Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¡Por favor! ¡Pon algo de NaruSasuNaru en el manga! Las chicas estaremos eternamente agradecidas)

Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con fuerte contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.


Holy Curse!

Capítulo I: ¡Arrogante!

–¡Joven Namikaze! –el recibimiento de Lady Uchiha no fue cálido, pero sí amable. –¡Es un placer conocerlo! Es mucho más guapo de lo que había escuchado.

–Gracias, Lady… –en esos momentos deseó haber hecho caso a su padre y aprenderse el apellido de aquella familia. –Lady…

–¡Lady Uchiha! –su padre intervino, salvándolo de una situación que podría haberse vuelto bochornosa. –Es un honor para nosotros tan generosa invitación.

–El honor es mío al tenerlos de invitados. Señor Namikaze, ¿dónde está su esposa?

–Shizune Namikaze estaba indispuesta esta noche. Espero que nos perdone por…

–¡No hay problema! Deseo que ella se recupere rápidamente –interrumpió Mikoto. –Al menos usted y el joven Namikaze están aquí. Por favor pasen. –enredó su brazo en el de Naruto y lo guió por toda la habitación elegantemente decorada.

–Joven Namikaze, permítame presentarle a mi hija, Lady Aburame y a su esposo, Lord Aburame.

–¡Mucho gusto en conocerlos! –respondió con educación Naruto, fijando su mirada en la chica.

Definitivamente era un requisito ser guapo para pertenecer a la familia Uchiha. Mikoto tenía una preciosa tez blanca que conservaba impecablemente a pesar de su edad, además de los hermosos ojos azabaches y el negro cabello. Hinata también era hermosa, con una piel blanca y cabellos negros, de un tono casi azulado, pero en ella destacaban sus exóticos ojos color perla en el rostro.

–Me encantaría hablar unos minutos con el joven Namikaze. –dijo Hinata, soltándose del brazo de su marido y tomando el de Naruto. –Le llevaré a dar una vuelta.

Mikoto se quedó platicando con su yerno, dejando a su hija la labor de convencer a Naruto acerca de su matrimonio con Sasuke. Y hablando del conde, miró de reojo la entrada principal, esperando que su hijo asistiera a tiempo.

–Joven Namikaze…

–Puedes llamarme Naruto. –comentó alegremente. –No me molesta.

–Entonces pido que me llames Hinata, no soporto mi apellido nuevo. –confesó. –¿Cuánto tiempo llevas en la ciudad?

–Apenas cumpliremos dos meses. Es un poco difícil adaptarme aquí, no estoy tan acostumbrado a la vida social de la ciudad.

–¿De verdad? Yo diría que actúas como todo un noble. –sonrió.

–Entonces esperabas a un chico rústico, mal hablado y sin modales ¿me equivoco?

La chica se sonrojó inmediatamente. Ciertamente no esperaba encontrarse con un joven elegante, educado y atractivo. Su hermano Sasuke tenía mucha suerte. Sobre todo porque Naruto era increíblemente fresco e innovador, no como las aburridas señoritas de alta sociedad.

–Y-yo no quería decir…

–No te preocupes. Todos siempre imaginan lo mismo cuando les dicen que soy extranjero. Tengo que admitir que las cosas aquí son muy diferentes. –llegaron hasta una mesa con varias bebidas y ambos tomaron una copa de vino antes de continuar su recorrido por la mansión.

–¿A qué te refieres?

–Aquí, parece que le toman demasiado aprecio al dinero y a la posición social, en lugar de fijarse en la honestidad de las personas. También parece inconcebible que un noble tome por cónyuge a una persona de rango inferior. Además, no dejan a las mujeres el acceso a la educación. Creen que está mal que las mujeres puedan pensar o hacer algo. –dijo con convicción. Aunque llevaba sólo minutos de conocer a Hinata, le pareció reconocer en los ojos color perla un espíritu muy parecido al suyo, por lo que supuso que podrían llegar a ser muy buenos amigos. –He visitado lugares en donde nadie se escandaliza si una mujer decide dormir con un hombre antes de su matrimonio. En la ciudad parece ser regla llegar virgen al altar. Perdón por hablar así, pero prefiero ser sincero antes que hipócrita.

–No te preocupes. –Naruto era como un soplo de aire fresco en su monótona vida. Con sus "amigas" sólo podía platicar de vestidos y chismes de otras mujeres. –Me agrada poder tener alguien con quien compartir cosas que no tengan que ver con vestidos elegantes y fiestas.

El rubio rió. Tenía razón al pensar que Hinata era especial.

–Odio este tipo de fiestas. –notó que algunas mujeres los miraban de reojo antes de girar y cuchichear con sus amigas. –Para lo único que sirven es para lucir tus pertenencias frente a otros y suscitar más chismes.

–Creo que tu sola presencia produce que las personas hablen de ti. –afirmó la mujer. –Eres bastante atractivo, si disculpas mi atrevimiento.

–Sí, pero a la mayoría de ellos sólo les interesa mi dinero. –dio un trago a su bebida y dejó la copa vacía en una mesa. –Por cierto, no he visto al conde Uchiha.

–¡Lo lamento tanto! Disculpa a mi hermano, tal vez tuvo un problema en el camino.

–O quizá está en una cantina, ahogado de borracho, con todo respeto mi Lady. –comentó Naruto, dejando sorprendida a Hinata.

Mikoto Uchiha llegó a salvar del embarazoso comentario a Naruto y a su hija.

–Lady U-uchi-ha… –pronunció con dificultad el apellido. –Ya casi es la hora de cenar ¿no es verdad?

–¡Por supuesto, querido! La he pasado tan bien hablando con su padre, que no me he fijado en la hora. –mintió. Lo cierto es que trataba de retrasar lo más posible la cena para darle tiempo a su hijo de que llegara. –¿Por qué no pasamos al comedor?

