Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!
Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¡Por favor! ¡Pon algo de NaruSasuNaru en el manga! Las chicas estaremos eternamente agradecidas)
Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.
Holy Curse!
Capítulo III: Teatro en casa
–¿Me podrías decir qué demonios estabas pensando, Naruto?
–¿Qué rayos hacías, conde Sasuke Uchiha?
Naruto casi sintió pena por el sermón que Lady Mikoto ahora le cantaba a Sasuke. Podría ser muy conde, pero Mikoto aún tenía esa autoridad de madre que estremecía hasta la punta de los cabellos, lo podía notar en el entrecejo fruncido del pelinegro y en la forma en cómo desviaba la mirada lejos de su progenitora. Y hablando de padres regañones, ¿para qué ir más lejos? Su propio padre también le estaba dando el sermón de su vida, sólo que con la diferencia de que él fingía entender y asentía a todo lo que Minato Namikaze le decía.
–Yo no tuve la culpa. –replicó Naruto, cruzándose de brazos. –Él intentó…
–¡Sólo te defendí de Hozuki, tonto Namikaze!
–¡No le contestes de esa forma al joven Namikaze! –regañó Lady Uchiha.
–¡Yo le contesto como se me pega la gana! –contestó el conde, poniéndose de pie con cuidado y sosteniéndose el pañuelo húmedo en el ojo herido. –Yo debería de estar ofendido por la grosería de ese usuratonkachi.
–¡Me besaste a la fuerza, bastardo! –contraatacó el rubio, también se puso de pie para encararlo. –¡Me has besado a la fuerza dos veces, estúpido conde!
–¡Era sólo para disimular y sacarte de ese lugar, imbécil!
–Todo estaba bajo mi total control hasta que tú entraste, Uchajita. ¡No era necesario que lanzaras a Lord Suigetsu por los aires y arruinaras la fiesta de tu hermana!
–¡Discúlpame entonces, Namikaze! –dijo con ironía el conde. –Tal vez debería de haberme quedado de brazos cruzados y ver cómo caías en las redes del idiota de Suigetsu y te insultaba al mismo tiempo.
–Obviamente conozco a los de su clase, tarado. No iba a dejarme engañar por un bastardo como ese.
–¡Definitivamente eres un maldito perdedor!
–¡Cállense los dos! –intervino Mikoto, cansada de tanta palabrería absurda. –Discúlpeme por alzar la voz de ese modo, señor Namikaze.
–No se preocupe, Lady Uchiha. –respondió de inmediato Minato. –Sólo se adelantó a lo que yo justamente iba a hacer.
–¿Se dan cuenta del lío en que nos han metido? –señaló con voz baja Mikoto, hablándoles tanto a su hijo como a Naruto. –Usted, joven Namikaze, se ha metido en un gran problema al insultar públicamente y agredir a un conde. Y tú, Sasuke… –su voz cambió a una mucho más fría. –…te has enemistado con una de las familias más influyentes del reino, por no decir de aquellas que gozan del aprecio del rey.
Ambos chicos refunfuñaron, sentándose uno enfrente de otro, pero a extremos opuestos de la amplia y lujosa sala que Hinata les había prestado para refugiarse de las miradas curiosas después del escándalo.
–Además, ¿cómo les vamos a explicar a todos que has besado a un doncel? No podremos mantenerlo mucho tiempo oculto, los invitados lo comentarán con los demás y pronto toda la ciudad estará enterada de lo ocurrido. –las palabras de Mikoto tenían razón. Sólo era cuestión de tiempo para que el reino entero supiera que el mujeriego conde había besado a un doncel.
–A mi no me importan lo que piensen. –dijo Naruto con convicción. –Los que estamos aquí reunidos sabemos la verdad y eso es lo que ciertamente me importa.
–Pero, joven Naruto…
–Tal vez debería explicarle a Lady Aburame lo que ocurrió, sólo para que no malinterprete la situación. –continuó hablando el rubio menor.
–¡Espere, joven Namikaze! –interrumpió de pronto la única mujer de la sala. –Tal vez a usted no le importe, pero los Uchiha tenemos una reputación que cuidar.
–Es suficiente, madre…
–¡No! Escúchenme todos muy bien… –sus ojos brillaron con un destello de victoria. –Fingiremos que Sasuke se ha enamorado perdidamente del joven Naruto, simularemos que están prometidos y, después, podemos cancelar el compromiso.
–¡No! ¡Jamás de los jamases! ¡Me niego! –gritó inmediatamente Naruto. Aunque sólo fuera fingir, estar comprometido con ese Uchalaja le parecía tan atractivo como tragar una enorme cucharada de cristales afilados revueltos con cucarachas.
–Joven Namikaze, creo que usted no entiende…
–¡La que no entiende es usted! Ni de broma fingiré algo que no siento por ese basmhggarh…–Minato tapó la boca de su hijo con sus manos antes de que Naruto pudiese decir algo que lamentaran después.
–Si dejamos esto así como está, los comentarios que hará la ciudad lo perjudicarían tanto a usted como a mi hijo. –declaró calmadamente Lady Uchiha. –A usted lo acusarán de ser un doncel… fácil, al dejarse besar de esa forma frente a todos los invitados y sin estar casado o comprometido. Puede ser que no le importe eso, pero pronto se dará cuenta que todos rehuirán sus miradas y su compañía. Si el rey se entera de lo sucedido, perderán la alta estima que les tiene. –Naruto gruñó, revolviéndose en su asiento al comprender que Mikoto tenía razón. Lo último que deseaban en esos momentos era enemistarse con el rey. –Además, no tardarían en llevarlo a la corte acusado de insultar a un conde. Recuerde que los condes son parte de la nobleza y, aunque le cueste creerlo, somos una de las familias a las que el rey también tiene en estima. Él no dudará en castigar a un don nadie que se ha atrevido a levantar el puño contra un Uchiha, por más rico que ustedes sean, Namikaze.
–¿Lo ves, dobe? No debiste ni mirarme sin mi permiso.
–La cosa tampoco es fácil para ti, Sasuke. –la mirada negra de Mikoto pareció traspasarlo. –¿Qué pensaría el rey si se entera que un Uchiha besó de esa manera a un doncel? Y no es cualquier doncel, Sasuke. El rey se encuentra muy agradecido con la familia Namikaze por los beneficios que ha obtenido. Además, si lo que el joven Naruto dijo sobre el diamante es cierto, definitivamente la balanza se inclinará a favor de ellos y nosotros saldríamos perdiendo.
–Lo que usted quiere decir es que, tanto para los Uchiha como para los Namikaze, a ninguno nos conviene que se entere el rey ¿me equivoco, mi Lady? –intervino por primera vez Minato, comprendiendo el alcance de la situación.
–Efectivamente, señor Namikaze. Esto sería mucho más fácil si supiéramos a favor de quien estaría el rey, pero como no lo sabemos, lo mejor será no andarnos con rodeos.
–No pienso fingir un compromiso con él. –señaló Naruto despectivamente al pelinegro. –Prefiero caminar por el patíbulo pero con la consciencia limpia.
–Naruto…
–¡Bien! –exclamó Lady Mikoto. –De acuerdo, descartaremos lo del compromiso como un favor para el joven Namikaze, pero a cambio…
Naruto casi se ahogó con su propia saliva. El brillo depredador en los ojos de Mikoto definitivamente le advertían que el futuro no le deparaba nada bueno.
–De verdad no puedo creer lo tonto que fuiste, Naruto. –apenas habían llegado a la mansión Namikaze y su padre le exigió una plática seria en el salón. –¡Pudiste meternos en muchos problemas!
–Papá…
–No entiendo por qué te resulta tan desagradable el conde Uchiha, hasta el punto de llegar a los golpes.
–¡Es un antipático, egocéntrico, amargado, grosero y parrandero! ¿Por qué no habría de odiarlo?
–Naruto… –suspiró. –Creo que entre ustedes hay demasiada tensión…
–¿Tensión? No lo creo. Lo que sí creo es que él y yo somos como el gato y el ratón… ¡totalmente incompatibles! Nacimos para odiarnos, para detestarnos y molernos a golpes cada vez que nos vemos.
–¿No lo consideras atractivo?
