Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 7

Nos quedamos abrazados y en silencio, en un momento como ese simplemente sobraban las palabras. De pronto la puerta de la habitación se abrió de golpe, y me sentí morir, cuando vi la persona que estaba parada en el marco de la puerta. Al menos no llegó unos minutos atrás, dijo una vocesita de lo más divertida dentro de mi cabeza.

—¡Edward Anthony Cullen! ¿Qué significa esto? —me cubrí con la manta hasta la cabeza, mi cara ardía a causa de mi sonrojo y lo único que quería en este momento, era que la tierra se abriera y me tragase.

—Mierda —murmuró tan bajo que apenas y lo pude escuchar—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste a mi casa?

—Esas no son formas de hablarme jovencito, y exijo una explicación —le reprendió y Edward suspiró con frustración.

—Mamá, creo que este no es el momento indicado para una explicación. ¿Podrías darnos unos minutos a mi novia y a mí para estar presentables, y esperarnos en la sala?

—¿Tú novia? ¡Oh Dios! Siendo así, claro que los espero en la sala... no, mejor voy a preparar el desayuno. No tarden —hasta que escuché la puerta cerrarse me descubrí el rostro y apenas lo justo para ver a Edward, él me veía con brillo de diversión en sus ojos y unos segundos después se soltó a reír.

—¡Oye! Deja de reírte —gruñí y le di un manotazo en el brazo, lo cual sólo provocó que sus risas aumentaran—. No es para nada gracioso, Edward. Al menos a mí no me hace la más mínima gracias, que la mamá de mi novio nos haya encontrado... así.

Me levanté de mal humor llevándome la sábana para cubrir mi cuerpo, fui directo al baño y abrí los grifos del agua para tomar una rápida ducha. Dejé que el agua recorriera mi cuerpo por unos minutos para relajarme un poco, menuda forma de conocer a mi suegra, de seguro ahora está pensando lo peor de mí, y como no, si me encontró desnuda en la cama de su hijo. La puerta de la ducha se abrió y Edward entró, seguí lavando mi cuerpo sin voltear a verlo, simplemente ignorando su presencia y él suspiró.

—Amor, no te molestes conmigo. Yo no sabía que...

—Ya lo sé, tú no sabías que tu mamá iba a aparecerse así. Lo que me molestó fue que te rieras, no fue gracioso que tu madre nos haya visto... como lo hizo —dejé la esponja y tomé el bote de champú, y antes de que pudiera verter un poco en mi mano, Edward arrebató el bote de mis manos.

—Déjame hacerlo a mí, date vuelta —a regañadientes hice lo que me dijo, pues aún estaba molesta con él.

Edward comenzó a lavar mi cabello con una suave y sensual masaje, tanto que tuve que morderme el labio inferior para no soltar un sonoro gemido, él sabía bien lo que estaba haciendo, pero después de todo iba a necesitar más que lavarme el cabello para que mi enojo desapareciera por completo. Una vez mi cabello estuvo limpio, salí de la ducha y enrollé una toalla en mi cuerpo mientras con otra secaba mi cabello, antes de salir del cuarto de baño escuché como mi adorado novio maldecía entre dientes y decía algo como: tengo que cambiar la cerradura de la puerta, y no pude evitar sonreír.

Cuando Edward salió del baño yo ya estaba perfectamente vestida, con unos jeans tubo color blanco y una blusa tipo suéter de mangas largas, color azul y un discreto escote en "V". Mientras él se vestía sequé mi cabello con un secador y lo recogí en una coleta, por último me calcé unos zapatos negros de tacón no muy altos, me puse un poco de brillo para labios y estaba lista. Salimos en silencio de la habitación, a cada paso que daba me ponía más nerviosa, tanto que mis piernas temblaban y mis manos sudaban, Edward se dio cuenta de mi nerviosismo y tomó mi mano dándole un ligero apretón, gesto que correspondí con una sonrisa.

—Te lo juro Carlisle —a medida que nos acercábamos a la cocina, las voces se hacían más claras y fuertes—, después de que Edward se divorció de Tanya, sinceramente creí que no volvería a salir con nadie, ésa mujer le hizo mucho daño a mi niño. Nunca me gustó que nuestro hijo estuviera con ella, algo en Tanya no terminaba por gustarme.

