Ni Haikyuu! ni sus personajes me pertenecen, son obra de Furudate Haruichi.

Resumen: Sueños, tentaciones y pequeñas acciones.


Bandana Roja


Kuroo viajaba dentro de una burbuja de cristal en un espacio salpicado por millones de estrellas coloreadas y nebulosas rojas. En un punto, la burbuja comenzó a detenerse lentamente. Frente a él, etéreas pero deslumbrantes, aparecieron dos ánimas vaporosas con forma humana.

La altura de la mujer que aparentaba más juventud que vejez, no se podía comparar con la del muchacho al abrazaba con todas sus fuerzas.

–Mi precioso niño ya se ha convertido en un hombre –dijo conteniendo las lágrimas.

–Te quiero mucho, nunca lo olvides.

Desde el momento en que aquella mujer soltó al joven ambos espíritus se desvanecieron en un soplo y súbitamente la burbuja explotó. Kuroo ahora flotaba en el vació, sin poder oponer la menor resistencia.

Cayó suavemente, como una hoja, sobre un mar infinito de espesa agua escarlata. Observaba extasiado que en lo alto se hallaba la luna más deslumbrante que hubiera visto jamás. Sin darse cuenta, luz negra comenzó a correr por sus venas mientras se hundía lentamente en las profundidades. Todo empezó a opacarse y resonó en sus oídos como un eco la última palabra de aquel espectro femenino.

–Cuídate...

Kuroo levantó su mano hacia lo alto sin poder dejar de descender, y sus ojos gradualmente comenzaron a cerrarse.

Cuando todo quedó negro, despertó.

Las cortinas bloqueaban la luz del sol. Agitado y completamente empapado en sudor, se sacudió para despabilarse del todo. Eran pasadas las nueve de la mañana.

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Ya llevaba un mes viviendo de esa forma, los sueños eran recurrentes, pero de todas maneras no es como si pudiera contarle a alguien lo que pasaba por su cabeza. Nunca fue su estilo hablar de cosas tristes a los demás.

De cara al público, en la universidad, por las calles, en las llamadas de Tsukki o de su madre, Kuroo era capaz de desenvolverse muy bien y disimular pensamientos incómodos. Lo que aprendió como capitán no solo era útil en la cancha y también ayudaba que nadie en la gran ciudad se preocupara especialmente por su existencia.

O eso pensaba él.

–Es como un gato abandonado, ¿no crees?

–¿Quién?

–Ese chico.

Kuroo en esos momentos esperaba pacientemente en una mesa a que le llevaran lo que había ordenado.

–Viene todos los días, dos veces, siempre a las mismas horas. Pide un tazón de ramen sencillo, come y se va... ¿No te habías dado cuenta?

–No mamá, no suelo vigilar de esa forma a los clientes.

–Shiho, hija... a este paso no te vas a casar nunca.

–No estoy tan desesperada como para enrollarme con un cliente.

Las dos mujeres eran las únicas personas que trabajaban en aquel pequeño restaurante cercano a la estación del metro y de nombre Kumaiya.

Ryoko era una señora en sus cincuentas, ni muy alta ni muy rellena pero muy fresca, de esas señoras que gritan más que hablan y no tienen pelos en la lengua. Shiho, la otra flor de aquel rosal, era joven, bien proporcionada y de largos cabellos castaños. Muchos hombres dirían que era hermosa y dedicada, pero sus miradas de indiferencia podían petrificar hasta al comensal más entusiasta.

Ambas, uniformadas con un traje blanco y una bandana roja alrededor de su cuello, seguían cuchicheando atrás de la barra sobre aquel misterioso personaje.

–Shiho, nunca he dicho que te cases con el primer viejo que aparezca por la puerta.

–Faltaría más –dijo la joven con ironía.

–¿En serio no te da curiosidad? Es tan alto y de tan buen ver... Llévale esto y averigua quien es, anda –dijo la señora, echando más caldo y fideos al tazón.

