Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¡Por favor! ¡Pon algo de NaruSasuNaru en el manga! Las chicas estaremos eternamente agradecidas)

Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.


Holy Curse!

Capítulo II: De venganzas frustradas y besos robados.

¿Cómo demonios se atrevía a despreciar al conde Sasuke Uchiha?

¡Maldito Naruto! ¡Mil y un veces maldito!

¿Acaso creía que podía conseguir un marido mejor que el conde Uchiha? ¡Pues el tal Namikaze llevaba todas las de perder!

Enojado, furioso, encabronado y demás adjetivos que describían su estado anímico, arrojó la chaqueta larga hacia el primer mueble que se topó y pateó con rabia una de las mesitas del té. ¡Jamás, en sus veintiocho años, se había sentido tan humillado!

Se lanzó sin ningún cuidado sobre la amplia y mullida cama, recordando el horrendo rostro del doncel cubierto de lodo. Y de nuevo, la sangre en sus venas se convirtió en escalofriante veneno, las ansias de venganza sacudieron su ser con una increíble y descomunal fuerza. ¡Nadie rechazaba a Lord Sasuke Uchiha! ¡Nadie! Su gran intelecto serviría para algo… algo como un plan de venganza, por supuesto.


–¡Lo odio, lo odio, lo odio, lo odio! ¡Lo odio! –gritó Naruto en su habitación, intentando ahogar su frustración al enterrar su rostro, ahora limpio, en la almohada, en un vano intento por acallar sus gritos de frustración. –¡De verdad que lo detesto!

Respiró profundo, intentando controlar la rabia que lo invadía. Cuando por fin su cerebro alcanzó un estado de relativa paz, se sentó en la orilla de la cama, debía de planear su siguiente jugada. ¡Si de algo estaba seguro, era que definitivamente Sasuke Uchalija pagaría con sangre el beso robado!

Y no es como si jamás hubiese sido besado… ¡pero al menos los otros besos los había visto venir! Y, claro, los había aceptado o al menos había rechazado amablemente el beso. ¡Pero con el Uchalatija ni siquiera se pudo mover! Esos malditos ojos negros, tan profundos y perfectos como la noche lo habían paralizado, le habían lavado el cerebro y lo habían obligado a mover sus propios labios al son de los del contrario. ¿Para qué negarlo? El maldito conde besaba como el mismísimo demonio: caliente, apasionado, lujurioso… jamás en sus veintiún años de vida había probado unos besos tan ardientes, que le robaran el aliento y le volvieran las piernas de gelatina. Y, lo que más le molestaba, era que sin lugar a dudas había disfrutado del beso. Aún sentía el toque de aquellos labios firmes sobre los suyos. Rechazó el impulso de llevarse los dedos a los labios para revivir las sensaciones dejadas por el atractivo conde.

En lugar de eso se puso de pie y se miró al espejo de cuerpo completo. Aún llevaba aquellas prendas cubiertas de lodo y su brillante cabello rubio se veía opaco por la tierra seca… ¡claro, esa era la única razón por la que el conde lo había rechazado! Porque él de verdad era un espécimen digno de admiración, sin ser vanidoso… suspiró antes de quitarse las sucias ropas y dejar al descubierto su desnudo cuerpo. Viéndose de reojo no estaba nada mal. Su piel era lisa y suave, sus músculos estaban lo suficientemente desarrollados para darse cuenta de su existencia. Gruñó enojado… ¿con que era el doncel más feo? ¡Pues haría que el conde Sasuke Uchanija se tragara sus palabras!


–Me preocupa un poco la situación. –admitió Lady Mikoto. –Naruto no es como los donceles que conozco. Él no se dejará manipular por el rostro bonito de Sasuke.

–Por lo que no se dejará manipular, madre, es por la grosería que cometió mi hermano al no asistir a la cena. –contestó Hinata mientras veía a su madre pasearse por el amplio salón de la mansión Aburame. –Eso le molestó bastante al joven Namikaze.

–Ya he hablado con Sasuke respecto a eso. –dijo Mikoto, como si no hubiese escuchado el comentario de Hinata. –Me prometió que iría a hablar directamente con el doncel para disculparse y proponerle matrimonio.

–¿Y está segura de que Naruto aceptó? Por lo que escuché en la fiesta, él no aceptaría a mi hermano ni en un millón de años.

–Naruto entenderá que no hay ningún otro candidato o candidata mejor que el conde Sasuke Uchiha.

–Yo no estaría tan segura de eso, madre. ¿Qué pasará si Namikaze lo rechaza?

–Entonces… –clavó sus afilados y audaces ojos negros en Hinata. –Tú tendrás que intervenir, querida.

–¿A qué se refiere? –titubeó ante la insistencia de su madrastra.

–Al parecer Naruto y tú son buenos amigos ¿cierto? Entonces es sencillo… pregúntale qué sucedió con Sasuke. Si mi hijo recibió una negativa, tendrás que convencerlo del buen partido que Sasuke representa.

–Pero… Naruto es mi amigo y yo no podría…

–¡Haz lo que te he dicho, Hinata!

Y Hinata, a pesar de ser mayor de edad, estar casada y vivir lejos de su madrastra, no pudo hacer otra cosa más que obedecer. Sólo esperaba que Naruto no la odiase mucho por tratar de meterle a su hermano hasta por los ojos.


–¡Ya despierta, maldito conde!

El almohadazo en su cara, cortesía de Suigetsu, lo sacó de un intranquilo sueño, cosa que no era novedad. El ver a su mejor amigo junto a la cama y sonriéndole lo molestó de sobremanera. La cabeza le punzaba y no tenía ninguna gana de levantarse de su cómoda cama. Levantando el dedo medio, "saludó" a su amigo y se dio media vuelta para continuar durmiendo.

–¡Oh, no, Lord Uchiha! –jaló de las cobijas. –Despiértate y dime para cuándo es la boda.

–¡Arg, Suigetsu! ¿No te puedes largar y volver más tarde?

–Podría, pero más tarde me iré a follar con una chica monísima. Y, obviamente, no cambiaré a la chica de grandes melones por escuchar tus absurdos problemas. Así que dime… ¿seré el padrino de anillos?

–Vete a la mierda, Suigetsu.

El chico se quedó callado un momento. El conocer por más de diez años a su amigo le había dado cierta capacidad de intuición respecto a Sasuke. Sus ojos se abrieron por la sorpresa y una carcajada llenó la habitación.

–¡Te rechazaron! Mandaron a la mierda la propuesta del gran conde Sasuke Uchiha… ¡pero qué cojones tiene ese tío! Definitivamente me muero por conocerlo.

–Cállate de una puta vez, Suigetsu. –fue el turno del chico de cabellos blancos de recibir un almohadazo en plena cara.

Suigetsu continuaba riéndose mientras veía a Sasuke sentarse en la orilla y patear algunas botellas vacías de vino debajo de la cama.

–Te juro que no lo puedo creer… ¡Sasuke Uchiha, el Casanova número uno, rechazado por un insignificante y bruto doncel! No lo sé, pero la sociedad reirá muchísimo cuando se enteren.

–Y también encontrarán muy hilarante lo que sucedió entre la pechugona de Konan y tú.

La sonrisa de Suigetsu desapareció como por arte de magia. Creía a Sasuke muy capaz de divulgar ese chisme. Y aunque fueran amigos de casi toda la vida, sabía que lo último que debía hacer era provocar la furia del heredero de la respetable casa Uchiha.

–De acuerdo, de acuerdo… no tenemos porqué molestarnos. Fuera de broma, ¿qué ocurrió con el doncel?

–Ya lo dijiste ¿no? me mandó a la mierda. "Ni que fuera usted la gran cosa, no cuando hay otros condes que esperan la misma oportunidad" creo que fue lo que dijo.

