Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 9
Cuando llegué a mi departamento era ya entrada la madrugada, nada más cruzar el umbral de la puerta, dejé mi maleta y la cerré, apoyándome en ella y suspiré con frustración. Después de unos minutos encendí la luz, y mi corazón comenzó a latir con fuerza al ver a la persona que estaba sentada en mi sofá, persona que se puso de pie y sin dudar me arrojé a sus brazos, que gustosos me recibieron.
A pesar de sentir su cuerpo junto al mío, sus brazos rodeándome con fuerza y su inconfundible olor inundando mis sentidos, me parecía irreal que él estuviera aquí; temía que sólo fuera una alucinación o un sueño y, que de un momento a otro, fuera a desaparecer. Con delicadeza se separó de mí, lo necesario para verme a los ojos, acarició mi mejilla y, ese tan conocido cosquilleo, recorrió mi cuerpo entero al sentir su tacto.
—Edward, yo... —no me permitió hablar, me silenció de una forma que no iba a rechazar, estampando sus deliciosos labios sobre los míos de una forma tierna y suave.
—Fui un reverendo idiota e inmaduro, Bella, yo no iba a aceptar ese puesto pero... —hizo una pausa y sonrió tristemente—. Después de nuestra discusión, la rabia me cegó y terminé por aceptar.
—A pesar de todo necesitábamos de este tiempo separados, todo se dio de una forma tan... rara e inesperada entre nosotros, que de alguna forma teníamos que averiguar si lo que sentíamos era verdadero —su ceño se frunció y, por la forma en que me miraba, me di cuenta de que mal interpretó mis palabras—. Un momento, no me veas así, lo que quiero decir es que... Edward, en este tiempo me he dado cuenta de que no puedo vivir sin ti, que si tú no estás me siento incompleta y sobre todo... que nunca había amado a nadie como te amo a ti.
—Tienes razón, la forma en que nos conocimos no fue para nada convencional, pero siendo sincero, no podría estar más agradecido por casi atropellarte esa noche. Y sí, este tiempo me hizo ver cuán fuerte y verdadero es mi amor por ti; Bella, eres tan necesaria para mí como el aire que respiro, pues desde aquella noche te convertiste en mi vida entera —y de nuevo lloré, pero esta vez no fue de tristeza como lo venía haciendo últimamente, sino todo lo contrario, esta vez lloraba de pura felicidad.
Limpié mis lágrimas con el dorso de mi mano y nuestros labios se buscaron, como un sediento en busca de agua, el beso comenzó suave y calmado, pero bastaron tan sólo unos cuantos segundos. para que se volviera más pasional y necesitado.
Y es que el deseo se esparció en nuestros cuerpos consumiéndonos tan rápido, como si de pólvora se tratase, nos separamos cuando la falta de oxigeno se hizo presente y Edward me sonrió de forma ladeada, para después cargarme sobre su hombro haciéndome respingar por la sorpresa. Mientras me llevaba rumbo a la habitación, no pude evitar reír ante la imagen que mi cabeza creó de un Edward vestido con sólo un taparrabos de piel de leopardo, al puro estilo hombre de las cavernas.
Una vez en la habitación, Edward caminó hasta la cama dónde me depositó con cuidado. Con lentitud comenzó a soltar los botones de mi blusa uno a uno, besando la piel que iba quedando expuesta, hasta finalmente deshacerse de ella y acariciar mis pechos por sobre el encaje de mi sujetador a lo que mi espalda se arqueó. Se separó de mí y se levantó de la cama, con un movimiento sensual y casi felino se sacó la playera provocando que algo se retorciera dentro de mi bajo vientre, de la misma forma se deshizo de su pantalón y una sonrisa pícara cruzó por su rostro al percatarse de como mi cuerpo tiritaba a causa de las ansias.
Volvió a la cama, y con un ágil movimiento, soltó el botón de mis jeans y los sacó dejándome únicamente con mi conjunto de ropa interior de encaje color azul, sus ojos ahora oscurecidos recorrieron mi cuerpo con lujuria y deseo, acercó sus labios a mi oreja y mordió el lóbulo de esta, sabiendo lo que provocaría en mí, haciéndome retorcer de placer al mismo tiempo que un sonoro gemido salía desde lo más profundo de mi pecho.
