Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!
Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¡Por favor! ¡Pon algo de NaruSasuNaru en el manga! Estaremos eternamente agradecidos)
Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.
Holy Curse!
Capítulo IV: Viejas heridas
No sabía exactamente por qué sus pies lo habían conducido hasta ese lugar, pero después de ser visto por una docena de sirvientes, darse la vuelta y huir como perro con la cola entre las patas no estaba dentro de la lista de opciones del conde Sasuke Uchiha.
Con pasos decididos, recorrió el extenso jardín que separaba la entrada principal de la mansión. Aquella residencia desbordaba lujo y dinero por donde quiera que mirase. El verde pasto casi parecía irreal en una ciudad como esa. Una fuente de mármol blanco en medio del pequeño oasis verde refrescó la vista. La lluvia de la noche anterior había dejado tras de sí un día húmedo y sofocado, precisamente el tipo de clima que Sasuke aborrecía, porque lo hacía sentirse pegajoso y abochornado.
No necesitó tocar la enorme puerta blanca para anunciar su llegada. Los sirvientes de la mansión corrieron a su alrededor como hormigas, preparando el salón principal para recibir a su reciente invitado. Siguió a una de las criadas hacia la habitación donde segundos después sería recibido cordialmente por Minato Namikaze.
–Es un gran honor tenerlo con nosotros, conde Uchiha. –saludó con respeto el mayor. –Pero no puedo decir que su visita no me sorprende. Lo cierto es que no esperábamos verlo por aquí después del… incidente ocurrido con mi hijo.
–Es por ello que me he permitido venir aquí, sin avisarle primero. Espero que me disculpe por las molestias que ha generado mi repentina visita. –respondió Sasuke, sin despegar la vista del rubio. Podía darse cuenta que la mirada azul no sentía precisamente aprecio por él, pero poco le importaba. A quien debía de impresionar sin lugar a dudas, era a Naruto. Y cuando el menor estuviese perdidamente enamorado, lo botaría y se cobraría la humillación pasada. Por un momento casi había olvidado su plan, sobre todo cuando tuvo a un rubio mojado y apetecible frente a él, pero unos días de soledad le habían recordado su plan original, esa era la verdadera razón por la cual estaba allí.
–¿Viene a ver a Naruto? –sus cejas se alzaron en sorpresa al reconocer lo que el conde ocultaba tan celosamente detrás de su espalda. –¿Es por eso que usted trajo…?
–¡Flores! –la chillante voz de Naruto interrumpió desde lo alto de la escalera. –¿Me trajiste flores, teme? –bajó las escaleras a una velocidad mayor de la de un humano promedio.
Sasuke dejó de esconder el precioso ramo de flores y se dedicó a observar a su rubia víctima, poniendo una de sus fingidas sonrisas de seductor, de aquellas que provocaban que las mujeres se enamoraran, perdieran la razón y abrieran las piernas. En un parpadeo, Naruto se hallaba frente a él, alternando su azulina mirada entre el ramo y el rostro del conde.
–No puedo creerlo… ¿de verdad me trajiste flores, bastardo?
Sin ninguna delicadeza, Naruto tomó el ramillete de entre las blancas manos, observando los girasoles, margaritas y azucenas que componían el silvestre arreglo. Se veían tan frescas, que podía imaginarse a Sasuke despertándose temprano para ir a cortarlas al campo, pero desechó ese pensamiento al instante, recordando que la familia Uchiha tenía decenas de sirvientes a su disposición. Seguramente una de esas doncellas había sido instruida por las órdenes de su amo para formar el maravilloso ramo que ahora paseaba tembloroso entre las manos del heredero de los Namikaze.
–Un pequeño detalle. –afiló sus ojos, también sabía que esa mirada de seductor nato funcionaba de las mil maravillas. –Para una persona tan…
–¡Maldito teme! ¿Cómo te atreviste a traerme flores? –Sasuke miró estupefacto cómo el ramo aterrizaba justo a sus pies y, segundos después, era pisoteado por el pie de un furioso Naruto. – ¡Ya te vas enterando que no soy una condenada chica! ¡No necesito ridículas y apestosas flores, estúpido bastardo!
Sasuke no salió de su estupefacción rápidamente puesto que el rubio había tomado una de sus manos en un impulso, dirigiéndola justo a su plano pecho. El conde casi podría jurar que sentía la caliente piel y el agitado corazón de Naruto latiendo bajo la palma de su mano. Reprimió un jadeo y trató de pensar en algo desagradable para que su entrepierna no amenazara con delatarlo, pero sus mejillas sutilmente sonrojadas hablaron por él.
El menor de los rubios mantuvo la mano del conde fuertemente apretada contra su pecho. El tacto de Sasuke era cálido y un ligero cosquilleo en su vientre comenzaba a producirle náuseas. Movió la mano del azabache por todo su pecho, pasando sobre los ligeramente marcados pectorales y dejándola justo sobre su corazón.
–¿Sientes algo abultadito y suave, teme? ¡Por supuesto que no! ¿Y sabes por qué? ¡Porque no tengo tetas! ¡No soy una maldita chica! Pero si mi Lord quiere asegurarse… –añadió Naruto en tono seductor.
–¡Naruto! –exclamó Minato al ver que su único hijo varón llevaba la aún apresada mano del conde directo a su entrepierna. Afortunadamente el moreno logró salir de su ensoñación justo a tiempo para oponer resistencia y soltarse del agarre.
–¡No seas imbécil, dobe!
–¡También tengo algo que cuelga de entre mis piernas, justo como tú! –reclamó Naruto, cruzándose de brazos y dándole inmediatamente la espalda a Sasuke. –Y si quieres comprobarlo, ya vas subiéndote a mi habitación.
–¿Pero qué…? –titubeó por un segundo el azabache, asombrado ante las palabras del rubio.
–¡Cuando no puedas sentarte por un mes después de metértela toda la noche, comprenderás lo femenina que puedo ser, bastardo!
–¡Namikaze! Juro que ahora te arrepentirás de tus palabras, grandísimo perdedor.
–¡La próxima vez que vengas a mi casa y pienses regalarme algo, considera el chocolate alemán como una buena opción! –con grandes zancadas, Naruto volvió a las escaleras, dirigiéndose directamente a su habitación. Al asegurarse que nadie lo miraba, esbozó una enorme sonrisa sobre el hombro. Le encantaba pelearse con el orgulloso conde.
–Yo… lamento mucho lo que mi hijo… –dijo Minato, intentando excusar la actitud reciente de su hijo.
–Ese maldito imbécil bastardo me las pagará. –murmuró en voz baja, interrumpiendo el discurso del anfitrión. –¡Te vas enterando dobe, que con el conde Sasuke Uchiha no se juega! –amenazó, antes de salir de esa maldita mansión y comenzar a reformular de nueva cuenta sus planes.
–¿Quién era? –preguntó Shizune, asomando su cabellera negra en el salón. El portazo dado por el Uchiha al salir de la mansión, retumbó por todas las paredes. –Parecía molesto.
–El conde Sasuke Uchiha. –suspiró Minato. –Es una persona difícil de tratar.
–Y qué lo digas. –coincidió ella. –¿Dónde está Naruto?
–Fue a su habitación. Por cierto, ¿qué planes hay para esta semana?
Sonriendo, Shizune enredó uno de sus brazos en el de su marido y juntos se dirigieron hacia la biblioteca mientras ella le contaba de sus planes para ir a la ópera el fin de semana.
–Las cosas están saliendo excelentemente bien, Hinata. –comentó Lady Mikoto mientras paseaba nerviosamente alrededor de la biblioteca de la mansión Aburame. –Es sólo cuestión de tiempo para que ese doncel acepte a Sasuke. Y si jugamos nuestras cartas bien… –la voz de Mikoto se convirtió en un susurro que Hinata no pudo escuchar.
La menor de ambas mujeres, dejó de prestar atención a las incomprensibles palabras de su madrastra y se dedicó a continuar con su bordado. Dentro de poco tiempo una de sus amigas de la infancia le diría adiós a su enorme barriga y saludaría al nuevo bebé. Inconscientemente llevó una mano a su vientre, preguntándose cuándo sería ella la siguiente en embarazarse. Kurenai, una de sus tutoras, ya tenía tres hijos, Temari dos y TenTen era la primeriza. Sabía que en poco tiempo, Shino, así como Mikoto y la sociedad, comenzarían a reclamarle un heredero, pero ella no sentía el instinto maternal corriendo por sus venas. Al contrario que la mayoría de las señoritas, Hinata no quería dedicar su vida entera a cuidar niños, por muy tonto y surrealista que pudiera parecer, ella sabía que había algo más que podía hacer en lugar de pasar su tiempo cambiando pañales, el ser madre no era el epítome de su felicidad, al menos por el momento.
–¿Me escuchaste, Hinata?
–Lo siento, me distraje un segundo. –se disculpó, inclinando levemente la cabeza como acostumbraba a hacer. –¿Me dijo algo, Lady?