–¿Cómo se atrevió a decir eso? –contuvo el impulso de estallar en carcajadas nuevamente. –Entonces debe de ser una belleza para haberse dado el lujo de rechazarte.

–Todo lo contrario… es un vil pueblerino, feo y malhablado. Pensé que los donceles eran hermosos.

–Se supone que lo son. –reafirmó Suigetsu. –¿Y qué harás ahora?

–Vengarme, por supuesto.

–¿Y has pensado cómo?

Sasuke Uchiha sonrió con superioridad. Había pensado en un plan toda la noche, antes de emborracharse y consumir opio, por supuesto.

–Enamorándolo. Ese maldito doncel suplicará que me case con él y lo rechazaré. Llorará sangre al darse cuenta de lo que pudo haber tenido y perdió.

–Tengo que ver eso. No puedo imaginarme al gran conde Uchiha siendo amable, cariñoso y todo un galán para conquistar a un doncel antes de darle el tiro de gracia.

–Pues prepárate, Suigetsu… Naruto Namikaze se enamorará perdidamente del conde Uchiha. Y sufrirá al darse cuenta de lo bueno que perdió por su arrogancia.

A pesar de ser su amigo, Suigetsu tembló por el tono tan frío que Sasuke empleó. Casi se lamentaba por la suerte del pobre doncel. Si de algo estaba completamente seguro en la vida, era que nadie podía ofender al conde Uchiha y salir ileso de ello.


Hinata caminaba nerviosa por el parque donde su hermano le había pedido que se vieran. No estaba segura de por qué tanta insistencia en la carta enviada por Sasuke, pero negarse no era una opción. Observó que algunas mujeres la miraban de reojo y murmuraban, seguramente hablaban de su boda no tan reciente con el millonario Lord Aburame. Detestaba eso, pero no había nada que pudiera hacer para acallar los murmullos. Un toque en su brazo la hizo girarse para toparse de frente con los ojos negros de Sasuke.

–¡Me asustaste! –confesó. –¿Cómo has estado, hermano?

–Bien, no me quejo. Pero el principal motivo por el cual quería verte es para pedirte un favor.

Si Hinata se quedó asombrada por la petición de su hermano, lo disimuló bastante bien.

–¿Qué es lo que necesitas, Sasuke?

–Una fiesta. Necesito que organices una fiesta e invites a Naruto Namikaze.

–¿Estás seguro?

–Por supuesto. Sería muy sospechoso si yo organizara la fiesta y lo invitara.

–¿Para qué quieres verlo? Sería mejor si lo cortejaras en su casa. –sabía que Sasuke no tenía nada bueno entre sus planes. Gracias a Mikoto, se había enterado de la propuesta rechazada por parte del doncel.

–Sólo cumple con esa parte del trato, hermana. Lo demás, déjamelo a mí.

No muy segura, Hinata asintió. Su madre y hermano la obligaban a aliarse en contra de Naruto y ella no se sentía lo suficientemente fuerte como para permanecer del lado de su familia. Después de todo, Naruto era su primer amigo verdadero y no quería ganarse su enemistad arrojándolo a las fauces del lobo.


–Joven Namikaze, tiene visita.

Naruto suspiró y se quitó los gruesos lentes. Masajeó el puente de su nariz antes de clavar sus hermosos ojos en el mayordomo. Estaría bien distraerse por un momento de las tediosas cuentas.

–Está bien, dile que pase al salón y llévanos té, por favor.

–Por supuesto, amo. –con un movimiento de cabeza, el hombre de mediana edad desapareció, dispuesto a cumplir las órdenes que su joven amo le había dado.

Cuando estuvo solo, el rubio aprovechó para estirar sus brazos sobre la cabeza y desentumir sus adormecidos músculos. Caminó con paso firme y elegante hasta el salón donde suponía, las visitas lo esperaban.

–¿Hinata?

–¡Buenos días, Naruto! –saludó con un tono forzadamente alegre del que el rubio no pudo darse cuenta. –¿Cómo te ha ido? Espero que la vida en la ciudad sea lo suficientemente buena contigo.

–Realmente no me quejo. –señaló un sillón donde la mujer tomó asiento y él se sentó a su lado mientras servía el té en dos tazas de fina porcelana china. –Dime, ¿qué te trae por acá?

–Bien, es que dentro de pocos días… –comenzó a juguetear nerviosa con sus manos en el regazo. –Voy a organizar una pequeña fiesta, será la primera que organice como Lady Aburame, así que estaba pensando en invitar sólo a mis amigos más cercanos. Y esa invitación va para ti y para el señor Namikaze y su esposa.

–Gracias… –susurró Naruto. –Pero creí que no te gustaban esa clase de fiestas.

–¡Y no me gustan! –replicó rápidamente. –Pero… bueno… digamos que mi madre insiste en que debería de hacerlo.

–¿No eres lo suficientemente grandecita como para desobedecer a tu madre?

–Yo… sí, pero… también Lord Aburame lo considera una idea maravillosa. No puedo negarme ante los deseos de mi marido.

–Si yo fuera tú, le daría una buena bofetada a mi marido y le diría que no. –cruzó sus brazos y miró fijamente a Hinata. –¿Por qué no puedes negarte?

–¿Y quedarme una semana encerrada en el sótano viviendo a pan y agua? Gracias, pero prefiero aguantar una noche de estúpidos chismes y personas superficiales.

–¿Te encierra en el sótano? –preguntó asombrado el rubio.

–Ta vez donde vivías antes eran más liberales, pero aquí, así son las cosas. Una mujer debe de obedecer a su marido o será castigada. –explicó. –Me encerró en el sótano dos días por no servirle café en el desayuno. Y si te contara la noche de bodas… –suspiró, intentando sonreír y desviando el tema de conversación. –Pero invitaré a personas buenas y te divertirás, Naruto.

–Hinata ¿qué pasó la noche de bodas?

–Eso…

–¿Qué pasó? –insistió.

Hinata titubeó. No sabía si contarle lo sucedido sería una buena idea o no. Jamás le había dicho a nadie lo ocurrido aquella fatídica noche y Naruto era su único amigo. Tal vez debía de sincerarse con él y contárselo.

–Él… no quisiera recordarlo…

–Hinata. –tomó las manos de la mujer entre las suyas. –Sabes que puedes contar conmigo ¿de acuerdo? Si algún día quieres decírselo a alguien, te escucharé, no lo olvides.

–Yo nunca… supongo que esas cosas suceden…

–¿Abusó de ti?

Las mejillas de Hinata enrojecieron al instante.

–¡No! ¡Claro que no! Es una tontería… yo… no era virgen la noche de bodas. –susurró, revelando el secreto que tan celosamente había guardado.

A Naruto no le pareció escandalosa aquella confesión, pero supuso que para la sociedad en la que vivían era algo muy grave.

–¿Él se dio cuenta?

–La noche de bodas yo no quería dormir con él… Shino se molestó mucho y me pateó. Me desnudó a la fuerza y me echó de la mansión, mandándome a dormir a las caballerizas. Era invierno y hacía muchísimo frío. Así sucedió por cuatro noches consecutivas. A la quinta noche… me dijo que tenía dos opciones: o dormir con él o dormir para siempre desnuda junto a los caballos. No tenía muchas opciones ¿o sí?

–Hinata eso es…

–Terrible, lo sé. Yo siempre soñé con el príncipe azul y, en cambio, me encontré con un ogro verde.

–¿Y cómo…?

Hinata sonrió. –¿Quieres saber qué truco usé para que él no se diera cuenta que no fue el primero? –Naruto asintió, con la curiosidad a flor de piel. –Lo emborraché lo suficiente antes de acostarme con él. Después, cuando estaba dormido, me hice un corte en la mano y dejé una mancha de sangre en las sábanas. Al día siguiente, cuando despertó y vio la sangre, se sintió como el gran semental de la nación.

Naruto rió a pesar de la seriedad de la plática.