—No tienes una idea de cuánto me encanta el color azul en ti —susurró con voz ronca y, en un acto reflejo, junté mis piernas en busca de un poco de fricción.
—Y tú no tienes idea de cuánto necesito que me hagas el amor. ¡Ya! —Edward se rió por mi exigencia y me besó apasionadamente.
—Tus deseos son ordenes para mí.
En cuestión de segundos ambos estábamos completamente desnudos, Edward se acomodó entre mis piernas y sin dejar de besarme dulcemente, a la vez que susurraba una y otra vez: te amo sobre mis labios, entró en mí tan lento que me resultaba una tortura, una muy placentera tortura. Sus labios bajaron a mi cuello y después a mis pechos, mis manos se aferraron con fuerza al edredón de la cama mientras su mano recorría mi piel, bajando por mi costado hasta mi pierna, la cual me hizo enredar en torno a su cintura; los gemidos y jadeos no se hicieron esperar, dándole al momento ese toque de erotismo y sensualidad.
Edward entrelazó nuestras manos y las subió por sobre mi cabeza, nuestros cuerpos se movían en perfecta sincronía, de forma lenta, disfrutando del momento juntos y la unión, no sólo de nuestros cuerpos, sino de algo más allá de lo físico: nuestras almas. Pero pasados unos minutos eso no fue suficiente, la proximidad de nuestro orgasmo se hizo presente y nuestros cuerpos exigieron a por más, ansiando alcanzar esa tan esperada liberación que nos llevaría al mismísimo cielo.
—¡Oh Dios!... Edward no... aguantaré mucho... más —murmuré con voz entrecortada, sintiendo como esa burbuja en mi vientre estaba cada vez más próxima a estallar.
—No lo retengas más... dejate ir cariño —jadeó antes de atrapar uno de mis pezones con sus labios y mi cuerpo convulsionó ante la llegada de mi orgasmo.
Un par de embestidas más y Edward también alcanzó su liberación, desplomándose exhausto sobre mí, nos quedamos en esa posición y en silencio esperando que, tanto nuestra respiración como nuestro ritmo cardíaco, volvieran a la normalidad. Un momento después nos metimos bajo las sábanas y sus brazos rodearon mi cintura pegándome a su cuerpo, apoyé mi cabeza en su pecho y comencé a trazar figuras sin seguir un patrón sobre el; de pronto, un nombre llegó a mi cabeza y me senté como impulsada por un resorte.
—¡Edward Anthony Cullen! ¡¿Qué mierda estaba haciendo Tanya en España contigo?! —chillé y él se incorporó un poco apoyándose con su codo en la cama.
—¿Cómo sabes que ella estaba conmigo en España?
—Una mujer de tu edificio me lo dijo, pero no evadas mi pregunta y respóndeme —le exigí y su ceño se frunció.
—¿Estuviste en España? —preguntó de forma ausente y me contuve de rodar los ojos, creo que ese punto había quedado más que claro.
—Sí, fui a buscarte... pero nada salió como yo lo imaginaba —terminé susurrando, me jaló de la mano para que volviera a acostarme a su lado y sus brazos me rodearon de nuevo.
—Efectivamente, Tanya estuvo unos días en España, de hecho regresamos juntos. Hablamos de muchas cosas y se dio cuenta de que entre nosotros no queda nada, ella a su manera ama a Demetri y yo estoy locamente enamorado de ti —sus palabras me relajaron considerablemente y volví a recostar mi cabeza en su pecho.
He de admitir que me daba un poco de pena por Demetri, tener que lidiar con esa mujer no ha de ser nada fácil; sobre todo porque era un poco... ¿especial? ¡Bah! Nada de especial, esa mujer era un completa loca, aunque supongo que él también la ama, o de lo contrario, no la aguantaría.
—No te imaginas el mal rato que pasé, pensando que tú y ella habían vuelto —me acurruqué más junto a él y besó el tope de mi cabeza—. Por cierto, ¿cómo entraste a mi departamento?
—Con mis llaves, no te devolví la copia antes de irme —respondió y ambos nos reímos.
El cansancio y las emociones vividas, sin contar que estaba por amanecer, me pasaron factura y mis ojos se comenzaron a cerrar. Edward besó la punta de mi nariz y susurró un: descansa cariño, y dejé que la inconsciencia me llevara a los brazos de Morfeo; por primera vez en este mes podré dormir tranquila, sabiendo que al despertar, Edward estaría a mi lado.