No era la primera vez que su madre sacaba el tema y ya se estaba comenzando a cansar de lo mismo, pero la única manera de que se quedara satisfecha era dándole el gusto de ir y tener unas palabras con aquel muchacho.

–Está bien, dame eso –dijo la más joven, arrebatándo el plato.

De mala gana y con cara de pocos amigos, Kumai Shiho, soltera de 23 años, procedía a entregar su orden.

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De cerca, el chico no parecía ser mayor que ella, estaba pensativo, hasta triste podría decir. Empezaba a imaginarse porqué su madre estaba siendo tan pesada por él.

–Éste tiene mucho, no puede ser el mío –dijo Kuroo cuando vio el tazón tan cargado.

–Es un regalo de mi madre. Tiene curiosidad por saber quién eres, nada más. Yo que tú me andaría con cuidado –dijo la mesera tratando de ser amena.

Kuroo la miró extrañado, pero dio las gracias de todas formas.

Cuando Shiho estaba a punto de dejar la mesa pudo sentir la penetrante mirada de su madre, quien desde la puerta de la cocina le hizo una señal con su boca dándole a entender que se quedara y cumpliera con su misión o se atuviera a las consecuencias. Shiho, de nuevo en una encrucijada, prefirió continuar antes que tener otro round con su mamá.

–Eres nuevo por aquí, ¿verdad?, ¿Tienes algo de lo que quieras hablar?

Kuroo sonrió y dejó salir un leve suspiro. ¿Dónde habría escuchado eso antes? Recordó aquel día que quiso crear una conversación con Tsukishima y se imaginó de inmediato que ella trataba de aplicar la misma receta con él.

–¿Usas el nombre de tu madre para cubrir tus deseos? –dijo sin verla mientras revolvía sus fideos.

–No, para nada, solamente...

–¿Qué quieres que te cuente? –dijo relajado–. Estoy en mi primer año de universidad, vivo solo por aquí cerca y como se me quema hasta el agua vengo a comer al restaurante más barato de la zona.

–¿A qué te refieres con restaurante barato? –Dijo un poco irritada por su actitud.

La seguridad de la expresión que Kuroo hacia al hablar hizo que se derrumbara por completo la imagen que ella tenía sobre él.

–Si es por pena que ha venido a hablar conmigo no es necesario que se preocupe más, señorita mesera –dijo mientras tomaba la mano de la chica entre las suyas.

–¡Shiho! Me llamo Shiho –dijo asustada quitando la mano– ¿Qué pena vas a dar tú? –Exclamó por lo bajo mientras se retiraba.

Un sinvergüenza, eso es lo que era y lo peor era que la había tomado con la guardia baja.

Eso no iba a quedar así.

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La próxima vez que el pelinegro apareció en la entrada del Kumaiya, Shiho enarboló su bandera de batalla antes de acercarse a él. Iba decidida a cobrar venganza pero el aspecto del muchacho era peor que el de la noche anterior.

–Perdóname por lo de ayer, no quería dar a entender que tu restaurante es malo –dijo arrepentido.

Shiho estaba confundida, los de su tipo jamás se entregarían de esa forma. El pillo melancólico había apaciguado al tigre de Siberia, así que no arrancaría su cuello esta vez.

–Bueno, si es así, no pasa nada.

–Me llamo Kuroo Tetsuro, mucho gusto –dijo haciendo una de sus sonrisas de presunto aspecto inofensivo–. Voy a querer el mismo ramen de siempre, por favor.

–¿Por qué siempre pides lo más barato?, ¿no te aburre?

–Lo que dije anoche no es mentira, vivo solo y mis padres están separados. Si aburre, pero no quiero ser una carga para mi madre.

El chico no le generaba ninguna confianza pero Shiho notaba en su cara que eso era algo con lo que no jugaría.

–¿De verdad quieres saber estas cosas?

–Pues, la verdad es que no –dijo muy en serio la chica–. Yo también te dije la verdad. Mi madre se pone muy pesada cuando cree que ha aparecido un buen partido para mí y no para de machacármelo.