–Pero tú no querías dormir con él… eso fue abuso, teóricamente.

–Una mujer puede quedarse quieta, relajarse y no sentir nada. Eso fue lo que hice. –suspiró. –Y ahora, obligaré a mi sentido común a regresar. Lo cierto es que no debería de contarte todo este tipo de cosas.

–No puedes evitarlo, ahora me tienes confianza. –con aquella sonrisa que iluminaba como un sol, ¿quién no le tendría confianza a Naruto? –Una última pregunta… ¿me dirías por qué no llegaste virgen al matrimonio?

La cara de la chica volvió a convertirse en un farolillo.

–Bu-bueno yo…

–Antes de que regrese tu sentido común. –dijo con una sonrisa.

–Es… yo… estaba enamorada de… ¿prometes no decírselo a nadie?

–Nada de lo que platiquemos en este salón saldrá de aquí, te lo juro. –prometió el rubio.

–Me enamoré de… Neji Hyuuga… mi primo. Eso… lo que sucedió, la sociedad lo repudiaría. Además de acostarme con un hombre sin estar casada, me acosté con mi primo. ¡Mi primo! Pero de verdad lo amaba… lo amaba con toda la pasión con la que una jovencita de catorce años puede amar a un chico de dieciséis.

–¿Y qué pasó con él?

–No sé si Fugaku Uchiha lo descubrió o sólo fue mala suerte… Neji murió en un accidente. El caballo en el que iba se asustó y cayeron por un barranco. Nunca encontraron su cuerpo, pero por la sangre que encontraron en el camino, era imposible que estuviese vivo.

–Lamento…

–De cualquier manera –interrumpió apuradamente Hinata. –Lo nuestro nunca iba a funcionar… éramos primos y el pertenecía a la rama pobre de la familia. Nadie habría aceptado nuestra relación.

–Pero podrían haber huido y…

–¿De qué íbamos a vivir? Si los Uchiha se enteraban, habrían hecho algo para que Neji no pudiese trabajar en ningún lado. Hubiésemos muerto de hambre.

–Eres muy pesimista, Hinata.

–Prefiero decir que soy muy realista, Naruto. –suspiró. El haberle contado su tragedia al rubio definitivamente le había sentado bien. Ahora se sentía con un peso menos. –De cualquier manera. ¿Asistirás? Quiero platicar contigo ¡por favor! Debes ir este sábado.

Naruto asintió. No le causaba ni pizca de gracia pero se lo debía a Hinata por haberse sincerado.

–De acuerdo, ahí estaré.

–Una cosa más. –dijo ella antes de marcharse. –Yo… bueno, mi hermano también está invitado. Me refiero a Sasuke. ¡Tenía que decírtelo para que te andes con cuidado?

–¿Por qué debería de cuidarme de él?

–Porque mi madre insiste en su compromiso. Y mi hermano… desea verte. –concluyó en voz baja, incapaz de confesarle la verdad a Naruto. Tal vez de esa forma era mejor tanto para los Uchiha como para los Uzumaki.

–¿Sasuke quiere verme?

–Sí. No sé qué planea, por eso es mejor que te lo advierta.

–Muchas gracias, Hinata. Definitivamente lo tendré en cuenta.


–¡Te ves… apetitoso! –exclamó Ino al ver a su hermano salir de la habitación, impecablemente ataviado con un hermoso traje azul petróleo con volantes que destacaba el brillo de sus ojos y su complexión atlética.

–¡Esas no son palabras propias de una señorita! –le reprochó Shizune. –¡Te ves encantador, Naruto!

–Muchas gracias a las dos. –contestó con amabilidad. –¿Segura que no podrá ir, Shizune?

–Aún me siento un poco mal por el resfriado, pero vayan a divertirse ustedes.

–¿Quién habló de divertirse? –comentó el rubio mayor, asomando su cabellera por la puerta. –¡Hijo, ese color te queda fantástico! Definitivamente saldrás con novio de esa fiesta.

–¡Papá! –exclamó Naruto. –No necesito un marido, te lo he dicho cientos de veces.

–Lo sé, lo sé. Pero nada me haría más ilusión que tener un nieto entre mis brazos. E Ino todavía es muy joven para eso.

–Pues tendrás que esperar mucho tiempo. –murmuró. –Es mejor irnos, no quiero hacer esperar a Hinata.

La mansión de los Aburame había sido decorada con empeño para lucir espectacular. Al parecer, Hinata había invitado a toda la crema y nata de la ciudad, aunque posiblemente eso fuera más obra de Mikoto que de su amiga. Observó de reojo las lujosas carrozas y tuvo que contener el impulso de subir a su propia carroza y volver a casa. Por Hinata, soportaría esa noche. Entró con paso decidido, ganándose un par de miradas de admiración. Reconoció de inmediato a la hermosa Hinata y básicamente se abalanzó sobre ella.

–¡Pensé que no vendrías!

–Te lo había prometido ¿cierto? Y Naruto Namikaze jamás rompe una promesa.

–¡Me alegra tanto que estés aquí! Sé que dije que vendrían unos pocos amigos, pero mi madre…

–Sí, lo imaginé. –interrumpió el rubio. –Pero es tu fiesta, se supone que deberías disfrutarla.

–Dudo hacerlo, pero ahora que estás aquí, tendré la mejor compañía. –le regaló una sonrisa al rubio. –Quiero presentarte a alguien ¿me acompañas?

El rubio asintió y tomó el brazo de Hinata para atravesar el enorme salón hasta llegar a un hombre de cabellos castaños y piel morena que se servía un poco de ponche en su vaso de cristal.

–¿Lord Inuzuka? –saludó con voz tímida la Hyuuga. –Deseo presentarle a alguien.

El castaño se dio vuelta despacio y cuando Naruto lo tuvo enfrente, notó la tristeza que invadía los ojos color chocolate. Aquel hombre estaba cargado de amargura.

–Lord Kiba Inuzuka, le presento al joven Naruto Namikaze. –miró al rubio. –Naruto, él era el marido de mi difunta hermana Hanabi Uchiha-Hyuuga.

–Es un placer conocerlo, Lord Inuzuka. –saludó Naruto, extendiendo la mano. –Debo decir que Hinata me ha hablado mucho de usted.

–El placer es todo mío, joven Namikaze. –respondió. – Me temo que no reconozco su rostro.

–Es lógico, acabamos de mudarnos a la ciudad. –explicó.

–He escuchado mucho de usted. Cosas como que se ha dado el lujo de rechazar la propuesta de mi cuñado, el conde Uchiha.

–¡Vaya, pensé que era más temprano! –interrumpió Hinata, tratando de desviar el tema de la conversación. –¿Qué les parece ir a tomar un jerez? Les abrirá el apetito. Vamos, vamos… –la mujer se interpuso en medio de los dos hombres y los llevó a rastras hasta otra mesa.

Mientras era arrastrado por Hinata nuevamente a través del salón, sintió un escalofrío recorrerle la piel. Buscó a los alrededores, pero no vio nada que pudiese alterarle el pulso de esa manera. Suspiró y cerró un poco los ojos, casi mareado con tantas luces. Al abrirlos, entre las pesadas cortinas que colgaban de las ventanas lo vio. Se detuvo tan abruptamente que Hinata casi cae de espaldas.

–¿Naruto?

–Vuelvo enseguida. –se disculpó, dirigiéndose hacia la ventana.

Hinata lo observó asombrada y también se disculpó con Inuzuka antes de emprender la marcha tras su rubio amigo.

Ya no estaba. Movió las cortinas para darse cuenta del balcón oculto tras los metros de pesada tela. Y ahí, parado en las sombras, con los refulgentes ojos rojos que tanto lo habían cautivado, alguien lo esperaba.

–¡Naruto! –exclamó Hinata preocupada ante la repentina actitud del rubio. –¿Qué…?

–¿Quién eres? –preguntó con un susurro Namikaze.

