Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 8

Parpadeé un par de veces para salir de mi estupor, por inercia me agaché a recoger los trozos de la copa y, ante la atenta mirada de todos, salí corriendo rumbo a la cocina.

Boté los trozos de cristal en el basurero y después me escondí junto al frigorífico, deslizándome hasta sentarme en el suelo y abrazando mis piernas, como cuando era una niña y hacía alguna travesura. Mis lágrimas no se hicieron esperar y dejé que se deslizaran libres por mis mejillas, unos pasos me alertaron de que alguien estaba acá, y no tenía que ser adivina, para saber de quién se trataba.

—¿Bella? ¿Dónde estás amor? —no respondí con la esperanza de que se fuera, pero un sollozo que no pude acallar, me delató—. ¿Qué tienes cariño? ¿Por qué te has puesto así? —se agachó hasta quedar a mi altura, limpió mis lágrimas delicadamente con sus dedos y no pude contenerme.

—Tú te iras... sé que es una oportunidad excelente para ti y... yo no puedo pedirte que... la rechaces y yo... —dije entre hipos y sollozos, pero me hizo callar poniendo su dedo sobre mis labios.

—Amor, tranquilizate. Aún no he aceptado, y si lo hago, por supuesto que tú vendrías conmigo —no pude decir nada, sólo cubrí mi rostro con mis manos y mis sollozos se volvieron más fuertes, mientras una cascada de lágrimas brotaba de mis ojos—. Oh, ahora entiendo, tú no...

—Entiéndeme Edward... yo tengo una responsabilidad aquí... no sólo con la empresa... sino también con mi familia. No puedo irme y... y dejar todo botado —nos quedamos en silencio por unos largos y tensos minutos, él estaba sumergido en sus pensamientos con la mirada clavada en algún lugar de la cocina y yo no podía dejar de llorar. Respiré profundamente un par de veces, para calmarme un poco y continué hablando—. No quiero que renuncies por mí, yo sé que es una oportunidad única y estupenda para tu futuro y... —no pude seguir hablando, pues el maldito nudo en mi garganta, comenzaba a formarse de nuevo.

—¿Estás... terminando... conmigo? —balbuceó, y antes de que pudiera abrir la boca para decir algo, se incorporó con un movimiento algo brusco y comenzó a caminar como león enjaulado—. Estás con alguien más, ¿cierto? ¡Pero claro! Por eso quieres que me vaya. Creí que eras diferente a Tanya, pero estaba equivocado, ambas son iguales. ¡Dios, que estúpido fui!

—¡No me compares con esa! —grité poniéndome en pie y detuvo su andar—. Entre esa mujer y yo hay un mar de diferencia, y por supuesto que no hay nadie más. ¿Cómo puedes siquiera dudar así de mi amor por ti? ¿Es que acaso no te das cuenta? Me estoy derrumbando por dentro, Edward, la sola idea de separarme de ti me mata... pero no podría soportar, que en un futuro, llegaras a reclamarme el haber perdido esta oportunidad por mi culpa.

—Si me amas como dices, ¿por qué no dejas todo y te vas conmigo? —suspiré con frustración y después sonreí con ironía.

—Si yo me voy, ¿quién se hará cargo de la empresa? ¿Alice? Ella estaría más concentrada en la ropa que usan los empleados, que en los negocios. ¿Emmett? Él no duraría ni tres días, antes de que incendiara el edificio completo —me apoyé en la pared más cercana y por varios minutos nos vimos envueltos por un tenso silencio, silencio que yo rompí—. Edward, esta empresa ha sido el fruto de años y años de trabajo por parte de mi abuelo y mi padre, no puedo simplemente dejarla a la deriva y ver cómo se hunde —un tenso silencio nos envolvió de nuevo, Edward apretó el puente de su nariz y suspiró pesadamente.

—Te entiendo. Mañana a primera hora hablaré con Aro, tú misma lo has dicho, es una oportunidad estupenda para mi futuro y sería un idiota si le rechazara... voy a aceptar el puesto. Adiós, Isabella —sus palabras frías, como el mismísimo hielo, se clavaron en mi corazón como puñaladas, ¿por qué tenía que ser así?