–Pero ya que estamos, si quieres hablar, adelante. Es tiempo que me mantendrás fuera de la barra de todas maneras –dijo la joven mientras se acomodaba en el asiento– y quizás te convenga mantener feliz a la cocinera...

–Dos de ramen de cerdo con huevo para los jóvenes –dijo la susodicha, apareciendo como si hubiera sido invocada, con una sonrisa de oreja a oreja.

Kuroo estaba en un compromiso, el tazón era doscientos cincuenta yenes más caro de lo que solía gastar, pero no había catado carne en semanas y el cerdo olía tan bien... Kumai-san, quien controlaba la escena desde la distancia, sabía llegar muy bien al segundo corazón de los hombres.

–No te preocupes, no te lo cobrará.

–Espero que sea en serio que no te estás haciendo ilusiones. No te lo puedo pagar, y ya tengo alguien a quien quiero.

Lo dijo de una manera tan convencida y misteriosamente cautivadora que Shiho decidió ignorar el juicio que había hecho sobre él.

–¿Eh? ¿Un hombre que no se convertirá en un pulpo teniendo la oportunidad? –dijo con ácida incredulidad–. Hasta no ver, no creer.

–Pues ya lo verás. Dijo Kuroo, dando un desesperado mordisco a la carne.

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Pasaban los días, y los sueños seguían apareciendo, sin embargo, la chica de la bandana roja se abría paso en el corazón de Kuroo. Ambos congeniaron muy bien.

Habían conversado sobre muchas cosas, Shiho le contaba sobre esa parte de la ciudad, sobre el negocio y sobre su madre. Kuroo le contaba cómo había vivido hasta entonces, sobre Kenma, el voleibol y las razones que lo tenían en ese lugar.

Y Kumai-san estaba dispuesta a invertir las pequeñas cantidades que dejaba de percibir por regalar comida al felino si tenía el placer de espiar a la parejita.

Tarde o temprano llegaría el momento...

–¿Aquel día me dijiste que estabas con alguien, verdad? ¿Cómo es?

Era tan fácil inventarse un pasado. La chica era atractiva e interesante, y él ni siquiera tenía algo concreto con Tsukishima más allá de hablar sobre muchas cosas.

El "no estarás disponible para él en mucho tiempo" que le había advertido Kenma meses atrás revoloteaba siempre por su mente. Los corazones de los hombres en definitiva son muy volubles, sin embargo, ahora más que nunca Kuroo era consciente de que significaba la palabra traición.

Arrancar un pedazo del alma de Tsukki sin ninguna clase de piedad y hacerlo pasar por su mismo dolor a cambio de felicidad extra era algo que le parecía infinitamente repulsivo. Él podía ser un muchacho que no conocía gran cosa del mundo de los adultos, pero su decisión era mucho más firme que una mirada bonita en tiempos de debilidad.

–Sí, hay un chico de cabellos de oro al cual quiero casi con locura –dijo con satisfacción–. Me ha embrujado de alguna forma con sus ojos de niño altivo, pero vive en Sendai.

Shiho se extrañó bastante de que alguien tan apuesto en el sentido masculino de la palabra pudiera expresarse así de otro hombre, pero que importaba, la fastidiaba más que su madre seguiría con su tradición de hostigarla cuando lo acabara descubriendo.

–Puede parecer frio, inocente y formalito pero sé que hay fuego dentro de él, y vaya que si quema.

–¿Hablas con él, por lo menos?

–Sí, casi todas las noches.

–Entonces, ¿Por qué nunca vas a verlo?

–No puedo verlo ahora

–Sendai no está tan lejos, ¿sabes?

–No sé. Hice muchas cosas estúpidas la última vez que lo vi y han pasado tantas cosas desde entonces que...

–Si lo estás deseando. Tienes unas cosas Kuro... Mira, entiendo lo de tus padres pero... las penas, o te haces con ellas o ellas se hacen contigo.

El pelinegro solo la miraba fijamente.

