cuando bajé mi familia estaba en la sala, incluidos Jasper y Rosalie, a los que saludé y me senté para unirme a la charla. No podía evitar voltear a ver el reloj a cada minuto, Edward aún no llegaba y estaba ansiosa por verlo, el timbre comenzó a sonar y rápidamente me ofrecí para ir a abrir. Y ahí estaba mi adonis personal, que en cuanto me vio me sonrió y acortó la distancia entre nosotros, uniendo nuestros labios de forma dulce haciéndome suspirar.

—¡Oh! Perdón yo... no quería... interrumpir —nos separamos y lentamente ambos volteamos a ver a la persona que nos había visto.

—Mamá, Edward y yo...

—Tranquila cariño, no tienes que explicarme nada —dijo con una sonrisa pícara y viéndonos de una forma que hacía brillar sus ojos de emoción—. Y no se preocupen que no diré una sola palabra, es más, yo no he visto nada —mi mamá me guiñó un ojo y se fue dejándonos solos de nuevo.

—Bella, creo que deberíamos decirles amor —suspiré sonoramente y me giré dándole la espalda.

—Edward, hemos hablado de eso y...

—¡¿Cuándo vas a entender que te amo?! —exclamó interrumpiéndome y me volví quedando frente a él—. Yo no soy como Mike, Jacob o James, nunca podría lastimarte, pero me temo que tus miedos terminaran por separarnos.

No me dio tiempo a decir nada, se fue a reunirse con los demás y me dejó sola. Una solitaria lágrima rodó por mi mejilla y la limpié con un movimiento brusco, regresé a la sala y Renée me dio una mirada interrogativamente a lo que yo negué.

La cena pasó para mí en un ambiente demasiado tenso, Edward estaba callado y no levantaba la mirada de su plato, sin contar que no se quiso sentar a mi lado sino que se sentó junto a su hermana Rosalie, dejando que Emmett se sentara junto a mí.

Al terminar de cenar fuimos todos de nuevo a la sala, donde estuve sólo un momento escuchando a Emmett cantar villancicos, nada bien he de agregar, y gracias a Dios que Alice lo mandó callar. Después de media hora me despedí, alegando que me dolía la cabeza y subí a mi habitación, me puse mi pijama, me metí a mi cama y abracé mi almohada; como quisiera estar entre los brazos de Edward, ya me había acostumbrado a dormir abrazada a él y definitivamente no esperaba que peleáramos, esta no era mi idea de como sería esta navidad.

—¡Bella despierta! —gruñí y me tapé con las mantas hasta la cabeza—. Vamos Bells, ya todos están abajo y sólo faltas tú. Sabes que sin ti no podemos comenzar a abrir los regalos —mi latosa hermana estaba brincando sobre mi cama, provocando que ésta se moviera como si estuviéramos en medio de un terremoto.

—Alice, quiero seguir durmiendo —dije y la empujé con mis pies haciéndola caer al piso.

—¡Auch! Eso me dolió —se levantó sobándose el trasero y no pude evitar reír—. Bien, tú lo quisiste así, le diré a Emmett que suba y te lleve abajo aunque sea a rastras.

—Ni se te ocurra hacerlo —me dio una mirada que decía: Oh, claro que lo haré, y no tuve más remedio que aventar las mantas a un lado y levantarme.

Alice salió de mi habitación con una sonrisa más grande que la del gato de Alicia y eso es mucho decir, recogí mi cabello de manera desordenada con una liga elástica y salí de la habitación encontrándome con Edward en el pasillo, estaba apoyado en la pared, con la cabeza gacha y al oír mis pasos levantó la mirada.

—Feliz navidad —murmuró y me envolvió de manera cálida entre sus brazos.

—Odio que estemos distanciados —dije apretándome más contra él y escondí mi rostro en el hueco de su cuello aspirando su embriagante aroma.

—Yo también amor, siento lo de anoche. No debí...

—No digas nada, tenías razón en todo lo que dijiste. Me has demostrado de muchas formas que eres diferente y que me amas, haré todo para esto funcione Edward, aunque eso incluya ponerle un titulo a nuestra relación, te amo y no quiero perderte —acaricié su mejilla y lo besé suavemente en los labios.

Bajamos a la sala tomados de la mano, todos se quedaron pasmados al vernos y cuando les explicamos que estábamos juntos, entraron en estado de shock, a excepción de mi mamá claro, ella se acercó a nosotros con una amplia sonrisa y nos felicitó; pasado el shock inicial los demás también nos felicitaron y, tanto Emmett como mi padre, advirtieron a Edward que si me lastimaba ya se las vería con ellos.

Nos sentamos todos junto al gran árbol y comenzamos a abrir regalos mientras tomábamos una taza de chocolate caliente, Edward besó mi mejilla y yo le sonreí, después de todo no había sido una mala navidad.

Continuará...


Hola! Aquí les dejo un nuevo capítulo, espero que haya sido de vuestro agrado. Quisiera pedirles un enorme favor, mi Fic Juegos del Destino está siendo plagiado, por favor ayúdenme a denunciar a la chica ya que no quiso retirarlo por las buenas, su nick name es Carlie123 y publicó la historia bajo el nombre de Juego de gemelas. De ante mano, muchas gracias.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's

¿Algún review? =)