–¿Itachi? –murmuró en voz baja la única dama. –¿De verdad…?

–Es un gusto volverte a ver, Hinata. –susurró la figura oculta. –¿Las cosas han ido bien?

–S-sí. ¿Y usted cómo ha…? –un acceso de tos interrumpió a la joven, contestando su pregunta. –¿Por qué…?

–¡Definitivamente yo te conozco! –exclamó el rubio. –Tú eres el desgraciado malagradecido al que le salvé el trasero la noche pasada.

–Lamento no recordar su hermoso rostro, preciosura. –comentó la masculina voz, saliendo de entre las sombras.

Naruto se maravilló ante tan guapo hombre. Tal vez estaba demasiado delgado y paliducho, pero definitivamente era guapo. Tenía el largo cabello negro azabache atado en una coleta baja y sus impresionantes ojos rojos parecían querer devorarlo. Además, poseía el andar característico y arrogante de los Uchaija o como sea que se pronunciara ese apellido.

–Naruto, él es Itachi Uchiha, antiguo conde del palacio de Konoha.

Naruto no lo dudó ni por un segundo. Tanta elegancia definitivamente debía de pertenecer a la realeza.

–¿Dijo que me conocía, joven Namikaze?

–¡Por supuesto que sí, teme! ¿Acaso lo olvidaste? Te salvé de esos ladronzuelos.

–Es simple y sencillamente que yo no podía ser esa persona…

–¡Eras tú! –dijo convencido. –Tus hermosos… arg… es decir, no podría olvidar unos ojos tan lindos… ¡arg!... unos ojos tan llamativos como los tuyos.

–¿Salvó a alguien que tenía los ojos rojos?

–Definitivamente eras tú. –autoconcluyó Naruto, cruzándose de brazos y respirando profundamente para que el rubor de sus mejillas desapareciera. Nunca le había pasado que las palabras salieran de su boca sin la orden de su cerebro, pero el monumento de hombre frente a él conseguía ese efecto. –Estabas tan borracho que ni siquiera lo recuerdas.

–No lo recuerdo porque, simple y sencillamente, acabo de llegar a la ciudad, hermosura.

–¡No me llames así! No soy una chica… –refunfuñó. –De cualquier manera, ¿cómo podría confundir unos ojos tan lindos como los tuyos?

–Bueno, quizá al que usted rescató…

–Fue a mí, usuratonkachi. –interrumpió el conde Sasuke Uchiha.

–¡Tú, maldito conde! –gritó el rubio, ignorando olímpicamente a la hermosa mujer que colgaba del brazo del moreno. –¡No puedes ser tú!

–De carne y hueso, joven Namikaze. –hizo una reverencia que, más que un saludo, parecía una burla.

–¡Maldito bastardo, te juro que…!

–Sólo quería saludarte, Hinata. –le cortó el rollo Sasuke. –Ahora, si me permiten, Lady Haruno está sedienta, así que la llevaré a buscar una bebida. Con permiso.

–¡Ese maldito y desgraciado Uchalatija! De saber que era él, hubiera dejado que le dieran una paliza… ¡incluso yo les habría ayudado!

–Tal vez sería mejor que se calmase, joven Namikaze. –dijo Itachi cuando su hermano se perdió entre la multitud del salón. –Dígame… ¿la persona a la que ayudó tenía los mismos ojos que yo?

La cercanía del mayor de aquel clan de poderosos nobles lo ponía nervioso. Y estando tan cerca de aquel atractivo rostro, con el fresco aliento chocando contra su mejilla, las piernas casi le fallaron. Afortunadamente, el galante Itachi pudo sostenerlo a tiempo.

–Míreme bien, Namikaze. ¿Está seguro que estos ojos fueron los que vio?

–Tal vez si te alejaras un poco de mi… –susurró el rubio, empujando con sus manos el pecho del moreno. –Es que tu aliento me marea… ¡no lo digo porque huela mal! De hecho huele demasiado bien…

Una suave risa salió de los labios del antiguo conde y cedió a la petición de Naruto, poniendo distancia entre ellos. Mientras los ojos azules examinaban a detalle los contrarios, a Itachi se le cruzó por la mente que aquel chico tenía una forma muy peculiar de ser que le recordaba a cierto alguien. Ni siquiera se había dado cuenta de que le hablaba como a un igual, a pesar de que conocía su rango dentro de la familia Uchiha.

–Sí, definitivamente son los mismos ojos.

–El Mangekyou Sharingan. Te topaste con los ojos de la maldición. –susurró. Hinata se sobresaltó, aturdida al escuchar las palabras de su hermanastro mayor.

–¿Maldición? ¿De qué va todo esto? ¡Creo que me he perdido en algo!

Los ojos rojos desaparecieron para dar paso a unos afilados ojos color negro casi idénticos a los de su hermano, Sasuke.

–¿Có-cómo…? –balbuceó sorprendido el rubio.

–Una vez que se rompe la maldición, puedes controlarlos a voluntad. –explicó con sencillez. –Hinata, ¿qué posibilidad hay de que Sasuke haya despertado el Mangekyou?

–¡Un momento! ¡Quiero enterarme de esto!

–Desgraciadamente esto no le incumbe, joven Namikaze.

–¡Por supuesto que me incumbe! Yo…

–Usted no es de la familia. Por lo que sé, no tiene porqué entrometerse en asuntos familiares. –respondió con frialdad. –¿Me permite hablar un momento a solas con Hinata, por favor?

A regañadientes, Naruto aceptó.

–Todos los Uhatijas son unos pedantes, groseros y… ¡lo lamento mucho! –maldijo su torpeza al chocar contra alguien. Frunció el ceño al notar que había tenido la mala suerte de pisar a la acompañante de Sasuke. –Le ofrezco una sincera disculpa, Lady.

La joven de largos cabellos rosas y enormes ojos esmeralda lo miró con desdén antes de torcer la boca en un gesto despreciativo y dar media vuelta para salir en busca de su acompañante. Caminó por el salón hasta dar con las escaleras que llevaban al segundo piso. Se aseguró que nadie lo observara y subió a hurtadillas hasta llegar a la biblioteca. El lugar era oscuro, pero podía deducir la ubicación donde se encontraban las estanterías repletas de libros, el enorme escritorio y algunos sillones. Se mordió el labio cuando su pantorrilla golpeó la mesita del té.

Una vela se encendió en la oscuridad y Naruto giró, asustado de que alguien lo pillara en su travesura de escabullirse de la fiesta.

–¡Hinata! Me diste un susto de muerte.

–Lo siento. –se disculpó con amabilidad.

–No te preocupes, fue un descuido de…

–No, quiero pedirte disculpas por el comportamiento de Itachi. Al parecer, ambos condes creen que por ser de la realeza pueden hacer lo que les venga en gana.

Naruto sonrió, dándole toda la razón a Hinata. La repentina luz iluminó un hermoso cuadro que decoraba la habitación. Se acercó para admirarlo, sorprendido por la naturalidad con la cual estaba plasmado. Era casi como si estuviera viendo el soleado paisaje a través de una ventana.

–Ese es el palacio de Konoha… o al menos así era en sus buenos tiempos. –señaló la mujer.

–Es precioso. ¿Tú lo pintaste?

–No, mi habilidad es la música. El que fue bendecido con el don de la pintura, sin lugar a dudas fue mi hermano Sasuke.

–¿Quieres decir que Sasuke pintó esto? –preguntó asombrado, sin poder creer que semejante obra de arte perteneciera al egocéntrico Uchiha.

–Sí, él solía pasar su tiempo libre pintando. –tomó del brazo a Naruto y lo jaló hacia el extremo opuesto de la habitación. –Mira esto.

Frente a él, un retrato de una Hinata más joven se alzaba majestuoso.

–Pareciera que…

–A mí también me sorprende su realismo. Logró captar todos los detalles… incluida la felicidad que vivía en ese tiempo.

