Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 6
Un mes había pasado desde que Edward y yo eramos novios oficialmente, y no sé si era el hecho de que ya no teníamos que esconder lo nuestro, pero ahora me sentía más relajada y los últimos días habían sido simplemente perfectos; pero no todo puede ser perfección en mi vida, hoy por la noche se celebraba una fiesta de beneficencia a la que obvio teníamos que asistir, así que me vi arrastrada por los huracanes que tengo por hermana y cuñada al centro comercial, para comprar nuestros vestidos.
—Mira Bells, éste es el vestido perfecto para ti, ve y pruébatelo —suspiré con resignación y tomé la dichosa prenda, en la última hora y media había escuchado esas mismas palabras por parte de Alice al menos unas seis veces.
Entré al probador y cambié mi ropa por el vestido, era de color violeta, strapless y largo hasta rozar el suelo, algo sencillo como me gustaba, pero no terminaba por convencerme del todo. Salí del probador y tanto Rosalie como Alice me miraron con el ceño fruncido, me examinaron por unos largos minutos y desde todos los ángulos posibles, para después en perfecta sincronía negar con sus cabezas, resoplé con frustración y volví a cambiarme.
Cuando salí de nuevo Rosalie y Alice estaban pagando sus vestidos, salimos de la tienda y fuimos a tomar algo antes de seguir buscando mi vestido.
—Desde hace tiempo he querido preguntarte algo. ¿Tú y Edward ya se conocían de antes? Es que cuando se encontraron en casa de tus padres, cuando recién llegamos, me pareció que ya se conocían —casi me ahogó con mi café al escuchar a Rosalie, ahora qué le voy a decir, no es como si pudiera decirle que efectivamente Edward y yo nos "conocíamos" de antes, pues compartimos una noche de sexo desenfrenada sin saber ni siquiera nuestros nombres.
—Ehm... bueno sí... es decir no... bueno, sí nos habíamos visto... aunque no nos presentamos formalmente... ¡Argh! Lo que quiero decir es que... nos conocíamos sólo de vista —tanto Alice como Rosalie, fruncieron el confundidas, y cómo no, síi ni yo misma entendí una sola palabra de lo que dije.
—¡Suéltalo todo Isabella! —chilló Alice, llamando la atención de unas cuantas personas a nuestro alrededor, y la fulminé con la mirada.
Al principio me negué rotundamente a hablar, pero Alice me amenazó con torturarme si era necesario hasta que lo hiciera, y conociéndola como la conozco, sé que es totalmente capaz de hacerme tortura china, así que no tuve más opción que contarles todo.
Me escucharon con atención, sin perder esa mirada curiosa y la sonrisa pícara, obviamente no les conté todo con lujo de detalles, les dije solamente lo justo y necesario; cuando terminé de hablar ambas estaban demasiado serias, voltearon a verse y después voltearon a verme, para segundos después soltarse a reír como locas.
—Serían tan amables de dejar de reírse —gruñí por lo bajo completamente avergonzada por la forma en que las personas nos veían, creo que más de alguien estaba pensando en la posibilidad de llamar a los hospitales psiquiátricos y preguntar si no es que se habían escapado un par de locas, al menos yo sí que lo estaba considerando.
—Es que... simplemente no... puedo creerlo —balbuceó entre risas Rosalie, respiró profundo un par de veces y se secó las lágrimas con el dorso de la mano, ¡oh sí! Había llorado de risa—. Isabella Swan, ¿qué jodidos hiciste con mi hermano? Siempre fue un mojigato santurrón de primera mano, la única vez que se acostó con Tanya antes de que se casaran, fue porque estaba tan borracho que no sabía ni su nombre.
¿Eso quiere decir que después de Tanya no había estado con nadie hasta aquella noche? ¡Genial! Ahora me siento como una maldita zorra, no es que me haya acostado con toda la población masculina de la cuidad, pero sí necesito más que los dedos de una sola mano para contarlos y... ¡oh está bien! Lo admito, no me alcanzarían ni los dedos de ambas manos si me pusiera a contarlos, pero nunca le di mucha importancia a eso.