Naruto desvió el rostro al recordar la manera tan sugerente en la cual se le insinuó al conde durante su paseo por los jardines. ¿Consideraba al conde atractivo? ¡Por supuesto que sí! Una sola de sus miradas bastaba para convertir su sangre en puro fuego líquido, le revolvía las entrañas, atontaba a su cerebro y le hacía sentir un intenso cosquilleo en el bajo vientre, un cosquilleo que no debería de sentir por alguien como él. La boca de Sasuke besaba de maravilla, su lengua era una experta que recorría cada uno de los rincones de su boca para hacerle despertar hasta la fibra más sensible. Y su cuerpo… ¡por todos los dioses! Había aprovechado el breve contacto en el jardín para darse cuenta que tenía todos los músculos firmes y marcados, que sus brazos eran poderosos y que si el conde lo deseaba, sería capaz de levantar a un toro con ellos.
–¿Y bien?
–¡Maldita sea, papá! –exclamó del pronto, interrumpiendo el rumbo de sus nada castos pensamientos. –¡Es un demonio!
–Te sientes atraído por él. –concluyó Minato. –No me sorprende, después de todo no habías encontrado una persona que alterara tu sangre de esta manera con un solo beso.
–¿Qué significa eso, papá? –preguntó el rubio muy serio, sentándose muy recto frente a su progenitor, clavando sus ojos azules en el par idéntico.
–Hormonas. Deseas un revolcón con el conde Uchiha.
Naruto gimió frustrado. Su padre tenía mucha razón. Aunque el conde era un detestable ser humano, no podía negar que estaba más bueno que el ramen, un extraño platillo oriental que le fascinaba. Le atraía y mucho… estaba seguro que si pensaba un poco más en el moreno, el cosquilleo en su bajo vientre descendería hasta llegar a su entrepierna.
–¡Por todos los dioses! –replicó Naruto, llevándose las manos a la cara para ocultar sus ojos de Minato. –¿Cómo puedo desearlo tanto y a la vez aborrecerlo?
–Sólo estás atraído por su físico, es todo. No lo amas, no lo quieres, ni siquiera lo aprecias. Es algo que tu cuerpo desea, un instinto meramente normal.
–De acuerdo. –Naruto aspiró una gran bocanada de aire, intentando controlar su agitación por el reciente descubrimiento. –Eso significa que…
–Que deberás controlar muy bien tus instintos, Naruto. Tal vez sería buena idea un cinturón de castidad…
–¡¿No hablarás en serio?
–No lo sé… ¿tengo que hacerlo? Tú me dirás si te controlas o mando por uno de ellos en cuanto salga el sol. –cansado se puso de pie, dispuesto a ir directamente a su habitación y tratar de dormir un poco antes del amanecer. –Naruto, sólo es una fase. Si realmente lo odias, en poco tiempo pasará.
Se quedó con la mente en blanco hasta que escuchó los pasos de su padre lo suficientemente lejos del salón. Necesitaba pensar un poco más en sus recién descubiertas hormonas. Podía claramente imaginarse a Sasuke besándolo y haciéndole sentir cosas maravillosas, pero no podía imaginárselo en una charla civilizada. Odiaba su carácter arrogante, su complejo de ególatra… era justamente el tipo de personas que detestaba. Su padre tenía razón, era sólo cuestión de tiempo para que conociera a una persona que le cautivara por completo, una con la que tuviera intereses en común y que despertara el verdadero deseo de hacer el amor, no como ahora, que sólo deseaba desfogarse un rato. Pensó en lo injusta que era la sociedad, los hombres podían desfogarse con una amante y nadie diría nada; el hombre podía tener aquel deseo sexual y nadie lo culparía, era "normal" en un varón. ¿Pero qué pasaba con las mujeres y los donceles? ¿Acaso ellos no tenían derecho a tener deseos sexuales también? Maldito el día en que su padre había decidido cambiar de país, si no fuera por ello, podría acostarse con quien le viniera en gana si así lo quería.
–¿En verdad sucedió eso?
–¡Ya te dije que sí! Mi hermano fue invitado a la fiesta de los Aburame y presenció todo. Te digo que al fin alguien hizo caer al conde Sasuke Uchiha.
–Simple y sencillamente no puedo creer que el conde se enamoraría a primera vista de un doncel. –la mujer suspiró. –¡Yo también habría deseado que mi príncipe azul me robara un beso de esa manera!
–¡Quisiera estar en el lugar de ese doncel!
–Y yo quisiera estar en el lugar de Sasuke… ¡para quedarme con todo el dinero del doncel! He escuchado que es asquerosamente rico. ¡Incluso llevó a la fiesta un diamante azul! Dicen que con uno de esos, podrías comprar tres castillos.
Hinata disminuyó la velocidad de su caminar al escuchar a aquellas jóvenes hablar sobre el incidente ocurrido hace poco en su casa. No era la primera vez que escuchaba esos cuchicheos, pero le parecían graciosos. Si ellas supieran que su hermano y Naruto en verdad se odiaban, estaba segura que no desearían estar en el lugar de ninguno. Cuando las campanas de una iglesia cercana replicaron, apuró el paso para llegar antes que su marido a la mansión. Shino se ponía furioso si la comida no era servida a las 1:30 de la tarde en punto. Su marido odiaba los fallos y ella no quería problemas por una tontería.
Reprimió un suspiro de alivio al ver a uno de los trabajadores de su marido esperándola en la entrada. Siempre que Shino enviaba a alguno de sus hombres significaban buenas noticias para Hinata, porque quería decir que su marido no iría a comer. Después de unas breves palabras con el hombre, apuró a su doncella al interior de la mansión.
–Lady Aburame, el joven Namikaze la espera en la biblioteca.
Esas también eran buenas noticias. Dejó su pesado abrigo al cuidado de una de las mucamas y pidió que llevaran té a la habitación donde recibiría a su invitado.
–¡Hola Naruto!
–¡Hinata! –se sobresaltó al escuchar entrar a la dueña de la casa. Estaba tan absorto observando las pinturas que decoraban la habitación que ni siquiera escuchó que la anfitriona había llegado. –Lo siento, no quería venir sin avisar pero…
–¡Siempre serás bienvenido, Naruto! No importa la hora ni el día.
–Muchas gracias. –sonrió sinceramente. –La verdad es que no aguanté las ganas de mirar estas pinturas. –con un leve movimiento de cabeza señaló el cuadro del palacio de Konoha y el retrato de Hinata. –Tenía muchas ganas de verlos.
Hinata sonrió y recorrió una enorme cortina que cubría una pared llena de cuadros. Señaló algunos, explicándole a Naruto que también esas eran obras hechas por Sasuke.
–¡Son tan lindas! –sonrió. –Tengo que mantenerlas ocultas porque a mi hermano no le agrada mucho verlas… dicen que le recuerdan su antigua vida.
El rubio alzó las cejas en un gesto sorprendido.
–¿Antigua vida? ¿Qué quieres decir con eso?
–Ya sabes, cuando vivía en Konoha. –Hinata sonrió, como si Naruto supiera de lo que hablaba.
–Ah… –sin saber qué más decir, se dedicó a observar la pintura de un frutero que, se notaba, era de los primeros trabajos del moreno. Los trazos eran impecables, pero las pinceladas de color distaban mucho de la perfección que había alcanzado al pintar el castillo de Konoha.
–Pintó esa para uno de los cumpleaños de Hanabi. A mi hermana le gustaban mucho las manzanas. ¡Mira esta! –señaló un cuadro que representaba un enorme lago azul que reflejaba un cielo nocturno estrellado. –Es una de mis favoritas.
–Sasuke realmente tiene talento… me pregunto qué estará dibujando ahora.
–Mi hermano ya no pinta. O al menos no lo ha hecho desde que se fue de Konoha. –explicó Hinata.
–¿Por qué no? tiene talento y necesita dinero… si yo fuera él, estaría pintando para sobrevivir.
–Nunca hemos hablado de lo que pasó. Él discutió con Lord Fugaku, se fue de Konoha y sólo volvió cuando ocurrió el problema con Itachi.
–¿Cuándo Itachi abdicó?
–Sí. Estuvo un par de días en Konoha, solucionó el problema y regresó a la ciudad. Una vez aquí, esa chica…
Naruto estaba muy intrigado con la vida oculta de Sasuke. Y él, siendo una persona curiosa por naturaleza, no dejaría pasar la oportunidad de descubrir una parte del arrogante conde.
–No entiendo nada de lo que dices, ¿qué fue lo que ocurrió?