No dije ni hice nada para convencerlo y que cambiara de opinión, después de todo, no había algo que pudiera hacer o decir, no cuando yo no podía ofrecer lo mismo; tenía que dejarlo ir aunque me doliera en lo más profundo de mi ser. Edward dio media vuelta y salió de la cocina, sus manos cerradas en apretados puños y su rostro endurecido por la rabia, al igual que su mirada llena de tristeza, se quedaron grabados a fuego en mi cabeza; esa imagen me acompañaría para torturarme cada minuto por el resto de mis días.

Tenía cerca de una hora viendo la lluvia caer por la ventana de mi oficina, un mes había pasado ya desde que Edward se fue, un mes desde que mi vida se convirtió en una rutina monótona y sin sentido. Ahora, todo se reducía a por las mañanas venir a la oficina y por las noches volver a mi departamento, donde noche a noche entre recuerdos lloraba hasta quedarme dormida, con la esperanza de que la inconsciencia me ayudara a no sentir el dolor de su ausencia. Pero el despertar siempre era duro y cruel conmigo, y el hueco en mi pecho cada día se hacía más y más grande, pues él siempre aparecía en mis sueños. dónde estábamos juntos y eramos felices; pero al abrir, los ojos la realidad me golpeaba como un duro mazo, él no estaba conmigo y nunca volvería.

El día que se fue, tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no ir al aeropuerto y de rodillas, si era necesario, rogarle que no se fuera, que se quedara conmigo, pero no podía ser tan egoísta y pedirle que renunciara a algo tan importante cuando yo no pude hacerlo. La semana siguiente a su partida, la pase acostada en mi cama sin dejar de llorar, sumida en la depresión y mi miseria; Alice y Rosalie habían pasado a verme un par de veces, para tratar de convencerme de que tenía que hacer algo, ya que no solamente yo estaba sufriendo, sino también él, pero por más que insistieron no lograron nada. Un par de días después decidí retomar mi vida, después de todo si renuncié a él, fue por mi trabajo en la empresa y ya lo había descuidado lo suficiente.

La lluvia disminuyó y ahora sólo caía una ligera llovizna, tomé mis cosas y salí de la oficina, me despedí de Ángela y caminé hasta el ascensor presionando el botón para que se abrieran las puertas. Una vez en el estacionamiento, caminé con calma hasta mi coche y me puse en marcha hacia mi departamento, nada más cruzar el umbral de la puerta los recuerdos comenzaron a torturarme sin piedad; me sentía ahogar, así que dejé mis cosas sobre el sofá y tomé un paraguas para salir a caminar un poco.

Caminé por las calles sin rumbo fijo, sin siquiera tener noción del tiempo, bien pudieron pasar minutos u horas. La lluvia comenzó a caer con más intensidad, tanto que mi paraguas no era suficiente para resguardarme, pasé por una pequeña cafetería y entré; recorrí con la mirada el lugar buscando un sitio donde poder sentarme, pero el lugar estaba lleno de personas que se resguardaban de la lluvia. Mi mirada se detuvo en una pareja y, como si mis pies tuvieran vida propia, me llevaron hasta la mesa donde estaban sentados, ambos al verme se sorprendieron.

—¿Puedo sentarme? —asintieron confundidos,, y James se levantó para correrme la silla.

Llamó un mesero y pedí un café, a los pocos minutos regresó con mi pedido y le di un pequeño sorbo al liquido caliente, que ayudó a que mi cuerpo entrara en calor.

Nos sumergimos en un silencio, que al contrario de lo que yo creía, no era para nada tenso, aunque se podía percibir el nerviosismo de Victoria que acuñaba entre sus brazos a su pequeña, la cual me veía con curiosidad, era una mezcla perfecta entre ambos: los ojos azules de James y el cabello rizado y rojizo de Victoria. Alargué mi mano y tomé su pequeña manita, ella sonrió y apretó mi dedo soltándose a balbucear.

—Le agradas —susurró Victoria y yo le sonreí.

—Eso parece, ¿cómo se llama? —al ver que no tenía intensión de reclamar nada o armar una escena, Victoria se relajó notablemente.