La cena transcurrió tranquilamente, y como Naruto suponía, aburrida. Los temas de conversación variaban entre el escándalo de una doncella en la corte y la moda francesa que comenzaba a imponerse en los vestidos. Minato no pudo disimular una sonrisa al ver la cara de aburrimiento de su hijo. Naruto preferiría hablar de viajes al extranjero, antiguos edificios y leyendas urbanas. No por nada su hijo era un hombre culto y bien preparado, pero parecía que todos intentaban tratarlo como a una delicada doncella, cosa que enfurecía al rubio menor. Cuando se hizo un silencio, Naruto aprovechó para cambiar de tema.

–Me encantó visitar el nuevo palacio que Lord Sabaku construye. Es increíble la combinación de estilos empleados por el arquitecto. Mantienen un estilo clásico, pero moderno. El estilo gótico que domina cada habitación… –se calló al ver los rostros estupefactos. Por muy nobles que fueran, sus pláticas eran tan interesantes como ver crecer el pasto, así que trató de volver a la charla anterior. –y… supongo que darán increíbles fiestas.

Mikoto sonrió y continuó:

–¡Sería increíble asistir a una fiesta en el nuevo palacio! Supongo que podríamos utilizar los nuevos diseños traídos directamente de Italia. –los cuchicheos aumentaron de volumen, expresando sus opiniones acerca de utilizar el color amarillo como nuevo grito de moda.

Si aquella era una ventana a lo que sería su futuro al lado de la familia Uchiha, ya se podía ir olvidando del matrimonio. Jugueteó con los cubiertos y le sorprendió que su padre no lo regañara por eso, pero se veía que Minato también estaba igual de aburrido que él. Agradeció que Hinata lo salvara de morir de aburrimiento al sugerir ir a la sala a tomar el café.

–Naruto, debo de pedirte una disculpa. No sé qué le sucedió a mi hermano. –dijo una vez que Naruto se sentó a su lado en uno de los mullidos sofás.

–Es lógico lo que sucede. No le interesa casarse conmigo, así como tampoco me interesa a mí. –dijo con franqueza.

–¡Pero…!

–No hay necesidad de disculparse. Esto sólo quiere decir que no estamos destinados a casarnos.

–Es que mi hermano se muestra un poco… es… él está un poco renuente a casarse por mera conveniencia. –explicó Hinata.

–Bueno, eso me hace sentir un poco de respeto por él, a pesar de su grosería de faltar a esta reunión. –era cierto, el que el conde se negara a casarse por dinero le daba un par de puntos a favor, pues eso le decía que no estaba interesado sólo en el aspecto económico.

–¡Naruto! –le reprochó su padre con firmeza. –Lady Aburame, le pido disculpe a mi hijo por ser tan…

–¿Honesto? ¿Sincero? Pues yo no lo siento. –se dirigió a su padre. –¿No es esto una señal divina, papá? Yo no lo quiero conocer y él no me quiere conocer. Desde mi punto de vista, no hay razón para continuar con las negociaciones matrimoniales.

–Pero, Naruto…

–De cualquier manera, estoy cansado y no pienso esperar ni un segundo más al conde Uchalajita. Será mejor que nos retiremos.

–¡Querido joven Namikaze! –Mikoto llegó a evitar el escape de Naruto, enredando su brazo con el del joven. –Por favor, hónrenos un poco más con su presencia. Por cierto ¿ya conoce al tío Madara Uchiha?

–Muchas gracias por sus atenciones, pero de verdad considero que lo mejor es retirarme. –con un movimiento brusco consiguió soltarse del brazo de Mikoto Uchiha.

–Por favor, espera un poco más. –pidió Lady Uchiha. –Vamos a jugar a las cartas ¿le gustaría unirse?

–Es suficiente, Lady Ucharija. –comentó fríamente. –La cena era a las ocho y son las once. No veo ninguna razón más para esperar al conde Unachiraja, por más respetable que sea. Le ruego me disculpe y con permiso.

Minato le dio alcance antes de que saliera por la puerta principal.

–¿De verdad no piensas quedarte un poco más?

–Tres horas son más que suficientes papá. No estoy tan necesitado de un marido. Además ¿qué pensaría el tal Ucharejita si me ve esperándolo? Dios, de ninguna manera le daré ese gusto, creería que es tan magnánimo como para arrastrarme a sus pies. Puedes quedarte tú, si quieres. Te mandaré el carruaje más tarde.

Naruto se despidió de su padre y llamó a uno de los sirvientes para que trajeran su carro. La noche era fresca, pero no desagradable y hubiese disfrutado más haciendo las cuentas de la casa en vez de escuchar absurdas pláticas. Lo único bueno de la noche había sido conocer a Hinata. La chica era como él, pero las normas de sociedad impuestas por Lady Mikoto la obligaban a refrenar sus pensamientos y acciones. Aburrido, se asomó por la ventanilla del carruaje para admirar las hermosas y elegantes casas de aquel barrio. A pesar de que no era muy tarde, las calles se encontraban demasiado vacías y oscuras. Su atención se centró en un hombre que caminaba zigzagueando entre los jardines.

–Está borracho. Por eso yo odio el alcohol. –murmuró mientras el carruaje avanzaba lentamente hacia su destino.

Tres hombres se acercaron velozmente al borracho. Al recibir el primer golpe, trastabilló y cayó como un costal al piso. Naruto observó la escena, sabiendo que era una injusticia una pelea tres contra uno y más porque el estado etílico entorpecería los movimientos y las reacciones del hombre. Abrió la puerta del carruaje y le gritó al chofer que se detuviese para ayudar a aquel sujeto.


–¡Suigetsu! ¡Levántate ya! –gritó al entrar en los aposentos del aludido. –¡Despiértate, inútil! –Sasuke sacudió el cuerpo dormido de su compañero de juergas, sin importarle la mirada asustada de los sirvientes.