–Naruto es un chico muy popular. Hay varios hombres revoloteando a su alrededor. Y no podemos darnos el lujo de permitir que ese rubio se enamore de otro que no sea Sasuke. ¿Lo has entendido, Hinata?
Sus párpados se movieron confundidos. Dejó que su bordado se deslizara lentamente hacia el suelo, comprendiendo las palabras de su cruel madrastra.
–¿Qué? –preguntó sin aliento.
–Haz todo lo que sea necesario para alejarlos de él. –contestó Mikoto, encorvándose sobre el sillón para estar frente a frente con Hinata. Los ojos perlas se abrieron por la sorpresa. –Lo que sea necesario, ¿me has escuchado? Todos ellos sólo son hombres ansiosos por el placer de la carne. Un placer que tú, mi bella hijastra, claramente puede complacer. No creo que deba de ser más específica, eres tonta, pero no tanto.
Hinata tragó saliva con dificultad y se llevó una mano al agitado pecho. Su corazón retumbaba como tambor y la confusión embobecía su cerebro.
–Mantenlos alejados de Naruto. Coquetéales, desvía su atención, sedúceles, invítalos a tu cama. Lo que sea, pero mantén sus vergas bien alejadas del Namikaze. ¿Quedó claro o te lo repito en alemán?
Mikoto se retiró lo suficiente para ver el rostro pálido de Hinata. Aún podía ver en ella a la pequeña niñita temblorosa y tímida que había llegado hace varios años a su casa. Fue esa misma timidez e ingenuidad lo que le permitió manipular a Hinata desde ese entonces, muy al contrario de Hanabi, la cual, a pesar de ser la menor, poseía toda la astucia, fuerza y sagacidad que a la mayor le faltaba. Retrocedió levemente, decidiendo partir y dejar a su hijastra con sus pensamientos. Lo que le había pedido sin lugar a dudas era algo muy delicado, pero sabía que Hinata jamás la desobedecería.
–Me retiro para que pienses en lo que te he dicho. Y quiero resultados pronto, Hinata. Según los rumores que he escuchado, Lord Sabaku está muy interesado en el doncel.
Hinata no pudo respirar con normalidad hasta que su marido llegó del trabajo. Se obligó a recuperar la compostura y servir a Shino. A la mañana siguiente iría a la mansión Uchiha, seguramente Lady Mikoto sólo bromeaba. Pero si lo que dijo iba muy en serio, entonces tendría que hacer algo para cumplir sus órdenes. Quizá, si arrojaba a una verdadera ramera a los brazos de Lord Sabaku y lo mantenía alejado de Naruto, su misión estaría cumplida ¿cierto? Por lo tanto, su verdadera misión consistiría en averiguar los gustos del nuevo pretendiente y buscar a alguien lo suficientemente compatible para distraerlo del Namikaze.
Suigetsu recorrió con la mirada el lugar, buscando algo que pudiese capturar su atención. Una mujer esbelta, con curvas pronunciadas y hermoso cabello rubio bailaba un par de metros lejos de él. Un grupo de hombres parecían animarla con aplausos y uno que otro arrojaba monedas o metía billetes en la falda de la mujer, la cual sólo sonreía y continuaba con su seductora danza.
–¿Has visto a la nueva chica? Es muy guapa…
Sasuke la miró de reojo y se encogió de hombros. Tal vez tenía fama de mujeriego, pero estaba seguro que ni siquiera se había acostado con la mitad de las mujeres que la sociedad imaginaba. Sí, iba a clubes nocturnos y clandestinos como aquel donde las prostitutas lo conocían, pero hacía tiempo que habían dejado de intentar seducirlo. La verdadera razón por la cual "acompañaba" amablemente a su amigo yacía en la larga pipa que estaba frente a él. Acercó los labios a la pipa y tomó una profunda bocanada de humo, sintiendo cómo el opio comenzaba a hacer efecto, tranquilizándolo casi de inmediato y llevándolo a un estado de somnolencia que ansiaba sentir. Llevaba ya dos noches sin poder dormir más de diez minutos por las malditas pesadillas que osaban asaltarlo cada vez que intentaba pegar ojo.
–¿No quieres una chica hoy, Sasuke?
El moreno negó con la cabeza y observó a Suigetsu ponerse de pie para dirigirse a pasos lentos hacia la joven que había llamado su atención. Seguramente no volvería hasta dentro de un par de horas y Sasuke no pensaba quedarse a esperarlo. En una mesa un par de hombres de mediana edad jugaban a las cartas. Miró en su bolsillo y encontró el dinero suficiente para jugar un rato, además quería comprobar si su suerte había mejorado un poco. Con una sonrisa de superioridad, se acercó a la mesa, siendo reconocido de inmediato por uno de los hombres, quien lo invitó a unirse amablemente al juego.
Un par de horas después, con los bolsillos vacíos, una mejilla morada y con un humor de los mil demonios, el guapo moreno llegó a su mansión. Su amigo de blancos cabellos se había quedado en el club, quizá follándose a la bailarina o haciendo un trío con alguna otra de sus prostitutas favoritas, pero lo cierto era que no le importaba. Suigetsu podía cuidarse perfectamente bien y siendo hijo de una prestigiosa familia, la mayoría de las personas cuerdas se la pensaban dos veces antes de meterse en problemas con él.
Invadido por un sopor muy agradable y extrañamente feliz, se dirigió a tropezones hasta su habitación. No se molestó en llamar a un sirviente para ayudarlo a vestir, en lugar de eso, aprovechó para meterse inmediatamente en su mullida cama y dormir como bebé hasta el amanecer. Suspiró de placer anticipado y se dejó llevar por los brazos de Morfeo.
–Sasuke… hey, Sasuke. –una sacudida en su hombro y el molesto susurro de su nombre bastó para levantarlo malhumorado.
–¿Por qué jodidos…? ¿Karin?
La sonrisa de la pelirroja mujer brilló entre las sombras. Sasuke gruñó con enfado y jaló una de las sábanas para cubrirse hasta la cabeza y volver a dormir.
–Lárgate.
Karin parpadeó confundida. ¿Desde cuándo Sasuke la trataba así? Jamás, en los casi catorce años de relación clandestina que llevaban, el moreno la había rechazado de esa manera.
–Hey, Sasuke. –insistió, subiéndose sobre el cuerpo del azabache para restregar sus curvas en el bien formado torso. –¿Qué es lo que te pasa, amor?
–Me pasa que es la primera jodida noche que puedo dormir jodidamente bien y tú vienes a joderme la existencia.
–¡Perdóname si te molesté! –respondió con furia, separándose sorpresivamente del cuerpo moreno. –Sólo quería alegrarte un poco tu miserable vida, pero ya veo lo que me gano por intentar ser amable.
–Perfecto, ahora vete.
–Sasuke, deberías de reconsiderar lo que me estás diciendo…
–¡No tengo que reconsiderar nada! –mucho más molesto que de costumbre, se sentó de improviso sobre la cama, golpeando con fuerza el colchón con sus puños cerrados y causando un sobresalto en la mujer. –¡La que debería de medir sus palabras eres tú! Recuerda que le estás hablando a un conde, Lady. ¡Ahora, largo!
Karin observó cómo los ojos usualmente negros de Sasuke comenzaban a cambiar de color. El brillo rojizo de la sangre refulgió en medio de la oscuridad. Su respiración se agitó e involuntariamente, retrocedió un par de pasos hacia la puerta, buscando una salida en caso de que las cosas se pusieran feas.
–Tú… tú no eres Sasuke.
–Karin… –el moreno cerró los ojos y masajeó el puente de la nariz, en un vano intento de controlar su mal humor. –Sólo… márchate por hoy y luego hablaremos ¿podrías hacerme ese favor?
–Pero…
–¡Lárgate de una puta vez! –gritó, bajándose de la cama y golpeando una mesita cercana. Karin tembló ante la furia del Uchiha. Jamás lo había visto tan enojado, ahora entendía por qué nadie se metía con él. Sasuke realmente podía ser aterrador cuando se lo proponía. Tragó saliva y ocultando su orgullo, cedió. Abandonó la habitación con un sonoro portazo, dejando tras de sí solamente la esencia de su perfume.
Suspirando, el conde regresó a la cama, intentando conciliar el sueño. En cuanto sus ojos se cerraron, una sarta de rostros desconocidos lo asaltó. Cada uno de ellos decía palabras ininteligibles acerca de una promesa rota. Intentó ignorarlos, pero cientos de brazos aparecieron de entre la neblina para intentar atraparlo. Su cuerpo se movió por instinto, alejándose de ellos. Sasuke ya sabía lo que venía a continuación, era la misma pesadilla que había tenido desde que el Mangekyou Sharingan despertó la maldición. Los pies de Sasuke perdieron la firmeza en la cual se apoyaban. Un vistazo le sirvió para darse cuenta que la tierra comenzaba a desaparecer para dar paso a una superficie de agua sucia. El líquido, sin su característica transparencia, tenía sobre su superficie musgo verde y pegajoso, además de restos de partes humanas: un brazo por aquí, una pierna por allá. Dentro de la pesadilla, Sasuke cerró sus ojos para olvidarse de la imagen tan repugnante y controlar las ganas de vomitar. Abriendo los ojos lentamente, se concentró en un punto fijo a sus pies. Se arrepintió de haberlo hecho al notar que un par de ojos negros y piel blanca lo miraban desde el agua. Una cabeza con cabellos negros lentamente emergió de las profundidades.