—Madison, pero le llamanos Mady de cariño —respondió y suspiró pesadamente—. Bella, yo... nunca tuve la oportunidad de disculparme contigo, por lo que pasó. Pero ten por seguro que yo luché con todas mis fuerzas para no enamorarme de James, nunca quisimos hacerte daño.

—La culpa fue mía, debí haber sido sincero contigo. Debí decirte lo que sentía por Victoria, Bella, nosotros no lo planeamos fue algo que simplemente se dio. Créeme que nunca quise jugar contigo, yo de verdad sentía algo muy fuerte por ti, pero cuando conocí a Victoria supe que no era amor... supongo que el amor es así, no lo buscas si no que el te encuentra a ti —"no lo buscas si no que el te encuentra a ti" ¡Claro! Cuanta verdad hay en esas palabras, yo no buscaba a Edward y él simplemente llegó para darle sentido a mi vida.

Llegó para enseñarme lo que era amar de verdad, porque sí, ahora me doy cuenta de que nunca antes había amado a nadie; en mis relaciones anteriores nunca hubo amor de por medio, cariño tal vez, pero nunca amor. Amor es lo que siento por Edward, la forma en que mi corazón late con tan siquiera escuchar su nombre, el dolor que me consume ante su ausencia.

—No, no tengo nada que reprocharles, al contrario, los entiendo perfectamente porque ahora sé lo que es amar a alguien más que a tu propia vida, y tienes que luchar contra lo que sea por ese amor, por no dejarlo morir —Victoria tomó mi mano por sobre la mesa y me sonrió.

—No sabes cuánto me alegra escuchar eso Bella, y me encantaría que volviéramos a ser amigas, como antes —asentí con una sonrisa y sus ojos se llenaron de lágrimas. Tal vez habrá alguien que piense que ambos se merecen mi desprecio eterno, pero yo pienso lo contrario, ya que les debo el haber conocido al amor de mi vida, a Edward.

Y aunque teóricamente lo habría conocido tarde o temprano, al nuestros hermanos ser parejas, no habríamos podido estar juntos si mi matrimonio con James se hubiese llevado a cabo.

—Me tengo que ir pero estaremos en contacto, y cuando venga a la ciudad podemos juntarnos para tomar algo y ponernos al día —dije de manera apresurada y me levanté.

—¿Te vas de la ciudad? —preguntó un James con el ceño fruncido y confuso.

—Sí, así como ustedes lucharon por su amor, yo voy a hacer lo mismo. Me voy a España —respondí con una sonrisa y me apresuré a salir del local.

Corrí por las calles de regreso a mi departamento, sin importarme la lluvia ni nada, después de tantos días de desdicha, ahora podía percibir una chispa de felicidad que se encendía en mi interior. Me pasé el resto de la noche arreglando todo para mi viaje, llamé a mis padres y Charlie me pidió que por la empresa no me preocupara que todo estaría bien, que lo realmente importante era mi felicidad. Alice y Rosalie se pusieron como locas cuando les di la noticia, pero al contarles que gracias a mi charla con James y Victoria había recapacitado, se quedaron catatónicas.

En el aeropuerto me despedí de todos, ya que todos habían venido a despedirme, la última fue Esme, que se acercó a mí y me dio un fuerte abrazo. Mi vuelo fue anunciado y emprendí mi camino hacia la sala de abordaje, pero no había dado mi tres pasos, cuando la voz de Esme me detuvo.

—¡Espera Bella! Olvidas lo más importante cariño —me dijo entregándome un papel con la dirección de Edward.

—Oh, gracias Esme —respondí sonrojándome ligeramente, ¿cómo pude ser tan despistada?

—Me alegra que hayas recapacitado, estaba a punto de subirte a un avión yo misma aunque fuera a rastras. Ya no podía soportar verlos sufrir —le di un rápido abrazo, y tras despedirme con la mano de todos, crucé las puertas de la sala de abordaje.