–¿Qué mierda quieres, Sasuke? –protestó al ver el reloj de mesa. –¡Apenas son las doce del día! ¡No jodas!

–Escúchame bien… mi madre quiere casarme. –explicó, sentándose en la orilla del colchón. –¿Qué demonios haré?

–¡Por Dios! ¿Me levantas sólo para decirme eso? –se cubrió con las sábanas hasta el rostro. –¡Vuelve luego!

–¡Imbécil, esto es importante!

Suspirando resignadamente, Lord Suigetsu H ozuki salió de la cama, envolviéndose en una gruesa bata y sentándose en uno de los sillones de su amplia recámara para escuchar lo que su amigo Sasuke iba a decirle. Con un movimiento de mano ordenó a sus sirvientes que los dejaran solos después de traer el café.

–¿Y bien? No deberías de sorprenderte, tu madre ha insistido en casarte desde que cumpliste los veinte y has estado huyendo de cualquier compromiso por casi ocho años. –buscó en un cajón una botella de vodka para verter un chorrito en su café. –¿Quieres? –el pelinegro aceptó. –Si mal no recuerdo, la última propuesta fue Lady Haruno. Ella está tan enamorada de ti, que olvidaría tu oscura reputación. Y además tiene dinero que no dudaría en entregarte.

–Tiene dinero, pero no el suficiente para salvar el castillo de Konoha de la ruina. Además, es molesta e infantil, no podría vivir pegado a ella. –contestó.

–¿Y qué hay de malo con la nueva propuesta? Si es una chica fea, sólo cierra los ojos cuando le hagas el amor.

–Es un doncel.

Suigetsu casi deja escapar el café que bebía por la noticia.

–¿Estás bromeando?

–Para nada. Es un extranjero que acaba de instalarse en esta ciudad. –bebió un sorbo a la bebida. –Según mi madre, es heredero de una gran fortuna. Su padre tiene un negocio de importación y exportación de piedras preciosas.

–¡Es excelente! ¿Cuándo es la boda?

–¿Eres imbécil o finges? –clamó exasperado. –No quiero casarme con un chico por más rico que sea.

–¡El imbécil eres tú! Esa es la mejor oportunidad que has tenido en años. –señaló, un poco molesto por la actitud de su amigo. –Es un doncel, lo que significa que tendrás un heredero fuerte e inteligente y además, es millonario… ¡imagina todas las noches de juergas que tendremos!

–No me casaré con él. –insistió. –Ni aunque fuera una chica.

–Bien, si tú no lo tomas, lo haré yo. –sonrió, mostrando sus puntiagudos y extraños dientes que resaltaban su rostro junto a sus exóticos ojos violeta. –El dinero de mi pensión comienza a agotarse.

–¿Te has acabado el dinero que te manda Juugo?

–Mi torpe hermano mayor me manda una mierda. –dijo con desprecio. –Lo único bueno de tener un hermano mayor conde es que no debes cargar con todas las responsabilidades. Qué lástima por ti, Sasuke.

–Lo sé. –reconoció. Suigetsu, como el hermano menor, no debía mantener a su familia y podía dedicarse a lo que quisiera. –Pero volviendo al tema principal, puedes quedarte con Namikaze. Es todo tuyo. Hoy mi madre dará una fiesta en su casa para presentármelo.

–¿Vas a ir? –la sonrisa oculta detrás de la taza le dio su respuesta. –Maldito Sasuke, tienes una oportunidad de oro y la desperdicias. Yo podría casarme con él y quedarme con su dinero. Como sea… –suspiró. –Mi hermana me comentó que quiere verte.

–¿Karin? ¿Cuándo será?

–No lo sé, sabes que ella es así de impredecible. Cuando necesite un poco de amor, irá a buscarte. Pero hoy… ¿tenemos algo que celebrar?

–Siempre hay algo que celebrar, Suigetsu. –contestó Sasuke, sabiendo que no iba a ir a la tonta fiesta de su madre.


–Pero, joven Namikaze…

–¡Que te pares, te digo! –no esperó a que el carruaje se detuviese por completo y saltó. El maldito traje le dificultaba correr, pero se apresuró para auxiliar al extraño.

En menos de un minuto, Naruto pudo detener a dos de los asaltantes fácilmente. El desconocido se hizo cargo del tercero, pero aún así su labio y nariz sangraban por los golpes recibidos. Cuando el chofer llegó, portando una espada, los asaltantes huyeron. Naruto entonces se dio el lujo de mirar con detalle al desconocido. A pesar de la oscuridad, pudo notar que tenía una figura atractiva, pero sus ojos rojizos, aún refulgentes entre las sombras, fueron lo que llamaron la atención del rubio.

–Hey, ¿estás bien? –preguntó, al notar como escupía un poco de sangre y saliva en el suelo.

–No necesitaba tu ayuda.

–¡Discúlpame por molestarte, entonces! –contestó con sarcasmo.

–No deberías de meterte en mi camino.

–¡Pues deberías aprender a defenderte mejor, debilucho! –enojado, se cruzó de brazos, esperando al menos un "gracias" por parte del desconocido. –Tuve que detener mi viaje para ayudarte ¡y ni siquiera lo agradeces!

–No te metas en donde no te llaman.

–¡Eres imposible! De haber sabido que eras tan arrogante… ¡los habría ayudado a darte esa paliza! –replicó molesto. –¡Que tengas la peor noche de tu vida! –se despidió y caminó hacia el carruaje, seguido por su sirviente.

–¡No necesitas decírmelo, porque probablemente la tenga! –dijo en voz alta para que el rubio lo alcanzara a escuchar. Los ojos azules le regalaron una mirada de odio antes de subirse a su carruaje. Enojado, chasqueó la lengua al reconocer que su salvador era bastante atractivo.