Creí que nunca llegaría el día en que me volvería a enamorar y me arrepentiría de todo, es más, estaba total y completamente segura de que pasaría sola el resto de mi vida; pero ahora que ese día llegó, me siento como una completa puta. Mis ojos se llenaron de lágrimas y mi labio inferior comenzó a temblar, ¡Dios! No merezco a alguien como Edward.
—¡Oh Bella! No te pongas así hermanita, eso es pasado y...
—No Alice, no lo entiendes, yo no merezco estar con él. No lo merezco —no pude retener más las lágrimas y me solté a llorar como una niña chiquita.
Estuve llorando por unos minutos recibiendo palabras de consuelo, por parte de mi hermana y una muy confundida Rosalie, cuando me tranquilicé mi cuñada me pidió disculpas pues creía que me había puesto así debido a su comentario, pero le expliqué todo y para mi sorpresa, ya que yo esperaba que me exigiera alejarme de su hermano, me dijo que eso era parte de mi pasado, que lo único realmente importante ahora era que estaba con Edward y que lo amaba tanto como él a mí.
Después de un rato reanudamos la búsqueda de mi vestido, al final mi vestido perfecto fue uno de los primeros que me había probado, cuando Alice me hizo comprar ése precisamente, me dieron ganas de colgarla del árbol más alto que encontrara por haberme hecho perder tanto tiempo de tienda en tienda.
Me di un último vistazo en el espejo y he de admitir que me veía bastante bien, mi cabello lo llevaba suelto con unas ligeras ondas, mi maquillaje consistía en: sombras en tonos azul, mascara para pestañas, delineador de ojos y brillo labial. Mi vestido en color azul claro y con una cinta bajo el busto color plata, era strapless y no muy ajustado, largo y con una sexy abertura del lado izquierdo que dejaba entrever mi pierna, zapatos de tacón color plata y como accesorios una discreta gargantilla y una pulsera a juego.
—Te ves hermosa —me alagó Edward parándose detrás de mí y besó mi hombro desnudo, él había llegado desde hace un par de horas a mi departamento.
—Gracias, tú te ves bien —bien era poco, se veía realmente sexy con ese smocking negro, me regaló una de esas sonrisas torcidas que me hacen temblar las rodillas y sus brazos se enredaron en torno a mi cintura.
—No tenemos que quedarnos por mucho tiempo en la fiesta, ¿verdad?
—No, solamente haremos acto de presencia y nos regresamos, francamente no es como si tuviera muchas ganas de ir —me giré para quedar frente a él y pasé mis brazos por su cuello—. Preferiría quedarme aquí contigo.
—Lo mejor es que nos vayamos, o de lo contrario, te voy a arrancar ese vestido y no te dejaré salir de la cama en toda la noche. Además, mientras más pronto nos vayamos, más pronto regresaremos —me dio una mirada llena de lujuria y no tuve de otra más que alejarme de él, tomar mi pequeño bolso y mi abrigo, de lo contrario no iríamos a la fiesta.
Durante el camino ambos estuvimos sumergidos en un cómodo silencio, Edward no soltó mi mano en ningún momento y de vez en cuando dejaba besos en el dorso de ésta.
Al llegar al lugar de la fiesta se bajó del coche y me abrió la puerta ayudándome a salir, entramos al lujoso salón y todas las miradas se posaron en nosotros, ya me imagino el titular en todos lo periódicos y el revuelo que causará la noticia de que Isabella Swan, llegó acompañada por un guapo y sexy hombre a la fiesta, la primera vez que se deja ver en compañía masculina de manera publica después de su fallida boda.
Fuimos a reunirnos con mis padres y nuestros hermanos, para ellos tampoco pasó desapercibido el como las personas no dejaban de vernos y murmurar "discretamente", malditos chismosos que no tienen nada mejor que hacer, deberían conseguirse una vida y dejar de joder a los demás. Recorrí con la mirada el lugar, hasta que me topé con alguien a quien, siendo sincera no creí encontrar aquí, Tanya Denali acompañada por un hombre rubio y apuesto, el cual supuse era Demetri, su esposo.