–No… –susurró el conde.
El rostro era conocido, por lo que haciendo un gran esfuerzo, se puso en cuclillas para ayudarlo a salir. Sasuke se encontraba con el agua a media pantorrilla, con el verde musgo manchando sus ropas y el olor de la carne putrefacta invadiendo su nariz. Metió las manos en el agua para sacar a esa persona, pero se dio cuenta del gran error que había cometido; entre sus manos ahora yacía un cráneo con pocos cabellos, con un ojo desorbitado y el otro colgando, apenas unido al resto a través del nervio óptico. La piel amarillenta estaba pegada a los huesos y la mandíbula deformada en una lacónica sonrisa macabra. La superficie del agua pronto se llenó de muchos más cráneos en semejante estado, que fijaban sus pútridos ojos en el moreno.
–Nos traicionaste…
–Lo prometiste…
–Lo matamos por ti…
–¡Sasuke! ¡Sasuke! –con la respiración agitada, abrió los ojos para darse cuenta que Suigetsu lo había sacado de su maldita pesadilla. Se acomodó sobre la mullida cama, con la espalda apoyada en la cabecera.
–¿Qué haces aquí, idiota?
–Salvándote de una pesadilla, eso es obvio. –lo miró con preocupación. Sasuke se veía más pálido de lo usual y había sangre seca en las mejillas del conde. –¿Qué demonios te sucede?
–Tú lo dijiste, una pesadilla.
–¿Otra vez?
–Sí, siempre es el mismo sueño. Y nunca puedo hacer nada para modificarlo.
Suigetsu lo miró con preocupación. Además de la palidez y el rostro cansado de Sasuke, podía notar que la ropa comenzaba a quedarle más grande y sus ojos negros ya no tenían el brillo que los caracterizaba, además de que últimamente se mostraba más apático con lo que antes le causaba alegría. A pesar de eso, sabía que había una única cosa que lo animaba, siendo específicos, era un alguien en lugar de un algo. Y el que tuviera cabello rubio y ojos azules era una simple coincidencia.
–Hey, tenía que verte para contarte algo de lo que me enteré ayer.
–¿Te enteraste antes o después de follarte a la rubia de grandes melones?
–Después. –los dientes de Suigetsu se curvearon en una maliciosa sonrisa. –No preguntes cómo, pero escuché que el duque Gaara tiene los ojos puestos en tu queridísimo Namikaze.
–Suigetsu, tú mejor que nadie deberías saber que ni siquiera la mitad de lo que dicen en las cantinas es cierto.
–Lo sé, Sasuke… –el chico caminó alrededor de la cama como un tiburón rondando a su presa. –Y no lo creería si no lo hubiera escuchado de los propios labios de Lady Temari.
Sasuke frunció el ceño. Ese maldito Gaara entendería que nadie se metía con la propiedad de los Uchiha, y mucho menos con las víctimas de su venganza.
–¡Lord Sabaku! –Minato inclinó la cabeza para saludar a su recién llegado invitado. –Es todo un honor tenerlo con nosotros. Por favor, pase…
–¡Lord Gaara! –saludó muy animado Naruto. –¿Por qué…?
El rostro usualmente serio del hombre pelirrojo mostró una sonrisa. Muchos catalogaban a Gaara como uno de los hombres más atractivos y codiciados de la región. Alto, de piel blanca, cabellos rojos como el fuego, ojos de un exorbitante color aguamarina y cuerpo atlético, además de poseedor de uno de los títulos nobiliarios de mayor rango, el duque Sabaku no Gaara tenía todo lo necesario para levantar suspiros de cualquier fémina que le interesara. Lo único que podía mermar su atractivo físico era su personalidad. A Gaara le costaba trabajo abrirse a las personas o demostrar sus sentimientos, pues desde pequeño fue educado para ser el siguiente heredero y por lo tanto, un duque fuerte y serio. Lo que pocos sabían era que en realidad, una vez que se ganaban su confianza y amistad, Gaara sonreía, se mostraba amable y preocupado, convirtiéndose en uno de los mejores amigos que cualquiera desearía tener. Y curiosamente, Naruto había logrado atravesar esa puerta que no muchos conseguían.
–La última vez nos vimos por estrictos asuntos de negocios. –interrumpió la pregunta de Naruto. –Hoy he venido a ponerme a sus órdenes, joven Namikaze. –Gaara se inclinó, mostrando respeto hacia el rubio. –Cualquier cosa que necesite, sabe que cuenta con mi total apoyo.
Naruto esbozó una enorme sonrisa y jaló del brazo al pelirrojo.
–No es necesario tanta formalidad. ¿Quieres quedarte a tomar el té conmigo? No es por presumir, pero nuestros cocineros preparan un excelente pay de manzana con hierbas…
–¡Naruto! –exclamó preocupado Minato al notar que su hijo se tomaba tantas confianzas con el duque. Sasuke podía pasar por alto el poco respeto, pero Gaara era totalmente diferente al conde Uchiha.
–No se preocupe, señor Namikaze, Naruto y yo somos casi de la misma edad. Prefiero hablar con él en un tono menos formal, si no le molesta a Naruto, por supuesto.
–¡Claro que no! –se apresuró a responder el rubio menor. –Eres una de las pocas personas amigables que conozco por aquí. Entonces ¿te quedas a comer o no? El día es precioso, vamos al jardín.
Minato sonrió mientras escuchaba alejarse el murmullo de su hijo en dirección al jardín. Naruto era todo un remolino de sorpresas, pero su amabilidad y buen humor lograban que casi cualquiera pasara por alto su, en ocasiones, cruda franqueza. Estaba seguro, por ejemplo, de que Lady Mikoto Uchiha jamás perdonaría que alguien de nivel inferior le hablase sin el debido respeto. Lord Sasuke Uchiha era harina de otro costal. A él parecía no molestarle mucho el que Naruto lo insultara en cada oración dicha por su hijo, a cambio, él hacía lo mismo al llamarle "dobe", "usuratonkachi", "perdedor", "idiota" y muchos más apelativos que no podía recordar en esos momentos.
–Señor Namikaze. –una de las sirvientas lo llamó. –Lady Aburame está aquí.
Eso era extraño. Generalmente, Lady Hinata, una mujer bien educada, siempre avisaba antes de sus visitas, como dictaba el protocolo. Le sorprendió que en esta ocasión no fuera así. Minato no podía negarse a recibirla, pero sospechó que la mujer se llevaría una enorme decepción al enterarse que Naruto estaba ocupado con Gaara por el momento.
–Dile que pase.
La sirvienta asintió y a los pocos minutos Hinata estaba en el salón donde usualmente recibían a sus visitas. Minato la saludó con una sonrisa y la invitó a sentarse en el sillón que le apeteciera. Inconscientemente, o tal vez demasiado consciente de lo que hacía, los ojos azules del Namikaze aterrizaron sobre el escote tan revelador que ahora utilizaba la dulce y tímida Hinata. Un gruñido de desaprobación lo forzó a apartar la mirada.
–¡Querida! –exclamó Minato, notando el aura oscura que comenzaba a rodear a su esposa. –Te presento a Lady Hinata Aburame, la hija menor de la condesa viuda Mikoto Uchiha y esposa de Lord Shino Aburame. Lady Aburame, ella es mi querida esposa, Shizune Namikaze.
La morena saludó a Hinata con una sonrisa fingida.
–Iré a mi habitación, creo que enfermaré de nuevo. –dijo Shizune después de las forzadas presentaciones.
–¿Estás bien? ¿Debo de llamar a un médico?
–Es otra vez este dolor de cabeza, pero estoy segura que con una pequeña siesta y descanso se podrá mejorar.
–Si es lo que dices… –contestó no muy seguro Minato.
–Sí, estaré bien. Lamento tener que compartir tan poco tiempo con usted, Lady Aburame.
–¡Oh, no se disculpe! –replicó. –Yo deseo que recupere muy pronto la salud, señora Namikaze.
–Muchas gracias. Se queda usted en su casa. –agregó, antes de perderse en los pasillos de la mansión.
–Espero que pueda disculpar a mi esposa. Ella no se ha sentido muy bien desde que nos mudamos. Supongo que tardará más en acostumbrarse al cambio de aires.
–No se preocupe, señor Namikaze. Yo lo entiendo perfectamente. Pero… el rostro de su esposa me parece conocido, ¿no la habré visto antes?
