Puck fue a buscarme a la mañana siguiente y tuvo el detalle de llevarme un bollo. Tomé uno o dos pellizcos mientras me llevaba al hospital: no tenía apetito. Por suerte, Puck no me hizo hablar.

Cuando me senté junto a la cama de mi madre y tomé su mano, una idea insidiosa se coló en mi cabeza. Si Rachel había salvado a Ava, si de verdad no habían sido imaginaciones mías, ni una horrible broma, ¿podría salvar también a mi madre?

Rechacé la idea. No podía permitirme pensar en eso. Lo que debía hacer era prepararme para el inminente final. Además, lo que había hecho Rachel era imposible. Una casualidad, o un efecto óptico, o una jugarreta que Ava todavía no me había confesado. Fuera lo que fuese, mi madre estaba a las puertas de la muerte, y ningún truco de magia iba a salvarla. Había aguantado años, y yo sabía que debía dar gracias por el tiempo que la había tenido a mi lado, pero me era imposible hacerlo mientras la veía apagarse, hora tras hora.

A Puck no le conté lo que había pasado hasta esa tarde, cuando íbamos cruzando lentamente el aparcamiento del hospital. Se quedó callado cuando acabé de hablar, con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta negra.

¿Quieres decir que se presentaron en tu casa así como así, sin previo aviso?

Asentí. Me sentía tan vacía que ya no me importaba.

No fueron nada bruscos, creo, pero fue… muy raro.

Me abrió la puerta del coche y me senté en el lado del copiloto.

No puedes ir, Quinn —dijo cuando se hubo sentado detrás del volante.

No pensaba hacerlo. Mi madre no se apartaría de mi lado si fuera yo la que estuviera enferma.

Bien —contestó.

Cuando cruzamos el aparcamiento el sol había empezado a ponerse delante de nosotros. Me tapé los ojos mientras intentaba reunir el valor necesario para expresar lo que llevaba todo el día queriendo decir.

¿Y si ella puede salvar a mi madre?

¿Qué más te exigiría por hacerlo?

Valdría la pena, fuera lo que fuese —respondí con calma—. Si ella siguiera viva.

Alargó el brazo y posó su mano sobre la mía.

Lo sé, pero a veces lo único que podemos hacer es decir adiós.

Me puse colorada y se me nubló la vista.

¿Qué crees que pasará cuando no me presente? —pregunté, mirando por la ventanilla—. ¿Le hará algo a Ava? Ese era nuestro trato: yo hacía lo que ella quería y ella la salvaba.

No le hará nada —contestó, pero vi por el rabillo del ojo que apretaba con más fuerza el volante—. Por lo menos, si es humano.

Me sequé los ojos con la manga de la sudadera.

No estoy muy segura de que lo sea.

Cuando llegué a casa tenía seis mensajes en el contestador. El primero era del instituto; me habían llamado para saber dónde estaba. Los otros cinco eran de Ava, que parecía más y más preocupada en cada nueva llamada.

Me sentía agotada, pero aun así la llamé. Me sentó bien oír su voz, a pesar de que estaba tan alegre y parlanchina como siempre. Parloteó por las dos y no pareció importarle que yo apenas abriera la boca. Puck estaba convencido de que no iba a pasarle nada, pero yo no conseguía sacudirme ese temor. Aunque solo hacía unas semanas que la conocía, después de lo que había pasado en el río me sentía responsable de ella. A mi madre no podía hacer nada por ayudarla. Pero si a Ava le ocurría algo por mi culpa… no podría soportarlo.

Ava… —dije cuando ya estábamos a punto de colgar.

¿Qué? —parecía distraída.

Hazme un favor y ten mucho cuidado esta noche, ¿vale? No hagas ninguna tontería como subirte a una escalera o hacerle carantoñas a un león.

Se rio.

Sí, vale. Mañana te llamo. Da recuerdos a tu madre de mi parte.

Después de colgar no pude dormir. Estuve mirando cómo pasaban los segundos en el reloj entre las 23:59 y las 00:00, y empezó a invadirme una sensación de angustia. ¿Y si le ocurría algo a Ava? ¿Qué haría entonces? Sería culpa mía. Nos habíamos hecho amigas a pesar de tener todas las probabilidades en contra, y se suponía que tenía que protegerla de esas cosas, no enfrentarla premeditadamente a un hombre que por lo visto creía que le debía la vida. Y que yo le debía la mía.

No quería pensar en Rachel. No quería pensar en cómo le había devuelto la vida junto al río aquella noche, ni tampoco en su oferta. Intenté imaginarme la cara de mi madre, pero solo la veía tumbada en la cama del hospital, agonizando.

Me giré en la cama y escondí la cara en la almohada. Ya no podía hacer nada, y sentirme tan inútil me producía una angustia desgarradora. Pero ya había tomado una decisión y pensaba ceñirme a ella. Si me salía con la mía, jamás volvería a ver a Rachel.

A las siete y media me despertaron los fuertes golpes que alguien estaba dando en mi puerta. Solté un gruñido. No me había quedado dormida hasta pasadas las cuatro, pero no podía ignorar que estaban llamando. Abrí de golpe y la sarta de maldiciones que tenía en la punta de la lengua se desvaneció al instante. Era Puck. Tenía pinta de no haber pegado ojo. Abrí del todo y me pasé los dedos por el pelo revuelto, de color rubio.

Puck… ¿qué ocurre?

Es Ava.

Me quedé paralizada.

Está muerta.


feliz añoooo para todos les deseo que este año sea mejor que el anterior, que cumplan todos sus sueños y metas. un abrazo