Me disculpé para ir al tocador, necesitaba alejarme un poco de las murmuraciones de la gente ya que si no lo hacía, terminaría estallando y no sería nada agradable; Alice y Rosalie se ofrecieron a acompañarme pero me negué, estaba por entrar cuando una mano me detuvo, tomándome por el brazo y encajándome las uñas llegando incluso a hacerme daño.
—Necesito hablar contigo —de manera brusca zafé mi brazo del agarre de Tanya e hice un movimiento con mi cabeza para que hablara—. Seré directa, alejate de Edward, tú nunca podrás hacerlo feliz y él se merece alguien mejor que tú.
—¿Alguien como tú? —pregunté con altivez, viéndola a los ojos de forma desafiante—. ¿Alguien que fue capaz de meterse con otro cuando estaba con él? ¿Alguien que le hizo creer que...?
—¡Callate! Tú menos que nadie tiene derecho alguno a hablarme así. Sé que cometí un error y me arrepiento de ello, pero no me he comportado como una prostituta barata acostándome con... —le solté una bofetada, tan fuerte que le volteé la cara, para que se callara.
—Nunca en tu vida vuelvas a hablarme así, ¿comprendes? No voy a permitir que me insultes —gruñí con voz amenazante y di media vuelta para marcharme.
—¿Sabías que hace unos meses le ofrecieron a Edward un excelente puesto, en un hospital de España? —me detuve en seco al escuchar sus palabras, con lentitud me giré para verla y sonrió al ver mi cara de confusión—. Veo que no lo sabías. Aún no sé por qué no se marchó, pero dime una cosa Isabella, si por azares del destino le ofrecieran de nuevo una oportunidad como esa, ¿tú qué harías? ¿Serias capaz de dejar todo para irte con él? ¿Le pedirías que renuncie por ti?
—Nunca le pediría algo así.
—Lo sé, como también sé que no dejarías tu empresa por irte con él. ¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo? Que yo no dudaría ni un segundo en dejarlo todo e ir tras de él —me dio una fría mirada y se fue.
Sus palabras resonaban en mi cabeza una y otra vez, repitiéndose como una maldita grabación sin fin, ¿qué haría yo si eso llegase a pasar?
—Bella, cielo ¿estás bien? Como tardabas tanto decidí venir a buscarte —levanté la mirada para encontrarme con un par de orbes esmeraldas que me veían preocupados.
—¿Es verdad que hace meses te ofrecieron un puesto en un hospital de España?
—Sí, de hecho me iba a ir el día que nos conocimos, un par de horas antes de mi vuelo me avisaron que había habido una confusión y que el puesto estaba ocupado —me respondió encogiéndose de hombros—. Ahora me alegra no haberme ido —acarició mi mejilla y no pude evitar cerrar los ojos ante su tacto.
—Y si te ofrecieran una oportunidad como esa de nuevo... ¿La aceptarías?
—Bella, cariño no entiendo a qué viene todo es...
—¡Sólo respóndeme! —lo interrumpí un tanto exasperada y frunció el ceño.
—Supongo que sí, pero tú irías conmigo ¿cierto? —no supe qué contestar, solamente me limité a abrazarlo como si mi vida pendiera de ello.
Le di un suave beso en los labios antes de separarme de él y tomé su mano para que volviéramos con los demás, temía que volviese a preguntarme y de nuevo no tener una respuesta que darle. El resto de la velada estuve ausente, pensando en mi "agradable" charla con Tanya, tratando de despejar el sin fin de dudas y preguntas que me atormentaban en éste preciso momento.
Sin poder soportar un minuto más le pedí a Edward que nos fuéramos, le dije que me dolía la cabeza y no mentía, tanto darle vueltas a lo que me dijo Tanya me había causado jaqueca. Nos despedimos de nuestros hermanos, de mis padres y salimos del lugar. Fuimos a su casa, estaba más cerca que mi departamento y lo único que quería en este momento era tomarme unos analgésicos y dormir, dormir profundamente para no seguir pensando más; fui directo a buscar un pijama entre las cosas que tenía aquí, me cambié y después me lavé el rostro para quitar el maquillaje, al salir del baño Edward me esperaba sentado en el borde de la cama.
