Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!
Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¡Por favor! ¡Pon algo de NaruSasuNaru en el manga! Estaremos eternamente agradecidos)
Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.
Holy Curse!
Capítulo V: Conveniencia
–¡Y entonces nos encontramos con un tigre! –la sonora carcajada llamó la atención de las pocas personas que deambulaban esa madrugada en el parque. –¿Puedes creerlo? Mi padre y yo corrimos, pero Jiraiya se quedó a enfrentarlo… o eso es lo que dice. La verdad es que se desmayó en ese mismo momento y no recuerda lo que sucedió después.
El conde Sasuke puso todo su esfuerzo en no reír. Aunque el relato en sí no era tan gracioso, la contagiosa risa del rubio doncel era capaz de provocar una sonrisa en el caballero más serio del reino, y por supuesto, él no era la excepción. Tosió un poco, intentando disimular la sonrisa de sus labios y miró de reojo al rubio. A pesar de todo, tenía que reconocer que era una persona atractiva, alegre, no muy inteligente pero con un carisma especial. Se sorprendió cuando el rubio entrelazó su brazo con el de él y caminó a su lado, como una pareja que llevara toda una vida de conocerse.
–Aún no puedo creer que te comieras todo ese costillar, dobe.
–¡Hey, tú no te quedas atrás! Te comiste más de tres cuartos y dos jarros completos de cerveza. ¡Si sigues así, perderás tu reputación de cuerpo de Adonis!
–¿Así que tú también crees que tengo un cuerpo escultural?
–Yo… eso… es que… ¡no seas ridículo, Uchamija! Como si yo me fijara en esas cosas. –afortunadamente la noche disimulaba a la perfección el enrojecimiento de sus orejas. –Sólo repito lo que dicen en el pueblo, eso es todo… yo jamás diría algo así.
Estaba a punto de responderle cuando una sombra oculta en la oscuridad llamó su atención. Gruñó por lo bajo y continuó caminando, esta vez poniendo más atención a los pequeños detalles mientras dejaba que el rubio continuara con su parloteo. El pequeño brillo en la oscuridad avanzó demasiado rápido y lo puso sobre alerta. Un hombre encapuchado salió de entre los arbustos cercanos y se lanzó contra el rubio, con una afilada navaja sobresaliendo de entre sus ropajes. En ese momento Sasuke deseó poder activar el Mangekyou Sharingan a su voluntad, sin embargo, tuvo que ser testigo de cómo el desconocido se dirigía directamente a Naruto mientras él se quedaba congelado en su lugar.
El rubio, apenas consiente de lo que pasaba, miró alternadamente a su acompañante y al atacante, pero éste sólo lo empujó con fuerza, haciéndolo caer un par de metros lejos del conde antes de regresar a su verdadero objetivo. No lo pensó dos veces y empuñó la afilada hoja directamente al abdomen del moreno, dispuesto a cumplir su misión.
Sasuke agradeció que el Sharingan se activara justo en ese momento. Los ojos rojos hicieron frente a los oscuros ojos del desconocido el cual, al notar el drástico cambio, frenó en seco. En un santiamén el moreno lo puso de cara contra el piso y lo despojó de la navaja. Haciendo uso de toda su fuerza y habilidad, el encapuchado se revolvió en el suelo como lombriz para deshacerse del fuerte agarre, consiguiéndolo y huyendo, dejando una parte de su cara al descubierto.
–¿Estás bien, dobe? –se inclinó para ayudar a Naruto, aún sin saber si le había hecho algún daño al Namikaze. –Iremos a la mansión y llamaré inmediatamente al médico.
–Olvídate de mí, ve y persíguelo. –pidió con insistencia el rubio, sobándose la muñeca izquierda que soportó totalmente su peso durante la caída.
–No seas idiota, es más importante que tú estés bien… tu padre sería capaz de despellejarme si algo te pasara.
–No estoy herido, si eso es lo que te preocupa. Sólo me torcí la mano. Además, te he dicho cientos de veces que no soy una niñita a la que tienes que defender, maldito bastardo. –replicó Naruto, enojado. –¡Odio que me traten como una damisela en apuros!
–Bueno, pues ponte de pie o tendré que cargarte como princesa hasta tu casa. Y eso daría mucho de qué hablar, usuratonkachi.
–Estúpido egocéntrico. –rechazó la mano que cordialmente le extendía el conde y se puso de pie con lentitud, evaluando el daño en su mano. –¿Quién demonios era? Deberíamos avisar al cuartel para que pongan sobre aviso a todos.
–No es necesario, dobe.
–Pero podría habernos hecho daño, idiota.
–No lo creo.
–Tú lo conocías ¿verdad? Si hubiese sido un asaltante, no habría dudado en atacarme para robar el diamante, pero no lo hizo… sólo me lanzó hacia un lado y te atacó a ti. ¿Eso significa que tú eres su objetivo?
"Tal vez no es tan idiota" pensó Sasuke. Naruto tenía razón al suponer que él era el objetivo principal. Se encogió de hombros como respuesta, lo cual sólo desesperó más al rubio.
–¿Eso es un sí o un no? ¡Vamos, dímelo, Sasuke! ¿Estás en problemas?
–No es asunto tuyo, perdedor.
–¡Claro que es asunto mío! Podríamos haber muerto en ese momento.
–Dobe… no deberías de preocuparte por tu preciosa vida, el objetivo era yo y punto final a esta conversación. –respondió con sarcasmo, y añadió: –Andando, te acompañaré al teatro.
–Sasuke. –el tono serio de Naruto lo hizo detener su marcha. –Sabes que, a pesar de todo, no me gustaría que estuvieras en problemas. Eres un buen tipo, aunque te escondas debajo de esa máscara de chico malo.
–¿Y tú que vas a saber de mí? ¡No creas que me conoces, Namikaze!
–¡Vi lo que hiciste por esa chica en el teatro! Y también vi los cuadros que dibujaste para Hinata. Una persona malvada no sería capaz de levantarse a defender a una chica indefensa ni de crear líneas tan finas y sensuales en el óleo. Así que no digas que no te conozco, teme… es cierto, tal vez no sepa todo de ti, pero he visto una parte de tu alma que le escondes a los demás, vi al verdadero conde Sasuke Uchiha.
–¿Cuándo…? –las palabras de Naruto lograron desestabilizar su mente. –¿Por qué dices…?
–Y creo, conde, que eres una buena persona… claro, un poco amargado y resentido por ser dejado de lado en favor de Itachi. Y también creo, ciertamente, que ni la mitad de los rumores que corren sobre ti son ciertos.
Sasuke no sabía que responder ante eso. Por un lado, deseaba retorcerle el cuello a Naruto pero por el otro, tenía esas locas e irremediables ganas de abrazarlo, de refugiarse en sus brazos y buscar el calor que tanta falta le hacía. El dejar de lado el mundo banal y superfluo en el que vivía y compartir un nuevo y utópico mundo con una persona tan cálida como Naruto.
–Estás diciendo incoherencias, dobe,
–Si eso es lo que quieres creer, adelante. Yo sé lo que vi. –con delicadeza sacó un pañuelo de tela de entre sus bolsillos para limpiar los ríos de sangre que bajaban de los ahora negros ojos del conde. –Será mejor que…
No tuvo tiempo de reaccionar a lo que venía y tampoco tardó en corresponder el beso. El pañuelo con sangre fue olvidado en el suelo. No iba a desperdiciar por nada del mundo la oportunidad de saborear los expertos y firmes labios del que fuera su tormento personal. No puso ningún límite, ninguna reserva. Se permitió disfrutar la maestría de la lengua de Sasuke recorriendo su propia lengua, succionando y mordisqueando sus labios. Se aferró a él y llevó sus manos a la azabache cabellera en un vano intento de fundirse con él, de que el olor delicado de la menta se impregnara en sus ropajes. Ni siquiera le permitiría un minuto de paz al moreno. Se devoraban los labios como si la tierra fuese a desaparecer en ese mismo instante, sin importarles que algunos transeúntes se sorprendieran por lo descarado de su acto y se alejaran cuchicheando discretamente. Para Sasuke, la cálida boca de Naruto era lo mismo que el agua para un explorador perdido en el desierto, pues desde aquel beso en la fiesta sabía que algo se había transformado en su interior, pero aún se negaba a admitirlo. Tal vez Naruto era la persona indicada para él, aquella que le brindaría la paz y estabilizaría su mundo, compartiría una vida llena de ruido y risas, lo cual no le pareció tan mala idea en comparación con su solitaria y silenciosa mansión.
–Deberíamos… deberíamos detenernos, dobe –jadeó entre beso y beso, mientras sus pulmones jalaban un poco del necesario oxígeno, pero Naruto no le daba tregua. Una parte de su anatomía comenzaba a palpitar peligrosamente y empezaba a ser consciente de las personas que los rodeaban. –Nos… están…
–¿Vas a charlar o a besarme, imbécil? –no permitió que el Uchiha respondiera pues inmediatamente volvió al ataque con besos hambrientos y sensuales. Con delicadeza, empujó al conde hasta una barda para tener mejor apoyo y poder enredar sus piernas alrededor de la cadera de Sasuke, quien de inmediato llevo sus manos a las piernas que lo rodeaban, consiguiendo más de un gemido. Las suaves hojas de un sauce los cubrían del resto de las miradas curiosas, silbando una suave melodía cuando el aire se colaba entre ellas.