Abrí los ojos y la luz del sol me cegó, por la intensidad de este supongo que debía de ser más de medio día. Una sonrisa tonta se instaló en mi rostro al ver a Edward profundamente dormido, con una expresión de paz y tranquilidad en su rostro, con mi dedo indice delineé el contorno de su rostro, después pasé mi dedo por su entrecejo bajando hasta su nariz, a lo que él hizo una graciosa mueca. Volví a repetir mi acción y no pude acallar mi carcajada, al ver como Edward movía su mano como espantando una mosca y abría los ojos.
—Buenos días dormilón —dije y besé su mentón.
—Más que buenos —respondió desperezándose y, de pronto nos giró, dejándome bajo él, algo que yo no esperaba, y solté un chillido debido a la sorpresa—. ¿Te he dicho cuánto te amo?
—Mmmm, déjame pensar —fingí pensarlo mientras golpeaba mi barbilla con mi dedo índice—. No, que yo recuerde no en las últimas... siete u ocho horas.
—Eso es algo imperdonable de mi parte, debería decirte te amo a cada segundo del día —asentí con un infantil puchero que lo hizo reír—. Te amo —murmuró y besó mis mejillas—. Te amo —repitió y esta vez besó mis parpados—. Te amo —volvió a repetir y ahora atrapó mis labios con los suyos.
Su lengua delineó mis labio inferior pidiendo permiso para entrar, permiso que bien sabía no se le negaría, y mis manos se perdieron entre sus cabellos acercándole más a mí. Nos separamos cuando la necesidad de aire nos obligó, sus labios bajaron dejando un reguero de húmedos besos por mi cuello, mis pechos y mi abdomen, hasta llegar a mi parte más sensible y que reclamaba por atención; mi respiración se volvió más pesada, su lengua acariciaba mi clítoris a la par que sus dedos se movían dentro y fuera de mí, de una forma casi mágica. El remolino de sensaciones que recorrían mi cuerpo era tan intenso, que bien podía estarse llevando a cabo la tercera guerra mundial en mi sala, y yo ni siquiera me daría cuenta.
No pasó mucho tiempo antes de que mi orgasmo llegara, con tal intensidad, que mi cuerpo se convirtió prácticamente en gelatina y hasta estrellitas de colores vi. Sus labios de nuevo atraparon los míos y su miembro rozó mi entrada, ambos gemimos al unísono y... unos segundos después, la puerta de mi habitación estaba partida en dos y tirada en el piso. Debido a la sorpresa, no sé cómo diablos pasó, pero el caso es que Edward y yo nos caímos de la cama y, gracias a Dios, la sábana se enrolló en nuestros cuerpos cubriéndonos.
—¿Qué carajos...? —me hinqué, cuidando que la sábana no se moviera, y al ver a la persona que estaba parada junto a los restos de mi puerta, me quedé callada.
—Bella... yo... bueno... esto... —Emmett balbuceaba cosas sin sentido y me carcomían las ganas de lanzarle lo primero que tuviera a la mano, lastima que se tratara de la lampara antigua y costosa que me regaló Renée, cuando me mudé al departamento.
—¡Isabella Marie Swan! ¡Más vale que no hayas cometido una locura porque...! —Alice se calló en cuanto me vio y su ceño se frunció.
—¡Genial! ¿Qué demonios hacen aquí y cómo fue que entraron? —exigí saber y ambos intercambiaron miradas.
—No contestabas el teléfono y como no sabíamos nada de ti, desde que me llamaste antes de abordar el avión, creímos que tú... pues que tú... te podrías haber...
—Que te habías suicidado por culpa del imbécil de mi hermano —completó Rosalie, uniéndose a la reunión seguida de Jasper, ¿es que faltaba alguien más? Tal vez mis padres, Esme y Carlisle, o por qué no, los demás inquilinos del edificio.
—Lo que vi no fue real, lo que vi no fue real, lo que vi no fue real —murmuraba Emmett con la mirada perdida y parecía estar en algún tipo de transe, Rosalie pasó su mano frente a los ojos de mi hermano en repetidas ocasiones, pero ni siquiera parpadeaba—. ¡Santísima mierda! ¡Acabo de ver a mi hermanita teniendo sexo! —chilló con voz aguda, nada masculina, y frotó sus ojos como si su vida pendiera de ello.