Estaba furioso y los sirvientes decidieron dejarlo en paz. No querían perder su cabeza sólo por un arranque de ira absurda de su señor, el conde Uchiha. Tambaleante, el guapo moreno subió por las escaleras hasta su habitación, azotando la puerta al cerrar. Jaloneó los botones de su chaqueta negra hasta quedar solamente vestido con la delgada camisa blanca y unos pantalones anchos.

Suspiró, dejándose caer sobre uno de los sillones de su habitación y cubrió sus ojos color ónix con el antebrazo intentando no recordar la reprimenda que su madre le había dado ¿acaso tenía cinco años? ¡Claro que no! estaba perfectamente consciente de que había faltado a la dichosa fiestecita de su madre por voluntad propia. ¡No se casaría con nadie! Ni siquiera si el susodicho era increíblemente millonario.

Gruñó. Detestaba a su madre cuando se ponía en plan de casamentera. Pero si creía que funcionaría con el menor de sus hijos, se equivocaba. Él no caería bajo sus tontas palabras como lo habían hecho Hinata y Hanabi. No se casaría y punto. Nadie lo convencería de lo contrario. Si Mikoto Uchiha quería dinero, ¡que vendiera el maldito palacio en Konoha! Se lo había propuesto miles de veces y ella insistía en negarse, alegando que era el hogar de los Uchiha.

–El hogar de los malditos Uchiha… –susurró para sí mismo. Realmente no le importaba el palacio, por más bello que este fuese. Si de él dependiera, habría subastado el maldito castillo con todo y muebles al primer postor que aceptara pagar cualquier cosa por el montón de cimientos en ruinas. Quizá de esa forma también podría deshacerse de la maldición. Rió cínicamente por siquiera considerar que tal maldición existiera.

Los golpecitos en su puerta lo sacaron de sus pensamientos. Estaba a punto de ponerse de pie para sacar a patadas a quien se hubiese atrevido a molestarlo, pero al reconocer la figura en la puerta su mal humor se esfumó. Frente a él se hallaba su amante favorita. Suspiró y volvió a su cómoda posición en el sofá.

–Hola, querido. –murmuró la mujer pelirroja con un tinte de voz que intentaba parecer sensual. –¿Me extrañaste?

Sasuke inclinó la cabeza con una sonrisita de superioridad muy característica de los Uchiha.

–Sabes que no te necesito tanto como imaginas. –contestó. –¿Por qué tardaste tanto esta vez?

–El estúpido de mi marido me obligó a acompañarlo a una fiesta. –explicó mientras se quitaba la pesada capa de lana con la cual se ocultaba en las sombras para pasar desapercibida y llegar a la casa de su amante. –Hemos tenido algunos problemas.

–Has tenido problemas con él desde que te casaste.

–Sí, pero bien sabes que nuestro matrimonio sólo fue una fachada. –le recordó. –Él necesitaba una esposa que encubriera a la perfección sus gustos.

–Claro, y logró quedarse con la mujer más guapa de la ciudad.

Karin sonrió y se acercó al sofá, sentándose descaradamente a horcajadas sobre la pelvis del moreno. Acarició los suaves cabellos negros antes de continuar.

–Lo siento, mi amor, pero en ese entonces tú no eras el conde Uchiha y tu hermano nunca me miró. Necesitaba el dinero de Orochimaru.

–Entonces deberías quedarte con él.

Karin sabía a la perfección que el moreno mentía. Bastó acercarse sólo un poco para que él reclamara sus labios, fundiéndose en un beso salvaje, como solía ser su costumbre.

–Sabes a la perfección que me deseas, Sasuke. –susurró. –Si decidiera serle fiel a Orochimaru, tú irías arrastrándote hasta mies pies, como el maldito perro que eres.

Ella se molestó un poco al escuchar la estruendosa carcajada que salió de los labios de su amante e intentó levantarse, pero las firmes manos en sus caderas se lo impidieron.

–Si yo fuera tú, no soñaría tanto. –replicó. –No eres la única mujer con la que puedo follar, Karin.

–Puedes decir lo que quieras, Uchiha, tú y yo sabemos que tampoco eres el único.

Ahogó un gemido de dolor al sentir los dedos de Sasuke clavarse fuertemente en su cadera, provocándole un dolor agudo.

–Lo sé, porque tú también eres una jodida perra, Karin.

Golpeó el amplio pecho del conde y frunció el ceño. Preguntó, recordando el verdadero motivo de su visita:

–¿Cómo te fue con tu heredero?

–¿Cuál? –a Sasuke le costó trabajo recordar el asunto con los Namikaze. –Olvídalo, no es mi heredero.

–¿Qué? –replicó molesta. –Suigetsu me contó que tu madre te ha conseguido un doncel millonario para que te cases con él.

–No necesitas repetirme algo que yo mismo sé. –soltó a Karin repentinamente. –El punto es que no me casaré con él ni con nadie.

–¿Eres imbécil o te haces, Sasuke Uchiha? ¡Ese doncel es la solución a todos nuestros problemas?

–¿Nuestros? –alzó una de sus cejas en señal de confusión. –El que está en la ruina soy yo, Karin.

–Pero soy tu amante.

–No veo el problema.

–¡El maldito Orochimaru redujo mi pensión! –su marido vivía en el campo, por lo que solía mandarle una cantidad de dinero cada mes para solventar sus gastos en la ciudad. –El imbécil piensa que gasto demasiado en cosas insulsas. Dime, ¿crees que este vestido es un desperdicio?

El pelinegro recorrió la espigada figura de Karin de pies a cabeza. El vestido de color rosa pálido le sentaba a la perfección y se ajustaba a cada una de sus curvas. El corsé resaltaba sus pechos, además de que ella tenía la costumbre de mojar esa parte del vestido, de tal manera que la tela se ajustara perfectamente, como una segunda piel al busto y además no dejaba a la imaginación la silueta de los rosados pezones. No por nada era una de las mujeres más deseadas del lugar.