–Bueno… un día hubo una discusión entre Sasuke y Lord Fugaku. Mi hermano sólo tenía quince años y, a raíz de ese problema, se fue de Konoha. Yo nunca me enteré qué fue lo que ocasionó la discusión. Pero creo que todo fue culpa de Karin, la chica que mencioné antes. Sasuke la conoció cuando él tenía catorce años y entonces empezaron rumores sobre ellos dos. –suspiró, sentándose en una silla cercana. –Estoy segura que ella lo arrastró al mal camino, porque mi hermano no solía ser así.
–¿Y quién es esta… Karin?
–Ella era soltera cuando Sasuke la conoció, al poco tiempo se convirtió en la mujer de Orochimaru. –sirvió té en las pequeñas tazas de porcelana y esperó a que Naruto se sentara para continuar explicando. –Hay muchos rumores sobre ella, cada uno peor que el anterior.
–Sólo he escuchado que le gusta la vida lujosa y…
–Esa mujer es una alimaña. –interrumpió Hinata, con un leve rubor en las mejillas. –¿Cómo le dicen a ese tipo de mujeres?
–No ocultemos lo que es. Si es una puta, sólo dilo. –dijo Naruto con tranquilidad, contrario al súbito color carmín del rostro de Hinata. –¿Ella es la amante de tu hermano? Yo creeré lo que tú me digas.
Hinata se sintió mortificada, pues estaba frente a una gran disyuntiva. Por un lado, podía mentir y con ello ganar puntos a favor de su hermanastro Sasuke. La otra cara de la moneda era admitir la verdad y arriesgarse a que su amigo aborreciera aún más a Sasuke, llevándose consigo toda posibilidad de matrimonio.
–¿Hinata?
–¡Lo-lo siento! Me quedé pensando…
–¿No sabes la respuesta o intentas mentirme? –Naruto se encogió de hombros, en un gesto que le quitaba importancia a lo dicho. –Cuando una persona no responde de inmediato sólo hay dos opciones: o está pensando una mentira o no sabe la respuesta. Y en tu caso, no creo que sea la segunda opción.
–¡Naruto…! Es… yo no quiero que pienses mal de mi hermano. ¡Al contrario! –suspiró. –Cada día que pasa me doy cuenta que tú eres la persona perfecta para él, porque no eres manipulable y defiendes tus creencias e ideales de manera admirable. ¡Si Sasuke pudiese casarse contigo, estoy segura que cambiaría! Volvería a ser el mismo de antes.
–Hinata, creo que yo… –por primera vez, Naruto se revolvió incómodo en el asiento. –No me siento atraído hacia Sasuke… ¡es decir! Es muy atractivo, pero su actitud deja mucho que desear. Él y yo tenemos personalidades completamente opuestas y viviríamos peleándonos, insultándonos… no creo que sea el tipo de vida que deseas para tu hermano.
–¡No, tú eres ideal! Sé que mi hermano puede parecer arrogante y antipático, pero te juro que él no es así. Es amable y tiene un lado humano, sólo que esa mujer lo ha hecho olvidarse de todo eso. Pero tú podrías…
–Basta, Hinata. –pidió en un tono casi suplicante. –Sasuke no me va a gustar sólo porque ustedes me juren que es un buen hombre. La única forma en que yo lo miraría de diferente forma sería que él mismo demostrara que no es como la sociedad dice.
Lady Aburame guardó silencio, entendiendo perfectamente las palabras de su rubio amigo, porque ella pensaba justamente igual. Las palabras bonitas no cambian la realidad, son los hechos los que hablan por uno mismo. Se quedaron en silencio un par de minutos, cada uno analizando las palabras dichas por el contrario hasta que Naruto rompió el silencio.
–Entonces, por lo que hemos hablado, debo de suponer que los rumores acerca de que Karin y el conde son amantes, son ciertos ¿me equivoco? –ella negó con la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada al Namikaze. –Bueno, entonces debo de admitir que la tal Karin tiene una larga lista de amantes. ¿Es por eso que nadie la quiere invitar a sus fiestas?
–Ninguna familia de respetable apellido quiere estar cerca de una mujer como ella. Y por eso, tampoco mi hermano se encuentra en una alta estima por la sociedad.
–Es comprensible. Supongo que ha de ser muy bella para atraer tantos hombres.
–Ella… –Hinata buscó en sus recuerdos una imagen de Karin. –No es tan fea y su forma de vestir es muy reveladora. Sospecho que sus escotes, junto a su personalidad seductora, atraen a los varones.
–¿Puedo hacerte dos preguntas más? Es tarde y no sé si tienes tiempo de contestarme, tal vez tengas otras cosas más importantes que hacer.
–¡Claro que no! Lord Aburame llegará tarde y las doncellas se encargan de todo. Mi plan para esta tarde era bordar un tapiz que compré hace tiempo, así que entenderás que prefiero pasar el tiempo contigo que hincada y cosiendo. –observó la sonrisa de Naruto y por millonésima vez envidió la suerte de su hermanastro. Si al menos ella hubiese conseguido un marido como el rubio, su vida sería bastante diferente.
–Bueno, la primera pregunta es la siguiente: en una sociedad tan conservadora como esta, que conoce la larga lista de amantes de Karin ¿por qué su marido no hace algo? He escuchado que el adulterio se paga con azotes públicos, o en ocasiones, la cárcel.
–A Orochimaru no le importa lo que Karin haga. Sólo se casó con ella para poder ocultar tras una pantalla de respetabilidad, sus verdaderos gustos. Orochimaru prefiere a los jóvenes varones en lugar de las mujeres. –confesó con un susurro. –Pocas personas lo saben. Orochimaru le da una cantidad de dinero mensual a Karin para mantenerla a su lado y ella es feliz fingiendo ser la esposa de él, mientras que por las noches visita las camas de sus verdaderos amantes.
–Y por esa razón a Orochimaru le da igual lo que su mujer haga por las noches. –cruzó los brazos, fijando su mirada en Hinata. –Vaya, eso sí que es un matrimonio de conveniencia.
–Así es, y ella se casó aceptando de antemano ese acuerdo. –sirvió un poco más de té en la taza vacía del rubio. –¿Y cuál es la otra pregunta, Naruto?
–La otra pregunta… sé que no es de mi incumbencia y no me molestará si me dices que mejor me calle, pero me mata la curiosidad ¿qué tan cierto es lo de la maldición de la familia Ugicha? ¿Y el… mmm… Sharingan o eso que mencionó Itachi?
–Puedo contestarte eso, pero… –miró a su alrededor y agudizó el oído para saber si había algún sirviente escuchando detrás de las puertas. –… deberás prometerme que no le dirás nada a nadie, Lady Mikoto lo considera un tema muy personal.
–Ni una palabra saldrá de mis labios, lo prometo.
–Entonces te contaré.
Hace muchos años vivió en Konoha un poderoso guerrero llamado Hashirama Senju. Los Senju eran conocidos por su increíble resistencia física y habilidad en la batalla. Conquistaron muchos territorios y eran buenos y justos con sus sirvientes. Pero Madara Uchiha siempre los odió. Con el fin de poder vencer al conde Hashirama, Madara comenzó a hablar mal de él y a prometerles dinero y poder, de esa manera, muchos de los Senju se unieron a Madara cuando éste se levantó en armas contra el conde. Hashirama fue derrotado por la avaricia de sus propios hombres y sabiendo esto, maldijo a Madara y a toda su descendencia, jurándoles que ninguno de los Uchiha sería feliz mientras vivieran con el sentimiento de la avaricia. Después de asesinar a Hashirama, su ejército exigió que cumpliera sus promesas sobre poder y dinero, cosa que desde luego no cumplió. Al contrario, los despojó de sus pocas pertenencias y duplicó sus horas de trabajo, esclavizó a sus mujeres e hijas y a los niños los vendió a otras naciones. Reprimió fuertemente cualquier sublevación, al grado de colgar los cadáveres descuartizados de los rebeldes en las puertas principales del castillo. A partir de ese momento, todo comenzó a decaer en Konoha. Se dice que ningún conde ha sabido manejar el dinero apropiadamente, suelen perderlo todo en algún negocio fraudulento o sucesos por el estilo. Todos los condes Uchiha se han casado por conveniencia con mujeres de familias ricas, pero ni siquiera así han logrado mantener su fortuna. Esto sucedió hace ocho generaciones. Actualmente aún trabajan en Konoha varios campesinos, por supuesto que no los tratamos como lo hizo Madara. Eso ha ido modificándose con el paso del tiempo.
–Es una historia bastante interesante. ¿Pero de verdad crees en la maldición?
Hinata se tomó su tiempo para contestar.