–¿Quieres decir…?

–Este retrato lo pintó mientras yo salía con Neji en secreto. Fue la época más feliz de mi vida.

Y vaya que Sasuke había logrado plasmar la felicidad en el rostro de Hinata. ¿Cómo decirlo? De verdad era ella, pero había algo que la hacía ver muy diferente. Reconoció el talento del conde y maldijo en silencio que una habilidad que él deseaba tener se le hubiese otorgado a tan amargado Uchiha.

–Tengo muchas pinturas más, pero creo que las apreciarías mejor durante el día.

–¿Puedo venir a verlas?

–El día que desees, Naruto.

–Muchas gracias, Hinata.

Lady Aburame sonrió. De verdad que el rubio era una persona inigualable.

–¿Te parece si bajamos? No deben de tardar en servir la cena.

La cena transcurrió con normalidad. Naruto saludó a Lady Mikoto y Hinata se encargó de acomodarlo entre Kiba Inuzuka y Minato. Para sorpresa de Naruto, Kiba resultó ser un excelente compañero: culto, un poco revoltoso cuando ganaba confianza y divertido, aunque nunca pudo ocultar la tristeza de sus ojos castaños. Notó que, de vez en cuando, la mirada fija de Sasuke se posaba sobre él… pero tal vez sólo eran imaginaciones suyas.

En cierto momento durante la cena, la acompañante de Sasuke, Lady Sakura Haruno, alzó la voz provocando que más de un invitado pusiera su atención en la dama. Ignorando deliberadamente las atenciones, enredó su brazo en el del pelinegro conde y llevó su mano libre hacia el escote de su vestido, descubriendo un poco más de piel para mostrarle al guapo Uchiha el enorme y brillante diamante que colgaba de su cuello.

–Es precioso ¿no lo cree, Lord Uchiha? Fue un regalo de mi padre. ¡Y por supuesto que mi futuro marido tendrá alhajas mucho más finas que las mías!

Los invitados comenzaron a murmullar acerca del increíble diamante que poseía Lady Haruno. La mayoría de las chicas la miraban con envidia por ser la acompañante de tan guapo hombre y además, ser tan rica como para permitirse el lujo de despilfarrar su dinero en una joya tan valiosa como esa. Todos clavaron su atención en Sakura, excepto dos rubios.

–Es muy lindo, Sakura. Me imagino que es un gran privilegio tener una joya tan fina y pertenecer a una de las familias más respetables de este país.

Las palabras del conde no hicieron más que aumentar los murmullos y la envidia. Sasuke, de reojo, observó la reacción de Naruto, disimulando una cara de disgusto al notar que éste no se había perturbado ni un poco. Tensó los músculos de la mandíbula en claro gesto desaprobatorio, hecho que no pasó nada desapercibido para el rubio. Con una sonrisa de medio lado, fue el turno de Naruto para contraatacar. Si la intención de Sasuke y de su noviecita era humillarlo, se iban a llevar una no muy grata sorpresa.

–Es un precioso diamante, si me permite la observación, Lady Haruno. –Minato miró a su hijo con una mirada severa… al final suspiró. Sólo esperaba que Naruto no se ganara la enemistad de toda la sociedad con algún comentario despectivo respecto a la gema. Porque si Naruto era experto en algunos temas, esos definitivamente serían: arquitectura, joyas, contabilidad y pintura. –Posee un blanco brillante. He de admitir que encontrar diamantes incoloros es bastante difícil. En India hemos trabajado mucho con estas piedras. Sin embargo, hasta el más brillante diamante palidece al lado de los diamantes rosados, rojos o azules.

Lord Inuzuka asintió.

–El diamante "Mar de Luz", me imagino. –susurró Kiba. –Nunca lo he visto, pero los rumores dicen que su belleza es impresionante.

–Claro que sí, Lord Inuzuka. Es un diamante con un color rosado precioso, tuve suerte de verlo en la India hace un par de años. –tomó su sorbo de vino para darles tiempo a los invitados de que murmuraran más. –Los diamantes azules también son infrecuentes.

–De cualquier manera, un diamante incoloro es extremadamente raro, ¿no es cierto eso, Naruto? –preguntó con desdén Sakura, tratando de retomar la atención que tenía antes de la intervención del rubio.

–Por supuesto que sí, mi Lady. Pero, si tengo que poner un porcentaje… de cada 100 diamantes, 98 son blancos, uno y medio son de color marrón, naranja, púrpura o negro y sólo la mitad de uno es de color rosado, rojo o incluso azul. Eso los vuelve extremadamente raros y muy codiciados.

–Además de costosos. –agregó uno de los invitados, sonriendo. –Me gustaría poder ver uno de ellos.

–Bueno, si tiene interés, dentro de un mes llegará un diamante amarillo excepcional directamente desde la India. Pensamos ponerlo en exhibición antes de obsequiarlo al rey, como agradecimiento por permitirnos vivir bajo su protección. –explicó Naruto, dejando boquiabierto a más de uno.

Hinata miró por el rabillo del ojo a su hermanastro y a Lady Haruno. No es que odiara a la muchacha, pero en su opinión, Sakura era sólo una más de las refinadas señoritas de sociedad que se dedicaban a presumir el dinero de sus padres. Además, el que Sasuke la hubiese invitado precisamente a ella junto a las miradas que cada tanto le obsequiaba a Naruto, la hacían sospechar que el conde estaba dolido por su rechazo y que pretendía poner celoso al rubio. Bueno, si para algo eran los amigos, sin lugar a dudas era para ayudar. Además, su hermanastro bien que merecía una lección.

–Naruto ¡es increíble que sepas tanto de diamantes! –exclamó la anfitriona. –Seguramente debe ser porque te has dedicado en cuerpo y alma al negocio del señor Minato Namikaze, tu padre. ¡Y has viajado tanto! Supongo que has estado en las minas de India y Rusia. Por cómo nos has hablado de India, indudablemente ahí conseguiste tu hermoso diamante azul.

Naruto miró asombrado a Hinata y ambos, a su vez, clavaron los ojos en el rostro iracundo de Sakura Haruno. Como buenos cómplices, tuvieron que morderse los labios para no reírse ante la cara de rabia de Lady Haruno. Naruto agradeció con un movimiento de cabeza a Hinata antes de responder.

–Sí, fue en una de las minas de India donde lo encontramos. –Naruto hurgó entre sus ropas antes de sacar un delicado diamante de color azul intenso que se hallaba atado a una fina cadena de plata. Todos admiraron al instante la brillante joya. –Yo era aún muy pequeño, pero recuerdo el día en que mi abuelo y mi padre llegaron saltando de alegría a la casa. Cuando mi abuelo murió, el diamante pasó a mis manos.

–¡Por Dios! Es bellísimo. –susurró asombrada Lady Mikoto, mandándole una mirada de reproche a su hijo.

–Es increíble. –susurró Lord Inuzuka. –Tenía usted razón. Cualquier brillante común palidece ante semejante color. –los invitaron le dieron la razón a Inuzuka. Con el comentario de Kiba y la cara sonrojada y rabiosa de Lady Haruno, la conversación sobre diamantes llegó a su fin.

Al terminar el postre, una orquesta escondida estratégicamente comenzó a tocar música suave para invitar a todos los asistentes a bailar. No tardaron en formarse parejas que abrieron la pista de baile con suaves y rítmicos movimientos al compás de la melodía. Sasuke bailaba con la chica de cabello rosa, Hinata bailaba con su marido e Itachi se había perdido después de la interesante charla en el balcón. Incluso su padre había invitado a Lady Mikoto a bailar. Naruto caminó disimuladamente hacia la mesa de bebidas, un poco abochornado por estar solo y por los constantes cuchicheos que, seguramente, eran sobre él a juzgar por las miraditas de reojo que varias mujeres y caballeros le otorgaban.