–Naruto… detente
–¿Por qué? –susurró apenas separando sus labios de los ajenos. –¿No te gusta?
–Esto llevará a…
–Lo sé.
–Y no deberíamos de… hasta el matrimonio… pueden hablar y… –aunque le costara trabajo, debía detenerse.
–Entonces pídemelo.
–¿El qué?
–Matrimonio.
Los ojos negros se abrieron por la sorpresa y dejó caer en seco a Naruto, observándolo como si de pronto le hubiesen salido alas y antenas.
–¿Qué… qué estás diciendo?
Naruto se levantó del suelo sacudiendo la tierra de sus pantalones y sobándose la retaguardia, tranquilo y relajado, como si aquello que había dicho no fuese nada extraordinario.
–No lo pienso repetir. Podría ser muy conveniente. Tú tendrías mi dinero para pagarles a tus acreedores y yo tendría… otras cosas que necesito. –contestó, relamiéndose los labios adoloridos. –Además, podríamos hacer un acuerdo. Tú podrías conservar a tu amante, la mujer llamada Karin y yo también. Nos haríamos de la vista gorda, conviviríamos en paz…
–¡Cuando no nos estamos besando, nos la vivimos peleando, dobe! Yo no llamaría a eso paz.
–Recuerda la cena de esta noche. Ambos nos comportamos civilizadamente.
–Eso fue… porque estaba cansado y no tenía ganas de discutir con un idiota como tú. Y además… tú no podrías tener un amante. –se cruzó de brazos, limpiando disimuladamente durante el proceso el rastro de saliva de sus labios.
–¿Por qué no? Nadie tendría porqué saberlo.
–No es bien visto que una mujer… o en este caso, un doncel, tenga un amante. El hombre puede hacerlo, pero los donceles no.
–¡Es una tontería! ¿Por qué no debería?
–Es sólo una medida de seguridad… para cerciorarse que la descendencia tenga la sangre del esposo, esa es la razón por la cual los donceles o mujeres jamás podrían tener un amante.
–¡Idioteces! Sólo tendría que ser precavido.
No sabía el porqué, pero imaginarse a Naruto con otro hombre o mujer le revolvía las entrañas, justo la misma sensación que en el teatro, al verlo besando a Gaara... celos. Y no pensaba permitirlo jamás.
–De ninguna manera. Te casas conmigo para serme fiel o te vas a revolcar con la puta de Gaara y te olvidas de mí.
–Acepto. –dijo con una enorme sonrisa en el rostro. Sasuke parpadeó, sin entender muy bien lo que acababa de pasar.
–¿Aceptas? ¿A qué te refieres?
–Me has propuesto matrimonio, así que te he contestado. Cualquier hombre en tu lugar estaría feliz y dando saltos de alegría. Será mejor que vayas preparándote para la pedida de mano, supongo que a mi padre no le hará muy feliz saber que al final me he decidido por ti. –depositó un rápido beso en los labios entreabiertos del moreno y se alejó corriendo rumbo al teatro. –¡Y no te olvides que prefiero el oro blanco y los diamantes!
El cerebro de Sasuke trabajaba a toda velocidad, sin embargo, no encontraba una respuesta lógica a lo que había sucedido. Parpadeó un par de veces y luego chasqueó la lengua. Tal vez había cometido el mejor error de su vida, aunque todavía no estaba seguro. Un par de hombres que pasaban por el lugar lo miraron de reojo y se alejaron rápidamente, farfullando sobre el espectáculo que acababan de ver. Sasuke los ignoró y caminó hacia su propia casa. No se molestó en pasar al teatro por Karin, una mujer como ella quizá conseguiría alguien que la llevara a su casa. Y por primera vez en mucho tiempo, consiguió dormir sin despertar por las pesadillas.
Naruto pensó que aquello parecía un funeral en vez de un típico desayuno familiar. Minato y su madrastra intercambiaban miradas cómplices y el ambiente se encontraba más tenso que nunca. La única que parecía ignorar todo era Ino, quien continuaba con su juvenil ánimo. El menor de los rubios se preparó mentalmente para darle la noticia a su padre, sin embargo alguien se adelantó.
– Si ya terminaste tu comida, será mejor que vayas directamente a tu clase de arpa, querida Ino. –comenzó Shizune. –¿Podemos saber dónde te encontrabas ayer, después de que saliste tan rápidamente del teatro, Naruto?
La joven asintió de inmediato y se despidió de su hermano con una palmada cariñosa en el hombro antes de perderse en la inmensidad de la mansión. Era obvio que ni Shizune ni Minato querían que la pequeña Ino se enterara de lo que fuera a pasar en esos momentos.
–Les dije que me sentía sofocado y salí a tomar aire. En el camino me encontré con el conde Uchalajita, quien también había salido a tomar un poco de aire y él me invitó a cenar. Me pareció grosero decir que no, así que lo acompañé. Eso es todo.
–Creo que nos estás mintiendo, Naruto. –comentó fríamente la única mujer.
–Bueno, olvidé añadir que después de la cena salimos a dar un paseo al parque para bajar la comida. Y ya no hay más que decir.
–¡Será mejor que no nos ocultes nada, Naruto! –exclamó desesperada Shizune, golpeando la mesa con el puño fuertemente cerrado. –¡Fuiste a revolcarte con el conde!
–¡Por supuesto que no! ¿De dónde sacas eso, Shizune?
–Es lo que todo mundo está diciendo… gracias a ti somos la comidilla de la ciudad. –susurró, al borde de las lágrimas. –Todos… nos consideran una familia indigna… si esto llega a los oídos del rey… ¡Oh! ¡Y mi pobre Ino! Nadie querrá desposarse con ella… –un sollozo escapó de su boca e inmediatamente se secó las lágrimas con un pañuelo, mientras que Naruto suplicaba que su padre no cayera en el chantaje de la mujer.
–No hice nada malo. Fui a cenar con el conde, luego dimos un paseo. ¿Qué fue lo que hice mal?
–Hay… rumores. –se aclaró la garganta Minato, interviniendo por primera vez en la conversación. –Dicen que vieron al conde y a ti… dando un espectáculo en plena avenida.
–De acuerdo, sí, nos gritamos un par de cosas pero eso es algo natural. Sin gritos, el bastardo de Sasuke no entiende.
–Me refiero a otra clase de espectáculo. Una más bien de índole… sexual.
–¿Cómo pudiste? –gritó entre sollozos Shizune. –El conde y tú… en medio de la calle, a la vista de todo el mundo… sólo Dios sabrá lo que sucedió después.
–¡No sucedió nada porque fui directamente al teatro! Sólo fueron un par de besos y ya…
–Sabes como es este lugar, Naruto. –le reprochó suavemente Minato. –No debiste haber hecho eso en un lugar tan concurrido.
–¿Preferirías que se hubiera escondido en los rincones como una vil prostituta? ¡Lo que debió de haber hecho era nunca haber salido del teatro! –interrumpió Shizune, al borde de la histeria. –Todo lo que hemos trabajado por esta familia, arruinado por una maldita calentura del momento… ¿Qué pensará Lord Gaara? Seguramente cancelará sus planes de compromiso contigo. ¿Y tu hermana? ¿Qué hay de tu hermana? No podrá conseguir un buen marido ¿Por qué no pensaste en eso, Naruto? ¿Por qué eres tan egoísta? ¿Por qué actuaste como una… prostituta barata?
El límite de paciencia de Naruto llegó a cero. Se puso de pie, molesto por las palabras de su madrastra, fijando su dura mirada azul en ella. Cierto, tal vez fue muy atrevido de su parte haber besado al conde de esa manera y en un lugar público, a la vista de todos, pero jamás permitiría que pusieran en duda su inocencia.
–¡Shizune! Recuerda que Naruto es mi hijo y…
–Aunque seas la mujer de mi padre y me hayas protegido en tu regazo durante mi infancia, no te permitiré que me hables de esa manera Shizune; después de todo yo soy el heredero legítimo del apellido Namikaze y, por esa razón, me debes respeto. –interrumpió el rubio menor, tratando de mantener la voz serena para ocultar el timbre de furia. –No eres mi madre, no eres nadie para regañarme o poner en tela de juicio mis palabras o mis actos. El título, la ropa, la comida, el vino, esta mansión y tus nuevas joyas han sido gracias a mi padre; deberías siempre tener en mente tu origen, yo soy un Namikaze de nacimiento, tú, sólo por el matrimonio con mi padre. Así que no me importa lo que digan los demás ni lo que tú puedas opinar, mi conciencia está tranquila junto a mi inocencia.