–En ti, no es ningún desperdicio. –respondió, acariciando un sensible pezón sobre la húmeda tela.

–Pues Orochimaru opina que lo es. –hizo un puchero y se cruzó de brazos. –Tengo apuestas que pagar y tú no eres un amante muy generoso.

–Apenas tengo dinero para mantener a mi madre y a mí.

–Exactamente por eso es la solución que te cases con ese doncel. –cruzó sus brazos detrás del cuello del azabache, restregando su cuerpo con el de su amante.

–No puedo creer que mi amante me arroje, literalmente, a los brazos de otro.

–Es por nuestro bien, Sasuke. –lamió el lóbulo de la oreja. –Sólo imagina el montón de dinero que tendremos a nuestra disposición una vez que te cases con él.

–¿Y si me niego? –sus manos resbalaron por la espalda de Karin hasta posarse en la curva de su trasero.

–Entonces tendré que conseguir lo que necesito de otros amantes. –fingió interés en la pared cuando notó que los músculos de la mandíbula de Sasuke se tensaban. –Lamentablemente, pasaré menos tiempo contigo porque tendría que dedicárselo a los otros chicos.

Aquello no le gustaba nada a Sasuke. Sí, Karin podía estar casada con un pedófilo como Orochimaru, eso no le importaba porque el matrimonio era una simple fachada, pero de allí a que lo cambiara por otro de sus amantes, había un mundo de diferencia.

–Tal vez tengas razón, Karin. Pero si me caso con él, entonces nuestros encuentros terminarían.

–¡Oh, por favor! –rió fuertemente. –¿De verdad serás el marido fiel y ejemplar? ¡No juegues conmigo! Eres un maldito perro que no puede vivir sin una vagina caliente que lo reciba. Y no creo que el tal Namikaze tenga una de esas que tanto te gustan.

–Entonces ¿qué es lo que propones?

–Conozco a las tipas que son como él. –dijo con desprecio. –Estará feliz al saber que se casa con un hombre guapo y varonil como tú. Quédate con él un par de meses, déjalo embarazado y envíalo a Konoha. Yo te estaré esperando en la ciudad y juntos podremos divertirnos con su dinero. No es un plan del todo malo ¿cierto?

–Karin… ¿quieres que lo embarace y lo mande con mi heredero al castillo Uchiha? –preguntó un escéptico Sasuke. –No me parece….

–¿Correcto? Claro que no lo es, amor, pero tú tampoco eres un modelo de perfección. –desabrochó los primeros botones de la camisa blanca para acariciar la nívea piel con la punta de sus dedos. –Desde que te conocí, has sido un maldito perro.

–Fue tú culpa. –Karin gimió de dolor ante el jalón que recibió su cabello rojo. –¿Lo recuerdas, amor?

Sí, por supuesto que lo recordaba. Había conocido al joven e inexperto Sasuke Uchiha en un baile, cuando éste tenía solo catorce años. Ella estaba comprometida con Lord Orochimaru, pero eso no le impidió fijarse en el atractivo jovencito. Sasuke sintió una atracción hacia Karin de inmediato a pesar de su juventud, ya que ella era cuatro años mayor. A Karin le pareció divertido jugar con el chico, coqueteándole y provocando su deseo. Sasuke, cegado por las típicas hormonas de la juventud, abandonó el castillo de Konoha y se fue a la ciudad a seguirla. Poco le importó el escándalo provocado cuando la sociedad se enteró de que Sasuke, hijo de una de las más prestigiosas familias, estaba prendado de una mujer comprometida. Pasó poco más de un año antes de que Karin lo aceptara en su cama y lo instruyera en las artes amatorias. Era gracias a ella que su reputación se hallaba manchada de prejuicios que algo tenían de verdad.

–Me debes a mí lo que eres actualmente. Yo te salvé de tu aburrida vida en el pueblo. –gimió cuando sintió la caliente lengua de Sasuke pasear por su cuello.

–Eres una puta y lo sabes, Karin.

–Gracias por el cumplido. –dijo con ironía, separándose del cuerpo del moreno. –Entonces ¿aceptarás la propuesta de matrimonio?

–Karin… –suspiró, hastiado de la insistencia de su madre y ahora, Karin.

–Podríamos continuar como hasta ahora. –mordió suavemente el fuerte mentón de Sasuke, tratando de convencerlo de su decisión.

–De acuerdo… –suspiró frustrado. –Aceptaré esa estúpida propuesta.

La pelirroja sonrió, feliz de que sus planes serían llevados a cabo. Con el dinero del Namikaze en las manos de su amante, no necesitaría insistir mucho para recibir también una buena parte y poder pagar varias de las deudas que tenía debido al juego. Suspiró de placer ante las persuasivas manos de Sasuke que intentaban quitarle el vestido.

–Amor, tengo una sorpresa para ti. –murmuró cuando se vio libre del beso.

–¿Qué es?

Con lentitud, se puso de pie y tomó de la mano a Sasuke para dirigirlo hacia la enorme cama. El moreno se dejó llevar, recostándose y dejando que Karin tomara el control. Con una suave palmada, la puerta se abrió para mostrar una figura menuda, cubierta de pies a cabeza por un fino velo de tela casi transparente. El conde se acomodó mejor sobre unos almohadones para observar el espectáculo.

–Te encantará. –aseguró la mujer.