Se llevó a los labios una copa de líquido transparente, suponiendo que se trataba de agua. El ardiente sabor del vodka quemó su boca y tuvo que hacer un enorme esfuerzo por no escupir inmediatamente el amargo líquido. Se obligó a tragarlo y a sonreír a un par de jovencitas que lo miraban con admiración.

–¿Sabe algo, conde Uchiha? –susurró Lady Haruno, moviéndose al ritmo del vals entre los fuertes brazos del pelinegro. –Creo que su hermana, Lady Aburame, pasa demasiado tiempo con el tal Namikaze. Sin duda alguna, no tardarán en comenzar algún chisme sobre un posible romance, lo cual no estaría nada bien para tan refinado apellido.

–Espero que no estés dudando de la moral de mi hermana, porque si es así…

–¡Oh no! –repuso inmediatamente con las mejillas sonrojadas. –Lo último que haría sería ofenderlo a usted o alguno de su familia. Lamento que…

–No veo nada de malo en que mi hermana tenga por amigo a un doncel.

Los ojos esmeraldas se abrieron por la sorpresa e inmediatamente buscaron por el amplio salón a aquel muchacho rubio, encontrándolo junto a la mesa de bebidas, rodeado por un grupo de alegres jovencitas parlanchinas.

–Con razón es tan popular… es bastante atractivo y, por supuesto, millonario.


–¿Cómo es la India?

–¿Se ha subido a un elefante?

–¿Es cierto que en la selva hay monstruosos tigres de quince metros de largo?

–Bueno, la India es un país… ¡no! los tigres son…

La sarta de preguntas logró embotar su cerebro rápidamente. Con tantas chicas a su alrededor, era difícil prestar atención a todas a la vez. Sonrió, tratando de zafarse del embrollo, pero parecía casi imposible. Las chicas lo seguían como polillas a la luz.

–Joven Namikaze, es un verdadero placer conocerlo.

Extrañado, giró su cabeza para conocer al propietario de aquella voz desconocida. Parpadeó un par de veces, intentando reconocer los exóticos ojos amatista, sin obtener ningún resultado.

–Disculpe yo…

–No me conoce, ¿puedo llamarle Naruto? Creo que somos más o menos de la misma edad. –replicó el joven, abriéndose paso entre las jovencitas para acortar la distancia entre su objetivo. –Mi nombre es Suigetsu Hozuki, y he oído hablar tanto de ti que me moría de ganas por conocerte.

–Ah… –exclamó sin mucho interés. Lo más probable era que aquel chico de extraños y afilados dientes sólo fuera otro caza fortunas enterado de su situación económica. –¿Y puedo saber quién le ha hablado tanto de mi?

–Mi hermoso doncel… –tomó la mano del rubio entre las suyas para depositar un beso en el dorso, consiguiendo un jadeo de sorpresa por parte de las chicas y un manotazo por parte de Naruto. –Lo lamento tanto. Pero, al igual que mi amigo, he quedado prendado al instante de tu belleza.

–Sí, claro y también de mi dinero, ¿no es así joven Hozuki? –repuso mordaz.

–Para nada. Tu fortuna no tiene nada que ver en todo eso.

–Es lo que todo mundo dice. –un poco molesto. –¿Y su amigo se llama...?


La noche no estaba saliendo como él la había planeado. Al principio, pensó que le daría una buena dosis de celos a Naruto al verlo llegar de la mano de una hermosa joven como lo era Lady Haruno, pero su sorpresa fue mayúscula al escuchar la peculiar voz de Naruto desde el balcón. Se había quedado un par de segundos escuchando la conversación, lo suficiente para saber que al rubio le había gustado más Itachi que el propio Sasuke. El montón de recuerdos de Fugaku comparándolo con su hermano mayor acudieron a su mente como una tromba. Y ahora Naruto también lo compararía con su hermano. Ese fue un golpe a su orgullo que supo disimular bastante bien.

Y hablando de rubios despistados ¿de verdad Naruto era ese chico tan elegantemente vestido y guapo? Si no fuera por la chillante voz, jamás lo habría reconocido. Bueno, realmente estaba muy sorprendido. Quizá lo juzgó predeterminadamente sólo por el barro, pero no podía creer que aquella belleza de verdad le perteneciera al "doncel feo" que lo atormentaba en sus pensamientos todos los días. Aún con la oscuridad de la noche envolviéndolos, sus ojos añil destellaban como el más puro de los zafiros, su piel se veía tersa, y su cuerpo bien formado aún era visible bajo el cúmulo de prendas que vestía. Jadeó un poco al sentir su boca seca y reconoció que aquel chico no estaba tan mal. El tal Naruto debería de sentirse privilegiado de que el conde Uchiha lo considerara algo atractivo. Pero jamás admitiría en voz alta el error cometido al llamarle "feo", antes prefería comerse su propia lengua para que no sacaran ni una palabra de su boca.

La otra desgracia que había ocurrido era precisamente encontrarse con su hermano mayor. No lo odiaba, pero ¿qué demonios hacía Itachi allí? Se suponía que debía estar en su alejado pueblo con su adorado rubiales, descansando y sufriendo los estragos de su enfermedad. Nunca comprendería lo que pasaba por la mente del primogénito de los Uchiha, pero, cada vez que lo veía, recordaba que había vivido a la sombra de su perfecto hermano mayor por más de veinte años.

El dolor de cabeza era fruto de la palabrería de Lady Haruno. Es cierto que podría haber invitado a otra mujer mucho más callada, pero pensó que la belleza de Sakura sería suficiente para impresionar y hacer rabiar al Namikaze, cosa que no logró y sólo le hizo enfurecer más. Y además, algo debía de estarle sucediendo en la cabeza, ya que por momentos, su vista se oscurecía. Pensándolo mejor, le atribuyó sus breves momentos de ceguera a la inmensa cantidad de opio consumida horas antes de recoger a Sakura. No pudo evitar clavar sus ojos en el atractivo doncel durante toda la cena. Su sonrisa atraía a sus ojos azabaches como a un imán. Rezó para que el rubio no se diera cuenta de sus constantes miradas.

Con Sakura en sus brazos danzando alrededor del salón, clavó su mirada en Naruto. Tal vez su belleza lo había cautivado un poco, pero aún seguía despreciándolo por su rechazo. El colmo de la noche llegó cuando observó que su amigo Suigetsu se acercaba a Naruto con total galantería. Recordó que Suigetsu había dicho algo como "si no lo tomas tú, lo haré yo". No le importó dejar a Lady Haruno parada en medio de la pista cuando sus pies lo dirigieron automáticamente hacia donde se encontraba el rubio.

–Pero, al igual que mi amigo, he quedado prendado al instante de tu belleza.

–Sí, claro y también de mi dinero, ¿no es así joven Hozuki?

–Para nada. Tu fortuna no tiene nada que ver en todo eso.

–Es lo que todo mundo dice. ¿Y su amigo se llama...?

–Sasuke Uchiha. El conde Sasuke Uhfjklamm… –la mano de Sasuke llegó demasiado tarde para evitar la catástrofe que acababa de ocurrir. Con un empujón, alejó a Suigetsu de Naruto y con una de sus miradas prepotentes asustó a las jovencitas.

–Vaya, pero que sorpresa encontrarlo aquí, conde Uchalajitami.

–Uchiha. –reviró los ojos, acostumbrado al poco interés del doncel. –Lo que dijo este estúpido de Suigetsu….

–Es mentira. –jadeó por un poco de aire Suigetsu, metiéndose de nueva cuenta a la conversación. –O al menos lo era hasta antes de verte tan hermosamente arreglado, mi preciosura.

–Le recuerdo, joven Hozuki, que a pesar de ser un doncel puedo defenderme bastante bien, por lo cual agradecería que no me llamara con esos despectivos motes cariñosos que, con seguridad, ha de usar para todas sus conquistas. –pidió Naruto en un tono falsamente dulce.