–Y pienso reparar el daño. –los tres Namikaze clavaron su vista en el invitado recién llegado. Detrás del conde Uchiha corrían un par de sirvientas cuya misión, ahora perdida, había sido anunciar la llegada del visitante. –No pude evitar ignorar la discusión. Defenderé el honor de Naruto y aunque los rumores no sean ciertos, he venido a responder por él. He acudido a pedirles su bendición para nuestro matrimonio.
–¡Teme! Se suponía que yo debía de hablar primero con ellos.
–Tal vez así sea en tu ciudad natal, dobe, pero aquí haremos las cosas bien. Por eso pido, formalmente, la mano de Naruto en matrimonio. –se dirigió a Minato. –Sé que las cosas no han ido del todo bien entre nosotros, pero he de admitir que su hijo es…
–¡Cállate teme! Ni se te ocurra decir que te gusto o palabras por el estilo. Padre, madrastra, acepté la propuesta de matrimonio que me hizo el día de ayer el conde. Me casaré con él en cuanto sea posible.
El sonido del cristal rompiéndose enmudeció a todos. Shizune se tapó la cara con las manos y lloró.
–Nunca nos dijiste que pensabas casarte con este bastardo. ¿Por qué? Gaara es más hombre de lo que Sasuke nunca será. ¡Yo no apruebo este matrimonio! –tiró varias de las copas que se encontraban sobre la mesa y huyó, dejando a su marido encargarse del problema.
–¡Shizune, vuelve aquí! ¡Como mi mujer, te ordeno que regreses en este instante! ¡Debes una disculpa tanto a Naruto como al conde! ¡Shizune!–vociferó en vano Minato antes de regresar de nuevo al asunto. Volvió a su asiento y masajeó suavemente el puente de su nariz, un acto que realizaba cuando se encontraba bajo situaciones sumamente estresantes. Sasuke ocupó el lugar de Shizune al lado del patriarca, justo frente a Naruto, mientras Minato dominaba la cabecera. –Me parece la mejor opción para acallar los rumores y agradezco al conde que se encuentre aquí para arreglar esta situación. Pero ¿estás de acuerdo con esta decisión, hijo?
–Sabes que nunca aceptaría de no estar de acuerdo. –contestó con voz suave Naruto, rodeando la mano libre de su padre con las suyas. –Es lo que quiero, papá.
Los ojos azules de Minato se perdieron en aquellos ojos de idéntico color a los suyos, pero tan diferentes a la vez. Podía ver reflejados en ellos el espíritu de su amada Kushina, un espíritu valiente, tenaz, insaciable… sabía que sería imposible hacerle cambiar de opinión. Brillaban con la misma emoción que alguna vez vio en los ojos cobalto de su pelirroja esposa cuando le propuso matrimonio, sin embargo, le preocupaba no ver el mismo brillo en los oscuros ojos del conde.
–Lord Uchiha. –la mirada se dirigió al aludido. –Si se atreve a hacerle daño a mi hijo o si esto sólo es un juego para usted, le juro que, por más conde que sea, se arrepentirá.
–Naruto y yo hablamos el día de ayer. Y llegamos a un acuerdo. –silenciosamente deslizó frente a Naruto un enorme pergamino arrugado y una pequeña caja de terciopelo. –Son los planos del castillo de Konoha, los originales que poseía Hashirama. El castillo será tuyo, eres libre de hacer lo que desees con él, aunque he de advertirte que se encuentra en condiciones deplorables.
–Pero… no hablamos nunca del castillo.
–Es tuyo, sólo acéptalo. –colocó una mano sobre el hombro de Minato. –El título de conde Uchiha recaerá sobre el primer hijo varón que tengamos y me encargaré personalmente de buscar un marido apropiado para la señorita Ino. Toda la familia Namikaze obtendrá el título de Lord o Lady en cuanto nos casemos. Y le aseguro que me encargaré de proteger a Naruto.
–¿Y qué es lo que pedirás a cambio, bastardo? –cuestionó el menor.
–El simple hecho de restaurar el castillo de Konoha será más que suficiente. Si logras arreglar el problema financiero y comenzar a producir, entonces no necesitaremos depender del dinero de Lord Minato Namikaze.
–Todo esto es muy repentino… –admitió con voz cansada Minato. –Yo… no sé si sea conveniente. Las peleas entre ustedes los desgastarán y sin embargo… –suspiró. –Supongo que querrán hablar a solas. Iré por un poco de whiskey.
–¿Por qué hiciste todo esto, teme? –atacó Naruto en cuanto su padre abandonó el comedor. –Pensé que esperarías un poco más, o lo pensarías dos veces al menos.
–Al igual que tus padres, yo también escuché los rumores esta mañana. No podía permitir que mi nombre se manchara nuevamente. Ya pasamos por esto del compromiso una vez y ambos sobrevivimos, pasarlo una segunda vez no será peor.
–Lo será porque esta vez vamos en serio.
–Fuiste tú quien, básicamente, lo propuso. –contraatacó el moreno. –Podría afirmar que me obligaste a proponerte matrimonio.
–Las cosas se dieron así, engreído. Pero jamás tocamos el tema del castillo.
–Piensa en él como un regalo de compromiso. –Sasuke se ajustó la chaqueta. –En cuanto le diga a mi madre y celebremos la noche de gala para anunciar nuestro matrimonio, pondremos en marcha los planes de la boda.
–No sé…
–No puedes dar marcha atrás, usuratonkachi. Tenías razón, la persona que me atacó ayer fue una de las muchas a las que les debo una cantidad fuerte de dinero. No arriesgaré mi vida en vano. Todo será muy simple: yo te doy mi apellido, mi título y mi castillo y tú me darás dinero y un heredero digno. Es un matrimonio de conveniencia, dobe, no deberías olvidarlo.
El escuchar aquello fue como un golpe en el hígado para Naruto. Aunque él sabía que sólo sentía atracción por el guapo moreno, escuchar esas palabras le dolió. Sin embargo, el matrimonio era la única forma que había logrado idear para conseguir al conde en exclusividad.
–De acuerdo. Nos casaremos por conveniencia, teme. Pero… –sonrió. –Si será un matrimonio por conveniencia, pienso poner algunas reglas.
–¿Qué clase de reglas? –preguntó, observando fijamente al que a partir de ese momento sería su prometido. Llenó una de las pocas copas que se había salvado del ataque de furia de Shizune con vino y la llevó a sus labios mientras esperaba las supuestas reglas del rubio.
–Bueno, la primera regla será mantener mi independencia, no quiero que mi marido controle todo lo que hago; por supuesto, tú también serás independiente. En segundo lugar, deseo seguir trabajando, de ninguna manera me quedaría a cuidar niños y cambiar pañales. Y en tercer lugar… ya que sólo será un matrimonio por conveniencia, no veo la necesidad de tener que dormir en la misma habitación. –Al notar la cara de confusión y el ceño fruncido de Sasuke, explicó: –Sólo tú aceptarías estas condiciones, Sasuke. No he encontrado ninguna otra persona que pueda aceptar mi manera de ser. Casándome contigo mantendré mi independencia y, al mismo tiempo, los caza fortunas dejarían de revolotear sobre mi como buitres tras carroña. Sé que necesitas el dinero, así que tú no harías falsas promesas de amor para echar guante a mi fortuna, soy totalmente consiente de eso.
–Así que sólo será un matrimonio de puertas para afuera… me parece bien, dobe. –apuró el contenido de su copa. –Ambos conservaremos vidas independientes y, fingiremos frente a los demás. Aunque con tus reglas, no veo la manera de tener mi heredero.
–No hay porqué preocuparse. Pensaremos en algo cuando sea tiempo de traer pequeños Sasuke's al mundo. De esta manera, tú serás feliz con tu amante Karin y yo buscaré a alguien que pueda satisfacer mis necesidades.
–¡No andaré por la vida retando a los hombres para defender tu honor, usuratonkachi! Habíamos hablado de eso.
–Tampoco tienes que preocuparte. Seré muy discreto y te aseguro que, llegado el momento, el heredero Uchiha tendrá tu sangre corriendo por sus venas. –el conde no tenía más intenciones de discutir, esperaría a estar casado con el rubio para negociar lo de sus amantes. De ninguna manera permitiría que el honor del consorte del conde Uchiha se mantuviera en entredicho.
–¿Dónde escuchaste lo de Karin?
–Hinata me lo contó.
–No debería de decirte eso.
–Bueno, yo fui muy insistente. Como hombre de negocios que soy, me aseguro de investigar todos los defectos y virtudes de lo que compro; el saber de la vida de mi futuro marido no es diferente. Necesitaba saber qué es lo que podía esperar de ti. Prefiero ser advertido que sorprendido.
–Esto es una locura, dobe… y no puedo creer que yo participaré en esto.
–Verás que funcionará, bastardo. Seremos como dos amigos compartiendo la misma casa.
–Y los mismos hijos.
–Sí, bueno, como te dije… discutiremos lo de los pequeños Uchiha cuando llegue el momento. –el conde se puso de pie, dispuesto a marcharse.
–Pronto vendrá mi madre para arreglar lo demás. Deberás usar el anillo de compromiso y avisarle a tu amiguito Gaara que deje de buscarte. Nos veremos después.