–Es posible que sí, mi Lady. –Minato tomó asiento frente a Hinata y sirvió té en un par de tazas. –Antes de casarme con ella, Shizune vivía en esta ciudad. Tal vez a las afueras, pero es posible que alguna vez ustedes coincidieran en algún evento.
–Ya veo… seguramente es eso. –Hinata se forzó a sonreír y disimuladamente cubrió con un chal de seda su escote. –Sé que ha sido una grosería de mi parte venir sin avisar antes, pero…
–¡Nada de eso, Lady! –se apresuró a contestar. –No es ninguna molestia para nosotros recibirla. Piense en esta como su casa. Lo que es cierto, es que su visita será poco satisfactoria si deseaba ver a Naruto.
–¿Ocurrió algo? –preguntó alarmada.
–No, afortunadamente él se encuentra perfectamente de salud y agradezco de corazón su preocupación. En estos momentos él se encuentra atendiendo a otro invitado, pero si gusta esperar…
–¡Hinata! –como siempre, el rubio Naruto hacía su aparición justo a tiempo. –¡Qué linda te ves! Si no estuvieras casada, te pediría como mi esposa. Por cierto, ¿irás a una fiesta?
Hinata se puso de pie para saludar a su amigo y aprovechó para observar de reojo que el duque Gaara estaba detrás de él, confirmando que los rumores de que el pelirrojo estaba interesado en Naruto eran ciertos.
–Algo así. –se revolvió incómoda al notar que la mirada de Gaara y nuevamente la de Minato se posaban en el escote que mostraba gran parte de sus generosos senos. Había sido idea de Mikoto el utilizar ese vestido que poco le gustaba. La tela violeta resaltaba el color de sus ojos. El largo cabello estaba atado en lo alto de su cabeza, con algunos rizos enmarcándole graciosamente el bello rostro y dejando el largo y blanco cuello al descubierto. La parte superior del vestido se ajustaba perfectamente a sus curvas, dando la impresión de que la tela se rompería en cualquier instante y dejaría sus pechos al descubierto. Debía de admitir que ese vestido lograba que la mayoría de los hombres la miraran más de dos veces. El sutil maquillaje que utilizaba también favorecía sus ojos y realzaba sus pómulos. –Cenaré con mi marido y algunos de sus trabajadores.
–Supongo que será divertido. –dijo con una sonrisa Naruto. –Por cierto, ¿conoces a Gaara? Recuerdo que te he hablado mucho de él.
–Casi siento que lo conozco por lo que tú me has contado sobre él. –admitió. –Es un gran honor poderlo conocer por fin en persona, Lord Sabaku.
–Creo que el honor es todo mío, Lady Aburame. He de admitir que también Naruto me ha hablado mucho de usted. –Gaara, como el buen caballero que era, tomó la delgada mano de Hinata para depositar un beso sobre el dorso. –Pero nunca me dijo lo hermosa que es, mi Lady.
Hinata se sonrojó de inmediato. No estaba acostumbrada a los halagos de los hombres y tener que usar ese vestido para seducir a Gaara y mantenerlo alejado de Naruto no le daba ninguna comodidad. Sonrió por compromiso y desvió su vista hacia otro lado, decidiendo que no importaba lo que Mikoto le dijera, ella no llevaría a cabo el plan de seducir a cualquiera que se acercara a Naruto. Y debía admitir que lo hacía porque, si alguien iba a estar cerca del rubio, no era Gaara y mucho menos Sasuke… ¡era ella! Si iba a arriesgar su reputación por alguien, ese alguien definitivamente era Naruto.
–Gra-gracias, duque. –dijo educadamente, bajando su mirada para no clavarla en los ojos aguamarina. –Lamento mucho haber interrumpido su conversación con Naruto.
–¡Para nada! –intervino el rubio. –Gaara y yo sólo platicábamos cosas sin importancia, pero desafortunadamente él se tiene que ir. Ser duque debe de ser muy cansado, ¿no es así, Gaara?
–En ocasiones, sobre todo cuando hay eventos sociales a los que debes asistir. –respondió Gaara, fijando sus ojos en el rostro de Naruto. Hinata observó el gesto y descubrió un brillo en ambos pares de ojos notando cierto interés en los ojos del duque, además de un innegable coqueteo. Y al parecer, el rubio le correspondía en cierto grado. –Será mejor que me retire.
–Espero que podamos reunirnos pronto, Gaara.
–Y así será. –aseguró el duque, apoyando la mano sobre el hombro del rubio y dándole un ligero apretón, mientras Hinata observaba cada movimiento de reojo, grabándolo en su memoria. –Y espero también poderme reunir con usted, Lady.
Hinata sólo sonrió y asintió, despidiéndose con una leve reverencia del pelirrojo.
–Gaara es una magnífica persona, te simpatizará. –comentó Naruto una vez que el duque se retiró. Caminaron en silencio de nuevo hacia la terraza, siendo seguidos en todo momento por la doncella que acompañaba a Hinata. –¿Y a que debo tu visita?
–Yo… eh, bueno… había pensado que… ta-tal vez… yo… –el rubio detuvo su marcha un momento para mirarla con las cejas alzadas.
–¿Estás nerviosa por algo?
–Es… yo… ¡pensaba pedirte tu opinión! S-sí, sobre construir u-un nuevo edificio en el jardín que funcione como oficina. –soltó de improviso, suspirando de alivio al saber que había ideado en menos de cinco segundos una mentira creíble que mantendría a Naruto alejado de otras personas y cercano a ella.
–¡Eso es magnífico! –respondió de inmediato Namikaze. –¿Y has pensado qué diseño quieres?
Hinata negó con la cabeza. –Precisamente esa es la razón de mi visita…. Estaba pensando que tal vez tú podrías ayudarme con eso.
–Por supuesto. –accedió al instante. –Pero tendrá que esperar un poco, por el momento me encuentro un poco atareado con la remodelación de la nueva biblioteca de la ciudad.
–Claro, no tengo prisa. –sonrió dulcemente, mientras disfrutaba de la calidez del brazo de Naruto y observaba los hermosos jardines de la mansión. –Y dime… ¿hay algo entre el duque Gaara y tú?
Naruto detuvo repentinamente su marcha para prestar toda su atención en la joven, tratando de adivinar qué había detrás de sus palabras.
–Bueno, la relación que tengo con Sasuke es una farsa, sólo para disimular la tontería que cometimos en tu casa, durante la fiesta.
–Pero eso…
–Hinata… –con suavidad soltó el agarre que tenía sobre la mujer. –Debes entender que es inútil cualquier intento tuyo, aunque insistas no me voy a enamorar de tu hermano.
–¡Yo no lo decía por eso! –protestó de repente, llamando la atención de rubio. –¡Claro que me gustaría que mi hermano se casara con alguien como tú, pero pensándolo bien, él no te merece! Te lo preguntaba por genuino interés, eres mi amigo y pensé que teníamos la confianza para contarnos este tipo de cosas. Si te gusta Gaara, entonces…
–¿Entonces? –Naruto la animó a que terminara la frase.
–Por mí estaría perfecto… –concluyó en voz baja, desviando la mirada y forzándose a respirar tranquilamente para contener las repentinas ganas de llorar. ¿Por qué no llegaba su príncipe azul? Cierto, ella ya estaba casada con el ogro raro del cuento.
–Hey, Hinata. –rodeó suavemente los hombros de la chica con un cálido abrazo. –Sé lo mucho que te alegraría un matrimonio entre tu hermano y yo, pero Sasuke… es decir, tu hermano es muy guapo, no lo niego, pero lo que yo quiero es un matrimonio por amor. Sé lo cruel que suena, pero yo no quiero un matrimonio… como el tuyo.
Ante estas palabras, Hinata no pudo controlar más el llanto y se refugió en el fuerte pecho del rubio, audibles sollozos escapaban de sus labios y sus lágrimas comenzaban a mojar la chaqueta de Naruto.
–¿Por qué a mí, Naruto? Yo no… ¡no lo quiero! Lo desprecio… ¿por qué me casaron con él? ¿Por qué yo? No es justo… no es justo, Naruto…
El rubio no sabía exactamente qué hacer para consolarla, era normal que Hinata tuviese ese tipo de arranques, especialmente si jamás había admitido frente a alguien lo mucho que detestaba a su marido. Lo único que pudo hacer fue brindarle apoyo en silencio, aceptándola entre sus brazos y acariciando su suave cabello negro, esperando que, si existía un dios, buscara la manera de arreglar su infelicidad.
Un día nuevo daba comienzo. Entreabrió los ojos, notando como los cálidos rayos del sol se colaban entre las pesadas cortinas de seda que una de las criadas recorría. Dio un largo bostezo y giró sobre su costado para, sorprendentemente, descubrir que se despertaba sola en la inmensa cama. Asustada, se puso de pie de un salto, cubriendo en el proceso su desnudez con la sábana.
–¿Dónde está Lord Aburame? –preguntó a la criada.
–Mi Lord se levantó temprano para atender unos asuntos en la oficina. –contestó delicadamente la mujer.