–¡Vaya! Si así eres en una fiesta, ya me imagino que gimes como una fierecilla en la cama. No puedo esperar a tenerte entre mis piernas…

Las mejillas de Naruto adquirieron un súbito color rojo. Momentos después, Suigetsu volaba sobre la mesa de bebidas, coloreando sus cabellos blancos del color rojo del ponche.

–No era necesario que me defendiera, conde. –susurró amenazante el rubio. –Puedo hacerlo bastante bien yo solito.

–No sería propio de un caballero como yo el dejar que le falten al respeto, lindura. –contestó con sarcasmo. –He defendido su honor.

–¡Que honor ni que nada! –exclamó furioso el rubio. –¡Yo estuve a punto de golpearlo, pero te metiste! He lidiado con tipos como él toda mi vida, así que sé perfectamente cómo defenderme ¡Sólo lárgate de aquí, teme!

La sala entera posó sus ojos en la discusión, asombrados de que alguien se atreviera a hablarle de esa manera al conde y que aún continuara respirando. El pelinegro notó las miradas de sorpresa y, a pesar de que nunca le habían importado las apariencias, tuvo que hacer una enorme actuación para salir de ahí sin levantar más sospechas de las necesarias.

–Estoy a sus pies, mi bello doncel. –apoyó una rodilla en el piso, como si estuviera jurándole amor eterno, hecho que desconcertó al rubio. –Haga de mí lo que le plazca, pues no podré olvidarme de sus hermosos ojos hasta que la muerte decida venir por mí.

–¿Pero qué dem…?

–Daría hasta la última gota de mi sangre por pasar un minuto con usted… a solas. –interrumpió el moreno. Ni él mismo sabía de dónde sacaba tanta palabrería cursi, supuso que de algún ridículo cuento infantil leído en su infancia. –¿Me concedería el honor de caminar conmigo un momento?

–¡No entiendo qué…!

–¡No es necesario que grite… nuestro amor a los cuatro vientos! –poniéndose de pie, lo fulminó con la mirada, rezando para que el rubio comprendiera. Lo del show comenzaba a incomodarlo. –Los jardines son un bello paisaje que dos enamorados deberían de recorrer en una noche tan perfecta como esta.

–Bien, de verdad que no…

–¡No está bien que esto suceda sin estar casados, pero si insiste, no me queda más remedio que ceder a sus deseos y besarlo…!

–¡No! Espera… ¡ya entendí!... iré…. ¡aléjate de mí, Uchalajkammmmmm…!

Apresó su delgada cintura con una de sus manos y la otra se enredó en los cabellos dorados de la nuca, para profundizar el beso. Naruto dejó de pensar al sentir la húmeda lengua delinear su labio inferior. Se dejó llevar por el conde, sin darse cuenta, hasta una de las puertas que daban al jardín, mientras que su corazón latía aceleradamente y sus manos se sujetaban a la elegante chaqueta del pelinegro. Ni siquiera miró las caras de estupefacción de los invitados, tal parecía que la maldición de los Uchiha consistía en embobar a sus enemigos con sensuales besos. Cuando el fresco aire de la noche alborotó sus cabellos su cerebro reaccionó. Empujó al conde con todas sus fuerzas y logró ganar unos centímetros de distancia. Sonrojado y furioso, gritó:

–¡Te dije que había entendido, animal! ¡Iba a seguirte el jue…!

–¿Insistes en otro beso, amor mío? Mucho me temo que no podré ser lo suficientemente caballeroso con usted…

–¡Lo entendí, lo entendí! –susurró Naruto, tapándole los enrojecidos labios a Sasuke. –¡He quedado tan impresionado con usted, que lo seguiría al fin del mundo!

Una chispa de humor brilló en los oscuros ojos y jaló de la muñeca al rubio doncel, recorriendo los pocos pasos que los separaban de la salida en un par de segundos. Cuando estuvieron a solas, Naruto no pudo evitar reprocharle:

–¡Te dije que había entendido, no era necesario que me besaras, grandísimo idiota!

–Pues no lo parecía, cabeza de chorlito.

–¡Cabeza de cacatúa!

–¡Rubio tonto!

–¡Arg, ya cállate, teme!

–¿Sabes que, teóricamente, podría desafiarte a un duelo a muerte por insultarme de esa manera frente a los invitados?

–No serías el primero al que hiciera morder el polvo, conde.

El hermoso jardín que los rodeaba fue testigo del duelo de miradas. Sasuke aún estaba enojado por el rechazo y su ira se incrementaba cada vez más al darse cuenta que su treta con Lady Haruno no había despertado ni una pizca de celos en el rubio. Caminaron en silencio un par de minutos, dejando que el frío viento refrescara sus sentimientos. A pesar de todo, Sasuke tenía que admitir que la compañía de Naruto no era del todo mala. Además, ¿de qué podía quejarse si aquel doncel era mucho más guapo que cualquier mujer que hubiese conocido? Tan ensimismado estaba que apenas notó la furiosa mano dirigida hacia su mejilla.

–¿Por qué demonios me golpeas? –preguntó, llevándose la palma de su mano a la mejilla y notando después, las delicadas gotas carmín que salían de su labio inferior roto. –¡Ten en cuenta que estás retando a un conde, Namikaze! Tal vez de dónde vienes no hay suficiente respeto, pero aquí una ofensa a mi es una ofensa directa al rey. –advirtió.

–No me importa si le pego al rey o a la puta del rey, pero juré que me ibas a pagar el beso robado con sangre y ya me la estoy cobrando, teme. –el brillo con los ojos de Naruto era algo digno de tomar en cuenta, pues ese doncel pelearía con quien fuese necesario para salvar su orgullo. Definitivamente el rubio podía defenderse solo a la perfección.

–¿Y cómo me voy a cobrar yo el orgullo herido?

–¡Oh, vaya! –repuso Naruto con falsa dulzura. –¿Lastimé el gran trasero de tu ego, conde? ¡Era justamente lo que merecías, baka!

–¡Nadie me ha hablado de esa manera en veintiocho años, Namikaze!

–Pues ya es hora de que alguien te ponga en tu lugar. No por ser un conde te tengo miedo.

–Parece que no entiendes que yo soy el ofendido, dobe. ¡Te ofrecí matrimonio y tú, un simple pueblerino, lo rechazaste!

–¡Preferiría casarme con una hormiga antes que contigo! –para Naruto la situación, lejos de volverse amenazante, comenzaba a resultarle cómica. Aún así, consideraba que el conde Uchiha era un egocéntrico amargado de lo peor. Y, a juzgar por el ceño fruncido del pelinegro, se lo estaba tomando demasiado en serio.

–¡No encontrarás a nadie mejor que yo, usuratonkachi! ¡Pertenezco a la noble familia Uchiha! Una familia de poderosos guerreros, capaces de derrotar al infalible Hashirama Senju, no creo que tu dobe cabeza de chorlito pueda entenderlo.

–Lo que no entiendo es que pareces demasiado dolido con mi rechazo, teme. Dijiste que no podría conseguirme a nadie mejor que tú ¿no es verdad? Entonces dime, ¿por qué con tu apellido tan famoso no te has casado con alguien mejor que yo? Es decir, cualquiera moriría por convertirse en la condesa Ujicha. –el rostro de Sasuke se contrajo en una mueca de puro odio. –¡Ah, es cierto! El famoso apellido Uchajila ha sido mancillado por tu forma de vivir… nadie se casaría con un mujeriego y bebedor como tú. Por eso quieres casarte conmigo, para restituir tu honor, complacer a tu madre y por supuesto, restablecer tu cuenta bancaria. Y aunque muchas de mis compañeras extranjeras han comprado maridos sólo para obtener un título nobiliario, yo no necesito comprarte, Sasuke.