Sasuke se retiró de la misma manera en la que llegó. Ni un beso de despedida ni una caricia. Era como si toda la pasión que había ocurrido en la noche anterior quedara simplemente como un espejismo encadenado al pasado. Tal vez se había apresurado en forzar un matrimonio… pero de alguna manera lograría doblegar al orgulloso Uchiha, no por nada era Naruto Namikaze, el número uno en sorprender a la gente. Y durante el proceso también se aseguraría que el moreno se olvidara de Karin.
Tomó la delicada caja de terciopelo y en su interior descubrió un sencillo anillo de oro blanco con un diminuto brillante incrustado en el centro de la argolla, apenas sobresaliente. El brillo del zafiro realzaba los propios ojos azules de su nuevo dueño. No hubo palabras románticas ni declaraciones de amor eterno mientras colocaba el anillo en el dedo correspondiente.
Un día más transcurría lentamente en la mansión Aburame. Las sirvientas corrían como hormigas arreglando el lugar y preparando la habitación del futuro heredero Aburame mientras Hinata permanecía estrictamente en cama, por órdenes de su marido. Ansiaba ya salir de su habitación, odiaba estar encerrada en ese lugar. Deseaba salir y respirar aire fresco, sentir la suave brisa de la primavera alborotar sus cabellos y correr en el campo, recolectando hermosas flores para adornar la mansión. Pero todo eso estaba prohibido. Buscó en la pequeña librería algún ejemplar que no hubiese leído ya y se sentó junto a la ventana, dispuesta a continuar leyendo algunas de las fábulas de Esopo. Últimamente se aburría mucho, pues incluso las visitas de Naruto comenzaban a escasear debido a lo ocupado que se encontraba con los preparativos de la boda. Pensar en que pronto se casaría con su hermanastro le causaba un conflicto interno. Quería mucho a Sasuke, por lo que se alegraba que por fin sentara cabeza con alguien tan especial como Naruto, pero a la vez, los celos la carcomían por dentro. Una parte oscura de ella le decía que su hermanastro, un despilfarrador, drogadicto y deseoso de venganza, no merecía a Naruto. Sin embargo, el propio rubio le había confesado que de alguna manera, él mismo le había propuesto matrimonio a Sasuke, por lo que no era algo que fuera en contra de sus deseos y a Hinata no le quedó más remedio que aceptarlo y envidiar en secreto a Sasuke.
Inconscientemente, pasó suavemente la mano sobre la delicada y apenas perceptible curva de su vientre. Tenía poco más de tres meses y aún le era difícil creer que dentro de ella crecía otra vida. La noticia del matrimonio entre Naruto y Sasuke la había distraído de sus sombríos pensamientos respecto al bebé y, más aún, había enterrado en una parte muy profunda de su memoria aquel recuerdo de unos ojos perla sosteniéndola antes de desmayarse en el campo de croquet. Sería una tonta pensar que Neji o Hanabi continuaran con vida. Lo mejor sería resignarse a su vida actual. Quizá y con un poco de suerte, según sus pensamientos, podría morir después del parto como solía suceder con las hemorragias o la fiebre, sabía de los riesgos que implicaba el estar embarazada. A través de la ventana observó a las sirvientas sacar varios de los muebles de casa al jardín, preparándose para la limpieza exhaustiva que se realizaba cada año al inicio de la primavera. La puerta posterior del patio estaba abierta y nadie le prestaba atención, pues estaba puesta en sacudir a la perfección las costosas alfombras persas. Dejó el libro y bebió de un sorbo el resto de té antes de escabullirse y salir por la puerta posterior.
Una vez lejos de su casa, Hinata sonrió y reprimió una carcajada. Soltó su cabello atado y corrió a través del campo hasta la orilla de un pequeño riachuelo. El agua cristalina se veía tentadora así que se quitó los zapatos y las medias, anudó su falda a la altura de las rodillas y se arremangó la blusa, dejando la mayor parte de sus brazos al descubierto. El contacto del agua fría con la caliente piel le provocó un delicioso escalofrío. Se sentó sobre una roca, dejando sus pies dentro del agua. Permanecería así hasta que la piel de sus pies se volviera arrugada o alguien fuera a buscarla, lo que ocurriera primero. Observó la paz y tranquilidad a su alrededor. Cuando era niña, solía ir a ese mismo lugar los veranos que pasaban en la ciudad, junto a Sasuke e Itachi a juntar flores para hacer preciosos ramos para Lady Uchiha y coronas para adornar la cabellera de una muy pequeña Hanabi. Y también ese era el lugar secreto donde se encontraba a escondidas con Neji. Aún podía ver su pálida piel, su largo cabello castaño y recordar su aroma a bosque fresco y madera.
–¡No, espera! Baja la voz, hay alguien ahí. –Hinata buscó con la mirada al dueño de aquella voz, que no resultaron ser más que un par de niños en busca de un conejo, que no debían de tener más de 8 años. –Será mejor volver mañana.
–Pero… pero yo quiero al conejo.
–Conseguiremos otro, pero vámonos ya.
–¿Por qué le tienes tanto miedo a las personas, hermano?
–Sólo le tengo miedo a las personas como ella… son elegantes y ricas, cualquier cosa que unos campesinos como nosotros hiciéramos, podría molestarlos y entonces nos mandarían a azotar, como le pasó al primo Tatsuki. –el menor de los niños tembló y aceptó irse.
–¡Esperen! –dijo Hinata, provocando que la mirada de los niños se volviera de temor. –Mi nombre es Hinata Aburame. Yo no les haré daño, sólo estoy aquí para descansar un momento. Si quieren atrapar a ese conejo, incluso puedo ayudarles.
–¿Sabes cazar conejos? –preguntó con entusiasmo el pequeño niño.
–Bueno, sé hacer unas trampas especiales… mi hermano Itachi nos enseñó. –sacó los pies del agua y se dirigió hacia un árbol cercano buscando pequeñas ramas de madera. –Puedo enseñarles y verán como atraparán más conejos que un cazador.
Los niños intercambiaron una mirada de complicidad y ambos sonrieron. La mirada de aquella extraña mujer era amable y no dudaron en seguirla. En poco tiempo, aprendieron la manera de hacer trampas para conejos, sin embargo, la paciencia no era una de sus virtudes.
–¡Otra vez se escapó el conejo, Akira! Deberías de tener más cuidado. –refunfuñó el mayor. –Vamos a la trampa que pusimos río abajo…
–¡No! Podemos esperar otra vez y atrapar a este. ¿Nos ayudarías Hinata? –Akira miró a su alrededor y encontró a la mujer buscando algo en otra de las trampas que habían colocado cerca del río. Corrió hacia ella y encontró un hermoso conejo pinto en su regazo. –¡Es fantástico! ¡Renzo, mira lo que atrapó Hinata! –el mayor corrió hacia donde estaba su hermano para ver al animalito, pero pronto comenzó una disputa ente ellos sobre quién debería de conservar al conejo.
–¡Te digo que es mío! Yo escogí este lugar para poner la trampa. –reclamó Renzo.
–Sí, pero no olvides que quien hizo la trampa fui yo. –se defendió Akira, el menor. –Además, tú no quieres un conejo.
–Bueno, pues ahora ya lo quiero.
–¡Renzo! ¡Akira! ¿Dónde diablos se metieron? Tienen a todo el pueblo buscándolos. –el hombre que acababa de llegar dirigió inmediatamente su atención hacia Hinata, pero con el simple hecho de observar sus caras vestimentas, supo que estarían en problemas. Se arrodilló en el suelo, ofreciendo una disculpa e incapaz de fijar su mirada en la elegante mujer. –Mi Lady, lamento el inconveniente, pero le ruego por favor que no castigue a estos niños, sólo intentaban jugar, si hay algo que pueda hacer por usted para pagar esto…
La mujer permaneció en silencio mientras los niños observaban la seriedad de aquel acto. Sólo cuando la respiración de Hinata se agitó y sus piernas amenazaron con no soportar su peso, dirigió su mirada hacia el rostro de la chica.
–¿Ne-Neji?
Cuando le anunciaron que tenía visitas, no lo podía creer. Deseaba tomarse una taza de té, una rebanada de pastel de manzana y poder dormir el resto del día. Los preparativos de la boda, y los libros de contabilidad habían drenado toda su energía. Además, debía de apurarse en terminar de restaurar la biblioteca de la ciudad antes de su boda, ya que habían decidido mudarse a Konoha en cuanto estuviera casado con Sasuke. Para completar su día, aún faltaba ir a una reunión con el hombre que se encargaría de llevarle los materiales de construcción necesarios para remodelar el castillo de Konoha. Sin embargo en ausencia de su padre, él, como el heredero Namikaze, debía de encargarse de las visitas. Casi envidiaba a su padre que en esos momentos debía de estar llegando a algún lugar extranjero nuevo para negociar la venta de unos diamantes. Shizune se encontraba enferma de los nervios desde aquel día en que Naruto había anunciado su compromiso con el conde, así que tampoco podía recibir a los invitados. Se levantó de un salto y fue a refrescarse el rostro antes de atender a la sorpresiva visita.