–Pase lo que pase no deja de ser tu vida Kuro. Tú siempre ve con la cabeza bien alta.

La chica levantó su puño en señal de pelea para animarlo y Kuroo sonrió, con un poco de tranquilidad.

–Te dije que no sintieras pena por mí, Shiho.

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Minutos después, Kuroo sintió un aroma muy particular desde el mismo momento en que Kumai-san salió de la cocina. Apenas pudo contener la saliva y sus ojos abrieron como platos al ver lo que ahora descansaba frente a sus ojos.

–Sanma Shioyaki para el caballero.

Pescado Sanma asado con sal, gloria bendita que no había degustado desde hacía demasiado tiempo para ser verdad.

Kumai-san había conseguido extraer de los interrogatorios su comida favorita, Kuroo sabía que ellas lo vendían pero sus deseos siempre fueron aplacados por el precio que tenía en el menú, solo mil setecientos cincuenta yenes, más del triple de lo que se podía permitir. Servírselo así sin más era un golpe muy rudo.

–Anda, come Kuro, sin pena. -dijo la señora, estando a la expectativa.

Kuroo, como un pequeño gatito se acercaba temeroso con sus palillos a aquella trampa de sabor pero con suma crueldad Shiho apartó el plato de su vista.

–Si no te molesta madre, algo como esto preferiría que se lo gane –dijo poniendo su bandana roja sobre la mesa, en señal de ofrecimiento–. Si el señorito angustiado quiere ensuciar sus manos, claro está.

Tanto Kuroo como la señora se sorprendieron ante la proposición.

–Pues, si nos vendría bien una mano pero...

–¿Quieres que trabaje aquí? –preguntó Kuroo.

–Te vendría bien para lo tuyo, ¿no? Vas a cobrar de todas formas –dijo Shiho con complacencia.

En el rostro Kuroo se dibujó algo que parecía ser una sonrisa honesta.

–Trato hecho –dijo abalanzándose sobre el plato.

Pero como la chica ya tenía calada su malicia, logró quitarlo a tiempo.

–No Kuro, esto va a ser mí cena.

–¡Shiho, dámelo!

–Hija, si lo preparé para él...

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–Y por eso a partir de mañana solo podré escribirte mensajes, a menos que pueda escapar para hablar.

–No lo hagas, no querrás que te echen el primer día.

–¿Crees que sería tan tonto de dejarme atrapar?

Al otro lado de la línea, Tsukishima se aferraba al teléfono sin saber que decirle, estaba feliz por él pero no quería dejar de escucharlo...

–¿De verdad lo piensas? Eres malo conmigo, Tsukki. –dijo en broma.

–No... Solo... Voy a extrañar esto, Kuro –dijo entre dientes con su tradicional seriedad.

–Yo también.

Esa noche, aunque la despedida fue algo triste, Kuroo pudo dormir en paz. En un par de semanas, una bandana roja había comenzado a transformar algunos de sus sueños, sin embargo ahora el más brillante de todos quizás no estaban tan lejos como pensaba.

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Cerca de medianoche Kumai-san contaba lo que se había hecho de caja en todo el día mientras Shiho terminaba de dar una última limpieza a las mesas.

–Solo le podemos dar el mínimo, ¿crees que le moleste?

–Nah, parecía muy entusiasmado con la idea.

–Que astuta eres, Shiho.

–¿Por qué?

–No hay mejor forma de amarrarlo que tenerlo a diario junto a ti.

–Mamá, por favor...

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Ondea llameante, bandera roja. Preside el camino que quiero dibujar.
«Kampflieder - Die Arbeiter von Wien»


Prometo que en el próximo capítulo habrá algo mucho más concreto sobre la pareja que nos ocupa ;D

No creo que tarde demasiado en actualizar, tengo bastante claros los siguientes dos capítulos. Por lo demás, sé que fue más como un capítulo de transición pero no me parecía muy realista solo saltarme las cosas. Espero no haber aburrido.

Sus reviews motivan mucho, de veras xD

Hasta otra.