–¡No estoy a la venta! No puedes comprar un marido porque…

–¡Aunque claro, un matrimonio por conveniencia tendría sus ventajas! –interrumpió Naruto. –Por ejemplo, yo podría disfrutar en mi cama de alguien tan atractivo como tú, Sasuke…

Naruto salvó la distancia que los separaba de manera veloz, colgando sus brazos alrededor del cuello del conde y pegando sus cuerpos de una manera que nadie consideraría decente. Agradeció que el jardín en donde estaban fuera bastante oscuro y los mantuviera ocultos del resto de los invitados. Un suave movimiento sugestivo bastó para colorear las pálidas mejillas del pelinegro. No se esperaba tener a Naruto tan cerca, con su suave aliento acariciándole la oreja y sus manos viajando por la ancha espalda, posándose justo antes de donde ésta cambiaba su casto nombre. Por un momento, el conde se quedó sin palabras, con los brazos fuertemente pegados a sus costados y dejándose hacer por el atractivo Naruto.

–… y tú tendrías todo mi dinero para gastarlo. –susurró. –Es por eso que los matrimonios por conveniencia, son de conveniencia también.

–Na-Namikaze…

–No lo niego, eres atractivo, Uchalija. –antes de separarse rozó con sus labios la comisura sangrante del conde. –Pero, como te dije anteriormente, sí puedo comprarme algo mejor que tú.

Sus reflejos eran bastante buenos como para esquivar el golpe que Sasuke estuvo a punto de estrellar en su mandíbula.

–No soy un objeto que puedas comprar, Namikaze. –murmulló con rabia.

–¿De verdad? Pues al principio parecía que estabas vendiéndote al nombrar todas las maravillas de los Utija…

–Olvidaré que eres un doncel y…

–¿Me pegarás? –interrumpió. –¡Hazlo! Sabes que puedo defenderme muy bien, Uchajita.

–Eres tan desesperante y antipático…

–¡Mejor que ser un egocéntrico y borracho!

–¡Ya me hartaste, Namikaze!

–¡Vete a la mierda, maldito conde!

El intercambio de golpes no tardó en comenzar. Como bien había dicho, Sasuke olvidó que Naruto era un doncel, sobre todo después de comprobar que su derechazo era tan fuerte como el suyo. Miró al rubio como un igual, una persona que no se dejaría pisotear ni humillar por las reglas de la sociedad, aún si eso le conllevaba a enemistarse con toda la ciudad. Y al comprenderlo, no pudo evitar sonreír. Tal vez esa era la persona indicada, la que estaba esperando durante tanto tiempo. Una persona que no se subyugaría a sus deseos ni inclinaría la cabeza. Orgullosa y terca, al igual que él, pero tan diferentes… estaba decidido a no continuar con esa absurda pelea. Empujó al rubio con la suficiente fuerza para tirarlo sobre el pasto.

Una punzada en su cabeza y después, todo se volvió rojo. Culpó al exceso de vino durante la cena. Parpadeó un par de veces para aclararse la vista. Observó que el rubio se ponía del pie lentamente y luego se abalanzaba sobre él a una velocidad extremadamente lenta para darle un buen golpe en la mandíbula. Al no sentir el golpe en el instante esperado se desconcertó. Cerró los ojos un segundo y, al abrirlos, el rubio continuaba en el suelo. Naruto se puso de pie y se lanzó sobre él, justo en la misma secuencia que anteriormente había visto… ¿acaso era una alucinación suya? ¿Cómo podría prever los movimientos del rubio?

Naruto se dio cuenta de que el moreno estaba desconcertado, pero aún así se lanzó al ataque. Aquel egocéntrico conde definitivamente necesitaba un par de buenos golpes para que se le bajaran los humos. Cuando su puño estuvo a punto de rozar la mandíbula del conde, el pelinegro, con un movimiento rápido e imprevisto, se agachó, provocando que el puño aterrizara justo sobre su ojo izquierdo.

Sasuke trastabilló y cayó al suelo, cubriéndose su ojo inmediatamente, presa de un intenso dolor que duró tres segundos. Naruto se quedó de pie frente a él, observándolo boquiabierto. A través de los dedos del conde comenzaba a salir abundante sangre. El rubio no lo pensó dos veces y se acuclilló a su lado.

–¡Perdóname, Sasuke…! –susurró, incrédulo ante la hemorragia. –¡Juro que…! ¡Te moviste, teme! No se suponía que debía golpear tu ojo…

–Dobe… ¿estás preocupado?

–¡Por supuesto que no! –protestó. –De hecho, creo que te lo mereces… ¿te duele mucho?

–Es lo curioso… no me duele.

Los gritos y el jaleo del jardín llamaron la atención de los invitados. Minato y Lady Mikoto corrieron al notar que sus hijos estaban peleándose. El primero en llegar fue Minato, que al ver el rostro sangrante del conde sintió que se le paralizaba todo el cuerpo. Su hijo sería acusado de agredir a un noble y eso lo pagaría muy caro. Al llegar Mikoto, se arrodilló al lado de su hijo, pero lo primero que hizo fue revisar a Naruto. También el rubio tenía un buen corte en el labio, la nariz le sangraba y uno de sus pómulos comenzaba a adquirir un alarmante tono morado, pero al doncel lo único que le importaba por el momento, eran las heridas de Sasuke.

–Yo estoy bien. –movió la cabeza para zafarse del agarre de Mikoto. –Es Sasuke…

La mujer posó los ojos en su hijo. La camisa comenzaba a mancharse por la sangre derramada y el conde mantenía el único ojo visible cerrado.

–Es mejor examinar el daño antes de que lleguen todos los invitados. –sugirió Minato, acercándose al grupo.

Naruto estuvo de acuerdo. Con cuidado, rodeó la mano con la que el conde intentaba detener la hemorragia con su propia mano para retirarla con cuidado. Casi jadeó con sorpresa al notar que el ojo permanecía en su lugar, pero ahora la pupila era de un increíble color rojo y de la órbita bajaban dos ríos de sangre, cómo lágrimas.

–El Mangekyou… –susurró Mikoto, llevándose una de sus manos a los labios. –La maldición de los Uchiha.

Continuará…


¡Hola gente bonita!

Lamento muchísimo la tardanza… ¡pero estaba en finales! Y las guardias cuidado niños llorones no son las más lindas del mundo… mi instinto maternal es nulo.

Bueno, aquí les dejo el nuevo capi que está recién salidito del horno… ¿qué piensan de la maldición? El secreto del Sharingan se irá revelando en los próximos capítulos y, gran parte del secreto, se encuentra en Itachi. ¿Qué pasará con Sasuke y Naruto? Quizá el rubio tenga que pagar un buen precio por insultar al conde XD.

El diamante que menciona Kiba "Mar de Luz" o Darya-ye Noor, es uno de los más grandes del mundo con 182 quilates. Es de color rosado, muy raro de encontrar, y forma parte de las joyas de la corona iraní. Más información, en wikipedia! ;) Es muy interesante la historia.

¿Qué habrá en el próximo capítulo? Bueno, definitivamente Mikoto y Minato castigarán a sus retoñitos por pelearse en medio de la fiesta… y claro, comenzaremos a hablar un poco más del Mangekyou y todo el secreto que rodea a la maldición.

Agradecimientos a todos los que siguen la historia en especial a: XCony - Moon-9215 - Fay g - camiSXN - NelIra - AoiSakura6 - kaoryciel94 - Nihon16Mer - shirly queen - Luna - Sayukira.

¡Muchas gracias por sus comentarios!

Y también les agradezco a todos los que han agregado esta historia a sus favoritas, se han suscrito o la siguen anónimamente.

No me queda más que despedirme y nos leeremos dentro de poco en el siguiente capítulo.

Que tengan una semana linda y les mando un abrazo! Y besos!

Kerky

Número de palabras (sin notas de autor): 9.436