–La señora Senju, lo espera en el recibidor, señorito. –anunció una de las sirvientas.
–¿Y a qué se debe su visita? No recuerdo conocer a ninguna mujer con ese apellido.
–Bueno, dice que es importante. Es sobre su compromiso con Lord Uchiha… ella asegura que Sasuke es un asesino y que usted está en peligro.
–Definitivamente eso llama mi atención. Bajaré en un momento.
La mujer que lo esperaba en el amplio recibidor era rubia, de grandes ojos color almendra, con tez blanca y aparentaba una edad menor a la que debía de tener. Sus grandes pechos eran cubiertos por el recatado vestido y observaba con poco disimulo las grandiosas pinturas que decoraban la estancia.
–Mi señora, es un honor conocerla. Me han informado que tiene noticias importantes respecto a mi futuro esposo. –inició Naruto, sentándose un el sillón individual y ofreciéndole café y panecillos a la reciente visita.
–Joven Namikaze, sólo vengo a informarle el terrible peligro que corre si se casa con ese conde maldito. –Tsunade Senju se sentó en la orilla del sofá, con la espalda muy recta y la mirada seria clavada en el atractivo rostro de Naruto. Aquel muchacho le simpatizó de inmediato, pero pudo notar cierta animadversión hacia ella. –Sé que no me conoce y no tiene porqué creerme pero debería de investigar un poco antes de aceptar unir su vida para siempre con ese hombre. Hablo con la verdad al asegurar que el conde Sasuke Uchiha es un asesino.
–Y si es un asesino ¿por qué la justicia no ha llegado a él?
–¡Precisamente porque es un conde! –exclamó Tsunade, subiendo el volumen de su voz. –Ese maldito mujeriego… es un asesino.
–¿Tiene pruebas de ello? ¿Algo que lo incrimine como un asesino?
–Yo… no las tengo. Durante estos últimos trece años he callado porque alzar la voz contra un conde sin tener pruebas me condenaría. He pasado estos años en la inmensa soledad de mi casa, con el corazón vacío, añorando a la amada hija que él me arrebató.
–Bueno, me gustaría escuchar su historia desde el principio, luego juzgaré en base a eso.
–Hace trece años yo tenía una sobrina a la que eduqué como si fuera mi propia hija. Cuando me casé con mi amado esposo Dan, él criaba a una niña, hija de una hermana que había fallecido después del parto. Yo la crie como si fuera sangre de mi sangre, velé por ella, curé sus fiebres, la enseñé a bailar, a comportarse en sociedad… hasta que llegó el desafortunado día en que lo conoció a él, a ese desgraciado conde. Sasuke era muy guapo y mi hija, aunque varios años mayor que el conde, era inexperta. No pasó mucho tiempo antes de que cayera en sus manos. Mi hija le entregó todo: su corazón, sus ilusiones, sus sueños, su inocencia, su espíritu, pero el Uchiha sólo jugaba con ella, experimentó y aprendió a amar gracias a mi niña. Después de arrebatarle todo, no le quedó nada, su vida se volvió vacía y sin sentido. Pasaba horas frente a la ventana, observando el mar y esperando que su amado príncipe llegara por ella. Un día de tormenta, mi hija salió de la casa y cayó de un acantilado hacia el océano. Sólo encontraron sus zapatos manchados de sangre, retazos de ropa y algunos trozos del cuerpo que arrojó el mar. Ni siquiera… –hizo una pausa para limpiarse la nariz y las lágrimas. –No pude tener su cuerpo completo para darle sepultura, sólo unas partes mordisqueadas por animales y desfiguradas… la mayoría de las personas dicen que mi querida hija se suicidó, ¡pero yo sé que ese maldito Uchiha la arrojó del acantilado para deshacerse de ella! Cuando Fugaku Uchiha se enterara que su hijo le robó la inocencia a una pequeña damisela de familia respetable, obligaría a Sasuke a casarse y cumplir su deber. Pero Sasuke no quería casarse con mi hija porque ya tenía los ojos puestos en esa ramera que ahora es la esposa de Orochimaru, así que encontró la manera de deshacerse de ella y de su responsabilidad al matarla. ¡La vida de mi niña se volvió desgraciada en cuanto conoció a ese mujeriego!
–Es una historia interesante, pero tendría que escuchar también la versión de mi prometido.
–¿Acaso no lo entiende? He venido porque usted es un doncel especial, me simpatiza y me recuerda a mi propio hermano. No quisiera que algo malo le pasara por estar al lado de un hombre tan ruin como lo es Sasuke.
–¡No permitiré que hable así de mi prometido! –replicó Naruto, poniéndose de pie, acto que imitó de inmediato Tsunade. –Lo que usted dice no tiene lógica. Si su hija estaba tan deprimida es probable que pudiera llevar a cabo un acto tan extremista como lo fue el suicidio. ¿Por qué culpar a Sasuke? Una relación es de dos personas y, por lo que me contó, Sasuke no forzó a su hija ni abusó de ella. Si terminaron su relación, por algo habrá sido.
–¡Pero la sedujo!
–Conozco a Sasuke y sé que sería incapaz de atentar contra la vida de alguien y mucho menos de una joven.
–¿Qué tan bien lo conoce, joven Naruto? ¿Sabe acaso donde pasa las noches su futuro marido? ¿Cómo puede asegurar que Sasuke no mataría a nadie?
–Sólo lo sé. No aceptaría este matrimonio si no lo conociera bien. Podría apostar lo que fuera a favor de Sasuke. De nada sirve un matrimonio sin confianza. Y yo confío en él plenamente.
–De acuerdo, yo ya he cumplido con mi deber de advertirle. Solo espero que su ciega confianza en un hombre como él no sea la causa de su final. Y también espero algún día justicia para mi hija.
Tsunade se alejó con grandes y veloces zancadas, necesitaba aire fresco y pronto. Naruto la observó hasta que salió de la mansión. Subió las escaleras directamente a su recámara, pasando antes por la habitación en la que Shizune había decidido encerrarse a cal y canto. Aún seguía molesta por lo ocurrido y se negaba a aceptar la futura unión Uchiha-Namikaze. Los sollozos de la mujer aún eran audibles y mucho más fuertes que antes. Bueno, su padre tendría mucho trabajo que hacer. Continuó su camino, pensando en hacerle una visita a su amiga Hinata, llevaba varias semanas sin verla y su embarazo le preocupaba de cierta manera. Suspiró, sólo faltaban dos semanas para su boda y, en ese tiempo, debía de averiguar si había algo de verdad en las palabras dichas por aquella mujer o sólo eran palabras dolientes de una madre desesperada.
–He de admitir que todo salió conforme al plan, amor… o incluso mejor –susurró en el oído del conde.
–No deberías de cantar victoria tan pronto, Karin. –advirtió Sasuke, despegándose del cuerpo ajeno para buscar una copa. –Minato habló conmigo. Me advirtió que había buscado a uno de sus abogados y que, por lo tanto, se encontraba preparando un documento legal en el cual toda la herencia de Naruto pasaría directamente bajo su control.
–Pero si la herencia ahora será de tu futuro esposo, tienes todo el derecho del mundo a ponerle las manos encima y hacer lo que te plazca con ella. Serás su esposo y señor.
–No. –el conde apuró el resto del amargo líquido en su garganta y volvió a llenar la copa. –Naruto controlará el dinero de la herencia y la propia fortuna que él ha obtenido trabajando aunque sea mi esposo. Eso es lo que menciona el documento. La herencia será exclusivamente de Naruto y sólo él podrá tener acceso y yo he de firmar que estoy de acuerdo. Si no lo firmo, la herencia pasará directamente a manos de Ino, la segunda hija de Namikaze y Naruto se quedará sin un solo centavo.
–Eso significa que, aunque Naruto sea tu esposo, ¿tú tendrás que pedirle dinero a él? ¡Eso es ridículo! ¿Desde cuándo suceden este tipo de cosas? Es darle demasiado poder al rubio idiota. Él… él podría dejarte en la calle o dejarte morir de hambre si le apetece, mientras se revuelca en toneladas de oro y se ríe de ti. –clamó desesperada Karin, quitándole la copa de licor y bebiendo ella también de un gran sorbo. –Jamás te daría dinero para mantener a tus amantes.
–Naruto aún no sabe del documento. Minato me pidió que lo mantuviera en secreto. Será decisión del dobe permitirme el acceso al dinero o negármelo.
–Esto es un caos… ¿entonces de que ha servido tu compromiso con él? Deberías cancelarlo y casarte con Haruno. Ella te daría todo a manos llenas.
–Sabes que es muy tarde, Karin. Pasado mañana será la boda.
–Es cierto. –corroboró la mujer con un tono de voz bajo y ronco mientras aflojaba los cordeles de su vestido. –Y por eso mismo, deberías de celebrar tu penúltima noche como hombre libre ¿no lo cree, mi Lord?
