Disclaimer: Todo es obra de Tolkien, y por tanto a él (y a sus herederos) le pertenece. Relato en respuesta al desafío al foro El Poney Pisador lanzado por Ivorosi.
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- Simbelmynë: el sino de la estirpe de Eorl-
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Capítulo 4. Triste simbelmynë.
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-Oh, Éowyn…
No había cerrado aún la puerta tras de sí y ya le faltaba el aire. Notó una presión en el pecho, un pensamiento que reprimió hasta que ocupó el mínimo espacio en su mente. No, no era el momento de rememorar desdichas o penas.
Su hermana esperaba sentada en una butaca frente a la ventana mientras la doncella terminaba de hacer encajar la diadema dorada en un complejo recogido. Aún a la luz y la calidez de los rayos de sol que se colaban entre los visillos, su semblante seguía siendo igual de pálido y la plata de sus ojos igual de fría, sólo que menos triste que de costumbre. Era feliz, no le cabía ninguna duda, aunque a otros ojos que no la conocieran tanto podría no parecerlo. Pero era feliz, todo lo feliz que alguien como ellos podía aspirar a ser.
-Sé lo que vas a decirme- se atrevió ella a decirle mirándolo fijamente con una sonrisa, mientras pasaba flores blancas a la muchacha y ella las acoplaba enredándolas en la diadema y en su pelo trenzado-y puedes ahorrártelo.
-Sólo iba a decirte que… sólo quería que supieras lo preciosa que estás hoy, Éowyn. Nada más. Pero si quieres me callo y no te lo digo.
-Ahm. Si es eso, tienes permiso para hablar.
-Lo dicho entonces. Hoy estás más bonita que de costumbre hermana- se acercó a ellas y la besó en la mejilla-Adhara…
-Señor…
-Sus manos han de ser, Éomer…
-¿Mis manos? ¡Mis manos dice! ¡Será más bien que la felicidad vuelve más hermosa y radiante a la Dama de Rohan! ¡Y qué poco tengo yo que ver en ello!
-Éowyn…- la llamó, percatándose de lo que tenía ella entre las manos y dejando de lado las de la doncella.
-Sí, lo son. Debes pensar que estoy loca al querer llevar las flores blancas que crecerán en nuestras tumbas el día de mi boda, pero no lo estoy, estoy más cuerda que nunca…
-Son flores tristes hermana…
-Yo también era una flor triste y ya no lo soy, ¿no merecen acaso una oportunidad? Además, no es eso por lo que me gustaría llevarlas… éstas las recogí del túmulo donde descansan nuestros padres, y éstas de aquí vienen del último lecho de nuestro tío y nuestro querido primo. ¡Y mira que hermosas y frescas lucen desde que lo hice! Ha de significar algo a la fuerza…
-Entonces llévalas si te place, que si es por destino o en recuerdo de los nuestros poco he de importunarte yo por más tristes que sean. Y si mi futuro cuñado lo hiciera, ponme al tanto hermana y ya le meto yo en vereda. Además ¿Qué podría negarte yo nunca, y más en un día como éste?
-Nada en verdad- Contestó risueña- ¿Qué tienes?
-Pensaba nada más, en la gente como nosotros. En los que perdimos. En que no era conmigo con quién hubieras debido andar de confidencias en estos momentos… Madre se habría sentido muy orgullosa Éowyn, eras su pequeña princesa…
-Lo sé. Y no creas que hace que te valore menos. A veces me da por pensar en cómo hubiera sido nuestra vida sin todas estas losas negras anquilosadas en nuestro corazón, Éomer… en cuán diferentes hubiéramos sido.
-¿y a qué conclusión has llegado?
-A que seríamos incapaces de reconocer la felicidad más absoluta sin haber sufrido antes la más extrema de las tristezas.
-Así se habla mi señora- interrumpió Adhara dando los últimos retoques antes de dar por finalizado su trabajo- Esto ya está, vais a dejarlos a todos con la boca abierta Lady Éowyn.
-¿Deberíamos bajar ya?
-Deberíamos. Pero hagamos esperar un poco más a Faramir, me divierte ponerle nervioso.
-¡Éomer! Compórtate, por mí. Y sé amable con su familia, como a nosotros tampoco le queda mucha así que no será un gran suplicio por tu parte.
-Está bien, vamos… ¿ves como haces conmigo lo que quieres?- Le tendió el brazo y su hermana lo tomó encantada-¿Vienes Adhara?
-Claro que sí. No me lo perdería ni en sueños. Enseguida bajo, señor.
No intercambiaron palabra alguna durante el camino. No fue necesario, ambos sabían lo que pasaba por las cabezas del otro en aquel momento. En lugar de eso, se dedicaron a mirarse en silencio con ambas sonrisas cómplices en los labios.
-¿Estás nerviosa?- susurró apenas llegaron a la puerta de la sala dónde los esperaban.
-No. Sí. Bueno un poco. Recuerda sentarte con su tío, y ser amable con él y sus primos… por favor Éomer.
-Te he dicho que lo haré, no temas por ello. Sé que es importante para ti, pienso cumplir mi palabra.
-Gracias.
-¿Te he dicho ya que estás preciosa?- dijo intentando hacerla sentir más tranquila-¿Sí? ¿Y lo orgulloso que estoy de ti también?
-Eso es nuevo- Éowyn besó su mejilla justo antes de que los mozos abrieran las puertas. Todo el mundo giró la cabeza y los miraron expectantes, algo que le impuso bastante sin saber bien porqué. Bueno sí, no le gustaba ser el centro de atención. Pero como del Rey de Rohan nunca se puedo decir que el valor le faltase, tomó de nuevo del brazo a su hermana y con gesto serio caminó con ella por el estrecho pasillo.
Faramir parecía estar en babia. Miraba a su hermana sonriendo, y ella le sonreía a él igual, como si el resto de la habitación no estuviera presente. Los pies de Éowyn parecían querer llegar por su cuenta, ligeros como si caminaran sobre nubes, y él tenía que refrenarlos.
Pero pronto se acabó la parte divertida. El pasillo llegó a su fin y tuvo que soltar a su hermana. Tomó su cara con ambas manos y la besó en la frente. Se resistía al momento de entregarla. Faramir, no pareció molestarse por ello, pero pasó unos instantes hasta que tuvo fuerzas para hacerlo. Puso la mano de ella sobre el brazo del de Gondor y le habló intentando encontrar las palabras apropiadas, algo que pocas veces se le había dado bien.
-Os cedo la guardia y custodia del tesoro más valioso de mi reino en buena voluntad. Cuidad bien de ella, Lord Faramir, y queredla como se merece- O de lo contrario se encontraría con hordas de rohirrim a las puertas de su casa y no habría rey, de Gondor o de cualquier otro lugar, capaz de salvarlo de su ira. Pero eso no lo dijo, lo reservó para cuando se lo encontrara a solas.
Faramir asintió, y él caminó hacia el sitio que se había dispuesto para que la familia se sentase, cabizbajo y algo tristón. Ni siquiera se percató al lado de quién se sentaba hasta que lo hablaron directamente.
-No debéis culparos por no querer dejarla ir, mi señor, es lo natural.
-Lothíriel, hija, no molestes al rey.
-Bienvenido a la familia- susurró la joven divertida aún más bajito si cabía, intentando evitar otra regañina de Imrahil.