–Quizá te parezca una tontería, pero sí lo creo. –cerró los ojos por un momento. –Te explicaré. Lord Fugaku se casó por conveniencia con Lady Mikoto, así que nunca conoció el amor verdadero. Además, en sus últimos días de vida, sufrió mucho por los rumores acerca de Sasuke y, junto a la decepción que le causó Itachi, fue lo que le llevó a la tumba. Lady Mikoto cree que es feliz rodeada de lujos, pero ella tampoco conoce el amor. Mi hermana Hanabi fue muy feliz en su matrimonio e incluso su hija era una alegría en su vida, pero esa felicidad duró menos de dos años. Sasuke sé que se esconde detrás de todas esas botellas de alcohol y mujeres porque tampoco es feliz. Y yo… bueno, sabes la tragicomedia que es mi vida.
–¿Y qué pasa con Itachi?
–Itachi es el único que ha sido feliz. Creo que él ha roto la maldición. –sonrió al pensar en su hermanastro mayor. –Él era un perfecto conde, fue educado como tal y bajo su corto mandato todo en Konoha parecía mejorar. Estoy segura que él es feliz junto a Deidara y sé que cada día que pasa junto a él no se arrepiente de haber dejado de lado las riquezas.
–¿Quién es Deidara?
–¡Oh, es cierto! –recordó de improviso. –Seguramente tú conoces la versión popular acerca de que Itachi tuvo que abdicar por su enfermedad. Pero la verdad es que Lady Mikoto le obligó a dejar el cargo cuando se enteró que a Itachi le gustaban los varones e inclusive se casó a escondidas con Deidara, un sirviente de la mansión en la que vivía.
Un pinchazo de celos le asaltó el corazón. El antiguo conde le había parecido bastante guapo y un poco más agradable que su antipático hermano menor, lo cual había llamado su atención. Si la noche pasada hubiese tenido que elegir a alguno de los dos para comprometerse, sin dudarlo ni un segundo habría elegido a Itachi. Era una verdadera lástima que estuviese casado.
–Y es por eso que Sasuke ahora es el conde ¿cierto? Y a mí que me había gustado tanto Itachi. –suspiró un poco decepcionado. –¿Y eso de los ojos rojos? Creo que entendí que se llamaba Shar-sharin…
–Sharingan. Mangekyou Sharingan. –corrigió suavemente Hinata. –Yo tampoco sabía mucho sobre eso, de hecho, jamás en mi vida lo había visto ni escuchado. Fue Itachi el que me lo explicó el día de la fiesta.
–¿Y qué significa? –Naruto se sentó en la orilla de la silla, como si fuera un pequeño niño ansioso por escuchar un cuento. –¿Sasuke ve el mundo en color rojo? ¿Puede ver a través de la ropa? Espero que no…
–Claro que no. –Lady Aburame reprimió una sonora carcajada. –Según las investigaciones de Itachi, el Mangekyou aparece solamente en los condes Uchiha que están bajo la maldición, es una señal que hace pública nuestro destino. Sasuke tendrá que aprender a vivir con esos ojos ya que en cualquier momento comenzarán a sangrar abundantemente y no hay ningún aviso previo. Con cada activación del Mangekyou, Sasuke irá perdiendo poco a poco la vista, hasta quedar completamente ciego y la única forma de detenerlo es rompiendo la maldición, esa son las palabras de Itachi.
–No sabía que fuese tan terrible…
–Pero, a pesar de todo, hay una única ventaja del Mangekyou. Al ser descendientes directos de un guerrero, esos ojos le dan la capacidad al maldecido de leer los movimientos del oponente, de esa forma podrá luchar y defenderse de sus enemigos. Cuando se rompa la maldición, Sasuke podrá tener el control absoluto del Sharingan y el daño a la vista se detendrá.
–Parece una maldición griega… ¡me encanta todo este misterio!
–Supongo que te parece fascinante porque no eres tú el que lo vive.
–Quizá. Porque si yo fuese un Ugalita, seguramente moriría de miedo al pensar que jamás sería feliz. –se terminó el té, admirando de reojo las pinturas que colgaban de la pared. –Hinata ¿Cuál es tu favorita? Aunque me cueste admitirlo, el tarado de Sasuke tiene muchísimo talento.
–Debo de admitir que Sasuke es algo a lo que llamarían "genio", igual que Itachi. Pero mi pintura favorita no está aquí. ¿Quieres verla? –se puso de pie y el rubio no tardó en imitarla. –Te la enseñaré, pero debe de ser rápido ¿de acuerdo?
El rubio asintió y siguió a Hinata fuera de la biblioteca, pasando por pequeños pasillos hasta llegar a unas escaleras ocultas tras un pesado mueble de madera oscura. Lady Aburame miró en todas direcciones para asegurarse que nadie los miraba y subió las escaleras seguida por Naruto. Atravesaron algunas habitaciones hasta que llegaron a la recámara de Hinata. Un vistazo más para asegurarse de que estaban completamente solos y entraron en la espaciosa alcoba. En una de las blancas paredes colgaba un retrato que dejó casi sin aliento al Namikaze.
–Definitivamente esta es mi pintura favorita. –dijo innecesariamente la mujer.
–Es… bellísima… sensual… –susurró Naruto, admirando el cuadro frente a él.
La pintura representaba una cama deshecha, con sábanas blancas desordenadas, como si un par de amantes acabasen de levantarse de ahí después de un apasionado encuentro. En medio de la cama, una única rosa roja resaltaba por su color. Un par de copas de vino sobre una pequeña mesita junto a la cama complementaban el cuadro. La sensualidad que expresaba con cada pincelada la pudo sentir sobre la piel. Su corazón se agitó y sus ojos se abrieron sorprendidos, intentando grabar a la perfección aquella pintura tan maravillosa. Con la punta de sus dedos delineó delicadamente el contorno de la rosa, sintiendo la rugosidad del óleo bajo sus dedos. Podía notarse a leguas que el pintor de esa obra de arte era un seductor innato, un hombre capaz de cautivar con la mirada, con una caricia…
–Es magnífico…
–Por eso es mi consentida. La dejé en mi habitación para poder admirarla todos los días, antes de dormirme y al despertar. Es como si…
–Como si de pronto te asaltaran unas inmensas ganas de haber sido tú quien utilizó esa cama. –completó Naruto.
Hinata no sabía cómo, pero el rubio había expresado a la perfección sus sentimientos. Adoraba esa pintura y la consideraba, por mucho, la mejor que había realizado su hermanastro. Con una tímida sonrisa se acercó más a su amigo, pero al notar una sombra detrás de la puerta se separó.
–Na-Naruto…
–Lo mejor será que me vaya. –exclamó de repente, al recordar el lugar en donde estaban. –No sería muy bien visto que me encontrara alguien en tu recámara.
Ella asintió, dándole la razón y lo llevó de vuelta por el mismo camino para mantenerse a salvo de las miradas indiscretas de las doncellas. Ambos volvieron a respirar con tranquilidad al llegar al recibidor. El día comenzaba a cederle paso a la noche y Naruto consideró que era mejor retirarse por el momento. Caminó junto a Hinata hasta la puerta principal.
–Hinata, de casualidad… ¿has visto a Itachi últimamente?
–La última vez que lo vi fue durante la fiesta. Creo que mi madre mencionó que se quedaría un par de días en casa de Sasuke.
–¡Ah!... ¿y cómo está Lady Mikoto?
–Ella está bien.
–¿Y Sasuke? ¿Cómo está su ojo? –preguntó con muy mal disimulado interés porque Hinata se dio cuenta que desde un principio había querido preguntar por el conde. Conteniendo una risita, contestó.
–Él está bien. Recuerda que el sangrado fue por culpa del Mangekyou, no por el golpe que le diste. Su ojo quedó un poco hinchado, pero nada que no pueda solucionarse con un trozo de carne. (*)
–Yo no estaba preocupado por él, para nada… pero si el muy bastardo te pregunta, yo jamás pregunté por él, ¿de acuerdo?
–De acuerdo, Naruto. –era más que claro que su amigo tenía nulos dotes actorales.
–Será mejor que me vaya, mañana debo levantarme temprano para comenzar con las reparaciones de un viejo edificio. –una idea cruzó de inmediato por su mente. –¿Te gustaría ir conmigo?
–¿A dónde?
–Está a las afueras de la ciudad. Hace un par de semanas compramos un viejo edificio para convertirlo en biblioteca, por instrucciones del rey. Mañana iré a echarle un vistazo para darme una idea general de lo que modificaremos. Tal vez te suene aburrido, pero…
–¡Claro que voy! –contestó de improviso. –Si es un edificio antiguo, seguramente tendrá muchos detalles arquitectónicos que podrías explicarme.