–Karin… –cerró los ojos y se dejó envolver lentamente en el beso, permitiendo que lo empujara hasta la cama y se pusiera a horcajadas sobre él. –No deberíamos…
–Calla, amor. Después de tu boda te irás a Konoha con el doncel y no te veré en mucho tiempo. Tendré que aguantar las noches sola, con mis torturantes pensamientos sobre mi amado Sasuke haciéndole el amor al rubio, haciéndole un heredero… algo que yo no puedo darte. –finalizó con tristeza en su voz. Varias veces había intentado quedar encinta sin éxito. Una de las hechiceras del pueblo le había dicho que se debía a un conjuro realizado por uno de sus enemigos para perjudicar su felicidad.
Karin silenció al conde con un hambriento beso, mientras que sus traviesas y ágiles manos recorrían la espléndida figura de Sasuke. Una de ellas se coló debajo de la camisa y la otra se dirigió hacia el sur, en busca del punto más placentero del hombre. La fría mano de Karin apresando su miembro lo obligo a reaccionar. Con suavidad, tomó las muñecas de la mujer con sus propias manos y la alejó de su cuerpo. Por un breve momento deseó que los rojos cabellos fuesen rubios y los ojos carmín, azules.
–Lo siento, Karin. Esta noche no.
–¿Por qué no?
–No estoy de humor. Sólo déjalo y vete ya. La noche comienza a ponerse fría y es peligrosa.
Karin apretó sus labios y bajó la mirada. Con rabia contenida, se acomodó el vestido y recogió sus cosas. Sasuke suspiró y se acomodó sobre la mullida cama mientras observaba a la pelirroja irse. Sabía que volvería mañana, y él probablemente volvería a detenerla. Nada había sido igual desde el último beso con el Namikaze. Las fuertes piernas enredadas en su cintura, sus exigentes labios demandando más y más, el suave calor de las manos ajenas enredadas en su cabello… el solo recordarlo despertó una parte de él que Karin no logró. Se masajeó las sienes, intentando olvidar el sabor adictivo de Naruto. Sólo dos días más y podría convencerlo de tenerlo bajo su cuerpo, dando rienda suelta a sus deseos y olvidando esa estúpida regla de cuartos separados.
La ceremonia había transcurrido tranquila y sin contratiempos. Ambos habían firmado los documentos legales que ahora los reconocían como matrimonio. En ese momento se encontraban en la mansión del conde, bellamente decorada para la fiesta. Parecía que la mitad de la ciudad había acudido ese día. A Naruto ya le dolían las mejillas de tanto sonreír y, de vez en cuando, buscaba a su nuevo esposo con la mirada, soltando un suspiro de alivio al verlo platicando seriamente con alguno de los invitados. Debía admitir que ese día Sasuke se veía guapísimo. Su oscuro traje combinado con una elegante y fina camisa blanca resaltaba a la perfección el color de su piel y sus ojos negros brillaban más que nunca. Naruto suspiró por vigésima vez en el día, aún sin creer que ya estuviera casado con tan atractivo espécimen masculino.
–Te ves guapísimo, Naruto. El color gris oxford te queda muy bien. –señaló Hinata. Naruto la abrazó, llevaba mucho tiempo sin verla y, durante la ceremonia, no la había localizado.
–¡Pensé que no vendrías! Te ves radiante, cuñada. –ella sonrió y dio una vuelta para enseñarle su hermoso vestido rojo carmesí. –¿Por qué tardaste tanto en llegar? Estaba a punto de morir de los nervios antes de firmar.
–Mi marido no quería que viniera. Lo sabes, cree que caminar o tener emociones fuertes me provocarán perder al bebé. Y sólo Dios sabe lo mucho que Shino desea a su heredero. Tuve que amenazarlo con lanzarme de la ventana para salir si no me traía el día de hoy. Daría lo que fuera por no perderme la boda de mi querido hermano y de mi querido amigo.
Naruto sonrió y observó el sonrojado rostro de Hinata. Sus mejillas se veían con un saludable tono rojizo y sus ojos brillaban más que nunca, incluso su comportamiento era completamente diferente, segura de sí misma. Observó el embarazo que ahora era más que evidente.
–Hay algo diferente en tus ojos, Hinata. No sé qué es, pero me agrada.
–En realidad hay algo que debo decirte. –miró a su alrededor, asegurándose que su marido se encontraba platicando con la ahora muy feliz Mikoto, quien a partir de ese momento perdería su título de condesa viuda y sólo sería Lady Uchiha, a pesar de que era un duro golpe a su orgullo, podría soportarlo dignamente por el dinero que ahora tenían. –Muy bien Naruto, conde de Uchiha, acompáñame afuera y te lo contaré todo.
Naruto la siguió hasta uno de los balcones. El aire, cada vez más caliente por la llegada de la primavera, les dio la bienvenida revolviéndoles el cabello.
–¿Es una noticia buena?
–Es una noticia excelente, Naruto. Es lo mejor que me ha pasado en la vida. –Hinata se llevó las manos al rostro y rio fuertemente, como nunca antes lo había hecho para después dar saltitos de felicidad. –¡Neji está vivo! ¿Puedes creerlo? Yo no… cuando lo descubrí, creí que moriría de la felicidad. Aún pienso que estoy en un sueño y que, cuando despierte, me enfrentaré al cruel y oscuro mundo real.
–Pero… ¿cómo es eso? Pensé que él había muerto en aquel accidente que me contaste.
–¡No, no murió! ¿Recuerdas que mencioné que jamás encontraron su cuerpo?
–Sí, pero también recuerdo que con la cantidad de sangre que hallaron era imposible que siguiera vivo.
–Pues fue posible. Unos aldeanos lo encontraron malherido y lo llevaron a una cabaña, curaron sus heridas y… estuvo muy grave. –su tono de voz disminuyó considerablemente. –Me dijo que incluso esas personas creían que no podría sobrevivir. Durante tres meses se debatió entre la vida y la muerte. Me dijo que lo único que le dio fuerza para aferrarse a la vida fue mi recuerdo. ¿No es romántico eso?
–Por supuesto que lo es… pero ¿cómo lo encontraste?
–Escapé de mi casa un día que las sirvientas estaban distraídas. Llegué al lugar donde solíamos jugar en verano Itachi, Sasuke y yo. Me encontré con unos niños que buscaban conejos y, cuando uno de sus cuidadores llegó, ¡me di cuenta que era Neji! Al principio creí que era una alucinación por el embarazo, pero cuando me estrechó entre sus fuertes brazos… ¡Por Dios! Es como haber llegado a casa después de tanto tiempo viajando.
Naruto escuchaba alegremente las palabras de Hinata. Así que a eso se debía su cambio. Sin embargo, aún quedaban preguntas sin resolver.
–Todo lo que me cuentas es muy lindo, Hinata, pero si sobrevivió a aquel accidente ¿por qué nunca volvió a buscarte?
–Bueno… por el accidente él no recuerda muchas cosas. Cuando despertó, sus salvadores le dijeron que viajaba solo, que nadie más había sobrevivido al accidente. Él confundió sus recuerdos y creyó que yo viajaba en la carreta con él ese día, como solíamos hacerlo en ocasiones. Al igual que yo, Neji vivió con la mentira de que estaba muerta. Pero ahora que lo he encontrado y mi amor por él ha resurgido de entre las cenizas… ¡estoy tan feliz, Naruto! Pensé que la maldición de los Uchiha nunca terminaría.
–Y aún no ha terminado, Hinata. –le hizo volver a la realidad. –Sigues casada con Shino y esperas un hijo de él ¿qué piensas hacer?
–No he hablado mucho al respecto con Neji, pero él me aceptará. En cuanto a Shino… tengo pensado pedirle ayuda a mi hermano Sasuke y a ti, por supuesto.
–¿Y cómo podría ayudarte? No me digas que quieres que lo matemos… –repuso asustado el rubio.
–¡No! ¡Por supuesto que no! Jamás podría pedirte algo así, ni manchar las amadas manos de mi hermano y de mi cuñado con sangre. No… lo que quiero es algo diferente. Pienso anular mi matrimonio con Shino y para eso necesitaré contactos así como dinero que Sasuke y tú poseen.
–No lo entiendo ¿Cómo crees que podrás lograrlo? ¿Qué es lo que argumentarás para separarte de él?
–Les diré que yo no era virgen cuando me casé con él, ya que estaba prometida a Neji. De esa manera…
–No puedo ayudarte con eso, Hinata, ¡es una locura! –la tomó de los brazos para observarla fijamente a los ojos. –¿Sabes lo que harán si se descubre esa infidelidad?
–Claro que lo sé, amigo mío. Y créeme que el caminar desnuda por la plaza y después recibir hasta trescientos azotes, es un precio que estoy dispuesta a pagar por mi libertad.
–No… –repuso preocupado Naruto. –No puedes hacer eso. He visto personas azotadas, cuyos cortes se infectan, supuran durante un tiempo, arden en fiebre, deliran y después mueren. No permitiré eso, Hinata. ¿Y si los jueces no son gentiles contigo? Dime, ¿qué harías si ellos deciden hacerte pagar con tu vida?