Me entregó un vaso con agua y un par de analgésicos, me los tomé y ambos nos metimos en la cama. Me abrazó pegándome a su cuerpo y apoyé la cabeza en su pecho, pasaron un par de minutos y la respiración de Edward se volvió acompasada, yo no podía alejar las palabra de Tanya de mi cabeza y eso me impedía dormir, después de un momento decidí cerrar mi mente y no pensar en nada para poder dormir un poco, cerré los ojos y me deje llevar por la inconsciencia.
Corría entre la gente como si mi vida pendiera de ello, empujando a quien se interpusiera en mi camino, era cómo si estuviera buscando algo pero no sabía qué era. Llegué hasta un gran ventanal y vi como un avión despegaba, avión en el que no sabía qué o quién iba; de pronto, Tanya apareció a mi lado y tenía una enorme sonrisa en su rostro, a uno de sus lados estaba Jane sujeta a su mano y del otro lado Alec.
—Te dije que yo era capaz de dejar todo por él, ahora nosotros tres viajaremos a España para reunirnos con Edward —¿Edward? ¿España? ¡Dios no! Era Edward quién iba en ése maldito avión.
—Es genial ¿verdad Bella? Ahora vamos a ser una familia de nuevo, como antes de que llegara mi papá Demetri —Jane tenía una gran sonrisa en su rostro y se veía tan feliz con esa idea.
De pronto todo a mi alrededor desapareció y me encontraba en medio de una calle, era de noche y no paraba de llover, comencé a caminar sin un rumbo fijo, pues estaba perdida y no sabía a dónde ir.
—¡Edward! —grité con todas mis fuerzas, tenía la remota esperanza de que estuviera cerca y me escuchara—. ¡Edward! ¡¿Dónde estás?!
—Lo arruinaste todo Bella, lo arruinaste y Edward se marchó. Él jamás regresará —giré la cabeza en todas direcciones en busca de esa voz pero no había nadie.
—¡No, no, no es verdad! —grité cayendo de rodillas sin dejar de llorar.
—¿Bella? Bella, amor despierta —abrí los ojos y la luz me cegó por un momento, me incorporé con un rápido movimiento y con desespero mis ojos buscaron a Edward, el cual estaba junto a mí.
—Edward —murmuré y me lancé a sus brazos, sintiendo como mi corazón latía tan fuerte que pareciera en cualquier momento iba a explotar.
—Tranquilizate amor, sólo fue una pesadilla, ya pasó —me estrechó fuerte entre sus brazos y besó el tope de mi cabeza.
Me moví hasta quedar sentada a horcajadas sobre él, mis labios buscaron los suyos con impaciencia y lo besé con necesidad, con pasión, pero sobre todo puse en ese beso todo el amor que sentía por él. Poco a poco nuestras ropas fueron a parar al suelo, en alguna parte de la habitación, nos giró dejándome bajo él y sin dejar de besarme, lentamente entró en mí haciéndome gemir de placer; sus embestidas eran suaves y pausadas, sus labios en ningún momento dejaron de estar en contacto con los míos o con mi piel, y sus manos recorrían con ternura mi cuerpo. Esa noche Edward me hizo el amor como nunca antes, acercándome al mismo cielo con cada una de sus embestidas, para después hacerme caer a un abismo de placer cuando el orgasmo azotó con fuerza mi cuerpo.
Nos quedamos abrazados y en silencio, en un momento como ese simplemente sobraban las palabras. De pronto la puerta de la habitación se abrió de golpe, y me sentí morir cuando, vi la persona que estaba parada en el marco de la puerta. Al menos no llegó unos minutos atrás, dijo de lo más divertida esa molesta vocesita dentro de mi cabeza.
Continuará...
¡Hola! Les dejo un capítulo más de esta historia, espero que les haya gustado. He tenido algunos problemas personales y no he podido estar actualizando como quisiera, pero espero poder retomar el ritmo de las actualizaciones.
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's
¿Algún review? =)