—Lo mejor es que nos vayamos —habló por primera vez Jasper y estaba haciendo un gran esfuerzo para no soltarse a reír, el muy desgraciado.
—Bella, aunque Edward es mi hermano, reconozco que fue un idiota al dejarse engatusar por la zorra de Tanya, así que me alegra...
—Rosalie, no iras a decir que te alegra que me pongan el cuerno con otro, ¿verdad? —dijo Edward dejándose ver y, la cara de poker de todos, era como para fotografía.
—Chicos, en serio, les agradeceríamos enormemente si se marcharan.
—Cla-claro —musitó Alice, aún sin salir del todo de su letargo.
Rosalie agarró del brazo a Emmett y lo arrastró fuera de la habitación, Alice y Jasper salieron tras de ellos, pero aún tenía una duda.
—¡Alice! ¡¿Cómo fue que entraron?! —grité y, un par de segundos después, mi hermana asomó la cabeza por el marco de la puerta.
—Veras, cómo no nos abrías, pues se me ocurrió que podíamos tirarla y... bueno... Emmett... —dejó la frase inconclusa y no necesitaba que la terminara.
—¡Emmett Swan!
…
—Hola mamá —saludé en cuanto nos abrió la puerta de su casa, tanto mis padres como los de Edward, nos estaban esperando para comer.
—¡Oh, pasen chicos! No saben cuánto nos alegra que estén juntos de nuevo —nos dijo con una sonrisa y Edward besó mi mejilla.
—¿Dónde están Alice y Emmett? —preguntó Esme después de saludarnos.
—Ellos no podrán acompañarnos, están en mi departamento —respondí encogiéndome de hombros y todos fruncieron el ceño, a excepción de Edward que soltó una risita burlona.
—¿Qué están haciendo en tu departamento? —ahora, quien preguntó, fue Rosalie dándome una mirada de sospecha.
—Por culpa de ellos mi departamento se quedó sin puerta, así que ellos tienen que montar guardia hasta que la arreglen mañana —mis padres y mis suegros se soltaron a reír, seguidos por Edward y por mí.
Rosalie y Jasper sólo nos miraban con enfado, pero al final también se soltaron a reír.
—Hoy podría haber estado resuelto el problema de la puerta, pero tú les pediste que fueran hasta mañana —susurró Edward en mi oído.
—Se merecían un castigo por lo que hicieron, Alice por haber tenido la idea y Emmett por llevarla a cabo —respondí con simpleza y me abrazó, besando el tope de mi cabeza.
—Eres realmente malvada. Pero, así me encantas.
—¿Yo, malvaba? Nah, que va —le sonreí de forma angelical y negó con diversión, antes de besarme de manara casta.
—¡Ustedes dos! Déjense de cursiladas y vamos a comer.
—¿Celoso, porque tu novia no está aquí hermano? —Jasper le dio una fría mirada a Edward y salió rumbo al comedor, farfullando cosas que no entendí muy bien del todo, pero sonaba como: Alice y sus geniales ideas.
Tomados de la mano seguimos a mi cuñado y nos sentamos en nuestros respectivos lugares, Edward me sonrió de lado a lo que yo le guiñé un ojo. Si alguien me hubiera dicho meses atrás que encontraría el amor, lo más seguro es que me haya reído a más no poder, para después mandar al manicomio a quien me haya dicho. Aquella noche que conocí a Edward, la misteriosa pelirroja en el baño de aquel bar, lanzó sobre mí una maldición, y quiero creer que fue gracias a eso, que mi camino y el de Edward se cruzaron, gracias a la maldición de los Caminos Cruzados.
FIN
¡Hola! Aquí les dejo el penúltimo capítulo de esta historia, espero que les haya gustado. Ya solamente nos queda el epílogo para terminar, y después de eso, continuaré publicando la secuela.
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's, no los respondo por falta de tiempo pero sepan que leo todos y cada uno.
¿Algún review? =)
Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:
Lunes: Volver a Sonreír.
Martes: Juegos del Destino.
Miércoles: Odio o... ¿Amor?
Jueves: Siempre te Amaré.
Viernes: Caminos Cruzados (a este Fic le quedan pocos capítulos, y una vez termine, continuaré con la secuela)