–Exactamente. Pensaba ir yo solo, pero siempre es mejor ir con una buena compañía que esté interesada en ese tipo de proyectos. –su rostro se iluminó con una hermosa sonrisa. –Entonces paso por ti mañana como a eso de las nueve ¿está bien?
Ella asintió, emocionada ante la perspectiva de pasar un día completo junto a Naruto. Después de despedirse, cerró la puerta y se apoyó contra ella. Su corazón palpitaba increíblemente rápido y podía jurar que un sonrojo adornaba sus pálidas mejillas. Ordenó a una de las doncellas que prepara un baño de agua fría y un té de naranja agria, sin azúcar. Esperaba que el castigo autoimpuesto del agua fría y el té agrio, pudiesen ayudarle a calmar sus recién descubiertas emociones. Sabía que enamorarse de Naruto, a la larga, la metería en graves problemas, sobre todo si su hermanastro terminaba casándose con el rubio.
No esperaba ese día, o al menos, no esperaba que llegara tan rápido. Todo era culpa del descabellado plan de su madre y del alboroto que habían realizado durante la fiesta de Lady Aburame. Se hallaba ahí, despierto a una hora inusualmente temprana para alguien como él, bajo la fresca brisa de otoño, esperando a que al maldito joven Namikaze se le diera su gana llegar al estúpido desayuno organizado por Lady Uchiha.
Observó sin mucho interés la mesa elegantemente decorada para su desayuno. El verde pasto se extendía más allá del horizonte, perdiéndose junto al azul de una pequeña laguna. El club de caballeros sería un lugar agradable para desayunar si no tuviera que pasar el día completo en compañía de la molestia rubia. Suspiró al escuchar los pasos suaves del que sería su acompañante por las siguientes ocho horas. El plan de Lady Mikoto consistía en fingir una cita con Namikaze para que nadie hablara mal después del beso robado frente a todos los invitados. Una vez concluida la cita, dejarían pasar unas semanas para que se esparciera el rumor de que Namikaze estaba siendo cortejado por el conde antes de "finalizar" su noviazgo por incompatibilidad de personalidad o alguna otra tontería que Mikoto se encargaría de difundir. Sasuke, en contra de su orgullo, había aceptado ya que eso significaba que solamente tendría que soportar una vez al rubio antes de que éste desapareciera de su vida para siempre.
–Buenos días, conde.
–Hola, usuratonkachi. –contestó, sin despegar su mirada del paisaje.
–¡Intento llevarme bien contigo, imbécil! –protestó de inmediato el rubio. –Yo estoy poniendo de mi parte para que las siguientes ocho horas no sean una tortura medieval, pero si tú no estás dispuesto a poner de tu parte, este día lo pasarás mucho peor que yo, puedo asegurártelo, teme.
–Es la primera vez que dices algo levemente razonable, dobe.
–Como sea. –gruñó el rubio, sentándose frente al conde y eligiendo con cuidado algunos de los pastelillos. –Si crees que esto es un castigo divino para ti, imagina lo que yo estoy sufriendo al saber que tengo que pasar el resto del día con un amargado e insufrible bastardo como tú.
–El castigo es para mí, porque tendré que aguantar tus estupideces. –contraatacó.
–Yo soy amable y simpático. Puedo ser buena persona si me tratas con respeto. En cambio tú eres un maldito bastardo hasta con el viento.
–El viento despeina mi perfecto cabello.
–Tu peinado de cacatúa, seguramente. –sonrió al notar el rostro de molestia del moreno. –Como sea, si intentas poner de tu parte, prometo no tratarte como el imbécil que eres, conde.
–Y si tú puedes fingir que eres un poco inteligente, no te trataré como el perdedor que realmente eres.
–Yo soy capaz de hacer eso, conde. –contestó con voz amable. –¿Es usted capaz de soportarlo, Lord Ujita?
–Uchiha. –corrigió, poniendo los ojos en blanco y concentrándose en su café. –¿Eres capaz de aprenderte mi apellido?
–No lo sé, es un poco complicado. Después de todo, mi cerebro no almacena datos inútiles.
–¡Dijiste que intentarías llevarte bien conmigo, pedazo de perdedor!
–Sí, pero no dije a partir de cuándo. –se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. –Al menos quería desquitar un poco mi enojo antes de comenzar a fingir que me simpatizas.
–¡Pues es a partir de ahora, dobe!
–De acuerdo, conde.
El desayuno transcurrió con relativa calma, interrumpido sólo por algunos comentarios intrascendentales y acompañados por el sonido de pájaros cercanos. La comida no estaba nada mal, debía de admitirlo Sasuke, pero tal vez un poco de brandy en… ¡no! Le había prometido a Itachi que se mantendría sobrio durante ese día, y el conde Uchiha nunca rompía una promesa, aunque hubiese sido sacada a la fuerza. Mientras observaba al rubio desayunar, recordó la charla que habían tenido después de la fiesta.
–Buenas noches, hermano.
Sasuke jamás admitiría que el saludo en la oscuridad de la noche lo había sobresaltado. Reconocía esa voz, por lo cual no le preocupaba que su hermano lo estuviese esperando en la sala, es más, lo intuía al verlo esa misma noche en la mansión de los Aburame. A pesar de la poca disposición que tenía en esos momentos, lo mejor era escuchar a Itachi para que éste tuviera menos razones por las cuales quedarse en su casa.
–Realmente nos has dado una sorpresa al verte aparecer en la fiesta de Hinata.
–Ha sido sólo una coincidencia el haber llegado el mismo día de la cena. –un acceso de tos lo hizo detenerse un par de segundos. –Me enteré de la fiesta al ver todos los carruajes en la entrada.
–¿Y entonces a qué debemos tu honorable visita? –preguntó con sarcasmo.
–Escuché el rumor de que te has comprometido con cierto doncel. –explicó, logrando capturar toda la atención de su hermano menor. –Quería confirmarlo por mí mismo. Supongo que es cierto, después de ser testigo de la manera en cómo lo besaste durante el baile.
–Solamente es un rumor, Itachi. Yo no tengo ninguna intención de casarme con él, aunque mi madre así lo prefiera.
–Es una verdadera lástima. Es un doncel muy atractivo. –señaló Itachi, mientras observaba en la oscuridad a su hermano sentarse frente a él. –Mi principal objetivo era informarme sobre tu vida amorosa, pero creo que ha cambiado. Naruto Namikaze me dijo lo del Mangekyou Sharingan y tú mismo lo confirmaste al aceptar que el joven te salvó de los ladrones.
–¡Ese dobe no me salvó…! –una punzada en el ojo recién golpeado lo hizo refrenarse. –Puedo defenderme perfectamente.
–Lo que digas. –comentó, para volver al principal objetivo del tema. –El punto es que has despertado los malditos ojos rojos, lo cual significa que no te queda mucho tiempo antes de quedarte ciego.
–¿De qué estás hablando? –con cuidado, palpó el párpado superior para asegurarse de que no estuviera sangrando. –Todo ese estúpido misterio del Sharingan y familias malditas me está colmando los nervios.
–El Sharingan es la marca de la maldición. Tus ojos sangrarán y no podrás controlarlo. Te darán increíbles ventajas en el campo de batalla, pero el costo es un poco de luz cada vez que sea activado. El Mangekyou Sharingan te llevará a la oscuridad absoluta.
–Eso es una estupidez. –replicó molesto. –Sólo fue un golpe que el inútil de Naruto me dio.
–¿Acaso no pudiste anticiparte a sus movimientos? Piénsalo un poco, Sasuke. –el menor de los Uchiha no rebatió lo dicho por Itachi al recordar ese momento en el que definitivamente pensó que estaba dentro de una alucinación. –El Sharingan es una herramienta muy útil en la batalla, se ha transmitido de generación en generación, pero con la paz en la que vivimos actualmente, es más una molestia que un beneficio. Fue gracias al Mangekyou Sharingan que nuestro antepasado, Madara Uchiha, pudo derrotar a Hashirama.
–No… ¡todo esto es muy confuso! A mí no me importan esas maldiciones y el Sharingan o lo que sea… ¿por qué no puedo llevar una vida normal? Todo era perfecto hasta que el imbécil de Naruto se metió en mi vida. Ahora aparecen viejas maldiciones que amenazan con volverme ciego. Pues déjame decirte que no te creo ni una puta mierda, Itachi.