Hinata suspiró de alivio. Por un momento tembló ante la posibilidad de que Shino hubiese bajado a desayunar, enojándose al no verla a ella atendiéndolo. Su marido podía enojarse ante la más mínima tontería y ella no quería ser la que provocara su ira.
–Ya es demasiado tarde para que sigas en la cama.
–Yo lo-lo siento. –respondió Hinata ante la sorpresiva entrada de su marido. –Estaba tan cansada por lo de anoche que yo…
–Espero que esta vez sí quedes encinta. –interrumpió. –Come algo rápido y vístete, irás conmigo.
–¿A dónde vamos?
–La condesa viuda Uchiha nos ha invitado al campeonato de croquet.
–¡Ah! Muy bien. –dijo con desgana Hinata. Nada más aburrido que desperdiciar un día bajo el sol, observando como un montón de aristócratas jugaban a golpear unas pequeñas pelotas de madera, mientras ella fingía interés en las pláticas insulsas de las esposas de dichos aristócratas.
–No tardes. –fueron las últimas palabras de Shino antes de abandonar la habitación.
Al llegar, un pequeño grupo de aristócratas los saludaron de manera cortés, pero fría. Hinata sonreía de manera despreocupada, tratándole de restar importancia al asunto, pero pudo notar la molestia en las facciones endurecidas de su marido.
–¡Hinata, querida! –saludó Mikoto Uchiha. –Y por supuesto, mi adorado yerno, Shino. Estoy tan feliz y agradecida de que aceptaran mi repentina invitación…
–Y nosotros estamos agradecidos de que pensara en nosotros, Lady Uchiha. –intervino Shino.
–¿Y por qué no habría de pensar en ustedes? Son los únicos dignos de venir… mi hijo Sasuke sería repudiado por todos y Lord Inuzuka… bueno, el parece seguir de luto, a pesar de que ha pasado tanto tiempo. Pero basta de hablar de cosas tristes. Lord Aburame, me he tomado la libertad de inscribirlo en el torneo, sé lo mucho que le gusta.
–Entonces será mejor que vaya a informarme del horario. Se lo agradezco mucho, Lady Uchiha.
–Anda, querido, ve. Mientras tanto, me permitiré tomar una limonada con Hinata para ponernos al día.
–Por supuesto. Estoy seguro que a Hinata le encantará.
Caminaron en silencio hasta una blanca mesa de hierro, cerca del campo de juego. En poco tiempo, un elegante y educado mesero dejó frente a ambas mujeres un par de limonadas. Hinata sabía lo que venía a continuación y se revolvió incómoda en su asiento.
–Muy bien, Hinata. Dime, ¿qué noticias me tienes respecto al duque Gaara? Confío en que hayas logrado ponerle un alto a sus carnales deseos.
–Madre, yo… lo que sucede…
–Hinata, espero que…
–No dormí con él, si eso es lo que pregunta. –se adelantó con un sonrojo cubriéndole las mejillas. –En cuando al duque, él parece genuinamente interesado en el joven Namikaze y, por lo que he investigado, Naruto le corresponde.
–¡Maldición! ¡Lo dejé muy claro, Hinata! ¿Qué has hecho? Puedes enorgullecerte por arruinar la felicidad de tu hermano. –siseó la mayor. –¿Por qué eres tan egoísta? Pensé que amabas a Sasuke, después de todo lo que hemos sacrificado por ti…
–Madre, si el duque Gaara está enamorado de Naruto, yo no pienso interponerme entre ellos.
–¡Te lo dije muy claro! Ese tal Gaara sólo quiere enterrarle la polla al rubiales ricachón. Lo seduce, se lo coge y adiós "enamoramiento". Si eso sucede, no habrá manera posible de que Sasuke se case con Naruto. Y tu misión, si mal no recuerdo, era adelantarte a los hechos y satisfacer al duque.
–¡Es suficiente, madre! –golpeó con fuerza la mesa, la cual tembló ante tal muestra de ira. –No me voy a acostar con nadie. Mi hermano se tiene bien merecido el odio que Naruto le profesa. Y si Namikaze no quiere casarse con él, ¡excelente! Gaara es mejor hombre de lo que alguna vez fue mi hermano. Yo soy amiga de Naruto y como tal, lo defenderé, aún si con ello me gano su enemistad o la de todo el clan Uchiha.
Los ojos negros de Mikoto se abrieron en sorpresa. ¿Desde cuándo Hinata tenía ese valor capaz de mover montañas? Sin duda era algo nuevo para la ex condesa, la cual esperaba verla sumisa como solía ser su costumbre. Aún anonadada por las repentinas palabras de Hinata, la observó levantarse con gracia y dirigirse hacia el tocador.
Mientras caminaba, sin perder su elegancia característica, temblaba. Jamás se había sentido tan libre… por fin había sido capaz de encontrar el valor dentro de sí misma, abandonado sus miedos y negarse ante lo que Lady Uchiha pedía. No sabía si su temblor se debía al miedo por las consecuencias que su acto pudiese acarrearle, o de alegría al saberse fuerte.
–¿A dónde vas?
–¡Shino! Sólo quería ir al tocador…
–Pues bueno, lo mejor sería que inventaras un dolor de cabeza o algo por el estilo, para poder retirarnos sin parecer grosero.
–¿A qué te refieres?
–Pensé que lo habías notado…. –susurró, observando a su alrededor. –¿Has notado la manera en la que todos nos miran? Ahora puedes agradecer esto a tu hermanito Sasuke.
–Nosotros sabíamos que el "compromiso" entre mi hermano y el joven Namikaze terminaría tarde o temprano. –contestó, furiosa. –No podemos hacer nada más que mantener la cabeza en alto, soportando dignamente los estúpidos comentarios de la sociedad.
–Hinata, si no estuviéramos aquí, sabes perfectamente lo que... –siseó Shino, sujetándola fuertemente del antebrazo antes de ser interrumpido por las palabras de ella.
–¿Qué? ¿Me vas a pegar? ¡Hazlo de una vez! Que todo el mundo se entere de la clase de hombre que verdaderamente eres.
–Aunque nadie lo diga, bien sabes que todos los esposos de esta ciudad, por muy aristócratas que sean, golpean a su mujer cuando ésta se aparta del buen camino.
–¿Y me puedes decir quién se ha apartado del buen camino? –algunos rostros los miraban con sorpresa, no tardarían en comenzar a hablar sobre ese incidente. –Será mejor que me sueltes, no quiero dar un espectáculo aquí.
–Eso debiste de pensar antes de contestarme como lo hiciste. –con terror, Hinata observó como la mano de su esposo, aquel que había jurado protegerla por el resto de su vida, se alzaba silenciosamente para darle una bofetada.
Cerró los ojos y trató de esquivar el golpe dirigido a su rostro. Sus tacones se enredaron en el largo y verde pasto, provocándole una caída. Antes de desmayarse, pudo observar cómo un hombre de largo cabello castaño y piel pálida, detuvo firmemente la mano de su marido, echándolo a un lado, antes de darse media vuelta y atenderla a ella. Lo último que identificó, fue un hermoso par de ojos color perla.
–¿Ne-Neji?
–Fue todo un escándalo, o al menos eso dicen. –comentó Shizune durante la cena.
–No puedo creer que Lord Aburame se atreviera a golpearla frente a toda esa gente. –replicó molesto Minato.
–¡Y yo no puedo creer que se acepten este tipo de cosas! –se quejó Naruto. –¿Cómo las mujeres de esta ciudad pueden tolerar que sus maridos las golpeen? Yo no lo haría…
–Tú eres diferente, Naruto. –explicó Shizune. –Fuiste educado en una sociedad mucho más liberal y con valores morales de sociedades de élite. Deberías sentirte afortunado y agradecido por esa oportunidad.
–Pero es simple sentido común. –contraatacó el rubio. –¿Dónde queda tu dignidad como persona? Cualquier hombre o mujer desea ser tratado con respeto, eso no es algo que se necesite aprender en una escuela de élite.
–Tal vez, pero aquí las mujeres y los donceles tienen que callar porque saben que nadie hará caso a sus quejas.
–Eso es una tontería. –cruzó los brazos sobre el amplio pecho. –De verdad extraño mi antigua ciudad.
El matrimonio Namikaze intercambió una mirada de confusión antes de que Minato susurrara:
–Pero si nos mudáramos de nuevo, no pasaría mucho tiempo antes de que te quejaras por extrañar a alguien.
Las mejillas de Naruto se colorearon súbitamente de rojo. Sabía que su padre hacía referencia al duque Gaara, pero aún no estaba seguro de lo que sentía por el guapo pelirrojo. Admitía que lo encontraba sumamente atractivo, educado, elegante, amable… el galán perfecto. Estaba seguro que no pasaría mucho tiempo antes de que Gaara se decidiera a pedir su mano ahora que el ficticio compromiso con el conde Sasuke por fin se había disuelto, aunque todavía dudaba de su propia respuesta.