Las horas de vuelo fueron lo más agonizante que he pasado en mi vida, los nervios y las ansias por volver a verlo me estaban consumiendo. En cuanto el avión aterrizó me levanté de mi asiento y me abrí paso entre las personas, que me daban miradas de reproche pero las ignoré olímpicamente, para salir pronto. Fui en busca de mi equipaje y salí corriendo a buscar un taxi, pero mi suerte es un asco y el único que estaba disponible, me lo acababa de ganar una pareja de ancianos.

La mujer al ver mi cara de aflicción se acercó a mí y me preguntó hacia dónde iba, le dije la dirección de Edward y para mi grata sorpresa, ellos iban al mismo edificio, así que me ofreció compartir taxi con ellos y encantada acepté. Llegamos al edificio y le agradecí a la pareja de ancianos, con el corazón latiendome a mil, subí al ascensor y presioné el botón con el número siete.

Salí del ascensor y suspiré, antes de caminar hasta la puerta marcada con el número dieciséis y llamar un par de veces, pero nadie abrió, intenté unas cuantas veces más pero nada.

—Disculpe señorita, las personas que vivían allí se mudaron esta mañana —me giré para encontrarme con una mujer de unos cuarenta y tantos, que sostenía unas bolsas con despensa en sus manos.

—¿Personas? —murmuré confundida pero aún así me escuchó.

—Sí, hace un mes llegó un hombre muy apuesto de ojos verdes, Edward, creo que es su nombre. Y hace poco más de una semana llegó su esposa y sus dos hijos, supongo que se mudaron a un lugar más espacioso —la mujer se fue dejándome en shock, esa era Tanya, no tenía la menor duda.

¡Que estúpida fui! Ella misma me advirtió que no dudaría en ir tras de Edward y yo le dejé el camino libre, maldita zorra. Y Edward, cómo pudo volver con ella después de todo lo que le hizo, cómo pudo olvidarse de mí tan fácilmente.

Salí del edificio y me senté en la acera, mi móvil sonó un par de veces pero ni siquiera me molesté en ver quién era. Después busqué un taxi que me llevará de regreso al aeropuerto, afortunadamente encontré un vuelo que en un par de horas me llevaría de regreso a Estados Unidos; definitivamente yo no esperaba esto, tener que regresar con el corazón roto en mil pedazos. Mientras esperaba a que mi vuelo saliera, mi móvil volvió a sonar, suspiré y sin ver quién era contesté.

¡Bella! Lamentó llamarte justo ahora, ya que de seguro debes de estar muy ocupada, pero ya no podía con los nervios. Dime, ¿cómo te fue?

—Alice yo... hablamos cuándo regrese, ¿si? —me las arreglé para murmurar, luchando por contener las lágrimas.

¿Edward y tú vendrán a Estados Unidos? —preguntó con clara confusión en su voz.

—No, regreso sola. Edward... él volvió con Tanya —susurré y mi hermana maldijo por lo bajo.

De fondo escuché la voz de Rosalie, le decía algo a Alice, pero no logré entender el qué. Me pareció escuchar el nombre de Edward un par de veces, pero no estaba segura.

—Alice tengo que colgar, nos vemos —me dijo que no colgara pero no le hice caso, corté la llamada y apagué el móvil, no quería hablar con nadie hasta que regresara.

Cuando llegué a mi departamento era ya entrada la madrugada, nada más cruzar el umbral de la puerta, dejé mi maleta y la cerré, apoyándome en ella y suspiré con frustración. Después de unos minutos encendí la luz, y mi corazón comenzó a latir con fuerza al ver a la persona que estaba sentada en mi sofá, persona que se puso de pie y sin dudar me arrojé a sus brazos, que gustosos me recibieron.

Continuará...


¡Hola! Aquí estoy de regreso con un nuevo capítulo, espero que les gustara. ¡Feliz Año Nuevo! (con algo de retraso) Les deseo lo mejor, de todo corazón. Por cierto, este Fic está por terminar, solamente quedan dos capítulos más, y una vez termine, continuaré con la secuela.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's, no los respondo por falta de tiempo pero sepan que leo todos y cada uno.

¿Algún review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Miércoles: Odio o... ¿Amor?

Jueves: Siempre te Amaré.

Viernes: Caminos Cruzados (a este Fic le quedan pocos capítulos, y una vez termine, continuaré con la secuela)