–¿Por qué no…?
–¡Porque es una estupidez! Mis ojos sangraron por el maldito golpe y si el dobe dijo haber visto unos ojos rojos, tal vez era porque estaba muy borracho esa noche. Ahí está la explicación a tu estúpido cuento infantil.
Itachi suspiró. Sabía que la conversación con su hermano no iba a ser nada fácil, considerando el escéptico carácter de Sasuke. Si el conde Uchiha quería pruebas, se las iba a dar.
–Ahora que has despertado el Mangekyou, las pesadillas se volverán peores. No podrás dormir ni una sola noche en paz, Sasuke.
–¿De qué diablos…? –clavó sorprendido sus ojos en las rojas pupilas de su hermano. Él jamás le había contado a nadie sobre las recurrentes pesadillas que solían asaltar su sueño y que le impedían descansar apropiadamente. Entonces, ¿cómo era posible que Itachi supiera ese secreto? Itachi sonrió ante la mirada de confusión de su hermano y explicó.
–No es solamente tu secreto, Sasuke. Lo sé porque yo también las soñaba. Sentir la impotencia de no poder hacer nada cada noche, el miedo de ser sofocado por el sin fin de sentimientos que provocan, la desesperación por querer abandonar esa vorágine de recuerdos. ¿Crees que no lo sé, hermano?
Muy a su pesar, Sasuke debía reconocer que Itachi tenía razón. Él había descrito sus sentimientos de una forma tan objetiva, que era completamente creíble que él también había vivido esas pesadillas que parecían ser tan reales. Derrotado, escuchó lo que su hermano tenía que decirle.
–La maldición te corroerá día a día, te desgastará, te enloquecerá… a menos que puedas romperla.
–Sólo tú pudiste romperla porque eres un maldito genio, Itachi. Yo no soy como tú…
–Y no tienes por qué serlo. –contestó de inmediato. –Piensa con el corazón, no con la cabeza.
–Es más fácil decirlo…
–Buscas una vía de escape y por eso te emborrachas, recurres al opio y te follas a cuanta mujer logras seducir. Sí, tal vez eso te ayude, reconozco que yo también lo hice en alguna ocasión. Pero es sólo un alivio momentáneo. Cuando pasa su efecto, te sientes más miserable que nunca. Un millón de agujas perforan tu cabeza, tu estómago permanece revuelto y la realidad es aún peor de lo que la recordabas. ¿Me equivoco, Sasuke?
–¿Alguna vez te has equivocado en algo, Itachi?
El mayor sonrió con superioridad, gesto distintivo de los miembros de la familia Uchiha.
–¿Y cuál es el secreto? –preguntó cuando el silencio entre los dos se volvió pesado. –¿Cómo demonios se rompe esta maldición?
–No sería correcto si te lo dijera. –bostezó. El viaje había sido largo y su salud no tardaría en deteriorarse si continuaba abusando de ella. –Pero te daré una pista: la próxima vez que tengas esa pesadilla, recuérdala con detalle y analiza cada pequeña cosa. Y algo más… todo se ve diferente mientras estás sobrio.
Refunfuñando, aceptó que su hermano tenía razón. ¿Le preocupaba el quedarse ciego? Tal vez no tanto como Itachi suponía. ¿Ser infeliz el resto de su miserable y patética vida? Bueno, sin lugar a dudas no es lo que hubiese deseado, pero no podía quejarse. La felicidad definitivamente no era para ningún conde Uchiha.
–¿Conde Uchiha? ¿Se siente bien? –Naruto agitó su mano frente al pelinegro al ver que su mirada estaba perdida en un punto imaginario. –¿Lord Uchiha?
–Al fin aprendiste mi apellido, pensé que un pedazo de inútil como tú jamás lo lograría. –dijo al salir de sus pensamientos.
–¡Eres un maldito presumido…! –apretó los puños e hizo un puchero con los labios al recordar su promesa de tratar de llevarse bien con el moreno. –Olvídalo…
A Sasuke le costó mucho trabajo no sonreír ante la carita tierna de Naruto. Por supuesto que el rubio era una persona fuerte, de armas tomar, pero no podía negar que a pesar de toda esa rudeza y mal carácter, en el fondo se encontraba un chiquillo simpático y tierno. Al reconocer el rumbo de sus pensamientos se abofeteó mentalmente y terminó de un trago su ya frío café.
–¿Y qué puede contarme de usted, Lord Uchiha? –preguntó el rubio, tratando de hacerle conversación al conde. Si de algo estaba seguro era de que odiaba el silencio, sobre todo mientras comía.
–Nací y crecí en el palacio de Konoha. Me mudé a la ciudad a los quince años. Heredé el título de conde a los veinte. ¿Le apetece otra taza de café?
–No, gracias. El café me pone nervioso. –contestó rápidamente. En esos momentos no sabía qué odiaba más: si el silencio o la estúpida conversación con fingida amabilidad por parte de ambos bandos. Se sentiría mucho más cómodo en una discusión con insultos que en ese intento de plática.
–¿Y su madrastra? No la he visto.
–Ella no se siente muy bien. El cambio de ambiente no le ha favorecido.
–Entiendo… –también para el conde era extremadamente difícil mantener la compostura, en especial cuando lo único que quería hacer era gritarle un par de cosas y regresar a la comodidad de su mansión.
–¿Cómo es el palacio de Konoha? –preguntó el rubio, lleno de curiosidad. –¿Cuál estilo es el que predomina en las habitaciones? Lady Mikoto ha tenido la bondad de enseñarme los planos de su palacio y he quedado profundamente admirado. He pasado horas intentando imaginar el palacio en el que vivió los últimos días de su vida Lord Hashirama Senju. Mi padre dice que somos descendientes de los Senju, aunque hemos perdido el apellido a través del tiempo. ¿Aún queda con vida algún descendiente legítimo?
–Hablas demasiado rápido, dobe. –interrumpió sin pensar. –Es sólo un montón de piedra dorada con forma de castillo, sin ningún atributo especial. Se encuentra rodeado por extensos jardines descuidados y en el área norte encontrarás acantilados y paisajes rocosos. Las demás áreas son campos de cultivo. ¿Nos vamos?
Naruto asintió, decepcionado por la vaga descripción dada por el conde. Se puso de pie y siguió al pelinegro varios metros hasta la pequeña laguna que complementaba el horizonte. A un lado del agua, un par de sillas y una mesa a la sombra de un gran árbol descansaban sobre el verde y fresco jardín. El rubio pensó que sería un excelente lugar para una guerra de lodo junto a su hermana Ino, pero también sabía que el conde preferiría correr desnudo por toda la ciudad antes que jugar con él. Se dejó caer sobre una silla y observó a Sasuke tomar uno de los libros que había sobre la mesita.
–¿Y qué vamos a hacer ahora, conde?
–Lo dirás por ti, porque yo pienso leer. –levantó un poco su libro para que Naruto lo viera. –No sé qué harás tú.
–Hay una barca en la orilla del lago. –señaló el rubio. –Vamos a dar un paseo.
–Ni hablar. –contestó con voz firme y se dedicó a leer el libro.
Naruto gruñó frustrado y se cruzó de brazos. Las siguientes siete horas serían muy aburridas si solamente se dedicaba a observar al pelinegro leer. Una doncella se acercó de entre las sombras para depositar una bandeja con bebidas refrescantes en la mesa y el rubio aprovechó para pedirle algo. En poco tiempo la mujer llegó con el pedido de Naruto y él se lo agradeció con una sonrisa.
Suspiró y cogió uno de los pedazos de papel junto a un delgado carboncillo para comenzar a trabajar. Cerró los ojos e imaginó aquel cuadro pintado por Sasuke que tanto le había gustado. Sería imposible imitarlo, así que decidió empezar a dibujar algo más sencillo. Inquieto, buscó con la mirada algo que pudiese servirle de inspiración y lo encontró en medio del lago. Una parvada de cisnes navegaban en las frescas aguas y el rubio decidió que comenzaría a dibujar uno de ellos.
Le sorprendió que, después de un tiempo considerable, Naruto no estuviese revoloteando por ahí provocándole una migraña con sus pláticas insulsas. Utilizó la excusa de buscar una bebida para echar un vistazo a lo que sucedía. Se asombró al encontrarse con el rubio extremadamente concentrado, con el ceño fruncido y la punta de la lengua asomando entre sus apretados labios. Con el mayor sigilo posible, rodeó el cuerpo de Naruto para enterarse de lo que hacía, mirando sobre su hombro.