Volteé a ver a Edward y él se encogió de hombros, para demostrarme que no le afectaban las palabras de su madre, pero sus ojos me decían todo lo contrario, se veían apagados y eso no me gustó para nada. Entramos a la cocina, y en cuanto las dos personas dentro se dieron cuenta de nuestra presencia, dejaron de hablar.

—Mamá, papá, les presento a Bella, mi novia. Cariño, ellos son mis padres, Esme y Carlisle —ambos me regalaron una sonrisa, Esme se limpió las manos en una toalla de cocina y se acercó a nosotros seguida de su esposo.

—Es un gusto conocerlos, Edward me ha hablado mucho de ustedes.

—El gusto es nuestro querida, y me encantaría poder decir que mi hijo también nos ha hablado de ti —le dio una mirada significativa a Edward antes de acercarse a mí y abrasarme, lo cual me dejó un tanto descolocada, pero le devolví el gesto de manera torpe—. Vamos siéntense a desayunar, preparé café, jugo de naranja y pan francés.

Los cuatro nos sentamos y comenzamos a desayunar envueltos en una amena charla, tanto, que por un momento se me olvidó el mal rato y la vergüenza que pasé hace unos momentos con Esme.

Carlisle le preguntó a Edward por sus hermanos y estuvo a punto de decirle que Rose estaba con Emmett, pero me adelante y le dije que Alice y Rosalie estaban en mi departamento, y que Jasper se había quedado con Emmett; si mi suegro es la mitad de celoso con su hija de lo que es Charlie con nosotras, la cabeza de mi hermano, y otra parte de su anatomía, estarían en peligro.

El pan francés que preparó Esme estaba simplemente delicioso, nunca había probado algo igual, por lo que le usé como una salida para cambiar el tema.

—Señora Cullen, sin duda este es el mejor pan francés que he comido, está delicioso —alabé a mi suegra y ella me sonrió.

—La receta ha estado en mi familia por generaciones, es única y una creación de mi bisabuela. Y si dejas de llamarme señora Cullen, te la pasaré —asentí con una sonrisa y continúe con mi desayuno.

—¿Qué hay de tu familia Bella? ¿Tienes hermanos —me preguntó Carlisle, y antes de que pudiera dar una respuesta, Edward se adelantó.

—Sí, tiene hermanos y ustedes los conocen muy bien —ambos nos observaban confundidos por las palabras de Edward.

—Mis hermanos son Emmett y Alice Swan —les aclaré y Esme se rió con diversión.

—Vaya, ¿Esme, qué tienes los Swan que han atrapado a nuestros hijos? —bromeó Carlisle y los cuatro nos reímos.

Terminamos de desayunar, le ayudé a Esme a recoger la mesa y lavar los trastes sucios, mientras Edward y su padre se fueron a la sala. Después de que terminamos nos quedamos charlando en la cocina, ahora me sentía más cómoda con ella y el incidente anterior quedó en el olvido; me habló de lo feliz que estaba de que Edward y yo estuviéramos juntos, y me pidió que lo hiciera feliz. Sin embargo, cuando iba a decirme algo sobre Tanya no pudo, ya que Edward y Carlisle entraron a la cocina y ella se calló de inmediato.

—Aro acaba de llamarme, tengo que ir al hospital, tal parece tiene que decirme algo muy importante —nos informó Edward, se despidió de su madre con un beso en la mejilla y a mí me dio un suave beso en los labios.

—Yo voy a acompañar a Edward, quiero saludar a mi viejo amigo Aro. Tú puedes ir con Bella a su departamento, así aprovechar para saludar a nuestra hija y a Alice —casi me ahogó con mi propia saliva ante esas palabras, abrí la boca para decir cualquier escusa pero mi móvil comenzó a sonar, me disculpé y me alejé lo suficiente para atender la llamada.

Era una llamada equivocada, pero aproveché para llamar a Rosalie y decirle lo que ocurría, me aseguró que en menos de diez minutos estaría en mi departamento y le explicaría a Alice lo que ocurría. Volví a la cocina y ya sólo estaba Esme, le dije que llamaría un taxi para que fuéramos a mi departamento, ya que no tenía mi coche acá, y mientras yo hice la llamada ella fue a buscar su bolso.