–No lo harán. –colocó una de sus manos en la mejilla de Naruto, con un gesto cariñoso. –En ese momento es cuando pensaba que podrían intervenir Sasuke y tú con su poder e influencias en la corte. Los azotes y el dolor no me importan. Si Shino quiere quedarse con el niño, sé que el bebé estará bien y tendrá todo lo necesario, así como un título nobiliario. En cuanto sea libre, me casaré con Neji y nos iremos a vivir lejos. No me importa pasar el resto de mis días limpiando una pequeña casita, recogiendo zarzamoras, criando borregos o lo que sea. Junto a Neji, seré feliz. No extrañaré todos estos lujos e hipocresías que nos rodean. Seré libre y feliz, eso es todo. Es lo que más quiero en la vida, por favor Naruto. Ayúdame.
Naruto sabía que eso era una locura. Pero los hermosos ojos perla brillaban con la ilusión del amor y la felicidad. No podía decir que no. Suspirando, tomó las manos de su ahora cuñada entre las suyas.
–Te ayudaré. Y Sasuke también estará de acuerdo. Pero, debes prometer que esperarás hasta que el niño nazca, no quiero poner la vida de un inocente en peligro. Y debes de tener cuidado cuando veas a Neji. Si alguien los descubre, entonces Shino podría acusarte de infidelidad o algo peor y no podremos intervenir.
–De acuerdo, puedo esperar hasta que nazca el bebé. Gracias Naruto, gracias amigo mío por todo. –depositó un cariñoso beso en la mejilla morenita y después volvieron al salón, donde una pelirroja con vestido escotado y llamativo los esperaba.
–¡Joven Namikaze! Es un honor por fin conocerlo. Supongo que las formalidades no serán algo indispensable entre nosotros.
–¿Qué demonios haces aquí, Karin? –siseó furiosa Hinata, interponiéndose entre ella y el rubio. –No debiste venir, vete ahora mismo.
–¡Oh, querida Hinata! Llevaba tiempo sin verte, pero me he enterado de tu embarazo y he agradecido a los dioses todos los días por el futuro heredero Aburame. –se liberó de la barrera puesta por la propia Hinata y se presentó ante Naruto. –Naruto, supongo que entre nosotros podría nacer una gran amistad, ya que he sido una de las mejores amigas de Sasuke desde la infancia. Lo conocí en su fiesta número catorce. Por cierto Naruto…
–Lord Naruto Namikaze, conde de Uchiha, para usted. Supongo que será Lady Karin de Otogakure ¿no? Generalmente prefiero que mis amigos me llamen sólo por mi nombre, pero con usted preferiría que conserváramos los títulos, Lady. No olvide que ahora, le está hablando al nuevo conde de Uchiha.
–¿Sabes? Tal vez deberías de poner una cara más alegre, Sasuke.
–Vete al demonio, Suigetsu.
–¡Oh, vamos! Es lo que todo hombre desea, casarse con un guapo doncel, heredar todo un imperio de joyas y, de paso, arruinarle la vida a quién te rechazó una vez ¿qué más puedes pedir? ¡Qué manera de completar tu venganza, mi hermano!
Sasuke permaneció en silencio, observando a su hermanastra y a su nuevo esposo salir a uno de los balcones. Miró su copa vacía y llamo a uno de los meseros para que le llevase una nueva copa.
–¿Se irán el día de hoy al castillo de Konoha?
–Sí. Y de hecho, ya deberíamos de empezar a despedirnos. Es un viaje bastante largo.
–Bueno, pues te deseo la mejor de las suertes, amigo. –rodeó los hombros del conde con un abrazo fraternal. –He de admitir que extrañaré nuestras eternas parrandas. Cuando embaraces a tu esposito, vuelve a la ciudad y avísame, te estaré esperando con el mejor par de putas de toda la ciudad.
El moreno puso los ojos en blanco, por el momento no se imaginaba el tener ganas de acostarse con otra persona que no fuera el atractivo rubio. Le pidió a uno de los sirvientes que prepararan las cosas para comenzar su viaje a Konoha. Naruto había decidido empezar a reparar el viejo castillo cuanto antes, por lo que inmediatamente propuso trasladarse a Konoha el mismo día de su boda, para iniciar allá su vida de casado. Y Sasuke tuvo que aceptar, pues los chismes empezarían a correr si él decidía abandonar a su esposo en el campo sin darle un heredero al menos.
El siguiente que se acercó a felicitarlo era el propio Itachi. Se veía más delgado y pálido que la última vez, pero sus oscuros ojos aún brillaban llenos de vitalidad.
–Es un buen día, Sasuke.
–Sí, lo es. ¿Deidara viene contigo?
–Sabes que nuestra madre lo detesta y ni Deidara ni yo nos me atreveríamos a arruinar el día de tu boda con un escándalo de Mikoto. Se quedó en una posada cercana, pero te manda saludos y felicitaciones por tu boda. –se dio un momento para analizar la hermosa música que un par de intérpretes tocaban escondidos bajo las escaleras. –Hermanito, parece que por fin encontraste a alguien para sentar cabeza. Pero ahora dime, ¿por qué elegiste a Naruto?
–¿Por qué? Porque eran los planes de nuestra madre, eso es todo. –el rostro de Itachi formó una sonrisa de decepción.
–¿Sólo por eso?
–Por eso y porque Naruto prometió pagar todas mis deudas. En el último mes he tenido varios atentados infructuosos contra mi vida. Sólo es cuestión de tiempo para que los acreedores se enfaden y contraten a un profesional al que no le tiemble la mano al tomar mi vida.
–Entonces, ya no hay forma de salvarte, Sasuke. Bienvenido a tu condena eterna.
–Vaya, parece que se acercan problemas. –interrumpió y sin soltar la copa, Suigetsu señaló la escena que comenzaba a desarrollarse un par de metros lejos de ellos. Para el chico de cabellos blancos no era secreto que su hermana se acostaba con su mejor amigo, de hecho a él no le importaba lo que hiciera su hermana siempre y cuando pudiera recibir algún beneficio del dinero de Orochimaru.
Aunque preferiría quedarse a resolver el misterio oculto tras las palabras de su hermano mayor, Sasuke se dirigió hacia donde estaba Karin, dispuesto a sacarla de ahí antes de que más invitados notaran su presencia y comenzaran a murmurar. Lo último que deseaba era un escándalo de su madre justo a la mitad de la fiesta. Con paso firme llegó hasta donde estaba la pelirroja y la tomó fuertemente del brazo, susurrando una disculpa y llevándola casi a rastras hasta la primera habitación que encontró.
–¿Quién crees que eres para venir así y presentarte descaradamente frente a mi esposo? –gruñó por lo bajo Sasuke, cerrando la puerta de un portazo y tratando de mantener el tono de voz bajo para evitar llamar la atención. –¿Qué tienes en el cerebro Karin? ¿Aire?
–Sólo vine a felicitar a mi amigo, ya que hoy es su boda. –repuso sarcástica, cruzándose de brazos y poniendo distancia ente ella y el moreno. –¿Ahora me vas a decir que jamás fuimos amigos?
–Sí, lo fuimos durante un tiempo, antes de que te convirtieras en una puta.
–Una puta que es tu amante, idiota.
–Por eso mismo no deberías de estar aquí. Podrías ocasionar un problema con la familia Namikaze si se enteran de que mi rastrera amante se presentó aquí a felicitar a Naruto.
–Lo único que puede pasar es que la gente hable, manchando el nombre de Naruto y de paso, el de toda su familia. Y eso es justamente lo que quiero.
–Y es lo que yo quiero impedir, Karin. No quiero que mi heredero tenga un padre del que todos murmuren. –abrió la pesada puerta de un jalón. –Ahora márchate, Karin. Por la amistad que tuvimos alguna vez, ya no me ocasiones más problemas.
La pelirroja mujer lo miró desafiante, mientras internamente se debatía entre continuar con el escándalo o aceptar su derrota. Gruñó por lo bajo, no le convendría tampoco a ella ensuciar su nombre, por mucho que ya estuviese enlodado. Buscaría otra forma de vengarse del rubio por arrebatarle uno de sus más preciados caprichos. Caminó erguida hasta la salida, con Sasuke pisándole los talones para asegurarse que no volvería a la fiesta.
–Espero que seas muy infeliz en tu aburrida vida de campo. Será mi turno de vengarme cuando vuelvas a mí, suplicando un lugar en mi corazón y en mi cama.
–Ya lo veremos, Karin. –respiró con alivio hasta que el carruaje de Karin se perdió en la lejanía. Era hora de marcharse si no querían ser pillados por la noche a medio camino. Cuando se aseguró de que los carruajes y el equipaje estaban listos, llamó a Naruto, se despidieron en general de todos los invitados y la nueva familia Uchiha-Namikaze, procedió a iniciar su viaje hacia el que sería su nuevo hogar.