La silueta femenina dejó caer el velo, revelando su torso desnudo y la estrecha cintura decorada por un par de cinturones dorados con monedas que tintineaban al compás de sus caderas. Los anchos pantalones también de fina tela, se abombaban en sus tobillos, al estilo de una bailarina árabe. Obedeciendo la señal de Karin, la bailarina comenzó a moverse al ritmo de una melodía imaginaria, haciendo sonar las castañuelas doradas que llevaba en sus palmas. Un brillante arete dorado destellaba en el delgado pero firme labio inferior de la jovencita y terminaba en una cadena también de oro que se amarraba al cuello. Los erguidos pezones llamaban la atención por los aretes con los que estaban decorados.

–¿Te gusta? –susurró Karin, colocándose detrás de Sasuke y acariciando el amplio torso con sus manos. –La encontré en una subasta, es increíble que su anterior dueño quisiera deshacerse de ella.

La bailarina continuó contoneando sus caderas, observando fijamente al moreno que comenzaba a sentirse levemente acalorado. Aquella jovencita era una belleza exótica. Sus enormes ojos color avellana rematados por rizadas pestañas y sus largos cabellos oscuros combinaban perfectamente con la tez morena. Su rostro no aparentaba más de diecisiete años. El cuerpo era delgado y flexible, con los pequeños pechos erguidos y firmes.

Con la atención de Sasuke puesta en la joven, Karin aprovechó para buscar entre las cosas que había traído consigo la enorme pipa con aquel polvo que tanto le gustaba a Sasuke. Regresó a la cama, ofreciéndole a su amante una de sus drogas favoritas.

–Esta vez te luciste, Karin. –ocultó la sonrisa tras una bocanada de humo y gimió con una mezcla de sorpresa y placer al sentir la mano de la pelirroja meterse entre sus pantalones hasta tomar su miembro para comenzar a acariciarlo.

–Sabía que te gustaría, cariño. –pegó más su cuerpo al de Sasuke, provocando un escalofrío en el cuerpo de éste.

Con ágiles y rápidos movimientos, dejó al descubierto el semi despierto miembro de Sasuke. La mente del moreno se puso en blanco cuando la droga comenzó a surtir efecto. El estrés por las exigencias de su madre y sus problemas financieros parecieron desaparecer mágicamente, dejándolo en un total estado de relajación. Tal vez la suave y cálida boca de la bailarina sobre su pene también tenía algo que ver en su estado de tranquilidad total, al igual que el desnudo cuerpo de Karin besándolo y acariciándolo por todos lados.

La bailarina poseía una destreza increíble. Su lengua subía y bajaba, succionaba y se enterraba el erguido miembro en el fondo de su garganta. Con tales destrezas Sauske no tardó en vaciarse por completo dentro de la húmeda cavidad. Con los ojos brillantes y una gota de semen escurriendo por su barbilla, la joven bailarina se retiró, en espera de nuevas órdenes de su ama.

Dejó la pipa a un lado para concentrarse en lo que ocurría a su alrededor. La morena se encontraba frente a él, con las piernas muy abiertas y estimulándose con los dedos, esperando ansiosa satisfacer al guapo moreno. Las expertas manos de Karin terminaron por desnudarlo en un santiamén y continuaron acariciándolo, buscando con sus dedos una de sus tetillas para estimularla y tironearla suavemente. Otra de sus manos viajó por los marcados abdominales de Sasuke hasta perderse en los oscuros rizos de su intimidad y bajando más allá, esperando estimularlo lo suficiente para endurecerlo una vez más.

–Sasuke… –susurró, sin dejar de acariciarlo en ningún momento. –¿A quién deseas?

El pelinegro miró de reojo la cara contraída de placer de la bailarina. La clara señal de excitación escurría entre sus dedos. Dudó un minuto en su decisión y Karin pudo notarlo en sus ojos. Moviendo su mano, le indicó a la jovencita que se sentara sobre Sasuke y la bailarina no lo dudó.

–¿Notas lo estrecha que es? –preguntó cuando la chica introdujo de golpe el miembro del moreno en su interior, provocando un gemido en ambos. –De donde ella viene, operan a las mujeres desde muy pequeñas para proporcionarle suficiente placer a su hombre.

Sasuke no lo dudaba. El caliente interior de la bailarina lo apretaba de una manera exquisita, ganándose varios jadeos y gruñidos de placer en el moreno. Llevó sus manos a la cadera de la mujer para ayudarle con las embestidas que su cuerpo le obligaba a acelerar. Bajo la atenta mirada de Karin, todo aquello le parecía más excitante.

La chica gritó de placer al sentir el duro y poderoso miembro enterrándose en lo más profundo de su interior y alcanzó su propio clímax rápidamente. Una mirada cargada de lujuria y deseo fue todo lo que la pelirroja necesitó para darse cuenta que Sasuke aún no estaba satisfecho. Dejó a la bailarina de lado y jaló de la muñeca a Karin, torciendo su mano hacia atrás para arrinconarla boca abajo en el colchón. Cualquiera que viera esa escena pensaría que la mujer era tomada a la fuerza, pero para ellos era normal ese tipo de relación. Desde un principio se habían prometido que sus sentimientos jamás interferirían con la exclusiva relación de placer que existía entre ellos.

–Tal vez era exquisita, pero a quien necesito es a ti. –murmuró y se introdujo de golpe en Karin.

Si no fuera porque su boca estaba apretada contra el colchón, la pelirroja hubiese gritado de placer. Su cuerpo se arqueó y alzó las caderas para darle más espacio al moreno que comenzó con rápidas y poderosas embestidas.

Sí, era por culpa de Karin que la reputación de Sasuke no fuera la mejor, pero hasta el momento no había poder humano que lo hiciera olvidarse del placer que sólo podía conseguir con la pelirroja esposa de Lord Orochimaru.