–¿En qué piensas, Naruto? –preguntó Ino, interviniendo por primera vez en la conversación.
–Iré a visitar a Hinata.
–No es una hora apropiada para la visita. –dijo Shizune. –Espera a mañana.
–Apenas son las siete de la tarde. Si me apresuro, no llegaré tan tarde.
Ignorando los gritos de su madrastra, salió del lujoso comedor, dirigiéndose directamente a la puerta principal. Abrió uno de los cuartos del recibidor para sacar su chaqueta y decidió no esperar el carruaje, pues tomaría tiempo preparar a los caballos y su visita no sería muy larga, sólo quería informarse de la salud de su amiga y ver si había algo en lo que pudiera ayudar, además, era una tarde hermosa, un paseo corto le haría bien.
Al llegar a la mansión de los Aburame, las sirvientas le ofrecieron un té mientras esperaba, ya que el doctor se encontraba revisando a la paciente. Identificó inmediatamente al médico por su maletín.
–¿Cómo está ella?
El anciano sólo alzó una ceja ante tan sorpresivo encuentro.
–Discúlpeme, solo puedo dar informes a los familiares.
Naruto chasqueó la lengua molesto y corrió escaleras arriba. Tocó la puerta y espero a que una de las mucamas le permitiera pasar. Su amiga se encontraba entre los suaves edredones de su cama, un poco paliducha y con los ojos muy abiertos, asustada y temblorosa como un pajarillo.
–¡Hinata! –Naruto corrió a su lado, arrodillándose al lado de la cama para tomar una de las blancas manos entre las suyas. –¿Cómo estás?
–Naruto… –respondió con voz baja. –Yo… no sé…
–¿Qué quieres decir?
–La caída no provocó el desmayo… –explicó, aún con voz temblorosa. –Yo… Naruto… no sé qué hacer… tienes que ayudarme.
–¿Y bien? –exigió saber Shino una vez que se encerró en su despacho con el médico. –¿Estará bien, cierto? Sólo fue una caída sin importancia.
–Ella estará bien. –concedió el galeno. –Pero no puede volver a caerse, no es su estado actual. Ella es una mujer de salud inestable, cualquier sobresalto puede ponerla en verdadero peligro… a ella y al bebé que espera.
–¿Hinata está embarazada?
–Así es, mi Lord. Calculo que tiene aproximadamente dos lunas de embarazo.
Shino sonrió. Por fin tendría el heredero que tanto esperaba. La puerta se abrió sorpresivamente, revelando un muy molesto conde.
–Gracias por sus servicios. –Aburame pagó sus honorarios al médico antes de que éste abandonara sigilosamente la habitación. Al pasar junto a Sasuke, susurró:
–Felicidades, pronto la familia Uchiha y Aburame tendrán un nuevo heredero.
–Esa es la buena noticia. –comentó Shino una vez que estuvieron a solas. –Tu hermana lleva en su vientre a mi heredero.
Rápido como rayo, Shino se vio acorralado entre el estante de libros a su espalda y la furiosa mirada rojiza de Sasuke. La poderosa mano que le apresaba el cuello y lo alzaba a un par de centímetros del suelo le impedía respirar. Con trabajo, intentó zafarse del agarre de su cuñado, pero Sasuke era mucho más fuerte que él.
–Escúchame muy bien, bastardo, y será mejor que pongas toda la atención que tu pequeño cerebro de insecto pueda tener, porque no pienso repetirlo. Me entero que le vuelves a tocar un cabello a mi hermana y juro por todos los dioses que existen y que existirán, que sufrirás la muerte más dolorosa y humillante que te puedas imaginar. ¿Te sientes fuerte por golpear a una mujer? ¡Ja, no me digas! Quiero ver lo hombre que puedes ser enfrentándote a alguien como yo. ¿Te atreverías? –aflojó un poco su agarre al notar que los labios de Shino adquirían un enfermizo tono morado. –Golpear a mi hermana, es una ofensa directa contra mí. Ya lo sabes y estás advertido de las consecuencias.
Soltó a Shino, el cual cayó como peso muerto, incapaz de sostenerse con sus piernas. Se despidió con un doloroso puntapié entre las costillas, seguro de que su amenaza habría tomado el efecto deseado. Shino sería un tonto si pusiera en saco roto sus palabras.
–¿E-embara-embarazada? –tartamudeó Naruto al saber la verdad. –Debes estar bromeando… ¿verdad?
–Nada me gustaría más que el saber que fue una broma de mal gusto, pero Naruto, el doctor acaba de confirmármelo. Y… yo… no sé si lo quiero.
Naruto pudo sentir que el corazón se le aceleraba. Apretó entre sus manos la fría y delicada mano de su amiga.
–No… no estarás sugiriéndolo… yo no podría…
–¡No lo quiero, Naruto! –estalló Hinata. –¡No quiero un hijo de un hombre que no amo! ¡No quiero un bebé al cual tenga que sostener entre mis brazos y al mirarlo recordar que existe porque Shino abusó de mí en múltiples ocasiones!
–Hinata…
–¡Por favor, Naruto! tienes que ayudarme… eres mi único amigo…. Por favor… –suplicó, con los ojos húmedos.
Naruto suspiró, y haciendo acopio de valor, se puso de pie. Dirigió una fría mirada a Hinata que la hizo temblar.
–Lo siento. Si fuera otra cosa, juro que te ayudaría, pero… es la vida de un inocente, Hinata. Ese bebé que crece en tu interior no tiene la culpa de que su padre sea un maldito bastardo ni que su madre no ame al bastardo. Lo siento, en esta ocasión no cuentes conmigo… perdóname.
Observó como el hombre al que amaba daba media vuelta, dispuesto a abandonar su habitación. Una idea apareció en su mente de pronto.
–¡Espera, Naruto! –el rubio se detuvo, pero no volvió su mirada hacia ella. –Si yo… si tengo al bebé… ¿me ayudarías a buscarle un buen hogar? Un lugar en donde lo quieran, lo traten bien… de esa manera él será feliz y yo también. Al menos ¿podrías ayudarme con eso? Sería nuestro secreto y tú serías como un padrino para mi hijo.
Incapaz de volverse completamente, observó de reojo la tierna figura de Hinata, tendida en el suelo y sujetándose el vientre en actitud protectora. La idea le resultaba escalofriante, pero menos dramática que la anterior. Además, sabía que si el niño se quedaba en esa mansión, definitivamente no sería feliz con una madre indiferente y un padre abusivo.
–Si eso es lo que quieres… pero estoy seguro que te encariñarás con tu hijo en unos pocos días.
–No estoy tan segura de eso, pero… gracias, Naruto.
Los días transcurrían monótonamente, Naruto, demasiado asustado en parte por la actitud de Hinata, se había dedicado exclusivamente al trabajo, pensando qué podría hacer para ayudar a su amiga. Por otra parte, toda la ciudad estaba enterada de que el compromiso con el conde Uchiha parecía haber llegado a un final. Los únicos que sabían la verdad detrás del teatro eran la familia Namikaze y la familia Uchiha. El rubio heredero se debatía entre decirle o no la verdad al duque Gaara, sabía que las visitas que el pelirrojo le hacía cada día iban más allá de una simple amistad, pero tampoco quería provocar un malentendido con el duque. Despegó sus ojos de los libros de contabilidad y dejó los lentes de lado, para masajearse suavemente las sienes, encontrar el error en las cuentas iba a volverlo loco. Intentó distraer su mente de los números y la imagen que asaltó sus pensamientos, de los finos y cálidos labios de Gaara robándole un delicado beso en su propio jardín, lograron estremecerlo.
–¡Naruto! –la fuerte voz de su madrastra logró disolver el perfecto momento vivido apenas un par de días atrás. Abrió sus hermosos ojos azules y clavó la mirada en la mujer morena. –¿Acaso lo has olvidado? –Shizune apoyó sus brazos sobre las caderas y frunció el ceño. –En una hora iremos al teatro. Hoy presentan Hamlet. Y si mal no recuerdo, tu acompañante va a pasar por ti… –el sonido del timbre detuvo las palabras de Shizune. –… ahora.
–¡Lo siento tanto! Lo olvidé completamente. –Naruto se puso de pie de un salto y voló escaleras arriba directo hacia su dormitorio no sin antes admirar a Shizune, que se encontraba perfectamente arreglada para salir una noche al teatro. –Te ves espectacular.
Se lavó la cara y se vistió con un elegante conjunto negro, cepilló su cabello y se aplicó un poco de perfume. En menos de veinte minutos bajó a toda prisa para encontrarse con su cita, que lo esperaba intranquilamente en el salón principal.
–¡Lo olvidé! Espero que no lleguemos muy tarde. Me entretuve con las cuentas y el tiempo pasó volando.
–Los libros de contabilidad son mi trabajo. Deberías de dejármelo a mí. –contestó cortésmente el otro hombre. –De cualquier manera, nunca me he caracterizado por mi puntualidad.