No teníamos ni diez minutos de camino cuando mi móvil comenzó a sonar de nuevo, lo saqué y al ver el nombre de mi hermana en la pantalla, sentí ganas de morirme; eso sólo podía significar una cosa: algo iba jodidamente mal.

¡Bella hay complicaciones! —chilló en cuanto atendí.

—¿Qué pasa Allie? —pregunté con voz temblorosa, pues mi hermana estaba más que histérica.

Nuestros padres llegaron justo cuando Jasper estaba por irse, afortunadamente, logró correr de regresó a la habitación y está escondido bajo la cama, pero no puede quedarse ahí y...

—¿Preguntaron por mí? ¿Qué les dijiste? —pregunté interrumpiéndola.

Para allá iba, les dije que fuiste a correr —me contuve de soltar una blasfemia por respeto a Esme, pero en mi cabeza estaba maldiciendo hasta el chino.

—Alice, es casi medio día, ¿no se te ocurrió algo mejor? Además, cuando me vean llegar sabrán que es mentira, no hay manera de que haya ido a correr con jeans y tacones —dije con desesperación, si Charlie se entera que me quedé a dormir en casa de Edward, lo castra.

¡Oh disculpame por no tener una mejor escusa! Pero para tu información, mi cerebro no funciona cuando estoy a punto de un colapso nervioso. Sabes muy bien cómo es Charlie, y si llega a enterarse de que Jasper se quedó aquí... ¡Me quedaré viuda antes de siquiera casarme! —respondió de mala manera y cortó la llamada.

Suspiré sonoramente y guardé el móvil en el bolsillo de mis jeans. Estoy jodida, y no solamente yo, oh no, también mi querida hermana está metida en un lío bastante gordo; Charlie es capaz de matar a Edward y Jasper para después meternos a nosotras a un convento, ¿cuándo va a entender que ya no somos una niñas?

El taxi se detuvo y no en mi edificio precisamente, estaba tan metida en mis pensamientos, que ni cuenta me di en qué momento el chófer había cambiado de ruta; abrí la boca para decir algo pero Esme tomó mi mano y me sacó del taxi, pagó y me jaló para que la siguiera.

—¿Esme, qué hacemos en el centro comercial? —pregunté más que confundida.

No respondió nada sólo se limitó a seguir caminando, y cuando nos detuvimos frente a una tienda de ropa de deporte, comprendí qué estábamos haciendo aquí.

—Escuché que Alice les dijo a tus padres que habías salido a correr, así que me tomé la libertad de decirle al chófer que nos trajera al centro comercial —me dijo con una sonrisa, no pude evitar abrazarla mientras chillaba una y otra vez: gracias, como disco rayado.

Sin duda Esme se convirtió en mi hada madrina, hasta inventó una historia genial para contarles a mis padres, sobre el por qué ella estaba conmigo. Nos cambiamos en los baños del centro comercial, y digo nos cambiamos, ya que ella también compró ropa de deporte para hacer más creíble nuestra historia.

Llegamos a mi edificio y le dejé las bolsas, con mi ropa y la de Esme, al guardia de seguridad, ya después bajaría a buscarlas. Subimos hasta mi departamento por las escaleras, según Esme ese ejercicio nos ayudaría para reforzar aún más nuestra mentira, y vaya que ayudó, cuando abrí la puerta de mi departamento estaba a punto de un infarto, era como si hubiera corrido una maldita maratón.

—¡Mamá! —chilló Rosalie, en cuanto nos vio entrar, y corrió al encuentro de su madre.

—Hola mamá, papá, ¿qué hacen aquí? —les pregunté a mis padres saludándonos con un beso en la mejilla.

—Pasamos a saludar —respondió Charlie y Renée rodó los ojos.

—Les presento a Esme Cullen, la mamá de Edward, Rose y Jazz. Esme, ellos son mis padres, Charlie y Renée —mis padres saludaron a mi suegra, y la mirada de Charlie reflejaba pura confusión, de seguro se estaba preguntando por qué llegamos juntas.

—¿Dónde está Edward?

—Oh él tuvo que irse con su padre al hospital, tenía cosas que atender allá, papá —respondí y su ceño se frunció, abrió la boca para decir algo pero Esme se le adelanto.