Suspiró frustrado. Los ojos rojos que había visto la noche anterior continuaban distrayéndolo. El hombre había retomado su camino, casualmente en la misma dirección de la casa de Lady Mikoto. ¿Y si era el conde Uchalatija? Sacudió su cabeza. Era una posibilidad remota, además de que en esa misma dirección había otras cientos de casas. ¿Por qué debería ser él? Fastidiado, dejó las cuentas de lado, decidido a tomar un poco de aire fresco.

Salió al jardín, encontrándose con su media hermana, Ino Namikaze. La chica corría entre los jardines de rosas, regando lodo por todos lados. A pesar de ser hermanos y compartir rasgos parecidos, la diferencia era considerablemente notable. Los ojos azules de Ino eran mucho más claros que los suyos y los cabellos rubios también eran de diferente tono. La saludó desde la lejanía y ella corrió hacia su hermano.

–¡Naruto! –exclamó, abrazando al chico. –Tengo algo muy importante que preguntarte. –se detuvo un momento para darle dramatismo a sus palabras. –¿Cómo estuvo la fiesta de anoche?

–Aburridísima. Deberías de alegrarte de no tener aún la edad para asistir a ese tipo de reuniones. –confesó. –¿Alguna otra pregunta igual de seria?

–No. ¿Qué estabas haciendo? –señaló los ojos de su hermano cubiertos por unas gafas que utilizaba para leer y evitar que su vista se fatigase mucho. –¿Otra vez con las cuentas?

–Diste en el clavo.

–Mamá dice que los donceles no deberían de hacer ese tipo de trabajos. –comentó, cruzándose de brazos.

–Bueno, yo no soy uno de esos donceles comunes y corrientes. –ni de loco se quedaría bordando y tocando el arpa como la mayoría de los donceles. –Y dime ¿qué estabas haciendo?

–Mamá y yo estábamos haciendo un poco de jardinería. Es un día hermoso, ¿no lo crees?

–Claro que sí, pero deberías dejar algo de tierra para las flores. –señaló el rostro y las ropas manchadas de lodo.

–¡Hermano! –protestó y le regaló una sonrisa. –Tal vez tú también deberías ayudarnos.

–Pero para empezar, deberías de mojarte un poco. –no tuvo tiempo de reaccionar ante las palabras de su madrastra porque una cubeta de agua lo empapó de pies a cabeza.

–¡Shizune!

De un salto, Ino se trepó en la espalda de su hermano. Naruto rió y la cargó hasta los rosales, donde comenzaron una guerra de lodo, ganada por la alianza entre las dos mujeres.

–¡No es justo! –reía. –Son dos contra uno. –se quitó la camisa empapada y llena de lodo, quedándose sólo con una delgada camisa interior blanca. -¡Me las van a pagar! –juntó una gran bola de barro mientras Ino escapaba de ella junto a Shizune. A pesar de tener casi cuarenta años, la mujer continuaba siendo muy jovial y alegre, como en su adolescencia. Ambas corrían entre las rosas y el jardín alternando gritos de terror con estruendosas risas de diversión.

–¡Naruto! –la voz de su padre lo hizo frenarse en seco, dejando caer la bola de lodo a sus pies descalzos. En algún momento había perdido su calzado junto con sus calcetines y también había reemplazado sus elegantes pantalones por otra prenda nada favorecedora, pero ideal para utilizarse en una guerra de lodo. Además, su cabello era un desastre.

–¿Papá?

–Hay alguien que vino a disculparse contigo… y a cortejarte.

–¡¿Qué? –exclamó. –No me digas que es el conde Uchatija…

–Uchiha. –replicó una fuerte voz que provenía del interior. Naruto abrió sus ojos enormemente al ver a tan atractivo espécimen saliendo al jardín. Y justo en ese momento se arrepintió de haber participado en la guerra de lodo. –El conde Sasuke Uchiha. –se presentó.

–Pero…

–Le he dado permiso para cortejarte y espero que no te importe. –Minato sonrió y con una seña llamó a las dos mujeres para que entraran inmediatamente, dejándolos solos.

–¡Papá, pero mira mis fachas! –demasiado tarde, porque lo abandonó, dejándolo a merced del atractivo conde. –Ah… buenos días, conde. –saludó, soportando silenciosamente el lento escrutinio al que era sometido por parte del Uchiha.

Si Sasuke se horrorizó al ver al hombre-lodo frente a él, lo ocultó bastante bien. Por un momento se sintió tentado a huir de ese lugar y casarse mejor con Lady Sakura Haruno. Definitivamente cualquiera sería mejor que aquel pueblerino enlodado, con sus cabellos completamente despeinados y cubiertos por tierra, con los ojos ocultos tras unas gruesas gafas y con unos modales nada apropiados para la alta sociedad.

–He venido a pedirle una disculpa por mi ausencia la noche pasada. –después de reflexionar las palabras de Karin y de una buena reprimenda por parte de su madre junto a algunas amenazas, había tenido que tragarse su orgullo para pedirle perdón al Namikaze, pero ahora se arrepentía de su ataque de bondad. –Entiendo que estuvo esperándome…

–No se lo tenga tan creído, conde. –interrumpió. –No fue por usted, sino por su madre, que asistí a la cena. No quería afligirla después de sus insistentes palabras.

Naruto sonrió al notar la paciencia del conde llegando a su límite. Lo notaba en los apretados nudillos que comenzaban a ponerse blancos, en el tenso músculo de la mandíbula y en el tic de la ceja.

–Bueno, supongo que debería agradecérselo.

–No es necesario. –ambos compartieron un incómodo momento de silencio. –Ah… y bueno… ¿a qué debo su cambio de actitud? Según Lady Aburame, usted no quería casarse conmigo.

–Lo he pensado un poco mejor y creo que aceptaré su propuesta. –suspiró de alivio. Lo había dicho y no tenía vuelta de hoja. –Su padre, amablemente, me ha concedido permiso para cortejarlo.