Naruto soltó una risita. –Lo sé, Kakashi. Así que supongo que llegar con más de media hora de retraso no afectará tu reputación.
–Y acompañado de un doncel tan guapo, dará mucho de qué hablar.
–No seas tan exagerado. Sin duda alguna, todo mundo hablaría más si invitaras a Kurenai.
–Por supuesto que sí. Todos hablarían mientras Asuma me partiera la cara frente a todos por invitar a su mujer esta noche.
–Cariño, trata de sonreír.
–Vete al carajo, Karin. –susurró el conde. –Ni siquiera sé por qué te hice caso.
–No mientas, lo sabes mejor que yo. Aunque lo niegues, te mueres de ganas por ver al rubial ricachón, lo cual es de increíble conveniencia para nosotros. Lo pescas esta noche, te lo llevas a tu cama y fin de la historia. En una semana estarás casado con él y ambos podremos gozar de su nada despreciable fortuna. –siseó Karin, mientras se encargaba de sonreír a todos los que conocía, colgada del brazo del conde.
–No me voy a acostar con él.
–Y yo no dejaré que desaproveches esta oportunidad, Sasuke. Tienes frente a ti una mina de oro, la solución a todos nuestros problemas. –advirtió Karin, clavando sus ojos en los azabaches. –Y más te vale que esta vez no lo eches a perder.
–Suenas como mi madre.
Karin sonrió y se encogió de hombros. Echó un vistazo a su alrededor y comenzó a impacientarse. La función empezaría en menos de media hora y no había ni rastros del rubio. A lo lejos alcanzó a distinguir una figura de dorados cabellos, pero su emoción se fue por la borda al darse cuenta que era Minato Namikaze, acompañado de una hermosa mujer de edad madura.
–Mira, ya llegó Minato. Es cuestión de minutos para encontrar a Naruto.
Disimuladamente, Karin arrastró a Sasuke hasta donde se encontraban los Namikaze. Observó de reojo el hermoso y costoso vestido verde obscuro que utilizaba la mujer de negros cabellos y envidió también el elegante collar de perlas que lo acompañaba. Fingió una sonrisa y jaloneó un poco a Sasuke, que en esos momentos se encontraba hablando con un viejo conocido.
–¿Señora Namikaze? Es todo un honor conocerla. –se presentó Karin. Shizune encubrió estupendamente bien una mueca de disgusto al catalogar inmediatamente como indecente el vestido que llevaba Karin. –Soy Lady Karin, esposa de Lord Orochimaru de Otogakure. He escuchado hablar tanto de ustedes que me parece irreal encontrarlos casualmente el día de hoy. –miró a ambos lados antes de preguntar. –¿Y el joven Naruto? Aún no lo he visto y sería un verdadero honor conocerlo.
–Mi hijastro vendrá en cualquier momento, Lady. ¿Y su marido?
–¡Oh, él está trabajando! –fingió una sonrisa. –No ha tenido tiempo de escapar a la ciudad, prefiere quedarse encerrado en el pueblo, atendiendo los asuntos de sus tierras.
–¿Entonces vino sola? Esperaba poder conocer a Lord Orochimaru. –Shizune jaló el brazo de su esposo para pedir apoyo. Aquella mujer no le simpatizaba en lo más mínimo.
–Bueno, no vine sola. Afortunadamente tuve la suerte de que uno de los mejores amigos de mi hermano, pudiera acompañarme. –observó de reojo a Sasuke, que todavía se hallaba hablando con un anciano. –Tengo la fortuna de ser la invitada del conde Sasuke Uchiha, pero supongo que dada la relación que existe entre mi acompañante y su hijo, no es necesario las presentaciones tan formales.
Shizune jadeó un poco, acto que Karin pensó que era despreciativo.
–Lord Uchiha, la señora Namikaze espera sus atenciones. –susurró Karin, codeando un poco al moreno.
–¡Oh por Dios, pero que tarde es! –exclamó de pronto Shizune. –Será mejor que vaya a buscar a Naruto, él odiaría perderse el inicio de la obra. Saludaré después al conde Uchiha. Si me disculpa… –se soltó del brazo de su marido, escabulléndose entre la multitud.
–¿Decías? –preguntó Sasuke unos segundos después.
–Lo has arruinado. Quería que saludaras a la señora Namikaze. –reprochó.
–¿A Shizune Namikaze? ¿Hablaste con ella? Yo nunca la he visto.
–Pues estaba justo frente a mí, dijo que iría a buscar a Naruto. Supongo que ella todavía contempla una relación entre Naruto y tú.
–Olvídalo, Karin. Todos han empezado a retirarse a sus lugares, será mejor que nos vayamos.
Karin asintió y siguió a Sasuke a través de la multitud. Encontraron sus lugares antes de que las luces comenzaran a apagarse. Karin levantó la vista, buscando de inmediato el palco privado que la familia Namikaze ocuparía. Reconoció a Minato rápidamente, el cual se ponía de pie para recibir a su hijo.
–Mira, Sasuke, acaba de llegar Naruto. –el Uchiha inmediatamente tomó los prismáticos de Karin y miró en la dirección que ella le indicó. No pudo evitar que un gruñido escapara de sus labios al darse cuenta que Naruto llegaba acompañado de un atractivo hombre mayor, de cabellera grisácea y con un parche en el ojo izquierdo.
–¿Qué pasa?
–Dijiste que Naruto vendría solo. –murmuró, arrojando los prismáticos al regazo de Karin y tratando de concentrarse en la obra que recién comenzaba.
Tal vez Naruto estaba muy lejos, pero podía distinguir perfectamente que aquel hombre se veía demasiado cariñoso con el rubio, lo cual, por alguna razón aún desconocida para él, lo ponía furioso. Se revolvió inquieto en su butaca, deseando que la noche llegara a su fin lo más pronto posible. Durante el intermedio, Karin se disculpó para ir al tocador, dejando los prismáticos cerca de Sasuke. Sin resistir la tentación, los tomó, buscando a su objetivo. La sensación opresiva en su estómago aumentó al darse cuenta de que el duque Gaara hacía su aparición, estrechando entre sus brazos a Naruto. Pronto, el rubio se vio rodeado de varios hombres, entre ellos Gaara, el cual mantenía una mano sobre el hombro de Naruto en señal de posesión, lo cual no le gusto para nada al conde.
–He investigado por ahí. Según dicen, el acompañante de Naruto es Kakashi Hatake, el contador oficial de la familia Namikaze. Se dice que perdió el ojo izquierdo en una guerra, pues trabajó como militar antes de conocer a Minato. –explicó al llegar junto a Sasuke. –Hay una joven que dice que es el candidato perfecto para marido de Naruto, pues Minato le tiene mucha confianza y estima. Otros rumores comentan que Minato ya le ha cedido todo el control de la fortuna al tal Kakashi. –tomó los prismáticos y echó una mirada. –Lo cierto es que ese hombre no está nada mal. Aunque no sé qué rumores sean verdad, he de admitir que el tocador es toda una fuente de chismes sin sentido. ¿Puedes creer que incluso hablan de un posible compromiso entre Gaara y el rubio? ¡Por favor! No ha pasado ni un mes desde la disolución de su compromiso ficticio, dudo mucho que los Namikaze se quieran exponer a un chisme como ese al aceptar tan pronto una nueva proposición, aunque sea de un duque. –tomó aire antes de continuar. –Pero tú no te preocupes, Sasuke. Ninguno de ellos es rival para ti. Seguiremos con nuestro plan, tú seduces al rubio y pronto controlaremos la fortuna. Si la fortuna está en manos de Kakashi, entonces no me molestaría para nada seducirlo a él.
–¿Puedes callarte, Karin? Nada de esto tiene sentido. –el inicio del segundo acto clamó por la atención de todos y Sasuke trató de concentrarse en la obra, pero le era imposible con la molestia en su estómago.
Aunque trataba de mantener sus ojos alejados del palco de los Namikaze, sus orbes parecían querer torturarlo con la escena de Naruto entre Kakashi y Gaara. Su paciencia llegó al límite cuando descubrió al duque aprovechando la oportunidad de la familia distraída para depositar un rápido beso sobre los labios de Naruto. Gruñó y sus manos se volvieron puños al instante. Se puso de pie e ignoró las suplicas de Karin para que no se fuera. Necesitaba un poco de aire fresco y examinar el reciente descubrimiento de que tal vez, aquella mano que le retorcía las entrañas, no era otra cosa más que celos. Buscó entre sus bolsas un puro que pudiera funcionarle como distracción y se recargó detrás de una de las majestuosas columnas que decoraban la entrada al recinto principal. Detrás de él, las escaleras de mármol llevaban justo a la calle, al pie de las cuales una muchachita de origen humilde se encontraba arrodillada, con una canasta de hermosas flores frescas para vender.