Naruto estaba tan concentrado en su dibujo que el tiempo pasó volando. El cuerpo del cisne que dibujaba era medianamente aceptable, y mucho más para una persona con tan poco talento como él. El problema radicaba en la cara del cisne. Por más que quisiera dibujarla, siempre había algo que salía mal. Definitivamente no parecía natural. Suspiró, envidiando secretamente el talento del conde.
–¿Qué intentas hacer, dobe?
–¡Con un carajo…! –gritó sobresaltado Naruto. No se esperaba escuchar la voz de Sasuke tan cerca de su oído, con el caliente aliento susurrándole sobre la piel. –¡Casi me matas de un maldito susto!
El pelinegro torció los labios en una expresión burlona antes de decir:
–No me atrevía a sacarte de tu estado de concentración total. –señaló el dibujo. –¿Qué intentas dibujar?
El rubio se sonrojó al instante e inmediatamente colocó el boceto lejos de la mirada azabache. Lo último que quería era que el conde se burlara de sus patéticos intentos por dibujar. Demasiado tarde, se dio cuenta que su preciada hoja se hallaba en manos del moreno.
–¡Devuélveme eso, teme!
–Parece que el pato nadó en aceite. –observó con ojo crítico el boceto. –sus plumas parecen apelmazadas y no tienen esa característica esponjosa y suave. El cuerpo del pato… ¿qué te puedo decir? Está tan gordo que nunca podrá volar. Los patos suelen tener líneas finas y delicadas, pero lo suficientemente fuertes para resaltar.
–¡Ya cállate y dame eso, teme! –se puso de pie, listo para golpear al conde si la situación lo requería. –Además no es un pato, es un cisne.
–El cuello es demasiado corto y robusto, parece un pato. –dijo con burla.
–¡Lo que sucede es que no recuerdo muy bien cómo son los cisnes! –excusó, arrebatándole el dibujo al pelinegro. –Ya que estamos en una "cita" deberías llevarme al centro del lago a ver los cisnes.
–Olvídalo. –murmuró, volviendo a su lugar para retomar la lectura. –De cualquier manera, tienes nulo talento artístico.
–¿Te han dicho lo malditamente amargado y prepotente que eres?
–Con más frecuencia de la que imaginas. –contestó automáticamente, sin separar los ojos de su libro. –Casi lo considero un cumplido.
–Pues no deberías considerarlo un cumplido… idiota. –susurró. Gracias al conde su inspiración para dibujar había desaparecido. Aún así, tomó sus cosas y con pasos decididos se dirigió hacia una de las tres pequeñas canoas que estaban en la orilla del lago. Si el tonto de Sasuke no quería llevarlo, él iría solo. Antes de irse, tomó la mitad de las galletas que había sobre la mesa y las guardó en sus bolsillos.
Al principio, le resultó difícil maniobrar con los dos remos y dirigir la canoa él solo, pero con un poco de práctica se acostumbró. Un par de minutos después se hallaba en medio del agua, pero los cisnes al observarlo acercarse e interrumpir la paz que gozaban, se alejaron. Las aves cambiaron de opinión respecto a alejarse al darse cuenta que el rubio arrojaba pedazos de comida. En poco tiempo, Naruto recobró la inspiración perdida. Con varios cisnes tan cerca de él, era imposible no darse cuenta en qué había fallado su dibujo.
–Hey, dobe… tal vez no debía decirte… ¿usuratonkachi? –su intento de disculpa se vio frustrado al no estar el ofendido. Se quedó sorprendido al notar al rubio en medio del lago, rodeado por cisnes y concentrado en su dibujo. Con esfuerzo, reprimió una sonrisa. Aquel rubio se salía con la suya sí o sí. Justo como el propio Sasuke.
Tal vez se quedó observándolo mucho tiempo, pero el tiempo era algo que se iba demasiado rápido cuando estaba junto al ruidoso rubio, lo había notado desde la fatídica cena en casa de Hinata y no le agradaba el rumbo que sus pensamientos habían comenzado a tomar desde entonces. Un gruñido de su estómago le reclamó por algo de comida así que se puso de pie para llamar al rubio.
–¡Dobe! Es hora de comer. –exclamó, acercándose a la orilla.
El rubio se distrajo al escuchar al conde llamarlo por su sobrenombre no tan cariñoso. Sonrió y levantó la mano, en señal de que había recibido el mensaje. Le echó un último vistazo a su dibujo. Quizá no era una obra de arte como las que solía hacer el pelinegro, pero esta vez su boceto no estaba del todo mal, al menos serviría para mantener callado al engreído moreno. Se puso de pie sobre el inestable suelo de la canoa para estirar un poco los músculos adormecidos de las piernas por permanecer tanto tiempo inclinado. Lo último que imaginó fue que el brusco movimiento le haría perder el poco equilibrio y caer directamente al agua helada.
El súbito revoloteo de los cisnes llamó la atención del moreno. Giró sobre sus talones para encontrarse con el lago vacío, la canoa volcada y a su rubio acompañante manoteando en el agua. Cuando notó que la rubia cabellera se sumergía más tiempo del necesario en el agua no se detuvo a pensarlo dos veces y, arrojando la larga chaqueta oscura, se lanzó a salvar al joven Namikaze.
–No otra vez… –susurraba mientras nadaba lo más rápido que podía hacia el rubio. –No, por favor… déjenme ayudarle…
–¡Sasuke…! ¡No vhmnhgf! –escupió el agua que se había tragado. –¡No necfythm… ayuda… mghhgff!
–¡Dobe! –sólo dos metros y conseguiría llegar hasta su lado.
–¡Sasujhmf…! –reunió el suficiente aire para no quejarse por el dolor que le provocaría ponerse de pie. –¿Se puede saber qué haces? Te dije que no vinieras, teme.
El moreno se quedó estupefacto al ver al rubio frente a él, perfectamente bien y con el agua hasta mitad del pecho.
–Deja de hacer el tonto y ponte de pie, conde. –dudando un poco, estiró la mano para ayudar al moreno a ponerse de pie. Sasuke continuaba mirando al rubio con una mezcla de extrañeza y preocupación, que pronto cambiaría a una de rabia al darse cuenta de la tontería que había hecho.
–Si quieres conservar tu cabeza unida a tu cuerpo, será mejor que comiences a ahogarte en este mismo instante, dobe. –susurró, cerrando los ojos y los puños para evitar que estos fueran a dar directamente al rostro de Naruto.
–¿Por qué tendría que hacerlo? –se encogió de hombros, retirando la mano que tan gentilmente le había ofrecido al conde para ayudarle a levantarse. –No te pedí ayuda. Además, ¿quién podría ahogarse en una profundidad de poco más de un metro?
–¡Imbécil! ¿Entonces por qué manoteabas y pedías ayuda, soberano tonto? –reclamó, poniéndose de pie inmediatamente y enfrentando al rubio.
–¡Te decía que estaba bien y que no era necesario que te lanzaras como un príncipe valiente a rescatarme, bastardo! Sólo tenía un calambre, pero tú te arrojaste sin pensarlo dos veces.
–Mi cuerpo se movió solo. –contestó rápidamente, dándose la vuelta para regresar a la orilla. –De verdad parecía que estabas ahogándote.
–Bueno… lo lamento ¿de acuerdo? –murmuró entre dientes, siguiendo al conde. –No pensé que fueras a… salvarme o lo que sea que intentabas hacer. Pero… gracias, supongo.
–Da igual, dobe. Por tu culpa estamos completamente empapados.
–Sí, sí… como sea. –le restó importancia al asunto. –¿Por qué corriste de esa manera? Es decir, se supone que eres un maldito genio. Cualquiera con dos dedos de frente se habría dado cuenta que yo estaba bien.
Sasuke prefirió guardarse sus comentarios acerca de lo increíblemente impotente que se sentía al ver a alguien luchando por su vida en el agua. Los recuerdos de una pesadilla pasada solían atormentarlo en ocasiones como esa y, Naruto, definitivamente no era la excepción. Detuvo su caminata de pronto, cerró sus ojos y se masajeó el puente de la nariz, esperando que el nudo en el estómago pasara lo más pronto posible. Un golpecito en su espalda lo sacó de sus pensamientos.
–Perdón, te detuviste repentinamente. –dijo el rubio, dándole alcance. –¿Estás bien?
–Sí, usuratonkachi. –contestó sin abrir los ojos.