–Olvídese del cortejo…

–¿Quiere que nos casemos inmediatamente? –interrumpió a Naruto. No se esperaba una respuesta de ese tipo, al menos esperaba conocerlo un poco antes de comprometerse oficialmente.

–Quiero decir que perdería su tiempo, conde. De una buena vez se lo digo, no pienso casarme con usted por más guapo que sea. Creo seriamente que es usted un arrogante. ¿Esperándolo? Por favor… no estoy tan desesperado. Ni que fuera usted la gran cosa, no cuando hay otros condes que también esperan la misma oportunidad que se le concedió a usted. Y su propuesta ha sido tan romántica –dijo con ironía. –¡Que cualquiera se daría el lujo de rechazarla!

Las palabras del rubio fueron como una cubeta de agua fría para su orgullo. Su mirada se enfureció y Naruto pudo notarlo. Involuntariamente, dio un paso atrás, poniéndose a la defensiva.

–¡Bien, no me importa! –exclamó. –Yo jamás me casaría con un doncel tan feo como tú.

–¡Y yo no me casaría contigo aunque fueses la última persona del planeta! Eres el bastardo más arrogante que he tenido la desgracia de conocer. ¡Preferiría comerme todo este lodo antes de verte una vez más!

–Tú te lo pierdes, Naruto. –susurró amenazantemente.

–No creo perderme de mucho, Umachija. –contestó, observándolo de arriba abajo. Sí, aquel hombre era una bomba sexual que le alteraba el pulso, pero no le daría el gusto de descubrirlo. –Tendría que estar realmente desesperado para… ¿qué haces?

Sasuke se quitó el elegante saco que vestía, arrojándolo lejos del lodo mientras acortaba la distancia entre los dos. Naruto se quedó estático. Su cuerpo lo traicionó al caer bajo el hechizo de los hermosos ojos negros del conde. Casi con terror, sintió una de las manos de Sasuke rodearle la cintura y otra alzándole el mentón.

–Esto es lo que te pierdes. –susurró antes de tomar los labios del rubio con los suyos.

Por un momento se quedó paralizado por la presión que sentía sobre sus labios. No es que nunca hubiese sido besado, pero los labios del Uchiha eran unos expertos en provocar cientos de sensaciones en él. Al darse cuenta que estaba participando de buena gana en la batalla con sus lenguas, ordenó a su cerebro recuperarse del embrujo y llevó sus manos al pecho de Sasuke para empujarlo y separarlo de su cuerpo. Al notar lo que Naruto trataba de hacer, rompió el beso con un suave mordisco antes de separarse.

–¡Eres un maldito bastardo! –ágilmente, detuvo el puñetazo que Naruto intentó darle, cogiéndolo por la muñeca. Sonrió ladinamente y depositó un último beso en la mano cerrada del rubio, hecho que lo enfureció de sobremanera por tratarlo como a una dama.

–Que tenga un buen día, joven Namikaze. –se separó rápidamente de él y tomó su olvidado saco antes de retirarse de la mansión Namikaze. Sabía perfectamente que el rubio temblaba de rabia y de lo único que se arrepentía era de que su beso hubiese durado tan poco tiempo. ¿Pero qué rayos pensaba? Estaba alegre de que Naruto hubiese rechazado el matrimonio, aunque obviamente su orgullo no estaba tan agradecido. Y su madre tampoco lo estaría.

–¡Juro que te mataré, maldito Sasuke Uchalamija!

Continuará…


¡Hola a todos! Espero que hayan pasado unas excelentes vacaciones de Pascua :D.

Lamento la tardanza, pero espero que más de 6.500 palabras de este capi sean una recompensa medianamente decente por la demora.

¡Me alegré mucho al leer sus reviews! No imaginaba ni remotamente llegar a 13 comentarios ¡Muchísimas gracias por su apoyo! Espero que este capítulo sea de su agrado. En el próximo veremos a un furioso Naruto intentando vengarse de un orgulloso Uchiha, jejejeje ¿lo logrará? Yo creo que sí :P

Les agradezco enormemente a las personas que me dejaron su opinión: DarkPotterMalfoy (Hola! Muhas gracias por tu review! Quiero leer esa historia donde el doncel se da su lugar, ya es justo y necesario un cambio en la actitud sumisa de ellos. Respondiendo a tu pregunta, actualizo más o menos cada mes, mi agenda está un poquitín apretada y me pongo a escribir los fines de semana, si la situación lo permite a veces puedo actualizar cada 15 días. Cuídate mucho y un abrazo! :D), VAYPER, Moon-9215, Kazahayaa, Luna, Natusky, Soy YO-SARIEL, camiSXN, Nihon16Mer, kaoryciel94, shirly queen, AoiSakura6 y NelIra. ¡Mil gracias por sus comentarios! Y un agradecimiento también a quienes siguen la historia anónimamente o han agregado el fic a su lista de favoritos ¡Muchas gracias!

Comerciales:

…Búscame en facebook como: Janette López (Kerky) Sí, soy la chica con una florecita roja como imagen de profile.

…Nominen sus fics favoritos en: NaruFics Awards (en facebook también) se piden sus opiniones cada mes. Aunque los de abril ya han sido seleccionados, pueden votar para el próximo mes. Aún no sé si se acepten fics yaoi o yuri, pero si conocen una historia hetero que merezca un premio o sea su favorita, pueden participar. (Me pidieron de favor que hiciera publicidad, pero creo que me tardé un poquitín jejejejeje ¡lo siento!)

Terminan los terribles comerciales.

Cuídense mucho, un abrazo y no se expongan mucho a este sol terrible de primavera o les sangrará la nariz… (aunque ahora que lo pienso, creo que es más culpable el que haya estado pensando en una hot escena SasuNaru que el haberme quedado bajo el sol tanto tiempo…)

Kerky! ;)

Número de palabras: 6.858 (sin notas de autor y demás palabrería)