Dio varias caladas largas al puro. ¿Qué le estaba pasando? Él ya no era un chiquillo de catorce años, era el conde Sasuke Uchiha, poseedor de una nada despreciable fortuna y se encontraba allí, escondiéndose de su némesis. Si mal no recordaba, esa extraña sensación la había sentido sólo una vez, en una noche muy parecida hace ya más de diez años… la noche en la cual Karin le contaba de su reciente compromiso con Orochimaru para obtener todo el dinero que deseaba. Recordaba que en ese momento deseó ir a buscar al anciano, golpearlo, gritarle, reclamarle por quitarle algo que creía de su propiedad. Ahora, con veintiocho años, se supondría que tendría emociones más maduras. Pero de nueva cuenta se aparecían los celos, aquellas ganas de estampar su puño lleno de rabia en el perfecto rostro del duque. Molesto, arrojó el puro y lo pisoteó con sus brillantes zapatos negros. Respiró profundamente y dio media vuelta, dispuesto a irse de aquel teatro.
–Debo de admitirlo, este teatro tiene exquisitos detalles arquitectónicos. –comentó Naruto a un interlocutor que no existía. Había escapado de su palco porque aún se sentía indeciso. Las insinuaciones de Gaara sobre una posible relación con él comenzaban a ser un acto que no podía simplemente ignorar. El duque merecía una respuesta y rápido. Pero para Naruto no era fácil. A veces, cuando suavemente sus labios se rozaban con los del pelirrojo, lo asaltaban imágenes de unos atractivos ojos negros que no podía olvidar. Y aunque no lo deseara, constantemente se hallaba comparando la suavidad de los besos de Gaara con los voraces y salvajes besos de Sasuke. ¿Era normal estar pensando en el arrogante conde tantas veces al día? A veces su mente se perdía en la nada, reviviendo los momentos que había pasado con él. No quería seguir pensando en Sasuke y, ciertamente, no debía. No podía imaginar una relación seria que incluyera algo más que el aspecto carnal con el conde. Sí, lo admitía, era condenadamente atractivo, el típico chico malo que atrae a todos. Pero… ¿podría alguien como Naruto vivir una relación con un hombre tan arrogante y egocéntrico como Sasuke? No lo creía posible. Al menos, el estar junto a Gaara le daba la seguridad emocional necesaria. Vivir junto a Sasuke sería como estar a la intemperie, con la incertidumbre de que un día llegara una tormenta y lo arrasara todo, llevándose consigo la esperanza de que fuera la última. Revolvió sus rubios cabellos en señal de frustración. Gaara era un buen hombre, la vida junto a él sería mucho más tranquila. Tal vez era hora de dejar de estar dándole vueltas al asunto y aceptar los avances del duque. Cuando se aproximaba a la salida, el olor picante del tabaco lo sacó de sus pensamientos. Miró a su alrededor, encontrándose con su azabache tormento. Se escondió detrás de una de las columnas para observarlo un momento.
El moreno también parecía confundido y Naruto sabía que era él la causa. Por los comentarios de su madrastra y de Gaara sabía que el azabache estaba en la obra. Ni siquiera puso atención al primer acto por estar buscando entre la multitud al atractivo conde. Cuando lo encontró, sintió una oleada de celos al verlo junto a Karin. El hermoso, pero atrevido vestido dorado de la mujer resaltaba su espléndida figura. Más de un hombre posaba los ojos sobre ella. A la distancia que se encontraban, Naruto no podía hacer contacto visual con Sasuke, pero observó perfectamente que el pelinegro salió velozmente de la sala después de que Gaara lo besara. La emoción que lo albergó al saber que Sasuke había tenido un pequeño ataque de celos por él, fue más grande de lo que realmente admitiría. Suspiró quedamente, para no llamar la atención del conde. Un par de borrachos llamaron la atención del rubio, se encontraban en la calle, vociferando y riendo a carcajadas. La joven vendedora se encogió en su lugar, tratando de pasar desapercibida. Uno de los borrachos, al mirar a la joven se puso de cuclillas frente a ella, susurrándole al oído unas palabras que estremecieron a la muchacha, que buscó refugio dentro de su excesivamente grande chaqueta. Los demás hombres se rieron y comenzaron a acariciar a la joven, la cual movía su cabeza en clara negación. El primer hombre se puso furioso y pateó el cesto de flores, haciendo que los hermosos lirios blancos se desperdigaran por toda la calle antes de que el grupo de borrachos comenzaran a pisotearlos, arruinando con ello la posibilidad de que aquella muchacha pudiera conseguir un poco de dinero para su familia.
Sasuke fue testigo de toda la escena. Furioso con los hombres por asustar de aquella manera a la joven y por recién descubrir que lo que sentía eran celos por Naruto, arrojó su chaqueta lejos y sacó un par de billetes de su cartera. Mientras el grupo de hombres reía y terminaba por pisotear las flores, el conde se acercó a la mujer, la ayudó a ponerse de pie y le entregó la canasta con unos cuantos billetes dentro, para tratar de compensar lo sucedido. Alentó a la mujer a irse del lugar mientras se arremangaba la blanca camisa dispuesto a desatar su furia con esos hombres. Sería una batalla fácil, tal vez fueran cuatro hombres, pero todos estaban en tal estado de ebriedad que sería pan comido. Un calorcillo conocido invadió sus ojos, en unas milésimas de segundo el Mangekyou Sharingan brillaba resplandeciente en los ojos de Sasuke.
Naruto, escondido aún detrás de la columna, se mantuvo a la expectativa, listo para ayudar a Sasuke en cuanto notara que estuviera en problemas. Sabía que intervenir inmediatamente sólo lastimaría el nada pequeño orgullo del Uchiha, por lo que decidió dejarlo en su batalla personal solo, además, sabía que Sasuke no era un mocoso que necesitara ayuda, podía arreglárselas perfectamente. Debía admitir que se sentía muy orgulloso de que el conde hubiese intervenido en el asunto, pues para el propio Naruto habría sido imposible quedarse de brazos cruzados mientras los hombres se aprovechaban de aquella indefensa joven. Involuntariamente, una sonrisa se formó en sus labios. En esos momentos era testigo de una parte de Sasuke que no conocía, aquella parte amable y justa que se empeñaba en ocultarle al mundo, aquella parte que había abierto para Hinata, la parte que tenía el talento y la sensibilidad para crear cuadros exquisitos como los que colgaban en la mansión Aburame. Una parte que, de inmediato, capturó totalmente la atención de Naruto y de la cual deseaba saber más.
Los puñetazos y los quejidos de dolor inundaron el lugar. Cuando el último hombre fue derribado, Sasuke escupió un poco de sangre que manaba de sus labios, uno de los borrachos había tenido mucha suerte al darle un puñetazo, pero su suerte terminó con un par de costillas rotas. Se limpió el sudor con la camisa ahora cubierta de polvo y sangre, y regresó por su chaqueta. Sus ojos se iluminaron al ver la silueta de Naruto a contra luz, esperándolo ya con su chaqueta en brazos.
–¿Sabes? He leído Hamlet como cien veces… verla en una obra me parece una representación inadecuada de los sentimientos que seguramente Shakespeare plasmó mientras la escribía. –su rostro se adornó con una de sus típicas sonrisas. –Hey, se me ocurre que podemos ir al centro de la ciudad y comprar todo un costillar ahumado, estoy que me muero de hambre. ¿Me acompañas?
–No sabía que los dobe's podían comer un costillar entero.
–Bueno, pues es tu oportunidad descubrirlo. Sólo espero que tengas suficiente dinero como para pagar la cuenta, los Namikaze somos de muy buen comer.
Naruto arrojó la chaqueta del conde al aire, mientras este la atrapaba en pleno vuelo. Observó al moreno sacar un pañuelo de su chaqueta y limpiarse la sangre que escurría por sus mejillas, resultado del Mangekyou Sharingan. Mientras se vestía con la chaqueta, Naruto bajó los escalones que lo separaban del conde, al tiempo que pensaba que quizá Gaara podía esperar un poco más y que, vivir a la intemperie, podía ser una experiencia nueva y emocionante.
Continuará…
¡Hola de nuevo!
Lo sé, miles de años sin actualizar, pero los trámites de la titulación y el servicio social han sido más largos de lo que imaginaba. En fin, espero que alguien aún lea esto… en el siguiente capítulo veremos que ocurre entre Naruto y las costillitas, Hinata y la alucinación que tuvo antes de desmayarse… ¿habrá sido realmente una alucinación? Aún estoy por decidirlo, pero no puedo ser tan cruel para dejarla infeliz para siempre… ¿o tal vez sí? Lo decidiré para el próximo capítulo. Como siempre, AGRADECIMIENTOS ESPECIALES PARA:
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También MIL GRACIAS a todos los que se han suscrito a esta historia, la han agregado a sus favoritos o me han agregado a mi como sus favoritos (¡eso me ha emocionado muchísimo!). Espero no tardar más de un año en actualizar esta ocasión y si todo sale bien, espero vernos muy pronto.
Saludos y abrazos a todos.
Kerky
Right from the start you were a thief, you stole my heart
Número de palabras: 11.136