–¡Teme, estás sangrando! –exclamó el rubio al ver una lágrima carmesí bajando de cada uno de los ojos del moreno. –¡Es el Mangekyou!
Cortó un trozo de tela de su chaqueta para limpiar con cuidado la sangre del rostro del conde y tomó una de las pálidas manos para sacarlo del agua y guiarlo hasta una silla cercana.
–Dobe, no estoy ciego.
–Lo sé. –dijo mientras se arrodillaba entre las piernas del moreno para continuar limpiando cualquier rastro de sangre. –Pero pensé que sería mejor atenderte aquí que en medio del agua.
–¿Sabes que nada puede detener el sangrado?
–Algo así. –se revolvió inquieto en su lugar. –Pero no quiero que tu ropa se manche. Bastante me va a costar quitarles el lodo del lago.
–¿Piensas lavar mi ropa, dobe? –preguntó con burla. –Pareces toda una esposa tratando de complacer a su hombre.
–¡Cállate, teme! Quería tratar de agradecerte por haber intentado salvarme, pero veo que es un error. –se puso de pie, dándole la espalda a Sasuke y sirvió algo de limonada en un vaso. –Toma, quizá algo fresco ayude a detener el sangrado.
Agradeció en silencio la refrescante bebida al mismo tiempo que parpadeaba repetidas veces, tratando de acostumbrarse al efecto que producía el Sharingan en su vista. Aún le parecía sorprendente la manera en que esos ojos rojos podían anticiparse a los movimientos de cualquier persona.
–Lord conde bastardo. –Naruto se encontraba de espaldas a él, quitándose la empapada chaqueta y los zapatos. –Intenté dibujar un cisne, pero… bueno, lo cierto es que quería tu opinión, pero el dibujo se ha estropeado con el agua.
Sasuke tuvo que contener un suspiro al notar que la blanca camisa que el rubio vestía se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Los pantalones, también mojados, dejaban expuesto un redondo trasero, más tarde, de alguna manera, se encargaría de confirmar su firmeza. Y no podía negar que el rubio era atractivo, con su cabello rubio un poco largo, rozándole el cuello y esos ojazos azules. Despertó de su ensoñación al tomar la muy mojada hoja que Naruto le ofrecía.
–De acuerdo, no eres Da Vinci, pero al menos no es igual que la porquería que dibujaste antes.
Naruto contuvo sus ganas de golpearlo, pero conociendo al arrogante conde, eso era lo más próximo a un cumplido. Sonrió felizmente y le arrebató de nuevo su dibujo. El agua se había encargado de borrar la mayor parte de los detalles, pero al menos el boceto original aún podía distinguirse.
–Si tan mal crees que dibujo, enséñame, conde.
–No suelo luchar por causas perdidas. –contestó. –Además, ¿qué te hace creer que puedo dibujar mejor que tú?
–Es… –se mordió la lengua para evitar decir que había visto sus pinturas en la casa de Hinata. –Cuando criticaste mi primer dibujo, te escuchabas como todo un experto. ¿Un genio como tú es incapaz de dibujar?
–El arte no es uno de mis talentos.
–¿De verdad?
–No sé el porqué de tu insistencia, dobe. –lo examinó con ojos entrecerrados. –¿Me quieres decir algo?
–Para nada, conde bastardo. –cruzó los brazos. Un soplo de viento agitó sus cabellos y le recordó lo mojada que estaba su ropa.
–Vámonos. –Naruto atrapó al vuelo la chaqueta seca que el conde le ofrecía. –Por hoy es todo.
–Pero Lady Mikoto… –intentó protestar.
–Yo le explicaré que nuestra supuesta cita tuvo que concluir antes.
–¿Y el Sharingan? –tomó a Sasuke del brazo, haciéndolo detener su camino hacia el edificio del club.
–Estaré bien.
–La gente se dará cuenta y no creo que quieras comenzar un escándalo. –dijo sabiamente Naruto. –Me quedaré contigo hasta que tus ojos vuelvan a ser negros.
No tenía más remedio que aceptar las palabras y la compañía del rubio. Armándose de paciencia, volvió de nuevo a su silla.
–¿Qué haces, dobe?
–Sólo miro…
–¿Qué?
–Tus ojos, es decir, el Mangekyou. Tiene un color lindo. –le regaló una de sus radiantes sonrisas. –¿Qué se siente poder anticipar los movimientos de tu oponente? ¿Puedes adivinar lo que voy a decir?
–No sirven para leer la mente, usuratonkachi. Y nunca los he utilizado en una batalla real.
–Yo quisiera tener esos ojos. –suspiró.
–¿Y qué precio estarías dispuesto a pagar? ¿La oscuridad eterna o la infelicidad en tu vida terrenal?
Naruto se rascó la cabeza y desvió la mirada. No debería de hablar de ese tema con Sasuke, pero su curiosidad por ver esos ojos rojos pudo más.
–¿Puedes dejar de observarme, dobe? Es incómodo.
–No. Me gustan esos ojos rojos.
–Itachi está viviendo en mi mansión. Se irá mañana. Si lo quieres, puedes pedirle a él que te deje ver sus ojos. De cualquier manera, él es mucho más atractivo que yo. –finalizó, ladeando el rostro para evitar la mirada inquisidora de Naruto.
–Me estoy fijando en tus ojos, no en tu rostro. –contestó. –¿Acaso estás celoso, teme?
–¿De ti? Jamás.
–Pues eso parece.
–Sigue soñando, pedazo de inútil
Naruto río. –¿Sabes algo? Me he pasado mejor el tiempo insultándote que siendo amable contigo.
–Es porque eres raro, dobe.
–Lo dice el conde más raro de la ciudad. –reviró los ojos.
–Usuratonkachi…
El rubio no tuvo tiempo de replicar porque su barbilla fue atrapada por una de las manos de Sasuke mientras la otra viajó a su nuca para acercarlo al atractivo rostro del moreno. Él mismo no tardó en pasar sus brazos por detrás del cuello del conde para profundizar el beso. Ante la demandante lengua de Sasuke, no dudó en abrir su boca, dejándole el paso libre a sus lenguas.
–Ejem… ¿puedo ofrecerles algo de comer, conde Uchiha? ¿Joven Namikaze?
El rubio se separó de Sasuke como impulsado por un resorte. Con sus manos intentó limpiarse de los labios la dulce esencia del conde.
–¿Y ahora por qué…?
–La sirvienta se acercaba. Si nos ve besándonos, podrá difundir el chisme por toda la ciudad y hará más creíble nuestra actuación.
–¡Eres un maldito bastardo, Sasuke!
El moreno sonrió ladinamente mientras observaba al rubio jurar amenazas de muerte y patalear el suelo como un niño chiquito al que recién le quitan su juguete favorito. Definitivamente debía de hacer alguna ofrenda a los dioses que le permitieron crear rápidamente la excusa del beso y, sobre todo, agradecerles la idiotez del rubio para creer semejante excusa estúpida.
Continuará…
¡Hola a todas y todos!
Como siempre, ¡lamento la tardanza! Me costó mucho trabajo imaginar la escena del lago y explicar un poquito la maldición. Aún hay más secretos por revelar… uno de ellos corresponde a las pesadillas de Sasuke. Y nuestra "queridísima" Karin volverá a hacer su aparición. En el capítulo pasado, Sasuke intentó poner celosito a nuestro rubio consentido, así que en el próximo será el turno del pelinegro de rabiar de celos muajajajajajajaja.
Aclaraciones del capítulo:
(*) Uno de los remedios populares para bajar la inflamación después de recibir un fuerte golpe es colocar un trozo de bistec o carne sobre el área lastimada… no sé qué tan efectivo sea, pero he escuchado a mis abuelas decirlo y también lo encontré en varias páginas web como remedio casero. Supongo que funciona cuando el filete está frío, en un proceso similar al del hielo.
AGRADEZCO MUCHÍSIMO SUS REVIEWS! Mil gracias a:
DarkPotterMalfoy - shirly queen - kaoryciel94 - Moon-9215 - Luna - AoiSakura6 - camiSXN - TinkOfAli - Sayukira - Dakota Boticcelli - NelIra - misue.d - Zahia-vlc
También les agradezco a todos los que siguen esta historia de manera anónima o la han marcado como su favorita, se han suscrito o me han incluido en su lista de autores favoritos. ¡Muchas gracias!
No me queda más que desearles un excelente fin de semana y espero leernos próximamente.
¡Cuídense mucho y les mando un abrazote!
Kerky
Número de palabras: 10.493 (sin notas de autor)