Le explicó que ella, Carlisle y Edward habían ido a correr y nos encontramos, después Edward recibió la llamada de su jefe y Carlisle decidió acompañarlo, así que yo la invité a que viniera para que no se quedara sola en la casa de mi novio. Menudo lío que se había armado, pero al menos Charlie parecía feliz y contento con la explicación; ahora solamente nos quedaba un problema por resolver: cómo mierda vamos a sacar a Jasper.

—Papá, ¿podrías revisar unos documentos? Quiero que me des tu opinión respecto a un nuevo negocio que nos han propuesto —Alice me sonrió con aprobación, había entendido el plan: yo distraía a Charlie, mientras ellas veía cómo sacar a Jasper del departamento; para nuestra suerte aceptó más que encantado.

—Mamá, Renée, ¿me acompañan a la cocina? No sé ustedes, pero yo no quiero escuchar una charla de negocios —ambas asintieron y se fueron detrás de mi cuñada a la cocina.

Saqué los dichosos documentos y nos sentamos en la sala, exactamente en el sofá que daba espalda a la puerta.

Charlie se sumergió de lleno en su tarea de revisar los documentos, de reojo vi como un pálido Jasper caminaba hacia la puerta de puntillas sin siquiera respirar, tratando de hacer el más mínimo ruido posible; contuve el aliento hasta que llegó a la puerta y la abrió con abrumadora lentitud, con una sonrisa de alivio salió del departamento y cerró la puerta tras de él, pero lo hizo de manera un tanto ruidosa y obvio Charlie lo escuchó.

—¿Qué fue eso? —preguntó poniéndose en pie y revisando a consciencia el lugar.

—¿Qué escuchaste papi? —preguntó Alice, saliendo de no sé dónde, y colgándose al cuello de nuestro padre.

—Una puerta al cerrarse.

—¡Ah eso! De seguro fue cuando salí de la habitación, creo que la cerré un con un pequeño exceso de fuerza —respondió sonriendo. La sonrisa que en es momento adornaba su rostro era tan grande, que hasta el gato Cheshire le tendría envidia.

Después de un rato mis padres se fueron invitándonos a todos para que fuéramos a cenar a su casa, Rosalie se fue con Esme, y Alice también se marchó dejándome sola. Fui a mi habitación y me dejé caer sobre mi cama, estaba agotada y no físicamente, mi cansancio era emocional, sin duda había tenido un comienzo del día un tanto... ¿raro y accidentado? Con demasiados inconvenientes que gracias a Dios se habían resuelto, sólo espero que no ocurra nada más.

Por la noche llegué a casa de mis padres, fui la primera en llegar, poco después llegaron Rosalie y Emmett seguidos, unos minutos después, por Alice y Jasper. Cuando Edward y sus padres llegaron pasamos al comedor y cenamos envueltos en una agradable charla, después de cenar Alice y Jasper se pusieron de pie al igual que Rosalie y Emmett.

—Nosotros tenemos algo que decirles —dijeron Emmett y Jasper al unísono, para después fruncir el ceño.

—¡Nos vamos a casar! —esta vez las que hablaron fueron Rosalie y Alice—. ¡¿Se van a casar?! —chillaron de nuevo al unísono y todos estallamos en risas.

Le dimos la enhorabuena a las felices parejitas, y tanto Rosalie como Alice, comenzaron a planear todo para realizar una boda doble; estaban tan eufóricas por casarse el mismo día, que hasta miedo daban. Jasper y Emmett sirvieron champaña y nos entregaron una copa a cada quien para brindar, brindamos por la felicidad de los chicos y Carlisle se aclaró la garganta llamando nuestra atención.

—Edward también tiene algo que decir, ¿no es así hijo? —mi corazón comenzó a latir desbocado dentro de mi pecho y un mal presentimiento me embargó por completo.

—Hoy, Aro me ha dicho que recibió una llamada del un reconocido hospital de España, me han ofrecido un excelente puesto allá —la copa, que sostenía entre mis dedos, resbaló hasta caer al piso y romperse en mil pedazos como lo hizo mi corazón. Mi más grande miedo se volvía realidad: tener que escoger entre Edward y mi trabajo en la empresa.

Continuará...


¡Hola! Tuve problemas con mi computador, por eso no había podido actualizar antes. Pero aquí está un capítulo más, espero que les haya gustado.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's

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