Naruto viajaba con Sasuke en un carruaje exclusivo para ellos dos. Detrás de ellos venía otro carro con Minato, una emocionada Ino así como Kakashi, el contador oficial, quienes habían decidido mudarse al castillo para ayudar a Naruto con las reparaciones. Un carro extra los seguía, el cual transportaba el equipaje. Para Ino era una nueva aventura ya que por fin viviría en un verdadero castillo. Minato y Kakashi veían a aquel viaje como un reto en el cual lograrían que unas tierras abandonadas volvieran a producir mientras que Naruto restauraría la gloriosa arquitectura que en tiempos pasados volvió famosa a Konoha. Shizune continuaba enferma y había decidido no asistir a la boda a la que ella con tanto ahínco se oponía, sin embargo llegaría en un par de días a Konoha, por nada del mundo permitiría que su marido y su hija estuvieran solos en un lugar desconocido.
Llegaron justo antes de que los rayos del sol comenzaran a esconderse. Naruto bajó entusiasmado del carruaje, admirando el imponente castillo que se erigía señorial frente a él. El jardín delantero estaba muy descuidado, los árboles necesitaban podarse y plantar nuevas flores en las jardineras marchitas. El camino medio cubierto por pasto seco debía arreglarse con piedras nuevas y lisas. Sin embargo, las doradas piedras del castillo que capturaban los últimos rayos del sol resplandecían majestuosas, dándole un brillo casi celestial a la hermosa arquitectura del lugar.
–Es… de verdad es increíble… es mucho mejor de lo que jamás imaginé. ¡Es bellísimo! Y será aún más bello cuando los jardines enverdezcan, las flores abran sus capullos y la piedra recupere su color original.
–Veo que te gusta, dobe. –Naruto le dirigió una mirada soñadora.
–Es como mi sueño arquitectónico hecho realidad, teme.
–Pues es tuyo, Naruto. Bienvenido al castillo de Konoha, tu nuevo hogar.
A pesar de que lo había dicho con un tono sarcástico, sabía que las palabras de Sasuke en realidad le estaban dando la bienvenida. Sonrió, entrelazó su brazo con el de su azabache esposo y corrió hacia la hermosa puerta principal, hecha de maderas finas y tan pesada que sería imposible para un par de hombres quitarla. El interior lo decepcionó un poco. Las paredes necesitaban repararse, la humedad se colaba por varios rincones y el mobiliario, que alguna vez fue señorial y elegante, se veía sucio y viejo. El piso de mármol dorado se encontraba despulido y hundido en algunos puntos. El recibidor era increíblemente amplio, con enormes columnas de piedra sosteniendo el alto techo, con las basas y capiteles decorados bellamente con detalles góticos. Los ojos azules se iluminaban cada vez más mientras su mente creaba cientos de formas para devolverle su antiguo esplendor a tan bella estructura.
–Lord Uchiha, Lord Namikaze, bienvenidos al castillo de Konoha. –saludó uno de los mayordomos del lugar. –Si lo desean, la cena será servida en este mismo instante.
–Primero echemos un vistazo al lugar. –sugirió emocionado Naruto. –Luego podemos cenar.
–De ninguna manera, hijo, el viaje fue muy largo y no has probado bocado desde la ceremonia. Me temo que en cualquier momento colapsarás. Con un miembro de la familia enfermo es más que suficiente.
–Es cierto, Naruto. –intervino Kakashi que recién ingresaba en el castillo. –Será mejor comer primero, un recorrido por este inmenso lugar podría llevarnos días. –bromeó.
–De acuerdo. –cedió ante las miradas de su padre y de su amigo. Debía de admitir que también tenía algo de hambre y la emoción de descubrir el palacio podría mermar sus energías. –Comeremos ahora y después recorreremos el lugar
–He ordenado que preparen las dos habitaciones principales para Naruto y para mí. –señaló Sasuke. –Las mejores habitaciones del palacio estarán disponibles para el resto de la familia Namikaze, por si su deseo es ir directamente a descansar del largo trayecto.
Caminaron a través de varias galerías hasta que llegaron a un enorme y majestuoso comedor. Las paredes se encontraban repletas de murales, enormes candelabros de hierro iluminados por velas colgaban del techo y los muebles antiguos complementaban la decoración del lugar. Una mesa con lugar para catorce personas esperaba con una sencilla pero deliciosa cena.
–Este es el comedor que utilizábamos con regularidad. Para fiestas o ceremonias solemos ocupar el comedor principal, en el cual pueden llegar a caber hasta sesenta personas, sin embargo, la humedad ha hecho de las suyas y mantener funcional un espacio tan grande es una pérdida de dinero y tiempo.
–¿Un comedor para sesenta personas? ¡Es increíble! Debo verlo cuanto antes. Si lo restauramos a tiempo, podremos celebrar el cumpleaños de Ino aquí.
–¿De verdad hermano? ¿Y podré invitar a Naori y a Guren? –preguntó emocionada.
–Por supuesto que sí. Podrás invitar a quien tú decidas.
–¡Es fántástico! ¡Muchas gracias, hermano Sasuke, por permitirnos vivir en ese lugar tan lindo! –la jovencita se puso de pie y besó tanto a Naruto como a Sasuke en la mejilla, lo cual sorprendió a este último, ya que el rubio estaba acostumbrado a las efusivas muestras de cariño de su media hermana. –Creo que será mejor irme a descansar, yo exploraré mañana el palacio por mi propia cuenta.
–Acompañaré a Ino y bajaré enseguida, me interesa examinar este lugar para no perderme y comenzar a hacer un presupuesto. –comentó Minato, retirándose del comedor con gracia.
Cuando Minato regresó, Sasuke les ofreció un recorrido por todo el lugar. Ya era tarde, pero Naruto insistía en conocer la biblioteca, así que acudieron al lugar. La puerta se encontraba sellada, llevaban varios años sin entrar en la enorme biblioteca. Cuando al fin lograron abrirla, Naruto fue el primero en entrar y maravillarse con el espacio. Había dos escritorios amplios y cubiertos de polvo, cada uno con su respectiva lámpara. Dos de las altas paredes se encontraban forradas por estantes de madera en donde descansaban cientos de libros. Eran tan altas que se necesitó construir un pequeño corredor de madera para alcanzar los estantes superiores. En la tercera pared se encontraba una enorme ventana cubierta por pesadas cortinas color tinto, que dejarían entrar la cálida luz del sol durante las mañanas, produciendo un lugar perfecto para refugiarse en la lectura. Un hermoso cuadro de un paisaje descansaba justo encima de la ventana, rematando el lugar. En la cuarta pared se encontraba la puerta y algunos cuadros antiguos que se veían percudidos por el tiempo. El rubio, embelesado, subió los estrechos escalones para contemplar todo desde la parte superior, sin amedrentarse por el ruido que provocaban sus pasos en la madera podrida. Sasuke lo siguió de cerca, preocupándose por el ruido. Minato y Kakashi decidieron esperarlos abajo, contemplando algunas de las pinturas.
–Hey dobe, deberías ir con cuidado. La madera es muy vieja y podría romperse en cualquier instante.
–No seas miedosito, teme. Esta madera es muy firme, mira. –saltó varias veces en su lugar para demostrar su punto. –Cruje por el paso del tiempo, pero el diseño es tan bonito que quizá podamos conservarlo. Sólo necesitaríamos unas vigas por aquí. –señaló uno de los rincones y continuó caminando. –Y otro soporte por allá. Claro, habrá que cambiar las…
Todo ocurrió demasiado rápido para Sasuke. Naruto se esfumó tras un alarmante crujido y con un ensordecedor ruido, cayó sobre uno de los escritorios de la planta baja. El lugar que pisaba Naruto había desaparecido tras una nube de polvo.
–¡Dobe! Te dije que la madera estaba podrida. –se acercó al agujero por donde había caído y un segundo después, un inconsciente Naruto se hallaba rodeado por Kakashi y su padre.
Sasuke examinó a su alrededor, concentrándose en un extremo del corredor y luego en el otro, ambos idénticos, como si alguien hubiese serruchado la madera a propósito. Era una trampa y Naruto había caído directamente en ella.
Continuará…
¡Hola a todos! He vuelto después de dos meses sin actualizar... espero que alguien aún lea esto. ¿Qué tal les pareció el capítulo? ¿Valió la pena la espera? ¿Qué pasará en el siguiente capítulo? Estoy muy emocionada, siento que la historia comienza a llegar a su punto culminante... en el siguiente capítulo veremos más intrigas y quizá un poco (un poco, he dicho) de lime... ya es justo y necesario un poco más de acción con mis chicos sensuales favoritos. Veremos si la convivencia es tan sencilla como Naruto lo decía y sobre todo, si ambos serán suficientemente capaces de permanecer cada uno en su habitación (lo cual esta autora duda, porque se muere de ganas de verlos enredados en las sábanas muahahahaha). Es hora de AGRADECIMIENTOS ESPECIALES PARA:
Zanzamaru ... - ... Moon-9215 ... - ... camiSXN ... - ... UnbreakableSOUL ... - ... dark angel-loveless ... - ... kimyescajadillo
Y también muchas gracias a quienes han agregado este fic a sus alertas, favoritos o a Kerky como autora en su lista de favoritos.
Les deseo un excelente fin de semana y como ya casi es domingo, una excelente semana también.
Besos!
"A nightingale sings his song of farewell, you better hide for her freezing hell."
Kerky
Número de palabras: 11.557
